Capítulo 3 - Quejidos
Me puse la manta tapando mi cuerpo e intentando refugiarme del frío que cada vez era mayor conforme la luz del día iba diluyéndose.
—Me llamo Pan, señor. —logré mascullar con dificultad.
—¿Cómo? —preguntó el hombre mientras le daba otro sorbo.
—Pan, señor. —volví a responder esta vez con más claridad.
—¿Pan eh?, me gusta, es raro, pero me gusta, aunque no me trates de señor, llámame, Sam, que no soy tan viejo ja, ja, ja. —el hombre comenzó a reírse, me miró y con su mano izquierda me hizo señas para que me sentase a su lado, donde había otro tronco.
Me acerqué con cautela y lentitud mientras mis pies desnudos sentían el frío suelo, ramas, tierra, piedrecitas y demás, no quise acercarme mucho, miré el suelo y me senté en él cruzándome de piernas mirando el fuego.
—¿Y qué edad tienes? —preguntó Sam.
No contesté, el hombre, Sam desde ahora, me miraba sin quitarme el ojo de encima, podía notar como escudriñaba cada parte de mi cuerpo, como intentando analizarme.
—No quiero meterme en cosas ajenas, pero..., ¿Me dirás como acabaste en un sitio como éste? —bebió otro sorbo que parecía ser el último y lanzó la botella cerca de la casa, rompiéndose en pedazos junto a otras botellas rotas que había alrededor.
No pude evitar fijarme en el mal estado en el que se encontraba su casa.
—Disculpa la inmundicia de mi hogar, pero no esperaba visita. —dijo sonriendo, en ese momento se escuchó un quejido en su casa, parecía la de un animal moribundo—. El hombre se dio cuenta y carraspeó intentando disimular el ruido.
Yo giré mi cabeza de vuelta al fuego intentando disimular que no había escuchado dicho quejido, pero sí lo escuché..., empecé a tener algo de miedo, estaba ahí con un desconocido en medio del bosque, ¿Cómo fui tan idiota?
Sam se levantó y entró en la casa, mientras podía observar cómo la noche hacía su presencia, la total oscuridad era muy grande, más incluso que la que había en su casa, intenté fijarme, pero no lograba ver nada, sus ventanas eran oscuras.
—Ahhrrggg. —otro leve quejido se escuchó dentro de la casa, no pude evitar levantarme atemorizado.
Strike, el perro, tumbado en el suelo cerca del fuego también levantó la cabeza tras escuchar ese quejido, me miró y se quedó de nuevo observando la casa.
Temblando de frío y miedo, cogí un palo de madera que había cerca del fuego, a su vez, con la mano izquierda sujetaba la manta que me cubría, me acerqué lentamente a la casa.
Escuché de nuevo otro ruido, esta vez el quejido sonaba junto a algo metálico, como si chocara con otra cosa de metal, el ruido era cada vez más intenso hasta que se detuvo, de nuevo, el silencio, los grillos y el ruido que el fuego hacía consumiendo la leña era lo único que se escuchaba en ese bosque alejado de la mano de dios.
Me acerqué sujetando con fuerza el palo mientras mi mente era invadida de pensamientos negativos.
¿Qué hago yo aquí? ¿Cómo acabé aquí? Estoy en medio de un bosque inmenso, rodeado de árboles que no dejan ver ni si quiera la luz de la luna, solo había oscuridad, y estaba en la casa de un hombre que no conocía. ¿Y si era un psicópata?, ¿O un violador?, ¿O un loco asesino? No sé qué era peor...
Miré atrás, el perro seguía sentado, observando cómo me acercaba a la casa con un palo que parecía más bien una vara por su longitud, además estaba quemada y marchita por culpa del fuego por el extremo que yo no sujetaba.
Una mano tocó mi hombro e instintivamente moví el palo hacia la mano para golpearlo, entonces Sam lo esquivó echándose atrás.
—¡Ehh!, ¡Cuidado!, ¿Qué haces? —Sam se enfadó, y tras esquivar, sujetó la muñeca de mi brazo para que soltase el palo—. Suelta, ¡No necesitas esto!
Pero lejos de eso yo sujetaba con más fuerza el palo sin querer soltarlo, cuando sentí una fuerte presión en mi muñeca que me hizo perder fuerza y soltar el palo, Sam aprovechó y me lo quitó.
—¿Qué pretendías? —me miró con seriedad.
—Es que..., escuché unos quejidos y...
—Era yo. —me cortó Sam—. Estaba buscando unos platos para comer.
Con su otra mano me enseñó unos platos de color plata, parecían de hojalata, pero a mí su respuesta no terminó de convencerme y creo que se dio cuenta.
—Anda, ven y siéntate, que estás helado. —Sam me sujetó del brazo, pude sentir su fría mano en mi piel y me arrastró hasta el fuego, presionó mis hombros y me hizo sentar en el tronco.
Soltó el palo en el fuego y cogió los dos conejos que estaban ya empezando a quemarse, los puso en los platos y los despedazó en varios trozos.
—Toma, come, estarás hambriento. —Sam me ofreció un plato con carne de conejo, con mi mano izquierda sujeté el plato y empecé a comérmelo con la mano derecha, sí, estaba hambriento.
Sam no podía dejar de mirar asombrado como engullía la carne de conejo como si llevase días sin comer, entonces pude sentir de nuevo su mirada en mí, de nuevo escudriñaba cada centímetro de mi cuerpo.
Sam dejó el plato y siguió observándome, levanté la mirada mientras terminaba de masticar y le encaré.
—¿Qué? —le miré de mala manera.
—Nada, me haces gracia. —Sam cruzó los dedos de ambas manos y echó hacia adelante su cuerpo para acercarse al fuego.
Ya no me miraba, esperé un poco pero no volvió a decir nada, miré el plato y terminé de comerme la carne de conejo que quedaba.
—¿Quieres más? —Sam me acercó su plato y me miró sonriente—. Tranquilo, tengo más conejo, puedo hacerme otro, así de paso le hago uno a Strike, que se me ha olvidado, claro, siempre hacía dos, uno para mí y otro para él, a Strike le encanta el conejo, no deja ni los huesos.
No cogí el plato, solté el mío en la madera amontonada que había cerca de nosotros que hacía de mesa, Sam sonrió y se levantó acercándose a mí, instintivamente sujeté la manta con fuerza aún con cierto temor.
Sam cogió el plato que solté y dejó el suyo en su lugar.
—Aquí tienes, come. —Sam se dio la vuelta y se llevó mi plato vacío dentro de su casa, esperé un poco, en silencio, escuchaba a los grillos y el crujir de la madera que se quemaba por el fuego de la hoguera.
Strike me miraba y también al plato, lo cogí mientras me observaba y comencé a comerme la carne, la verdad es que hacía mucho tiempo que no probaba la carne, demasiado tiempo.
Sam salió de la casa con una botella de agua bastante grande, se acercó y la puso en la madera que hacía de mesa, sacó un vaso y lo llenó de agua.
—Toma, tendrás sed. —Sam acercó el vaso a mi lado y lo puso en la mesa.
Se alejó y empezó a quitarle la piel a los otros dos conejos que trajo, dejé de mirar y terminé de comer, cogí el vaso y me lo bebí entero, el agua fresca me hizo sentir en la gloria, lo dejé a un lado y miré al fuego.
Strike me miraba con atención, miré el plato y cogí la comida restante que me había dejado, unos trozos de carne, se los puse en el suelo, Strike se levantó corriendo hacia la comida ante mi sonrisa, le acariciaba la cabeza al acercarse a oler la comida.
Strike se apartó dejando la comida en el suelo sin probarla, mi mente recordó lo que me dijo Sam antes,''A Strike le encanta el conejo, no deja ni los huesos''.
—No debiste hacer eso. —dijo Sam a la distancia soltando con enfado la herramienta que usaba para quitar la piel de los conejos.
Miré y vi que se acercaba de manera intimidatoria, me levanté de un salto, mi manta cayó al suelo y me alejé varios pasos hacia atrás sin quitarle la vista.
—De verdad que esto no tenía que acabar así..., pensarás, ¿Por qué mentí en algo tan absurdo no? Bueno, no es mentira del todo, ¿Sabes? Además, a Strike de verdad le gusta la carne, aunque no la de conejo. —dicho esto me guiñó un ojo.
Sam se acercó a la pared exterior de su casa y cogió el rifle que tenía apoyado en el marco de la puerta, por mi parte, suspiré con fuerza y me di la vuelta corriendo, empecé a sentir como en mis pies se clavaba todo lo que pisaba, iba descalzo y el daño que sentía era horrible.
Entonces pude notar que mis ojos comenzaban a ver borroso el entorno, me tropecé cayendo a cuatro en el suelo, me costaba distinguir por donde iba.
—¡¡¿Tenías sed eh?!! —los gritos de Sam sonaban lejos, había corrido tanto que me alejé lo suficiente, bastantes metros, ya no le veía y tampoco a su perro, noté que podía escuchar el sonido del agua, como si de un río se tratase, me incorporé y al levantarme giré a la izquierda, de donde provenía el ruido.
Sam había drogado el agua que bebí, ¿Pero por qué? ¿Qué quería ese hombre de mí? El hecho de pensar solo en las cosas que podría ese hombre querer de mi me aterraban.
—No, no puedo dejar que me coja, si me coge estoy muerto, no podré escapar de él, debo hacer lo que sea, debo correr hasta que no tenga aliento. —mi voz sonaba cada vez más aguda y quebradiza, perdía mi fuerza y me sentía más mareado.
—¡¡Panecitoooooo!! ¿Doooónde estaaaaás? —la voz de Sam sonaba juguetona y aterradora, disfrutaba con esto—. ¿De verdad te piensas que escaparás de mí? ¿En mi bosque? ¿Realmente crees que saldrás vivo de aquí?
Intentaba no escuchar lo que decía, pero su estridente voz era tan punzante que era inevitable no escucharlo.
A lo lejos, cerca del río vi algo brillar, era muy pequeño, como si se tratase de una luciérnaga, brillaba mucho, la luz era de un color verdoso que cegaba los ojos, al acercarme vi que estaba atrapada bajo una piedra.
Caí de rodillas al río mojando todo mi cuerpo y ropa al acercarme, la luciérnaga que brillaba atrapada debajo de la roca se giró al escucharme.
¡Parecía un humano! O al menos, tenía aspecto humanoide, al verme se movió con rapidez intentando liberarse, pero no podía.
Estaba alucinando, esas drogas me hacían ver cosas que no existían realmente, o de distinta forma.
—Tranquila... —dije acercando mis manos, ante esto la luciérnaga se protegió con sus manos pensando que yo le haría daño.
Sujeté la roca y la levanté.
—Eres libre, pequeña luciérnaga. —sujeté la roca y la lancé lejos.
La luciérnaga me miró y ante mi sorpresa comenzó a volar hacia mi cara.
—Gracias, niño mojado, pero no soy una luciérnaga, y no soy pequeña. —las palabras de lo que yo pensaba que era una luciérnaga eran en realidad de un niño muy pequeño, más pequeño que mi mano, ¡Y estaba volando!
—¿Eres un hada? —dije aún con cara de asombro y la boca abierta.
—Un hada, chico..., ¡Sí! —dijo orgulloso—. ¿Y tú...? —el hada dejó de hablar tras escuchar unos ladridos cerca de dónde estábamos.
Me giré y pude ver el haz de luz de lo que parecía una antorcha, estaba cada vez más cerca, ¡Sam me pisaba los talones! Giré mi cabeza hacia el hada, pero ya no estaba, solo había oscuridad y el sonido que el agua hacía en el río.
—Fue mi imaginación, las hadas no existen, y menos niños hadas, es la droga de Sam, sí, definitivamente es eso... —murmuré intentando convencerme.
Me levanté todo mojado y corrí con fuerza, pero volví a caer al suelo, esta vez apenas pude sostenerme con mis brazos.
—No..., no puedo andar..., mis ojos..., mi cuerpo..., todo..., me siento paralizado...
—¡Strike busca! —la voz de Sam sonaba muy cerca.
Me levanté como pude y me arrastré por el suelo hasta llegar a un árbol muy grande y de tronco ancho, me metí dentro de una especie de agujero y me quedé allí quieto, mi cuerpo mojado temblaba de frío, si no me mataba ese hombre, lo haría la naturaleza.
—¡Panecitooooooo! ¡De verdad que lamento esto! ¡Has parado a un lugar que no debías y en el momento equivocado! ¡Pero piensa que pronto dejarás de sufrir! —la cínica voz de Sam sonaba casi al lado.
Unos crujidos a mi derecha me alertaron y sujetando una piedra con fuerza me giré a la defensiva..., era Strike, me detuve con mi respiración muy agitada, Strike me miraba y se acercaba lentamente.
—No, vete, ¡Strike vete! —murmuraba despacio.
El perro se acercó, pero no pude lanzarle la piedra, bajé mi mano mientras mis fuerzas me fallaban, el perro se acercó a mí y comenzó a lamerme mi cara, lo abracé con fuerza y comencé a gimotear con impotencia, quería irme de ahí lejos.
Abrazado a Strike me sentía seguro, por unos instantes me sentí seguro de verdad.
—¡Aquí estás! —Sam saltó de golpe desde arriba hacia nosotros, me miró con una sonrisa—. —Ohhh que estampa más bonita, de verdad, casi lloro y todo. —dijo de manera irónica.
La actitud de Sam había cambiado totalmente, parecía realmente otra persona, no era el hombre amable y tímido que conocí, ¿Era todo una vil actuación? Demasiado buena..., algo no me cuadraba.
Sam escupió al suelo y se acercó de manera intimidatoria, le hizo un gesto a Strike y éste se alejó de mi poniéndose a su lado, Sam se agachó inclinándose hacia mí, sobre sus rodillas posó el arma que llevaba y me miró.
—¡Estás echo una mierda chaval! Mmmm. —Sam sacudió su gorra y me lanzó otra mirada—. Debí haber echado más, pero realmente te vi tan débil que pensé que con esa dosis aguantarías poco, pero veo..., que tienes bastante aguante, ¿Eh? Eso me vendrá bien.
Cogí la piedra para golpearle, pero no tenía la fuerza y velocidad necesarias, Sam cogió su rifle de caza y me dio un culatazo en la cabeza, caí al suelo, pero aún tenía consciencia.
Mi cabeza miraba a la derecha del bosque, a lo lejos pude ver como algo brillaba apoyado en una rama, ¿Era el niño hada?
—Joder, ¡A dormir coño! —Sam me pisó la cabeza con fuerza y todo quedó negro.
(Continuará...)
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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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