domingo, 28 de octubre de 2012

Mi hermanito - Capítulo 5 ''Chantaje por puto''

 

Capítulo 5 ''Chantaje por puto''

Cuando el chico mulato terminó de follarme y correrse dentro de mi, se subió la ropa y me dejó allí tirado sin importarle yo nada, algo que no me gustó, me sentí como un muñeco que fue usado para desahogarse.

Me subí la ropa, como dije, me sentía mal, le di mi virginidad a un desconocido como si fuese un puto cualquiera, y lo peor es que encima ni me pagó, se lo dejé gratis, me sentía miserable, pero a la vez por dentro sentía una gran calentura, no sé por qué.

Espero que nadie nos haya visto... —murmuré, estaba a punto de salir pero unos gemidos me lo impidieron, dichos gemidos me resultaron familiares.

Me dirigí hacia ellos y aparté unos arbustos que tapaban las ramas de un árbol, lo que vi me heló la sangre, me entró temor y miedo a la vez, jamás imaginé ver lo que vi.

Mi entrenador del equipo de fútbol se estaba follando a un chico joven, yo no supe reaccionar, me quedé congelado, lo peor de todo es que estaba de frente, él me vio y me miró, se dio cuenta de quien era yo, de hecho, se detuvo.

En su mirada pude ver el terror, el miedo al haber sido descubierto, estuvo así unos segundo, pero tras eso, sonrió y me guiñó un ojo.

Como si tal cosa, siguió follándose al chaval, no entendí su reacción, pero luego pensé, al estar de frente estuvo viendo como me follaba el chico mulato sin yo saberlo, y lo más seguro es que no se dio cuenta de quien era yo hasta que me di la vuelta, lo peor es que me fijé y el chico que era follado por mi entrenador era uno de mis compañeros de equipo, no lo podía creer, encima era de mi edad.

Ven, únete a nosotros. —dijo el entrenador, con su mirada cínica.

Sus palabras alertaron al chico que me miró sorprendido y nuestras miradas se cruzaron unos segundos, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

Las palabras del entrenador me helaron, no las logré encajar bien y salí corriendo de allí. Corrí todo lo que pude y entonces sentí el ardor en mi culo, estaba cansado y el culo me ardía, llegué a casa y escalé la enredadera de la pared de casa con cierta dificultad, cada vez me dolía más mi culo.

Logré llegar por fin al segundo piso y entré por la ventana de mi cuarto, la cual dejé previamente abierta, caminé hasta el baño mientras me quitaba el pijama, todo sucio, pude ver como por mis piernas bajaba el semen del chico que me desvirgó, llevé mis dedos a mi ano y noté escozor, me empecé a sentir mareado, me sujeté del lavabo y abrí el grifo para lavar mis manos y refrescar mi cara.

Entré en la ducha y estuve un buen rato enjabonando toda mi piel, limpie a fondo mi ano con delicadeza y el agua tibia me aliviaba mucho, cerré la llave del agua y salí cogiendo la toalla, sequé mi cuerpo y me acerqué a mi armario, dentro tenía algunas cosas para curar heridas, quemaduras, etc, ya que al jugar al fútbol muchas veces necesitaba curarme.

Cogí la crema para roces y quemaduras y puse un poco en mi culo, notaba lo fría que estaba la crema y no pude evitar sentir un leve escozor, tras esto me eché en la cama, solo quería dormir y que todo hubiese sido una pesadilla.

Miré por la ventana, el sonido de los grillos me relajaba, apenas se movía aire, me levanté un poco y encendí el ventilador que tenía cerca para que me diese un poco de aire.

Ahí estaba tumbado desnudo, sintiendo el aire del ventilador en mi cuerpo, ya me iba encontrando mejor, puse mis manos en mi tripa e intenté conciliar un poco el sueño.

Los rayos de luz entraban por mi ventana y yo instintivamente me tumbé boca abajo intentando evitarlos, aunque tarde, porque ya me había espabilado, me puse a pensar en todos los acontecimientos que habían pasado estos días mirando por la ventana, joder, eran demasiados y no podía asimilarlos bien, por un lado estaba la llegada de mi hermano, el cuál estaba cambiado y que me insinuó sin querer que abusaron de él en el Internado o al menos eso sospecho.

Esa misma noche tuvimos nuestra primera relación oral, la cual fue espiada por mi primo, que se corrió viéndonos, todo esto sin mi hermano saber nada, aunque habría una segunda vez que nos espiaría de nuevo en la ducha...

Suspiré y seguí pensando, la luz del sol era acompañada del sonido que hacían los pájaros cantando, pasaron más cosas, mi hermano cuando se enteró que nuestro primo nos espiaba se fue de casa enfadado, entonces nuestro primo Jesús se lo folló a cambio de dinero sin yo saberlo, días después mi amigo Juan me cuenta que lo vieron varias noches en el parque, donde van a follar por dinero, vamos, un chapero, cuando Juan me dijo eso yo no me lo creí o no quería creérmelo.

Lo peor es que lo seguí con la desgracia de que me confundieron con un puto, pero al fin y al cabo a mi me excitó esa situación, ¿Hice mal? Ese chico mulato del cual ni sé su nombre, me desvirgó.

Tras eso, los días siguientes fueron peores, yo esquivaba a mi hermano para evitar contarle lo que me sucedió, además, estuve unos días con el culo dolorido y no pude ni ir a entrenar con el equipo, aunque después de ver al entrenador follarse a mi compañero de equipo, como para volver...

Ahora, ¿Qué debería hacer?

Llamaron a mi puerta despacio, destruyendo mis pensamientos por completo y haciéndome levantar de un salto sentándome en mi cama. ¡¡Estaba desnudo!!

La puerta se abrió y apareció la cara de mi hermano.

¿Podemos hablar? —me miró con mucho rubor y pena.

¡Un momento! —dije, y con rapidez me puse un pantalón corto de fútbol que tenía en el escritorio...

Mi hermano me ignoró y cerrando la puerta se sentó en mi cama.

¿Qué pasa? —pregunté mientras buscaba en el armario una camiseta y me la ponía.

Necesito hablar contigo de algo importante.

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y me senté a su lado, con disimulo cogí la crema que me ponía cada día en mi culito y la escondí en el cesto de la ropa, después me acerqué y me senté a su lado, encima de mi cama.

Escucha... —mi hermano bajó la mirada y sus ojos se mostraban un poco lagrimosos—. Sé que la otra noche me seguiste, así que será cuestión de tiempo que te enteres...

Abrí mis ojos como platos y tragué saliva, lo sabe, mi hermano sabe lo que hice, y encima me va a confesar que es puto..., pero, ¿Y qué le digo yo ahora? Me dejé follar por un desconocido como un puto, no espera, encima gratis, me follaron y se corriendo dentro de mi y no cobré por ello, ¿Eso no me ponía en peor lugar que a un chapero?

Mi hermano me miraba esperando que yo dijese algo, se acercó y se sentó a mi lado con gesto serio y preocupado.

¿Cómo sabías que te seguí? —pregunté nervioso.

Eso da igual, es lo de menos... —mi hermano esquivaba mi pregunta.

¿Cómo que da igual? Rubén...

Calla. —mi hermano me cortó y siguió hablando—. El caso es que logré perderte de vista...

No hace falta que sigas, se a donde fuiste. —dije tajante.

¿Lo dices por...? —Rubén me miró preocupado.

Si... —cada vez me costaba más hablar.

Quería contártelo pero no sabía como. —Rubén me miraba con culpabilidad.

Bueno, ya da igual, el caso es que si esa es la vida que quieres... —me levanté decepcionado.

Pero tu me dijiste que no era tan malo, que era algo normal ser así. —me replicó.

¿Que? Una cosa es ser gay y otra un puto chapero. —dije enfadado, mis palabras le hicieron reaccionar y se levantó para ponerse a mi altura.

¿Cómo dices? —me preguntó frunciendo el ceño.

Pues que si te gusta y te excitan esas situaciones, yo no te lo impediré, allá tú.

¿Qué estas diciendo? Yo no me vendo por dinero, te estás confundiendo. —dijo excusándose—. Si no aceptas lo nuestro es tu puto problema.

Yo ya estaba confundido, o estábamos hablando de algo distinto o no entendía nada.

¿Lo nuestro? ¿De qué hablas?—le miré con dudas.

Pues lo mío con Jesús, ¿No es de eso de lo que hablamos?—sus palabras me rompieron, sentí un puñal atravesar mi corazón.

¿Qué? ¿Estás..., estás..., estás con Jesús? —dije con voz entrecortada y dificultad para hablar.

¿No decías que lo sabías? —preguntó mi hermano sorprendido cerrando la puerta para que nadie nos escuchase.

¿Qué? ¡No! Yo pensaba que..., es decir..., ¿Qué? ¿Estas con nuestro primo? —no terminaba de saber que preguntarle a mi hermano exactamente, solo quería salir de allí.

Si, estamos juntos, dijiste que entre hermanos no estaba bien, ¿No? —dijo cínicamente.

¿Y con primos si? Joder, vaya listón. —dije enfadado, nuestros tonos de voz iban aumentando.

¿Y qué quieres que haga? Las cosas suceden y pues no se pueden cambiar... —mi hermano se alteraba y yo lo miraba con mucha rabia.

¿Te ha follado? —pregunté.

¿Qué? ¿Pero te escuchas? —mi hermano se dirigió a la puerta.

¡¡Te hice una pregunta!! ¿¡Te la ha metido!? —grité alterado, sin importarme si nos escuchaban.

Mi hermano abrió la puerta y salió del cuarto, yo un poco frustrado me metí en el baño y me pegué una ducha con agua fría, necesitaba estar despierto para lo que iba a hacer ahora.

Mi hermano estaba con Jesús..., entonces no era chapero, todo fue una confusión, en parte me alegraba que no fuese así, pero por otra parte me sentía mal, Jesús me había robado a mi hermanito.

¡¡Me lo había robado!!

Escuché unos botes de balón fuera de casa, miré por la ventana y vi a varios que iban con un balón, ¡¡Encima hoy tocaba entrenamiento!!, Y no me quitaba la imagen de aquella noche de la cabeza, mi entrenador viendo como un chico mulato follaba mi culo mientras él se follaba a mi compañero de equipo.

Me preparé con la equipación del entreno y bajé por las escaleras hasta el salón de mi casa, no estaban mis padres, lo más seguro es que salieron, busqué a mi hermano y tampoco lo encontré, así que salí a la calle y me dirigí al campo de entrenamiento, afortunadamente mi culito ya estaba perfectamente, así que podía correr.

Cuando llegué habían algunos ya calentando, entre ellos me fijé en el entrenador, un hombre de unos cuarenta años, con melena larga oscura, como los cantantes metaleros,

tenía barba de varios días y unos ojos negros que se fijaron en mi en cuanto llegué.

Durante el entrenamiento pude sentir como me observaba, escudriñaba mi cuerpo, lo notaba, también me di cuenta que el chico que el entrenador embestía por la noche no vino, normal, después de saber que yo le vi esa noche, sentirá vergüenza, ¿No?

El entrenamiento terminó y fuimos todos a las duchas, el entrenador como siempre se fue a su despacho que había dentro de las duchas, le observé y pude ver como permanecía sentado leyendo lo que parecía informes y escribiendo algo, esperé mi turno y me duché, mis compañeros iban saliendo y nos despedíamos, entonces escuché la puerta del despacho, me asomé y vi como el entrenador venía a los vestuarios, cogí el jabón y la toalla y me la enrollé para salir de las duchas, entonces el entrenador se puso en medio.

Espera Tomi, necesito hablar contigo, acompáñame. —me ordenó sin dejar de quitar su mirada de mi.

Yo, mojado y con la toalla rodeando mi cintura me mantuve en silencio, no me atrevía ni a abrir la boca.

¿Puedo vestirme? —pregunté ruborizado.

El entrenador me observó con mirada seria y acercó su mano a mi brazo y con dos dedos empezó a tocar mi piel.

Bonita piel, es suave, pero sí, ve y te vistes, pero no tardes... —dijo sonriendo y volvió a su despacho.

Caminé hasta mi taquilla y saqué la ropa de calle, me quité la toalla y me sequé con rapidez para luego vestirme, con temor me acerqué al despacho, el entrenador hablaba por teléfono con alguien, me hizo un gesto desde los ventanales de su despacho para que entrase.

Y eso hice, entré y cerré la puerta, con un gesto de su dedo en la boca me indicó que no hablase.

Sí, lo sé, pero el cambio me urge, de acuerdo. —decía el entrenador por teléfono, con su mano me indicó que me sentase, pero lo ignoré, estaba muy nervioso y quería salir de allí corriendo.

El entrenador colgó y me observó en silencio, abrió el cajón de su mesa y sacó algo que no pude distinguir, lo dejó en su mesa y me volvió a mirar.

Toma asiento. —insistió.

No, gracias, estoy bien así. —dije cortante y con cierto temor.

Bueno, chaval, vas bien, cada vez te distancias más de tus compañeros, si sigues así llegarás lejos, además de optar a la beca deportiva, que bien, ¿No? —el entrenador se levantó y se posó sobre el escritorio como si fuese ahora su silla.

Me mantuve callado y bajé la mirada sin saber que decir, todo estaba siendo muy extraño, me quería marchar.

¿Cómo la pasaste la otra noche? —me preguntó con cierto tono jocoso. —Supongo que has faltado estos días porque recibiste bastantes goles.

¿Qué..? —mascullé con dificultad.

Digo..., los chavales de hoy en día se la pasan por ahí de fiesta..., tu no serás distinto, ¿No? —dijo cínicamente.

Yo lo mire extrañado, él me miraba con una sonrisa entre violador en masa y asesino en serie, en mi caso...

¿Qué seria peor?

¿No dices nada? —se levantó y metió su manos en los bolsillos.

No sé que decir míster...

Bueno ya basta de tonterías, la otra noche vi algo que creo que tus padres deben saber. —dijo con seriedad—. Yo me encargo de la disciplina deportiva y debo dar ejemplo.

¿Cómo? —pregunté con asombro y terror.

Quiero decir, un chaval de tu edad no puede ir por ahí dando su culo a cualquier desconocido, ¿Sabes? ¿Desde cuando eres puto? —el entrenador de acercaba a mi lentamente.

¿Yo?, No..., yo..., no, no se de que me habla... —dije tartamudeando y con nerviosismo que él notaba.

Claro que lo sabes. —hizo una pausa y se acerco a mí, se puso detrás y apoyó sus manos en mis hombros—. Yo soy una persona comprensiva, pero..., con necesidades, me gusta mucho el fútbol, pero me gustan más los chavales que lo practican, ¿Me entiendes?

El entrenador bajó sus manos y las introdujo por dentro de mi camiseta tocando la piel de mi cuerpo, sus rudas manos recorrían mi torso y agarró mis dos pezones y los empezó a masajear.

No..., ahh..., míster..., yo..., no entiendo. —suspiré y sonrió.

Bueno..., tendré que contarle a tus padres lo que hace su hijito querido, a no ser...

El entrenador sacó sus manos de dentro de mi camiseta soltando mis pezones, para ahora, ponerlas sobre mis hombros y presionar con fuerza, intentando que me quedara de rodillas, lo consiguió, me hizo arrodillar, con su mano, me levantó el mentón y miré hacia arriba, sonreía como un lunático.

A no ser..., —hizo una pausa de nuevo y prosiguió—. Que me dejes entrenarte en privado, a solas, conmigo...

Comenzó a bajarse el cierre de la bragueta de sus vaqueros con lentitud

Me gusta sentir que los jóvenes futbolistas como tú luchen por un puesto titular, y para ello, ¿Qué mejor forma que demostrarlo cariñosamente? ¿No crees? —sus palabras eran frías, cínicas y con un toque de excitación, se notaba que estaba a mil.

Se bajó el cierre del todo y sacó su polla, era gorda, estaba circuncidada y mediría unos diecisiete centímetros o más, nunca vi una polla tan grande en mi vida.

Chupa. —me ordenó.

¿Qué...? —pregunté con la voz ahogada.

¿Y tú? ¿Qué harías en mi lugar?

Había dos opciones, salir corriendo y no volver jamás, o abrir la boca y comerle la polla a mi entrenador, pero sabía que si hacía eso, él no iba a contentarse solo con ello.

Estaba jodido, muy jodido.

( Continuará... )

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lunes, 8 de octubre de 2012

Mi hermanito - Capítulo 4 ''El chico mulato''

Capítulo 4 ''El chico mulato''

Tras lo ocurrido en el parque entre mi primo y mi hermanito, los días pasaron con normalidad, mi primo regresó a su casa y entre yo y mi hermanito Rubén nos distanciamos intentando evitar lo máximo posible cualquier contacto, era la única forma de no caer de nuevo en la tentación.

Desgraciadamente ya habíamos cruzado la línea y era muy tarde para cambiar las cosas que se iban a suceder una tras otra, cosas que nos marcarían para siempre.

La relación con mi hermano Rubén como dije, se fue enfriando desde esa última vez y me pareció muy extraño que nuestro primo no volviera a intentar algo, no sé, pero algo dentro de mí sospechaba que Rubén me ocultaba algo desde que lo encontré en el parque, no imaginé en absoluto lo que de verdad ocurrió, pero sospechaba que algo raro sucedió, no allí, pero sí ese día que salió de casa dando aquel portazo.

Pasaron las semanas y las clases de la escuela dieron comienzo, los primeros días fueron duros, sobre todo porque estaba ya acostumbrado a no ir a estudiar por el verano, y costaba mucho coger el ritmo, más ahora que estaba en segundo curso de secundaria.

Afortunadamente el volver a ver a antiguos compañeros ayudaba mucho a ir a la escuela.

Estaba atendiendo en clase de Literatura cuando Juan, un amigo de la infancia, se me acercó por detrás donde yo estaba sentado, se inclinó hacia delante y me habló.

Hola Tomi. —¿Te aburre el profesor? Ya te vi bostezar dos veces, jajaja. —murmuró entre risas.

Que mentiroso eres... —dije mientras retrasaba mi silla para acercarme a su mesa—. ¿Y tú? ¿Te aburres?

Bueno, un poco sí..., por cierto... —mi amigo Juan se detuvo cuando el profesor pareció mirarnos, cuando vio que proseguía explicando las materias continuó hablando—. Mira..., yo no quería decírtelo, pero más vale que te lo diga yo, a que llegue a tus oídos por otros...

¿El qué? —pregunté con curiosidad y preocupación.

Bueno..., sólo se que me han dicho que vieron a tu hermano salir del parque de los aviones varias veces a altas horas de la noche.

El parque de los aviones era muy conocido en mi barrio, porque tenía unos aviones gigantes pintados en las paredes que lo rodeaban, además de ser famoso por ser un lugar de encuentro de noche, al menos habían esos rumores, sobre todo, de que allí iban parejas a follar o incluso quedadas por dinero, por eso ese parque era poco transitado en la noche, además de que básicamente nunca iban niños, si acaso por las mañanas, pero ya ni eso.

¿Y qué tiene eso? —dije sin querer entender lo que me decía, mi cerebro me intentaba proteger de esa información.

Joder..., ¿No lo entiendes? —insistió Juan, que se detuvo de nuevo al mirarle el profesor.

Señoritos, si tienen algo que aportar a la clase, adelante, es su oportunidad. —dijo el profesor de forma sarcástica.

Ambos observamos como toda la clase se giró a ver que decíamos y ambos negamos con la cabeza.

Bien, ¿Entonces puedo seguir? —el profesor abrió su libro esperando nuestra respuesta, la cual recibió cuando nos vio afirmar con la cabeza a su pregunta.

Bien. —dijo.

El profesor siguió dando clase y pasado unos minutos me volví a acercar a Juan, que me miraba sonriente, sabía que iba a volver a preguntarle.

Si te refieres a que bebe alcohol, no es cierto, mi hermano es sano y no bebe nada de eso. —dije con enfado.

Y es que el mismo año que lo metieron en el Internado lo pillaron con otro chico robando en una licorería, llevaba varias botellas de alcohol.

Bueno, no bebe alcohol exactamente. —dijo de forma burlona con media sonrisa.

Su tono no me gustó nada.

¿Entonces qué bebe? Déjate de rodeos y ve al grano, me pones nervioso y el profesor se enojará. —yo ya estaba por darle una tunda.

Muy bien, no quería ser brusco..., pero..., el parque por la noche lo utilizan chaperos..., para tener sexo y..., bueno, por dinero se dejan... —hizo una pausa para tragar saliva—. El caso es que por las noches es cuando más actividad hay...

Mi mente no lograba asimilar esas palabras, al menos no muy deprisa, Juan se dio cuenta de que me quedé sin reaccionar.

¿No vas a decir nada? —Juan me miró esperando respuesta.

Juan..., mira..., mi hermano no es un santo, pero no es un chapero, eso lo primero, quien te dijese eso te mintió, y si no miente se habrá confundido con otro parecido.

Pero...

¡Pero nada! —le corté furioso—. ¡¿Quién te dijo eso?! —pregunté con enfado.

¡Se acabó!, Ustedes dos, fuera de la clase, ¡Ya está bien!, ¡Vamos, largo! —dijo el profesor realmente enfadado soltando con fuerza el libro sobre la mesa.

Ambos salimos ante las miradas del resto de compañeros, que murmuraban y reían, al cerrar la puerta el profesor siguió dando clase y nosotros nos quedamos en el pasillo en silencio, Juan miraba al suelo sin abrir la boca y yo movía la pierna derecha nervioso, hasta que no aguanté más y corrí fuera del colegio, salí al patio y salté la valla para regresar a casa.

Por el camino pensaba en muchas cosas y no eran buenas precisamente, últimamente mi hermanito estaba distante, distraído, el día de la fuga estaba cojeando y salió de ese parque..., además eso explicaba de donde sacaba el dinero, el cual según él, trabaja cortando el césped de varios vecinos, mi corazón no quería creer lo que parecía evidente, mi alma estaba siendo torturada.

Cuando llegué a casa subí al cuarto de mi hermano y entré sin pensarlo, necesitaba pruebas, debía aprovechar que él estaba en clase, pero por más que busqué no encontré nada. Salí y me metí en mi cuarto.

Tirado en la cama intentaba negar lo que Juan me dijo, pero es que tenía toda la pinta y algo dentro de mi me dolía, ¿Era mi corazón? Me dolía demasiado, ¿Estaba enamorado de mi hermano? Porque si era así iba a sufrir mucho...

Al final me dormí y escuche voces abajo, me levanté y bajé al salón comedor, eran mis padres que discutían porque el marido de mi madre había piropeado a una dependienta y mi madre se lo echó en cara.

Cuando acabó la discusión y la cosa se calmó, empezamos a almorzar, entonces llegó mi hermano con su mochila y con la mía, me miró con enojo.

Desde que entró en casa lo estuve observando, pero no vi nada raro en él que me dijera algo, no tenia otra opción, debía esperar a que oscureciera y ver si salía.

Después de almorzar subí a nuestro baño a lavarme los dientes y mi hermano subió detrás dándome una palmada en el culo en forma de broma.

Oye, ¿Por qué hiciste pellas? —preguntó mi hermano con cierto enojo.

Pellas era como hacer novillos, nonas, hacerse la rata..., etc, en general, no asistir a clases o irse a mitad de las mismas.

Por nada, me encontraba mal. —mentí, bueno, ¿Realmente mentí? Porque sí que me encontraba mal...

Pues Juan me dijo que discutisteis. —dijo mi hermano mientras me acompañaba al baño.

¿Eso dijo...?, ¿Y qué más te dijo? —pregunté preocupado.

Nada, ah, sí, que trajese tu mochila, me debes una. —dijo Rubén y tras esto se fue a su cuarto y se echó en la cama a leer una revista de videojuegos.

Le observé un rato y entré al baño, cogí el cepillo de dientes y mientras me los lavaba pensaba en cual sería ahora mi plan...

Fingiría estar durmiendo esperando haber si mi hermano salía de casa por la noche, y si fuese así lo seguiría, necesitaba pillarlo infraganti, necesitaba pruebas antes de encararlo, no quería cagarla más.

Me la pasé despierto jugando a la consola con el volumen bajo en mi cuarto y la luz apagada, entonces escuché su puerta, un leve ruido delataba que la abría despacio, estaba saliendo, miré el despertador y vi que eran las dos de la madrugada.

Esperé un rato y salí yo detrás, vi que ya no estaba en casa, había salido, me puse las zapatillas y salí intentando no hacer ruido para despertar a nuestros padres, ya que ellos dormían en el dormitorio de abajo, al salir miré en la calle, pero no le encontraba.

¡Joder, lo perdí! —caminé por los alrededores y cuando iba a dar la vuelta a casa recordé las palabras de Juan, ''El parque de los aviones'', me armé de valor apretando los puños y caminé hacia el parque.

Si era verdad que era chapero lo encontraré allí, espero..., deseo que no esté allí, por favor... —murmuraba mientras llegaba al parque.

Eché un vistazo conforme entraba, no había ni un alma, hasta que a lo lejos, cerca de la otra entrada del parque pude distinguir a tres chicos jóvenes, tendrían unos años más que yo, estaban separados en diferentes partes del parque, cada uno en una punta, parecían buscar algo con la mirada, como si esperasen a alguien.

Mi corazón latía con demasiada fuerza, el sudor empezó a apoderarse de mi piel, con mi mano intentaba secar mi frente, y noté que me temblaba la mano, estaba muy nervioso.

Me adentré más en el parque con valor e indagué, pero no veía a mi hermano, me empezaba a sentir un poco mal y me senté cerca de un banco a respirar, así podría ver bien toda la zona de manera más clara.

Entonces vi entrar en el parque a un hombre de unos cuarenta años y fue hacia uno de los chicos, mantuvieron una conversación y vi como el hombre le daba algo al chico, pero lo hacía de forma que costase ver que hacían exactamente.

Se separaron un poco y el hombre se metió dentro de unos arbustos y le perdí de vista, el chico caminaba nervioso y le siguió detrás al rato, también entrando entre los arbustos, esperé un rato pero vi que nadie salía, estaba alucinando, ese chico debería estar uno o dos cursos por encima del mi, y era chapero, como se puede caer tan bajo...

Mi curiosidad crecía por momentos, aunque imaginaba lo que estaban haciendo..., pero...¿Y si estaba mi hermano allí? Mi temor por descubrir a mi hermano era mayor a mi miedo de que me descubriesen.

Me levanté y caminé hacia los arbustos despacio, me di cuenta que estaba bastante oscuro en esa zona, las farolas que iluminaban el parque estaban estropeadas en esa parte del parque, ¿Hecho a propósito?

Me acerqué más y escuché gemidos, mi pecho me dolía, sentía mis piernas fallar y la excitación se apoderaba de todo mi cuerpo.

Traspasé los arbustos con delicadez intentando no meter ruido y vi a dos chicos jóvenes follando, la verdad es que se me puso muy dura, pero no vine a eso, me intenté centrar y mirar alrededor para ver si lo alcanzaba a ver, entre la penumbra vi al chico joven de antes siendo penetrado por el hombre que vi entrar, lo tenía agarrado de la cintura, ninguno podía verme, pero yo si a ellos, el jovencito estaba siendo penetrado brutalmente y escuchaba como gemía como una perra en celo, el hombre no se amilanaba y le daba bien duro.

Joder, no sé como aguantas esos embistes... —murmuré.

Entonces alguien me agarro el culo por detrás tocándomelo, enseguida me di la vuelta y vi que era un chico unos años más grande que yo, su piel era oscura, era un chico mulato, y además me sacaba una cabeza de altura, iba vestido con unos vaqueros rasgados y una camiseta gris oscura sin mangas, en sus vaqueros llevaba una cadena de lo que parecían unas llaves, sus brazos estaban un poco marcados.

Me sonrió al verme y se acercó más a mi.

¿Cuánto cobras? —dijo, su voz era suave para la edad que aparentaba, le echaba unos veinte años.

¿Perdona?, te..., te equivocas. —dije tartamudeando.

¿Que me equivoco? —dijo con duda, su sonrisa desapareció.

Sí..., yo ya me iba. —dije, e intentando apartarle para irme lo empujé hacia un lado.

Venga chaval, mira como la tengo. — el chico me enseñó su pene, bastante grande en comparación con el mío, de unos diecisiete centímetros como mínimo y un poco gruesa, estaba circuncidado a diferencia de mí y mi hermano, además, en su base tenía algo de vello, sujetó mi mano y la puso en su pene, me hizo agarrarlo.

Yo la quité enseguida, pero no pude encenderme al sentir la piel de su pene en mi mano, el pene era del mismo color de su piel, la verdad es que tenía un pene muy bonito, se bajaba la piel y la subía sonriéndome.

¿Qué haces joder? No soy un puto de esos... —dije con enfado y temor.

El chico mulato me sujetó del cuello con su mano, enorme, e hizo presión con fuerza, acercándome a él.

Mira blanquito, yo he venido a follarme un culo y será el tuyo, aceptes o no el dinero, solo quiero follar y te pagaré bien, de lo contrario la cosa acabará mal, ¿Sabes lo mal visto que está que cobren y se nieguen? ¿Quieres que todo el pueblo sepa que eres un putito y además que roba? Tú decides blanquito.

Ante sus palabras no supe que decir, me tenía cogido por los huevos, literalmente, porque con la otra mano pude sentir como me empezó a masturbar.

Ahhh... —de mi boca salió un gemido y él sonrió con satisfacción.

El chico mulato, con su piel oscura me empezó a bajar el pantalón y yo sin reaccionar me dejé, la verdad es que tenia miedo de que me hiciera algo y encima todos pensarán que soy chapero por estar allí.

Me dio la vuelta y me puso contra un árbol, me dispuse a ser follado por él, ya no había marcha atrás.

El chico mulato sacó un botecito de crema o gel, se echó un poco en la mano y comenzó a untarlo por mi ano, estuvo un rato mientras sentía la sensación fría del líquido que me estaba embadurnando.

Se detuvo y sujetó su polla, se pegó a mi, sintiendo su piel, se había quitado la camiseta, estaba pegado a mí cuando sentí como me la metía lentamente mientras me besaba la nuca y el cuello, la verdad es que lo hacia de una forma que me hizo ponerme muy caliente.

Me comenzó a penetrar despacio pero a la vez con ternura, era algo muy extraño, pensé que sería más brusco, pero logró metérmela hasta el fondo sin hacerme mucho daño.

Ahhh joder, blanquito, estás muy bueno y cerrado.

Soy virgen..., ten cuidado... —le dije avisándole.

El chico me miró y se acercó más a mi ensartándome hasta los huevos.

¿No me jodas que eres virgen? —preguntó sorprendido.

Si... —dije con la voz entrecortada.

No, ya no... —dijo burlonamente y comenzó a sacarla de mi culo para volver a meterla con lentitud, al llegar hasta el fondo no pude evitar soltar otro gemido de placer.

El chico mulato estuvo un rato así y comenzó a moverse dentro de mí más rápido, la sacaba y la volvía a meter a un ritmo tranquilo, con pausa y delicadeza.

Ah..., sii... —mascullé sin darme cuenta.

¿Ves...?, te gusta... —el chico mulato sonrió y comenzó un vaivén mucho más rápido, me sujetó de los hombros y con su polla dentro de mi culo me empezó a follar con rapidez, me daba estocadas tan profundas que no pude aguantar más y comencé a gemir, me daba igual ya todo, estaba extasiado, en el paraíso.

Voy a llenarte de leche, blanquito putito. —me decía al oído susurrándome mientras su polla me penetraba con fuerza, me estaba metiendo la mejor follada de mi vida.

¿Quieres que te preñe mi niño blanquito? —me susurraba mientras me lamía la cara y me daba estocadas con más fuerza, poniendo mi cuerpo contra el árbol.

Ahh..., sii, lléname joder... —confesaba fuera de mí.

Y no me cobrarás, estas dejando que te folle gratis, ¿Verdad blanquito? —me decía con sorna y entonces pude sentir como me empecé a correr y contraía mi culo.

Ahh, sii, es gratis, ¡¡Ahhhhh!! —mis palabras sonaron ahogadas mientras me corría y él lo notó, su polla era presionada con fuerza por mi culo y comenzó a correrse dentro de mí.

Uff eres mío blanquito y mañana te follaré a esta misma hora, quiero llenarte como lo estoy haciendo en este momento. —decía mientras seguía lanzando varios disparos de su leche dentro de mí.

Tras correrse me empezó a bombear con mas fuerza, no sé cuantas veces noté sus chorros entrar dentro de mi, pero me dejó tan lleno que podía sentir como su semen bajaba por mis muslos.

Me la sacó y me dio la vuelta para besarme en la boca, sentía su lengua recorrer la mía.

¿Sabes?, Jamás había follado un culo como el tuyo y nunca había follado a un virgen.

Diciendo esto se subió el pantalón, se puso la camiseta y se fue dejándome ahí. Yo me subí el pantalón y miré hacia donde estaban antes los otros chicos follando, pero ya no había nadie.

Miré la hora en mi reloj y marcaba ya casi las cuatro de la madrugada, tenía que irme de allí, el culo ahora me ardía demasiado.

Espero que nadie nos haya visto... —murmuré, estaba a punto de salir pero unos gemidos me lo impidieron, dichos gemidos me resultaron familiares.

Me dirigí hacia ellos y aparté unos arbustos que tapaban un árbol, lo que vi me heló la sangre, me entró temor y miedo a la vez, jamás imaginé ver lo que vi.

No debía asomarme, ¿¿¡Por qué lo hice!??

( Continuará... )

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Creado (2012), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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