martes, 12 de julio de 2016

Mi primito - Capítulo 5 ''El pequeño Tommy''

Capítulo 5 ''El pequeño Tommy''



Me armé de valor y saqué la libreta con velocidad, la abrí con rapidez para echarle un ojo, mi asombro era mayúsculo, pasaba cada página sorprendido, no me lo esperaba, tragué saliva y dejé de pasar páginas, no podía más, puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, tenía que hacer algo, no podía dejar pasar lo que vi en esa libreta.

Puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, escuché la puerta del baño abrirse y apareció Tommy totalmente desnudo secándose con la toalla el cabello, lo peor es que tenía su pene con una erección enorme, lo tenía todo duro, yo, con la boca abierta, le miré sin saber qué decir.

¿Qué haces? —me preguntó mientras dejaba la toalla en la cama, yo, sentado en ella, le miraba nervioso, no sabía qué contestar.

Nada, descansaba..., oye, no sé si te has dado cuenta, pero estás desnudo...

Lo sé, ¿te molesta? —Tommy se acercó al armario y comenzó a ponerse un pijama, podía ver su culito blanco y firme.

Voy a hacerte la cena y te vas a dormir, ¿vale? —me levanté con una erección enorme.

Mmm, vale, ¿estás bien? —Tommy frunció el ceño buscando el motivo de mi nerviosismo, yo, afirmando con la cabeza, le dije que estaba bien y me fui a la cocina dejándole allí.

Saqué una pizza del frigorífico, la metí en el horno y la dejé a calentar, me apoyé en la encimera pensando que debía hacer, no podía dejarlo estar, no después de lo que vi.

Escuché la televisión del comedor, Tommy estaba viendo unos dibujos, preparé unos zumos fresquitos y los llevé al salón, Tommy estaba en el suelo tumbado boca abajo apoyado de sus codos viendo los dibujos mientra movía las piernas.

Pronto estará la cena. —le avisé mientras colocaba los vasos en la mesa, pero Tommy me ignoró, no se si porque estaba pendiente de la televisión o porque le molestó que le ocultase algo antes.

Me senté en el sofá, observándolo, podía sentir como él sabía que yo lo observaba.

Oye..., Tommy, ¿te llevas bien con tu padre? —mi pregunta le incomodó, lo sentí.

¿Por? —se giró a verme, su mirada era de extrañeza.

No, curiosidad, no sé, cómo es profesor y eso...

Pues nos llevamos normal..., ¿y tu? ¿cómo te llevas con el tuyo? —me preguntó volviendo a los dibujos.

Me quedé en silencio, él no sabía que mi padre falleció, y tampoco quería contarlo ahora y hacerle sentir mal.

Recordé la pizza, me excusé con velocidad fingiendo que se quemaba, tras eso, la llevé a la mesa y ambos nos sentamos a comer, Tommy no dejaba de mirar la televisión, miré la hora, casi las diez, demasiado tarde, se me pasó el tiempo rápido.

Oye, ¿y en la escuela? Supongo que al tener un profesor de padre, irás bien en los estudios..., ¿qué opinan tus amigos?

Tommy, bastante molesto por mi pregunta, dejó de comer y fijó su mirada en mí.

¿Por qué preguntas tanto?

¿Eh? No sé, para conocerte mejor y eso...

Tommy me observó unos segundos.

Pues cállate, quiero ver los dibujos y me molestas. —dijo, ahora se estaba comportando de manera muy despectiva.

Lo siento, no quería incomodarte, a veces me meto donde no me llaman, pensé que los amigos hablaban de todo...

No somos amigos, solo estás aquí porque mis padres te pagaron para vigilarme. —dijo tajante, su actitud cambió, estaba claro—. Y no deberías estar, sé cuidarme solo.

Sus palabras en parte me dolieron, pero tenía razón, no éramos amigos...

En silencio, viendo los dibujos, ambos terminamos de cenar.

Bueno, me lavo los dientes y me voy a dormir. —dijo Tommy llevándose su plato a la cocina, su actitud había cambiado, ¿por qué? ¿qué dije?

Me quedé un rato viendo la tele, llevé mi plato a la cocina y tras lavarlo fui al baño, me lavé la cara y me quedé mirando al espejo.

Caminé hasta el cuarto de Tommy, tenía la puerta entornada y por la luz que salía del cuarto pude imaginar que tenía su lamparita encendida.

Me asomé pensando que estaría leyendo algo pero no, estaba durmiendo, con la luz encendida, me acerqué para apagarla y su mano me sujetó de golpe dándome un susto de muerte.

NO la apagues. —dijo mirándome fijamente.

Perdona, pensé que te la dejaste encendida...

Se dio la vuelta dándome la espalda, suspiré y preferí salir de allí y dejarle dormir, me fui al salón y me tumbé en el sofá, me dormí rápido, porque cuando quise darme cuenta el profesor me estaba despertando.

Ambos me agradecieron que cuidase de Tommy y me llevó a mi casa, durante el trayecto, el silencio era el dominador absoluto del ambiente, las calles, vacías y oscuras, daban un toque aún más lúgubre y siniestro.

Pues ya estamos, esta es tu casa, ¿No? —me preguntó el profesor, afirmé con la cabeza y le agradecí por traerme—. No es nada, gracias a ti por cuidar de Tommy.

Iba a salir del coche cuando su mano sujetó mi muñeca.

Oye..., si alguna vez necesitas más ayuda, no me importará ayudarte, eso sí, que sea un secreto o todos tus compañeros pensarán que eres un aprovechado...

Ah, ehh..., no se preocupe por eso, no diré nada.

Kyle, ¿seguro que está todo bien? —me preguntó frunciendo el ceño.

En ese momento recordé la libreta de su hijo y tragué saliva, iba a abrir la boca pero en ese momento el ruido de un hombre paseando a su perro cerca me asustó y me callé.

Debo volver a casa. —dije.

Vale, descansa y de nuevo gracias. —dijo el profesor.

Salí del coche y al llegar a la entrada recordé que no tenía llaves, el profesor arrancó el coche y se marchó.

¡Joder! —grité con furia.

La luz del salón de mi casa se encendió y retrocedí varios pasos, la puerta se abrió y mi primo Erik me miró negando con la cabeza.

¿Dónde estabas? —preguntó en susurros.

No te importa. —le aparté empujándolo con el hombro y subí las escaleras con rapidez, entré a mi cuarto y cuando iba a cerrar mi puerta mi primo la detuvo.

No, primo, dime de donde vienes a estas horas, además, escuché el motor de un coche segundos antes de tu ''joder''.

Miré a mi primo con enojo y le empujé con fuerza, éste, enojado, me sujetó y comenzamos a forcejear cayendo al suelo, él era más fuerte y logró someterme subiéndose encima de mí.

¡¿Qué está pasando?! —gritó mi madre desde el piso de abajo—. ¡¡La próxima vez que me despertéis, subo!!

Perdón tía, estaba ordenando el cuarto y se me cayeron unas cosas. —mintió mi primo Erik, mi madre avisó de que tuviese cuidado y vimos como la luz de abajo se volvía a apagar.

Quítate de encima. —le ordené, sonrió y se levantó, luego me ayudó a levantarme.

¿Y bien? ¿vas a decirme dónde estuviste? —preguntó insistente.

No es de tu puta incumbencia joder. —entré en mi cuarto y miré de nuevo hacia atrás, ahí estaba parado mirándome—. ¿Qué?

Me pones mucho primito. —confesó mi primo Erik, que se acercó a mí de manera lenta, cerró la puerta y se puso a centímetros de mí, podía sentir su aliento.

Sus palabras me calentaron y me gustaron, mi respiración comenzó a agitarse, sonrió y acercó de nuevo sus labios a los míos, nos volvimos a unir, sus manos comenzaron a tocar mi cuerpo por dentro de mi camiseta, su lengua recorría mi boca, al separarnos un leve hilo de saliva que nos unía se rompió y negué con la cabeza.

Tu mente dice que no, pero tu corazón dice otra cosa.

¿Es que nunca te rindes? —mi primo Erik sonrió y entonces lo sujeté de la camiseta, lo empujé en la cama, ahora sentado y yo de pie frente a él, me miró confuso—. Chúpamela.

Me saqué la polla, que empezaba a tenerla dura, y se la acerqué a la cara, mi primo Erik, aún en shock por mi petición, me miró y dudó por unos instantes, no creía lo que le ofrecía, abrió la boca y la engulló.

Sentía su paladar sobre mi pene, bajaba mi piel y lamía mi tronco para volver a metérsela en la boca, sus succiones me volvían loco, quería gemir pero era peligroso, estaba que no podía más, tapé mi boca y comencé a correrme, llevaba toda la tarde a mil por culpa del criajo de Tommy, necesitaba desahogarme, y mi primo Erik continuó chupándomela mientras se tragaba todo.

Me aparté respirando con dificultad.

Joder..., estabas caliente ehh... —dijo mi primo limpiándose los labios con la lengua relamiéndose.

Ya me daba igual todo, había sucumbido, no sé si era marica, si era bisexual, pero me daba igual todo, solo quería experimentar, saber qué me gusta realmente, así que me puse de rodillas.

Bájate la ropa. —ordené mientras le ayudaba a tirones.

Levantó su culo y pude bajarle la ropa, su polla saltó a mi cara, estaba circuncidado, su polla era más gorda que la mía, y también más larga, por lo menos quince centímetros, comencé a pajearle con cuidado.

Él notó mis nervios y con su mano acarició mi cabello, me dijo que no tenía por qué hacerlo, ignoré lo que dijo, me incliné y con mi lengua lamí parte de su tronco, tenía un sabor salado, no me desagradó, le miré y sonrió, volví a su polla, bajé más la piel descapullando del todo su polla y metí en mi boca la punta, succioné con mi boca y entonces mi primo me apartó con velocidad.

Espera, joder..., casi me corro...

¿Enserio? —pregunté confuso.

Sí..., es que..., llevaba esperando este momento mucho tiempo... —su mano derecha acarició mi mejilla izquierda y guió sus dedos hasta mis labios, los rozó con la yema de sus dedos y metió los dedos en mi boca, los comencé a chupar sin apartarnos la mirada—. Joder primo...

Sacó sus dedos de mi boca y me hizo inclinar de nuevo hacia su polla, la metí en mi boca todo lo que pude, sus manos se posaban en mi nuca marcando la mamada, me comencé a pajear mientras mi primo se tumbó del todo en la cama.

Mi boca intentaba engullir toda su polla, pero era difícil, aún así casi toda la tenía en mi boca, mi lengua saboreaba cada centímetro de su polla, masajeaba sus huevos bien gordos a la vez que succionaba en busca de su leche, me di cuenta que mi primo no tenía nada de vello, creo que se rasuraba.

No tuve que esperar mucho, comenzó a convulsionar y pude sentir varios disparos de su leche dentro de mi boca y garganta, me costaba tragar, su leche, espesa y caliente, bajaba por mi garganta, se la limpié bien y terminé de correrme de nuevo mientras me pajeaba.

Entonces, se hizo presente la culpabilidad de nuevo, el remordimiento regresó a mí, la pena, él se dio cuenta cuando me levanté y abrí la puerta para entrar en la ducha.

Y ahí me quedé por lo menos diez minutos bajo el agua, me lavé la boca a fondo, pensando en todo, después me lavé los dientes y me acosté en la cama.

Comencé de nuevo a llorar, me gustó lo que hice pero eso me aterraba más, me volví maricón, y si no me volví, estaba a punto, quizás lo fui siempre y no me di cuenta hasta ahora, pensé en mi padre, lo estaba decepcionando, miré al cielo desde la ventana, le pedí perdón, con mi mano, en estado de nervios, apreté con fuerza mi muslo derecho, causandome arañazos, ahogué el grito mordiendo mi almohada, quería morirme, quería morir.

Llegó el Lunes, estaba en la escuela esperando mi turno para hablar con la directora, pronto sería la hora de la primera clase, la directora se asomó y me hizo entrar.

Muy bien, usted dirá. —me dijo sentada en su asiento de cuero barato.

Verá, traigo el dinero para la excursión del Viernes al lago. —le dejé el dinero que había conseguido cuidando de Tommy y algún dinero extra que conseguí el Domingo cortando el césped de varios vecinos.

¿Y la autorización de sus padres?

Eso..., es que mi madre está muy ocupada y...

Sin la autorización, no hay excursión.

Pero no puede hacer eso, ¡por favor! —supliqué.

Te dije que no, así que no insistas.

Recogí los billetes con enfado y me fui a mi taquilla, saqué unos libros y cerré con fuerza.

Eyy, que te la cargas. —Mike se acercó preocupado.

Es que..., ya tengo el dinero de la excursión, pero la directora quiere una autorización de mi madre...

Mike no dijo nada, sabía cómo era mi madre, ella siempre me trataba mal, a veces no quería ni mirarme a la cara, me odiaba, nunca sentí amor de madre..., y de padre..., bueno..., en fin...

Estaba perdido en mis pensamientos cuando vi a Dylan, me estaba mirando a lo lejos.

Ve a clase, ahora te alcanzo. —le dije a Mike y me fui antes de que pudiese decirme algo.

Dylan se dio cuenta e intentó evadirme pero lo alcancé.

Espera, tenemos que hablar. —le dije sujetándolo.

No quiero, déjame, eres un mierda como todos, ya lo dejaste todo muy claro, déjame. —Dylan, dolido, se deshizo de mi agarre y entró en su respectiva clase.

Hola amor.

Me giré al escuchar a Celia detrás de mí, sus labios se posaron en los míos desprevenidamente, le correspondí el beso sin entender nada, habíamos roto supuestamente, tras besarme, me miró sonriente.

¿Vamos a clase? —me preguntó cínicamente.

Esto..., Celia..., el otro día..., rompimos... —dije casi con miedo.

¿Qué? No, definitivamente no, fue una pelea sin más, estaremos juntos siempre, ¿vale?

Afirmé alucinando y entramos en clase, la verdad es que se me hicieron eternas las primeras horas, casi me olvidaba de Tommy.

Llegó el recreo y me colé en el ala de primaria, donde estaba Tommy, intenté buscarlo pero no lo encontraba, recordé lo que vi en la libreta, en ella, parecía estar en el gimnasio, sí o sí debía ser durante el recreo.

Esquivando como pude a los profesores, ya que si me veían me echaban de allí, no podíamos pasar al ala de primaria los de secundaria.

Bajé al gimnasio de los de primaria, lo hice despacio, y allí estaba Tommy, a su lado, otra chica de su edad, cabello negro y largo, ojos oscuros, de piel blanca, ambos, permanecían quietos arrodillados, mientras otros tres chicos les hablaban.

Recordé las imágenes de la libreta, en ella, Tommy dibujó como tres chicos le humillaban y le abusaban, no podía permitirlo más.

Me acerqué más y escuché como el que parecía el líder, hablaba, de mi altura, rubio teñido oscuro, piel blanca y un pendiente en la oreja izquierda.

Bueno, Tommy, espero que hayas practicado como te dije, esta vez, si vuelves a hacerme daño con tus dientes, ¡¡te rompo la boca!!

Uno de los chicos sujetó a Tommy hacia él mientras el otro ponía a la chica en la misma posición, sus dos amigos, de cabello oscuro y ojos oscuros, eran unos diez centímetros más bajitos que yo.

Venga, hora de que me la chupéis. —dijo el chico que parecía el líder.

Se acercó a Tommy y a la chica, estaba claro que quería que ambos se la chupasen, los dos amigos del líder también se la sacaron, cada uno se puso a un lado del líder, iban a obligar que esa chica y Tommy se las chupase.

No sabía qué hacer, eran más que yo, saqué mi móvil y comencé a grabar, tenía un plan, aunque por desgracia debía dejar que pasase eso...

Apunté bien con mi móvil y comencé a grabar, Tommy chupaba la polla del líder, que lo forzaba con fuerza, la chica, comenzó a comérsela al amigo de al lado.

Grabé bien las caras y tras unos minutos terminé la grabación, guardé mi móvil en el bolsillo y me acerqué a ellos.

Di una patada a la puerta y Tommy junto a la chica se pusieron con velocidad de pie intentando taparse, los tres chicos se guardaron su mercancía también con rapidez.

¿Quién coño eres tú? —preguntó el líder, pude ver la cara de Tommy, entre vergüenza y ganas de llorar.

Os he grabado y lo he subido a mi nube, si yo quiero, publico el vídeo y acabáis en un correccional donde vuestro culo será el postre de un centenar de chicos.

El líder, apretando los puños, me miró con rabia.

Si haces eso, todos verán que me comían la polla. —dijo sonriendo pensando que tenía la sartén por el mango.

No, porque solo lo verá el sheriff, suficiente para joderos la vida, vosotros decidís. —amenacé.

Los dos amigos del líder negaban con la cabeza que por favor no lo hiciese y salieron corriendo, el líder, sin decir nada, comenzó a caminar a la salida, sin quitarme la vista de encima.

Esto me lo pagarás, recuérdalo, no quedará así. —dijo con tono amenazador.

Cuando se fue miré a Tommy y la chica, que estaban callados, y yo no sabía qué decir.

Será mejor que volváis a clase, y si vuelven a molestaros, me lo decís, aunque no creo que vuelvan a hacerlo. —dije saliendo de allí.

La verdad es que sentí un gran alivio por ayudar a Tommy, las clases terminaron y volvía a mi casa con Mike, debía convencer a mi madre para que firmase la excursión.

Hola... —Tommy me sujetó del brazo cuando nos habíamos alejado de la escuela.

Ah..., hola..., esto..., Mike, ¿Nos vemos mañana? —le pregunté a mi amigo indicándole que tenía que hablar con Tommy.

Claro, no hay problema. —dijo mi amigo Mike.

Tommy me acompañó a casa, por el camino permanecimos un rato en silencio.

Gracias, por ayudarme... —dijo sin apartar la mirada del suelo.

No es nada... —respondí, en parte me daba pena, me estaba dando cuenta que habían más abusos de los que yo imaginaba, solo que no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta.

¿Cómo lo supiste? —preguntó Tommy.

Bueno..., tengo un sexto sentido y...

Viste mi libreta...

Ehhh..., a ver..., ¿cómo lo supiste?

Bueno, me di cuenta porque no estaba en la misma posición, de todas formas la he tirado, si tu la lograste ver, no quería que mis padres la vieran, pensé que se lo contarías a mi padre...

Lo pensé, pero..., recordé el caso de un amigo y lo que me dijo, que no quería pasar vergüenza, así que preferí ayudarte y que tú decidas que hacer..., siento que te hiciesen hacer eso... —confesé.

Ya..., prefiero que dejemos el tema aquí, ¿vale? afortunadamente no pasó de ahí, y gracias a ti se acabó.

Sí..., pero..., no pasó de ahí, ¿no? —pregunté mirándole.

No, no, no pasó de ahí, bueno, quizás si no llegas a actuar, con el tiempo... —confesó con pesar.

Ya..., ¿y la chica? ¿la conoces? ¿estará bien? —le pregunté.

Es de mi clase, sí, la conozco, pero no creo que quiera contarlo tampoco, además, todo esto pasó porque los descubrí, estaba jugando a los espías yo solo, bajé y los pillé...

Joder..., bueno, si intentan algo, lo que sea, me lo dices, ¿vale?

Lo haré, no te preocupes.

Al llegar a mi casa Tommy me abrazó y apretó con fuerza.

Gracias por ayudarme, Iron Man. —me soltó guiñando un ojo, y con una sonrisa salió corriendo hacia su casa.

En parte me gustó el abrazo, pero también me sentí mal que se aprovecharon de Tommy de esa forma, ahora entendía por qué el chaval había despertado tan temprano su sexualidad.

También me sentí genial sabiendo que había hecho una gran acción, me acerqué a mi puerta y recordé que no tenía las llaves, tenía que hacer hoy unas copias como sea.

Llamé pero no había nadie en casa, me enfadé bastante, además tenía hambre, con mi mochila a cuestas preferí acercarme a casa de Mike, que vivía cerca, el sol pegaba con fuerza, las calles ya se iban vaciando, era la hora de almorzar.

Me detuve unos segundos y miré atrás, tenía la sensación de ser perseguido, aceleré mi paso y volví a sentir esa sensación, apreté mis puños y volví a girarme, no había nadie, unos crujidos de ramas me pusieron mas nervioso.

Una respiración y unos pasos detrás de mí pusieron mi corazón a mil, recordé las palabras del chico, ''esto no quedará así, me las pagarás''.

Sentí una mano posarse en mi hombro, yo, temblando, me giré aterrado y sentí un miedo que jamás había sentido a pesar de que el chaval era más pequeño que yo.

Miré y caí al suelo de culo, casi temblando, alcé la mirada y pude ver una figura negra vislumbrada por la luz del sol que daba a su espalda, creando esa sensación de oscuridad momentánea.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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lunes, 20 de junio de 2016

Mi primito - Capítulo 4 ''Jugando con fuego''

Capítulo 4 ''Jugando con fuego''



Debo contarle a mi novia lo ocurrido, que le puse los cuernos con otro chico y además ese chico es nada más y nada menos que mi primo, ¿me atreveré a hacerlo?

¡Despierta! —la voz de mi primo me espabiló, me levanté como un resorte.

¿¡Qué!? —pregunté confuso mientras me rascaba los ojos.

Es tu novia, te espera fuera. —dijo mi primo Erik con un tono receloso.

Miré la hora, casi las diez de la mañana, entonces recordé lo ocurrido anoche, espera, anoche...

Tenemos que hablar de lo de anoche. —dijo mi primo, me levanté de la cama ignorándolo y se puso en medio para evitar que saliese—. En serio debemos hablar.

¿Hablar de qué? me forzaste. —le acusé.

¿Qué? No, eso no es cierto, no seas injusto, disfrutaste, ambos disfrutamos y...

Y nada, me forzaste, yo no quería. —sentencié y me metí en la ducha cerrando la puerta, esta vez puse el cerrojo.

Me miré al espejo mientras me mojaba la cara, ahora sentía una leve molestia en mi culo, escuchaba a mi primo decirme cosas desde el otro lado de la puerta, pero ni le hacía caso.

Me pegué una ducha rápida recordando lo que hice con mi primo, realmente no me forzó, bueno, quizás sí que me sentí cohibido, o me dejé llevar...

Yo no era gay, no me sentía gay, me gustaban las chicas, eso lo tenía claro, creo..., hoy debería salir de dudas.

Terminé de ducharme y me dirigí a mi cuarto, mi primo ya no estaba, me vestí y bajé al comedor, me puse unos vaqueros cortos rasgados, sí, lo sé, eran mis favoritos, tenía tres de estos vaqueros, unas zapatillas blancas y una camiseta de Darth Vader de color blanca, su máscara era negra, me acerqué a Celia, que estaba mirando nuestras fotos familiares de la entrada esperándome.

Ya estoy. —dije al llegar donde ella estaba, que ignorándome, siguió observando las fotos, me fijé en su cabello ondulado y largo, lo tenía mojado, o con ese efecto, iba muy guapa, llevaba una blusa roja con estampado de flores blancas, una falda blanca corta y unos tacones blancos a juego.

Me puse a su lado, estaba mirando una foto donde salía con mi padre.

¿Le echas de menos? —me preguntó Celia cogiendo el marco con la foto.

En ella, mi padre sonreía mientras acariciaba mi cabello con su mano izquierda, yo, con cuatro años recién cumplidos, estaba de rodillas en el césped, sujetaba un balón de fútbol, era feliz.

Observé la foto con pesar mientras me comencé a rascar mi nalga derecha, mi culo comenzaba a dolerme un poco.

Cada día, a veces, cuando salgo de la escuela, pienso que aparecerá para recogerme..., pero..., luego recuerdo que eso no pasará...

¿Cómo murió? —preguntó mi novia.

Bueno..., fue poco después de esa foto, un accidente de coche... —le quité el marco y lo puse en su sitio—. Fue hace mucho...

Celia se dio cuenta del mal rollo que había cogido el ambiente, posó su mano en mi hombro, la miré y me acerqué a ella, sus labios casi rozaban los míos cuando mi primo entró en escena.

¿Qué hacéis aún aquí? —preguntó mi primo Erik como todo un metiche.

Nos separamos y caminamos para salir de casa ignorándolo.

Ya nos vamos. —dije—. Por cierto, ¿y mi madre?

Se fue temprano a comprar, ya sabes que los fines de semana ella no trabaja.

¿A comprar? Pero si lo hizo ayer... —dije confuso.

Le faltaría algo, ¿a mí que me cuentas?

Bueno, seguramente no venga a comer, díselo, aunque no le importará... —tras mis palabras cerré la puerta dejando a mi primo en casa.

¿Va todo bien entre tu primo y tú? —preguntó Celia.

Sí..., o sea, es complicado, desde que ha llegado han cambiado algunas cosas en casa, y bueno, no sé, es todo muy complicado.

Dale tiempo, entiende que ha perdido a sus padres, debe ser duro, y de repente vivir en otra ciudad, verás que todo vuelve a la normalidad.

Me sentí mal, a mi mente vino lo ocurrido con mi primo Erik en la ducha, había engañado a mi novia Celia con él, pero, ¿cómo decirle que le había puesto los cuernos con mi primo? Sería un suicidio.

Llegamos al parque de atracciones, y es que, hacía semanas que Celia había organizado esta cita para este Sábado, esperamos en la entrada y a los minutos apareció una amiga suya y otro chico que no conocía.

Pasamos la mañana paseando por el recinto ferial y montando en algunas atracciones, todo parecía normal, pero cuando miraba a mi novia, recordaba que la había engañado, no era justo, ella siempre fue buena conmigo.

Pasaron las horas y teníamos hambre, convencí a Celia para que nos alejáramos un poco del barullo, nos despedimos de su amiga y su novio, quería comer a solas con ella, necesitaba confesarle todo, ya eran más de las tres de la tarde.

Fuimos a una hamburguesería, me acerqué a la mesa más alejada posible y después pedimos un menú cada uno, estaba muy nervioso, los dos comíamos uno frente al otro, Celia recibió un mensaje en su móvil, lo miraba mientras bebía su bebida con pajita.

Era el momento, había gente, pero estaban lejos de nosotros.

Celia..., hay una cosa que quiero decirte, es..., algo que hice...

Mi novia alzó la vista y soltó la pajita, dejó su móvil en la mesa sin dejar de observarme.

¿Qué hiciste? —preguntó Celia, que, tras mis palabras, su actitud ahora era tan seria como la mía.

Mis manos apretaban mis rodillas, estaba demasiado nervioso, miraba a todos lados intentando buscar las palabras que menos la hiriesen, me iba a desmayar.

¿Kyle? ¿Qué pasa? ¿Qué has hecho? —Celia se puso nerviosa.

Yo..., ayer..., ayer lo hice con... —sus ojos se abrieron como platos, su cuerpo se tensó, sabía o imaginaba lo que iba a decir—. Lo hice con otra..., persona...

No..., no pude decirle ''con otro'', no podía.

¿Qué? Espera, ¿Cómo que con otra persona? ¿¡Te acostaste con otra chica!? —su tono de voz aumentaba.

Celia se levantó con los ojos lagrimosos, dispuesta a marcharse, me levante para impedirlo.

¡Espera! ¡Deja que te explique! —la sujeté del brazo y la puse de cara a mí, en ese instante sentí su mano derecha golpear mi cara con tanta fuerza que me ardió.

¡¡Déjame en paz!! ¡¡No quiero volver a verte nunca más!! —Celia intentaba soltarse pero la sujetaba.

Escucha, por favor. —mi petición era de desesperación, tenía ganas de llorar, verla así me rompía el corazón.

Un chico se puso en medio y me dio un empujón que me tiró al suelo, el chico, que vestía uniforme del equipo de fútbol del condado, tenía una fuerza descomunal, Celia aprovechó para salir de allí corriendo, las demás personas nos estuvieron mirando, habíamos montado un show.

Me levanté para seguirla pero el chico, que me sacaba dos cabezas, se puso en medio, el chico me miraba con enfado, su grupo de amigos estaba en una de las mesas observando la situación.

¡¡Déjame pasar!! —intenté apartarle pero me volvió a tirar al suelo de otro empujón.

Te ha dicho que la dejes, quédate en el suelo chaval. —dijo el chico, que tendría unos veinte años, parecía una bestia con ese cuerpo, iba rapado y sus ojos, saltones y oscuros parecían atravesarte el alma.

Me levanté de nuevo y le quise golpear en la cara de impotencia, pero me sujetó el puño y él fue quien me golpeó en el estómago, cayendo en el suelo sin aire, tosía con dificultad.

Uno de los gerentes se acercó y nos pidió amablemente que dejásemos la pelea y que nos marchásemos del local.

El chico se marchó con su grupo de amigos, yo, por mi parte, me levanté con dificultad y tras pagar, me fui de allí.

Tenía ganas de llorar, pero aguanté, ahora me esperaba un largo camino de vuelta a casa, el sol pegaba con fuerza, y aunque estábamos a mediados de octubre, era un día bastante caluroso.

No sé cuánto tiempo caminé, mi costado me dolía, mi cara me ardía, mi corazón se desvanecía, y mi culo cada vez me quemaba más, era una sensación de dolor y molestia, todo ello unido a que había perdido a Celia, la chica de la que estaba enamorado desde que entró en secundaria, todo por culpa de mi estúpido primo.

No..., era culpa mía, yo me dejé, pero claro..., él me tentó, me tentó y yo pequé.

¿Kyle? —una voz familiar me pegó un susto, me di la vuelta y ahí estaba, mi profesor de Matemáticas subido en un coche, se detuvo y se bajó.

¿Estás bien? —me preguntó acercándose a mí, ya estaba atardeciendo, casi eran las siete.

Sí, estoy bien. —mascullé.

Tienes sangre en el labio. —me señaló el profesor con su dedo índice.

Y efectivamente, tenía algo de sangre, ¿tan fuerte me pegó Celia? Lo merecía...

¿Te llevo a casa? —me propuso el profesor, que acercándose a su coche, abrió la puerta para que subiese de copiloto, se me quedó mirando esperando mi respuesta.

Bajé la mirada mientras me limpiaba la sangre del labio con un pañuelo que me ofreció el profesor, le volví a mirar y afirmé con la cabeza, me subí al asiento del copiloto.

El profesor arrancó y le dije donde vivía yo, durante el trayecto, estábamos ambos en silencio, era todo muy incómodo.

Miré de reojo al maestro, que iba vestido con un pantalón de traje gris y un jersey de punto de color negro, el profesor era un hombre de unos cuarenta años, mediría 180 centímetros, afeitado, cabello castaño oscuro liso, con volumen, ojos marrones oscuros, sus facciones faciales eran pronunciadas.

El profesor aparcó el coche y cuando iba a salir me detuvo, en ese momento recordé cuando mi primo me contó que su profesor abusó de él.

Espera, oye..., vas muy mal con mi asignatura, y el año pasado te costó mucho aprobar, había pensado en que te vendría bien unas clases particulares, en mi casa...

Hubo un silencio, ¿me acaba de proponer lo que creo que me acaba de proponer?

No sé... —dije indeciso.

El profesor arrancó el coche y sin esperar más se puso en marcha hacia su casa, no entendía nada, ¿no fue todo muy raro?

Estaba super nervioso, el profesor condujo su coche al barrio adinerado de la zona, entró en el garaje de lo que parecía su casa, era bastante grande, se notaba que tenía dinero, más de lo que debería para ser profesor de matemáticas.

Nos bajamos del coche y le seguí hasta entrar en su casa, decir cabe que, sudaba como nunca, incluso mis piernas me temblaban de tal forma que en cualquier momento desfallecía ahí mismo.

Hola cariño, ya estoy en casa. —dijo el profesor a una mujer casi de su altura, de cabello largo y liso, oscuro, y unos labios muy carnosos, no pude evitar fijarme en sus pechos, enormes, la mujer se acercó y besó al profesor.

Llegas tarde Fran. —dijo la mujer para después detener su mirada en mi—. ¿Quién es?

Un alumno, necesita que lo ayude con un trabajo. —dijo el profesor posando su mano en mi hombro para dirigirme a lo que parecía su despacho.

Yo no entendía nada, ¿estaba casado?, peor aún, ¿me trajo con su mujer en casa? Mi cabeza daba vueltas, o quizás estoy mal pensando y de verdad quiere ayudarme, por culpa de mi primo ahora pensaba siempre mal, sí, tenía que ser eso.

Toma asiento, vengo enseguida. —dijo el profesor, de adelante, Fran.

Se marchó y me quedé sentado en un sofá que parecía de cuero, color marrón, su despacho era dos veces el tamaño de mi cuarto, tenía varias estanterías de libros, una mesa enorme con un ordenador apagado.

¡Buh!

Me levanté asustado al escuchar un chillido detrás del sofá, un niño salió riéndose por haber logrado asustarme, iba vestido de Spiderman, no podía ver su cara, era delgado y bajito.

¡Te asuste! —dijo riendo.

Tommy, ¿Se puede saber que haces en mi despacho y asustando a las visitas? —el profesor se acercó con un vaso de algún tipo de refresco y lo dejó en la mesa del centro, que era muy baja.

Papá, ¡soy Spiderman! ¿mola mi traje para Halloween? —dijo el niño y salió pegando saltos como si del hombre araña se tratase.

Perdónale, está en una edad difícil, el mes que viene cumple doce años ya..., cómo pasa el tiempo, pero bueno... —el profesor se sentó y abrió el libro de su materia—. Bebe, tendrás sed.

Gracias... —cogí el vaso y me bebí lo que parecía limonada, estaba fresca.

Mmmm a ver, ''El mundo de los polinomios'', tercero de secundaria, ¿empezamos?

Sí... —afirmé con la cabeza mientras dejaba el vaso en la mesa.

Bueno, ¿Por dónde empezamos?

Estuvimos un rato, hizo un descanso y al volver con otro vaso de limonada se sentó y suspiró.

Kyle, sé que tienes una situación difícil en casa, lo de tu padre, ahora la llegada de tu primo..., debe ser difícil, pero sabes que si necesitas consejo o ayuda, puedes contar con tus profesores.

Lo sé, profesor, es verdad que estoy un poco presionado, pero está todo bien...

¿Seguro? —miró el corte en mi labio—. ¿Eso te lo hizo tu madre?

¿¡Qué!? No., no..., fue..., bueno, mi novia me dejó... —confesé.

Ahhh, entiendo..., hiciste algo que no debiste, ¿no?

Sí, exactamente...

Al final, estuvimos más de una hora donde el profesor me explicó con sumo detalle el trabajo, estaba claro que si suspendía tras esto, me las vería con él, entonces entendí que su verdadera intención era de preocupación, suspiré aliviado.

Cariño. —su mujer llamó a la puerta asomándose—. ¿Puedes venir un momento?

Claro, bueno, Kyle, espérame en la entrada y te llevo a tu casa enseguida.

Conforme salía del despacho, pude ver a su mujer vestida con un bonito vestido color negro y retoques plateados, el vestido le llegaba hasta los tobillos.

Esperé en la entrada, mientras hablaban de algo, el profesor se quedó pensativo y me miró, sonrió y habló de nuevo con su mujer, al rato, ambos se acercaron.

Kyle, mira, la canguro nos ha fallado, otra vez..., ¿Podrías quedarte con nuestro hijo Tommy unas horas?

¿Eh? —mi cara, de estupefacción, no pasó desapercibida para ellos.

Mira, solo serán unas dos horas, hoy es nuestro aniversario y tenemos hecha una reserva, sería un gran favor, por su puesto te pagaremos. —el profesor sacó varios billetes y afirmé enseguida con la cabeza—. ¿Sí? Genial, ¿No se preocupará tu madre?

Ahora la llamo, ella me deja quedarme hasta muy tarde. —mentí.

Pues perfecto, mira, Tommy tiene la cena en el microondas, solo caliéntalo y se lo pones a las nueve, haz que se lave los dientes y a las diez que se vaya a la cama, es un poco rebelde pero no te causará problemas, también tienes tú algo para cenar en el frigorífico, coge lo que necesites, si necesitas algo, éste es mi número.

Antes de irse, los padres le dijeron a Tommy que yo sería su canguro esa noche, su cara fue de disgusto, pero acabó aceptando, antes de irse el profesor me dijo que estarían antes de las once en casa y que él mismo me llevaría luego a la mía.

Suspiré con resignación mientras desde la ventana los veía alejarse en el coche, saqué de mi bolsillo el pago, veinte pavos, no estaba mal, ya tenía para la excursión, y solo por vigilar a un enano.

Guardé el dinero y me acerqué a su cuarto, Tommy, que aún llevaba el traje de Spiderman puesto, estaba tumbado en el suelo con sus manos sujetando un mando, frente a él, un enorme televisor donde se le veía jugando al Call of Duty nuevo.

Me apoyé en el marco y me le quedé observando, su cuarto era tres veces el mío, lleno de juguetes, buena ropa, trastos por el suelo, era un desorden.

¿No te molesta jugar con la máscara puesta? —le pregunté, pero el crío me ignoró, su personaje fue asesinado y soltó el mando a un lado para mirarme.

¿Quieres jugar? —me preguntó con su voz de crío.

No gracias, soy más de Pokémon.

No me refería a ese juego. —el chico se levantó y sacó de debajo de su cama una alfombrilla con cuadros de colores, parecía una plataforma de baile—. Me refería a esto.

Extendió la alfombra, sí, era para jugar a algún tipo de juego de baile, puso el disco en otra consola que tenía.

Eh..., se me da mal bailar... —dije dándome la vuelta.

¿Eres un gallina? —el crío me retó, al girarme para contestarle me quedé boquiabierto, se estaba quitando el traje quedando en bóxer, color negro oscuro con bordes blancos, muy corto, no pude evitarlo, pero verlo así me calentó un poco.

Pude ver por fin su cara, era guapísimo el jodío, el chico tenía el cabello de color castaño claro y con un corte estilo Pompadour hacia un lado, de estos que están de moda ahora, sus ojos, de color miel, eran hermosos, tenía algunas pecas en nariz, su piel era blanca como la leche, era delgado pero definido para su edad, fijo hacía algún deporte.

Terminó de quitarse el disfraz de Spiderman y lo apartó a un lado, cuando se dio cuenta que no le quitaba ojo sonrió.

¿Qué miras? ¿Te gusta lo que ves o qué?

Tu flipas, ya te gustaría... —dije nervioso.

Venga va, empecemos. —dijo cambiando el tema.

Espera, ¿vas a jugar en bóxer? —pregunté confuso mientras Tommy encendía la consola y el juego.

¿Qué? ¿Te incomoda? Con este juego la ropa incomoda y se suda, así que sí, jugaré así.

No dije nada más y comenzamos a jugar, lo cierto es que al principio el juego no se me daba bien y me sentía un poco cohibido con Tommy, pero los minutos y las partidas fueron pasando y me lo estaba pasando genial.

Tommy era un chico bastante extrovertido e ingenioso, se divertía con el juego, nos enredábamos y caíamos riéndonos, a veces rozaba su piel y eso me hacía sentir extraño, pero a él parecía no importarle...

Estás sudando, ¿tienes miedo de quitarte la ropa o qué? —me preguntó molesto.

¿Qué? ¡Claro que no! —dije ofendido, me quité la camiseta y después los vaqueros cortos, los eché a un lado ante su atenta mirada, notaba que no me quitaba el ojo de encima—. ¿Qué? ¿Te gusta lo que ves?

No está mal. —dijo sacando la lengua juguetón.

¿Qué coño? ¿Este niño es un bromista de nivel o realmente estaba coqueteando conmigo...

Estuvimos jugando un rato más, nuestros cuerpos rozaban más de la cuenta, no quería ponerme duro, pero no podía evitarlo, menos mal que llevaba unos bóxer ajustados, intentaba disimular la erección, en uno de esos movimientos, Tommy cayó al suelo y yo encima de él, entonces noté su entrepierna, estaba duro, joder, lo noté con mi costado.

Se levantó entre risas y se agarró el boxer para colocarse bien sus partes, yo no quité ojo de manera disimulada.

Bueno, estoy cansado, voy a darme una ducha.

Yo también estoy reventado, casi una hora... —murmuré a la vez que bebía agua, estaba sediento, Tommy se fue a dar un baño, aproveché y me volví a vestir, después investigué un poco su cuarto, una cama, un armario y un escritorio, no tenía ordenador, pero sí varias consolas y juegos.

Me senté en su cama a admirar los posters de videojuegos y películas de terror que tenía por toda la habitación, entonces pude ver una libreta que parecía escondida detrás del armario, podía ver la punta de la libreta.

Miré al pasillo, aún se escuchaba el agua de la ducha, la curiosidad podía conmigo, me levanté y caminé hasta mi objetivo, estiré la mano para coger la libreta, sin dejar de mirar al pasillo, aún dudaba, estaba fisgando sus cosas y eso no estaba bien.

Me armé de valor y saqué la libreta con velocidad, la abrí con rapidez para echarle un ojo, mi asombro era mayúsculo, pasaba cada página sorprendido, no me lo esperaba, tragué saliva y dejé de pasar páginas, no podía más, puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, tenía que hacer algo, no podía dejar pasar lo que vi en esa libreta.

Puse la libreta donde estaba, pero ahora sentía una angustia muy grande, escuché la puerta del baño abrirse y apareció Tommy totalmente desnudo secándose con la toalla el cabello, lo peor es que tenía su pene con una erección enorme, lo tenía todo duro, yo, con la boca abierta, le miré sin saber qué decir.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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