miércoles, 14 de octubre de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

Capítulo 12 ''Motín'' (Final)

La puerta se abrió del todo y vimos entrar a tres chicos.

¡Ahora! —con ayuda de Álvaro, les dimos un empujón a los chicos y éstos cayeron en la cama que había en el suelo, aprovechamos para salir corriendo—. Rápido, debemos salir de este infierno.

Sígueme, yo conozco más esto. —dijo Álvaro.

Recorrimos el pasillo y la puerta metálica estaba abierta, la cruzamos y seguimos todo recto, escuchamos como los tres chicos nos seguían y el barullo que se había formado en el patio, Álvaro me sujetó de la mano y me hizo entrar en una habitación.

Escondámonos aquí. —dijo, arrastrándome a un cuarto que parecía de hospital, había una camilla y un foco de luces parecido a los que se usan en las clínicas dentales.

Permanecimos en silencio esperando que nadie entrase, pero era demasiado bonito, fuera escuchamos pasos, a los segundos, los tres chicos que nos seguían entraron en la habitación.

Se acercaron y nos vieron acurrucados detrás de la camilla, uno de ellos llevaba un bisturí en la mano.

Levantaros. —dijo el que parecía el líder, un chico delgado y alto, con varios cortes en el cuello y cara, era de cabello corto oscuro y ojos marrones, tendría unos tres o cuatro años más que nosotros.

Sus dos secuaces se acercaron a nosotros y nos sujetaron con fuerza, por mucho que nos resistíamos, eran más grandes y fuertes que nosotros.

¡Suéltanos idiota! —grité revolviéndome.

El líder se acercó con el bisturí en su mano y apuntó al cuello de Álvaro.

Esto por haberme empujado, cabrón. —dijo el chico, que sujetó con fuerza el bisturí para cortar el cuello de Álvaro.

Entonces la luz se apagó, nos quedamos a oscuras, el chico se giró de manera intimidatoria hacia la puerta.

¿Quién apagó la luz? —preguntó con cierto enfado, sus amigos negaron con la cabeza sin saber.

Su chillido nos alertó, alguien le había cortado en los tobillos, haciendo que cayera al suelo.

¡Hijos de puta! —gritó de dolor y soltando el bisturí—. ¡¿Quién ha sido?!

Escuchamos unos pasos corretear y la máquina que había cerca de la cama cayó al suelo, uno de los compañeros que vinieron detrás de nosotros soltó un grito y cayó al suelo llevando sus manos al tobillo, alguien le cortó la pantorrilla y se retorcía de dolor.

Entre la confusión sujeté la mano de Álvaro, y tiré de él saliendo de allí a toda velocidad.

¿Dónde están nuestras cosas? ¿Dónde las guardan? ¡¡Cuando nos traen aquí nos las quitan, es importante!! —vi voz alterada por lo ocurrido interrogaba a Álvaro mientras seguíamos corriendo sin soltar su mano.

Álvaro, aun en shock por lo ocurrido, me miraba negando con la cabeza.

Está..., vale, sí, sé dónde es, sígueme. —dijo Álvaro, que ya más centrado salió corriendo y bajamos las escaleras.

El psiquiátrico estaba hecho un caos, todos se habían vuelto locos, intentamos pasar desapercibidos y llegamos al despacho del director, la puerta que tenía cerrada era la que Álvaro intentaba abrir.

¿Es ahí? Espera... —dije, mientras Álvaro golpeaba la puerta intentando abrirla, yo buscaba en los cajones del escritorio, hasta que, efectivamente encontré un manojo de llaves, las sujeté y abrí la puerta, encendí la luz y comencé a buscar mis cosas.

Recorrimos los pasillos buscando nuestras pertenencias.

¿Son estas tus cosas? —preguntó Álvaro acercándome una bolsa de plástico con cosas dentro, miré y sí, ahí estaba mi móvil y las llaves de mi casa.

Sí, buen trabajo. —saqué el móvil, sin batería, y me guardé mis llaves en el bolsillo—. Debemos salir de aquí.

Creo que no. —la voz de Chucky nos dio un susto de muerte.

Miramos y lo vimos en la puerta, la reacción de Álvaro fue de sorpresa.

Un..., un muñeco... —dijo sorprendido, aún no se lo creía.

Sí, un muñeco que quiere dejar de serlo, dame el Amuleto de Damballa. —ordenó apuntándome con su cuchillo.

¿Dónde está David? —preguntó Álvaro.

¿David? Ah, ¿Dices el chico ese medio lelo? Ahora está en un lugar mejor, y, si no me dais el libro, vosotros también descansaréis con él y con los tres subnormales que he degollado hace unos instantes.

Apreté mis puños y con fuerza tiré la estantería de objetos encima de Chucky, que quedó atrapado, aprovechamos y salimos corriendo.

¡Rápido! Salgamos de este infierno. —dije.

Corrimos como alma que lleva el viento y alcanzamos la salida, pero uno de los internos se acercó a mí y me propinó una puñalada en la tripa con lo que parecía un bisturí, afortunadamente pude esquivarlo y no fue muy profunda la herida, pero el dolor que sentí jamás lo había sentido.

Álvaro se lanzó contra él para defenderme, pero el chico era mucho más grande, le clavó una, dos y tres veces el bisturí.

¡¡¡Noooo!!! —empujé al chico y con un trozo de madera que había roto en el pasillo le di en la cabeza, cayó al suelo quejándose con dolor en la cabeza, sujeté a Álvaro y lo arrastré conmigo a la salida.

Efectivamente, muchos se estaban escapando, y había varios trabajadores muertos e incluso de seguridad.

Vamos, queda poco, si salimos seremos libres... —dije tirando de Álvaro.

No, espera, no puedo más, me duele... —Álvaro pesaba cada vez más, lo llevé a un árbol, lejos del psiquiátrico.

Vale, vamos a descansar aquí un rato. —lo apoyé con cuidado mientras en la distancia veíamos como la policía comenzaba a entrar en el sitio a poner orden, se escuchaban disparos.

Vete..., sigue tú... —dijo con la voz entrecortada, le miré y vi como tapaba con su mano una de sus heridas, no dejaba de sangrar y estaba muy blanco.

No..., no te dejaré aquí... —no pude evitar comenzar a llorar.

Me..., me muero..., vete, por favor..., hazlo por mí..., sálvate... —sus ojos se apagaban, me acerqué a él y lo abracé.

Lo, lo siento... —tras decir esto, le miré con impotencia, Álvaro no se movía.

No podía hacer nada, así que como un cobarde lo dejé allí, sentía un desasosiego enorme, tras de mí dejaba solo cadáveres, estaba maldito.

Con lágrimas en los ojos, corrí a toda velocidad hasta mi casa, entré buscando a mi madre, pero no estaba, subí las escaleras y entré en mi cuarto.

Abrí el armario y saqué la mochila de deporte, empecé a buscar y a revolver la ropa, ahí estaba, el amuleto.

Me senté en la cama y miré la herida que me hizo el loco con el bisturí, me dolía cada vez más, entonces miré a la casa de Jacob por la ventana, me llevé la sorpresa, estaba en su cuarto, ¡¡Sí!! ¡¡Estaba vivo!! ¡¿No había desaparecido?!

Corrí y abrí la puerta de su casa, subí hasta su cuarto y al abrir la puerta de su cuarto me vio con sorpresa.

¿To..., Tomi? —preguntó confuso.

Sí..., estás..., estás..., ¡¡Estás vivo!! —grité.

Nos abrazamos con fuerza, podía sentir su respiración, sí, era Jacob, no pude evitar llorar.

¿Cómo es posible? Dijeron que desapareciste... —dije.

Lo sé, Chucky me encerró en el sótano de la casa abandonada, dijo que me liberaría cuando consiguiera el Amuleto, grité y grité, pero nadie me escuchó, hasta que hace dos días escapé.

¿Por qué no dijiste nada a la policía? —pregunté.

Lo hice, pero no me creían, decían que si seguía así acabaría como tú, y mi hermano me obligó a callar, nadie me creía... —dijo cabizbajo.

Bueno, eso tiene fácil solución. —la voz de Chucky nos alertó y le miramos—. Dame el Amuleto pequeño hijo de puta.

Le miramos los dos aterrados.

Joder chaval, ¿te diste cuenta?, por donde vas mueren todos, dame el puto Amuleto y tu muerte será rápida.

¡¡Por tu culpa me jodiste la vida!! —grité y lo intenté empujar por la ventana, pero entonces sentí un fuerte pinchazo en mi abdomen, Chucky me había clavado su cuchillo de caza.

Chucky me miró con sorna.

¡No! ¡Tomi! —Jacob corrió a socorrerme, pero Chucky apuntó su cuchillo a mi cuello y le hizo detenerse.

Bien, ahora, dame el puto Amuleto. —ordenó.

Llevé mi mano al bolsillo y le di el Amuleto, al sujetarlo, Jacob aprovechó y se tiró hacia él, el cuchillo cayó deslizado por el suelo, ambos forcejeaban y en ese momento entró la novia de Jacob, habían quedado.

¿Qué coño son esos gritos? —Diana nos miró confusa y Chucky aprovechó para levantarse y coger el cuchillo, Daiana abrió la boca de par en par sorprendida—. ¿Qué cojones?

Chucky se lanzó contra Diana, y ésta de una patada lo empotró contra la pared, cayó al suelo y se metió debajo de la cama.

¿Eso era un muñeco? —Diana, asustada, no entendía nada.

Vi el cuchillo encima de la cama y lo sujeté con fuerza.

¿Se puede saber qué está pasando? —preguntó Diana.

Salgamos de aquí, corremos peligro. —dije asustado y agotado, me desangraba.

Empujé a Jacob y Diana fuera del cuarto y en ese momento Chucky se tiró hacia Jacob, cayendo ambos al suelo.

¡¡Hijos de puta!! —gritó Chucky.

¡¡No!! —empujé a Chucky y quedó bocarriba y yo encima de él, sujeté con fuerza el cuchillo y lo usé para atravesar su cuerpo varias veces sin parar.

¡Ya está, para! —Jacob me sujetó y nos echamos a un lado.

Chucky, inerte, no se movía, Diana se acercó sin entender nada, sujetó al muñeco y le arrancó la cabeza con fuerza.

A tomar por culo... —dijo Diana, y acto seguido tiró la cabeza a un lado.

Entonces escuchamos sirenas de policía, me senté con dificultad y podía ver toda mi sangre, me moría.

Vinieron a por mí..., incluso..., incluso si me salvo, acabaré de nuevo internado como un loco, ya no tengo vida. —dije llorando, por el dolor y la impotencia.

No digas eso... —Jacob también lloraba—. Además, Diana también lo ha visto.

¿Qué? No, no me metas en esto, no me creerán, pensarán que estamos encubriendo a un asesino...

Jacob miró con rabia a su novia, que bajó la mirada y salió de la casa, escuchamos como decía que yo estaba dentro.

Jacob intentó ayudarme a incorporarme, y escuché la puerta de la casa siendo pateada por la policía.

Están buscándome, vendrán aquí, es mejor..., es mejor que me entregue... —dije sin fuerzas.

¡No, no dejaré que te lleven! —gritó Jacob.

Escucha, por favor, no quiero arrastrarte conmigo, solo..., solo júrame que serás feliz, y que nunca me olvidarás.

Ambos seguíamos llorando, nos abrazamos, afirmó con la cabeza y me soltó entre sollozos.

Escuché a la policía acercarse a la casa de Jacob ahora, avancé con dificultad y abrí la puerta, la policía me apuntaba con sus armas.

En ese momento pensé, si vivir significaba acabar internado por unos crímenes que no cometí, lo mejor era morir, esa era mi sentencia.

Saqué el cuchillo con el que maté a Chucky, lo agarré con fuerza e hice como que iba a acuchillar a los policías...

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y hasta seis disparos atravesaron mi carne, caí al suelo, podía ver a los policías acercarse a mí, mis ojos se comenzaban a cerrar, todo acabó, todo..., todo terminó.



FINAL

Tomás S. Aranda

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2309245396410

ISBN Code: 9789403630106

miércoles, 5 de agosto de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 11 ''Locura''

Capítulo 11 ''Locura''

Unos ruidos me despertaron, parecía una conversación en voz baja.

¿Dónde...? ¿Dónde estoy...? —abrí mis ojos con dificultad, la habitación era oscura, estaba tirado en el suelo y junto a mí había dos chicos más, uno de ellos era David.

Mira, ya despertó. —dijo David al otro chico.

Me incorporé y miré a los lados, la habitación era similar al del acolchado en tamaño, pero las paredes, suelo y estado en general era todo lo contrario, tétrico, además, aquí solo había dos colchones en el suelo, una pequeña ventana con barrotes y una puerta de hierro gris.

Estás en el área de castigo, te traen aquí por mal comportamiento. —el otro chaval, más pequeño que nosotros, se giró a verme, era rubio de ojos oscuros, además, tenía cicatrices en sus muñecas.

Estaban jugando a las cartas, sentados en el suelo.

¿Qué hago aquí? Debo salir..., Chucky viene a por mí.

Cálmate, nadie puede entrar ni salir, ¿Quieres jugar con nosotros? —preguntó David con una sonrisa.

No joder, no lo entendéis, corremos peligro, ¡Y vosotros también si estáis conmigo! —me levanté del suelo y me acerqué a la puerta—. ¡¡Ehhh!! ¡¡Por favor, necesito salir de aquí!!

Deja de gritar o nos irá peor. —el chico rubio se levantó y me golpeó en las costillas.

Auch, ¿Qué coño haces? —llevé mi mano a mi costado con dolor.

Es que, si te portas mal aquí, te llevan al sótano. —dijo David.

Sí tío, y allí..., será mejor que no averigües lo que hacen allí, así que cállate. —el rubio se volvió a sentar y cogió su mazo de cartas.

Los observé y continuaron jugando como si nada, los ignoré, miré por la puerta y vi a un vigilante sentado dándonos la espalda, encima de la mesa había un manojo de llaves.

¿Qué te hacen allí? —pregunté sin apartar la vista del vigilante, que a lo lejos podía verlo comerse un bocadillo mientras tenía sus piernas cruzadas encima de la mesa y veía la televisión.

Pues, básicamente, experimentan contigo, te torturan, no sé, lo típico, ¿no?. —dijo David.

¿Qué? —me giré a verlos y seguían jugando a las cartas como si nada.

Sí, ¿Cuántas veces te han ''castigado'' ya a ti, Álvaro? —le preguntó David al chico rubio.

Demasiadas, no sé, ya no las cuento, a veces te castigan incluso sin merecerlo, ellos solo quieren usarte, se desahogan con nosotros, no les importamos a nadie, y una vez bajas ahí, ya no vuelves igual.

¿Y no hacéis nada? —pregunté alucinado y temeroso.

¿El qué? Ellos mandan aquí, a Cristina, una de nuestras amigas, le pegaron una paliza e intentó contárselo a su madre en una de las visitas, no pudo hacerlo. —David soltó las cartas en el suelo con cierta pesadumbre—. Cristina era una buena chica, no mereció ese final...

¿Qué le hicieron? —me acerqué hasta ellos y me senté a su lado.

La mataron, al día siguiente todos la encontramos ahorcada en su habitación, nadie investigó ni hizo nada, hijos de puta...

No puede ser, esto es un infierno... —mi pierna empezó a temblar, realmente sentía miedo.

Pues, vete acostumbrando, porque tarde o temprano te llevarán al área de castigo, solo reza para que no te toque ''El porras''. —advirtió el rubio, Álvaro.

¿''El porras''? —pregunté.

Sí, ese hijo de puta es el vigilante del patio, y te mole a golpes, literalmente siempre acabas con un hueso roto, acabas destrozado. —Álvaro observó la puerta levantando la mirada.

Tenemos que salir de aquí y denunciarlo... —dije.

Suerte con ello. —dijo David.

Chsss. —Álvaro nos hizo callar y siguió observando la puerta—. Hay alguien escuchando.

¿Qué? —me levanté y caminé hacia la puerta, entonces escuchamos un sonido metálico golpear algo, me asomé corriendo y el vigilante no estaba, se escuchaba la televisión en voz bajita—. El vigilante no está.

Los dos chicos se acercaron y se asomaron.

Habrá ido al baño. —dijo David.

No sé, algo me huele mal. —Álvaro comenzó a rascarse las cicatrices de sus muñecas, David se acercó y le detuvo.

Tranquilo. —dijo David.

Escuchamos otro ruido, unos pasos correteando por el pasillo, mi pulso se aceleró y mi respiración comenzó a agitarse, intenté mirar al pasillo, pero no podía.

¿Qué fue eso? ¿Eran pasos de niño? —preguntó David confuso.

Tenemos que salir de aquí, es Chucky, ¡Estoy seguro! —mis compañeros notaron mi miedo.

¿Chucky? —preguntó Álvaro.

Un muñeco. —dijo David.

¿Eh? —Álvaro le miró frunciendo el ceño y David le hizo un gesto con el dedo en su cabeza como si yo estuviese loco.

No estoy loco, no lo insinúes. —le di un empujón y me miró desafiante—. Te digo que Chucky es real, es un muñeco, está vivo y estoy seguro de que ya ha matado al vigilante, ¡¡Y viene a por mí!!

¿Chucky? ¿El de las películas? —preguntó Álvaro extrañado.

Sí. —me acerqué a él y lo sujeté de los brazos—. ¿Cómo lo sabes?

Yo..., ayer lo vi en mi ventana, pensé que estaba alucinando por las pastillas que me metieron, no era la primera vez que veía cosas raras, así que no le di importancia... —dijo Álvaro como si nada.

Un momento, ¿Estás insinuando que de verdad hay un muñeco que tiene vida? —preguntó David con cierto temor y escepticismo al mismo tiempo.

¡¡Llevo diciéndolo desde que llegué aquí!! ¡JODER! —grité alterado soltando a Álvaro.

En ese instante la puerta comenzó a chirriar, alguien la había abierto, los tres nos giramos enseguida, la puerta comenzó a moverse con lentitud.

Nos mantuvimos en silencio, podía notar el miedo, el terror, los tres estábamos asustados, la puerta siguió abriéndose hacia dentro hasta que pudimos ver el pasillo exterior por completo.

¿Quién la abrió? Yo no escuché nada... —masculló David.

Entonces el sonido de unos pasos volvió a escucharse, como si se alejasen a toda velocidad, después, el silencio.

Tragué saliva y me acerqué a la puerta.

¿Dónde vas? —preguntó David.

No vamos a quedarnos aquí sin más a esperar, ¿No? —pregunté mientras avanzaba a la entrada, me asomé, pero no había nadie, todo estaba en silencio, demasiado silencio.

No podemos irnos, nos castigarán. —dijo David, asustado.

¿Y qué? ¿Te vas a quedar aquí? —preguntó Álvaro a su amigo David mientras se acercaba a mí.

Yo no me muevo de aquí, si os castigan allá vosotros. —sentenció David, que se sentó en el suelo junto a las cartas observándonos.

Álvaro se asomó y comprobó que el guardia de seguridad ya no estaba.

Vamos, si tenemos suerte puede que escapemos de este lugar. —tras decir esto, Álvaro se adelantó y caminó hasta la mesa del vigilante, empezó a desordenarla buscando las llaves.

Yo me acerqué e hice lo mismo.

Mierda, aquí no están... —Álvaro se acercó al final del pasillo, giró y entró en los baños de esa ala, yo a todo lo que hacía, le seguía.

Al entrar vimos que no había luz, Álvaro le dio a la llave de la luz, pero esta parecía que no funcionaba, estaba todo oscuro.

Aquí no hay nadie, no comprendo donde se ha metido ese vigilante, no hay más sitios en esta ala. —salió del baño y lo seguí detrás.

Quizás salió a una urgencia o algo, ¿No? —pregunté intentando autoconvencerme.

No sé, es muy raro, sin las llaves no podremos abrir la puerta del ala en el que estamos y es de seguridad... —dijo con decepción.

Bueno, quizás esté abierta...

En ese momento se escuchó un grito ensordecedor, era el de David. Nos miramos alertados y salimos corriendo, giramos y nos acercamos a la habitación donde estuvimos, pero David, no estaba.

No puede ser... —Álvaro removió los colchones y salió mirando al pasillo—. ¡¡Es imposible!! ¿Dónde está?

No..., no lo sé, pero si al final del pasillo, donde estamos, hay una pared, debería estar en la habitación o habérnoslo encontrado... —yo tampoco entendía nada, ¿Qué estaba pasando?

En ese momento comenzó a sonar un fuerte y estruendoso sonido, parecía la de una alarma.

No me jodas... —Álvaro se acercó a la ventana de nuestro cuarto y se asomó por ella, daba al patio del psiquiátrico.

¿Qué pasa? ¿Qué es ese ruido? —me acerqué y al asomarme pude ver como varios chicos salían al patio y comenzaban a pelearse unos con otros.

Alguien dio a la alarma de emergencia, ese aviso indica que hay una fuga múltiple... —Álvaro tenía la cara blanca, podía ver el terror en sus ojos—. O salimos de aquí o desearemos estar muertos.

¿Qué quieres decir? —pregunté aterrado, en ese momento se escucharon pasos de varias personas corriendo por el pasillo, Álvaro, con rapidez, cerró la puerta despacio y me hizo arrodillarme detrás de la misma, junto a él.

Escucha, si se han escapado varios internos, corremos peligro, aquí dentro hay demasiado enfermo mental, incluso asesinos desquiciados. —mientras lo decía, notaba la mano de Álvaro temblar.

Mi respiración comenzó a acelerarse y podía notar que me fallaban las piernas, estaba a punto de desmayarme, la puerta comenzó a abrirse lentamente y escuché unas risas, eran más de uno.

Álvaro sujetó mi mano con fuerza, la tenía sudada y podía sentir su miedo, era normal, a pesar de intentar demostrar valor, Álvaro era de mi edad, no éramos más que críos, y ahora me sentía responsable de lo que estaba pasando, todo esto era por mi culpa.

Apreté la mandíbula y suspiré profundamente.

(Continuará...)

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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lunes, 22 de junio de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 10 ''Sentenciado''

Capítulo 10 ''Sentenciado''

Si no nos dices la verdad, acabarás muy mal, chico, y es una pena... —el inspector, sentado frente a mí, me observaba con detenimiento.

Le he dicho toda la verdad. —contesté asustado.

Estaba en la sala de interrogatorios, había sido una larga noche, ya era de día, podía ver la luz del sol entrar por la ventana iluminando parte de la sala.

El inspector se levantó con enojo y comenzó a dar vueltas en la sala.

Es decir, que, según tú, un muñeco, el cual no hemos visto, mató a cinco personas; Joey, el cual su cuerpo estaba en el sótano de tu casa, Manuel, David y Guille, a los que mataron en la casa donde te encontramos, pero no queda ahí la cosa, porque el hermano de Guille, Rafa, ha muerto de camino al hospital..., y, según tú, ¿Los mató un muñeco?

Sí... —mascullé.

El inspector sacó varias fotos y las expuso en la mesa, eran los cuerpos de las cinco víctimas.

Además, hemos recibido una denuncia, la desaparición, Jacob Greenwood, tu vecino..., ¿Qué casualidad no?, ¿¡Dónde está!? —preguntó golpeando la mesa con sus grandes manos.

Quedé helado, Jacob había desaparecido..., comencé a llorar.

Muy bien, por última vez muchacho, ¿Qué pasó realmente?

Seguí callado, era absurdo repetir lo que pasó, no me creería.

De acuerdo, no me queda de otra que ordenar que te internen en un centro con problemas mentales. —dijo con tono amenazador.

¡¡No puede hacerme eso!!, Por favor, ¡¡Le estoy diciendo la verdad!! —me levanté llorando y uno de los agentes que vigilaba en la puerta me sujetó con fuerza. —¡¡Por favor, créame!!

El agente me sacó a rastras ante la mirada del inspector, que solo negaba con la cabeza, me arrastraron y me volvieron a meter en la celda.

Pasé ahí metido dos días, durante el juicio, no cambié mi versión, nadie me creía, incluso mi madre, con tristeza, me miraba de otra forma, como si estuviese loco, tras el juicio, me abrazó antes de que me llevasen.

Ese mismo día me hicieron subir a un autobús camino al psiquiátrico del condado, me habían sentenciado...

Bueno, chico, no estés tan mal, podía haber sido peor, al menos esto no es una cárcel. —el conductor del coche donde iba montada me miraba por el retrovisor mientras se dirigía a mí.

Por la ventanilla podía ver como entrabamos a un recinto donde había verjas fortificadas, con pesar y lágrimas en mis ojos, fui acompañado por el agente que me custodiaba en el asiento trasero del coche durante el trayecto.

Aparcamos y me condujo dentro del complejo, un doctor me atendió y nos guio hasta un cuarto, todo el complejo era de color blanco, incluso el suelo, me indicó mi cama y cerró la puerta dejándome dentro, pude escuchar como hablaba con el agente mientras se alejaban.

Así que..., así he acabado..., mi vida destrozada...

Me senté en la cama y miré a la pared, el cuarto, pequeño, solo tenía una cama individual, un armario y un escritorio, todo vacío.

El doctor abrió la puerta y me miró con una sonrisa, era un hombre de unos cincuenta años, con el pelo canoso, afeitado, y con unas gafas colgando en el cuello, vestía unos pantalones oscuros y un jersey gris, que lo acompañaba con una bata blanca de médico.

Bien, muchacha, bienvenido al hospital psiquiátrico de Weverkey, donde tenemos el mayor índice de curación del país, tranquilo, lograremos que te cures. —dijo con una sonrisa cínica.

El doctor se acercó sentándose a mi lado.

Aquí, estarás muy seguro, ningún muñeco te hará daño. —me levanté alejándome de él, sus palabras sonaron con burla.

El doctor me sonrió y se levantó sin dejar de escudriñar mi cuerpo como si yo fuese un objeto para sus experimentos científicos.

Bueno, poco a poco, pero al final lograremos curarte. —hizo énfasis en esa última parte mientras me guiñaba un ojo—. En fin, tienes ropa limpia dentro del armario, en una hora vendré a por ti, debo explicarte las normas y horarios, ¿De acuerdo?

El doctor caminó hasta la puerta y la cerró tras de sí.

No puede ser, esto no es real, ¿Qué más me puede pasar?

Una piedra golpeó la ventana de mi cuarto, tras el sobresalto por el susto, me acerqué y miré por ella, tenía barrotes de hierro, así que no podría escapar, fuera, el complejo estaba rodeado por un inmenso bosque, estábamos en la nada, según calculé, por las escaleras que subí, yo debía estar en el tercer piso.

Otra piedra golpeó el cristal de la ventana, miré hacia abajo y pude verlo, me miraba sonriente y saludando con su mano.

No..., no..., pue..., puede ser... —tartamudeando y sin dejar de mirar sorprendido, podía ver a Chucky, que me saludaba sonriendo, entonces sacó de su bolsillo un cuchillo, sí, tenía un cuchillo...

Se agachó y se metió por un agujero pequeño, lo vi ingresar al recinto y correr por detrás del mismo hasta perderlo de vista al rodear el edificio por mi izquierda.

Quiere el Amuleto, pero yo no lo tengo, están en mi casa..., me matará...

¡¡No!!, ¡¡¡Ayuda!!!, ¡¡Viene a por mí!!, ¡¡Chucky viene a por mí!!

Un celador abrió la ventanita de la puerta de mi cuarto y me miró confuso.

¡¡Por favor sáquenme de aquí!! ¡¡Es Chucky!!

¡Cálmate chico! Enseguida vendrá el doctor. —y acto seguido cerró la compuerta.

¡¡Nooooo!! —golpeé desesperado la puerta con mis puños cerrados—. ¡¡Es Chucky!! ¡¡Viene a por mí!! Y quiere matarme... —mis sollozos y mis lágrimas de impotencia se mezclaban con el terror y la asimilación de que era mi final...

Lloré y lloré hasta quedarme sin fuerzas, dormido, allí, pegado a la puerta.

Desperté tumbado en una camilla, podía observar como una luz cegadora proveniente de unos focos que venían del techo de la habitación, me impedía ver bien a mi alrededor, unas voces ahogadas sonaban cerca de donde yo estaba tumbado, y sí, estaba atado.

Sentía mis muñecas oprimidas con una especie de cuero, también podía sentir el mismo tacto en mis tobillos, además, me di cuenta de que iba solo con un triste camisón, ¿Dónde estaba?

Ah, sí, me habían internado en un psiquiátrico, me tomaban por loco, ¿Por qué? Por decir que mi muñeco había matado a cinco personas.

¿Por dónde íbamos? Ah sí, escucha, Tomi, vamos a hacerte una prueba cerebral, ¿De acuerdo? —la voz del hombre, que provenía de mi izquierda, me hizo temblar.

¿Qué? ¡¡No!! ¡Espere! ¡Yo no estoy loco se lo juro! ¡¡Por favor no!! —mis desesperados gritos fueron inútiles, el despiadado médico comenzó a reírse mientras con una máquina más parecida a un taladro, comenzaba a penetrar en mi cabeza, podía sentir la perforación y el tembleque de la máquina.

¡¡Para!! ¡¡Despierta!! —una bofetada me hizo abrir los ojos.

Llevé mis manos a mi sien e intenté buscar el agujero, pero no, no había nada, miré a mi alrededor, estaba en una habitación totalmente blanca, con paredes acolchadas y dos camas a los laterales, no había ventanas, solo una puerta de hierro con una especie de ventanita de vidrio por donde poder mirar.

¿¡Estás bien!? Parece que estabas teniendo una pesadilla... —un chico desconocido me miraba sonriente—. Me llamo Salva, un placer.

El chico me extendió su mano de forma amigable, el chico, de piel blanca y pelo oscuro, me observaba con unos ojos negros, tenía facciones asiáticas, parecía de mi edad.

¿Dónde estamos? —pregunté mientras le estrechaba la mano, nuestra ropa era un pantalón blanco y una camiseta, también blanca, parecíamos presos, pero de blanco..., además, íbamos descalzos.

¿No lo recuerdas? Estamos en un centro para locos, como nosotros...

¿Qué? Yo no estoy loco... —me quejé, me acerqué a la puerta e intenté abrirla, pero era inútil, no podría salir de ahí.

No, claro, ninguno de nosotros estamos locos... —dijo Salva sonriendo, mientras no dejaba de rascarse el cuello.

No, lo digo en serio, yo estoy aquí por error. —vi que no me tomaba en serio, no le culpo, él si estaba loco, así que era mejor dejar el tema, debía buscar una forma de salir de allí.

Me agaché para mirar debajo de las camas, no me fiaba del todo, aún recordaba que Chucky había entrado en el recinto, tenía que actuar, sí... ¡El Amuleto! ¡Claro! ¡Viene a por el Amuleto!

¿En qué piensas? —me preguntó Salva, pero le ignoré, tenía que pensar como darle el Amuleto, él lo quería, pero lo escondí en casa.

Caminé hasta la cama y me senté a pensar cómo escapar.

Oye, ¿Dónde llevan nuestras pertenencias? —pregunté a Salva, que permanecía de pie pegado a la pared mirándome—. ¿Me escuchas?

Eh..., no sé, quizás en la secretaría, pero no podrás ir hasta esa planta, nunca nos dejan sueltos, excepto en las duchas o el patio, pero siempre hay un vigilante.

Mierda...

¿Qué quieres coger? ¿Tu móvil? —preguntó Salva mientras se acercaba y se sentaba a mi lado, yo, instintivamente, me alejé un poco.

No, bueno, tal vez.... —me quedé pensativo, entonces una tristeza me invadió.

¿Qué te pasa?

Nada, es sólo que..., estoy sentenciado, nadie creerá que un puto muñeco mató a esas personas, pensarán siempre que fui yo...

¿Un muñeco? Ja, ja, ja, ¿Ves? Estás aquí porque piensas que los muñecos tienen vida.

Su risa no me gustó, le miré desafiante, ¿Y él qué? Seguro que ve fantasmas o piensa que puede volar.

¿Y tú qué? ¿Eh? ¿Te crees Superman o algo?

Salva se levantó de golpe y se agitó el cabello con intensidad, el cual, ya de por sí ondulado, se puso aún más desordenado.

Yo no estoy loco, ¿Vale? Es simplemente que a veces como mucho y acabo arrepentido... —dijo avergonzado dándome la espalda—. Tú no sabes lo mal que lo paso...

¿Tienes bulimia? —pregunté sin obtener su respuesta, se acercó a la cama de enfrente y se tumbó dándome la espalda—. Oye, disculpa, no quería ofenderte, es solo que, es raro que estés aquí solo por eso, ¿No crees?

Siguió sin responderme, entonces la puerta se abrió y un hombre con bata de médico ingresó dentro junto a otro hombre alto, robusto y con traje de vigilante, tenía porra.

¿Qué tal dormiste, Tomi? Espero que David no te haya molestado mucho.

¿David? Me dijo que se llama Salva... —dije sin entender.

David, ¿Qué hablamos sobre tus amigos? Sabes que debes controlarte. —el médico se acercó y le acarició el cabello, pero este no le dijo nada, después, el médico me observó y sonrió.

¿Qué? —pregunté nervioso.

Nada, es que te pareces mucho a mi hijo. —hizo una pausa y echó un vistazo a la libreta que traía consigo—. Bueno, Tomi, debes acompañarme, toca terapia, ¿Vale?

El médico me miró y desvió la mirada al vigilante, en forma de advertencia, si me negaba, iría a la fuerza, me levanté y caminé junto al médico fuera.

¿Este es mi cuarto? —pregunté al salir.

Oh no, no, esta sala es especial, siempre metemos aquí a los nuevos para que conozcan a David, es una especie de prueba.

¿Una prueba, de qué? —no entendía nada, mientras hablábamos podía observar bien el psiquiátrico, todo, todo era blanco, suelo, pasillos, puertas...

Comenzamos a subir unas escaleras hasta el siguiente piso y entramos a un despacho, el vigilante se quedó fuera y me hizo sentar.

Bueno, bueno, Tomi. —hizo una pausa y se sentó en su sillón de cuero.

Su despacho era enorme, detrás tenía tres ventanales que daban al exterior, a los lados dos librerías llenas de libros y una puerta con un candado, me fijé en ella, ¿Qué había ahí?

Expedientes, si te preguntas lo que hay ahí, es eso, expedientes, Tomi, dime, ¿Estás mejor? Ayer no dejabas de gritar y te desmayaste.

¿Qué? —llevé mi mano a la cabeza, ¿El sueño pasó de verdad?

¿Algo que contarme? —el médico sacó una grabadora y la puso en su escritorio, le dio a grabar.

Yo..., ayer, cuando me trajeron aquí, ¿Qué me hicisteis? —pregunté muy nervioso.

¿Ayer? Tomi, llevas aquí una semana. —el médico me miró con interés, esperando mi reacción, que no fue ninguna.

¿Qué? No, es imposible, no...

¡Es broma! Ja, ja, ja, quería ver tu reacción y saber si te afectó el ataque de pánico.

Miré con rabia al médico, espera...

¿Qué ataque de pánico? —pregunté confuso.

Bueno, te metimos en un cuarto aislado y al rato empezaste a gritar que Chucky venía a por ti, que quería matarte, no dejabas de gritar y golpear la puerta, tuvimos que reducirte y ponerte un calmante.

En silencio, solo escuchaba decir lo que el médico me decía, pero realmente no recordaba eso..., excepto que Chucky entró al recinto, es verdad, ¡Debe estar buscándome!

Escuche, señor.

Llámame Fred. —me cortó.

Fred, mire, yo sé que piensas que estoy loco, pero de verdad, yo no he matado a nadie, lo juro.

Entiendo, entonces, ¿Quién ha sido, Tomi? —el médico, Fred, se levantó y se acercó a una de las librerías, sacó un libro y lo posó en su mesa, volvió a sentarse y comenzó a buscar entres sus páginas.

No sé, solo sé que yo no fui, lo del muñeco me lo inventé. —mentí, pero quería salir de ahí, quería volver a casa, quería..., necesitaba ver a Jacob..., Jacob..., él..., está..., está desaparecido, ¿lo habrá matado Chucky?...

Lágrimas caían por mis ojos e intenté limpiarlas con la manga de mi camiseta, Fred se dio cuenta y me miró de reojo, me costaba no gimotear, solo de pensar en mi situación, ahí metido y encima había perdido a mi mejor amigo, Jacob.

Bueno, Tomi, eso no fue lo que dijiste en tu declaración, mira. —el médico sacó de lo que parecía mi expediente una hoja y la comenzó a leer en voz alta—. Mi muñeco, Chucky, fue el que mató a toda esa gente, yo no hice nada, mi amigo puede corroborarlo, pero ha desaparecido. —el médico hizo una pausa y dejó el papel sobre la mesa—. Es curioso...

¿Qué es curioso? —pregunté mientras Fred sujetaba de nuevo el libro y lo deslizó por la mesa hasta mí.

Pues, que, tras tu declaración, me di cuenta de que había algo raro, en cómo llamaste a tu muñeco, ''Chucky'', como en las películas, y recordé algo...

Me incorporé en mi asiento hacia delante y cogí el libro, mis manos comenzaron a temblar.

Hace diez años, un chico de una edad similar a la tuya ingresó aquí también, y decía que su muñeco quería ''poseerlo'', lo llamaba, ''Chucky''. —se detuvo esperando mi reacción y después metió la hoja en mi expediente—. ¿No dices nada?

Observé atentamente la página del libro, en ella un chico rubio aparecía atado a una cama, además, en el texto decía que el chico tenía un pánico atroz a los muñecos.

¿Y no es casualidad que justamente dos personas hablen del mismo muñeco llamado Chucky?

No creo en las casualidades, Tomi, pero sí en un problema mental derivado de las películas, ese chico, no fue el primero ni el último en decir que su muñeco quería matarlo, estaba obsesionado con las películas.

¿Qué? Pero si yo solo las vi una vez, ¿Por qué me iba a obsesionar?

Oliver. —el médico me miró cruzando los dedos de sus manos.

¿Qué? —pregunté confuso.

Tu hermano Oliver, tristemente fallecido, era muy fan de las películas, ¿Me equivoco?

Permanecí en silencio.

El médico, Fred, miró un expediente y volvió a mirarme.

Tu hermano pequeño, de 8 años, Oliver, falleció en un accidente de tráfico, en el que ibais tú, tu hermanito y tu padre, tu declaración dice que en ese momento manteníais una discusión, dime, Tomi, ¿Realmente fue un accidente?

¿Qué dice? ¡¡¿Cómo se atreve?!! ¡¡¡Yo no maté a mi hermano!!! —me levanté con violencia y la respiración entrecortada.

Tranquilo, yo en ningún momento mencioné que lo matases... —el médico me sonrió cínicamente, estaba llevándome a su terreno, el de culparme por la muerte de mi hermano pequeño.

Bajé la vista con la respiración entrecortada, me costaba mantenerme en pie, ¿Qué me pasaba?

En ese instante, lo vi, Chucky estaba detrás del médico, observándome.

¡¡Está ahí!! —le señalé levantándome como un resorte y acercándome a la ventana, pero Chucky se apartó con rapidez.

¿Qué está ahí? —el médico solo me miraba atento, se acercó también a la ventana y me sujetó—. ¿Intentas suicidarte?

¡¿Qué?! ¡Claro qué no! ¡Pero está aquí! —intenté con mis fuerzas que me soltase, pero no lo hacía—. ¡Déjeme!

El médico llamó al vigilante y me sujetaron, entonces sentí un leve, pero intenso pinchazo en mi cuello, todo comenzó a nublarse...

(Continuará...)

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106