domingo, 5 de diciembre de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 10 ''El colegio'' (Final)

Capítulo 10 ''El colegio'' (Final)

No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando abrí los ojos, tumbado en el suelo, pude ver a Akin, empujó a Luis contra el suelo propinándole una patada en la mandíbula, alejándolo de mí.

¡Te dije que no los tocaras! —Akin sujetó la barra, que yacía ahora en el suelo y se puso delante de mí protegiéndome.

Akin..., mi hermano... —mascullé con dificultad.

Akin miró a Rubén, que estaba en el suelo sin moverse, sangre salía de su cabeza.

Puto negro de mierda... —dijo Luis limpiándose la sangre que salía de su boca.

Además de cabrón, eres racista, lo tienes todo. —dijo Akin.

Jacob cada vez más nervioso intentaba soltarse, pero no podía, sus ojos inundados de lágrimas me miraban, sabía que la cosa se ponía peor, yo quería ayudar, pero no tenía fuerzas, me sentía muy mareado, no podía más, quería tumbarme y descansar, mi boca sabía a sangre, un sabor metálico y amargo, escupí varias veces en el suelo la sangre que tenía en mi boca.

Luis se acercó a Rubén sonriendo, sujetando con firmeza un bisturí en la mano, puso a mi hermano boca abajo y se puso encima de él mientras nos miraba con su lengua fuera, burlándose, sintiéndose superior.

Moveros y lo mato. —amenazó.

De repente, pude ver a Juny a mi lado, me miraba con tristeza, Luis también vio a Juny, el chico del diario, lo miraba fijamente.

¿Pero qué cojones? —dijo Luis.

Aproveché ese momento y lo tiré al suelo sujetándolo del cuello, pero Luis consiguió someterme, sacó de nuevo la navaja y la clavó en mi costado, intentó clavármela de nuevo, pero Akin con la barra lo tiró al suelo, caí a un lado casi sin poder moverme.

Luis y Akin forcejearon, pero Luis logró clavar parte del bisturí en el costado de Akin, que gritó de dolor y se apartó, momento que aprovechó Luis para sujetarle del cuello y comenzar a asfixiarle.

Esto no debió terminar así, ¡Pero vosotros os lo habéis buscado! —dijo Luis.

Akin notaba como su vida se escapaba, me miró intentando pedir ayuda, pero yo no podía moverme, en ese momento pensé en el chico que me esperaba en el baño de la escuela.

Con mi último aliento, pensé en mi promesa, la que le hice a Cristian, no..., esto no podía acabar así, recordé el bisturí que tenía yo, metí mi mano en el bolsillo y sacándolo como pude se lo clavé en el lateral izquierdo del cuello a Luis.

Luis soltó a Akin, retrocedió varios pasos levantándose y mirándome.

¡¿Qué has hecho...?! —dijo poniéndose de rodillas, se quitó el bisturí y un chorro de sangre le salió del cuello, sus ojos mirándome se pusieron en blanco y su cuerpo de un golpe cayó al suelo.

Como pude me puse de pie, me acerqué a Akin, que yacía inconsciente en el suelo, pero respiraba, Jacob se movía retorciéndose, me acerqué a su lado como pude y le quité la mordaza.

Las llaves, ¡Rápido! —dijo Jacob.

Me levanté como pude, recogí las llaves del suelo, volví donde Jacob y abrí los candados.

¿Estás bien? —Jacob intentaba ayudarme.

Si, solo desata a los demás, debemos irnos... —dije con dificultad.

Me senté en el colchón y esperé a que Jacob desatase a los otros dos chicos, luego caminó hasta Akin, que lo levantó como pudo, Akin se sostuvo como pudo en pie, se acercó a mí al ver mi estado.

¿Estás bien? —preguntó preocupado.

Sí, sacad a mi hermano de aquí, por favor. —dije.

Akin y Jacob sujetaron a mi hermano, sin conciencia y lo empezaron a sacar, los dos chicos desconocidos intentaron ayudarme, pero no podía levantarme.

No, parad, escuchad, marcharos, pedid ayuda, yo no puedo retrasaros, de verdad, por favor, hacedlo.

Dudaron, pero sabían que no podían hacer otra cosa.

Enseguida vuelvo, aguanta. —dijo Akin, los cinco chicos salieron de ahí y me dejaron solo, escuché como se alejaban.

De mi bolsillo saqué la nota arrugada que Cristian me dio, en la que Juny le escribió el mensaje, la extendí con mi mano derecha para verla.

En ese momento apareció Juny frente a mí, se acercó lentamente e inclinándose me ofreció su mano, yo, aún con dudas la sujeté con firmeza, me levantó con una fuerza fuera de lo normal y avancé hacia él.

Con una sonrisa me miró a los ojos, aun sujetándome de las manos me guio hacia la salida, ya no sentía la herida, es como si gracias a tocarlo se fuese el dolor, avanzamos hasta la salida de la escuela, donde varios coches patrullas estaban en la entrada junto a una ambulancia.

Varios agentes tenían detenidos al director y al segundo hombre, uno de los oficiales del sherrif, por eso me sonaba su voz, él era cómplice..., los dos estaban oponiendo resistencia, al fondo vi como también detenían a una mujer alta con el pelo negro, era la profesora de ciencias.

No pudieron evitar ser detenidos, mi hermano estaba siendo atendido en la ambulancia y los demás chicos hablando con la policía, entonces vi a Cristian.

Se acercó corriendo hacia mí, él llamó a la policía, se acercó corriendo y me traspasó.

Miré detrás y vi como entraba en la escuela, miré mi cuerpo, era semi—transparente, miré a Juny asustado.

No temas, todo irá bien. —era la primera vez que escuchaba su voz, era idéntica a la de Miguel—. Lo siento, lo hice para ayudar a los chicos y que no les pasase lo que me pasó a mí.

No, no entiendo nada...

Cuando intenté escapar y descubrí lo de la droga, me llevaron a la morgue, allí me mataron. Tú me preguntaste por qué salimos vivos de allí, yo te contesté que tú saliste vivo, yo no podía, porque así fue como morí en 1984...

Juny me sujetó de la mano y me miró, sus ojos verdes brillantes me llamaban mucho la atención, eran preciosos.

Cuando nos conocimos, te dije que dos de mis amigos murieron, no mentí, los mataron, yo quedé atrapado aquí, no tengo respuesta para eso, solo sé que estoy aquí, mi cuerpo está enterrado en el parque, el árbol antiguo que hay entre la maleza del centro, allí sentí una conexión contigo la primera vez, y te seguí, era como si me dieses energía, hasta ese momento nunca nadie conectó conmigo de tal forma, entonces supe que eras especial, y que debías ayudarme, mi intención no era que murieses, lo siento.

¿Cómo te hiciste humano? —pregunté sin entender.

Gracias a ti, tu conexión conmigo era tan grande que pude recuperar mi cuerpo durante unas horas, pero no podía decir la verdad, os habría asustado..., lo siento de verdad.

¿Estoy muerto? —pregunté con terror.

Juny bajó la mirada al suelo.

Lo miré con miedo, lo solté y fui corriendo detrás de Cristian, lo encontré a mi lado.

¿Álex? —Cristian sacudía despacio mi cuerpo, inerte, sin vida, yo, a su lado, miraba la escena.

No, por favor, no me dejes sólo, me prometiste que no lo harías, ¡Lo prometiste! —Cristian gritaba moviendo mi cuerpo inútilmente.

Cristian se tumbó llorando a mi lado, que sin poder evitarlo lloraba también viendo la escena.

Juny observaba con sus ojos verdes como Cristian paraba de llorar para mirarme, acercase a mí y besarme.

Dijiste que nunca me dejarías solo, y me has dejado solo...

Cristian me abrazó y no me soltó hasta la llegada de varios agentes y personal médico, lo apartaron entre sollozos e intentaron que yo no muriese.

En ese momento apareció Akin, le vi llorando también, con su mano tapaba su boca y lloraba de impotencia.

Juny sacó su diario y lo abrió, me miró con una sonrisa cariñosa y empezó a escribir en voz alta con su dedo, su dedo emitía una luz y su diario brillaba.

Los médicos ayudaron a Álex, entonces recobró la consciencia, despertando, aún no había llegado su hora, no era su momento, le quedaba mucha vida por delante. —dijo Juny, cerró el diario y empezó a desaparecer, sus piernas comenzaban a volverse invisible y subía hacia arriba.

¿Por qué lo has hecho? —lo miré con tristeza y sorpresa.

Yo ya he vivido suficiente, y sólo estaba aquí para evitar que chicos como yo sufriesen, lo he logrado, ahora es tu turno de proteger el pueblo, ah..., por favor, te pido un último favor, entierra mi cuerpo en el cementerio, junto al de mi hermano, cuento contigo, Álex...

Y de repente sentí como si mi corazón fuese apretado por un puño, abrí los ojos y vi a un médico dándome descargas.

¡Está vivo! ¡Rápido! —el médico me subió a una camilla y me sacaron.

Pude ver en la distancia a Juny sonreír hasta desaparecer y perdí de nuevo el conocimiento...

Un frío invadía mi cuerpo, estaba con el pijama, recostado en la cama de mi cuarto, miré por la ventana, los rayos de luz empezaban a entrar por ella.

Mi madre entró por la puerta y dejó un vaso de agua en el escritorio.

Álex despierta, ¡Tienes que ir al dentista! Tu hermano ya se fue a clases.

Un temblor recorrió mi espalda, no puede ser, ¿Por qué estoy aquí otra vez?

Me levanté sobresaltado, aún me dolía la herida, ¿Por qué estoy viviendo esto de nuevo? ¿Es una maldición? ¿Un bucle eterno?

En ese momento sonó el móvil, estaba en mi cama, me acerqué a cogerlo, en las notificaciones apareció una llamada perdida, el número, desconocido.

¡Esto no puede estar pasando! ¡Espera! Algo hicimos mal...

Desbloqueé el móvil, pulsé en el número desconocido y le di a llamar. Empezó a sonar hasta que alguien lo cogió.

No dije nada, simplemente esperé, se escuchaba una respiración, era lenta y profunda.

¿Álex? —era la voz de Akin.

¿Akin? —pregunté aún confundido.

Si, ¿Estás mejor?, ¿Puedo acompañarte al dentista?

¿Eh? Sí, claro...

Colgué y puse el móvil en la mesa, me senté e intenté recordar, que pasó, que pasó después.

Sí, lo recuerdo, lo voy recordando...

Desperté en el hospital, a mi lado, mi madre, Rubén, Cristian, Jacob, Akin, todos, estaban todos, la herida me tuvo en estado crítico, pero logré salvarme.

Estuve varias semanas ingresado hasta que me dieron el alta y luego con reposo en casa, la semana que viene volveré a la escuela. En los periódicos salió la noticia que dio la vuelta al país.

Una red de venta de menores, regentada por el director del colegio, y el ayudante del sheriff, los dos tapaban las desapariciones para que nadie sospechase nada raro, Luis era el que escogía a los chicos desde el Internado, él era la clave de todo, él mató a Víctor para inculpar a Peter, al que soltaron tras el escándalo y descubrir que era inocente.

Ya todo tenía sentido, Juny, el chico del diario sólo quiso ayudarnos, pero no podía contactar con nosotros de manera directa, por eso nos hacía ver esa especie de visiones, lógicamente eso no se lo contamos a las autoridades, aunque Peter nunca se recuperó del todo, lo tomaron por loco, él decía que fue un muñeco el que asesinó a su amigo, pero fueron efectos de las drogas que Luis les hizo tomar.

Pasaron las semanas y mi herida mejoro bastante, todos los días escribía un mensaje de agradecimiento en el diario de Juny, el cual me quedé yo, gracias a él evitamos que muchos chicos sufrieran, gracias a él yo estoy vivo. Era injusto que ese chico hubiese sufrido tanto.

El tiempo fue pasando y con el final de enero llegó la nieve, los chicos y yo seguíamos quedando de manera normal, Rubén me confesó que estaba con Jacob, que eran novios, yo le dije que ya lo imaginé y lo respetaba.

Además, lo ocurrido me hizo reflexionar, estaba confundido, perdón, confundida, es verdad que me gusta vestir como los chicos, o jugar fútbol y videojuegos, pero, a la vez, me gusta sentirme chica con Cristian, me costó semanas entender lo que me sucedía, era una chica, normal y corriente, a la que le gustaban los chicos.

Pero, que también me gustaba mucho hacer cosas, de chicos, pero eso no significa que me sienta como tal, Cristian lo comprendió, y cuando le dije que me sentía chica al final, se puso feliz.

Los días seguían pasando y todo parecía volver a la normalidad, por fin todo parecía que volvía a ser como antes.

¿Puedo pasar? —Rubén se acercó a mi cama y se sentó haciendo que volviese a la realidad.

Yo miraba por la ventana en silencio.

¿Estás bien?

Sí, ¿Por qué? Pregunté.

Bueno, no hemos hablado de lo mío con Jacob...

Ya..., pronto me voy al dentista, he quedado con Akin. —dije cortante.

Álex, tú una vez me dijiste que era mejor ser siempre sinceros.

Lo sé, y lo mantengo, pero..., me ocultaste lo tuyo con Jacob, ¿tengo un hermano gay?, ¿Y qué? Soy tu HERMANA, y no solo eso, también tu amiga. —mi voz sonaba quebradiza.

Rubén se quedó callado.

Mi hermanito se acostó a mi lado y me abrazó por detrás.

Hermana, yo no soy tan perfecto como crees, ¿Sabes?

¿A qué te refieres? —pregunté con duda.

Creo..., creo que va siendo hora de que te cuente lo que pasó realmente en el Internado...

Mientras mi hermano comenzó a contarme lo que le pasó en el Internado. No pude evitar fijarme en mi reflejo en la ventana, nos veíamos a mí y a mi hermano, abrazados, pero, al fijarme bien pude ver algo distinto en mis ojos, uno lo tenía como siempre, color avellana, pero el otro ahora era verde...

Final

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code:2309245396434

ISBN Code: 9789403630021


Tomás S. Aranda

jueves, 11 de noviembre de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 9 ''La promesa''

 

Capítulo 9 ''La promesa''



Miré de nuevo a la silueta y tembloroso me acerqué hasta ella, me sujetó de la muñeca y me escondió junto a él, me tapó la boca.

¿Viste algo? —la voz de la persona más joven sonaba con preocupación

No, habrá sido mi imaginación. —la puerta se volvió a cerrar y el chico me soltó lentamente.

¡Casi te pillan! —dijo Cristian.

No..., no puede ser..., recuerdo esta parte, no por favor... —mascullé con terror.

Pero ¿Qué te pasa? ¿Es que no quieres salir de aquí? ¡Vamos! ¡Tenemos que salvarlos!

Un crujido a mi espalda llamó mi atención, detrás, el hombre con traje granate me había descubierto, ¡¡Pero no tenía vendas!! ¡Era el director!

¿Qué haces tú aquí? —me sujetó del cuello y me arrastró por el pasillo.

Cristian salió en mi defensa intentando evitar que me llevara, pero era inútil, el director me sujetó con fuerza y me estampó contra el suelo, caí medio mareado, pude ver como intentaba someter a Cristian, lo tiró al suelo y se subió encima de él.

No, no lo permitiré, debo cambiar lo que pasa...

Saqué fuerzas de dónde pude, me levanté y con mi linterna le golpeé en la cabeza, el director cayó al suelo y le volví a golpear con todas mis fuerzas, el director perdió el conocimiento.

¡¿Estás bien!? —sujeté a Cristian y lo levanté hacia mí.

Sí, pensé que iba a...

Lo miré y lo abracé con fuerza.

Pensé que te perdía... —nos quedamos abrazados unos segundos, lo separé y le besé en los labios, él en un acto reflejo se intentó alejar, pero al final correspondió el beso, nuestros labios se fundieron en uno solo. Nos separamos y evitamos la mirada.

Perdón, es que creí que te perdía... —lo miré avergonzado.

No pasa nada, en parte me ha tranquilizado. —dijo sonrojado.

Vamos, antes de que se despierte. —sujeté a Cristian de la mano y fuimos juntos hasta los baños.

Entramos y comenzamos a mirar por todas partes.

La puerta debe estar por aquí. —empecé a empujar las paredes.

¿Pero no sabes dónde? —Cristian hacía lo propio e iba tocando las paredes también.

No, el que lo sabía era mi herma... —mi voz se cortó de repente, Juny estaba en el fondo del baño, me miró y girándose apuntó a uno de los cubículos, dio varios pasos atrás y desapareció ante mi mirada y la de Cristian.

Los dos nos miramos y avanzamos lentamente hasta el último cubículo, entramos y tocamos la pared que se encontraba detrás del retrete.

¡Esto no funciona! —Cristian empezaba a desesperarse.

Con mis manos empecé a notar una especie de hueco entre los azulejos de la pared, me guie con esos huecos pequeños hasta llegar a un azulejo más rugoso, lo empujé con fuerza y un mecanismo comenzó a crujir, la puerta se empezó a abrir.

¡Lo encontré! —empujé con fuerza hasta abrir la puerta a la mitad, no cedía más—. Vale, haremos lo siguiente, entraré yo, si tardo más de 10 minutos llamarás a la policía.

¿Qué? ¡No, quiero acompañarte! —Cristian se enfadó considerablemente.

Escucha, nadie, absolutamente nadie sabe que vinimos aquí, si nos cogen estamos todos muertos, por favor, Cristian...

Está bien, pero que sean cinco minutos. —dijo preocupado.

Vale, escóndete en otro cubículo, por si acaso, no tardaré. —lo alejé dispuesto a entrar.

¡Espera!

Me di la vuelta y Cristian, sujetándome con timidez acercó su boca a la mía, uniéndonos de nuevo con un profundo beso, se separó de mí y me miró a los ojos.

Me da igual si te sientes chico, yo te amo.

Sus palabras fueron lo mejor que sentí en mi vida, una liberación enorme.

Cristian...

Escucha, a mí me gustan las chicas, pero, si tú no te sientes...

Por ti sí, contigo sí me siento chica, Cristian...

Y era verdad, con Cristian sí que me sentía chica, quizás estaba confundida, quizás solo buscan un chico que me hiciera ver quién soy de verdad.

Promete que volverás. —dijo Cristian devolviéndome a la realidad.

Volveré, te lo prometo.

Tras la promesa a Cristian, avancé un poco hasta lo que parecían unas escaleras que descendían hacia abajo.

Fui descendiendo con temor, eran bastante profundas, al llegar al fondo escuché ruido, me asomé, pero no había nadie, solo una gran sala antigua, con mucha hierba y signos de no haber sido usada en muchos años.

A los lados había dos grandes habitaciones, derecha e izquierda, tomé el camino de la derecha, abrí la puerta y miré dentro, parecía una especie de morgue, estaba repleta de paneles metálicos donde se suponen que van los cadáveres, en medio, dos camillas y material, se me hizo un nudo en la garganta.

Entré y vi a Miguel tumbado en la cama, estaba muy herido y tenía un ojo ensangrentado, intenté desatarlo, pero no podía.

Esto fue lo que viví en el dentista, llegué tarde...

No te preocupes, Álex, tú no podías evitar lo que ya sucedió, pero puedes evitar lo que sucederá. —Miguel me miró triste.

Asustado al ver que estaba consciente intenté de nuevo con fuerza desatarlo, pero era inútil.

Las llaves deben estar por aquí. —eché un vistazo a los papeles que había allí, fotos de chicos, de edades similares a las nuestras, pero de diferentes épocas, como si escogiesen a dos o tres chicos cada cierto tiempo. En las fotos estaban atados, con ojeras en los ojos y con signos de violencia, debajo, su nombre, edad y una cifra, un precio.

Las solté en cuanto escuché pasos, con miedo me metí debajo de una de las camillas, con las sábanas que había encima no podrían verme.

Dos personas entraron.

Estoy seguro, son dos, uno de ellos es el hermano de Rubén. —la inconfundible voz del director de la escuela, ¿Por dónde entró el director?

¿El hermano del rubito? Por ese pagarán un buen precio... —una voz familiar conversaba con él.

Joder que sí, ya tengo ganas de catarle. —dijo el director, que hablaba con una voz desconocida pero familiar.

¿Qué hacemos? —dijo la voz familiar.

¿Nada? Están atrapados, asustados, y nosotros somos tres, no dejes que te vuelvan a sorprender, de aquí no escaparán, ¡Tenemos chicos para varios años, alegra esa cara! —el director sonaba muy convencido.

Pero si amanece y no los encontramos, te recuerdo que aunque trabaje en la comisaría, hay un límite, no podré esconder tantas desapariciones... —la voz familiar sonaba preocupada.

Tienes razón, no podemos echarlo todo a perder, vamos, cojamos a esos cerdos y terminemos con esto. —dijo el director ahora enfadado.

Sus pasos se alejaron hasta que dejé de escucharlos, me levanté y Miguel no estaba, ni la sangre, nada, no había nada. ¿Otra alucinación? ¿Qué significaba? Salí despacio, en la mesa había diferentes materiales, cogí lo que parecía era un bisturí y lo metí en mi bolsillo.

Avancé hasta la salida y me asomé por si acaso, no había nadie, tenía miedo de ser descubierto, pero también de que descubrieran a Cristian.

Di varios pasos hasta la puerta de enfrente y la abrí lentamente, me asomé y ahí estaban, tres chicos atados con cadenas, amordazados y con los ojos vendados, uno de ellos era Jacob, aterrado me acerqué a Jacob, le quité la venda de los ojos.

¡Ya estoy aquí! —iba a quitarle la mordaza cuando apareció alguien por detrás, giré y vi a Luis—. ¡¿Qué haces tú aquí?!

Peter escapó de la policía y lo seguí hasta aquí... —Luis me miró con temor—. ¿Qué está pasando?

Es una larga historia, ayúdame a desatarlos, por cierto, ¿Has visto a mi hermano?

No, ¿Está aquí? ¿¡Qué está pasando!? —Luis parecía asustado y su cara no dejaba de mirar a los chicos atados—. Debemos llamar a la policía. —dijo Luis.

Sí, pero antes debemos encontrar a mi hermano y a Miguel.

¿Miguel? —preguntó Luis.

Sí, un amigo. —dije.

Mira, tú quédate y vigila, voy a buscar a tu hermano. —dijo Luis.

¿Qué? ¡No podemos dejarles así!

Luis me ignoró y cerró la puerta tras de sí.

No os preocupéis, os sacaré de aquí, lo prometo, no tardaremos. —Miré a Jacob y a los otros dos chicos, también de la escuela, los que Juny quiso que ayudásemos.

Fui detrás de Luis, abrí la puerta y sentí un leve pinchazo en mi abdomen, Luis me acababa de apuñalar, me llevé la mano a la herida, no me la había clavado muy profunda, pero me dolía, lo volví a mirar.

¿Por qué? —lo miré a los ojos, Luis me cogió de la cara y me empujó contra la puerta tirándome al suelo. Jacob, el único que podía mirar la escena observaba con horror y miedo, aún amordazado.

¿Por qué? No hay un motivo de por sí, pero, digamos que podría decirse que os la tenía jurada a ti y al cabrón de tu hermano, bueno y por dinero, sabes, esto da mucho dinero, yo era el rey del Internado, me encargaba de escoger chicos para mi tío...

¿Tu tío? —mascullé con dolor.

Sí, el director es mi tío. —dijo Luis orgulloso—. Pero tu puto hermano llegó al Internado y lo jodió todo.

¿Qué hizo? —pregunté intentando ponerme en pie y sacar algo de tiempo mientras pensaba qué hacer.

Eso ya da igual. —dijo Luis acercándose.

Me intenté levantar, pero la herida me lo impedía, Luis me sujetó y me tiró a un colchón, me sometió con facilidad a pesar de resistirme, me ató con las cadenas y me amordazó.

No voy a vendarte los ojos como al resto, quiero que veas lo que pasará.

¡Déjale en paz! —En ese momento entró Rubén y de un empujón tiró a Luis al suelo, haciendo que su cabeza se golpeara contra la pared cayendo sin conocimiento.

¡¿Estás bien?! —mi hermano sacó las llaves de su bolsillo y me quitó las cadenas.

Luis se levantó enseguida mirando con rabia a Rubén.

¡Que ganas te tenía pequeño hijo de puta! ¡Esa barra te la voy a meter por el culo!

Luis se lanzó contra mi hermano, que logró esquivarlo, pero Luis al ser más alto y tener las manos más largas logró darle en la cara, tras esto, Rubén intentó arremeter contra Luis con la barra, pero éste la detuvo y de una patada lanzó a mi hermano contra el suelo, que me miró con temor y miedo, se fijó en mi herida, sabía que estaba herido, creo que eso precipitaba sus movimientos.

¡Vamos levanta pequeño hijo de puta! —dijo Luis.

Rubén con un grito se abalanzó de nuevo con la barra contra Luis, pero fue inútil, la detuvo con la mano de nuevo y le pegó un puñetazo a mi hermano que lo estampó contra la pared cayendo sin conocimiento.

¿Y ya está? —Luis se acercó a mi hermano y sujetando la barra con fuerza me miró sonriendo—. Voy a disfrutar esto.

Con ella golpeó con una fuerza inmensa la cabeza de mi hermano de la que empezó a salir sangre, en un último momento de ira logré levantarme y arremetí con un cabezazo en su costado tirándolo al suelo.

No, no vuelvas a ponerle un dedo encima..., cabrón... —mi voz entre cortada y casi sin fuerzas no le gustó nada a Luis, que se levantó y se abalanzó contra mí, poniéndome contra el suelo y se subió encima.

No soy de pegarle a chicas, pero..., tú te sientes chico, ¿No? ¡¡Entonces te pegaré como a un chico!! —y con la barra comenzó a golpearme en la cabeza.

Perdí el conocimiento.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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miércoles, 13 de octubre de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 8 ''No te separes''

Capítulo 8 ''No te separes''



De acuerdo, entremos, iremos unidos, no nos separaremos. —dije.

¿Qué? ¿Os habéis vuelto locos? Esa casa está maldita, ¿Es qué no escuchasteis la leyenda? —Akin nos miró con preocupación.

¿Qué leyenda? —preguntó Jacob asustado.

En esa casa vivía una familia con sus dos hijos, el padre se volvió loco y mató a uno de ellos, el otro desapareció, nunca encontraron el cuerpo, la madre se volvió loca y se cortó las venas. Todo el que se mudó a esa casa la deja al poco tiempo, dicen que se escuchan los gritos de los críos y que el padre ronda la casa buscando a quien matar.

¿Y te crees esas gilipolleces? —Rubén miró con sorna a Akin.

Muy bien, yo ya avisé...

Tenemos que salvarlos, Akin, y me da igual la leyenda, maldición o lo que sea que haya, porque lo que en realidad está pasando es que hay chicos que necesitan nuestra ayuda, y vamos a ayudarlos, puedes venir con nosotros y ayudar, o puedes quedarte aquí. —mi tono fue un poco de reproche, pero es que me sentó muy mal que pasase de mí durante semanas.

Encendí la linterna y fui el primero que entró, a mi lado, Rubén me acompañaba, detrás, Miguel y Jacob guardaban nuestra espalda, Akin iba el último, mirando por todas partes.

Abrí la puerta y entramos lentamente, con la linterna apuntábamos hacia todos lados, si en esa casa estaban secuestrados, habría gente, por lo que el silencio era primordial.

Avanzamos por los diferentes cuartos, pero no había nada fuera de lo normal, después de investigar toda la casa empezamos a subir las escaleras, una vez arriba había cuatro habitaciones divididas en un largo pasillo.

De acuerdo, ¿A cuál entramos? —miré al grupo esperando respuesta.

¿A la de la izquierda? —preguntó Rubén, que se detuvo y miró mi cara de asombro—. ¿Qué pasa?

¿Dónde coño está el resto? —apunté con mi linterna detrás de Rubén, que, girándose, quedó tan sorprendido como yo.

¡No puede ser! ¡Estaban aquí hace un momento! —Rubén comenzó a bajar las escaleras de forma apresurada, le seguí detrás, pero nada, no había nadie—. Esto no puede estar pasando...

¡¡Habían desaparecido los tres!!

¡Cálmate! —sujeté a Rubén e intenté abrazarlo para calmarle, pero se alejó de mí, bajando la mirada.

Un silencio incómodo nos invadió, me di la vuelta y volví a subir las escaleras, Rubén me seguía detrás.

No te alejes. —le avisé.

Lo sé, los encontraremos... —Rubén no sonaba tan convencido.

Estuvimos mirando la segunda planta, pero no había nadie, estaba vacía, recorrimos cada palmo, no, no había nadie.

¿¡Cómo pueden desaparecer tres chicos de la nada!? —Rubén cada vez estaba más nervioso.

¡Cálmate!

¿Cómo quieres que me calme? ¡¡Tienen a Jacob joder!! —lágrimas brotaron de sus ojos.

Me acerqué a mi hermano y lo abracé.

Lo sé, pero estará bien, ¿Vale? Los salvaremos, los dos, tú y yo, los hermanos invencibles.

Hermanos invencibles... —Rubén sonrió por un momento y se secó las lágrimas, retrocedí unos pasos, aproveché y me senté en un sofá que había cerca, apunté con la linterna a varios cuadros mientras pensaba qué podíamos hacer.

Algo se nos pasó... —dije.

¿Sí, pero el qué? —Rubén se sentó a mi lado—. ¡Esto está hecho un asco!

Quizás haya una rampa o algo que abra el sótano...

¡Espera! —Rubén se levantó de golpe—. ¡La escuela!

¿Qué pasa? —le apunté con la linterna.

En mí ''sueño'', encontré a Jacob en el sótano, ¡Tras abrir una puerta en el baño de los chicos!

Me levanté de un golpe.

¿Por qué no dijiste eso antes?

No me acordaba, estábamos pensando tanto en la casa que...

Un momento, la casa da a la calle de atrás, donde está la escuela. —al decir esto, tanto yo como Rubén pensamos lo mismo, la escuela y el sótano de la casa estaban conectados de alguna forma bajo tierra.

Salimos corriendo de la casa, la noche ya estaba presente, dimos la vuelta a la calle y tras varios metros llegamos a la escuela, la rodeamos y nos metimos por detrás.

Después de ir a la casa abandonada los cinco, Miguel, Akin y Jacob desaparecieron, con ellos y Cristian ya son cuatro los chicos desaparecidos, sin contar los dos que Rubén y Jacob vieron en el sótano, a los que debíamos salvar, a los que Juny quería que salvásemos.

Intentamos acceder al sótano de la casa, pero no encontramos ninguna forma de llegar a ella, hasta que Rubén recordó que él llegó al sótano a través de la escuela, desde el baño de los chicos, no perdimos tiempo y nos dirigimos hacia allí.

Ya había oscurecido totalmente, no había un alma en las calles del pueblo, Rubén y yo llegamos a la escuela, nuestro colegio, donde pasábamos todas las mañanas y muchas tardes.

La rodeamos y nos metimos por detrás, avanzamos hasta la puerta trasera, pero estaba cerrada.

¡Mierda! ¡Está cerrado! —di una patada, enfadado, a una piedra.

Mira, esa ventana está abierta, si me aúpas puedo alcanzarla. —Rubén miraba la pared y señaló con la linterna una ventana.

¿Qué? ¿Separarnos? Ni de coña...

Escucha, una vez dentro abriré la puerta...

Me quedé pensativo por un momento, pero no había otra opción.

Con las manos en mi rodilla me pouse en cuclillas, y mi hermano, apoyándose en mi hombro, tomó impulso a la vez que lo lancé hacia arriba, alcanzó la ventana y entró por ella con cierto trabajo.

Después, me acerqué a la puerta y esperé a que me abriera, esperé, pero no abría, desesperado cogí la linterna y apunté hacia varios lados detrás de mí, sentía que me observaban. Me acerqué a la puerta, pero no escuché nada, di unos golpecitos con la linterna esperando respuesta, pero no la hubo.

¡Joder! ¿Y ahora qué? Estoy solo...

Me separé y me alejé intentando buscar algo con lo que subir por la ventana, escuché un ruido metálico, proveniente de la puerta, se abrió e instintivamente sin motivo me escondí detrás de la papelera que tenía al lado, miré de reojo, no era mi hermano, era un hombre, con traje granate oscuro.

¡Un momento! El hombre vendado llevaba traje granate, lo que viví, ¿Fue un recuerdo del futuro realmente?

¡No hay nadie más! —ese hombre hablaba con un segundo, esperé asomado sin que me viera hasta que cerró la puerta.

No puede ser, mínimo hay dos personas en el colegio, pero no solo tienen a Rubén, sino, a que vino lo de ¿No hay nadie más? ¡Estaba solo! Ya no sabía que más podría hacer...

La policía..., no queda de otra, pero marcharme de allí sin mi hermano...

La puerta metálica se volvió a abrir, me escondí de nuevo, me asomé y vi a Cristian, estaba mirando a los alrededores, ¿Qué hace Cristian aquí? ¿Se habrá escapado?

Me levanté, me vio y se acercó a mí corriendo.

¡Álex! —me abrazó con desesperación—. ¡Esto es una pesadilla! —dijo con los ojos lagrimosos.

Lo abracé y nos quedamos así un rato.

¿Qué haces tú aquí? —lo aparte un poco de mi lado.

Me dijeron que debía estar aquí, que necesitarías mi ayuda. —Cristian sacó una nota de su bolsillo y me la pasó a mí.

''Tus amigos corren peligro, entra en la casa abandonada, debajo de la cama de mi cuarto hay un acceso secreto, métete debajo y caerás a una habitación, dentro verás un armario, empuja por el lateral y saldrás al despacho del director, escóndete en el armario hasta que sean las once y once, entonces sal y abre la puerta trasera del colegio, Álex necesitará tu ayuda, aún tenéis una oportunidad...'' —terminé de leer la nota, que tenía un aspecto antiguo y muy parecido a la del diario.

Me la dio un chico... —dijo Cristian.

Cristian me contó lo que le pasó con Peter...

Cuando Peter me perseguía, entré en la casa, me escondí debajo de la cama y vi a un chico enfrente de mí, me paralicé, no me atreví a moverme, entonces vi que se acercaba lentamente hasta estar a escasos centímetros, iba a huir pero el chico me sujetó con fuerza, me miró y con un dedo tapó mi labio, indicando que no hiciera ruido, en ese momento escuché un golpe seco, a los segundos Peter cayó al suelo, yo permanecí callado en todo momento y la persona que le golpeó salió de la habitación y se asomó al cuarto donde yo estaba escondido, quise ver su cara, pero la oscuridad me impedía distinguirlo, terminó de echar un vistazo y al no ver nada se marchó.

Yo solo negaba con la cabeza, muy preocupado.

Cuando quise darme cuenta, el chico que me sujetaba no estaba, en su lugar había una nota, y eso fue lo que pasó... —finalizó Cristian.

Juny, él te dio la nota. —la guardé en mi bolsillo—. Así que por ahí fue por donde lo secuestraron, o por donde lo visitaban cada noche...

¿De qué hablas? ¿Y tú como sabes eso? —preguntó Cristian.

Por su diario, leímos todo, el que estaba en tu casa.

¿Leímos? —Cristian preguntó extrañado.

Si, yo, mi hermano Rubén, Jacob, Akin y Miguel.

¿Miguel?

Es una larga historia, mira, será mejor ponerse en marcha, vamos, tenemos que salvarlos. —sujeté a Cristian y entramos en el colegio, avanzamos por el pasillo en silencio y sin encender la linterna, sería muy peligroso.

¿Qué estamos buscando exactamente? —susurró Cristian a mi lado, que agachado, miraba por los pasillos.

Los baños de los chicos, hay una entrada secreta que da al sótano de la casa abandonada.

Cristian me miró entre sorprendido y asustado, sujetándome del brazo me acompañó hasta que llegamos al siguiente pasillo, pude ver por debajo de la puerta del despacho una luz, había alguien dentro.

Espérame aquí. —antes de que Cristian dijese nada avancé medio agachado despacio hasta ponerme cerca de la puerta, puse el oído y escuché varias voces.

Tarde o temprano se darán cuenta de todo, así que propongo actuar ya, antes de que sea tarde. —la voz de un hombre indicaba que hablaba con alguien más, puse atención a la voz que estaba con él.

No podemos aún. —la voz de otra persona, incluso más joven que él, sonaba en su cuarto—. Aún no está listo, por lo tanto, el plan seguirá como hasta ahora.

Es demasiado arriesgado, una cosa es secuestrar a un chico o dos, pero tantos..., si nos descubren...

No nos descubrirán...

Pero han visto la habitación, saben dónde se encuentra. —la voz más adulta subió el tono.

¡Cálmate! Esos chicos no saben ni lo que han visto, además, los tenemos bajo control, si es necesario los matamos.

Pero si no tenemos más cuidado descubrirán todo, son demasiados, se supone que es uno o dos chicos, no tantos al mismo tiempo...

No te preocupes, todo irá... —en ese momento la segunda voz se calló, quizás notaron mi presencia, será mejor volver a mi cuarto. ¿Mi cuarto? Un escalofrío recorrió mi espalda, esto ya lo había vivido, mi corazón empezó a latir con tanta fuerza que casi se me sale del pecho.

Me di la vuelta, aunque la oscuridad bañaba el pasillo podía distinguir que no estaba en mi casa, ese no era el pasillo que llevaba a mi cuarto, a lo lejos distinguí la silueta de un chico haciéndome señas para que me acercase a él, a su vez, unos pasos se acercaban por detrás, iban a abrir la puerta, debía hacer algo, pero no sabía el qué, ¡Mi tiempo se agotaba!

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021