Amistad rota en Halloween - Capítulo 3 ''Rechazo''
Al día siguiente Max apenas probó bocado, no tenía hambre, además cuando intentaba estudiar o hacer los deberes comenzaba a pensar en Tommy, ya que muchas veces estudiaban juntos, sin contar que era sábado y siempre iban al parque a jugar, pero en esta ocasión nadie llamó a su puerta.
Aunque..., ¿y si Tommy se plantaba y llamaba a su puerta?, ¿cómo reaccionaría?, aún estaba con muchas dudas en su cabeza, no sabía qué hacer, ¿su amigo es gay?, ¿cómo no se dio cuenta antes?, o peor, ¿por qué le afectaba tanto este hecho? Él quería que su amigo fuese normal, como él lo era, que le gustasen las chicas, como a todos los chicos normales.
El domingo terminó y llegó el lunes, la alarma sonó y Max la apagó desganado, se levantó y se duchó, también sin ganas, recogió los libros del instituto y los metió en la mochila.
Max solo pensaba en una cosa, María, necesitaba hablar con ella, contarle lo que pasó y saber su opinión, al fin y al cabo, era una chica y quizás le ayudase.
El sonido de la campana anunciando el inicio de clases estaba a punto de sonar, Max ya estaba sentado en su sitio desde bastante temprano, miraba a través de la ventana moverse las primeras nubes de otoño.
En su mente ciertas frases se le repetían una y otra vez desde la tarde de ese fatídico viernes cuando quedaron con las chicas, por culpa de eso no había podido dormir adecuadamente.
En su mente solo recordaba las palabras de Tommy, "me gustas tú", "me gustan los chicos", "me gustas tú", "me gustan los chicos", "me gustas tú"...
Así estuvo su mente todo el fin de semana, y si no se lo decía a alguien, hoy seguiría así hasta volverse loco, lo particular de todo era que cada vez que recordaba la palabra gay, presionaba sus dientes con fuerza, esa palabra le molestaba de sobremanera, no sabía por qué, pero odiaba esa palabra, ¿sería homófobo? Su mente intentaba luchar contra sí mismo, dolor y temor era lo que sentía al recordar esa palabra, sentía... ¿Asco?
De pronto una mano se puso sobre su cabeza, miró hacia el frente y ahí estaba María, le miraba de forma curiosa y divertida.
Una estruendosa carcajada por parte de ella hizo que todos los de la clase los mirasen.
—¡Tienes unas ojeras horribles Max! —siguió riéndose de manera escandalosa.
—Cállate. —dijo enfadado y avergonzado.
Max sacó de su mochila el libro de texto de la asignatura y una libreta de South Park, los puso sobre la mesa y al abrir la libreta pude ver un dibujo que su amigo Tommy había hecho al principio, eran Kyle y Stan, dibujados como si fuesen ellos mismos, sujetó el bolígrafo de su mesa y tachó el dibujo con rabia, su fuerza fue desmedida y rompió la hoja, la arrancó con furia y la aplastó en su mano.
—¿Se puede saber qué te pasa?, ¿por qué hiciste eso? —preguntó María confundida, veía a Max muy enrabietado, algo poco común en él, que siempre solía ser alegre y entrañable—. ¿No pudiste dormir anoche o qué?
—¿Anoche?, ¡llevo varios días sin apenas dormir o comer!. —confesó Max.
—¿Dos noches seguidas sin dormir? —María, con lo chismosa que era, estaba deseando saber los motivos—. ¿Acaso es por tu cita del viernes?, ¿esa chica no te ha dejado dormir o qué?
—No es eso. —replicó Max—. Aunque está relacionado con lo que pasó ese día, mira, no podemos hablar ahora, podrían escucharnos, te cuento a la hora del recreo detrás de la escuela, ¿vale?
—Qué aburrido eres, está bien, pero que sea con todo lujo de detalles. —dijo ansiosa María.
Las clases transcurrieron con normalidad hasta que al fin llegó la hora del recreo, era lunes, tocaba pizza en la cafetería y por mucho que María y Max fueron con rapidez, cuando llegaron, ya había una gran fila de chicos a la espera.
—¡Debiste darte más prisa! —reclamó Max.
—¡Oye!, ¡que soy una chica!, ¡necesitaba peinarme y esas cosas! —dijo María enfadada.
A veces Max olvidaba que María era una chica, ya que era muy brusca, y por eso nunca se había sentido atraído por ella, la fila avanzó unos pasos y ellos avanzaron también.
Me gustarán los chismes y cotilleos..., —continuó diciendo María—, ¡pero no me gusta ser parte de ellos!, y hablando de cotilleo..., ¿me vas a contar al final o no?
—Sí, pero aquí no, además, si quieres que te cuente, tienes que prometer que, aunque te amenacen de muerte, nunca, y repito, nunca, le vas a decir a nadie, ¿entendiste? —Max la miró fijamente esperando respuesta.
—¿Lo dices, en serio? —María sacó el móvil y comenzó a mirarlo.
—Sí, María, debes prometerlo.
—Está bien, aunque me va a costar... —decía María, aun mirando el móvil, siempre estaba pendiente por si le llegaba algún chisme del cual pudiese sacar partido.
—¡María! —Max se molestó al ver el poco convencimiento que tuvieron sus palabras, estaba más pendiente del móvil que de la promesa.
—Está bien... —María guardó el móvil en su bolsillo y se acercó a Max—. Lo prometo.
—Mira, apenas compremos el desayu...
Max se detuvo, su mirada había chocado con la de un chico más bajito que el resto, de cabello oscuro, ojos color miel, muy delgado y con la piel muy blanca. Él simplemente iba caminando hacia la fila de la cafetería, pero se detuvo al ver a Max.
—¡¡Hola Tommy!! —saludó María alegremente, pero no tuvo respuesta del chico.
María se fijó en el rostro de Tommy, se veía muy delgado, incluso más de lo normal, como si no hubiese comido ni dormido en varios días, se dio cuenta de que sus ojos miraban tímidamente a Max, estaban rojos y muy vidriosos, era muy evidente que a Tommy le pasaba algo, incluso que quizás había llorado recientemente, sus ojeras rojizas lo presagiaban, la chica miró a Max para avisarle, ya que este no solía ser muy atento en ese tipo de detalles.
Pero entonces María se dio cuenta, la mirada de su amigo Max era de enfado y estaba dirigida a Tommy, Max desvió la vista con repudio, Tommy bajó la mirada con tristeza, dio media vuelta y se fue dejando la cola.
María los miraba a ambos atentamente, no podía dejar de observar la situación, cuando Tommy se alejó lo suficiente, le habló a Max.
—Max..., ¿ha sucedido algo entre vosotros?
—¿Qué?, ¿qué estás insinuando María? —Max la miró con rabia.
—¿Cómo?, pues, parece que os habéis peleado... —María estaba muy confusa, ¿por qué se alteró así Max?
—No sé de qué hablas, estamos como siempre... —Max avanzó incómodo en la fila y María se volvió a poner a su lado.
—Max, tengo ojos, sentido común y no soy tonta, ¿es sobre esto de lo que quieres hablarme?
Max dio un soplido y respiró profundamente, después miró a María y asintió.
—¿Os habéis peleado?, ¿qué pasó? —María estaba ansiosa por saber qué pasó entre los dos, aunque ya no tenía esa necesidad de saber el chisme, sino que estaba realmente intrigada y preocupada por su amigo.
—No voy a decirte aquí nada, y menos si no lo prometes, debes prometer que no le dirás a nadie lo que te voy a contar.
Ambos chicos cogieron unas bandejas de color plata y empezaron a coger unos cuantos trozos de pizza.
—Ya lo prometí, pero vale, lo vuelvo a prometer, Max, somos amigos y no contaré nada, lo juro. —respondió María, esta vez mucho más seria de lo habitual.
Los dos chicos se sentaron en la mesa y Max empezó a comer, mientras le daba un bocado a su pizza, miraba al resto del comedor, como buscando a alguien.
—Está allí. —señaló María al fondo, detrás de Max.
—¿Qué? —Max se giró y vio a Tommy sentado, solo, comía una triste manzana—. ¡No lo buscaba a él! —replicó con enfado Max.
—Vale, vale... —María no le creyó.
Max con enfado terminó de comer y esperó impaciente a María, que tardaba lo suyo, tras terminar de comer, Max y María bajaron al gimnasio del Instituto, María era la presidenta del club de danza y tenía acceso al gimnasio, ya que allí se practicaba muchas veces.
Los dos chicos entraron y María cerró la puerta por dentro, asegurándose que nadie los viese.
—¿Aquí estaremos más seguros? —preguntó Max.
—Sí, mejor aquí que detrás de la escuela, además así podremos sentarnos y no estar de pie.
María se acercó a unos bancos y tomó asiento, con su mano le hizo a Max una seña para que cogiese asiento junto a ella, se sentó y comenzaron a hablar.
Max le contó con todo lujo de detalles a María lo ocurrido, el plan que idearon, la cita, y la confesión de Tommy, también de cómo se pelearon y de como Tommy se marchó.
—Vaya... —dijo María, aun asimilando toda la información—. ¿Con qué a Tommy le gustan los chicos...?, bueno, siempre pensé que había algo raro en él, pero admito que me ha sorprendido.
—¿Cómo puedes tomártelo tan a la ligera? —Max se había vuelto a alterar—. ¿Y si me hubiera hecho algo raro? —dijo Max de manera cínica.
—Pero Tommy te dijo que no lo había hecho, ¿no?, él nunca te ha mentido, ¿o sí? —le preguntó María con cierto tono de enfado, no le gustaba por dónde iba su amigo Max.
—No, pero...
—Además, —le cortó María—. ¿Te escuchas cuando hablas?, lo estás tratando como si fuese un violador o un pervertido sexual de esos, incluso algo peor, creía que erais amigos...
—Yo también lo creía. —respondió algo turbado Max—. Pero me dijo que yo le gustaba y...
—¿Y? —le cortó de nuevo María—. No es para tanto, a mí me gustan los chicos y no por eso me lo haría con todos, de hecho, hay pocos que me gusten ahora que lo pienso...
María se llevó el dedo índice a su mentón, mirando hacia arriba pensativa.
—¡¡Hablas como si estuvieses de su lado!! —Max se levantó alterado.
—¿Qué?, Max, en primer lugar, yo no estoy del lado de nadie, y en segundo, si me gritas de nuevo me voy.
Max miró a su amiga y se dio cuenta de su comportamiento.
—Lo siento... —dijo Max, respirando hondo, miró a María y se volvió a sentar intentando tranquilizarse.
María observó a Max, que estaba bastante alterado y quedó en silencio esperando a que se tranquilizase un poco para continuar hablando.
—¿Te duele que tu amigo sea gay y le gusten los chicos?, porque no veo problema en eso...
Max miró a María tras sus palabras, cogió aire y le respondió, en todo momento, María se percató de lo nervioso que ponía a Max este delicado tema.
—No es eso María... —dijo Max un poco cabizbajo.
—¿Entonces qué es? —preguntó la chica mirando a Max fijamente, este, abrió la boca, pero no supo qué responder—. Yo deduzco que lo que te molestó fue que Tommy no te lo haya dicho antes, es decir, te sentiste traicionado, ¿es eso? —continuó María.
Max miraba al suelo pensando qué responder, sabía que le molestaba algo de la situación, pero no sabía qué exactamente.
—Si no es por eso... —María hizo una pausa y le miró con seriedad—. Quizás lo que pasa simplemente es que eres homófobo.
—¡Yo no soy eso! —respondió Max, y era cierto, le daba un escalofrío y algo de asco cuando veía a dos hombres besándose en la calle, pero nada más, por él, que hicieran lo que quisieran, no le importaba, pero tratándose de Tommy...
—¡Ahrrrgg! —gritó agarrándose la cabeza—. ¡Maldita sea!, ¿por qué no puede ser normal como yo?
—¿Normal? Ehh... —María miraba a Max alucinando—. Esto no me está gustando Max...
—¿Es mi culpa que él sea así?, es que no sé qué hacer María... —Max ignoró a su amiga—. Si al menos...
—Bueno..., solo con ver lo que dijiste... —continuó María, pero fue interrumpida por el sonido de su móvil, era un mensaje, cuando María terminó de leerlo sus ojos estaban brillando y su clásica sonrisa de astucia estaba dibujada en su cara—. ¡Esto es genial! —dijo ignorando por completo a Max—. Pero debo ir a confirmarlo... —poniéndose de pie, arregló rápidamente sus cosas para marcharse.
—¿Qué? ¿Me vas a dejar a medias?... —Max estaba atónito, luego de Tommy ella era su única amiga—. ¿Te vas a ir? Estábamos conversando de algo muy delicado ¡No puedes hacerme esto!
—Esto también es importante. —respondió María a Max mirándolo y señalando su móvil—. Quizás sea el cotilleo del mes, es mi deber ir a confirmarlo. —dijo extrañada de que Max no entendiera la importancia de eso para ella.
—¿Me vas a dejar aquí solo? —Max sonaba enojado y sin creérselo aún.
—Mira Max, tu amigo Tommy es gay, ¿qué problema hay? ¡Es "tú" amigo, así que acéptalo y madura!, toma. —le pasó la llave del gimnasio ignorando las palabras de Max—. Cierra bien cuando salgas.
María subió las escaleras corriendo hacia el patio, dejando a Max solo, con sus problemas.
Max suspiró y se quedó allí sentado, pensando en todo lo que habían hablado, no le sirvió de nada, aún tenía dudas, incluso más aún, tomó sus cosas y cerró el gimnasio, mientras guardaba la llave en su bolsillo miró hacia donde se había ido María.
—Tommy jamás me habría hecho algo así... —murmuró Max y dirigió su camino hacia clase, subió las escaleras y al doblar esquina chocó con Tommy, los hombros de ambos hicieron contacto y sus miradas se cruzaron, Tommy bajó entonces la cabeza.
Max al verlo se enfadó y Tommy seguía con la mirada evasiva, no se atrevía a mirar a su mejor amigo a la cara.
—¿No te dije que te alejaras de mí? ¡No quiero verte más! —respondió Max con crueldad, sus palabras, como afilados cuchillos, atravesaron, él ya de por sí, maltrecho corazón de Tommy, causando un dolor inmenso.
Tommy ni le miró, bajó aún más la mirada y salió corriendo, entonces un profesor que pasaba cerca, se percató de lo sucedido y se acercó a Max.
—¿Qué formas son esas, Max?, ¿no sois amigos? —el profesor se ajustó las gafas con su dedo y miró a Max esperando una respuesta, pero no la hubo—. Muy bien, a clase y que no vuelva a ver ese comportamiento en la escuela, ¿has entendido?
Max metió sus manos en los bolsillos del pantalón y se dirigió a clases tras el sermón del profesor, por el camino miraba a los demás alumnos, todos hablaban y eran acompañados por alguien, menos él, él estaba solo, suspiró y llegó a la clase, no tenía ganas de estudiar, pero debía hacerlo, aunque pensar en Tommy no le ayudaba.
—Debo apuntarme a actividades extraescolares para estar más entretenido, así dejaré de pensar en Tommy... —murmuraba Max mientras cogía asiento en la clase, miró por la ventana, el cielo se cubría de nubes grises.
( Continuará... )
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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)
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