domingo, 28 de diciembre de 2014

Jugando con Chucky - Capítulo 6 ''Cachu''

Capítulo 6 ''Cachu''

¿Qué coño...? —Joey, sobresaltado, nos apartó y miró hacia la puerta. La silla estaba en el suelo, la puerta aún oscilaba.

¿Qué ha sido eso? ¿No estábamos solos?

Sí..., o sea, mi madre está trabajando. —dije rápido.

Una risa burlona se escuchó desde el piso de abajo, volteé hacia la estantería, Chucky ya no estaba allí.

Tragué saliva, sentía que esto no iba a acabar bien.

¿Seguro que estamos solos? —Joey se acercó al bate de béisbol apoyado contra la pared, lo levantó, preparado.

Sí, mi madre hoy no llega hasta dentro de una hora.

Él asintió y salió de la habitación, bajó lentamente las escaleras, con el bate firme entre sus manos.

Quedaos aquí. —ordenó.

Cuando bajó al comedor, cerré la puerta con cuidado y me senté, temblando.

¡Es Chucky! ¡Sigue vivo, estoy seguro! —dije en voz alta.

¿Pero no era Joey...? —preguntó Jacob, igual de confundido.

Chucky no se movía, pensé que estaba en su cuerpo, pero al encontrarnos a Joey, lo descarté.

¿Qué? ¿Entonces Joey no es...? —Jacob se detuvo en seco, confundido.

No, no lo es.

¿Y qué hacemos? —preguntó Jacob, angustiado.

Pues, para empezar, podrías decirme qué fue lo de antes, el beso. —le espeté con enfado.

¿Qué? Solo un juego, pensé que era Chucky y que así lograríamos que confesase. —dijo Jacob.

Eso es absurdo Jacob, y no vuelvas a besarme, no soy gay.

Yo tampoco eh, tengo novia. —dijo excusándose.

Pero me comes la boca... —le repliqué.

Fue un pico, un roce, ¡joder ni metí lengua!

Ah, espera, que te veo capaz...

En ese momento, Chucky entró por la puerta con un cuchillo en la mano, lo miramos los dos, paralizados.

Ya no discutáis más, nenazas, además ¿Qué coño ibais a hacer con esa basura? —dijo con rabia, levantando su cuchillo.

¿Qué? ¡No íbamos a hacer nada! ¡Lo traje aquí para que lo vieras! ¡Quería que reaccionaras! —mentí.

¡Voy a matarlo! —gruñó Chucky.

¡No! Lo sacaré de casa, y ya está. —corrí al pasillo—. ¡Joey!

Chucky se escondió bajo la cama justo cuando Joey subía las escaleras.

¿Qué pasa? —preguntó, dejando el bate en su sitio.

Mi madre acaba de llamar, llega en unos minutos. —mentí.

¡¿Qué?! ¡Si no hicimos nada! ¡Estoy a mil! —gruñó Joey, visiblemente frustrado.

Lo dejamos para otro día... —mentí de nuevo.

No me jodas... —dijo entre dientes.

Se acercó a mi y me tocó la mejilla con su mano.

Ufff, qué ganas te tengo, Tomi. —confesó caliente, yo retrocedí en blanco, Joey finalmente bajó las escaleras y se fue.

Volví a mi habitación, Jacob estaba en la cama, con Chucky a su lado.

¡¿Qué?! Esto es culpa tuya Jacob, ¡Joey me está acosando! —le grité.

Bueno, mira el lado positivo, ahora no quiere cortarte con su navaja, solo penetr...

Cállate joder. —le tiré la almohada en la cara.

Silencio. —Dijo Chucky claramente enfadado.

¿Y bien? ¿Por qué no funcionó lo del cuerpo? —pregunté.

El amuleto...

¿Qué amuleto? —preguntó Jacob.

Necesito el Amuleto de Damballa, intenté recuperarlo en su día pero...

Sí, ya vimos las películas, sé qué amuleto es, ¿dónde está?

En casa de una familia adinerada, la compró por Internet, yo les seguí la pista hasta esta ciudad.

¿Qué...? ¿Por eso te encontró mi madre?

Sí, el amuleto lo tiene una familia que vive al final de esta calle, pero tu puta madre me recogió y me trajo aquí, así que tú vas a colarte y conseguir el amuleto.

Ve tú, puedes moverte perfectamente.

No puedo ir caminando por la calle, genio, así que tú entras y recuperas el puto amuleto. —sentenció Chucky.

No pienso hacerlo. —dije.

Chucky sacó el cuchillo.

Entonces os mato a los dos.

Suspiramos, no teníamos opción.

La casa pertenecía a Cachu, un chico problemático que había estado en un reformatorio por provocar un accidente grave, su reputación era peor que la de Joey.

Si era cierto que el amuleto estaba ahí, debía entrar, pero me daba pavor, pasaron unos días, una tarde, justo después de ducharme, tocaron la puerta.

Era Joey.

¿Qué haces aquí? —pregunté, sorprendido.

¿Tú qué crees? Vengo por el trío que me prometisteis tú y Jacob —dijo con una sonrisa perversa.

Ya te dije que sería otro día. —intenté cerrar la puerta.

Joey empujó.

¡No me vale! Necesito soltarlo ya, joder, y ya sabes lo que pasa si me lo niegas.

¡Hoy no! ¡Déjalo! —cerré de golpe la puerta.

Joey, furioso, se sentó en las escaleras y se encendió un porro, en eso se escucha una risita baja.

Se gira y ve algo pasar corriendo y bajar al sótano que tenemos fuera de casa, Joey, nervioso, se acerca.

¿Hola? —se inclina para mirar abajo, en ese momento unas manos empujan a Joey, escaleras abajo, hasta caer al fondo, tras rodar por las mismas.

La puerta se cerró de golpe, Joey quedó allí, tumbado, inerte.

¡Ya estoy en casa! ¡En cinco minutos está la cena! —la voz de mi madre, por fin llegó a casa.

¡Vale! —le respondí, como si todo estuviera en orden.

Chucky entró en mi habitación con una sonrisa.

No me gusta que ese imbécil ronde lo que es mío. —dice mientras se sienta en mi cama.

No soy tuyo y no le hagas nada.

Tranquilo... —dijo con una sonrisa burlona—. Voy a ducharme.

¿Los muñecos se bañan? —le pregunté confuso y observando como iba al baño.

Para tu sorpresa, sí.

Entró al baño y dejó el agua correr.

Esa noche cené, me lavé los dientes y me fui a dormir, mañana era el día, iría a casa de Cachu a por el libro.

Me costó coger el sueño, Chucky me observaba en silencio, era incómodo, me giré dándole la espalda y me dormí al rato.

Al día siguiente, fui a la casa de Cachu a por el Amuleto de Damballa, me abrió su hermana, una chica de unos veinte años, rubia de cabello lacio y ojos azulados, llebava chaqueta vaquera, era más alta que yo.

Hola, soy compañero de clase de Cachu, quería hablar con él.

Pasa, está en su cuarto, yo salgo, ¡chao!

Me dejó solo, en el recibidor, la casa era bonita, decorada con fotos familiares, me sorprendió ver una imagen de Cachu de niño, ahí se le veía feliz, blanco, cabello corto, rubio, y también de ojos azulados.

¡Mi cuarto está al fondo! —gritó desde adentro.

Avancé por el pasillo, un reloj de cuco marcaba los segundos con un tic tac tenso, al llegar, lo vi a cuatro en el suelo, buscando algo debajo de la cama.

¿Quién eres? —preguntó sin mirarme—. Te vi desde la ventana y no recuerdo que seamos compañeros de clase.

Tal vez no te acuerdes de mí, hace años me empujaste a un charco y me robaste el balón.

Oh, sí..., ahora que lo dices... —sacó algo de debajo de la cama, un petardo enorme, finalmente se giró.

Su aspecto había cambiado mucho en comparación al de la foto, unos dos años mayor que yo, alto, delgado, con el pelo igual de rubio pero ahora a media melena, y ojos azules como el mar cristalino, traspasaban mi alma, tenía una cicatriz en la ceja izquierda y un corte en el labio.

¿Y a qué vienes? ¿Quieres más barro?

Quería invitarte a mi casa para...

De pronto me empujó contra la puerta, la cerró y me presionó el pecho con su antebrazo derecho.

¿Crees que porque estuve en un reformatorio ahora soy un angelito?

No, yo...

¡Cállate! —me interrumpió—. Solo eres otro niñato de mierda, ¿A qué viniste?

No respondí, la situación se me había ido de las manos.

Contesta.

Su presión aumentaba.

Eres como te recuerdo, un marica de mierda.

Se apartó, fue a su escritorio a buscar algo, aproveché para abrir la puerta, debía huir de ahí, entonces, sin avisar, me golpeó por detrás, en la nuca.

Todo se volvió negro.

Genial... —fue lo último que pensé antes de caer de bruces al suelo.

(Continuará...)

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Creado (2014), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106

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