viernes, 27 de marzo de 2015

Jugando con Chucky - Capítulo 7 ''Tortura''

Capítulo 7 ''Tortura''

Desperté atado a una silla metálica, estaba fría y era rígida.

Las correas negras de cuero sujetaban mis muñecas, tobillos y cuello, una mordaza me cubría la boca, profunda, casi como si intentara ahogar el grito que aún no había soltado.

La habitación estaba en penumbra, en las paredes había estanterías llenas de objetos extraños, cuerdas, cadenas, juguetes sexuales, herramientas...

Un rincón decorado como si fuese una mazmorra, al fondo, un televisor antiguo y un sofá para ver el mismo, debajo del televisor había un reproductor de dvd.

¿Ya despertaste? —dijo una voz burlona, era Cachu.

Abrí bien los ojos y pude verle, me miraba escudriñando mi cuerpo.

No pierdas el tiempo gritando. —continuó—. Esta habitación es insonorizada, era de mi padre, antes de que "se resbalara" por las escaleras. —rió como si contara un chiste gracioso.

Quería despertar, quería que esto fuera una pesadilla.

¡Eh! Mírame cuando te hablo. —se acercó y me dio una bofetada que me hizo arder la mejilla—. Eso se llama respeto.

Se volvió hacia una de las mesas y cogió una herramienta metálica.

¿Sabes cómo me llamaban en el reformatorio?

Apoyó la punta del instrumento en mi muslo y comenzó a presionar.

El Cicatrices.

La hoja rasgó mi piel, la sangre comenzó a brotar mientras bajaba lentamente, cortándome, me revolvía y él sonreía.

Mi padre usaba esta sala para sus juegos, ¿Sabes cuanto tardas en desmayarte si sangras mucho?

Cachu se quitó la camiseta, su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, viejas y nuevas.

Un día, el bastardo cayó por las escaleras..., qué mala suerte, ¿no?

Sus carcajadas me pusieron los pelos de punta.

Cachu agarró un bote de alcohol y lo volcó sobre la herida, sentí que me quemaba hasta el alma., me retorcí con todas mis fuerzas, él lo disfrutaba.

No podemos dejar que se infecte. —dijo cínicamente.

Después, dejó la botella en su sitio, cogió unas tijeras y las acercó a mis dedos, las abrió y colocó uno de mis dedos entre las cuchillas.

Empecé a moverme con todas mis fuerzas y a gritar de manera ahogada por la puta mordaza.

Tranquilo, me gusta ir poco a poco —susurró.

Las cerró...

El simple sonido me hizo cerrar los ojos, él reía, miré, no, no había cortado nada.

¿Sabes? Me molestan los gritos, así que si gritas, te corto un dedo.

Me quitó la mordaza, tosí con fuerza, me ofreció un vaso de agua.

¿Bebes o no? —preguntó, yo me resistí—. Como quieras.

Se lo bebió él mismo, luego dejó el vaso en la mesa.

Entonces, nada de agua para ti.

Mi garganta estaba seca, notaba que me debilitaba por momentos.

¿Alguien sabe que viniste? —preguntó.

Negué con la cabeza.

Perfecto, siempre quise tener una mascota obediente.

Sacó un collar negro de uno de los cajones del mueble del fondo, se acercó y me lo colocó en el cuello.

Ahora eres mi perrito, y los perros no hablan, obedecen.

Afirmé con la cabeza, no podía hacer otra cosa.

Me soltó, pero en cuanto me levanté, me golpeó en el estómago, caí de rodillas.

¡Los perros no caminan erguidos! —gritó, enganchando una correa al collar.

A pasear.

Me obligó a arrastrarme por la habitación, la humillación era indescriptible, me sentía sucio, roto.

Hora de comer. —dijo al final, con una sonrisa torcida.

Sacó un bote de nata, se echó en la boca y se la tragó tras saborear la nata.

Ahora tú.

Me pidió que abriera la boca y cerrara los ojos.

En ese instante..., el timbre de su casa sonó.

¿No era insonorizada esta habitación...? ¡Mentiroso!

Quédate aquí, y no se te ocurra moverte. —dijo irritado.

Sacó una llave de su bolsillo y la introdujo en la puerta metálica, abrió y cerró por fuera.

Cuando salió, me levanté como pude, buscando algo, revisé los muebles, los cajones, hasta que lo vi, el amuleto colgaba de la pared, justo detrás de donde estaba yo sentado, en torno a él habían imágenes rituales, dibujos extraños y demás.

Escondí el amuleto en mi pantalón, y regresé al sitio, esperé, volvió con paso firme.

¿Me extrañaste?

Tiró de la correa y me acercó a él poniéndome de pie, sujetó mi cuello y me miró a los ojos, parecía enrabietado.

Me soltó y me quitó el collar, mi cuerpo reaccionó. ¿Por miedo? ¿Por otra cosa?

Puedes irte.

No lo dudé y salí corriendo de ese sótano, subí las escaleras, la casa estaba vacía, afuera ya era de noche, quería salir de esa casa de locos.

Corrí hasta mi casa y saludé brevemente a mi madre, subí las escaleras... y Chucky no estaba.

Mierda... —murmuré, salí por la ventana y trepé hasta la de Jacob.

Dentro, Chucky y Jacob reían viendo una película, como si nada.

¡Jacob! —grité.

Los dos me miraron.

¿Dónde estabas? —preguntó Chucky, bajándose de la cama.

¿Dónde crees? ¡Secuestrado! ¡Mira! —me subí el pantalón y les mostré la herida de mi muslo.

¡Debes curarte eso! —Jacob salió corriendo a buscar el botiquín.

¿Por qué te hizo eso? —preguntó Chucky.

Porque está loco, es un sádico. —dije.

Me gusta ese chico..., ¿Y qué más te hizo?

No... solo eso, no sé por qué me dejó ir...

¿Encontraste el amuleto?

Sí, aquí tienes tu puto amuleto de los cojones. —se lo lancé a la cama.

Chucky lo tomó con ansia, sus ojos brillaban.

¿Qué mierda es esto?

¡El Amuleto!

¡Es falso!, ¡Esto es basura! —Chucky lo lanzó al suelo con enfado.

¡¿Qué?! ¡Pero si es el que encontré!

Los críos sois inútiles —espetó Chucky, rabioso.

¡¿Perdona?! ¡Yo arriesgué mi vida! —grité.

¡Y la desperdiciaste!

Basta —intervino Jacob—. Podemos volver a intentarlo y esta vez si nos haremos con el original.

Tú irás. —dijo Chucky, señalándolo.

Ni de coña. —me puse delante de Jacob—. No, no después de lo que me pasó.

Tú ya no sirves, eres un estorbo. —dijo Chucky.

¿Qué te pasa? ¡Pareces un crío rabioso!

Chucky se subió a la cama y sacó el cuchillo de forma intimidatoria.

Ya me harté, ¡A la mierda los planes!, ¡Vamos con lo que mejor sé hacer!

Saltó hacia mí, cuchillo en mano.

Esto era el fin.

(Continuará...)

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Creado (2015), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630106

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