lunes, 18 de noviembre de 2019

El chico rubio

El chico rubio

Vuelvo a casa en medio de una tormenta, el ascensor se detiene y quedamos yo y un chico rubio atrapados dentro, ¿Qué pasará?

Habían terminado las clases, por fin sonó el timbre y todos los alumnos salimos de la escuela rumbo a nuestras casas, eran casi las tres de la tarde y aunque estuvo dando el sol con fuerza toda la mañana justo cuando salimos del colegio empezó a llover, parecía una pequeña tormenta.

La lluvia era muy fuerte, se escuchaban incluso los truenos y las luces de los relámpagos, el cielo oscureció con rapidez, nunca había visto nada igual. A los pocos minutos llegué a mi edificio, vivía en un décimo, estaba chorreando por el agua, entré al edificio y subí al ascensor.

Cuando le iba a dar al botón del mismo, un chico posó su mano en la puerta del ascensor evitando que se cerrase, el chico, de cabello rubio y ondulado, ojos azules, y cara de niño, era delgado, tendría mi misma edad, o quizás menos, no sabría decirlo, su cara aniñada impedía saber con exactitud su edad real.

Ya lo conocía de vista, era mi vecino, apenas le había prestado atención hasta hoy, pero al fijarme bien en él, todo mojado, cambió mi forma de verlo, parecía hasta sexy, tengo que decir, que soy bisexual, pero nadie lo sabe, todo el mundo cree que soy heterosexual, nunca tuve ningún tipo de contacto con alguien de mi mismo sexo más allá de las masturbaciones nocturnas que me daba.

En cambio con alguna chica sí tuve tocamientos y algunas veces incluso llegábamos al sexo oral, pero de ahí ya no pasábamos.

El chico vestía ropa deportiva, parecía una equipación de fútbol, no sé de que equipo, supongo que del barrio, pantalón y camiseta blanca, mojada, su camiseta se pegaba a su piel, dejaba ver que estaba algo definido, me sonríe tímido y entra conmigo en el ascensor, yo iba con el uniforme escolar, también todo mojado.

Puff, vaya la que está cayendo. —dijo el chico intentando darme conversación.

Sí, y así de repente... —mascullé—. ¿Qué piso?

El octavo. —dijo mientras se secaba el pelo con las manos.

Añadir que, yo, aunque no sea muy deportista, me mantengo delgado, siempre he sido guapo de cara, de hecho es de lo único que estoy orgulloso, mi cabello es liso y de color negro, mis ojos son color avellana, tengo algunas pecas en la nariz que me hacen ver más travieso, o al menos eso decía mi antigua novia.

Le di al botón y el ascensor comenzó a subir, estábamos el uno al lado del otro mirando la puerta, notaba tensión, no entendía porqué.

Estamos llegando al sexto piso cuando se escucha un trueno especialmente fuerte, se va la luz y el ascensor se para. En pocos segundos nos ilumina la luz rojiza de emergencia.

No puede ser cierto... —dije con enojo, entonces, el chico comenzó a respirar con dificultad.

No..., yo no..., tengo que salir.

El chaval, nervioso, intentaba abrir la puerta con fuerza.

Espera, no se abrirá así, cálmate, seguro que pronto vuelve la electricidad.

El chico, que no me hacía mucho caso, parecía que sufría un ataque de pánico, iba a caer al suelo y lo sujeté, menos mal que tenía reflejos.

¿Estás bien? —le pregunté, aún lo notaba nervioso, así que intenté darle conversación—. Me llamo Rodrigo, ¿Y tu?

Álvaro... —masculló, parece que estaba mejor y al ver que lo sujetaba se puso rojo y se incorporó—. Disculpa, es que..., no me gusta estar encerrado.

No pasa nada..., así que Álvaro... —dije con media sonrisa.

Sí, ¿Por? —preguntó molesto.

No por nada, es que mi hermano se llama así. —dije ante su sorpresa.

Me gustaba como hablaba, no había notado que tenía como un acento italiano, estaba claro que no era nativo de mi país.

Empecé a sentir un poco de frío, estábamos mojados por la lluvia y podíamos resfriarnos, recordé que tenía una pequeña toalla que usaba en educación física, abrí la mochila y comencé a secarme lo que pude con ella.

Álvaro me comenzó a mirar de reojo, le ofrecí la toalla y la aceptó, lo que no esperaba es ver como se quitaba la camiseta mojada para estrujarla y sacarle el máximo de agua, después, comenzó a secarse con la toalla el cuerpo.

Álvaro estaba bien definido, delgado y marcado, era un cuerpo perfecto, sin darme cuenta me comenzaba a calentar, no pude evitar mirarlo, creo que se dio cuenta.

¿Qué? —me preguntó mientras me devolvía la toalla.

Nada, es que... con la luz esa de emergencia roja, tu cuerpo se ve rojo y... —no sabía qué más decir, sonaba absurdo.

Puedes hacer lo mismo.

¿Qué? —le pregunté confuso.

La toalla, secar tu cuerpo con ella, quítate la camiseta. —dijo ahora en un acento claramente italiano, su voz, me encantó.

Le obedecí y me quité el uniforme, era un jersey fino, debajo tenía una camiseta blanca de tirantes, me la quité y comencé a secar la ropa, notaba como me miraba.

Escudriñaba cada centímetro de mi cuerpo, mi respiración comenzó a alterarse, mi corazón latía fuerte y mi calentura subía por momentos, me secaba mi cuerpo con la misma toalla que él usó.

El chico rubio, Álvaro, se acercó posicionándose detrás de mí.

Estás muy tenso, deja que te haga un masaje.

No dije nada, me quedé quieto y comenzó a tocarme, sentía sus manos calientes en mi piel, tocando mi espalda, sus dedos se movían ofreciéndome una sensación increíble.

Su masaje se extiende por los brazos y el pecho, llegando a acariciar de pasada mis pezones, que están duros, yo miro hacia el suelo y no digo nada, mientras poco a poco noto sus manos llegar a mi estómago.

Nunca me habían hecho un masaje, pero creo que fue genial, porque me relaje mucho, en esa posición, noté que me miraba y tocaba más de la cuenta.

Date la vuelta. —me ordenó.

Lo hice y quedamos cara a cara, pude ahora distinguir más sus facciones, labios finos, nariz pequeña con varias pecas, unos ojos azulados que parecían pequeños lagos.

Si quieres..., puedo..., hacerte un masaje especial... —me ofreció Álvaro.

El chico, Álvaro, estaba caliente, yo lo notaba, me ofreció casi en un susurro algo que ya iba subido de tono, aunque no sabía qué, me imaginaba por donde iba.

¿Especial? —murmuré ardiendo, estaba muy caliente.

Sí... —el rubito se arrodilló y yo, flipando, cerré mis ojos, sabía lo que vendría.

Las manos de Álvaro comenzaron a tocar la bragueta de mi uniforme escolar, un pantalón gris claro, bajó la bragueta y de un tirón, bajó mi bóxer lo suficiente para que mi polla, dura, saliese fuera.

En ese momento mi mano derecha se apoyo en su cabeza y forcé un poco a que se acercase, sentí sus labios en mi punta, presioné un poco más y su boca se abrió para tragarse mi polla, circuncidada y de unos quince centímetros.

Su lengua recorría mi tronco y sin sacarla de su boca, comenzó a succionar mi polla con fuerza, sentía que me sacaba el alma, sus labios oprimían mi polla y solo pude apoyar mis manos en sus hombros mientras me comía la polla.

Comencé a gemir despacio, no quería que nadie nos escuchase, estaba el morbo de ser pillados, pero también sentía algo de miedo, el chico rubio aceleró la mamada, le gustaba mi polla, le gustaba chuparla, era un putito que no había descubierto hasta ahora.

Sus manos tocaban mi huevos mientras no dejaba de succionar mi polla, no iba a aguantar mucho, estaba a punto de correrme.

Espera..., para..., me voy a venir...

Álvaro se detuvo y me miró sonriendo.

¿No quieres? —me preguntó relamiéndose, verlo de rodillas y tan sumiso me puso muy caliente.

Claro que sí, pero..., no tan pronto, levántate. —le ordené.

Y es que para mí la situación ya era difícil de aguantar y decidí pasar a la acción en serio, es decir, quería follarme a este chaval que buscaba polla, comencé a meterle mano, aún sin camiseta, podía sentir su caliente piel, joder, estaba demasiado bueno.

Con las dos manos a la vez, no dejaba de tocarlo, él hacía lo propio conmigo y nos tocábamos nuestros cuerpos, era un juego caliente y cachondo del cual ambos disfrutábamos, todo esto, en silencio, solo sonreíamos cuando nuestras miradas se cruzaban.

Me arrodillé ahora yo y le agarré su polla, estaba caliente y muy dura. Con mi dedo pulgar le acaricié el capullo, sintiendo que daba un respingo. A la vez, le oprimía con fuerza el culo y un dedito comenzaba a explorar lentamente su raja, camino del agujero posterior.

Lo pajeé un rato y podía ver como su piel bajaba y subía, estaba sin circuncidar y eso me gustaba, siempre me gustaron las pollas así, será porque la mía era diferente.

Era una bonita polla de buen tamaño, similar al mío, pero no exagerada, unos huevos redondos y duros, y el culo que lo vería inmediatamente, le bajé como pude la ropa hasta los tobillos.

Orienté su polla hacia mi boca y empecé a lamer suavemente su capullo, para a continuación metérmela en la boca y darle una suave mamada, a la vez que le masturbaba. Su cuerpo reaccionó y ya no estaba quieto. Se agitaba levemente y gemía de vez en cuando. Tuve que parar muy deprisa, si no se me hubiese corrido ya mismo.

Le di la vuelta y su culito quedó a la altura de mis ojos, y joder, vaya culo, redondo, blanquito y suave, dediqué mis dos manos a tocarlo por entero, dándole también algún mordisco suave y varios azotes. Lo fui abriendo poco a poco, hasta dejar a la vista su maravilloso agujerito rosado.

Lo toqué y se contrajo como una flor, abriéndole bien las nalgas con mis manos, dediqué mi lengua a hacerle conocer las delicias del sexo gay, usé mi lengua para darle un placer indescriptible.

Lo ensalivé bien, lentamente y con la punta de la lengua comencé a, casi, follarlo. Su agujerito se relajó y se abrió un poco, con lo que mi saliva entró más aún, lubricándolo lo mejor que pude.

Me moría de ganas de meterle la polla hasta dentro, así que le hice doblarse hacia delante, apoyado en la pared con sus manos, y le metí lentamente el dedo índice, con cuidado y previamente ensalivado, que aunque con alguna dificultad fue entrando, notando su calor y su tierno y mullido interior.

Al final entró hasta el nudillo y comencé a moverlo dentro, con un sentido de rotación y de mete y saca que le debía gustar muchísimo, ya que ahora no paraba de gemir, mientras se había agarrado la polla con una mano y se la meneaba suavemente. Yo también hice lo mismo pues no podía aguantar sin tocármela.

No puedo más, fóllame ya, joder. —sus palabras me pillaron desprevenido pero me puso a cien.

Ufff, te voy a follar putito, ¿Es lo que querías no?

Sí joder, ¿Por qué crees que entré en el ascensor cuando siempre subo las escaleras?, por ti...

Tras esa confesión, no aguanté más, lo incliné y él comenzó a separar sus nalguitas con sus manos, separando incluso sus cachetes con las manos, el putito me ofrecía su culito como lo que era, un criajo puto.

Coloqué la punta de mi polla en su agujero y lo moví poco a poco, apretando suavemente. entró un poco y me detuve, luego un poco más, esperé unos segundos al notar que se quejaba, el putito era más virgen que yo, la saqué un poco y volví a meterla, atrás y adelante, y así hasta que tuve dentro la mitad de mi polla, él, casi sin fuerza, se apoyó en la pared del ascensor, los dos sudábamos como si acabásemos de correr una maratón.

Sin poderme contener, empujé y en dos o tres acometidas se la introduje hasta los huevos, escuché un leve quejido, pero le gustaba lo que hacíamos, no decía de parar, así que ahí me quedé quieto, observando como él gemía un poco, de dolor y de placer.

Era maravilloso sentir sus blancas nalgas contra mis caderas y su cálida opresión en mi polla, comencé a bombear lentamente y poco a poco fui acelerando el ritmo, a la vez que con una mano le masturbaba con fuerza.

Él no aguantó mucho y comenzó a correrse, sus gemidos eran demasiado ruidosos y tuve que taparle la boca, con la corrida se agitó demasiado, sus contracciones y sus movimientos de culo llegaron a volverme loco, alcanzando yo también el orgasmo, un orgasmo como hacía tiempo no experimentaba.

Me corrí dentro de él llenándolo de leche para después acabar apoyado contra su espalda con la polla aún dentro, estuvimos así un rato, la luz volvió y el ascensor comenzó a subir.

A toda velocidad comenzamos a vestirnos, pero no nos dio tiempo, el ascensor llegó a su piso y las puertas se abrieron, una mujer de unos treinta años estaba mirando su móvil cuando al alzar la mirada nos pilló infraganti, a mi sin camiseta y al chico rubio subiéndose los pantalones.

Nos pusimos rojos y la chica pestañeó varias veces mientras terminábamos de acomodarnos la ropa, me miró y después miró al chico sorprendida, sin saber que decir o hacer, nosotros, permanecimos quietos a la espera de su reacción, quizás paralizados por el miedo.

Ehhh, perdón... —la mujer, toda avergonzada, prefirió bajar las escaleras.

Salimos del ascensor exhaustos y un poco avergonzados por lo ocurrido.

Mierda, ¡Joder! —se quejó Álvaro.

¿Qué pasa? —le pregunté al verlo tan nervioso.

Era mi madre... —confesó.

Continuará...?

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Creado, revisado, editado y mejorado (2019) por @TeenBoy




domingo, 8 de septiembre de 2019

Trabajo de ciencias

Trabajo de ciencias

Tres chicos empollones drogan al chulito de Instituto para castigarle por ser tan malo con ellos, lo usarán, dominarán y follarán hasta que no puedan más.

Tommy era un chico muy popular, iba a cuarto de secundaria, era capitán del equipo de fútbol, había salido con ocho chicas, todas siempre tías buenas claro, sí, Tommy incluso llevaba una lista de sus novias, a las cuales dejaba tras haber tenido suficiente sexo con ellas, hasta quedar satisfecho.

Era el típico machito alfa, con su grupito de amigos abusones, Tommy era un cabrón, se pasaba sobre todo con los empollones, su cabello, negro azabache, de ojos negros y con una cicatriz de alguna pelea que tuviese en el pasado en la ceja izquierda, era pequeña, pero se sentía orgulloso de ella, medía 1,77, pesaba unos 60 kilos, estaba marcado, poco, pero suficiente para volver locas a las chicas..., y a algunos chicos.

Porque sí, Tommy volvía loco a algunos chicos, como a los líderes del grupo de ciencias de la escuela, formado por varios alumnos, diez para ser exactos, aunque eso él, lógicamente, lo desconocía.

Todo empezó un caluroso Viernes, Tommy estaba feliz y radiante porque el fin de semana estaba a la vuelta de la esquina, caminaba con vanidad junto a su grupito de despojos sociales durante el recreo cuando vio a la distancia a los tres empollones, estaban sentados en un banco, cerca del aula de ciencias, estaban hablando de sus cosas cuando Tommy se alejó de su grupo y se acercó a ellos para increparlos, le divertía hacerlo.

Los tres chicos, que medirían 1, 65 mas o menos, discutían sobre un trabajo de la escuela, Tommy se acercó a ellos y los escuchó sonriendo, sin ellos saberlo.

Que por cierto, no he hablado sobre el aspecto de los tres chicos, por un lado estaba Jeremy, de 15 años, el cabecilla del grupo, un chico pelirrojo, con la cara llena de pecas, tenía demasiadas, delgado, la verdad es que Jeremy era bastante guapo, pero su fama de empollón alejaba a las chicas.

Luego estaban los hermanos mellizos, Julian y Bastian, también eran guapitos de cara, aunque menos de Jeremy, ambos, de 14 años. Por un lado estaba Julian, rubio dorado de ojos verdes con el cabello en melena, por otro, Bastian, también rubio, pero de un color más plateado, sus ojos también eran verdes, pero más oscuros, la piel de los tres chicos era blanca, como la leche, los dos hermanos eran muy inteligentes, con una media de sobresaliente.

Los tres vestían la típica ropa del club de ciencias, pantalones grises de raya, una camiseta blanca y unos chalecos azul marino, con el calor que hacía, no tenía sentido ir así vestidos, pero se sentían orgullosos, orgullosos y acalorados.

Hablaban de un proyecto secreto de ciencias, Tommy, que vestía vaqueros rasgados cortos y una camiseta sin mangas de color azul oscura los observaba, se colocó bien su anillo de plata, se acercó más a ellos y tiró al suelo a Bastian de un empujón.

¿De qué habláis bichos raros? —Tommy miró con aires de superioridad a Bastian, que tirado en el suelo, le miraba con rabia.

¿Eres imbécil? —Julian se acercó a defender a su hermano y Tommy le dio una buena hostia en la cara, se la dejó toda roja.

Esa boca, putos, me debéis el dinero de esta semana, ya es Viernes. —dijo Tommy con enfado.

¿Qué dices? Te pagamos el Lunes. —dijo Jeremy, que se puso delante de los hermanos para protegerlos, los cuales estaban a punto de llorar.

Mira, putito, me da igual cuando me pagaras, ahora quiero que me pagues de nuevo, ¿Comprendes? —Tommy sacó el chicle que masticaba y con sorna lo pegó en la cara de Jeremy, el cual se dejó hacer mientras le miraba con rabia.

Lo que Tommy no esperaba era que el director de la escuela salía del cuarto de ciencias que daba al patio de recreo.

¿Y bien? ¿Y mi dinero? —insistió Tommy.

¿Qué ocurre aquí? —el director se acercó mientras Bastian era levantado del suelo por su hermano y Jeremy se quitaba el chicle de la cara.

Tommy, que dio un salto de sorpresa, se giró y pudo ver al director con cierto asombro.

¿Otra vez molestando a los más débiles? —el director se acercó con enfado.

Porque sí, a Tommy ya lo habían expulsado dos veces por hacer bullying, pero estaba claro que esa no era la solución, al menos no la adecuada.

No director, solo..., hablábamos. —mintió Tommy.

Muy bien Tommy, esta vez no te expulsaré, mira, sé que en ciencias vas mal, y si suspendes, repetirás curso, así que el trabajo que debéis presentar la semana que viene, lo harás con ellos.

¿¡Qué!? ¡Ni loco! —gritó Tommy muy enojado.

Muy bien, pues una tercera expulsión y repites curso, tú decides, ah, y como me digan que los has molestado, serás expulsado, así que ya sabes, a trabajar con ellos.

Tommy, muy enojado, aceptó a regañadientes, los chicos habían quedado después de clase, en la misma escuela, tenían privilegios de usar el aula de ciencias por sus buenos comportamientos.

Los tres chicos trabajaban y hablaban del proyecto mientras Tommy, alejado, miraba vídeos en Internet desde su móvil, ignorándolos, se reía mientras veía vídeos graciosos.

Entonces se dio cuenta que los tres empollones hablaban ahora en susurros, eso le mosqueó, alzó la vista y se dio cuenta que los tres le miraban.

¿Qué? —Tommy les retó con la mirada—. ¿De qué murmuráis?

Tras un silencio, los chicos se miraron, los hermanos negaban con la cabeza, pero Jeremy habló.

Estamos cansados de tu actitud, siempre molestándonos, y encima ahora te hacemos el trabajo, no es justo, deberías ayudar. —sentenció Jeremy.

Tommy guardó su móvil en el bolsillo y se acercó de manera intimidatoria donde estaban sentados, miró el trabajo y leyó ''proyecto secreto''.

¿Y en qué trabajáis pequeñas ratitas?

Pues... —Jeremy miró a sus amigos, los dos negaban con la cabeza, parecían no estar de acuerdo—. Es sobre una pastilla que te hace inmune al dolor.

¿Qué dices? —Tommy miró a Jeremy poco convencido, se reía con sorna.

Sí, dura poco, 30 minutos, pero da igual la herida, no sentirás dolor ni fatiga, es muy buena para los deportes, no sientes ni si quiera cansancio. —Jeremy parecía venderle la moto.

¿Ah sí? —Tommy se acercó y vio un bote con una decena de pastillas pequeñas—. ¿Es coña no?

Claro que no, sabes perfectamente que nuestros proyectos siempre han funcionado. —sentenció Jeremy.

Los dos hermanos, Bastian y Julian permanecían callados y expectantes, Tommy les miró y ambos no aguantaron la mirada.

Dame una. —dijo Tommy.

No, cuesta mucho crearlas. —dijo Jeremy, luego miró a sus amigos aguantando la risa.

A Tommy no le gustó su actitud y sujetando a Jeremy con fuerza, lo tiró al suelo apartándolo a un lado, cogió el bote y sacó una pastilla.

No, ¡No lo hagas! —gritó Jeremy.

Tommy ignoró sus palabras y se tomó una pastilla, esperó unos segundos, todos le miraban, los hermanos estaban perplejos.

No noto nada..., ¿Cuánto tarda en hacer efecto? —preguntó Tommy.

No mucho... —Jeremy se levantó y le quitó el bote, se acercó a Tommy y le agarró el paquete.

¿Qué coño haces? —Tommy lo apartó de un empujón—. ¿Eres maricón o qué?

Jeremy se mordió el labio, puso el bote en la mesa y miró a sus amigos.

Bueno, nunca pensé que llegaría este día, pero el Director nos lo puso a huevo, ahora te toca pagar todo lo que nos hiciste. —Jeremy parecía disfrutar el momento.

¿De qué coño hablas? —Tommy estaba confuso, además parecía mareado.

Verás, lo que te has tomado..., era mentira, aunque no del todo, es experimental, la hemos probado entre nosotros y funciona, pero parece que tienes bastante resistencia, y eso me pone más. —Jeremy se acercó a Tommy y le comenzó a comer la boca, éste, sin saber porqué, se dejó.

Los dos hermanos, Bastian y Julian miraban asombrados como Jeremy estaba comiéndole la boca al popular del instituto, al chulito que los humillaba, y además, se dejaba.

Tommy sentía su cuerpo arder, además estaba muy duro, demasiado.

La pastilla te causa un frenesí sexual extremo además de someterte a cualquiera, dura poco, así que debemos darnos prisa. —dijo Jeremy—. Desnúdate, rápido.

Tommy, confundido, comenzó a desnudarse, y aunque estaba caliente, él no quería hacerlo, simplemente su cuerpo actuaba antes las ordenes del empollón, los tres chicos admiraron el cuerpo de Tommy, su polla, de unos 14 centímetros, circuncidada y con algo de vello en la base, poco, su cuerpo, lampiño y marcado, les ponía más cachondos.

Jeremy hizo arrodillar a Tommy tras denudarse él también.

Atrancad la puerta. —ordenó Jeremy a los hermanos, que lo hicieron con rapidez, los dos estaban también duros—. Y tú, chúpame la polla.

Tommy, de rodillas, sujetó la polla de Jeremy, de unos 15 centímetros muy dura, estaba circuncidado, estiró la piel hacia atrás y se la metió en la boca.

Jeremy gimió al sentir como Tommy comenzó a comérsela, le lamía el tronco y succionaba la punta, sus manos sujetaban y acariciaban el cabello del chico azabache mientras se la mamaba.

Los hermanos, calientes, se acercaron para que también se las chupase, Tommy, obediente y sumiso, se metió en la boca ahora la polla de Bastian, que estaba sin circuncidar, como su hermano Julian, ambos, aún lampiños, Bastian gemía y cerraba los ojos al sentir como Tommy se la comía.

Ufff, mira al final quien es la putita, chupa, puto, que vamos a follarte. —Jeremy estaba ido observando como Tommy se la comía a su amigo.

Tommy, que parecía no tener voluntad, continuó comiéndoles la polla a los tres chicos, Jeremy, que no pudo más, fue el primero en correrse, sujetó con fuerza la nuca de Tommy mientras se corría, éste no pudo evitarlo y se tragó toda la leche del empollón pelirrojo.

Bastian y Julian se acercaron con rapidez, no aguantaban más, los dos apuntaron a la cara de Tommy y comenzaron a disparar su leche en la cara del chulito del Instituto, el cual abrió la boca instintivamente para recibir algo de la leche de los hermanos.

Los tres se sentaron exhaustos, mientras Tommy se quedó quieto, de rodillas en el suelo, mirándoles, Jeremy miró su reloj, quedaba poco tiempo, se levantó y sujetó a Tommy del brazo.

Túmbate encima de la mesa, rápido. —ordenó Jeremy.

Tommy, sumiso, se subió a la mesa de la clase, se puso boca arriba y Jeremy se subió encima levantándole las piernas y poniéndolas sobre sus hombros.

¿Qué se siente al saber que te va a follar un empollón, eh? Y no solo yo, después mis amigos te van a reventar el culo, pídelo, pide que te follemos.

Tommy, que intentó resistirse a decirlo, sucumbió.

Quiero..., quiero que me folléis..., por favor, folladme. —dijo Tommy, que estaba totalmente sometido a la pastilla.

Dame la botella de agua. —ordenó Jeremy a Julian, el cual le pasó la botella de agua, que estaba helada.

Jeremy bebió un poco y comenzó a echarse en su polla y luego en el culo de Tommy, que al sentir el frio tembló, Jeremy sonrió y volvió a beber agua, se acercó a Tommy y se la escupió en la cara.

Así, bien limpito, putito, toca tu castigo, ¡¡¡Toma!!!

Y de una estocada, Jeremy se la clavó a Tommy, se le notaba con ganas de esta venganza, también la furia con la que se la metió, Tommy se quejó de dolor, pero a Jeremy le daba igual, pensó en todas las veces que fue humillado en público, era su momento.

Jeremy comenzó a follarse a Tommy con fuerza y rapidez, los gemidos de ambos sonaban en el aula, los hermanos se pajeaban mirando la escena, la estancia olía a sexo, sexo adolescente, Tommy cerraba los ojos y se dejaba llevar, sus gemidos de placer comenzaban a salir a flote sin poder ocultarlos.

Jeremy se acercó a Tommy mientras le follaba sin detenerse y se fundieron en un beso, Tommy sintió como su boca era inundada de saliva de su follador y no pudo evitarlo más, se comenzó a correr sin tocarse, entonces Jeremy le dio una hostia en la cara.

No te di permiso para correrte, perro. —Jeremy prosiguió follándose a Tommy, su cuerpo lo embestía con tanta fuerza que no pudo aguantar más y se corrió dentro de su abusador, Tommy sintió por dentro como era llenado de leche caliente.

Cansado y sudando, ambos terminaron agotados.

Os toca... —dijo Jeremy bajándose de la mesa, Tommy estaba agotado, no podía mas, pero no le dejarían descansar.

Bastian se adelantó a su hermano, el pequeño de cabello rubio plateado se subió encima, hizo lo mismo que Jeremy y utilizó el agua fresca de la botella para limpiar y lubricar la zona, apuntó su polla, la mas pequeña de los tres, de unos trece centímetros, la comenzó a meter hasta deslizarla dentro.

Jeremy se limpiaba y vestía mientras Bastian se follaba al chulito y popular de la escuela, lo hacía con torpeza y rapidez, se le notaba ansioso por acabar, se acercó a Tommy le lamió los labios mientras sentía como se corría dentro de él.

Ahhh, joder, esto es impresionante..., ufff. —Bastian se bajó de la mesa exhausto.

Quita, me toca, rápido. —su hermano Julian ocupó su lugar, no aguantaba más, se iba a correr, la metió dentro de Tommy y tras un minuto follándole se vino también dentro de él, la leche de los tres empollones estaba dentro de Tommy.

Los tres chicos se limpiaron y vistieron con rapidez como pudieron.

Ayudad a que se vista, rápido. —Jeremy miró la hora, estaba asustado, el efecto estaba a punto de terminar.

Tommy se vistió con dificultad, le ardía el culo, los hermanos le ayudaron.

Escucha. —Jeremy se acercó a Tommy—. Ahora volverás a casa, te ducharás y olvidarás esto, ¿Ok?

Tommy afirmó con la cabeza, le abrieron la puerta y se marchó.

Abrid la ventana, esto apesta a sexo, y limpiadlo todo. —ordenó Jeremy.

Tras limpiar cualquier prueba, terminaron el trabajo y se marcharon a sus casas, los tres tenían ahora miedo, sabían que Tommy el Lunes se vengaría.

Llegó el Lunes, los tres faltaron a clase, algo poco común, quedaron después de clase en el aula de ciencias, debían entregar el trabajo.

Escuchad, el Viernes pasó algo raro, la pastilla dura 30 minutos, ¿No? —dijo Jeremy.

Sí... —asintieron ambos hermanos.

Pues, o estábamos confundidos o Tommy era más débil de lo que creíamos, porque estuvimos 40 minutos...

Los hermanos no se lo creían, pero sí, estuvieron 40 minutos, ¿Cómo es posible?

La puerta del aula sonó, sería el director, Jeremy abrió la puerta y Tommy de un empujón le tiró al suelo.

Los dos hermanos se alejaron asustados, Jeremy, acojonado, ni se levantó del suelo, se temía lo peor.

Escucha, todo tiene una explicación... —Jeremy parecía desesperado.

Tommy cerró la puerta y lanzó la mochila lejos con enojo.

Hijos de puta, ¡¡Ahora me la vais a pagar!! —Tommy se acercó a Jeremy, lo sujetó del cuello de la camiseta y lo levantó con fuerza—. ¿Os quedan más pastillas de esas?

¿Continuará...?

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Creado, revisado, editado y mejorado (2018) por @TeenBoy