Capítulo 7 ''El fin justifica los medios''
Tomi mira a su reflejo en el cristal de la ventana y por un segundo, no se reconoce.
Su cara parece estirada, sus ojos, más hundidos, hay una sombra sobre su hombro que no estaba ahí antes, una presencia, algo que sonríe con dientes invisibles.
—No puedo, el Detective sospecha de mí... —murmura, con una calma nueva, desconocida.
Se gira hacia el muñeco.
—Pues, iremos a por el Detective, quitémosle lo que más quiere... —susurra Shou.
—Lo que más quiere...
Silencio.
Tomi coge un destornillador que no sabe por qué está ahí, lo aprieta y se mira al espejo, Shou, a su lado, sonríe.
—Lo que más quiere..., su hijo.
Es de noche, desde su cama, Tomi observa el techo agrietado, ha dejado de intentar dormir, las voces no se callan, son cuchicheos intermitentes, como gotas que caen dentro de su cráneo, algunas vienen de lejos, otras, las más claras, vienen de dentro.
—Estás cansado, ¿verdad? —dice la voz de Shou desde el rincón.
El muñeco está sentado sobre la repisa de la ventana, nadie lo ha puesto ahí.
—Estás harto de sentir que respiras con una piedra en el pecho, de que la gente viva su vida como si nada hubiese pasado, pero ya han pasado varios días, y aquí estás, sin actuar.
Tomi no responde.
—Yo puedo silenciarlo todo. —promete Shou—. Las voces, las pesadillas, la culpa, pero tienes que terminar lo que empezaste.
Tomi cierra los ojos.
—No voy a matar al hijo del Detective, no soy como tú, no soy un asesino.
Shou no parpadea, no necesita hacerlo.
—Claro, ahora he sido yo, soy un muñeco Tomi, un puto muñeco inerte, no me muevo, no tengo vida, todos los asesinatos han sido tuyos, todos.
Tomi le ignora.
—Vale, hagamos un trato, si lo cumples desapareceré de tu vida.
Tomi escucha atentamente, pero con los ojos cerrados, haciendo como si le ignorase.
—Debes terminar lo que empezamos, Kike, Irene, Sandra, los tres te han destrozado la vida, los tres rieron, se burlaron, te humillaron, y los tres siguen vivos, como si no fuesen culpables, como si tú no importaras.
Las palabras se arrastran por su mente como lombrices mojadas, Tomi se incorpora en la cama y sienta, se mira las manos, siente que ya no le pertenecen.
—Yo no puedo... —empieza a temblar.
—¿Acaso no recuerdas la mirada de Simón antes de morir? ¿El momento en que decidiste seguirle corriendo, gritando su nombre, sabiendo que podría acabar mal?
Tomi aprieta los dientes.
Shou se inclina apenas, su sonrisa parece más ancha esta noche.
—Fue culpa de ellos, piénsalo, si no te hubieran destrozado la vida, nunca me habrías encontrado, ¿no? Por tanto, Simón jamás te habría visto discutir con un muñeco.
Tomi asiente, sabe que Shou tiene razón.
—Además, escuchaste a tu madre esta tarde, el Detective Miller quiere volver a interrogarte, quizás encontró algo con lo que inculparte, vas a acabar en un centro de menores asesinos, allí serás una princesa.
—¡CÁLLATE!
Tomi se tumba y se tapa los oídos, y así, logra por fin coger el sueño, ante el silencio de Shou.
A la mañana siguiente, justo cuando Tomi va a salir a clase, el Detective lo espera en la entrada de su casa.
—Hola, Tomás, ¿Podemos hablar?
Ambos entran en casa y toman asiento, Tomi deja la mochila a un lado con enfado.
—Tenemos nuevas declaraciones, testigos que vieron a Simón y a ti discutiendo la noche del accidente. —dice, mientras la madre de Tomi le sirve café con manos temblorosas.
Tomi está sentado al borde del sofá, la vista fija en una mota de polvo flotando.
—Fue una discusión normal, nada más. —responde fríamente.
Miller se inclina hacia él.
—¿Sabes qué es lo que más me molesta, Tomás? —dice, en tono bajo—. Que cada vez que muere alguien cerca de ti, pareces... intacto, ni una lágrima, ni un temblor, ni un ''por qué''.
Tomi alza la vista, sus ojos están vacíos.
—¿Y qué esperas que haga? ¿Que me ponga a llorar delante de todos para que crean que soy inocente?
Miller no responde, solo lo observa, sus ojos, oscuros y agrietados, revelan algo más profundo, una preocupación auténtica, pero no por el caso, por él.
El detective se queda callado, luego se levanta.
—No estoy aquí para juzgarte, solo para entenderte.
—Detective, ¿Por qué vino? Esa declaración es absurda, como ya dije, si estuve con Simón y él no vio el coche, yo no hice nada, piensa realmente, ¿que lo maté?
El Detective resopla y deja el café a un lado.
—¿Lo hiciste?
—No, yo no he matado a nadie, no hice nunca nada malo, y por intentar ser buena persona siempre soy el que me llevo los palos, así que si me disculpa tengo que ir a clase.
Tomi se levanta ante la mirada del Detective y de la madre, se cuelga la mochila en la espalda y ve marcha.
—Va a por ti. —dice Shou.
—Lo sé.
—El hijo —le recuerda Shou, si lastimas lo que más le importa, se irá, abandonará el caso, no querrá volver a mirar en tu dirección.
—¿Y si no es como los demás? ¿Y si su hijo no me ha hecho nada?
Silencio.
—¿Y acaso Borja te golpeó directamente todos los días? ¿O Irene? ¿O Sandra? No siempre se necesita el puño para destruir a alguien, a veces basta con mirar hacia otro lado, reír en el momento equivocado.
Tomi se levanta y mira la ciudad desde la ventana.
Shou lo observa.
—La fiesta de Diana. —dice Shou—. Este fin de semana, la casa de Diana, todos van a estar allí, también el hijo del detective.
—¿Cómo sabes eso? Espera, ¿y cómo sabes quién es su hijo? —pregunta Tomi nervioso.
—Lo sé, tengo mis métodos. —Shou saca una foto de su chaqueta y la lanza a la cama—. Ese es el chico del Detective, elimina a su hijo y tendremos vía libre.
La decisión ya está tomada.
La casa está llena de luces cálidas y música electrónica que golpea el pecho como una taquicardia colectiva, adolescentes disfrazados, beben, gritan, se empujan, se besan, nadie mira a nadie, todos quieren ser vistos, pero solo de forma superficial.
Tomi entra por la puerta lateral, va de negro con una sudadera con capucha, la capucha baja le cubren el rostro, nadie lo reconoce, nadie lo saluda.
El hijo de Miller está en la cocina, se llama Louis, es un chico delgado, blanco y con un cabello ondulado a media melena, ríe con dos chicas que no conoce realmente.
Tomi lo observa desde la escalera, el corazón le late con fuerza, tiene miedo, dudas, no quiere hacerle daño, ese chico nunca se metió con él.
—Debo saber antes si es mala persona, no actuaré si es buena persona, no lo haré... —se decía Tomi a sí mismo en voz baja.
Louis se separa del grupo y sube al piso de arriba, la puerta del baño está al fondo, Tomi lo sigue, nadie repara en él, todos están demasiado ocupados mostrando sonrisas falsas.
Cuando Louis entra al baño, Tomi cruza el pasillo como una sombra, y espera.
Minutos después, la puerta se abre y no tiene tiempo de gritar, unas manos le sujetan por los tobillos y este cae hacia las escaleras, el cuerpo de Louis rueda, golpea y rebota hasta llegar al final, donde se detiene su cuerpo, inerte.
Todos comienzan a gritar y se acercan con velocidad para socorrerlo, Tomi ya está fuera, corre entre árboles y salta una valla, se esconde detrás de un contenedor.
Respira, las manos le tiemblan, no sabe si Louis está muerto, no sabe si él lo deseaba.
Solo sabe que él no fue, estaba esperando a que saliera y vio a Shou sujetar sus tobillos, era la primera vez que veía al muñeco actuar, ahora estaba seguro, no estaba loco, todo lo hizo Shou.
Horas más tarde, ya en casa, se arrastra hasta su cama, su cuerpo parece de piedra, su pecho arde.
Shou está en la esquina, donde siempre, su sonrisa ha mutado.
Ya no es una mueca torcida.
Es una sonrisa de victoria.
—Te vi, hijo de puta...
—¿Y qué? Sé que tú no ibas a atreverte a hacerlo.
Tomi no responde, cierra los ojos, pero el silencio no lo consuela, y entonces comprende algo aterrador.
No se siente culpable por lo que Shou hizo, y eso... eso sí lo asusta.
(Continuará...)
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Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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