Capítulo 5 - Bucky
Sam nos tenía metidos bajo tierra en un cuarto con una sola ventana pequeña protegida por barrotes de hierro, tras llevarme con él, me regresó..., ¡¡Dos días después!! Pero no recuerdo nada, esta todo borroso, recuerdo algo y cada vez que pienso en ello un fuerte dolor y desasosiego aprisiona mi pecho, logré huir y tropezarme, abriéndome la cabeza, aunque eso me salvó de lo que creo que iba a hacerme...
Tras comer y pensar en cómo salir de ese infierno..., apareció algo que reconocí enseguida.
—¡Fuiiiiit Fiuuuuuuuuu! —un silbido proveniente de la ventana llamó la atención de Nico y la mía, miramos hacia arriba y vimos al chico luciérnaga, que nos miraba.
—¡Al fin te encuentro! ¡Hola chico mojado!
El chico hada bajó volando hasta nosotros, que mirábamos con sorpresa sin reaccionar, el chico hada, al que ahora podía ver mejor, iba solo vestido con unas ramas que tapaban su intimidad, el resto de su piel estaba impregnado de un color dorado brillante, sus alas, alargadas y puntiagudas, eran de un verde transparente, por último, el chico hada tenía el cabello de color rubio dorado ondulado y los ojos verdes oscuros.
—¿Qué os pasa? —preguntó el chico hada.
—¿Eres real? —Nico le miraba sorprendido.
—Pues claro, me llamo Bucky, soy un chico hada, ¡Vengo del Reino de las Sombras! —el chico hada, Bucky desde ahora, se acercó a mí volando y me observó—. ¡Gracias por liberarme!
—No, no hay de qué... —dije desconcertado, le estaba hablando a un niño hada, nada tenía sentido.
—¿Os conocéis? —preguntó Nico con gran interés, aún no se creía lo que veía.
—Sí, el niño mojado me salvó de la trampa. —dijo Bucky.
—¿Trampa? —pregunté.
—Sí, el hombre que te trajo aquí me persigue desde hace tiempo.
—¿Por qué? —preguntó Nico.
—¡Por mi polvo de hada! —afirmó con orgullo colocando sus puños en la cintura.
—¿Polvo de hada? —Nico se acercó a Bucky, pero este con temor se acercó a mi protegiéndose de ella.
—Sí, el polvo libera tu potencial, te concede un don y el poder viajar al Reino de las Sombras, ese hombre, me lo quiere robar, por eso pone trampas, para cazarme, es muy malo.
—¿Y por qué no huyes? —pregunté sin entender porque seguía rondando el bosque.
—Porque tiene mis polvos, me los robó. —afirmó con enojo.
—¿Pero no dices que te busca por los polvos? —mientras Nico le preguntaba, se acercaba a él con curiosidad, pero el chico hada, Bucky, se escondía con temor.
—Sí, pero me necesita para que los use en él, los polvos solo sirven si un hada verdadero es el que los utiliza. —afirmó con una sonrisa pícara—. El caso es que no puedo volver al Reino de las Sombras sin ellos.
—Es verdad, ya comentaste ese sitio antes, ¿Qué es el Reino de las Sombras? —conforme le preguntaba al chico hada, Nico se alejó de él y se sentó en su cama.
—¿El Reino de las Sombras? Es un lugar perdido donde solo puedes llegar si recibes los polvos, digamos que es lo que separa el mundo real del fantasioso, allí todo es genial. —dijo Bucky.
—¿Podríamos ir? —preguntó Nico con tristeza en sus ojos—. Odio este lugar, me quiero ir, pero...
—Pero ¿Qué? —preguntó Bucky.
—No podemos salir, estamos encerrados. —dije con decepción.
—Yo puedo liberaros. —Bucky se puso en mi cara y me miró—. Ayúdame a recuperar los polvos y te saco de aquí.
—Pero yo no sé dónde están... —contesté.
—Yo sí. —dijo Bucky
—¿Y por qué no vas tú? —intervino Nico.
—Porque están metidos en un bote de cristal transparente que no puedo abrir, como ves, soy muy pequeño y él lo sabe, pero tú... —me señaló con su dedo índice—. Tú si los puedes recuperar, hazlo y te saco de aquí, podrías venir conmigo, al Reino de las Sombras.
—Nico también viene. —dije.
Bucky miró a Nico, le observó un momento y afirmó con cierto descontento.
—Vale, pero recupera mis polvos, chico mojado.
—No me llames así. —dije con enfado.
—¿Y cómo te llamo? —preguntó Bucky.
Justo en ese momento escuchamos la puerta comenzar a abrirse, era Sam, Bucky, con velocidad, salió volando por la ventana.
—¿Qué hacemos? —preguntó Nico con temor.
—Iré yo, buscaré los polvos y te sacaré de aquí.
—Prometiste no dejarme solo. —dijo Nico con miedo.
—Y no lo haré. —afirmé.
—Pero si te descubre... —Nico estaba tembloroso.
Sam comenzó a bajar las escaleras y nos vio sentados en la cama, me miró y sonrió, mi mirada hacia él era de odio.
—¿Qué cuchicheabais? —preguntó Sam, que se acercó a la bandeja de comida que me dejó antes y la cogió—. ¿Dormiste bien, mi Panecito? —dijo dirigiéndose a mí.
Alargó su mano para tocar mi mejilla, pero me aparté con asco, Sam sonrió ante mi reacción.
—Bueno, enseguida vuelvo a por ti, Nico, no tardo. —y dicho esto le guiñó un ojo.
Sam subió las escaleras cerrando la puerta.
—¿Qué hacemos? Me va a llevar a mí... —Nico sonaba desesperado.
—Tranquilo, haré que me lleve a mí. —dije.
—Pero ¿Cómo? Además, no estás en condiciones... —dijo señalando mi cabeza.
—Déjamelo a mí, yo me encargo, tú no digas nada.
Esperamos unos minutos, el silencio, el temor, el miedo, la incertidumbre, todo inundaba nuestros pensamientos, era un momento crítico, miré por la ventana, ya empezaba a anochecer, y Bucky no estaba.
Mi plan era convencer a Sam de que me llevase a mí, pero ¿Y después? Lo bueno es que ahora estaría más consciente, debería inventar alguna argucia para que me dejase solo, aunque fuese un momento, localizar el bote de cristal y recuperar los polvos.
El sonido metálico de la puerta me devolvió a la realidad, Sam comenzó a bajar y nos observó sonriente.
—Bueno, vente, Nico, hora de jugar. —dijo Sam.
—No. —interrumpí.
—¿Cómo dices? —Sam, con cara de pocos amigos se acercó intimidatoriamente.
—Llévame a mí... —dije con temor.
—No, me llevo a Nico. —dijo tajante, convencerlo sería difícil—. Además de tu herida, no te di la pastilla, y ya intentaste huir el otro día.
Me levanté y caminé hacia él, que me miraba expectante, me acerqué hasta estar a su lado, y le empecé a susurrar.
—¿Estás seguro? Pensé que te gustaba estrenar cosas... —dije con un tono de vergüenza y temor, a la vez que, de asco, pero eso no se lo hice saber.
Sam, con su mano en mi mentón me levantó la cabeza y me miró a los ojos.
—¿Crees que soy idiota? ¿Crees que no sé qué lo haces para que Nico no venga conmigo?
—No..., yo...
—Pero no importa. —me cortó—. Si lo que quieres es venir, pues vendrás. —dijo ante mi sorpresa y la de Nico—. Ahora, intenta huir de nuevo, y esta vez no lo contarás, ¿Comprendes?
Me sujetó de la muñeca con fuerza y se acercó a mi oído.
—Y si haces alguna estupidez, Nico lo pasará tan mal, que pedirá morir.
Su amenaza me heló la sangre, Sam, tras esas palabras y sin dejar de sujetarme me arrastró con él fuera del cuarto, pude ver a Nico, sus ojos, temerosos, no apartaban su mirada de mí.
Me sacó fuera y me soltó, comenzó a cerrar con la llave que llevaba el candado de la puerta, aproveché para mirar el salón, escudriñaba cada rincón en busca de los polvos, pero no estaban.
—Vamos. —dijo.
Sam me arrastró por el pasillo, entonces vi el ciervo que me habló el otro día, era un busto sin vida, disecado, mientras me guiaba a la fuerza no dejaba de mirar por todos lados.
Hasta llegar a lo que parecía su cuarto, abrió la puerta y pude ver una cama de matrimonio, a los lados un mueble con espejo y un gran armario de roble.
—Pasa, Panecito. —dijo Sam con voz lujuriosa.
Con cierto temor entré y Sam cerró la puerta tras de sí, me observaba y se relamía los labios mientras me miraba, como si de un manjar se tratase mi cuerpo.
—Vamos, quítate la ropa, ¡Esta vez no te me escapas! —dijo cínicamente.
Entonces se escuchó un golpe en la ventana, miramos y vimos a Bucky, revoloteaba en la ventana, fuera de la casa, Sam, que lo vio, cambió de actitud.
—No te muevas de aquí, ¿Me oyes? O Nico lo pagará. —amenazó Sam, mientras abría la puerta y la cerró tras de sí.
Bucky me miró y me señaló con su mano hacia el bote de cristal, yo, le afirmé con la cabeza y me incorporé buscando, busqué algo para poder llegar hasta el bote, entonces vi un pequeño taburete cerca de la mesita, encima del taburete había una caja de madera.
Con rapidez empujé tirando la caja al suelo, sujeté el taburete, que apenas pesaba y me subí en la cama, puse el taburete en el borde y me subí con dificultad, estiré mis manos, pero no llegaba, Bucky, desesperado, me indicaba que lo cogiese cuanto antes.
Sam llegó donde Bucky e intentó atraparlo con una red de cazar bichos, Bucky lo esquivó con habilidad y huyó, Sam fue tras él.
Respiré profundamente y de un salto me agarré al estante, con fuerza mantuve mi pecho en el estante y con mi mano derribé el bote de cristal, pesaba mucho, tenía encima una piedra enorme, logré moverlo hasta que cayó al suelo, escuché el sonido de éste rompiéndose en pedazos, me solté y caí donde los cristales, sentí como mi piel era rasgada por varios trozos, mientras me clavaba otros pocos, sobre todo en mis piernas.
Con bastante dolor y quejidos alargué mi mano y cogí una bolsita pequeña, del tamaño de dos granos de arroz, lo que parecía que eran los polvos del niño hada, lo guardé en el bolsillo de mi pantalón y me acerqué a la puerta con dificultad, mi sangre manchaba el suelo.
Intenté abrirla, pero era inútil, estaba cerrada, miré por la ventana, pero tenía rejas, estaba atrapado, entonces escuché los pasos de Sam, se acercaba, miré angustiado por la habitación y en un intento desesperado cogí el taburete de madera y me escondí detrás de la puerta.
Sam abrió y entró buscándome, al ver la sangre se hincó a mirarla y entonces sujeté con todas mis fuerzas el taburete y lo estampé en su nuca, cayendo al suelo con quejidos de dolor, aun consciente.
—¡¡Toma hijo de puta!! —mi grito era liberador, miré y vi las llaves en su cintura, sujetas al pantalón, con mis manos las cogí, pero Sam me sujetó con fuerza rasgando mi camiseta, me liberé y cerré la puerta.
Corrí al cuarto dónde nos tenía atrapados y comencé a buscar la llave, cuando cerró la puerta antes me fijé que era una plateada con el borde oscuro, la localicé entre las que había en el llavero de hierro, la sujeté con fuerza y abrí el candado, lo dejé caer al suelo y en ese momento sentí un fuerte pinchazo en mi costado.
—Te dije que a Nico le iría mal. —la voz de Sam, detrás de mí, me alertó, me di la vuelta y retorció la navaja que me había clavado en mi costado—. No sirves tampoco, una pena, prometías...
Sam me miraba con ojos de loco, la sangre de su cabeza manchaba parte de su cara izquierda, me miraba con un deseo atroz de matarme. Retorció la navaja dentro de mi carne y no pude evitar soltar un grito de dolor.
—¡¡¡Agggg para, para!!! —mis gritos le sacaban una sonrisa cínica, disfrutaba haciéndome daño y eso me aterraba aún más.
Sam me sacó la navaja y con una fuerte patada me estrelló contra la puerta, abriéndose por el impacto de mi cuerpo, se acercó a mí lamiendo la sangre de la navaja y con otra patada caí rodando por las escaleras.
Nico, alertado, se quedó mirando, pude ver su rostro de miedo y terror, comenzó a llorar.
—¡No! ¡Por favor! —gritó Nico acercándose a mí, pero Sam entró y se puso en medio.
—Él se lo buscó, Nico, no sirve, ahora ven conmigo.
Sam sujetó a Nico y lo arrastró con él, con mi mano sujeté el pantalón de Nico intentando retenerlo, Sam se acercó y me propinó una patada en la cara..., me dejó casi desmayado, todo me daba vueltas.
—¡¡Chico mojado!! —la voz de Bucky me alertó, entreabriendo los ojos pude verlo revoloteando en mi cara—. ¡¡Estás vivo!!, creí que palmabas.
—Nico..., ¿Dónde está Nico? —pregunté con dificultad, me llevé la mano al costado y notaba mi herida en muy mal estado, además la cabeza me dolía mucho, la herida se me abrió.
—Se lo acaba de llevar, ¿Tienes mis polvos?
—Sí... —mascullé con dolor.
—Genial, pues vamos, ¡Debemos irnos! —dijo Bucky con preocupación.
Me levanté tambaleándome y me puse de pie respirando con dificultad, miré a mi alrededor, la sangre..., me moría, lo notaba, pero no podía dejar que Nico se quedase aquí, debía salvarlo, subí las escaleras mientras me tapaba la herida de la navaja con mi mano izquierda, que, aunque era pequeña, al ser profunda, dolía demasiado, pero no podía dejar a Nico solo, no podía.
Con mi mano empujé la puerta, pero no se abría, impotente comencé de nuevo a llorar, no podía hacer nada, y la simple idea de lo que le estaría haciendo a Nico me daba una repulsión e impotencia infinita, entonces Bucky entró dentro del cerrojo y el candado cayó al suelo.
—¡Vamos!, ¡Debemos irnos! —dijo Bucky.
—No, sin Nico no. —mascullé.
—Pero está con él, no podemos hacer nada. —tras las palabras de Bucky lo miré desafiante, éste bajó la mirada con sumisión, sabía que no me convencería.
Caminé por el salón y entonces lo vi apoyado en la pared..., su rifle, sí, era su rifle, me acerqué y lo sujeté con fuerza, caminé hasta su cuarto y abrí la puerta con una patada.
—Suéltalo, ¡¡Ya!! —grité.
Sam se giró y me vio en la puerta, le apuntaba con su rifle.
—¿Qué coño haces? —dijo enfadado mientras se incorporaba, Nico se alejó, estaban forcejeando, llegué a tiempo.
Sam, ahora con la cabeza vendada me miraba con furia.
—Nico, coge las llaves y ven conmigo, ahora. —dije autoritario.
Nico, temeroso, se bajó de la cama cogiendo las llaves que estaba en la mesa y se acercó a mí.
—Te arrepentirás de esto. —amenazó Sam.
Comenzamos a dar pasos hacia atrás ante su mirada, sin dejar de apuntarle con el rifle, el cual me costaba cada vez más mantener en firme.
—Cierra con llave la puerta, rápido. —ordené a Nico, el cual cerró con la llave el candado, solté el rifle con cansancio y llevé mi mano a mi costado.
—¡Estás sangrando mucho! —dijo Nico, que se acercó a mí con preocupación.
—Debemos irnos, vamos. —dije.
En ese instante comenzó Sam a aporrear la puerta con fuerza, aunque fuese de madera buena, no aguantaría mucho.
—¡Rápido, debemos irnos! —repetí, y con ayuda de Nico me incorporé del todo y salimos corriendo, ya era de noche.
Miramos atrás, los golpes no cesaban, suspiré y corrí con Nico hacia el bosque, donde apareció Bucky y nos guio por dentro huyendo de esa infernal casa.
(Continuará...)
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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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