martes, 11 de marzo de 2025

El susurro del muñeco - Capítulo 5 ''Vínculos rotos''

Capítulo 5 - ''Vínculos rotos''



Se acerca Halloween, el día favorito de Tomi, puede disfrazarse y nadie le reconocerá, sí, irá solo por las calles pidiendo caramelos y hasta unirse a algún grupo siempre que no sepan que es él.

El cielo está más limpio de lo habitual, como si alguien hubiera abierto una rendija en las nubes para dejar pasar algo... distinto.

Tomi dibuja en su libreta imágenes grotescas negras mientras la profesora de matemáticas da clase, la puerta se abre y el directo hace pasar a un chico nuevo, Tomi alza la vista y lo observa, de su misma estatura, delgado, rubio y con unos ojos verdes claros, sonríe nervioso y Tomi puede ver que tiene dos colmillos caninos.

La profesora lo presenta como Simón, un chico que viene desde California, le anima pillar un asiento, Tomi pasa de todo y sigue ensimismado con sus dibujos.

Simón camina solo hasta su pupitre nuevo.

Soy Simón. —dice sonriendo y le ofrece su mano.

Sí, se ha sentado a su lado, en la fila del fondo, se escuchan cuchicheos.

Tomi tarda un segundo en reaccionar, nadie le habla así, así de normal, así de humano, la piel de Simón está caliente, firme.

El contacto es breve pero real.

Yo soy Tomi... —responde, apenas audible.

Simón sonríe y ahí pasa algo, no es la típica sonrisa de burla, de lástima, de piedad disfrazada.

Es una sonrisa sincera.

Tomi se siente... bien.

Y por primera vez en mucho tiempo, siente algo distinto a la rabia o al miedo.

Siente calma.

Llega la hora del recreo y Tomi, como siempre, con su bocadillo en la mano, va hacia atrás de la escuela, donde nadie lo vea, donde no le jodan

Se apoya en la valla pequeña que da al campo de fútbol que tiene el Instituto, donde a veces se juegan los torneos entre escuelas.

Hola.

Tomi se gira y ve a Simón.

Hol... hola... —dice nervioso.

Este sitio está genial, es..., silencioso. —Simón se pone a su lado y saca una chocolatina, se la ofrece.

Tomi la coge y se lo agradece, ambos comen en silencio, es Simón el que lleva la conversación.

Hablan poco al principio, pero lo hacen, de películas, de libros, de música y de videojuegos.

Tomi descubre que Simón también ha tenido una infancia dura, padres divorciados, cambio de escuelas y soledad constante, ya que hacer amigos es difícil cuando cambias cada año de escuela.

Ese día es el primero en el que Tomi siente felicidad en la escuela, un sentimiento que hacía años no sentía, algo se enciende dentro de él, algo cálido, algo humano.

Tomi llega a casa, coloca su mochila en el escritorio y hace los deberes, feliz, está en ello cuando detrás de él está Shou.

Ya no estás solo —susurra Shou desde la oscuridad—. ¿Y ahora qué? ¿Vas a olvidarme?

Tomi se gira, el muñeco sigue inmóvil, mirándole, de pie.

Pero siente el veneno de las palabras en su interior, como si Shou hubiera hablado de verdad.

No necesito olvidarte —responde Tomi en voz baja—. Solo necesito... seguir.

No me gusta para ti, te hará daño, como todos. —dice Shou.

No lo sabes.

Lo sé, siempre es así.

¡No! —Tomi coloca a Shou de espaldas en la librería de su cuarto, no quiere que lo mire, no quiere que vea cómo sonríe pensando en Simón, su nuevo amigo, uno real.

Al día siguiente Tomi llega al Instituto y cuando va a sacar los libros de la materia encuentra a Shou dentro de su mochila, juraría haberlo dejado en casa.

Ve a Simón acercarse, se pone nervioso, se gira y mira donde dejarlo, sale corriendo de clase y busca donde guardarlo, o tirarlo..., lo arroja al cubo de basura detrás del gimnasio.

Está temblando, el resto del día lo pasa regular, a pesar de que ahora tiene un amigo.

Las clases finalizan y vuelve a casa, se encierra, respira hondo y pega un grito al ver al muñeco.

Shou está sentado sobre la almohada, esperándolo.

Como has...

¿Me has tirado a la basura? —Shou le observa esperando que la respuesta sea negativa, esperando la excusa para perdonarle.

No..., es que..., me puse nervioso, no sabía qué hacer...

Shou no dice nada.

¿No dices nada? —Tomi está cada vez más nervioso.

Si lo vuelves a hacer, lo perderás todo, sería una pena que Simón sufra...

¡¡No!! Perdón, no lo volveré a hacer, por favor, ¡¡no le hagas daño!!

¿Ves lo que pasa cuando me ignoras? —susurra—. No puedes escapar de mí, no puedes traicionarme, yo estuve aquí cuando nadie más lo hizo y estaré contigo hasta el final.

Tomi se tapa los oídos, pero no sirve de nada, las palabras de Shou taladran su cerebro.

Pasa el fin de semana y Simón le invita a su casa para jugar videojuegos, la madre de Simón es muy amable, le invitan a dormir en casa, y acepta.

Pasa el mejor fin de semana de su vida, feliz, por un momento está cuerdo, por un momento es feliz, Tomi siente que puede ser feliz.

Lo pasa genial con Simón, juegan videojuegos, ven Harry Potter, incluso hablan de chicas, y Tomi le cuenta lo de Sandra, Simón le ayuda a superarlo diciéndole que hay chicas mejores y alguna será su novia algún día.

Es lunes, por la mañana, Tomi llega a clase y ve a Simón, está siendo increpado por Borja.

Lo empuja cuando pasa, le llama "el amigo del rarito" con la naturalidad de quien nunca ha tenido consecuencias, la clase ríe, como siempre.

Tomi lo observa, pero esta vez la rabia no es por él, es por su amigo Simón.

Simón no se defiende, solo baja la mirada, pero sus ojos tiemblan.

Tomi aprieta el lápiz hasta que se parte, Borja se gira hacia él, sonriente.

¿Qué pasa, ¿Tomás? ¿Ahora proteges a tu novio?

La clase estalla de risas, Sandra entre ellas.

Tomi se levanta, no dice nada, Borja lo empuja de nuevo, le susurra algo al oído.

A ese también lo vamos a romper.

Y en ese instante, algo se parte dentro de Tomi, como cuando una presa pierde su fuerza y el poder del agua la atraviesa.

Esa noche, Tomi no duerme, mira a Shou y lo coge de la librería, lo sienta en la cama y le mira.

Sabía que me pedirías ayuda, pero no lo haré, es tu castigo, vete con tu Simón.

¿No me vas a ayudar? —pregunta, frente a Shou.

El muñeco no responde.

Le van a hacer daño, por mi culpa, no me lo perdonaré...

Shou mira la mano de Tomi, este sostiene un tenedor, no sabe como ha llegado hasta ahí, ¿cuándo lo ha cogido? No se acuerda...

¿Yo? No..., yo no puedo, no lo haré...

A la mañana siguiente, el instituto amanece con la misma tensión de siempre, pero hay algo raro en el ambiente, en la sala de profesores se murmura, hay caras preocupadas, la policía aparece antes del primer recreo.

Borja no ha venido, ni ha llegado a casa la noche anterior.

Su móvil fue hallado en una obra abandonada cerca del parque, lleno de sangre, sin huellas.

Nadie dice nada, pero todos miran a Tomi de reojo, él no pestañea, no sonríe, tampoco llora.

Solo baja la vista, Simón se sienta junto a él, como siempre.

¿Estás bien?

Tomi tarda en responder.

¿Tú crees que uno puede hacer cosas y no saber qué las hizo? —pregunta Tomi nervioso.

Simón lo mira, confundido.

¿Qué quieres decir?

Tomi lo observa a los ojos y entonces nota su reflejo en la ventana del aula, en sus propias pupilas hay algo extraño, algo que no estaba ahí antes, una sombra, una grieta.

A veces sueño con cosas, cosas malas, siento que hago cosas malas a otros..., daños irreparables y cuando despierto, no sé si fueron sueños.

Simón quiere decir algo, pero no alcanza, su expresión es de duda, de miedo contenido, se aleja un poco.

Y Tomi lo siente, lo siente alejarse.

Esa misma noche se tumba en la cama y gimotea de impotencia.

Te dije que te haría daño, lo que me cuentas a mí no puedes contárselo a nadie, ¿sabes? Se alejarán de ti, castígalo.

Tomi mira con rabia a Shou, es como una presencia, un pensamiento, un parásito, una parte de él.

Tomi se encoge en posición fetal y por primera vez, no sabe si quiere gritar o abrazarlo dándole la razón.

Ya no hay vuelta atrás, ya no eres el niño invisible, eres la sombra que todos temen, y yo... soy tu poder oculto.

Tomi llora, ríe, se golpea, llora de nuevo, ríe, todo al mismo tiempo.

Está volviéndose loco.

(Continuará...)

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Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794938 

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