Capítulo 9 - Ratas
Y, efectivamente, no pude más, mis piernas me fallaron y caí al suelo, sin conocimiento.
Tres chicos, uno de color y dos blancos jugaban al póker en el suelo, parecían divertirse.
—No sabéis jugar al póker, tío, así no es... —una voz muy infantil me hizo abrir los ojos.
—Sí es así, lo que pasa es que no te gusta perder...
—¡Claro qué no!
—Eh, el nuevo se despertó, Abie. —dijo Sven, que era uno de los chicos que estaban en el cuarto sentado en el suelo jugando con otros dos chicos más pequeños.
Yo estaba tumbado en la cama, un poco alterado, me quise incorporar, pero realmente me sentía mal, Abie entró en la habitación y caminó hasta mí.
—Cálmate. —dijo ella, que posó su mano en mi pecho y me hizo de nuevo tumbar—. Chicos, salid fuera.
Los tres chicos, entre refunfuños, salieron de la habitación y cerraron la puerta.
Abie acercó una silla y se sentó al lado de mi cama.
—Te debo una disculpa, no fui cortés contigo, pero hoy fue un duro día porque mi marido tuvo que salir a hacer unos recados y me quedé al cargo de todo, y es muy duro...
Abie hizo una pausa y miró por la ventana, empezaba a anochecer, algunos chicos jugaban en un gran patio a la pelota, comba, risas, bromas...
—Me llamo Abie, soy la dueña de este orfanato, junto a mi marido lo fundamos hace muchos años, antiguamente era un orfanato, pero quedó en muy mal estado y abandonado, nosotros lo reconstruimos, aquí... —se levantó y bajó un poco la persiana, encendió un farolillo y se iluminó la habitación—. Aquí suelen venir niños huérfanos, los alimentamos, les damos una cama, un hogar, e intentamos que vayan a la escuela.
Yo me mantenía en silencio, tampoco sabía que decir.
—Pan, ¿Quieres irte? Adelante, aquí nadie está en contra de su voluntad, pero, una de nuestras reglas es que al menos te quedes tres días, después, eres libre de decidir quedarte o marcharte.
Se acercó a mí y sujetó mi mano, la aparté instintivamente y suspiró.
—Por aquí pasaron muchos niños por desgracia, algunos sin hogar, otros decidieron abandonarlo porque les hacían sufrir..., el caso es que noto cuando un chico ha sufrido mucho, y tus ojos, Pan, tus ojos denotan sufrimiento.
La mujer sacó de su bolsillo una chocolatina pequeña, estaba envuelta.
—Mira, sé que tendrás hambre y seguramente no te fíes de nosotros. —dicho esto me puso la chocolatina en la mano—. Toma, que no te la vean ¿Eh?
—Gracias... —mascullé.
—No tienes por qué darlas, aunque, si necesitas hablar, yo sé escuchar e intentaré ayudarte, ¿Vale? —Abie se acercó y me dio un abrazo, instintivamente quise alejarme, pero esa mujer tenía un don, te hacía sentir seguro a su lado, sentí alivio y la abracé muy fuerte, no pude evitar sentir ganas de llorar, así que sí, lloré...
No sé cuánto tiempo estuve abrazado a ella, pero cuando dejé de llorar, sentí un alivio muy grande, como si me hubiese quitado un peso de encima.
Tras esto, me informó que el orfanato estaba formado por dos alas, uno para chicas y otro para chicos, que estaba prohibido saltar la verga para ver a las chicas, también estaba prohibido bajar a la última planta y al sótano, porque estaban en muy mal estado.
Mi cuarto sería el que daba al final del pasillo, de la segunda planta, había dos plantas llenas de chicos en cada ala, una para chicas y otra para chicos, separada, lógicamente.
Cada cuarto estaba conformado por dos camas, un armario y un escritorio, cada habitación tenía una gran e inmensa ventana, me comí la chocolatina y me tumbé a descansar, realmente había tenido unos días muy duros.
—¡Hola! —Sven entró y se sentó en su cama, mirándome—. No pude evitar escucharos a ti y a Abie...
—¿Espías a la gente? —pregunté con cierto enfado.
—¡No!, bueno, a veces, lo siento, es que no lo puedo evitar, ¿Te llamas Pan? —preguntó frunciendo el ceño.
—Sí. —contesté secamente, el chico se acercó y se sentó en mi cama, yo me acurruqué alejándome un poco.
—¿Te trajeron engañado no? Entiendo que te pusieras mal, eso de decirte que te iban a adoptar, es muy feo, aunque de vez en cuando vienen familias y se llevan niños, los adoptan, en ese aspecto tú tienes suerte.
—¿Yo? ¿Por qué? —pregunté sin entenderle, Sven se levantó y se rascó la cabeza para tumbarse en la cama mirando el techo.
—Pues porque eres blanco, nosotros, los negros, estamos mal vistos, nos tratan de delincuentes, si te fijas más de la mitad de los chicos de aquí son de color, solo adoptan blancos, de hecho, creo que nunca adoptaron a un negro...
—Lo siento. —dije.
—No lo sientas, tú eres blanco.
—A mí me da igual el color de piel.
Sven giró su cabeza y me miró.
—Eso decís todos, pero seguro que prefieres a una linda muchacha blanca que, a una chica de color, al final, sois todos iguales.
Sus palabras denotaban cierto odio a los blancos, ¿Quizás sufrió maltrato por ellos?
—Pues te equivocas, antes me fijo en ti que en una chica blanca. —confesé, al darme cuenta, me callé avergonzado, ¿Por qué dije eso?
Sven se giró a ver frunciendo el ceño y con media sonrisa.
Se incorporó y se sentó en la cama.
—No te creo. —sentenció.
Me quedé en silencio, nuestros ojos se cruzaron y no los apartábamos, aguantamos la mirada.
—Demuéstralo. —dijo.
Me incorporé y me levanté, él hizo lo mismo, me acerqué y lo sujeté de los brazos, nuestra altura era la misma, notaba que su respiración se agitaba.
Me acerqué a besarlo y él me apartó de un empujón entre risas.
—Vale, vale, te creo, joder, ja, ja, ja, tienes huevos. —dijo Sven entre risas—. Pero a mí me gustan las chicas.
—A mí también, pero quería demostrarte que no me importa el color de tu piel, sino el corazón.
Sven me miró con media sonrisa y con una mueca de duda.
—Tío eres super raro, pero me caes bien, la mayoría de los blancos de aquí no se fían de mí, pero cuando te tendí la mano al conocernos y no la rechazaste, supe que eras diferente.
En ese momento la puerta se abrió y apareció Abie.
—Sven, te dicho mil veces que aquí no está permitido que cerréis las puertas.
—Lo siento, es costumbre. —se excusó.
—Que no se repita. —dijo Abie abriéndola del todo y pegándola a la pared—. ¿Estás mejor, Pan?
—Sí. —contesté.
—Bien, yo ya me voy a casa, pero Celia se quedará toda la noche, si necesitáis algo, acudid a ella.
Dicho esto, Abie se marchó, vi como Sven se asomó por la ventana y la observaba con detenimiento, abrió las puertas de madera y las volvió a cerrar con una gran cadena cerrada por un candado, un carruaje le esperaba a la salida, se subió a él y se marchó.
—Bien, vamos, sígueme. —dijo Sven cogiendo el farolillo pequeño de nuestro cuarto.
Confuso y sin entender nada, seguí a Sven por el pasillo y dos chicos más se unieron a nosotros, eran los más pequeños que jugaban antes con Sven.
—Pan, te presento a Isaac, el chico de pelo oscuro y ojos verdes, y a Pedro, el chico pelirrojo pecoso, son mis mejores amigos, y sí, son blancos, ja, ja, ja.
—Bueno Pedro es naranja. —dijo Iscaac, los dos deberían tener unos diez años como mucho, los cuatro bajamos las escaleras y avanzamos por un largo pasillo, estaba todo a oscuras, en silencio, todos seguramente dormían en sus cuartos, la oscuridad solo era rota por el farolillo que llevaba Sven.
—¿A dónde vamos? —pregunté un poco temeroso.
—Ahora lo verás. —dijo Sven.
Llegamos hasta el final del pasillo de la última planta y abrió una puerta, parecían unos baños, entramos y había dos chicos más, de piel oscura, cabello castaño oscuro y ojos marrones, sus vestimentas estaban en mal estado, se denotaba que eran también huérfanos, estaban apoyados en la pared, como esperándonos.
—¿Quién es ese? —preguntó uno de los chicos, al fijarme, pude ver que eran hermanos, porque eran muy parecidos.
—Se llama Pan, es nuevo. —dijo Sven.
—Sabes las normas, nada de nuevos, tío, —dijo el que tenía un corte en el mentón, eso los diferenciaba.
—Lo sé, pero es un tío legal, y quiero que se una al grupo.
—¿Qué grupo? No entiendo nada... —dije confuso.
Los dos chicos morenos me miraron escudriñando cada centímetro de mi cuerpo y empujaron la pared del baño, esta cedió y se abrió un poco.
—Vamos, pasad. —dijo el chico de la cicatriz, parecía el líder, además, tendrían mi misma edad.
Nos deslizamos por la pequeña obertura y volvieron a empujar la pared para cerrarla, estábamos en una habitación llena de trastos, Sven dejó el farolillo encima de la mesa y se sentó en el suelo, hizo un gesto para que me sentara a su lado.
Los demás chicos hicieron lo mismo, haciendo un círculo.
—¿Alguien me explica que hacemos aquí? —pregunté ya nervioso.
—Tranquilo, no pude explicártelo antes porque Celia suele hacer rondas y es muy pesada si nos ve rondando despiertos a estas horas. —hizo una pausa y sacó un papel, en él habían escritos muchos nombres, algunos, tachados—. Verás, desde que llegamos aquí, muchos niños fueron adoptados, otros se escapan, pero...
—Pero ¿Qué? —pregunté.
—Algunos desaparecen, como mi hermano. —dijo Isaac.
—¿Qué? Quizás se escaparon. —dije.
—No, mi hermano nunca me dejaría aquí solo, se lo llevó un monstruo. —las palabras de Isaac que causaron cierto temor.
—¿Un monstruo? —pregunté con cierto recelo.
—Sí, hay un monstruo en el bosque que da detrás del orfanato, dicen que una vez entras, no sales, que hay una bestia horrible y despiadada que se come a los niños, y de vez en cuando... —Sven se detuvo y respiró hondo.
—Viene al orfanato, y durante la noche se lleva a uno de nosotros. —dijo el chico moreno de la cicatriz.
Yo me mantenía en silencio, quizás hace una semana me habría levantado y marchado, pero ahora no, porque sí creía en los monstruos, conocí a uno, James, ¿Y si era un hombre el que se los llevaba? Mi corazón y respiración comenzaron a acelerarse, apreté los puños con fuerza.
—El caso es que, nosotros, el grupo de las ratas, investigamos y rondamos por las noches, para así descubrir al monstruo, pero para unirte debes pasar el juramento. —dijo Sven.
—¿Qué juramento? —pregunté sabiendo que no me gustaría.
—Levanta. —ordenó el chico de la cicatriz, su hermano y los demás nos levantamos—. Juras por tu vida que, ¿Mantendrás el secreto, velarás por los niños de este orfanato y jamás nos traicionarás? —mientras me hacía el juramento, los demás chicos levantaron sus manos y yo hice lo propio.
—Lo..., lo juro. —dije poco convencido.
—Bien, ahora sellaremos el juramento. —dicho esto, el chico que parecía el líder escupió en su mano y los demás escupieron en las suyas—. Haz lo mismo.
Dudé unos momentos, pero no me quedaba de otra, escupí en mi mano y se la di al líder, a su hermano y después a los otros tres chicos, juntando las salivas de todos.
Tras esto me limpié la mano con asco en mi pantalón, Sven comenzó a reírse, le parecía gracioso al muy idiota.
Nos volvimos a sentar y Sven extendió el papel con los nombres escritos.
—Bien, según los datos recabados, el monstruo tiene una rutina exacta, llevo aquí dos años, y desde entonces han desaparecido 17 niños, exceptuando a 3 que tiene la pinta de que se escaparon, 14 entran dentro de su modus operandi. —Sven sonaba conciso.
—Sí, además, siempre desaparece uno a final de mes, y esta semana..., es final de agosto, un chico desaparecerá, debemos intentar impedirlo, el mes pasado..., Enrique desapareció..., le fallamos... —el chico de la cicatriz parecía decepcionado y furioso.
—¿Por qué me habéis unido a mí? —pregunté.
—Porque algo me dice que eres de confianza. —dijo Sven.
Entonces escuchamos un rugido, miré a los alrededores asustado.
—¿Qué te pasa? —preguntó Sven.
—Ese rugido..., sonó dentro del orfanato. —me levanté asustado, sonaba a una bestia.
—¿Qué le pasa a tu amigo? —preguntó Isaac confuso.
—No lo sé... —Sven se levantó en intentó tranquilizarme.
Otra vez el rugido.
—¿¡Es que no lo escucháis!? —pregunté alterado, realmente el rugido sonaba cerca.
—No, tío, no escuchamos nada, y si sigues gritando nos pillará Celia. —el chico moreno de la cicatriz intentaba que me sentase, pero al escuchar de nuevo el rugido salí corriendo instintivamente.
—¿A dónde vas? —preguntó Sven.
Pero le ignoré, algo dentro de mí decía que uno de los niños corría peligro.
Empujé la pared con fuerza y la moví lo suficiente para deslizarme hacia los baños, corrí y abrí la puerta, el pasillo estaba muy oscuro, caminé en silencio, sin saber hacia dónde ir, empecé a sentir frío, me di la vuelta para volver, me estaba perdiendo, pero el pasillo era diferente, ¿Cuándo giré?
Entonces, entonces sentí los pasos, parecían los pasos de una bestia con garras, una de las garras golpeaba el suelo y se arrastraba creando un chirrido ensordecedor.
Mi respiración se aceleró y pude notar como de mi aliento salía vaho, ¿Cómo? Es verano, no tiene sentido que haga tanto frío.
Comencé a sentir miedo, pero un miedo atroz, caminé muy tembloroso por el pasillo y al girarme lo pude ver, a la bestia, sus ojos rojos eran inconfundibles, estaba de lado, no me había visto, me escondí en la esquina del pasillo al ver que se giraba a verme.
¿Me habrá visto? Se acercaba, lentamente, sus pasos eran inconfundibles, era un lobo gigante, y andaba a dos patas, de pelaje totalmente negro, su aspecto era horripilante, cada vez estaba más cerca, tenía dos opciones, salir corriendo o quedarme quieto y rezar porque no me viera.
El miedo pudo más, su respiración se sentía tan cercana que no aguanté más y salí corriendo, grave error.
(Continuará...)
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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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