Capítulo 10 - Rojo fuego
El miedo pudo más, su respiración se sentía tan cercana que no aguanté más y salí corriendo, grave error.
Sentí el roce de sus garras en mi camiseta, salí disparado a toda prisa girando a la derecha y entonces choqué con algo.
—¡Auch! —caí de culo y miré hacia arriba, Celia, la mujer obesa, me miraba con cara de enfado, en su mano derecha llevaba un farolillo y con la izquierda me sujetó de la oreja—. ¡¡Ahh!! ¡¡Me duele!! ¡¡Pare!!
—¡Haberlo pensado antes de intentar ir al ala de las chicas! —dijo ella, que me tiraba de la oreja hacia las escaleras, realmente sentía que me la iba a desencajar.
Subimos hasta mi cuarto y allí me soltó.
—Mañana le diré a Abie lo que intentaste.
—¡Pero yo no...!
—¡Calla mocoso malcriado! —y dicho esto cerró la puerta dejándome dentro.
—¿A dónde fuiste? —la voz de Sven me alertó, me giré y lo vi en la cama.
Entonces recordé a la bestia.
—¿Por qué saliste corriendo? Mis amigos ahora dudan de si hicieron bien en aceptarte en el grupo. —Sven me miraba decepcionado—. Y yo también dudo, Celia le contará a Abie lo que hiciste, mañana todos nos quedaremos sin postre.
—¿Qué? Pero solo me pilló a mí...
—Sí, pero aquí si intentas ir al ala de las chicas, el castigo es para todos, así consigue que todos estén en contra de ir a esa ala.
Me quedé en silencio, él no lo iba a entender, claro, yo sí veía a la bestia por los polvos, ese era el motivo, no había otro, por lo que la bestia salvaje era la que se llevaba a los niños.
Pero ¿Y ahora qué? No podía enfrentarme yo solo a la bestia, y lógicamente nadie me creería...
—Y bien, ¿Me dirás por qué saliste corriendo? —preguntó Sven.
—No me creerías.
—Prueba. —Sven me miraba acostado en la cama, con las piernas cruzadas, esperando a que le dijese el motivo de mi escapada.
Pero no lo hice, caminé hasta mi cama y me tumbé en ella, pensativo, realmente debía contarlo, porque si la bestia estuvo aquí, ya se habría llevado a otro niño.
—Mañana tacha otro nombre de tu lista. —dije.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó confuso.
—Escuché los gruñidos de una bestia salvaje, salí corriendo para ver que era, entonces vi una especie de lobo gigante, pero a dos patas, creo que es ese monstruo lo que se lleva a los niños de aquí...
Miré de reojo a Sven, notaba en su mirada incredulidad, escepticismo y confusión, sacó el papel de su bolsillo y lo miró.
—¿Qué miras? —pregunté expectante.
—Nada..., es solo que... —Sven tragó saliva, se levantó y miró por la ventana.
—Es sólo que, ¿Qué?
—Cuando llegué aquí, había un chico llamado Daniel, él era un chico un poco raro, le daba miedo todo, decía que los monstruos existían, cuando empecé a hacer mi lista, él decía que los niños que desaparecían era obra de Lycagous, un lobo mitad hombre, mitad humano, y que las noches previas de luna llena se convertía y buscaba víctimas.
Me levanté y me asomé por la ventana.
—¿Mañana es luna llena? —pregunté al ver que aún la Luna no estaba en la fase completa.
—Sí... —masculló Sven—. Lo curioso es que, tras su revelación, estuve atento a lo que dijo, y mira. —Sven me cedió su papel, en él aparecían hasta 6 nombres con un círculo al lado.
—¿6 niños desaparecieron en la noche de luna llena? —pregunté, y entonces vi el nombre de Daniel.
—Sí, incluyéndole a él...
Hubo un silencio incómodo, entonces, ¿Daniel obtuvo polvos de hada? ¿O tal vez hay niños capaces de ver a las bestias sin ellos? Fuera como fuese, no estaba loco, lo que vi era real, y si Daniel estaba en lo cierto, mañana sería el día en el que la bestia se llevase a uno del orfanato.
—¿Cómo sabía tantos detalles, incluso el nombre? —le pregunté a Sven, que volvió a su cama y suspiro, levantó los hombros y se guardó el papel.
—La verdad es que no lo sé, pero lo de la bestia solo me lo contó a mí, por lo que es mejor dejarlo entre nosotros, nadie nos creería.
Esa noche, me costó coger el sueño, seguramente ya eran pasada la madrugada, al despertar, Sven y yo bajamos al comedor a desayunar, pero Abie me hizo llamar a su despacho.
—¡Es inaceptable! Pan, yo entiendo que la curiosidad sea grande, pero tenemos unas normas, y te las dejé bien claras. —Abie daba vueltas por la habitación ante mi mirada, yo, sentado en el sofá, solo escuchaba lo que me decía cabizbajo—. Comprende que, si no respetas las normas, tendrás castigos.
—Lo siento, no sé qué le dijo Celia, pero realmente no quería ir a ala de las chicas, es solo que necesitaba ir al lavabo y me perdí, escuché ruidos y me asusté...
Abie se detuvo y me miró intentando penetrar en mis pensamientos, suspiró y llevó su mano la frente, como intentando qué hacerme.
—Bien, por esta vez, sólo por esta vez te creeré, no habrá castigo para todos, pero para ti, sí.
Abie se acercó a su mesa y sacó un papel, lo miró y escribió algo en él, tachando otra cosa.
—Esta semana el turno de lavar los platos era de Nicolás, ahora lo harás, ¿Entendido?
La puerta se abrió y James apareció en la habitación, me levanté como un resorte asustado y retrocedí varios pasos, James se acercó a mí y caí al suelo asustado.
—¿Chico? ¿Estás bien? —el hombre me miró con preocupación, no era James, no, había sido otra alucinación.
El hombre, un poco pasado de peso y con sombrero desgastado me tendió la mano y me ayudó a incorporarme, Abie me miró extrañada al ver mi reacción.
—Pan, ¿Estás bien? Este es Alexander, mi marido, él es dueño del orfanato, Alexander, este es Pan, un chico nuevo.
—¿Pan? —el hombre me miró frunciendo el ceño—. Curioso nombre... —masculló.
—Bueno, cariño, ¿Hablaste con William? —preguntó Abie.
—Sí, está todo solucionado, se retrasó en la entrega por problemas ajenos a él, pero esta semana traerá el pedido de comida. —el hombre, que parecía cansado, se quitó el sombrero mostrando su cabello con bastantes entradas, realmente parecía mucho más mayor que Abie, se sentó en el sillón y respiró con dificultad—. Estoy reventado, el viaje ha sido largo.
—Pan, ¿Nos dejas a solas? Ve a desayunar, ah, y dile a Celia que esta semana tú te encargas de limpiar la cocina en lugar de Nicolás.
Afirmé con la cabeza y bajé al comedor, los niños comían entre risas y el barullo era enorme, ahora que me fijé, efectivamente la mayoría eran niños de color, me acerqué a la cocina y me dieron una bandeja con un trozo de pan, queso y un vaso de lo que parecía leche.
Busqué a Sven y caminé hasta su mesa, estaba sentado junto a Isaac, Pedro, que los tenía a su izquierda y los dos hermanos de color, que los tenía en frente, me senté a la derecha de Sven y todos se callaron mirándome.
—¿Qué? —pregunté confuso.
—Nada, ya nos dijo Sven que tuviste un ataque de pánico, espero no se repita. —dijo el chico de la cicatriz.
Sven me golpeó con su pie derecho en mi tobillo y afirmé con la cabeza.
—Sí..., fue..., fue eso, un ataque de pánico... —mentí.
—Bien, no pudimos presentarnos, yo me llamo Rashid. —dijo el chico de la cicatriz—. Y este es mi hermano, Chikae, es poco hablador.
—¿Sois gemelos? —pregunté al ver el parecido tan grande.
—Mellizos, nuestros padres fueron asesinados cuando teníamos 8 años, pensaron que eran delincuentes. —Rashid, el líder del grupo, que tendría uno o dos años más que yo, hablaba con cierto odio en sus palabras.
—Yo y mi hermano nunca conocimos a nuestro padre y perdimos a nuestra madre por una enfermedad hace varios años, desde entonces vivimos aquí..., hasta que mi hermano desapareció hace dos años... —dijo Isaac con tristeza.
—Yo nunca conocí a mis padres, ni si quiera sé si están vivos, me cuidaba una señora que me hacía trabajar como esclavo. —Pedro, con cierta pesadumbre también, tiró un bocado al trozo de pan y se lo comió.
Tras sus confesiones, miré a Sven, el cual escuchaba a sus amigos atentamente, bebió un poco de leche y suspiró.
—Mi madre murió en el parto, mi padre era un esclavo y claro, yo, que era su hijo automáticamente me convertí en esclavo, hasta que un día mi padre descubrió a su amo pegándome, porque sí, le gustaba pegarme, decía que así sería más ''manso'', mi padre peleó con él y el otro sacó un arma para matarlo, se disparó y mi padre acabó en la horca, yo me escapé y tras semanas en la calle acabé aquí.
Todos, en silencio, me miraban esperando mi historia, algunos ya habían terminado de desayunar, y solo esperaban expectantes a que les dijese por qué había acabado en este orfanato.
Pensé que tal vez contar lo que me pasó me ayudaría a sentirme mejor, pero me daba miedo contar toda la verdad, así que dije medias verdades, respiré hondo y comencé a hablar.
—Mi padre murió en un atraco, dos semanas después mi madre cayó enferma, no teníamos dinero para pagar el tratamiento y murió, ella..., ella dijo que su hermana me cuidaría, pero no fue así, me usaba como esclavo, limpiaba su casa, le hacía la comida..., era prostituta, un día intentó que yo... —tragué saliva mientras los otros chicos escuchaban con atención—. Intentó que yo me prostituyera con un hombre, así que me defendí y hui, estuve casi una semana por ahí, solo, y...., bueno, conocí a un hombre y su hijo, ellos me trajeron aquí engañado, y ya está...
Rashid me tendió la mano, la miré y se la estreché.
—Aquí no te sentirás más así, nosotros somos una familia, Pan, por lo que, nunca más volverás a sentirte solo.
—¡Sí, eso es! —dijo Pedro sonriente.
Terminamos de desayunar y los chicos se fueron al patio a jugar, excepto yo, que entré en la cocina y le conté a Celia sobre el castigo de Abie, el niño al que suplí, Nicolás, se fue al patio más que feliz.
—Bueno, cuando termines con eso, me acompañas al mercado, tengo que hacer unas compras. —dijo Celia de mala manera, era una orden más que una sugerencia.
Asentí mientras limpiaba las bandejas y vasos, suspiré desganado mientras pensaba que sería ahora de mí, es decir, sí, tenía un techo, una cama, amigos, pero ¿Y mi futuro?
Entonces escuché la voz de una niña, me giré y la vi, era una chica pelirroja, su cabello era como el rojo fuego, con la cara llena de pecas, los ojos de un color verdoso intenso, un poco más alta que yo, quizás era mayor, y su liso pelo le llegaba casi por la cintura.
—Celia, Abie me dijo que te acompañe al mercado, las chicas necesitamos unas cosas. —la voz de la chica era suave y angelical, posó su mirada en mí y me sonrió tapándose los labios con sus dos dedos.
—Está bien, deja, recojo unas cosas y vamos los tres. —Celia soltó varias bandejas limpias en el mueble de la cocina y salió dejándonos solos.
—¿Eres nuevo no? Me llamo Lily, un placer. —la chica me tendió su mano y yo, que estaba subido a un taburete para limpiar las bandejas, me bajé como un resorte y la sujeté con fuerza, iba con un vestido de color gris con flores verdes estampadas.
—Soy Pan. —dije un poco sonrojado.
Nos separamos las manos y se la miró, la mojé con la mía.
—¡Per..., perdón! Es-es-es-es que, esta-ta-taba limpiando y...
—Tranquilo, sólo es agua. —dijo ella secándose en su vestido—. Bonito nombre.
—Gra..., gracias..., el, el tuyo..., bueno, bonito, también. —dije tartamudeando, ¿Por qué empecé a tartamudear? Parecía idiota.
Celia llegó y se nos quedó mirando.
—Aire, va, va. —se puso en medio y me miró achinando los ojos—. ¿Y tú por qué estás tan rojo?
—¿En? No, yo... —me rasqué detrás de la oreja con intensidad.
—Bueno, vamos que se nos hace tarde, no os alejéis de mí, ¿Entendido? —ordenó Celia.
Ambos afirmamos con la cabeza y la seguimos a través de un pasillo que había en la cocina, abrió una puerta con candado y accedimos a lo que parecía un almacén de comida, nos hizo pasar y la continuamos siguiendo en silencio.
No podía dejar de mirar a la chica pelirroja, Lily, era hermosa, su cabello tenía un brillo que me hipnotizaba.
Celia se acercó a una puerta de hierro y la abrió, fue por donde me trajo el padre de Óscar, salimos al exterior y caminamos por el callejón, había algunos niños jugando y correteando por las calles.
Bajamos calle abajo hasta llegar a una tienda bastante grande regentada por un hombre, había varias mujeres haciendo cola.
—Lily, cariño, ¿Puedes ir a la pescadería y comprar lo de esta lista? —Celia le cedió un papel—. Y tú, acompáñala y cuídamela, ¿Entendido?
Afirmé con la cabeza enseguida.
Ambos nos alejamos de Celia, yo sólo seguía a Lily, que miraba la hoja pensativa, en silencio caminamos hasta que al girar nos topamos con tres chicos más grandes que nosotros.
—Vaya, vaya, si es la bruja de Virginia. —dijo el chico más alto, rubio, delgado y con una boina gris en la cabeza, iba vestido con un traje gris desgastado, una de sus manos la tenía agarrada a su paquete.
Sus dos compañeros comenzaron a reírse, el de su derecha era muy bajito, pelo oscuro y con la misma ropa que el chico rubio, el de su izquierda era de mi altura y tenía una quemadura en la parte izquierda de su cara, también de cabello oscuro, me miraba con cierto asco.
—¿Y tú? ¿Qué eres? ¿Su novio? —preguntó el chico rubio, que se lamió los dedos de su mano y los posó en mi mejilla restregándolos.
—¡No me toques! —le aparté su mano limpiándome la saliva de mi mejilla con la manga de la camiseta, me sonrió y me di cuenta de que tenía el toc de rascarse la nariz continuamente.
—Clyde, déjanos en paz, tenemos prisa. —dijo Lily.
—Ohh, la bruja tiene prisa. —Clyde, el chico rubio, se burlaba de ella con sorna.
—No la llames así, gilipollas. —le di un empujón y cayó al suelo de culo, su rostro cambió a uno de enfado.
—Corre. —dijo Lily.
(Continuará...)
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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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