sábado, 28 de mayo de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 10 ''Rojo fuego''

Capítulo 10 - Rojo fuego



El miedo pudo más, su respiración se sentía tan cercana que no aguanté más y salí corriendo, grave error.



Sentí el roce de sus garras en mi camiseta, salí disparado a toda prisa girando a la derecha y entonces choqué con algo.



¡Auch! —caí de culo y miré hacia arriba, Celia, la mujer obesa, me miraba con cara de enfado, en su mano derecha llevaba un farolillo y con la izquierda me sujetó de la oreja—. ¡¡Ahh!! ¡¡Me duele!! ¡¡Pare!!



¡Haberlo pensado antes de intentar ir al ala de las chicas! —dijo ella, que me tiraba de la oreja hacia las escaleras, realmente sentía que me la iba a desencajar.



Subimos hasta mi cuarto y allí me soltó.



Mañana le diré a Abie lo que intentaste.



¡Pero yo no...!



¡Calla mocoso malcriado! —y dicho esto cerró la puerta dejándome dentro.



¿A dónde fuiste? —la voz de Sven me alertó, me giré y lo vi en la cama.



Entonces recordé a la bestia.



¿Por qué saliste corriendo? Mis amigos ahora dudan de si hicieron bien en aceptarte en el grupo. —Sven me miraba decepcionado—. Y yo también dudo, Celia le contará a Abie lo que hiciste, mañana todos nos quedaremos sin postre.



¿Qué? Pero solo me pilló a mí...



Sí, pero aquí si intentas ir al ala de las chicas, el castigo es para todos, así consigue que todos estén en contra de ir a esa ala.



Me quedé en silencio, él no lo iba a entender, claro, yo sí veía a la bestia por los polvos, ese era el motivo, no había otro, por lo que la bestia salvaje era la que se llevaba a los niños.



Pero ¿Y ahora qué? No podía enfrentarme yo solo a la bestia, y lógicamente nadie me creería...



Y bien, ¿Me dirás por qué saliste corriendo? —preguntó Sven.



No me creerías.



Prueba. —Sven me miraba acostado en la cama, con las piernas cruzadas, esperando a que le dijese el motivo de mi escapada.



Pero no lo hice, caminé hasta mi cama y me tumbé en ella, pensativo, realmente debía contarlo, porque si la bestia estuvo aquí, ya se habría llevado a otro niño.



Mañana tacha otro nombre de tu lista. —dije.



¿Qué? ¿Por qué? —preguntó confuso.



Escuché los gruñidos de una bestia salvaje, salí corriendo para ver que era, entonces vi una especie de lobo gigante, pero a dos patas, creo que es ese monstruo lo que se lleva a los niños de aquí...



Miré de reojo a Sven, notaba en su mirada incredulidad, escepticismo y confusión, sacó el papel de su bolsillo y lo miró.



¿Qué miras? —pregunté expectante.



Nada..., es solo que... —Sven tragó saliva, se levantó y miró por la ventana.



Es sólo que, ¿Qué?



Cuando llegué aquí, había un chico llamado Daniel, él era un chico un poco raro, le daba miedo todo, decía que los monstruos existían, cuando empecé a hacer mi lista, él decía que los niños que desaparecían era obra de Lycagous, un lobo mitad hombre, mitad humano, y que las noches previas de luna llena se convertía y buscaba víctimas.



Me levanté y me asomé por la ventana.



¿Mañana es luna llena? —pregunté al ver que aún la Luna no estaba en la fase completa.



Sí... —masculló Sven—. Lo curioso es que, tras su revelación, estuve atento a lo que dijo, y mira. —Sven me cedió su papel, en él aparecían hasta 6 nombres con un círculo al lado.



¿6 niños desaparecieron en la noche de luna llena? —pregunté, y entonces vi el nombre de Daniel.



Sí, incluyéndole a él...



Hubo un silencio incómodo, entonces, ¿Daniel obtuvo polvos de hada? ¿O tal vez hay niños capaces de ver a las bestias sin ellos? Fuera como fuese, no estaba loco, lo que vi era real, y si Daniel estaba en lo cierto, mañana sería el día en el que la bestia se llevase a uno del orfanato.



¿Cómo sabía tantos detalles, incluso el nombre? —le pregunté a Sven, que volvió a su cama y suspiro, levantó los hombros y se guardó el papel.



La verdad es que no lo sé, pero lo de la bestia solo me lo contó a mí, por lo que es mejor dejarlo entre nosotros, nadie nos creería.



Esa noche, me costó coger el sueño, seguramente ya eran pasada la madrugada, al despertar, Sven y yo bajamos al comedor a desayunar, pero Abie me hizo llamar a su despacho.



¡Es inaceptable! Pan, yo entiendo que la curiosidad sea grande, pero tenemos unas normas, y te las dejé bien claras. —Abie daba vueltas por la habitación ante mi mirada, yo, sentado en el sofá, solo escuchaba lo que me decía cabizbajo—. Comprende que, si no respetas las normas, tendrás castigos.



Lo siento, no sé qué le dijo Celia, pero realmente no quería ir a ala de las chicas, es solo que necesitaba ir al lavabo y me perdí, escuché ruidos y me asusté...



Abie se detuvo y me miró intentando penetrar en mis pensamientos, suspiró y llevó su mano la frente, como intentando qué hacerme.



Bien, por esta vez, sólo por esta vez te creeré, no habrá castigo para todos, pero para ti, sí.



Abie se acercó a su mesa y sacó un papel, lo miró y escribió algo en él, tachando otra cosa.



Esta semana el turno de lavar los platos era de Nicolás, ahora lo harás, ¿Entendido?



La puerta se abrió y James apareció en la habitación, me levanté como un resorte asustado y retrocedí varios pasos, James se acercó a mí y caí al suelo asustado.



¿Chico? ¿Estás bien? —el hombre me miró con preocupación, no era James, no, había sido otra alucinación.



El hombre, un poco pasado de peso y con sombrero desgastado me tendió la mano y me ayudó a incorporarme, Abie me miró extrañada al ver mi reacción.



Pan, ¿Estás bien? Este es Alexander, mi marido, él es dueño del orfanato, Alexander, este es Pan, un chico nuevo.



¿Pan? —el hombre me miró frunciendo el ceño—. Curioso nombre... —masculló.



Bueno, cariño, ¿Hablaste con William? —preguntó Abie.



Sí, está todo solucionado, se retrasó en la entrega por problemas ajenos a él, pero esta semana traerá el pedido de comida. —el hombre, que parecía cansado, se quitó el sombrero mostrando su cabello con bastantes entradas, realmente parecía mucho más mayor que Abie, se sentó en el sillón y respiró con dificultad—. Estoy reventado, el viaje ha sido largo.



Pan, ¿Nos dejas a solas? Ve a desayunar, ah, y dile a Celia que esta semana tú te encargas de limpiar la cocina en lugar de Nicolás.



Afirmé con la cabeza y bajé al comedor, los niños comían entre risas y el barullo era enorme, ahora que me fijé, efectivamente la mayoría eran niños de color, me acerqué a la cocina y me dieron una bandeja con un trozo de pan, queso y un vaso de lo que parecía leche.



Busqué a Sven y caminé hasta su mesa, estaba sentado junto a Isaac, Pedro, que los tenía a su izquierda y los dos hermanos de color, que los tenía en frente, me senté a la derecha de Sven y todos se callaron mirándome.



¿Qué? —pregunté confuso.



Nada, ya nos dijo Sven que tuviste un ataque de pánico, espero no se repita. —dijo el chico de la cicatriz.



Sven me golpeó con su pie derecho en mi tobillo y afirmé con la cabeza.



Sí..., fue..., fue eso, un ataque de pánico... —mentí.



Bien, no pudimos presentarnos, yo me llamo Rashid. —dijo el chico de la cicatriz—. Y este es mi hermano, Chikae, es poco hablador.



¿Sois gemelos? —pregunté al ver el parecido tan grande.



Mellizos, nuestros padres fueron asesinados cuando teníamos 8 años, pensaron que eran delincuentes. —Rashid, el líder del grupo, que tendría uno o dos años más que yo, hablaba con cierto odio en sus palabras.



Yo y mi hermano nunca conocimos a nuestro padre y perdimos a nuestra madre por una enfermedad hace varios años, desde entonces vivimos aquí..., hasta que mi hermano desapareció hace dos años... —dijo Isaac con tristeza.



Yo nunca conocí a mis padres, ni si quiera sé si están vivos, me cuidaba una señora que me hacía trabajar como esclavo. —Pedro, con cierta pesadumbre también, tiró un bocado al trozo de pan y se lo comió.



Tras sus confesiones, miré a Sven, el cual escuchaba a sus amigos atentamente, bebió un poco de leche y suspiró.



Mi madre murió en el parto, mi padre era un esclavo y claro, yo, que era su hijo automáticamente me convertí en esclavo, hasta que un día mi padre descubrió a su amo pegándome, porque sí, le gustaba pegarme, decía que así sería más ''manso'', mi padre peleó con él y el otro sacó un arma para matarlo, se disparó y mi padre acabó en la horca, yo me escapé y tras semanas en la calle acabé aquí.



Todos, en silencio, me miraban esperando mi historia, algunos ya habían terminado de desayunar, y solo esperaban expectantes a que les dijese por qué había acabado en este orfanato.



Pensé que tal vez contar lo que me pasó me ayudaría a sentirme mejor, pero me daba miedo contar toda la verdad, así que dije medias verdades, respiré hondo y comencé a hablar.



Mi padre murió en un atraco, dos semanas después mi madre cayó enferma, no teníamos dinero para pagar el tratamiento y murió, ella..., ella dijo que su hermana me cuidaría, pero no fue así, me usaba como esclavo, limpiaba su casa, le hacía la comida..., era prostituta, un día intentó que yo... —tragué saliva mientras los otros chicos escuchaban con atención—. Intentó que yo me prostituyera con un hombre, así que me defendí y hui, estuve casi una semana por ahí, solo, y...., bueno, conocí a un hombre y su hijo, ellos me trajeron aquí engañado, y ya está...



Rashid me tendió la mano, la miré y se la estreché.



Aquí no te sentirás más así, nosotros somos una familia, Pan, por lo que, nunca más volverás a sentirte solo.



¡Sí, eso es! —dijo Pedro sonriente.



Terminamos de desayunar y los chicos se fueron al patio a jugar, excepto yo, que entré en la cocina y le conté a Celia sobre el castigo de Abie, el niño al que suplí, Nicolás, se fue al patio más que feliz.



Bueno, cuando termines con eso, me acompañas al mercado, tengo que hacer unas compras. —dijo Celia de mala manera, era una orden más que una sugerencia.



Asentí mientras limpiaba las bandejas y vasos, suspiré desganado mientras pensaba que sería ahora de mí, es decir, sí, tenía un techo, una cama, amigos, pero ¿Y mi futuro?



Entonces escuché la voz de una niña, me giré y la vi, era una chica pelirroja, su cabello era como el rojo fuego, con la cara llena de pecas, los ojos de un color verdoso intenso, un poco más alta que yo, quizás era mayor, y su liso pelo le llegaba casi por la cintura.



Celia, Abie me dijo que te acompañe al mercado, las chicas necesitamos unas cosas. —la voz de la chica era suave y angelical, posó su mirada en mí y me sonrió tapándose los labios con sus dos dedos.



Está bien, deja, recojo unas cosas y vamos los tres. —Celia soltó varias bandejas limpias en el mueble de la cocina y salió dejándonos solos.



¿Eres nuevo no? Me llamo Lily, un placer. —la chica me tendió su mano y yo, que estaba subido a un taburete para limpiar las bandejas, me bajé como un resorte y la sujeté con fuerza, iba con un vestido de color gris con flores verdes estampadas.



Soy Pan. —dije un poco sonrojado.



Nos separamos las manos y se la miró, la mojé con la mía.



¡Per..., perdón! Es-es-es-es que, esta-ta-taba limpiando y...



Tranquilo, sólo es agua. —dijo ella secándose en su vestido—. Bonito nombre.



Gra..., gracias..., el, el tuyo..., bueno, bonito, también. —dije tartamudeando, ¿Por qué empecé a tartamudear? Parecía idiota.



Celia llegó y se nos quedó mirando.



Aire, va, va. —se puso en medio y me miró achinando los ojos—. ¿Y tú por qué estás tan rojo?



¿En? No, yo... —me rasqué detrás de la oreja con intensidad.



Bueno, vamos que se nos hace tarde, no os alejéis de mí, ¿Entendido? —ordenó Celia.



Ambos afirmamos con la cabeza y la seguimos a través de un pasillo que había en la cocina, abrió una puerta con candado y accedimos a lo que parecía un almacén de comida, nos hizo pasar y la continuamos siguiendo en silencio.



No podía dejar de mirar a la chica pelirroja, Lily, era hermosa, su cabello tenía un brillo que me hipnotizaba.



Celia se acercó a una puerta de hierro y la abrió, fue por donde me trajo el padre de Óscar, salimos al exterior y caminamos por el callejón, había algunos niños jugando y correteando por las calles.



Bajamos calle abajo hasta llegar a una tienda bastante grande regentada por un hombre, había varias mujeres haciendo cola.



Lily, cariño, ¿Puedes ir a la pescadería y comprar lo de esta lista? —Celia le cedió un papel—. Y tú, acompáñala y cuídamela, ¿Entendido?



Afirmé con la cabeza enseguida.



Ambos nos alejamos de Celia, yo sólo seguía a Lily, que miraba la hoja pensativa, en silencio caminamos hasta que al girar nos topamos con tres chicos más grandes que nosotros.



Vaya, vaya, si es la bruja de Virginia. —dijo el chico más alto, rubio, delgado y con una boina gris en la cabeza, iba vestido con un traje gris desgastado, una de sus manos la tenía agarrada a su paquete.



Sus dos compañeros comenzaron a reírse, el de su derecha era muy bajito, pelo oscuro y con la misma ropa que el chico rubio, el de su izquierda era de mi altura y tenía una quemadura en la parte izquierda de su cara, también de cabello oscuro, me miraba con cierto asco.



¿Y tú? ¿Qué eres? ¿Su novio? —preguntó el chico rubio, que se lamió los dedos de su mano y los posó en mi mejilla restregándolos.



¡No me toques! —le aparté su mano limpiándome la saliva de mi mejilla con la manga de la camiseta, me sonrió y me di cuenta de que tenía el toc de rascarse la nariz continuamente.



Clyde, déjanos en paz, tenemos prisa. —dijo Lily.



Ohh, la bruja tiene prisa. —Clyde, el chico rubio, se burlaba de ella con sorna.



No la llames así, gilipollas. —le di un empujón y cayó al suelo de culo, su rostro cambió a uno de enfado.



Corre. —dijo Lily.



(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794945

sábado, 14 de mayo de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 9 ''Ratas''

Capítulo 9 - Ratas



Y, efectivamente, no pude más, mis piernas me fallaron y caí al suelo, sin conocimiento.



Tres chicos, uno de color y dos blancos jugaban al póker en el suelo, parecían divertirse.



No sabéis jugar al póker, tío, así no es... —una voz muy infantil me hizo abrir los ojos.



Sí es así, lo que pasa es que no te gusta perder...



¡Claro qué no!



Eh, el nuevo se despertó, Abie. —dijo Sven, que era uno de los chicos que estaban en el cuarto sentado en el suelo jugando con otros dos chicos más pequeños.



Yo estaba tumbado en la cama, un poco alterado, me quise incorporar, pero realmente me sentía mal, Abie entró en la habitación y caminó hasta mí.



Cálmate. —dijo ella, que posó su mano en mi pecho y me hizo de nuevo tumbar—. Chicos, salid fuera.



Los tres chicos, entre refunfuños, salieron de la habitación y cerraron la puerta.



Abie acercó una silla y se sentó al lado de mi cama.



Te debo una disculpa, no fui cortés contigo, pero hoy fue un duro día porque mi marido tuvo que salir a hacer unos recados y me quedé al cargo de todo, y es muy duro...



Abie hizo una pausa y miró por la ventana, empezaba a anochecer, algunos chicos jugaban en un gran patio a la pelota, comba, risas, bromas...



Me llamo Abie, soy la dueña de este orfanato, junto a mi marido lo fundamos hace muchos años, antiguamente era un orfanato, pero quedó en muy mal estado y abandonado, nosotros lo reconstruimos, aquí... —se levantó y bajó un poco la persiana, encendió un farolillo y se iluminó la habitación—. Aquí suelen venir niños huérfanos, los alimentamos, les damos una cama, un hogar, e intentamos que vayan a la escuela.



Yo me mantenía en silencio, tampoco sabía que decir.



Pan, ¿Quieres irte? Adelante, aquí nadie está en contra de su voluntad, pero, una de nuestras reglas es que al menos te quedes tres días, después, eres libre de decidir quedarte o marcharte.



Se acercó a mí y sujetó mi mano, la aparté instintivamente y suspiró.



Por aquí pasaron muchos niños por desgracia, algunos sin hogar, otros decidieron abandonarlo porque les hacían sufrir..., el caso es que noto cuando un chico ha sufrido mucho, y tus ojos, Pan, tus ojos denotan sufrimiento.



La mujer sacó de su bolsillo una chocolatina pequeña, estaba envuelta.



Mira, sé que tendrás hambre y seguramente no te fíes de nosotros. —dicho esto me puso la chocolatina en la mano—. Toma, que no te la vean ¿Eh?



Gracias... —mascullé.



No tienes por qué darlas, aunque, si necesitas hablar, yo sé escuchar e intentaré ayudarte, ¿Vale? —Abie se acercó y me dio un abrazo, instintivamente quise alejarme, pero esa mujer tenía un don, te hacía sentir seguro a su lado, sentí alivio y la abracé muy fuerte, no pude evitar sentir ganas de llorar, así que sí, lloré...



No sé cuánto tiempo estuve abrazado a ella, pero cuando dejé de llorar, sentí un alivio muy grande, como si me hubiese quitado un peso de encima.



Tras esto, me informó que el orfanato estaba formado por dos alas, uno para chicas y otro para chicos, que estaba prohibido saltar la verga para ver a las chicas, también estaba prohibido bajar a la última planta y al sótano, porque estaban en muy mal estado.



Mi cuarto sería el que daba al final del pasillo, de la segunda planta, había dos plantas llenas de chicos en cada ala, una para chicas y otra para chicos, separada, lógicamente.



Cada cuarto estaba conformado por dos camas, un armario y un escritorio, cada habitación tenía una gran e inmensa ventana, me comí la chocolatina y me tumbé a descansar, realmente había tenido unos días muy duros.



¡Hola! —Sven entró y se sentó en su cama, mirándome—. No pude evitar escucharos a ti y a Abie...



¿Espías a la gente? —pregunté con cierto enfado.



¡No!, bueno, a veces, lo siento, es que no lo puedo evitar, ¿Te llamas Pan? —preguntó frunciendo el ceño.



Sí. —contesté secamente, el chico se acercó y se sentó en mi cama, yo me acurruqué alejándome un poco.



¿Te trajeron engañado no? Entiendo que te pusieras mal, eso de decirte que te iban a adoptar, es muy feo, aunque de vez en cuando vienen familias y se llevan niños, los adoptan, en ese aspecto tú tienes suerte.



¿Yo? ¿Por qué? —pregunté sin entenderle, Sven se levantó y se rascó la cabeza para tumbarse en la cama mirando el techo.



Pues porque eres blanco, nosotros, los negros, estamos mal vistos, nos tratan de delincuentes, si te fijas más de la mitad de los chicos de aquí son de color, solo adoptan blancos, de hecho, creo que nunca adoptaron a un negro...



Lo siento. —dije.



No lo sientas, tú eres blanco.



A mí me da igual el color de piel.



Sven giró su cabeza y me miró.



Eso decís todos, pero seguro que prefieres a una linda muchacha blanca que, a una chica de color, al final, sois todos iguales.



Sus palabras denotaban cierto odio a los blancos, ¿Quizás sufrió maltrato por ellos?



Pues te equivocas, antes me fijo en ti que en una chica blanca. —confesé, al darme cuenta, me callé avergonzado, ¿Por qué dije eso?



Sven se giró a ver frunciendo el ceño y con media sonrisa.



Se incorporó y se sentó en la cama.



No te creo. —sentenció.



Me quedé en silencio, nuestros ojos se cruzaron y no los apartábamos, aguantamos la mirada.



Demuéstralo. —dijo.



Me incorporé y me levanté, él hizo lo mismo, me acerqué y lo sujeté de los brazos, nuestra altura era la misma, notaba que su respiración se agitaba.



Me acerqué a besarlo y él me apartó de un empujón entre risas.



Vale, vale, te creo, joder, ja, ja, ja, tienes huevos. —dijo Sven entre risas—. Pero a mí me gustan las chicas.



A mí también, pero quería demostrarte que no me importa el color de tu piel, sino el corazón.



Sven me miró con media sonrisa y con una mueca de duda.



Tío eres super raro, pero me caes bien, la mayoría de los blancos de aquí no se fían de mí, pero cuando te tendí la mano al conocernos y no la rechazaste, supe que eras diferente.



En ese momento la puerta se abrió y apareció Abie.



Sven, te dicho mil veces que aquí no está permitido que cerréis las puertas.



Lo siento, es costumbre. —se excusó.



Que no se repita. —dijo Abie abriéndola del todo y pegándola a la pared—. ¿Estás mejor, Pan?



Sí. —contesté.



Bien, yo ya me voy a casa, pero Celia se quedará toda la noche, si necesitáis algo, acudid a ella.



Dicho esto, Abie se marchó, vi como Sven se asomó por la ventana y la observaba con detenimiento, abrió las puertas de madera y las volvió a cerrar con una gran cadena cerrada por un candado, un carruaje le esperaba a la salida, se subió a él y se marchó.



Bien, vamos, sígueme. —dijo Sven cogiendo el farolillo pequeño de nuestro cuarto.



Confuso y sin entender nada, seguí a Sven por el pasillo y dos chicos más se unieron a nosotros, eran los más pequeños que jugaban antes con Sven.



Pan, te presento a Isaac, el chico de pelo oscuro y ojos verdes, y a Pedro, el chico pelirrojo pecoso, son mis mejores amigos, y sí, son blancos, ja, ja, ja.



Bueno Pedro es naranja. —dijo Iscaac, los dos deberían tener unos diez años como mucho, los cuatro bajamos las escaleras y avanzamos por un largo pasillo, estaba todo a oscuras, en silencio, todos seguramente dormían en sus cuartos, la oscuridad solo era rota por el farolillo que llevaba Sven.



¿A dónde vamos? —pregunté un poco temeroso.



Ahora lo verás. —dijo Sven.



Llegamos hasta el final del pasillo de la última planta y abrió una puerta, parecían unos baños, entramos y había dos chicos más, de piel oscura, cabello castaño oscuro y ojos marrones, sus vestimentas estaban en mal estado, se denotaba que eran también huérfanos, estaban apoyados en la pared, como esperándonos.



¿Quién es ese? —preguntó uno de los chicos, al fijarme, pude ver que eran hermanos, porque eran muy parecidos.



Se llama Pan, es nuevo. —dijo Sven.



Sabes las normas, nada de nuevos, tío, —dijo el que tenía un corte en el mentón, eso los diferenciaba.



Lo sé, pero es un tío legal, y quiero que se una al grupo.



¿Qué grupo? No entiendo nada... —dije confuso.



Los dos chicos morenos me miraron escudriñando cada centímetro de mi cuerpo y empujaron la pared del baño, esta cedió y se abrió un poco.



Vamos, pasad. —dijo el chico de la cicatriz, parecía el líder, además, tendrían mi misma edad.



Nos deslizamos por la pequeña obertura y volvieron a empujar la pared para cerrarla, estábamos en una habitación llena de trastos, Sven dejó el farolillo encima de la mesa y se sentó en el suelo, hizo un gesto para que me sentara a su lado.



Los demás chicos hicieron lo mismo, haciendo un círculo.



¿Alguien me explica que hacemos aquí? —pregunté ya nervioso.



Tranquilo, no pude explicártelo antes porque Celia suele hacer rondas y es muy pesada si nos ve rondando despiertos a estas horas. —hizo una pausa y sacó un papel, en él habían escritos muchos nombres, algunos, tachados—. Verás, desde que llegamos aquí, muchos niños fueron adoptados, otros se escapan, pero...



Pero ¿Qué? —pregunté.



Algunos desaparecen, como mi hermano. —dijo Isaac.



¿Qué? Quizás se escaparon. —dije.



No, mi hermano nunca me dejaría aquí solo, se lo llevó un monstruo. —las palabras de Isaac que causaron cierto temor.



¿Un monstruo? —pregunté con cierto recelo.



Sí, hay un monstruo en el bosque que da detrás del orfanato, dicen que una vez entras, no sales, que hay una bestia horrible y despiadada que se come a los niños, y de vez en cuando... —Sven se detuvo y respiró hondo.



Viene al orfanato, y durante la noche se lleva a uno de nosotros. —dijo el chico moreno de la cicatriz.



Yo me mantenía en silencio, quizás hace una semana me habría levantado y marchado, pero ahora no, porque sí creía en los monstruos, conocí a uno, James, ¿Y si era un hombre el que se los llevaba? Mi corazón y respiración comenzaron a acelerarse, apreté los puños con fuerza.



El caso es que, nosotros, el grupo de las ratas, investigamos y rondamos por las noches, para así descubrir al monstruo, pero para unirte debes pasar el juramento. —dijo Sven.



¿Qué juramento? —pregunté sabiendo que no me gustaría.



Levanta. —ordenó el chico de la cicatriz, su hermano y los demás nos levantamos—. Juras por tu vida que, ¿Mantendrás el secreto, velarás por los niños de este orfanato y jamás nos traicionarás? —mientras me hacía el juramento, los demás chicos levantaron sus manos y yo hice lo propio.



Lo..., lo juro. —dije poco convencido.



Bien, ahora sellaremos el juramento. —dicho esto, el chico que parecía el líder escupió en su mano y los demás escupieron en las suyas—. Haz lo mismo.



Dudé unos momentos, pero no me quedaba de otra, escupí en mi mano y se la di al líder, a su hermano y después a los otros tres chicos, juntando las salivas de todos.



Tras esto me limpié la mano con asco en mi pantalón, Sven comenzó a reírse, le parecía gracioso al muy idiota.



Nos volvimos a sentar y Sven extendió el papel con los nombres escritos.



Bien, según los datos recabados, el monstruo tiene una rutina exacta, llevo aquí dos años, y desde entonces han desaparecido 17 niños, exceptuando a 3 que tiene la pinta de que se escaparon, 14 entran dentro de su modus operandi. —Sven sonaba conciso.



Sí, además, siempre desaparece uno a final de mes, y esta semana..., es final de agosto, un chico desaparecerá, debemos intentar impedirlo, el mes pasado..., Enrique desapareció..., le fallamos... —el chico de la cicatriz parecía decepcionado y furioso.



¿Por qué me habéis unido a mí? —pregunté.



Porque algo me dice que eres de confianza. —dijo Sven.



Entonces escuchamos un rugido, miré a los alrededores asustado.



¿Qué te pasa? —preguntó Sven.



Ese rugido..., sonó dentro del orfanato. —me levanté asustado, sonaba a una bestia.



¿Qué le pasa a tu amigo? —preguntó Isaac confuso.



No lo sé... —Sven se levantó en intentó tranquilizarme.



Otra vez el rugido.



¿¡Es que no lo escucháis!? —pregunté alterado, realmente el rugido sonaba cerca.



No, tío, no escuchamos nada, y si sigues gritando nos pillará Celia. —el chico moreno de la cicatriz intentaba que me sentase, pero al escuchar de nuevo el rugido salí corriendo instintivamente.



¿A dónde vas? —preguntó Sven.



Pero le ignoré, algo dentro de mí decía que uno de los niños corría peligro.



Empujé la pared con fuerza y la moví lo suficiente para deslizarme hacia los baños, corrí y abrí la puerta, el pasillo estaba muy oscuro, caminé en silencio, sin saber hacia dónde ir, empecé a sentir frío, me di la vuelta para volver, me estaba perdiendo, pero el pasillo era diferente, ¿Cuándo giré?



Entonces, entonces sentí los pasos, parecían los pasos de una bestia con garras, una de las garras golpeaba el suelo y se arrastraba creando un chirrido ensordecedor.



Mi respiración se aceleró y pude notar como de mi aliento salía vaho, ¿Cómo? Es verano, no tiene sentido que haga tanto frío.



Comencé a sentir miedo, pero un miedo atroz, caminé muy tembloroso por el pasillo y al girarme lo pude ver, a la bestia, sus ojos rojos eran inconfundibles, estaba de lado, no me había visto, me escondí en la esquina del pasillo al ver que se giraba a verme.



¿Me habrá visto? Se acercaba, lentamente, sus pasos eran inconfundibles, era un lobo gigante, y andaba a dos patas, de pelaje totalmente negro, su aspecto era horripilante, cada vez estaba más cerca, tenía dos opciones, salir corriendo o quedarme quieto y rezar porque no me viera.



El miedo pudo más, su respiración se sentía tan cercana que no aguanté más y salí corriendo, grave error.


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794945