jueves, 11 de noviembre de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 9 ''La promesa''

 

Capítulo 9 ''La promesa''



Miré de nuevo a la silueta y tembloroso me acerqué hasta ella, me sujetó de la muñeca y me escondió junto a él, me tapó la boca.

¿Viste algo? —la voz de la persona más joven sonaba con preocupación

No, habrá sido mi imaginación. —la puerta se volvió a cerrar y el chico me soltó lentamente.

¡Casi te pillan! —dijo Cristian.

No..., no puede ser..., recuerdo esta parte, no por favor... —mascullé con terror.

Pero ¿Qué te pasa? ¿Es que no quieres salir de aquí? ¡Vamos! ¡Tenemos que salvarlos!

Un crujido a mi espalda llamó mi atención, detrás, el hombre con traje granate me había descubierto, ¡¡Pero no tenía vendas!! ¡Era el director!

¿Qué haces tú aquí? —me sujetó del cuello y me arrastró por el pasillo.

Cristian salió en mi defensa intentando evitar que me llevara, pero era inútil, el director me sujetó con fuerza y me estampó contra el suelo, caí medio mareado, pude ver como intentaba someter a Cristian, lo tiró al suelo y se subió encima de él.

No, no lo permitiré, debo cambiar lo que pasa...

Saqué fuerzas de dónde pude, me levanté y con mi linterna le golpeé en la cabeza, el director cayó al suelo y le volví a golpear con todas mis fuerzas, el director perdió el conocimiento.

¡¿Estás bien!? —sujeté a Cristian y lo levanté hacia mí.

Sí, pensé que iba a...

Lo miré y lo abracé con fuerza.

Pensé que te perdía... —nos quedamos abrazados unos segundos, lo separé y le besé en los labios, él en un acto reflejo se intentó alejar, pero al final correspondió el beso, nuestros labios se fundieron en uno solo. Nos separamos y evitamos la mirada.

Perdón, es que creí que te perdía... —lo miré avergonzado.

No pasa nada, en parte me ha tranquilizado. —dijo sonrojado.

Vamos, antes de que se despierte. —sujeté a Cristian de la mano y fuimos juntos hasta los baños.

Entramos y comenzamos a mirar por todas partes.

La puerta debe estar por aquí. —empecé a empujar las paredes.

¿Pero no sabes dónde? —Cristian hacía lo propio e iba tocando las paredes también.

No, el que lo sabía era mi herma... —mi voz se cortó de repente, Juny estaba en el fondo del baño, me miró y girándose apuntó a uno de los cubículos, dio varios pasos atrás y desapareció ante mi mirada y la de Cristian.

Los dos nos miramos y avanzamos lentamente hasta el último cubículo, entramos y tocamos la pared que se encontraba detrás del retrete.

¡Esto no funciona! —Cristian empezaba a desesperarse.

Con mis manos empecé a notar una especie de hueco entre los azulejos de la pared, me guie con esos huecos pequeños hasta llegar a un azulejo más rugoso, lo empujé con fuerza y un mecanismo comenzó a crujir, la puerta se empezó a abrir.

¡Lo encontré! —empujé con fuerza hasta abrir la puerta a la mitad, no cedía más—. Vale, haremos lo siguiente, entraré yo, si tardo más de 10 minutos llamarás a la policía.

¿Qué? ¡No, quiero acompañarte! —Cristian se enfadó considerablemente.

Escucha, nadie, absolutamente nadie sabe que vinimos aquí, si nos cogen estamos todos muertos, por favor, Cristian...

Está bien, pero que sean cinco minutos. —dijo preocupado.

Vale, escóndete en otro cubículo, por si acaso, no tardaré. —lo alejé dispuesto a entrar.

¡Espera!

Me di la vuelta y Cristian, sujetándome con timidez acercó su boca a la mía, uniéndonos de nuevo con un profundo beso, se separó de mí y me miró a los ojos.

Me da igual si te sientes chico, yo te amo.

Sus palabras fueron lo mejor que sentí en mi vida, una liberación enorme.

Cristian...

Escucha, a mí me gustan las chicas, pero, si tú no te sientes...

Por ti sí, contigo sí me siento chica, Cristian...

Y era verdad, con Cristian sí que me sentía chica, quizás estaba confundida, quizás solo buscan un chico que me hiciera ver quién soy de verdad.

Promete que volverás. —dijo Cristian devolviéndome a la realidad.

Volveré, te lo prometo.

Tras la promesa a Cristian, avancé un poco hasta lo que parecían unas escaleras que descendían hacia abajo.

Fui descendiendo con temor, eran bastante profundas, al llegar al fondo escuché ruido, me asomé, pero no había nadie, solo una gran sala antigua, con mucha hierba y signos de no haber sido usada en muchos años.

A los lados había dos grandes habitaciones, derecha e izquierda, tomé el camino de la derecha, abrí la puerta y miré dentro, parecía una especie de morgue, estaba repleta de paneles metálicos donde se suponen que van los cadáveres, en medio, dos camillas y material, se me hizo un nudo en la garganta.

Entré y vi a Miguel tumbado en la cama, estaba muy herido y tenía un ojo ensangrentado, intenté desatarlo, pero no podía.

Esto fue lo que viví en el dentista, llegué tarde...

No te preocupes, Álex, tú no podías evitar lo que ya sucedió, pero puedes evitar lo que sucederá. —Miguel me miró triste.

Asustado al ver que estaba consciente intenté de nuevo con fuerza desatarlo, pero era inútil.

Las llaves deben estar por aquí. —eché un vistazo a los papeles que había allí, fotos de chicos, de edades similares a las nuestras, pero de diferentes épocas, como si escogiesen a dos o tres chicos cada cierto tiempo. En las fotos estaban atados, con ojeras en los ojos y con signos de violencia, debajo, su nombre, edad y una cifra, un precio.

Las solté en cuanto escuché pasos, con miedo me metí debajo de una de las camillas, con las sábanas que había encima no podrían verme.

Dos personas entraron.

Estoy seguro, son dos, uno de ellos es el hermano de Rubén. —la inconfundible voz del director de la escuela, ¿Por dónde entró el director?

¿El hermano del rubito? Por ese pagarán un buen precio... —una voz familiar conversaba con él.

Joder que sí, ya tengo ganas de catarle. —dijo el director, que hablaba con una voz desconocida pero familiar.

¿Qué hacemos? —dijo la voz familiar.

¿Nada? Están atrapados, asustados, y nosotros somos tres, no dejes que te vuelvan a sorprender, de aquí no escaparán, ¡Tenemos chicos para varios años, alegra esa cara! —el director sonaba muy convencido.

Pero si amanece y no los encontramos, te recuerdo que aunque trabaje en la comisaría, hay un límite, no podré esconder tantas desapariciones... —la voz familiar sonaba preocupada.

Tienes razón, no podemos echarlo todo a perder, vamos, cojamos a esos cerdos y terminemos con esto. —dijo el director ahora enfadado.

Sus pasos se alejaron hasta que dejé de escucharlos, me levanté y Miguel no estaba, ni la sangre, nada, no había nada. ¿Otra alucinación? ¿Qué significaba? Salí despacio, en la mesa había diferentes materiales, cogí lo que parecía era un bisturí y lo metí en mi bolsillo.

Avancé hasta la salida y me asomé por si acaso, no había nadie, tenía miedo de ser descubierto, pero también de que descubrieran a Cristian.

Di varios pasos hasta la puerta de enfrente y la abrí lentamente, me asomé y ahí estaban, tres chicos atados con cadenas, amordazados y con los ojos vendados, uno de ellos era Jacob, aterrado me acerqué a Jacob, le quité la venda de los ojos.

¡Ya estoy aquí! —iba a quitarle la mordaza cuando apareció alguien por detrás, giré y vi a Luis—. ¡¿Qué haces tú aquí?!

Peter escapó de la policía y lo seguí hasta aquí... —Luis me miró con temor—. ¿Qué está pasando?

Es una larga historia, ayúdame a desatarlos, por cierto, ¿Has visto a mi hermano?

No, ¿Está aquí? ¿¡Qué está pasando!? —Luis parecía asustado y su cara no dejaba de mirar a los chicos atados—. Debemos llamar a la policía. —dijo Luis.

Sí, pero antes debemos encontrar a mi hermano y a Miguel.

¿Miguel? —preguntó Luis.

Sí, un amigo. —dije.

Mira, tú quédate y vigila, voy a buscar a tu hermano. —dijo Luis.

¿Qué? ¡No podemos dejarles así!

Luis me ignoró y cerró la puerta tras de sí.

No os preocupéis, os sacaré de aquí, lo prometo, no tardaremos. —Miré a Jacob y a los otros dos chicos, también de la escuela, los que Juny quiso que ayudásemos.

Fui detrás de Luis, abrí la puerta y sentí un leve pinchazo en mi abdomen, Luis me acababa de apuñalar, me llevé la mano a la herida, no me la había clavado muy profunda, pero me dolía, lo volví a mirar.

¿Por qué? —lo miré a los ojos, Luis me cogió de la cara y me empujó contra la puerta tirándome al suelo. Jacob, el único que podía mirar la escena observaba con horror y miedo, aún amordazado.

¿Por qué? No hay un motivo de por sí, pero, digamos que podría decirse que os la tenía jurada a ti y al cabrón de tu hermano, bueno y por dinero, sabes, esto da mucho dinero, yo era el rey del Internado, me encargaba de escoger chicos para mi tío...

¿Tu tío? —mascullé con dolor.

Sí, el director es mi tío. —dijo Luis orgulloso—. Pero tu puto hermano llegó al Internado y lo jodió todo.

¿Qué hizo? —pregunté intentando ponerme en pie y sacar algo de tiempo mientras pensaba qué hacer.

Eso ya da igual. —dijo Luis acercándose.

Me intenté levantar, pero la herida me lo impedía, Luis me sujetó y me tiró a un colchón, me sometió con facilidad a pesar de resistirme, me ató con las cadenas y me amordazó.

No voy a vendarte los ojos como al resto, quiero que veas lo que pasará.

¡Déjale en paz! —En ese momento entró Rubén y de un empujón tiró a Luis al suelo, haciendo que su cabeza se golpeara contra la pared cayendo sin conocimiento.

¡¿Estás bien?! —mi hermano sacó las llaves de su bolsillo y me quitó las cadenas.

Luis se levantó enseguida mirando con rabia a Rubén.

¡Que ganas te tenía pequeño hijo de puta! ¡Esa barra te la voy a meter por el culo!

Luis se lanzó contra mi hermano, que logró esquivarlo, pero Luis al ser más alto y tener las manos más largas logró darle en la cara, tras esto, Rubén intentó arremeter contra Luis con la barra, pero éste la detuvo y de una patada lanzó a mi hermano contra el suelo, que me miró con temor y miedo, se fijó en mi herida, sabía que estaba herido, creo que eso precipitaba sus movimientos.

¡Vamos levanta pequeño hijo de puta! —dijo Luis.

Rubén con un grito se abalanzó de nuevo con la barra contra Luis, pero fue inútil, la detuvo con la mano de nuevo y le pegó un puñetazo a mi hermano que lo estampó contra la pared cayendo sin conocimiento.

¿Y ya está? —Luis se acercó a mi hermano y sujetando la barra con fuerza me miró sonriendo—. Voy a disfrutar esto.

Con ella golpeó con una fuerza inmensa la cabeza de mi hermano de la que empezó a salir sangre, en un último momento de ira logré levantarme y arremetí con un cabezazo en su costado tirándolo al suelo.

No, no vuelvas a ponerle un dedo encima..., cabrón... —mi voz entre cortada y casi sin fuerzas no le gustó nada a Luis, que se levantó y se abalanzó contra mí, poniéndome contra el suelo y se subió encima.

No soy de pegarle a chicas, pero..., tú te sientes chico, ¿No? ¡¡Entonces te pegaré como a un chico!! —y con la barra comenzó a golpearme en la cabeza.

Perdí el conocimiento.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021

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