Capítulo 8 ''No te separes''
—De acuerdo, entremos, iremos unidos, no nos separaremos. —dije.
—¿Qué? ¿Os habéis vuelto locos? Esa casa está maldita, ¿Es qué no escuchasteis la leyenda? —Akin nos miró con preocupación.
—¿Qué leyenda? —preguntó Jacob asustado.
En esa casa vivía una familia con sus dos hijos, el padre se volvió loco y mató a uno de ellos, el otro desapareció, nunca encontraron el cuerpo, la madre se volvió loca y se cortó las venas. Todo el que se mudó a esa casa la deja al poco tiempo, dicen que se escuchan los gritos de los críos y que el padre ronda la casa buscando a quien matar.
—¿Y te crees esas gilipolleces? —Rubén miró con sorna a Akin.
—Muy bien, yo ya avisé...
—Tenemos que salvarlos, Akin, y me da igual la leyenda, maldición o lo que sea que haya, porque lo que en realidad está pasando es que hay chicos que necesitan nuestra ayuda, y vamos a ayudarlos, puedes venir con nosotros y ayudar, o puedes quedarte aquí. —mi tono fue un poco de reproche, pero es que me sentó muy mal que pasase de mí durante semanas.
Encendí la linterna y fui el primero que entró, a mi lado, Rubén me acompañaba, detrás, Miguel y Jacob guardaban nuestra espalda, Akin iba el último, mirando por todas partes.
Abrí la puerta y entramos lentamente, con la linterna apuntábamos hacia todos lados, si en esa casa estaban secuestrados, habría gente, por lo que el silencio era primordial.
Avanzamos por los diferentes cuartos, pero no había nada fuera de lo normal, después de investigar toda la casa empezamos a subir las escaleras, una vez arriba había cuatro habitaciones divididas en un largo pasillo.
—De acuerdo, ¿A cuál entramos? —miré al grupo esperando respuesta.
—¿A la de la izquierda? —preguntó Rubén, que se detuvo y miró mi cara de asombro—. ¿Qué pasa?
—¿Dónde coño está el resto? —apunté con mi linterna detrás de Rubén, que, girándose, quedó tan sorprendido como yo.
—¡No puede ser! ¡Estaban aquí hace un momento! —Rubén comenzó a bajar las escaleras de forma apresurada, le seguí detrás, pero nada, no había nadie—. Esto no puede estar pasando...
¡¡Habían desaparecido los tres!!
—¡Cálmate! —sujeté a Rubén e intenté abrazarlo para calmarle, pero se alejó de mí, bajando la mirada.
Un silencio incómodo nos invadió, me di la vuelta y volví a subir las escaleras, Rubén me seguía detrás.
—No te alejes. —le avisé.
—Lo sé, los encontraremos... —Rubén no sonaba tan convencido.
Estuvimos mirando la segunda planta, pero no había nadie, estaba vacía, recorrimos cada palmo, no, no había nadie.
—¿¡Cómo pueden desaparecer tres chicos de la nada!? —Rubén cada vez estaba más nervioso.
—¡Cálmate!
—¿Cómo quieres que me calme? ¡¡Tienen a Jacob joder!! —lágrimas brotaron de sus ojos.
Me acerqué a mi hermano y lo abracé.
—Lo sé, pero estará bien, ¿Vale? Los salvaremos, los dos, tú y yo, los hermanos invencibles.
—Hermanos invencibles... —Rubén sonrió por un momento y se secó las lágrimas, retrocedí unos pasos, aproveché y me senté en un sofá que había cerca, apunté con la linterna a varios cuadros mientras pensaba qué podíamos hacer.
—Algo se nos pasó... —dije.
—¿Sí, pero el qué? —Rubén se sentó a mi lado—. ¡Esto está hecho un asco!
—Quizás haya una rampa o algo que abra el sótano...
—¡Espera! —Rubén se levantó de golpe—. ¡La escuela!
—¿Qué pasa? —le apunté con la linterna.
—En mí ''sueño'', encontré a Jacob en el sótano, ¡Tras abrir una puerta en el baño de los chicos!
Me levanté de un golpe.
—¿Por qué no dijiste eso antes?
—No me acordaba, estábamos pensando tanto en la casa que...
—Un momento, la casa da a la calle de atrás, donde está la escuela. —al decir esto, tanto yo como Rubén pensamos lo mismo, la escuela y el sótano de la casa estaban conectados de alguna forma bajo tierra.
Salimos corriendo de la casa, la noche ya estaba presente, dimos la vuelta a la calle y tras varios metros llegamos a la escuela, la rodeamos y nos metimos por detrás.
Después de ir a la casa abandonada los cinco, Miguel, Akin y Jacob desaparecieron, con ellos y Cristian ya son cuatro los chicos desaparecidos, sin contar los dos que Rubén y Jacob vieron en el sótano, a los que debíamos salvar, a los que Juny quería que salvásemos.
Intentamos acceder al sótano de la casa, pero no encontramos ninguna forma de llegar a ella, hasta que Rubén recordó que él llegó al sótano a través de la escuela, desde el baño de los chicos, no perdimos tiempo y nos dirigimos hacia allí.
Ya había oscurecido totalmente, no había un alma en las calles del pueblo, Rubén y yo llegamos a la escuela, nuestro colegio, donde pasábamos todas las mañanas y muchas tardes.
La rodeamos y nos metimos por detrás, avanzamos hasta la puerta trasera, pero estaba cerrada.
—¡Mierda! ¡Está cerrado! —di una patada, enfadado, a una piedra.
—Mira, esa ventana está abierta, si me aúpas puedo alcanzarla. —Rubén miraba la pared y señaló con la linterna una ventana.
—¿Qué? ¿Separarnos? Ni de coña...
—Escucha, una vez dentro abriré la puerta...
Me quedé pensativo por un momento, pero no había otra opción.
Con las manos en mi rodilla me pouse en cuclillas, y mi hermano, apoyándose en mi hombro, tomó impulso a la vez que lo lancé hacia arriba, alcanzó la ventana y entró por ella con cierto trabajo.
Después, me acerqué a la puerta y esperé a que me abriera, esperé, pero no abría, desesperado cogí la linterna y apunté hacia varios lados detrás de mí, sentía que me observaban. Me acerqué a la puerta, pero no escuché nada, di unos golpecitos con la linterna esperando respuesta, pero no la hubo.
—¡Joder! ¿Y ahora qué? Estoy solo...
Me separé y me alejé intentando buscar algo con lo que subir por la ventana, escuché un ruido metálico, proveniente de la puerta, se abrió e instintivamente sin motivo me escondí detrás de la papelera que tenía al lado, miré de reojo, no era mi hermano, era un hombre, con traje granate oscuro.
¡Un momento! El hombre vendado llevaba traje granate, lo que viví, ¿Fue un recuerdo del futuro realmente?
—¡No hay nadie más! —ese hombre hablaba con un segundo, esperé asomado sin que me viera hasta que cerró la puerta.
No puede ser, mínimo hay dos personas en el colegio, pero no solo tienen a Rubén, sino, a que vino lo de ¿No hay nadie más? ¡Estaba solo! Ya no sabía que más podría hacer...
La policía..., no queda de otra, pero marcharme de allí sin mi hermano...
La puerta metálica se volvió a abrir, me escondí de nuevo, me asomé y vi a Cristian, estaba mirando a los alrededores, ¿Qué hace Cristian aquí? ¿Se habrá escapado?
Me levanté, me vio y se acercó a mí corriendo.
—¡Álex! —me abrazó con desesperación—. ¡Esto es una pesadilla! —dijo con los ojos lagrimosos.
Lo abracé y nos quedamos así un rato.
—¿Qué haces tú aquí? —lo aparte un poco de mi lado.
—Me dijeron que debía estar aquí, que necesitarías mi ayuda. —Cristian sacó una nota de su bolsillo y me la pasó a mí.
''Tus amigos corren peligro, entra en la casa abandonada, debajo de la cama de mi cuarto hay un acceso secreto, métete debajo y caerás a una habitación, dentro verás un armario, empuja por el lateral y saldrás al despacho del director, escóndete en el armario hasta que sean las once y once, entonces sal y abre la puerta trasera del colegio, Álex necesitará tu ayuda, aún tenéis una oportunidad...'' —terminé de leer la nota, que tenía un aspecto antiguo y muy parecido a la del diario.
—Me la dio un chico... —dijo Cristian.
Cristian me contó lo que le pasó con Peter...
—Cuando Peter me perseguía, entré en la casa, me escondí debajo de la cama y vi a un chico enfrente de mí, me paralicé, no me atreví a moverme, entonces vi que se acercaba lentamente hasta estar a escasos centímetros, iba a huir pero el chico me sujetó con fuerza, me miró y con un dedo tapó mi labio, indicando que no hiciera ruido, en ese momento escuché un golpe seco, a los segundos Peter cayó al suelo, yo permanecí callado en todo momento y la persona que le golpeó salió de la habitación y se asomó al cuarto donde yo estaba escondido, quise ver su cara, pero la oscuridad me impedía distinguirlo, terminó de echar un vistazo y al no ver nada se marchó.
Yo solo negaba con la cabeza, muy preocupado.
—Cuando quise darme cuenta, el chico que me sujetaba no estaba, en su lugar había una nota, y eso fue lo que pasó... —finalizó Cristian.
—Juny, él te dio la nota. —la guardé en mi bolsillo—. Así que por ahí fue por donde lo secuestraron, o por donde lo visitaban cada noche...
—¿De qué hablas? ¿Y tú como sabes eso? —preguntó Cristian.
—Por su diario, leímos todo, el que estaba en tu casa.
—¿Leímos? —Cristian preguntó extrañado.
—Si, yo, mi hermano Rubén, Jacob, Akin y Miguel.
—¿Miguel?
—Es una larga historia, mira, será mejor ponerse en marcha, vamos, tenemos que salvarlos. —sujeté a Cristian y entramos en el colegio, avanzamos por el pasillo en silencio y sin encender la linterna, sería muy peligroso.
—¿Qué estamos buscando exactamente? —susurró Cristian a mi lado, que agachado, miraba por los pasillos.
—Los baños de los chicos, hay una entrada secreta que da al sótano de la casa abandonada.
Cristian me miró entre sorprendido y asustado, sujetándome del brazo me acompañó hasta que llegamos al siguiente pasillo, pude ver por debajo de la puerta del despacho una luz, había alguien dentro.
—Espérame aquí. —antes de que Cristian dijese nada avancé medio agachado despacio hasta ponerme cerca de la puerta, puse el oído y escuché varias voces.
—Tarde o temprano se darán cuenta de todo, así que propongo actuar ya, antes de que sea tarde. —la voz de un hombre indicaba que hablaba con alguien más, puse atención a la voz que estaba con él.
—No podemos aún. —la voz de otra persona, incluso más joven que él, sonaba en su cuarto—. Aún no está listo, por lo tanto, el plan seguirá como hasta ahora.
—Es demasiado arriesgado, una cosa es secuestrar a un chico o dos, pero tantos..., si nos descubren...
—No nos descubrirán...
—Pero han visto la habitación, saben dónde se encuentra. —la voz más adulta subió el tono.
—¡Cálmate! Esos chicos no saben ni lo que han visto, además, los tenemos bajo control, si es necesario los matamos.
—Pero si no tenemos más cuidado descubrirán todo, son demasiados, se supone que es uno o dos chicos, no tantos al mismo tiempo...
—No te preocupes, todo irá... —en ese momento la segunda voz se calló, quizás notaron mi presencia, será mejor volver a mi cuarto. ¿Mi cuarto? Un escalofrío recorrió mi espalda, esto ya lo había vivido, mi corazón empezó a latir con tanta fuerza que casi se me sale del pecho.
Me di la vuelta, aunque la oscuridad bañaba el pasillo podía distinguir que no estaba en mi casa, ese no era el pasillo que llevaba a mi cuarto, a lo lejos distinguí la silueta de un chico haciéndome señas para que me acercase a él, a su vez, unos pasos se acercaban por detrás, iban a abrir la puerta, debía hacer algo, pero no sabía el qué, ¡Mi tiempo se agotaba!
(Continuará...)
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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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