sábado, 27 de marzo de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 1 ''El dentista''

Capítulo 1 ''El dentista''


Esto sucedió en mi adolescencia, me llamo Alejandra, Álex para los amigos, soy una chica normal, de cabello oscuro y ojos color miel, tengo un hermano dos años más pequeño, se llama Rubén, es un chico rubio de ojos azules.


La verdad es que siempre nos hemos llevado bien, nos la pasábamos en la calle jugando al fútbol, con los cromos, al escondite, en fin, lo que hacemos los chavales, o al menos antes...


El caso es que un día mi hermano por accidente tiró por las escaleras a una señora mayor, todo fue una broma, pero salió mal, acabó en un reformatorio durante dos largos años, al fin le dieron el indulto y ha vuelto con nosotros.

Mis pensamientos se desvanecieron, de repente, había dejado de sentir la piel y la respiración de mi hermano Rubén, que se suponía estaba abrazado a mí, ya que acababa de llegar del reformatorio, abrí los ojos y no estaba, en la habitación estaba yo solo.

¿Rubén? ¡Esto no tiene gracia! —miré por la ventana, seguía lloviendo, de nuevo la lluvia, ¿por qué siempre está lloviendo?

Un leve quejido sonó debajo de mi cama, alterado, me puse de pie y le di al interruptor de la lámpara de la mesita, pero no se encendía, el silencio del cuarto era abrumador, solo roto por la leve lluvia de afuera, la poca luz que entraba era suficiente para poder distinguir lo que había en mi cuarto.

De nuevo un leve quejido, no podía distinguir que era exactamente.

Rubén, ¿Eres tú...? —pregunté con incertidumbre.

Ayúdame... —una voz quebradiza y sin fuerza me habló.

Esas palabras me hicieron caer de espalda contra la puerta, estaba aterrado, entonces lo vi, al estar tirado en el suelo pude ver al chico, estaba debajo de mi cama, me miraba triste.

¿Qué?, ¿Qué haces tú aquí? —con temor pregunté mientras me preparaba para gritar.

Ayúdame... —repitió.

¿Qué? ¿De qué hablas? —entonces me fijé bien en el chico, iba con una camiseta azul con dibujos de lo que parecían barcos de vela—. ¿Ayudarte cómo? No..., no eres real...

Empecé a sentir un gran malestar, estaba soñando, seguro, esto era una pesadilla, intenté levantarme y en ese instante el chico fue engullido entre las sombras, vi otra cara aparecer de la oscuridad, estaba ensangrentada, deformada y daba escalofríos, era terrorífica, su rostro daba puro terror, estaba paralizado por el miedo, el miedo de ver su cara infernal, una especie de hombre deformado, sin ojos...

Alargó su mano hacia mí sonriendo y sin yo oponer resistencia, me dejé llevar hasta su posición, debajo de mi cama, donde él estaba, sin poder moverme, sometido a su poder, al miedo que causaba, sujetó con sus manos mi cuello e intentó asfixiarme.

No saldréis de aquí con vida, ¡Ninguno! —dijo con su ronca voz.

¡¡Nooo!! —mi grito sonó en toda la casa, mi madre entró corriendo y abrió la puerta.

Me levanté agitado y mirando a todas partes, sudando.

Hija, solo fue una pesadilla, cálmate. —mi madre se sentó a mi lado abrazándome, yo aún agitado miré a mi alrededor. —¿Estás mejor?

Sí, fue un mal sueño, ¿Dónde está Rubén? —pregunté.

Últimamente tienes demasiadas pesadillas. —mi madre se levantó hacia la puerta—. Venga, anímate, mira, he comprado batido de fresa, tu favorito, te traeré un poco, tu hermano ya se fue a clases.

Me levanté y me senté en la mesa, miré por la ventana, estaba soleado.

No tengo ganas de ir al dentista...

Pues tienes que ir, tenemos cita pendiente, toma. —mi madre dejó el batido de fresa en la mesa—. Voy a salir a comprar antes, pórtate bien.

Cuando mi madre se fue entré al baño, me lavé la cara y me miré al espejo, odiaba mi cabello, ahora largo, me hacía ver de nuevo como una chica, no quería ser una chica...

Bajé al baño y cogí las tijeras, subí de nuevo al baño y comencé a cortarme el cabello, lo hice como pude, cuando terminé tenía todo el pelo revuelto, mojé mi cabeza entre lágrimas cuando escucho un ruido en mi cuarto.

¿Hola? —cogí la toalla y me sequé la cabeza conforme entraba a mi cuarto, el batido estaba en el suelo, cogí el batido sin saber cómo se había caído al suelo, ¿Quizás mi madre lo puso en el borde?

Me senté en la silla del escritorio y abrí el batido, comencé a beber un poco mientras ojeaba una revista de la mesa, empecé a leerla para que pasara el tiempo más rápido, se me hacía eterno, era raro, pero es como si desease estar en clases, la revista era de videojuegos, seguí pasando páginas sin interés hasta que llegué a una que llamó mi atención, en ella aparecía una casa de aspecto antiguo, vieja y tenebrosa, muy parecida a la casa abandonada que había cerca de la escuela.

Más abajo aparecía una especie de viñetas, en ellas aparecían cinco chicos en frente de la casa, estaban de espalda y no podía verles la cara, los cinco se adentraban en ella con linternas, ¿Qué tenía que ver esto con videojuegos? Pasé la página para ver como continuaban las imágenes.

En ese momento sonó el móvil, lo había dejado en mi cama, me levanté a cogerlo, en las notificaciones apareció una llamada perdida, el número, desconocido.

Desbloqueé el móvil, pulsé en el número desconocido y le di a llamar.

Empezó a sonar hasta que alguien lo cogió.

¿Hola? He recibido una llamada hace un momento desde este número... —nadie contestó, solo se escuchaba una respiración, era lenta y profunda. —¿Oiga? ¿Quién es?

De nuevo no obtuve respuesta, así que iba a colgar cuando escuché un sonido, era metálico, como si alguien clavase algo en un cristal y lo rayase. De repente, escuché una voz de chico.

Por favor, no..., no me hagas daño... —una risa sonaba de fondo, y un grito sonó con fuerza—. ¡Déjale en paz!

En ese momento se hizo el silencio, se escuchó un fuerte golpe y la llamada se cortó, esa última voz era de una chica, era familiar, miré el móvil para volver a llamar, pero detrás escuché pasos, una mano se posó en mis hombros y sujetando el móvil con fuerza me dispuse a defenderme.

¡¿Qué le pasó a tu ropa? ¿Te tiraste el batido por encima o qué, porque tienes la ropa rasgada? —mi madre miró el vaso de batido vacío y me miró extrañada de nuevo—. Llegamos tarde al dentista, cámbiate y tira esa ropa, está toda rota y sucia.

Miré mi ropa, estaba manchada, parecía sangre en lugar de batido, y tenía un agujero en el costado, ¿Cómo me rompí la ropa? Además, tenía como un aspecto viejo, como si acabara de venir de la guerra, pero eso no era lo extraño, sino como había pasado el tiempo tan rápido, era imposible, para mi habían pasado minutos, pero en realidad pasaron dos horas...

Me duché pensando en ello, me cambié de ropa y nos montamos en el coche para ir al dentista, durante el trayecto podía ver como salían los chavales de la escuela, de vuelta a sus casas, no dejaba de pensar en todo lo que me ocurría, ¿Me estaba volviendo loco?

Te volviste a cortar el cabello... —mi madre sonaba enfadada.

Sí, me gusta llevarlo corto. —dije cortante.

Hija, por mucho...

Mamá, me da igual lo que digas, no me siento chica, ¿Es que no lo comprendes?

Mi madre no contestó, pero sentí su rechazo ante mis palabras, llegamos al dentista, entramos y esperé mi turno, había otro chico delante de mí, era de piel morena tostada por el sol, pelo oscuro, tendría unos dos o tres años menos que yo, lo que sí me llamó la atención fue su mirada, seria y fijada en mí, sí, no paraba de mirarme, me estaba observando en la distancia.

¿Miguel? —la chica lo llamó. —Tu turno, entra.

El chico se levantó y sin parar de mirarme entró tras ella, estuve un rato esperando, demasiado rato, cuando quise darme cuenta mi madre no estaba, nadie..., nadie estaba, ni siquiera la recepcionista, me levanté exaltado, miré a izquierda y derecha, pero no había nadie, escuché ruidos en la habitación donde el chico llamado Miguel entró.

Me armé de valor y la abrí lentamente, estaba ese chico, Miguel, tumbado en la cama, pero estaba como dormido y atado con una cuerda, entonces escuché unos pasos que venían hacia nosotros, entré corriendo y me escondí en una esquina.

La puerta se abrió y entró una chica, iba vestida de blanco, pero su aspecto era diferente al de antes, aun estando de espalda noté algo raro en ella.

Se dio la vuelta para coger material de la mesa y pude verle la cara, bueno, más bien lo que le faltaba en la cara, no tenía ojos, en su lugar unas cuencas vacías y ensangrentadas ocupaban su lugar.

Aterrado por la escena me tapé la boca para no alertar a esa cosa, fui sacando el móvil para llamar a la policía, debía aprovechar la ocasión.

De repente Miguel pegó un grito, la mujer estaba intentando dañar su ojo, Miguel, atado y sin poder moverse, se retorcía de dolor, por el dolor, Miguel se desmayó.

Logré marcar el número de la policía, pero no lo cogían, tenía miedo y debía hacer algo, volví a marcar, esta vez el de emergencias, lo puse en mi oreja, pero nadie lo cogió.

A mi lado había una botella grande de aspecto metálico, quizás si la cogía y se la lanzaba podría salir de aquí..., iba a hacerlo cuando mi móvil comenzó a vibrar, lo cogí corriendo, pero esa cosa miró hacia donde yo estaba, me quedé inmóvil, mi respiración agitada y el temblor de mis piernas casi me hacen desfallecer, entonces alguien habló desde el móvil.

¿Hola? He recibido una llamada hace un momento desde este número... —un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, mi sudor era más frío que el hielo. —¿Oiga? ¿Quién es?

Era mi propia voz, ¿Cómo es posible? Un momento..., esa frase la dije yo antes, cuando realicé la llamada al número desconocido.

La mujer sonrió mirándome con esa cara sin ojos, era espeluznante, cogió unas pinzas de metal y arañó la mesa, su ruido metálico era insoportable.

Por favor, no..., no me hagas daño... —Miguel había recobrado la consciencia, mirando a la mujer pedía clemencia, la mujer comenzó a reírse y se dispuso a atacar a Miguel, que, temblando, intento zafarse, pero no pudo desatarse.

¡Déjale en paz! —cogí la botella y se la lancé a la mujer, el móvil salió disparado lejos de mi alcance.

La mujer evitó el golpe de la botella, enfadada sujetó con su mano parte de su propia piel y la fue arrancando de su cara, no paraba de sangrar, Miguel con lágrimas en los ojos intentaba escapar, pero era inútil.

Se giró hacia Miguel para atacarle.

¡Basta!, ¡Déjalo zorra! —mi voz detuvo a la mujer que se giró de nuevo a mí, comenzó a andar lentamente.

Se detuvo a medio camino y volvió a sonreír, su cara sin piel y ojos era aterradora, quería salir de allí, pero no podía dejar a Miguel tirado, no podía...

La mujer sacó del bolsillo unas tijeras enormes, apuntó hacia su pelo y comenzó a cortárselo junto a trozos de piel, casi se estaba arrancando el pelo.

¿Qué pesadilla era esta? ¿Por qué lo hace?

Las tijeras se le engancharon en el pelo y aproveché para salir corriendo, pero ella me alcanzó y me sujeto del cuello intentando asfixiarme. Intenté liberarme, pero no pude, sujeté las tijeras y las intenté coger, pero no se desenganchaban de su pelo, mi visión era cada vez más borrosa, sentía que las fuerzas se me iban, intenté resistirme, pero no pude más y perdí el conocimiento.

Abrí los ojos poco a poco, estaba tumbado en una cama, atado, me estaban transportando, mi cama se movía, quise distinguir donde estaba, parecía un lugar viejo y antiguo, un golpe en la cara me hizo desmayar.

Un fuerte olor me despertó, estaba colgando, con mis manos atadas hacia arriba y mis pies rozando el suelo, tenía la boca amordazada, a mi lado estaba Miguel, gravemente herido, y en la misma situación que yo, miré a mi alrededor, la habitación estaba oscura, oscuridad que era invadida por pequeños rayos de luz del exterior, al fondo había un pozo, parecía un cuarto que llevaba abandonado décadas.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021

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