El secreto de Jack 10 - Juguete roto (Final)
Daniel acaba en un reformatorio, allí conoce a un chico que está desquiciado, lo quiere humillar, dominar y doblegar. (Último capítulo)
Jack, con pesadumbre e impotencia, apretó los dientes y se llevó la mano donde tenía las pastillas a su boca.
En ese instante una mano golpeó su brazo, las pastillas cayeron al lavabo y se metieron por dentro de la tubería.
—¿¿¿Qué coño haces??? —Jack empujó a Liam y comenzó a intentar sacar las pastillas del lavabo, pero era inútil, cayeron dentro.
—¿Qué coño hago yo? ¿Y tú? ¿Así ayudarás a Daniel? —Liam miraba con cierto asco a Jack, el cual comenzó a llorar desconsoladamente.
—¡¿Tú que sabrás de mí?! ¡Lárgate! —Jack intentó golpear a Liam, pero este le esquivó y lo abrazó con fuerza, Jack intentó apartarlo, pero Liam lo mantuvo sujeto y Jack solo sollozaba.
Liam suspiró mientras tenía a Jack abrazado, estuvieron así casi un minuto, Jack se calmó y abrió ahora sí, los ojos, miró a su alrededor y se apartó con la cara sonrojada.
—Perdona, no sabía cómo calmarte... —dijo Liam rascándose la nuca.
—No, tranquilo, me ayudó, en parte... —la voz de Jack sonaba avergonzada—. ¿Por qué me seguiste?
—No te seguí, bueno..., sí, un poco, pero porque a lo lejos vi que tus movimientos eran sospechosos, ni de broma me imaginé algo así...
—Ya..., cuando tuvimos el accidente, y mi padre comenzó a beber, supe que utilizaba Valium recetado, le quité una pastilla y me..., me ayudó a ser..., ¿Feliz?
—O a engañarte para que lo pareciese. —cortó Liam.
—Puede, el caso es que Louis es el hijo del dueño de la farmacia local, él..., bueno, de vez en cuando le coge del almacén a su padre mercancía sin registrar aún.
—Y tú se la comprabas... —continuó Liam negando con la cabeza.
—Sí, ¿Y qué? ¿Tú sabes cómo estaba yo? —Jack le dio la espalda y el timbre de clases empezó a sonar.
—No, no lo sé, lo que sí sé es que ahora, con eso que ibas a hacer no ibas a ayudar a Daniel, ni tú ni nadie podemos, hay que esperar, y si todo va bien...
—¿Si todo va bien? —Jack volvió a girarse mirando a Liam, su rostro era de impotencia—. Roland me ha dicho que la cosa se puede alargar meses, porque hay una denuncia en otra ciudad, supongo que en la que vivía Daniel, donde su padre denunció que desaparecieron, ah no, espera, ''padrastro'', Daniel me mintió, nunca me habló de él.
—No le culpes por eso, es su vida.
—¡Yo soy su vida! —replicó Jack—. Y me ocultó eso.
La puerta del baño se abrió y una profesora los pilló discutiendo.
—¿Qué hacéis aún aquí? ¡A clase!
A su vez, en el correccional...
—Como sabéis, hoy tenemos un nuevo integrante en nuestro centro, espero que le deis la bienvenida y no os paséis con él. —dijo Ariel, el profesor que les daría las clases por las mañanas, de mediana edad, altura media, cabello oscuro corto y ojos oscuros.
Observó como Daniel caminó hasta la mesa donde se sentaba Jesús, los veinte chicos, en silencio, escucharon atentamente lo que el profesor les explicaba, y así, pasaron las horas sin descanso hasta la hora del almuerzo.
Daniel, que no aguantaba más, se separó de Jesús, que bajó al comedor, mientras él se dirigió a los baños de su ala, allí estaría más seguro que en los vestuarios generales, ya que cada ala o pasillo, tenía su propio cuarto de baño, que constaba de bañera, urinario y lavabo.
Corriendo, sin poder aguantarse, se acercó al urinario y pudo por fin liberar esa carga, mientras suspiraba con gusto, escuchó unos pasos acercarse con lentitud.
Daniel terminó y se acercó al lavabo a lavarse las manos, pero entonces un chico abrió la puerta y entró en el baño, sus miradas se cruzaron.
El chico, de piel blanca, con la ceja izquierda cortada, el labio también cortado, cabello negro oscuro, corto, se acercó a Daniel y pudo ver sus ojos pardos, no le quitaban la vista de encima.
—Desde que llegaste... —comenzó a hablar el chico—. Mi cabeza comenzó a dar vueltas, una y otra y otra vez, me sonabas de algo, en serio, desde esta mañana que te vi, supe que te conocía de algo.
Daniel cerró el grifo tras terminar de lavarse las manos y miró con cierto temor al chico, pero, por mucho que se fijase en él, no le sonaba en absoluto, nunca lo había visto.
—¿Qué? ¿No me recuerdas? —el chico dio varios pasos hacia delante, Daniel, a su vez, retrocedió hasta chocar con la pared.
Miró a la puerta, ahora cerrada, estaba acorralado con ese lunático, porque sí, su cara era de loco, ahora, sonriendo, alzó su puño y con un rápido movimiento, golpeó el estómago de Daniel, el cual, al recibir el impacto, cayó al suelo de rodillas, tosiendo y respirando con dificultad.
¿¡¿Cómo puede tener tanta fuerza?!? —pensó Daniel.
—¡Levanta! —gritó el chico.
Daniel se levantó con dificultad y rabia, apretó su puño para defenderse, no quedaba de otra.
—¡¿Qué pasa aquí?! —una voz los alertó, detrás de ellos, se abrió la puerta y apareció otro chico sorprendiéndolos.
—Lárgate, Leonardo. —dijo el chico que le pegó el puñetazo a Daniel.
—Soy Loki, ¿Le estás pegando al nuevo? —preguntó Leonardo.
—¡¡Qué te pierdas joder!!
—¡¡Ehhh!! ¡David está agrediendo al nuevo! —Leonardo salió corriendo por el pasillo gritando entre risas, lo que encorajinó aún más a David.
—¡Me cago en la puta! —David, que ese era su nombre, se giró de nuevo a Daniel y le sujetó del cuello del uniforme—. ¡Esto no queda aquí, lo vas a pagar!
David, tras la amenaza, salió corriendo detrás de Leonardo, a los segundos, no se escuchaba nada, Daniel, con la respiración agitada y aún con el dolor en su tripa, avanzó unos pasos y se asomó al pasillo, no había nadie.
Abrió la puerta de su cuarto, una vez dentro, la cerró y puso la silla del escritorio en la manivela para atrancarla, se echó en la cama y comenzó a llorar, no podía más, ¿Qué hizo él para este castigo? ¿Es justa la vida?
Llorando, al final se quedó dormido...
Un estruendo despertó a Daniel, alzó la cabeza y vio por la ventana que la luz del sol empezaba a esconderse.
—¿Por qué atrancaste la puerta? —Jesús entró en el cuarto y recogió la silla del suelo, la cual había caído del empujón que Jesús parece haberle dado.
Daniel, descorazonado, ignoró a Jesús y volvió a tumbarse.
—¿Te han hecho algo? —Jesús se acercó a Daniel, pero este negó con la cabeza—. ¿Seguro? Pues has faltado al almuerzo, por lo que te sancionarán...
Jesús sacó una maleta de debajo de su cama y comenzó a meter sus cosas, Daniel, al ver esto, se levantó y miró extrañado a su nuevo amigo.
—Verás... —Jesús sujetó un libro y tras respirar hondo, prosiguió hablando mientras seguía metiendo sus cosas en la maleta—. Mi caso se ha solucionado y vuelvo con mi padre esta noche, por lo que...
—¡NO! —la voz de Daniel sorprendió a Jesús—. ¡No me dejes solo!
Daniel abrazó a Jesús y comenzó a llorar, éste, sorprendido, lo abrazó como si de un hermano pequeño se tratase.
—Eh, eh, ¿Qué te pasa pequeño? —Jesús no pudo aguantar y sus ojos también se pusieron rojos—. Illo, no sé cómo lo haces, pero no te conozco ni desde hace veinticuatro horas y ya me caes bien.
—¡Aquí me van a matar! —dijo Daniel entre sollozos.
—No, mira. —Jesús apartó a Daniel, que se limpiaba las lágrimas y cerró la puerta, miró a Daniel y le sonrió—. Te daré una cosa.
Jesús se puso de puntillas y alzó su brazo para buscar algo encima del armario, hasta que sujetó con fuerza lo que parecía una navaja.
—Cucha, esto me lo regaló un chico antes de irse, como sabes, aquí no está permitido nada que pueda usarse de arma, por eso utilizamos cubiertos de plástico, pero esto, amigo, esto te mantendrá seguro, si alguien, el que sea, intenta hacerte algo, saca la navaja, y se lo pensará dos veces.
—Pero... —Daniel no parecía convencido.
—Pero nada. —Jesús sujetó con fuerza la mano de Daniel y posó la navaja en ella, la cerró y la volvió a apretar—. Esto es lo único que te dará seguridad, si debes usarla, hazlo, nunca te harán nada, recuerda que tú no estás aquí por los motivos que ellos sí.
Jesús volvió a abrazar a Daniel y éste lo apretó con fuerza.
—Bueno, renacuajo, ya nos veremos, suerte y, hazme caso, nunca, jamás te dejes dominar, el miedo solo existe si tú lo permites.
Tras estas palabras, Jesús se marchó por la puerta, dejando a Daniel de pie, solo, se acercó a la ventana y al rato pudo ver como un coche se acercaba a la verja, de él salió un hombre, Jesús corrió y le abrazó con fuerza.
—Quiero irme de aquí... —murmuró Daniel.
—Así que hablas... —una voz le alertó y se dio la vuelta de golpe, escondiendo en su bolsillo con rapidez la navaja.
Era Connor, comenzó a caminar hasta Daniel, el cual, tenso, no le quitaba el ojo de encima, Connor se puso a su lado y miró por la ventana como Jesús se marchaba.
—Vaya, tu compi se va, ¿No? —Connor, con sorna, se acercó a la cama de Daniel y se sentó en ella—. Dime, ¿Por qué estás aquí?
Daniel no respondió.
—Verás, es raro, pero no pareces un chico conflictivo, sino el típico al que le cargan el muerto..., que..., hablando de muertos, ¿Sabes por qué estoy yo aquí?
—No, y me importa un pito. —respondió Daniel, cortante y seguro de sí mismo, ahora se sentía cabreado, estaba harto de que le amenazasen o intimidaran, le daba ya todo igual.
Connor, tras la respuesta de Daniel, abrió los ojos y comenzó a reírse.
—Jajajaja, joder, qué bueno..., me gustas, sí..., 'me gustas...' —dijo Connor, haciendo énfasis en esa última palabra.
Daniel caminó hasta la cama de Jesús y se sentó en ella, quedando los dos frente a frente.
—¿Qué quieres? —preguntó Daniel sin rodeos.
Connor le observó unos instantes.
—Que me respondas, ¿Por qué estás aquí?
—No tengo por qué hacerlo, no soy de los que fardan para parecer más que otros, no me hace falta, ¿Sabes?
—Cierto, mmm, verás, la primera noche no suele hacerse, pero la segunda hay un rito de iniciación, en la cual se le da la bienvenida al nuevo...
Daniel permanecía callado.
—Y eso, chaval, es que esta noche, serás el protagonista del rito de iniciación.
Ambos permanecieron callados, aguantándose las miradas.
—¿Y si me niego? —preguntó Daniel.
—Bueno, no depende de ti, el rito lo harás sí, o sí, a no ser...
—¿A no ser? —Daniel comenzaba a desesperarse.
—Que me beses.
—¿Qué? —incrédulo, Daniel miraba a Connor.
—Si me besas, yo te garantizo que no tendrás rito. —Connor se levantó de la cama mirando a Daniel—. Aquí, ahora, me besas y me voy, así de fácil.
Daniel se mantuvo callado, Connor sonrió y comenzó a caminar hacia él, se sentó a su lado, hasta estar a escasos centímetros de Daniel.
—Bueno, ¿A qué esperas? Bésame. —ordenó Connor
—Eres..., ¿gay? —preguntó Daniel confuso.
—¿Gay? ¿Qué es eso?
—Que te gustan los chicos...
—Ah..., no sé, no me gustan las etiquetas, si algo me gusta, no paro hasta que sea mío.
Daniel tragó saliva, Connor intentó besarle los labios, entonces Daniel le empujó hasta la otra cama, se subió encima de Connor y con la navaja apretó la punta en el cuello del chico, el cual, sin esperarlo, no pudo defenderse.
—¿Qué..., coño haces? —Connor le miró sorprendido.
—Calla, gilipollas, ya estoy harto de este sitio. —Daniel estaba ido, apretó más la navaja contra el cuello del chico.
—¡¡Para, para joder!! —gritaba Connor.
—¿Me vas a dejar en paz? —preguntó Daniel con tono amenazador.
—Sí... —murmuró Connor.
—¡No te escuché bien! —Daniel apretó con más fuerza el agarre de su brazo y Connor empezó a quejarse de dolor.
—¡Qué sí!, ¡Qué lo he pillado, joder!
Daniel se levantó y se guardó la navaja en su bolsillo veloz, Connor se recompuso la ropa como pudo y miró a Daniel.
—¿Qué era lo que me estabas clavando? —preguntó sin saber que era una navaja, ya que no pudo verla bien al tener la cabeza alzada hacia arriba.
—Algo que usaré si alguno de aquí me toca. —respondió Daniel con enfado.
—Muy bien, admito que tienes un par de huevos. —Connor se levantó de la cama y miró a Daniel antes de irse—. Pero..., aunque yo te deje en paz, debiste aceptar el trato, era un puto beso.
Daniel le iba a contestar, pero Connor cerró la puerta marchándose.
—¿Pero qué clase de desquiciados hay aquí? —se preguntó Daniel negando con la cabeza.
Y así, pasaron las horas y Daniel tuvo que limpiar uno de los baños por no almorzar, ese día, después de cenar, subió a su cuarto, movió la silla y atrancó la puerta, caminó hasta la ventana, la luz de la luna iluminaba la habitación.
Daniel miró a su alrededor, cogió una manta del armario y la introdujo debajo de la cama de Jesús, se metió debajo y se acurrucó pegado a la pared.
No se fiaba de las palabras de Connor y ese rito de iniciación, si alguien venía a por él, se defendería.
Le costó, pero al final terminó durmiéndose, no se sabe cuántas horas pasaron, pero se despertó al escuchar como la manivela de su habitación comenzaba a moverse.
Daniel, alertado, llevó la mano a su bolsillo, pero la navaja no estaba.
—¿Dónde está? —Daniel comenzó a ponerse nervioso.
Se asomó desde debajo y miró al escritorio, y a la otra cama, pero no, no estaba ahí, ¿Dónde la dejó?
La manivela seguía intentando moverse, hasta que un leve empujón hizo que la silla se cayese al suelo, unos murmullos detrás de la puerta comenzaron a escucharse, Daniel, asustado, apretó con fuerza uno de sus puños.
Seguía debajo de la cama, y pudo ver como dos chicos entraban en el cuarto.
—No está aquí... —murmuraba uno de los chicos.
—Debe estar... —otra voz que hablaba con tono bajo.
Los dos chicos caminaron y tocaron ambas camas, luego abrieron los armarios, uno de ellos comenzó a agacharse y miró debajo de la cama de Daniel.
—¿Y bien? —le preguntó una voz.
—Nada... —contestó Connor, que giró la cabeza hacia donde estaba Daniel escondido, sus ojos se cruzaron y Connor se sorprendió.
—¿Y ahí? —preguntó de nuevo el otro chico.
Connor le miró unos segundos y Daniel, casi suplicante, le miraba sin apartar su mirada de él, Connor bajó la mirada y se levantó del suelo.
—Tampoco, debe haberse escondido en otro lugar... —dijo Connor.
—¡Joder! ¿Cómo sabía que vendríamos a por él? —preguntó el chico, que parecía ser David, el que le pegó el puñetazo en los baños.
—Ni idea tío, alguien debió hablarle del rito... —dijo Connor con sorna.
—Pero, la silla estaba puesta por dentro... —David abrió la ventana y se asomó—. Hijo de perra, seguro salió por aquí.
Ambos chicos salieron del cuarto y escuchó a David hablarle a alguien más en el pasillo.
—¡Buscadlo, debe estar en algún lugar, joder! —David parecía desesperado.
La puerta se cerró y Daniel respiró hondo, pero aunque esa noche se hubiese salvado, no podía estar así otra noche más, debía escapar de ahí como fuese.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un crujido dentro de su cuarto, Daniel, asustado, miró hacia el cuarto, pero no había nadie, esperó en silencio y de nuevo se escuchó el crujido, parecía que provenía de la cama, sí..., donde él estaba debajo.
Daniel, con miedo y sin saber qué era ese ruido, se deslizó por el suelo saliendo de la cama, entonces en ese momento vio a un chico sentado, iba a reaccionar, pero recibió un puñetazo que le hizo casi desmayarse, sangre salía de su boca.
El chico se levantó y sujetó a Daniel con fuerza, sacándolo de debajo de la cama, avanzó unos pasos y abrió la puerta.
—¡Chss, está aquí! —el chico, con un tono bajo, alertó a los demás, Connor, David y otro más entraron en el cuarto.
—¿Dónde estaba? —preguntó David.
Daniel estaba medio mareado.
—Debajo de la cama. —respondió el chico que le descubrió—. Menos mal que me quedé aquí esperando a si volviese...
—¿No dijiste que no había nadie? —David miró a Connor amenazante.
—No sé tío, yo miré y no lo vi, quizás estaba tapado con esa manta. —señaló Connor al suelo, la manta estaba esparcida.
David apretó los dientes poco convencido.
—Bueno, sujetarlo, vamos a llevarlo donde siempre antes de que Thomas haga la ronda de esta zona.
—Vale... —respondió Connor.
—Yael, ayuda a Connor a llevarlo. —ordenó David.
Connor y Yael sujetaron con fuerza a Daniel por los hombros y pies y salieron del cuarto, mientras David y otro chico miraban a los pasillos antes de continuar para evitar a Thomas, se sabían su rutina, Daniel iba con un calcetín metido en la boca.
—Ahora. —dijo David.
Los chicos avanzaron casi a oscuras por los pasillos y entraron a un cuarto distinto al resto, parecía un almacén, dónde había enseres deportivos y colchonetas, bajaron por las escaleras, una, dos, tres plantas, contó Daniel, que estaba desesperado.
Intentó forcejear y le dieron un golpe en la nuca, perdiendo el sentido.
—Soltadlo ahí. —David, autoritario, ordenaba a los demás cómo actuar.
Los ojos de Daniel se abrían con dificultad, cuando por fin recobró el sentido, podía ver que estaba amordazado y atado con cuerdas a una silla pegada a la pared.
Daniel, asustado, miró a su alrededor, parecía efectivamente un gran almacén, en frente, tres chicos, sentados en el suelo discutiendo en voz baja, uno de ellos era Connor, el otro, el chico que le pegó, Yael, que era un chico más bien gordito y pelo corto oscuro, por último, un chico de piel pálida, rapado y con cara de pocos amigos.
Los más grandes parecían Yael y el chico de piel pálida, tendrían mínimo dos años más en comparación con Daniel, Connor, era un año menor que Daniel.
En ese momento entró David con una botella de plástico vacía, David de por lo menos tres años mayor que Daniel, era el más alto e intimidatorio.
—Vaya, si ya se despertó. —dijo David en voz baja, se acercó a Daniel mientras los otros se pusieron en pie al verlo llegar.
—¿Y ahora? —preguntó el chico gordito, Yael.
David sonrió a Daniel y le miró agitando la botella, Daniel estaba atado y amordazado con un calcetín dentro de su boca, además de cinta adhesiva.
—Ahora..., ahora toca el rito.
Atado con cuerdas a la silla metálica y amordazado con algo metido en su boca, que parecía ser un calcetín y cinta adhesiva, Daniel miraba a su alrededor alterado, parecía estar en un almacén muy amplio, donde había colchonetas, balones y demás enseres deportivos guardados en estantes.
Connor, Yael y el chico pálido estaban sentados en el suelo, hablando en voz bajita, no distinguía lo que decían.
David entró por la puerta con una botella de plástico vacía.
—Vaya, si ya se despertó. —dijo David en voz baja mirando a Daniel, se acercó a él mientras los otros se pusieron en pie al verlo llegar.
—¿Y ahora? —preguntó el chico gordito, Yael, quién golpeó a Daniel y le hizo desmayarse.
David sonrió mirando a Daniel y agitó la botella, blanca y vacía con sorna.
—Ahora..., ahora toca el rito.
Daniel miró con cierta rabia y a la vez temor a David, que dejó la botella a un lado y sujetó del pelo a Daniel con fuerza, el cual se quejó como pudo con la mordaza.
—¿Aún no me recuerdas? —David se acercó a escasos milímetros de Daniel—. Te refrescaré la memoria.
David soltó a Daniel y buscó entre una caja que había en uno de los estantes algo, tras encontrarlo lo sacó, un gran bate de béisbol.
—Noche de feria, tu novio en el suelo sangrando y mis amigos dándole una lección. —David continuó hablando mientras bateaba al aire con lentitud, todo esto ante la mirada de los otros tres chicos, en silencio—. ¿Y ahora? ¿Me recuerdas?
Daniel se agitó con rabia e ira, sí, David debía ser uno de los chicos que pegaron a Jack, quizás el más pequeño, por eso estaba aquí, en este correccional.
—Por tu culpa yo y mis amigos acabamos aquí, por tu culpa ellos están en prisión, por tu maldita culpa, ¿Por qué no lo dejaste estar? —David se acercó con rabia a Daniel.
—¿De qué hablas David? —preguntó Connor.
David se giró y miró a sus amigos, que no entendían nada.
—Este crío... —David señaló con el bate de manera amenazante a Daniel—. Es un maricón que pillamos mis amigos y yo, ¡¡Se besaba con otro chico!!
David soltó el bate nervioso en una de las colchonetas y buscó de nuevo en la caja.
—Debe ser algo que nunca olvide..., sí... —David sacó de la caja un inflador de balones, sonrió y miró a Daniel con rostro asesino—. Vamos a inflarte hasta que revientes...
—¿Qué dices tío? El rito no es ese... —dijo Yael.
—Cállate, yo decido cómo se hace el rito. —David se acercó a Daniel y apuntó con la aguja del inflador en su muslo izquierdo—. Vamos a pasar una noche muuuuy larga.
—¡No! —una voz sonó detrás de él.
David se detuvo justo cuando iba a clavarle la aguja del inflador de balones.
—¿Qué? —girándose sobre sí mismo, David miró a sus tres compañeros, que permanecían en silencio—. ¿Quién fue?
—Yo. —Connor sacó sus manos de los bolsillos con chulería y caminó hasta David, que no le quitó la mirada en ningún momento, se puso frente a él y le aguantó la mirada, David medía por lo menos diez centímetros más que Connor.
—¿Me estás retando, enano? —preguntó David.
—La verdad es que, me aburres, todo esto es aburrido. —tras esto, Connor agarró el bate, lo apretó con fuerza y golpeó la cara de David con una velocidad pasmosa.
David, en una rápida reacción, dio varios pasos atrás llevándose la mano a la cara, miró con terror a Connor, que sonreía de manera cínica, le costaba respirar, cayó de rodillas con dificultad, le había arrancado un par de dientes, sangraba por la nariz y la boca.
Connor avanzó unos pasos y se acercó a David, le dijo algo al oído y éste se quedó petrificado, Connor sonrió y con un gesto le indicó que se marchase, David, que empezó a temblar, se giró y se marchó con dificultad.
Yael y su amigo miraban aterrados y sorprendidos la escena, Connor se giró y los miró.
—Largo de aquí también vosotros, ¡¡Fuera!!
Ambos chicos afirmaron con la cabeza y se marcharon corriendo.
—Es que es gilipollas, el rito era muy sencillo, orinábamos en la botella y te la echábamos por encima, luego, te soltábamos al patio para la risa del resto, pero no, este gilipollas salió con su discurso homófobo...
Su cara de asco y odio hacia David era evidente, su mirada de lunático hizo temblar a Daniel, incapaz de saber lo que ahora le haría a él.
Su actitud había cambiado de repente, ahora parecía un niño inocente y amigable, se acercó a Daniel y le quitó la cinta adhesiva de la boca con delicadeza.
—Creo que perdiste esto, lo cierto es que cuando la vi encima de tu manta, no dudé en cogerla, pero..., ahora me debes un favor, ¿No crees? —dijo burlonamente mientras le enseñaba la navaja que le dio Jesús.
Daniel escupió sacando de su boca lo que parecía un calcetín y tosió con dificultad, después, miró a Connor con bastante horror.
—¿Qué? —preguntó Connor confuso.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Daniel.
Connor se rascó la cabeza y apretó su puño, de nuevo su gesto era de rabia y odio, su actitud había cambiado otra vez y Daniel se dio cuenta.
—¿Qué más te da? ¿Es que no me lo vas a agradecer? —Connor sonaba muy frío.
—Pero...
—¿Pero qué? Tan solo con un gracias me bastaba.
Connor sonrió y de nuevo su actitud era relajada y amistosa, parecía como si fuese otra persona, acercó la navaja a la cuerda de Daniel y la cortó liberándolo, Daniel llevó sus manos a sus muñecas, doloridas por la dureza de la cuerda, Connor guardó la navaja en su bolsillo y suspiró.
Entonces en un rápido movimiento besó a Daniel, un beso que éste rechazó echándose atrás de manera instintiva, sus labios solo se rozaron.
Ante esto, Connor lo puso contra la pared.
—¿Te haces el estrecho eh? Me gusta... —Connor sujetó con su mano izquierda el cuello de Daniel y volvió a besarle en la boca, esta vez, Daniel se dejó hacer, la lengua de Connor entró en su boca y se fundieron en un largo e intenso beso.
Daniel solo se dejaba hacer, seguía recibiendo el beso de Connor y los tocamientos del mismo, su corazón palpitaba a mil por hora, notaba su mano meterse por dentro de su camiseta, tocando su costado derecho.
Ambos se separaron dejando un hilo de saliva entre ambos, Connor sonrió satisfecho, como cuando consigues un premio codiciado.
—Por favor, yo no quiero formar parte de esto, solo quiero irme de aquí... —Daniel estaba asustado y aún temblaba.
—Vale, vete a dormir, así es imposible, pero..., me debes una. —dijo Connor.
Daniel, sin creer del todo que le dejase ir, caminó con incertidumbre hasta la puerta, dejando allí a Connor, cerró la puerta y salió corriendo hasta su cuarto, cerró la puerta y cayó al suelo de rodillas, sin poder evitar romper a llorar, de miedo, impotencia, rabia.
Se tiró a la cama y siguió llorando hasta dormirse.
Al día siguiente, un policía entró a su cuarto, le preguntó si vio algo la noche anterior, al parecer David había desaparecido, Daniel negó haber visto nada, tenía mucho miedo, tras toda la mañana interrogando a los chicos, los policías se marcharon.
¿Por qué no hay cámaras de seguridad en esta mierda de sitio? ¿Qué clase de lugar es este? A nadie le importa los chicos de este lugar, son desechos sociales, y él estaba entre ellos, ¿Era un castigo? ¿Por qué? ¿Merecía esto?
Los pensamientos de Daniel se llenaron de negatividad y rechazo, si seguía así se volvería loco.
Ese día no hubo clases, además, las profesoras intensificaron la vigilancia, el guardia de seguridad era otro diferente, quizás echaron al antiguo por no hacer su trabajo, el caso es que Daniel quería huir de allí, su vida corría peligro.
Era la hora del almuerzo, bajó al comedor y cuando entró vio que todos comían con normalidad, se acercó a recoger una bandeja y que la cocinera le diera la comida, en este caso, eran lentejas con zanahorias.
Caminó hasta la mesa donde se sentaba, pero Connor le hizo un gesto para que se acercase, Daniel se detuvo indeciso, pero al final se acercó.
—Buen perro, ven, toma asiento. —dijo Connor delante de Yael, el chico pálido y Leonardo.
Los demás miraban expectantes como Daniel obedecía a Connor.
—Chicos, ya conocéis a Daniel, mi perro, Daniel, te presento a Yael, Said y Leonardo, son mis súbditos.
Los chicos comenzaron a reírse, Daniel permanecía callado.
—Soy Loki... —dijo Leonardo.
—Que sí, que sí... —Connor le sujetó de la mejilla como si fuese un bebé.
—¿Y ahora? —preguntó Yael a Connor.
—¿Ahora qué? —Connor cogió su cuchara y siguió comiendo de su plato de lentejas.
—Pues, lo del rito, el nuevo no lo hizo. —Yael no dejaba de mirar a Daniel.
—No hace falta... —sentenció Connor, que se llevó otra cucharada a la boca y se relamió.
—¿Cómo que no? Los nuevos deben hacer el...
Connor no dejó terminar la frase a Yael, su mirada, fulminante le hizo detenerse, todos parecían saber de los cambios bruscos de actitud del chico y sabían cuando callarse, le tenían miedo.
—Como dije..., no hace falta, ya ha pagado. —dijo Connor con firmeza.
—¿En serio? —preguntó el chico pálido, de nombre Said.
—Sí. —respondió Connor.
—¿Cómo ha pagado? —Yael miró a Daniel, el cual al escuchar la pregunta se sorprendió centrándose en Connor.
Connor soltó la cuchara y con su mano apretó los labios de Daniel por los laterales sujetándole el morro.
—Con sus labios.
Los chicos comenzaron a reírse y Daniel quedó humillado.
Sin terminar de comer, se levantó con enfado y salió del comedor, subió las escaleras y entró a su cuarto, estaba muy nervioso, debía hacer algo, esto no podía seguir así.
Debía escapar, como fuese, se sentó en la cama, sus piernas se movían con intensidad, pensativo en qué hacer para salir de esta, no podía contar con los profesores, no se fiaba, además, ¿Qué conseguiría? Lo castigarían y ya, ¿O se lo llevarían de aquí?
La puerta se abrió y Connor apareció de pie, Daniel, sorprendido, se levantó como un resorte con cierto temor, Connor entró y cerró la puerta, se acercó a la cama de Jesús y se sentó en ella.
—Tuve que comerme tu bandeja de comida para evitar que te castiguen, primero te salvo de Josef, el que escupió en el suelo, luego te salvo de David, y ahora te salvo de limpiar los baños por irte sin terminar de almorzar...
Connor comenzó a tocarse por encima del pantalón del uniforme.
—Ya me debes varios favores, si no empiezas a colaborar... —Connor negaba con la cabeza.
—¿Por qué? ¿Por qué haces esto? Yo solo quiero estar tranquilo... —los ojos de Daniel se pusieron rojos.
—¿No te entiendo? ¿A qué te refieres? —Connor se levantó y se acercó a Daniel, que se alejó hasta chocar con la ventana.
—Me intentas obligar a hacer cosas que no quiero...
—¿Por qué no? David dijo que te vio besándote con otro chico. —Connor se puso a escasos centímetros de Daniel.
—¿Y? ¿Qué tiene que ver? —Daniel intentó empujar a Connor, pero éste sujetó sus muñecas, se acercó más a él y pudo fijarse ahora más en los ojos de Connor, azulados, el sol que entraba por la ventana iluminada su cabello rizado, rubio.
—Pues que también quiero eso, que me beses. —dijo Connor.
—Yo tengo novio y...
Connor soltó a Daniel con rapidez y se dio la vuelta para salir del cuarto.
—Muy bien, así que tienes novio..., podríamos habernos divertido, ¿Sabes? Pero no, prefieres arruinarlo..., como quieras, cuando salga de aquí, quizás visite a tu novio...
—¿Qué? —Daniel comenzó a respirar con dificultad—. ¡¡No!!
Daniel se abalanzó contra Connor, pero este con un movimiento rápido le hizo caer al suelo, en ese momento se dio cuenta de que Connor sabía defenderse, ¿se dejó la otra vez?, Daniel quedó boca abajo y Connor encima de él, sujetando sus muñecas.
—¿No qué? ¿Eh? —Connor se acercó a Daniel y le besó en la boca, pero éste se resistía, molesto, separó sus labios y le miró a los ojos—. Es sencillo, si eres bueno conmigo y te portas bien, te juro que no haré nada a tu novio, ni a ti, y de hecho, aquí nadie te hará nada, pero sino...
Se calló y observó los ojos de Daniel, que con pesadumbre asintió con la cabeza, impotente, aceptando su rendición.
Connor se levantó y le dio la mano a Daniel, éste la sujetó y le ayudó a levantarse.
Connor se acercó a Daniel y le besó en la boca, éste se dejó besar, pero mientras lo hacía, un sentimiento de culpa le invadía, sentía ahora vergüenza y rechazo, ¿Qué ha hecho? ¿Y Jack? ¿Lo ha engañado? Además, se sentía sucio.
Tras besarlo, Connor se separó de él relamiéndose.
—Esta noche vendré a jugar, no atranques la puerta, o me enfadaré. —tras su amenaza, Connor le miró lamiéndose los labios de nuevo.
Iba a cerrar la puerta cuando se detuvo en seco.
—Ah, por cierto, ¿Recuerdas que te pregunté el motivo por el cual estás aquí? No quisiste decírmelo, te diré el mío...
Daniel miró a Connor y tragó saliva, estaba claro que no iba a ser un simple delito...
—Mi hermano pequeño ''era'' el favorito de mis padres, nunca me hacían caso y dije ''era'' porque tuve que castigarlo, ¿Sabes?
—¿Qué?... —Daniel se puso blanco.
—Empezamos a pelear y lo sujete del cuello para ''castigarlo''..., —Connor se rascó la cabeza y prosiguió—. Cuando quise darme cuenta, le apreté demasiado el cuello..., creo que fue sin querer, pero no se movía, así que seguí jugando a la consola.
Daniel, helado, no se creía lo que decía Connor.
—Cuando mis padres regresaron a casa se enfadaron mucho conmigo, y comenzaron a llorar, no entiendo por qué, ellos siempre decían que al morir vamos con Dios, así que mi hermano está con él, lo ayudé en parte a llegar antes, pero ellos no lo entendían, espero pronto reunirme con él y jugar de nuevo a la consola con él.
Connor comenzó a reírse y dejó a Daniel solo, tirado en la cama, su mano comenzó a temblar y su labio empezó a tener un temblor, con su mano sujetó su labio con fuerza y apretó los dientes.
Pasó el tiempo y...
La alarma del despertador sonó y Daniel estiró su brazo para apagarlo, se levantó desganado y se quitó el pijama, se puso el uniforme y se peinó con el cepillo mientras se miraba a un pequeño espejo que tenía en el escritorio.
Ya le daba igual salir de allí, todo le daba igual, simplemente no tenía ganas de vivir, soltó el espejo en el escritorio de nuevo y abrió la puerta.
Había pasado un mes y medio desde que entró al centro.
—¿Dónde estabas? —Connor apareció sonriente, Daniel no dijo nada—. ¿No se te olvida algo?
Daniel se acercó y le besó en la boca, tras el beso, Connor le dio un azote en el culo y salió corriendo.
—Te espero abajo, perro.
Daniel suspiró y cerró la puerta, bajó las escaleras y entró en el comedor, cogió una bandeja y su desayuno, caminó hasta la mesa donde estaba Connor sentado ya hablando con sus amigos y se sentó a su lado.
Connor ignoró a Daniel y entre risas hablaba con los otros.
Daniel comió media tostada sin ganas y el resto la dejó en la bandeja, Yael aprovechó y la cogió para comérsela.
—Tío, cada vez estás más gordo. —dijo Connor entre risas a Yael.
En cambio, Daniel estaba más delgado que nunca, por lo menos diez o quince kilos por debajo de su peso, además, había perdido parte de las pecas de su cara, incluso se veía más pálido, parecía un fantasma.
Tras el desayuno fueron a clases, Daniel no prestaba mucha atención, solo miraba por la ventana, observaba el sol iluminar las plantas verdes que rodeaban el centro, la noche anterior había estado lloviendo y estaban mojadas, el sol hacía brillar las plantas.
Las clases terminaron y tras almorzar, Daniel bajó al almacén abandonado, estaba en la planta del sótano, cerrado temporalmente y estaba prohibido entrar.
Abrió las puertas como pudo, ya que tenían cadenas, pasó como pudo por en medio agachado, las puertas se cerraron y caminó hasta llegar a una mesa de billar.
—¡Buh! —de debajo de la mesa de billar salió Connor riendo—. ¿Te asusté?
Daniel le miró y afirmó con la cabeza, Connor estiró su mano y sujetó la camiseta de Daniel atrayéndolo hacia él.
—¿Te sucede algo? —Connor pasó su dedo por los labios de Daniel—. Perdona, sé que a veces puedo ser un poco brusco, pero ya sabes que no lo hago a posta, ¿Verdad?
Connor besó a Daniel, pero éste apartó la mirada a un lado.
—¿Qué te pasa? —Connor se levantó bruscamente y saltó al suelo, dejando a Daniel encima de la mesa.
—Nada...
—No, algo te pasa, ¿Qué? —Connor, que cada vez parecía más enojado, comenzaba a ponerse nervioso—. ¿Es porque el sábado te visita tu novio?
Daniel permaneció callado.
—¿No deberías estar feliz? Lo verás por fin. —dijo Connor cínicamente.
—Sí..., supongo..., pero..., él no sabe lo que hago contigo... —Daniel se calló.
—¿Qué? ¿Conmigo? No son cuernos, ¿Recuerdas? Yo te obligo, además, si no me obedeces sabes lo que le pasará, ¿No? Así que tranquilo, cuando salgas de aquí podrás seguir con él como si nada.
Connor, tan frío como siempre, estiró sus manos atrayendo a Daniel hacia él, fundiéndose ambos en un beso.
Daniel sabía que era un error estar allí, a solas con Connor, pero no le quedaba de otra, no si quería evitar problemas con él, aunque una parte de él se sentía bien cuando estaba con Connor, cuando lo besaba, cuando se tocaban el uno al otro.
Lo que Daniel no imaginaba es que ahora irían más allá, Connor se lamió los labios y comenzó a besar el cuello de Daniel, que se dejaba hacer, sumiso y obediente, ante un chico menor que él.
Cada uno de sus movimientos era deliberado, felino, Connor era como un jaguar detrás de su presa, juguetón y a la vez fiero, lo acorraló contra el borde de madera de la mesa de billar, el aire se volvió espeso, cargado de una electricidad palpable.
La mano de Connor se cerró sobre la nuca de Daniel, firme pero no violenta, simplemente ineludible, no fue una invitación, fue una toma de posesión, el beso que le siguió fue igual, voraz, reclamando un territorio que no le pertenecía.
Connor lo sabía, sabía que Daniel pertenecía a otro chico, pero le daba igual, para él, Daniel era suyo, solo suyo y nadie lo iba a tocar nunca más, Connor sacó una botella de whisky de debajo del billar sonriendo con malicia.
—¿Y eso? —preguntó Daniel sorprendido.
—Se la he quitado a Alberto, vamos a jugar...
Connor abrió la botella y dio un trago, su garganta ardió y comenzó a toser, Daniel vio como Connor le cedía la botella y dio un trago, con dificultad tragó, bebió más de la cuenta.
Tras eso Connor le comió de nuevo la boca, su saliva sabía a whisky y a un atrevimiento que Daniel nunca había probado, por un instante, la mente de Daniel luchó, una imagen fugaz y dolorosa cruzó su cabeza, la sonrisa de Jack, el calor de su piel junto al lago.
Fue un ancla, pero el torbellino que Connor creaba era demasiado fuerte, su mente gritaba "no", pero el cuerpo era un traidor, llevó su mano a la entrepierna y lo pudo certificar, estaba duro, muy duro.
Las manos de Connor eran inexpertas, impacientes, se deslizaron bajo la camiseta de Daniel, sus palmas calientes contra la piel erizada, no eran las caricias lentas y reverentes de Jack, eran toques firmes, posesivos, que cartografiaban su cuerpo con una urgencia febril.
Daniel jadeó contra sus labios, una mezcla de culpa y una excitación oscura y punzante que le recorrió de pies a cabeza, se sentía como un espectador de sus propias acciones, su voluntad desmoronándose bajo el asalto de sensaciones prohibidas.
La hebilla del cinturón de Connor, fría contra su abdomen, lo devolvió a una realidad fragmentada, se separaron, solo para que la mirada de Connor, intensa y oscura, lo capturara de nuevo.
Le acarició la mandíbula con el pulgar, un gesto casi tierno que contrastaba brutalmente con la tormenta en sus ojos.
—Quiero que me la chupes... —dijo Connor, y su voz no dejó lugar a la negociación.
Su mano se deslizó desde la mandíbula hasta la nuca de nuevo, ejerciendo una presión suave pero inequívoca hacia abajo.
—Demuéstrame que deseas estar conmigo... —ordenó Connor.
Las rodillas de Daniel temblaron, pero no cedieron, fue la sonrisa de Connor, una curva lenta y triunfante en sus labios, lo que finalmente lo rompió, era la sonrisa de un depredador que sabe que su presa ha dejado de luchar.
—Daniel..., me la vas a chupar, quieres chupármela, pídemelo, pídeme que te deje comerme la polla.
Connor volvió a acercar a Daniel hasta estar a milímetros, le abrió la boca con sus dedos y lamió sus labios, Daniel, tembloroso, se dejó hacer, él no quería, pero a la vez, sí, de hecho, lo necesitaba.
—Quiero..., quiero chupártela...
—Dilo bien joder...
—Connor, ¿puedo comerte la polla?
Lentamente, como en un sueño febril, las rodillas de Daniel encontraron el suelo frío y del almacén tras la presión de Connor, la perspectiva del mundo cambió, ahora miraba hacia arriba, a la silueta de Connor recortada contra la luz baja, una figura de poder y deseo oscuro.
Era un acto de devoción profana, un rezo a un dios equivocado, su mente se quedó en blanco, vaciada de todo pensamiento de Jack, de culpa, solo existía el presente, el instinto y la abrumadora sensación de entrega.
Connor hizo presión en la nunca de Daniel, que desabrochó el cinturón de Connor, después bajó sus pantalones vaqueros cortos, lo suficiente para ver un bóxer azul oscuro, de esos ajustados, Connor no aguantó más, se los bajó y saltó un pene duro, de unos doce centímetros, era más pequeña de la de Daniel, pero también era más pequeño que él.
Daniel sujetó el pene erecto y sin circuncidar de Connor, totalmente sin vello, blanco, hermoso, con la punta rosada al bajar la piel, miró hacia arriba, Connor le observaba con los labios mordidos.
—Venga..., no aguanto más...
Daniel abrió la boca y lamió la punta, pudo sentir el sabor salado de Connor, que, al sentir la lengua de Daniel, tembló.
Con su boca abrazó todo el pene de Connor, metiéndoselo en su boca, dándole placer al rubio, que apretó sus manos en la cabeza de éste, para que siguiera, para que no dejase de transportarlo a un nuevo mundo, un mundo que acababa de descubrir y que no iba a dejar escapar.
Daniel comenzó a succionar el pene de Connor, que empezó a emitir gemidos de placer, tapó su propia boca para que nadie los escuchase, miró hacia arriba y se dejó vencer al pecado, al placer, al éxtasis.
Connor se tumbó en la mesa de billar, Daniel se puso en pie, se inclinó y siguió comiéndole la polla a su amigo, o más bien a su amo, lamía la punta y la succionaba a la vez que lo pajeaba, bajando y subiendo la piel con intensidad.
Daniel miró a Connor, que solo miraba al techo dejándose llevar, tembloroso, no aguantaría mucho más, Daniel lo notó cuando comenzó a mover las caderas contra su boca entre espasmos de placer incontrolado, Daniel, sin pensarlo, aumentó las succiones, con sus labios, mientras tocaba el cuerpo de Connor.
Connor lanzó un gemido ahogado y comenzó a correrse dentro de la boca de Daniel, apretó son sus manos la nunca de Daniel para que no la sacase de la boca, para que se tragara toda su leche caliente, ese néctar que le regalaba por haberle hecho una mamada, su primera mamada.
Daniel siguió tragando hasta que Connor le soltó, Daniel se incorporó tosiendo y limpiándose con la mano los labios, tenía restos del semen de Connor.
El chico rubio le miró con una sonrisa de triunfo, entonces se dio cuenta que Daniel estaba duro, se bajó de la mesa de billar tras subirse la ropa.
Connor le miró unos segundos, Daniel no sabía que pasaría ahora, pero al ver como Connor se arrodillaba ante él, su corazón tembló, como un caballo a punto de llegar a la meta.
Connor le bajó la ropa, Daniel no quiso mirar, no, no podía, sintió la boca de Connor empezar a chupar sus huevos, Daniel sintió una caída libre al abismo oscuro que lo consumió por completo, borrando por un instante quién era y a quién pertenecía.
El primer contacto fue un shock térmico, una humedad caliente y experta que le robó el aliento y le hizo arquear la espalda, sus manos se aferraron con fuerza al borde de la mesa de billar, sus nudillos quedaron blancos por la presión.
Era una invasión, una continuación del asalto a su voluntad, pero esta vez la sensación era tan abrumadora, tan directa, que cortocircuitó todos sus pensamientos, ya le daba igual todo, se venció al placer, al pecado, a Connor, ese crío que lo había sometido, humillado y controlado.
Cada caricia de la lengua de Connor, cada movimiento de su boca, era un acto de profanación y, para su más profundo horror, de un placer exquisito y aniquilador, era una habilidad perversa, un conocimiento preciso de su cuerpo que él mismo apenas intuía.
Connor no era tierno, era torpe, devorador, a veces notaba el roce de sus dientes, se notaba que nunca lo había hecho, a diferencia de él, que ya se lo hizo a Yeray y a Liam.
El ritmo que impuso era una marea hirviente que subía y subía, amenazando con ahogarlo, su mente gritaba el nombre de Jack en un mantra silencioso y desesperado, pero su cuerpo, traidor y débil, se arqueaba buscando más de ese veneno dulce.
Un gemido bajo escapó de su garganta, y se mordió el labio con fuerza para no volver a hacer ruido, era una batalla perdida, la tensión se acumuló en su vientre, un nudo apretado y eléctrico que se negaba a disolverse y le demostraba que Connor estaba haciendo bien su trabajo, le estaba haciendo una mamada que ni Yeray o Liam pudieron hacerle.
El final no fue un alivio, fue un colapso, una sacudida violenta le recorrió la espina dorsal y lo obligó a cerrar los ojos con fuerza, su agarre en la mesa flaqueó y su cuerpo se entregó por completo a un espasmo que lo dejó vacío, temblando, mientras Connor sentía como Daniel se vaciaba en su boca.
Cuando todo terminó, Daniel se quedó allí, con la cabeza gacha, el sudor frío perlado en su frente, el silencio regresó, pero esta vez estaba lleno del sonido de su propia respiración entrecortada.
Connor se levantó lentamente, limpiándose la comisura de los labios con el dorso de la mano, sin apartar la vista de él, después, escupió parte de la leche de Daniel a un lado, en su rostro no había afecto, solo una sonrisa ladeada, la de un depredador satisfecho que acaba de marcar su territorio de forma definitiva.
No hubo palabras, no eran necesarias, el acto había hablado por sí mismo, sellando la traición con un placer sucio y un peso insoportable.
El silencio que cayó después no fue pacífico, fue un silencio helado, pesado y acusador, el frío del suelo subió por sus rodillas y se instaló en su pecho, justo donde antes sentía el calor de Jack.
Y con el frío, el sabor amargo de la resaca del placer, el cual le hizo recordar el nombre que había intentado ahogar, Jack.
Se sentía miserable, se sentía una mierda, una basura infecta, había traicionado a su novio, a Jack, lo había traicionado por otro chico que logró domarlo, que logró someterlo y hacerle ver que quizás no amaba a Jack completamente, si lo amara no lo habría engañado.
Los días pasaron y llegó el gran sábado, el viento movía las hojas secas del suelo, era pleno otoño, Daniel llevaba ya casi dos meses en el centro o más bien en el correccional.
No tenía permitido que tuviera visita, al menos al principio, porque el juez al final accedió a que sus amigos lo visitaran, pero sus familiares no, y hoy era el gran día, Jack deseaba que llegase el sábado para visitar a Daniel por primera vez desde que lo metieron en el correccional.
—¿No vas demasiado elegante? —preguntó Roland, que observaba desde el marco de la puerta a Jack, que vestía un traje azul oscuro y se ajustaba la corbata mirándose al espejo del armario de su cuarto.
De espaldas, pudo ver a su tío a través del espejo en el que se miraba e intentaba parecer guapo.
—Es que estoy nervioso, llevo casi dos meses sin verle..., quiero..., quiero abrazarlo y besar..., quiero decir... —Jack se puso rojo.
Roland sonrió y echó otro trago al vaso que tenía en la mano, parecía whisky.
—Tranquilo, no estés nervioso, recuerda que el Sheriff está siguiendo el caso muy de cerca y los reportes del centro son muy buenos, Daniel está bien, y es mejor que no te vea nervioso, ¿Vale?
—Sí... —Jack se miró de nuevo al espejo y suspiró—. ¿Cuándo nos vamos?
—En cuanto lleguen tus... —el timbre sonó en la casa y cortó a Roldan—. Mira, estos deben ser.
Jack bajó corriendo y abrió la puerta, tras ella estaban Tommy, Yeray y Liam discutiendo, o eso parecía.
—¿Eh? ¿Qué pasa? —preguntó Jack.
—Nada, que este dice que viene a ver a Daniel. —dijo Tommy con cierto enfado.
—¿Y esas pintas? —preguntó Yeray con cierta gracia.
—Sé que viene a ver a Daniel. —contestó Jack.
Tommy y Yeray miraron sin entender nada a Jack.
—¿Qué? Le invité yo, también es su amigo, y Daniel necesita el mayor apoyo ahora, por lo que todos iremos y no quiero peleas, ¿Entendido? —ordenó Jack.
Sin estar convencidos del todo, Tommy y Yeray aceptaron a regañadientes.
—¿Y qué le pasa a mis pintas? —preguntó Jack, ahora que asimiló la pregunta de Yeray.
—¿Eh? Nada, nada, no sé, te veo raro ja, ja, ja. —Yeray comenzó a reírse y Tommy se llevó la mano a la cara con vergüenza.
Liam, a todo esto, permanecía serio, callado, con sus manos en los bolsillos del pantalón.
—Bueno, ¿Nos vamos? Son casi las diez. —dijo Roland poniéndose la chaqueta y mordisqueando un donut—. Vamos al coche.
Los cuatro chicos caminaron hasta el coche y entraron dentro, Roland terminó de comerse el donut y tras limpiarse con un pañuelo arrancó el coche, después, suspiró y miró a los chicos.
Jack estaba sentado delante, al lado de Roland, Yeray detrás de Roland, Tommy detrás de Jack y Liam en medio, todos bastante serios y nerviosos.
—Escuchad, esto no será fácil, sé que es un momento complicado, y quizás alguno sea de lágrima fácil, pero eso no ayudará a Daniel, ¿Entendéis? Si os ve muy afectados, podríais ponerlo peor, debéis sobre todo ser fuertes y apoyarlo, hay que ser positivo con él, ¿De acuerdo?
—Yo creo que no es buena idea que vayamos todos. —dijo Liam.
—¿Qué dices? —Tommy miró con enfado a Liam.
—Pues, que somos demasiados y podría producirle ansiedad.
—Claro, y es mejor que lo veas solo tú, ¿No? —le recriminó Tommy a Liam, el cual seguía serio, Roland, en silencio, solo permanecía aparte.
—No, lo mejor es que sea Jack el que entre, sólo él. —sentenció Liam.
Hubo un silencio, Jack, con cierta sorpresa, miró por el retrovisor a Liam, el cual tenía la vista puesta en la ventanilla donde Yeray estaba sentado.
—No, lo veremos todos... —decía Roland, pero Yeray le cortó.
—Tiene razón. —dijo Yeray.
—¿Qué? —Tommy alucinaba.
—Quiero decir, Jack es su novio, y creo, pienso, que quizás se sienta más cómodo a solas con él... —Yeray miró a Jack, el cual bajó la mirada en silencio.
Roland detuvo el motor del coche y miró a Jack.
—Está bien, Jack, si Tommy no está en contra... —Roland miró a Tommy, el cual resopló con aceptación la propuesta, no muy de su agrado—. No me parece mala idea, depende de ti, tú decides.
El ruido de unos niños jugando a la pelota se aproximaba, Jack, con atención, posó su mirada en ellos, sonreían y jugaban entre risas y bromas, se alejaron y Jack levantó la cabeza, miró a Roland y habló.
—Yo..., sé que todos queréis verlo, y no sería justo que solo lo vea yo, además, no creo que aguante sin llorar..., no podría hacerlo solo, de verdad que agradezco la propuesta, en serio, pero, prefiero que estemos todos..., además, su madre está muy afectada y..., no es justo que ella no pueda verlo tampoco.
Roland cogió aire y con fuerza arrancó el coche.
—Bien, pues rumbo al centro, vamos a ver a ese revoltoso.
Durante el trayecto, Jack le daba vueltas una y otra vez a lo acontecido estas semanas atrás, Liam y él se habían hecho un poco amigos, al menos de momento, sintió un aliado en Liam, incluso más que en Tommy o Yeray, echaba de menos a Alan, el cual era el más cercano a él, fue su primer mejor amigo, y cuando Alan se mudó de ciudad, lo perdió.
Ahora, sin Daniel, Liam era el único que entendía sus sentimientos, aunque le molestaba aún que fuese detrás de su novio, supo valorar que jugaba limpio, que no era el típico que mira primero por él.
Jack miró por el retrovisor a Liam, que movía la pierna derecha, nervioso, su mano estaba cerrada, apretando con fuerza el puño, estaba claro que estaba muy nervioso, y no veía justo que después de su ayuda, no viera a Daniel.
—Ya estamos aquí. —dijo Roland, giró a la derecha y entró por un camino estrecho rodeado de árboles, las piedras y los baches en el trayecto hacían que el vehículo de vez en cuando diera un bote incómodo.
—Sí que está lejos... —murmuró Tommy, que miraba por la ventanilla.
Habían tardado casi una hora en llegar, y eso que era en vehículo...
Roland se acercó a una verja donde un hombre con uniforme de vigilante le permitió el paso, la puerta se abrió con lentitud y el coche accedió al recinto, los cuatro chicos pudieron entonces ver el gran castillo de estilo medieval, era enorme.
—¿Esto es un centro? —preguntó Yeray con sorpresa.
—Sí, Saint Rukerft School está a las afueras del condado, se inauguró en 1890 como un hospital psiquiátrico, aunque fue usado por el ejército durante la Primera Guerra Mundial y luego se convirtió en un sanatorio para enfermos de tuberculosis. —ante las palabras de Roland, los chicos tragaron saliva.
Empezó a aparcar el coche cerca de la entrada.
—¿Estás diciendo que esto fue un psiquiátrico? —preguntó Yeray señalando al centro, parecía asustado.
—Sí. —Roland sonrió—. Pero tranquilo, en los años 70 lo reformaron y en los 80 abrieron como un centro de menores para niños problemáticos.
—Sigo sin entender por qué lo trajeron aquí... —Tommy vio injusto que Daniel estuviera en un lugar como ese.
—Chicos, ya os lo dije, el centro de menores más cercano es en la ciudad de al lado y está a varias horas, además, al ser fuera del condado no tendríamos acceso a lo que pasa dentro, y en este caso sí, Daniel está en un ala segura, no le pasará nada, tranquilos.
Tras terminar de hablar, apagó el motor y se bajó del vehículo, los cuatro chicos, poco convencidos por las palabras de Roland, le siguieron detrás.
—Muy buenas. —un hombre de edad avanzada se aproximó a Roland y le estrechó la mano, iba vestido con camisa de punto y pantalones grises de vestir, su pelo, canoso, brillaba con la luz del sol, miró a los chicos a través de sus gafas redondas—. ¿Roland no? Yo soy Ernest, director del centro.
—Sí, estuvo hablando con el Sheriff y...
—Ahhh, sí, sí. —le cortó Ernest—. Hemos hablado más de una vez, como dije, Daniel se encuentra bien..., pero pasen por favor, pasen.
Ernest, el director del centro, con su mano hizo el gesto para que Roland y los chicos pasasen, caminaron dentro y siguieron al director, que comenzó a hablar con Roland.
Jack empezaba a sudar, estaba muy nervioso, iba el último, sus pies le iban a fallar en cualquier momento, Liam se percató.
—Cálmate, estamos todos aquí. —Liam se acercó y le cogió de la mano, Jack, en un acto reflejo, la apartó, pero al final la sujetó con fuerza.
Tommy y Yeray, que iban delante de Jack y Liam, no paraban de cuchichear y señalar a todas partes, los cuadros, las grandes estatuas de hierro...
—Seguro que aquí murió mucha gente loca y por las noches ronda su fantasma... —murmuró Yeray asustado.
—O peor, está construido bajo un cementerio de muertos... —Tommy le siguió el juego.
—Por favor, no seáis críos... —Liam negó con la cabeza y cuando Tommy y Yeray se giraron para contestarle, separó con rapidez su mano de la de Jack.
—¿Qué? ¿Acaso no es posible? —preguntó Tommy.
—Sí, en las películas... —Liam volvió a negar con la cabeza y miró a Tommy con vagancia.
Tommy le hizo un gesto de burla e ignoró a Liam, los chicos continuaron andando hasta llegar a una gran puerta.
—Bueno, ¿Quién pasará a verlo? —preguntó Ernest.
—Los chicos, yo mejor espero fuera. —dijo Roland.
—De acuerdo, recordad que sólo podéis estar quince minutos. —Ernest sacó un manojo de llaves que parecían del siglo XV y abrió la puerta.
—¿Sólo quince minutos? —preguntó Liam con cara de enfado—. Pero si el viaje ha durado más...
—Lo siento, son las reglas. —Ernest los hizo pasar y accedieron a una habitación que estaba vacía, solo había una gran mesa en el centro de madera y varias sillas, también de madera—. Pasad, iré a por Daniel, poneos cómodos.
Todos menos Jack tomaron asientos, éste sólo podía dar vueltas de un lado a otro, estaba cada vez más nervioso, sacó su móvil y miró el reloj, ya habían pasado casi cinco minutos.
—¿Pero por qué tardan tanto? —Jack estaba que explotaba.
—¿Tú has visto esto? Si para ir de un extremo al otro quizás tardes diez minutos... —dijo Yeray.
—Exagerado... —Tommy se levantó y miró por la ventana—. Joder, mira estas rejas, parece una prisión, no me jodas...
—Ya... —Yeray tragó saliva con cierto temor.
En ese momento la puerta se abrió y apareció Ernest, los cuatro chicos se giraron y vieron como de las sombras apareció Daniel, iba vestido con el uniforme del centro, encima de éste llevaba una sudadera color naranja.
—Bueno, tenéis quince minutos. —el director tras esto cerró la puerta dejándolos solos.
Daniel miró a sus amigos y ellos cruzaron sus miradas con él, fueron segundos, pero al final Tommy y Yeray corrieron a abrazarlo.
—¡¡Daniel!! —ambos chicos le abrazaron y rompieron a llorar, al final lo que Roland les dijo no sirvió de nada.
Daniel les devolvió el abrazo y con su cara en el regazo de Tommy no pudo evitar llorar junto a sus amigos, por su parte, Liam y Jack se miraron, impotentes, como si no supiesen qué hacer.
Jack se quitó la chaqueta del traje y la soltó en la mesa, estaba sudando, se acercó a sus amigos y los abrazó también, Liam suspiró e hizo lo propio, todos se unieron en un gran abrazo que duró varios minutos.
—Vale, vale, ¡Que me cuesta respirar! —Tommy intentó quitarse de encima a todos.
Los chicos se separaron y se miraron de nuevo, se limpiaban las lágrimas de los ojos, Daniel, con vergüenza, se secó sus lágrimas de los ojos, los demás hicieron lo propio, incluso Liam no pudo aguantar y le costaba mantenerse sin emocionarse.
—Ven, siéntate. —Jack cogió de la mano a Daniel y éste se dejó llevar hasta la silla, donde se sentó, sus amigos se sentaron a los lados, así, Daniel tenía a su derecha a Jack y Tommy, y a su izquierda a Yeray y Liam.
—¿Estás bien? —preguntó Tommy nervioso.
Daniel no dijo nada, bajó la mirada, pero todos lo habían notado, Daniel estaba muy, muy delgado, demasiado, además, tenía unas grandes ojeras, como si llevase una semana sin dormir, también había perdido color de piel, estaba muy pálido, parecía otro chico.
Jack al notar su demacrado aspecto, sintió un pinchazo en el corazón.
—¿Comes bien? —preguntó Liam.
Pero Daniel no contestaba.
—Dani, yo..., te echo tanto de menos, de verdad que quiero que estés en casa... —confesó Jack.
—Me has fallado... —dijo Daniel cortando a Jack.
—¿Qué? —Jack miró a Daniel sin entender.
—No me has protegido. —le recriminó Daniel.
—Pero... —Jack no supo qué más decir, no entendía a Daniel.
—Dijiste que siempre estaríamos juntos, y me has mentido. —Daniel levantó la mirada, de odio, hacia Jack.
—Dani, no seas injusto con Jack, lo está pasando mal, él... —Liam intentó continuar hablando, pero Daniel se levantó de la silla tirándola al suelo.
—¡¿Mal?! ¿¡¡MAL!!? —gritó Daniel.
—¡Cálmate! —Liam se levantó e intentó sujetar a Daniel, pero este le empujó tirándolo al suelo.
—¡No me toques! —Daniel empezó a temblar, sus amigos le miraban con miedo y sin saber qué hacer.
Daniel llevó su mano temblorosa a la cara y se tocó el labio, notaron el leve tembleque de su labio, Daniel apretaba fuerte el mismo.
Todos veían cómo se comportaba sin quitarle el ojo, sorprendidos, no esperaban una actitud como esa, estaba cambiado, distinto.
—Lo..., lo siento, ha sido... —Daniel se giró de espaldas aún con su mano temblorosa.
Liam se levantó del suelo y se volvió a acercar a Daniel, posó su mano en el hombro y le hizo darse la vuelta.
—No pasa nada, son los nervios, tranquilo, está todo bien, ¿A qué sí? —preguntó Liam a los demás, que no convencidos del todo afirmaron con la cabeza.
Daniel, mordiéndose el labio mientras lo sujetaba con su mano derecha, no dejaba de mirarlos, su actitud era demasiado frenética.
Liam sujetó el brazo de Daniel intentando que se soltara el labio.
—Ahora, cálmate, ¿Sí? —Liam prosiguió bajando su brazo hasta que Daniel dejó de temblar y entonces Liam lo abrazó con fuerza, los demás chicos, que se habían levantado de sus sillas volvieron a sentarse cuando Liam les hizo el gesto.
—Ven, siéntate con nosotros, ¿Vale? —Liam guió a Daniel hasta la silla y éste se dejó llevar.
Jack, ante todo esto, se sentía inútil, no sabía cómo actuar, además, desde que vio la reacción y las palabras de Daniel, se sentía muy mal, casi a punto de desmayar, nunca pensó verle así, creía que le haría feliz verlo, pero ahora mismo deseaba no haber venido.
Una vez todos sentados permanecieron en silencio.
—¿Has visto las pintas de Jack? Parece que viene de una boda —dijo Liam señalando su ropa con sorna.
Daniel le miró y no pudo evitar sonreír.
—¿Por qué te vestiste tan raro? —preguntó Daniel, que cambió su actitud.
Jack miró a Liam y entendió que éste intentaba cambiar el ambiente.
—Ah..., no sé, lo primero que pillé... —dijo Jack nervioso.
—Te dije que era ridículo... —Yeray se echó una carcajada.
—¡Cállate niño! Qué sabrás tú de moda... —refunfuñó Jack.
—Más que tú seguro... —Yeray seguía riendo.
—Ah, ¿Sabes qué? Tommy se echó novia. —dijo Yeray.
—¿Qué? ¡Pero claro que no! —negó Tommy.
—Sí, sí, Isabel, la gordita, ¿Recuerdas? ¡A la que le encantan los videojuegos! —Yeray se partía de risa y Tommy intentó empujarlo de la silla.
—¿En serio? —preguntó Daniel confuso.
Tommy se puso rojo y Yeray siguió riéndose.
—Bueno, sí, ¿Qué hay de malo? Me gusta, un poco nada más...
—Un poco dice... —Yeray reía.
—¡Qué te calles tío!
—¡Si hasta la invitará al gran baile de fin de curso! —Yeray seguía pinchando a Tommy.
—Bueno ya, basta, parecéis bebés. —dijo Jack.
Hubo un silencio y Daniel miró a Jack.
—Te veo bien. —dijo Daniel.
—Gracias... —Jack posó sus ojos en los de Dani, se veían tristes, apagados.
—Siento lo que dije, fue sin pensar...
—Tranquilo..., Dani..., tú..., ¿Estás bien? —preguntó Jack, los demás chicos, expectantes tras la pregunta, permanecieron en silencio.
Daniel, segundos después, apartó la vista hacia el suelo, se levantó y caminó hacia la ventana, el aire otoñal comenzó a mover su cabello, que le había crecido y lo tenía a media melena casi.
—¿Roland te dijo cuándo saldré de aquí? —preguntó Daniel, que permanecía de espaldas a sus amigos, mirando al horizonte por la ventana, sus manos, apoyadas en la misma, sujetaban su cuerpo.
Jack se levantó y se acercó a Daniel, se puso a su lado e intentó cogerle de la mano, pero éste la rechazó enseguida, Jack, cabizbajo, cogió fuerzas y le contestó.
—No..., no lo sabe, él, él me dijo que quizás antes de las Navidades tu caso se resuelva...
Daniel se giró con los ojos rojos.
—¿Estás diciendo que debo aguantar aquí otro mes más? —Daniel apretó los dientes con impotencia.
—Escucha, sé que es difícil, pero...
—¡¿Pero qué?! —Daniel apartó a Jack de su lado y caminó hasta la puerta, apretó el puño y dio varios golpes.
—¿Qué haces? —preguntó Jack incrédulo.
—¡¡Largaos, largaos y no vengáis más, porque no pienso recibiros, para mí, estáis todos muertos, incluyendo a mi madre y Roland, todos, todos me habéis fallado!! —Daniel comenzó a llorar impotente y en parte decepcionado.
—Pero Dani yo he intent... —Jack no pudo continuar porque Daniel seguía gritando.
—¡¡Ojalá nunca os hubiese conocido!! —gritó Daniel fuera de sí.
La puerta se abrió y apareció el director, Daniel aprovechó y se marchó corriendo.
—¿Está todo bien? —preguntó el director.
—¿Todo bien? ¡¡¿Qué coño le estáis haciendo?!! —Jack intentó pasar para ir detrás de Daniel, pero el director se puso en medio.
—¡¡Eh!! ¡No puedes pasar! —Ernest empujó como pudo a Jack, que fue sujetado por Roland, el cual entró al escuchar los gritos.
—¿¡Qué está pasando!? —preguntó Roland—. ¡Jack cálmate!
—¡Tío! ¡Daniel está mal, necesita nuestra ayuda! ¡No me iré de aquí sin él! —Jack seguía intentando entrar, pero Roland lo impidió y le empujó fuera.
—¿Qué te crees que haces? ¿Sabes que así solo complicarás todo? ¿Quieres que no nos dejen verlo más? —Roland negaba con la cabeza y Jack comenzó a llorar impotente, los demás chicos solo permanecían en silencio.
Tras calmar a Jack, los chicos y Roland salieron del centro y montaron en el coche, Roland estaba muy enfadado, miró varias veces a Jack, que sollozaba.
—Ahora, ¿Me dirás que pasó? —preguntó Roland con enfado.
—Daniel está cambiado, es arisco, y está desnutrido, ¡¡No es el mismo!! ¡Decídselo! —Jack miró a sus amigos, esperando su apoyo.
—Tiene razón, Daniel está... —prosiguió Yeray.
—Está sufriendo, lo sé, como cualquier chico de su edad, se ve alejado de su entorno y es entendible que lo esté pasando mal... —Roland arrancó el coche.
—No, le pasa algo más, le conozco, Daniel es más fuerte, si está así... —Jack negaba con la cabeza y apretaba los puños.
—¿Qué? ¿Piensas que le pegan? Está en otra ala, Jack, Daniel ni siquiera tiene contacto con otros chicos, simplemente se siente solo y quiere salir, es comprensible, por favor, así solo consigues lo contrario a ayudarle, ¿Piensas que le gustaría verte así?
Jack seguía sollozando, a lo que Roland negó con la cabeza aún enfadado y girando el vehículo comenzó a salir del centro.
El trayecto se hizo más largo que el camino de ida, todos en silencio, un silencio incómodo, triste, amargo, estaban peor ahora que vieron a Daniel, que antes sin verle.
Tras llegar al pueblo, Roland dejó a los chicos en sus respectivas casas, excepto a Liam, que dijo que prefería andar desde la casa de Jack hasta la suya.
Aparcó el coche y tras despedirse de Liam, Roland se fue a su casa, Jack iba detrás de su tío, pero Liam le sujetó del brazo.
—¿Qué haces? —se quejó Jack.
—Dame tu móvil. —ordenó Liam.
—¿Qué? ¿Por qué iba a darte mi móvil? —preguntó Jack apartando la mano de Liam de su brazo.
—Para mandar un mensaje a mi móvil. —dijo Liam.
—¿Para qué quieres enviarte un mensaje desde mi móvil al tuyo? —Jack no entendía nada.
—Para que Daniel lo reciba. —sonrió Liam, que en un movimiento, sacó del bolsillo de Jack, su móvil.
—¿Qué?
Liam empezó a escribir un mensaje en el móvil de Jack y después le enseñó a éste lo que había escrito.
—Antes, cuando sujeté a Daniel del brazo y lo giré, metí mi móvil en el bolsillo de su uniforme sin que se diese cuenta.
Jack, le miró sorprendido y a la vez, agradecido, ahora podrían hablar con Daniel.
Tras la visita de Jack y sus amigos, Daniel se marchó a su cuarto, se tumbó en la cama y comenzó a llorar hasta quedarse dormido.
Al rato sintió una vibración en su pantalón, se giró y metió la mano en el bolsillo del mismo, dentro había un móvil, lo sacó y leyó el mensaje, venía del número de Jack.
''Dani, soy Liam, te juro que te sacaremos de ahí, por favor, resiste, hazlo por nosotros''
Daniel no pudo evitar sollozar, pero no escribió nada, sujetó con fuerza el móvil al sentir unos pasos y lo metió debajo del colchón.
—¿Se puede? —Connor entró en el cuarto y vio a Daniel tumbado en la cama—. ¿Ya viste a tus amigos no? ¿Cuál era tu novio? Es que no pude evitar asomarme por la ventana, interesantes amigos por cierto, el mundo es un pañuelo...
Daniel alzó la cabeza y le miró con odio.
—¿Qué? Tranquilo, te dije que si eras bueno no le haría nada, y has cumplido... —Connor entró y se sentó en la cama de Jesús.
Daniel apartó la mirada y la ocultó con sus brazos, fingiendo dormir.
—¿Estás enfadado? Venga, no es para tanto, ¿Acaso te hice sufrir alguna vez? Bueno..., quitando cuando soy brusco, o cuando me enojo un poco, pero a veces eres un perro malo...
Connor se levantó y se sentó en la cama donde estaba Daniel, posó su mano en la espalda del mismo y se quedó en silencio.
—Lo siento... —dijo Connor.
Daniel seguía sin moverse.
—Dani, te digo que lo siento, sé que no debí obligarte a nada ni a amenazarte, pero soy así, ¿Comprendes? No..., no lo puedo evitar..., es que me gustas mucho.
Connor acercó su mano a la nuca de Daniel y la acarició con los dedos.
—Es como si algo dentro de mí no funcionase bien..., ¿Te cuento algo? Cuando pasó lo de mi hermano, no sentí nada, para mi era un juego, pero a veces le echo de menos...
Daniel no pudo más y apartó su mano, Connor, ahora serio, se quedó quieto, sus miradas se cruzaron y mantuvieron unos segundos el contacto.
—No estás bien de la cabeza. —Daniel le miró con odio.
—Lo sé, pero, ¿Y qué?
Daniel negaba con la cabeza.
—Dani, no me haga enfadar, ¿Entiendes? —amenazó Connor, que puso su mano en la mejilla de Daniel, lágrimas brotaron de sus ojos y Connor las apartó con sus dedos—. ¿Por qué lloras?
—Por nada, es solo que..., da igual que diga o haga, tú no tienes sentimientos ni sientes amor por nada, eres..., eres anormal.
Connor apartó la mano lentamente sin apartar la vista de Daniel, bajó la mirada y se levantó, al ver su reacción, Daniel se levantó corriendo e intentó detenerlo.
—No, espera, perdóname, no sé por qué dije eso, Connor, por favor, no te enfades, ¡¡Lo siento!! —Daniel, desesperado, se puso de rodillas sujetando de la camiseta a Connor, que se detuvo y respiró hondo.
—Tienes razón, no sé qué es amar o querer a alguien, ni siquiera sé por qué lloras todo el tiempo, es verdad, lo admito, y tú te burlas de mi problema...
—No, no me burlo, es que a veces se me olvida que no puedes y me cuesta acordarme, por favor, no te enfades, ¿Me perdonas? Venga, olvídalo.
Daniel se levantó y abrazó a Connor, que estaba muy serio, Daniel acercó sus labios a los del rubio y se unieron, Connor cada vez estaba menos tenso, sus lenguas se mezclaron y se unieron en un largo y profundo beso.
Al separarse, Daniel vio una sonrisa en Connor y respiró aliviado.
Y así, tras la cena, Daniel se lavó los dientes y se fue a la cama a dormir, pasada la madrugada el viento comenzó a golpear la ventana del cuarto, Daniel se despertó y se levantó, sujetó la ventana y la cerró, al girarse vio a Connor durmiendo en su cama, parecía que dormía profundamente.
Caminó hasta la cama de Jesús y se sentó en ella, observando a Connor dormir, su mente le daba vueltas.
Daniel, desganado, se tumbó en esa cama sin quitarle la vista a Connor.
—Te odio..., te odio... —dijo entre sollozos...— Ojalá te mueras..., ojalá..., ojalá no me despierte..., quiero, quiero estar muerto..., Dios, ¿qué hice yo...?
Daniel siguió sollozando en silencio, su brazo derecho comenzó a temblar y se sujetó con los dedos el labio que Connor le había mordido tantas veces.
Mientras lloraba, se dio la vuelta mirando a la pared y continuó llorando hasta quedarse dormido.
Y así, los días fueron pasando, el frío era cada vez más intenso, se acercaba el invierno...
El viento soplaba con fuerza y las ramas de los árboles crujían con fuerza, el sol se ponía y Louis caminaba con paso ligero, se detuvo al notar que alguien le seguía, o al menos esa era su sensación.
Miró detrás de él, pero no había nadie, continuó caminando y de nuevo la sensación de ser seguido le inundó, aligeró aún más el paso con cierta inseguridad.
Iba a girar la calle y entonces sintió una mano en su hombro, lo puso contra la pared y asustado comenzó a gritar.
—¡¡Calla gilipollas!! —dijo el chico que lo sujetó, iba en vaqueros rasgados y una sudadera con capucha.
—¿Qué haces tío? —preguntó Louis intentando quitárselo de encima.
—Negocios. —dijo el chico, que se quitó la capucha, era Liam.
—¿Qué? —preguntó Louis.
—Oh por favor, no te hagas, sé que vendes de todo, no quiero perder mi tiempo. —Liam miró a los lados, nervioso.
—Tío, no sé de qué me hablas... —mintió Louis.
—Vale, pues vente conmigo a hablar con el Sheriff. —Liam sujetó con fuerza a Louis y comenzó a arrastrarlo.
—¡¡Vale!!, ¡¡Para coño!! —Louis le empujó y Liam se apartó—. ¿Qué quieres?
Louis recompuso su ropa e intentó quitarse las arrugas que Liam hizo al sujetarlo.
—¿Cuánto tardas en conseguir 100 gramos de maría? —preguntó Liam.
—¿Qué dices? ¿Te volviste loco? —Louis no creía lo que Liam le preguntaba.
—Tío, tengo prisa, ¿Cuánto? —insistió Liam.
—No sé, mmm, dos semanas, es que es demasiado..., además, ¿Puedes pagarla? —preguntó Louis mientras veía a Liam meter su mano dentro de la sudadera y sacar un fajo de billetes doblados.
—Ahí tienes 200, ¿Te llega con eso? —preguntó Liam.
Louis abrió los ojos sorprendido, y mirando a los lados se guardó el dinero dentro de su pantalón, en su entrepierna.
—Sí..., es suficiente... —murmuró.
—Vale, en dos semanas aquí, a esta hora, ¿Entendido?
—Vale... —contestó Louis y ambos se separaron por caminos opuestos.
Dos semanas después...
La campana del timbre sonaba con fuerza, era la hora del recreo, los chicos iban saliendo a comerse sus bocadillos o lo que fuese, Jack, como últimamente hacía, se quedaba dentro, sentado en su asiento, Tommy y Yeray sí salían afuera.
—¿Cómo vas? —Liam preguntó a Jack, apoyado en el marco de la puerta.
—Bueno..., mal, hace dos semanas que visitamos a Daniel y no me quito de la cabeza lo que pasó...
—Lo sé...
—Encima nunca contestó a los mensajes, ¿Crees que le pillaron el móvil? —preguntó Jack.
—No lo sé, quizás se quedó sin batería y no pudo cargarlo, o quizás simplemente no quiso responder, pero no importa, Daniel volverá esta semana. —sentenció Liam.
—¿Qué dices? —preguntó Jack sin entender nada.
Liam se acercó hasta Jack y se sentó a su lado, suspiró y tras unos segundos, prosiguió hablando.
—Tengo un plan, si todo va bien, a finales de semana Daniel volverá con su madre.
—¿Qué plan? —preguntó Jack.
—Debe quedar entre tú y yo, ¿De acuerdo? —preguntó Liam, a lo que Jack afirmó con la cabeza.
Y así, Liam le contó su plan a Jack, que con grata felicidad afirmaba con la cabeza feliz y abrazó a Liam eufórico...
Días después...
El frío cada vez era más intenso, pronto serían las vacaciones de Navidad, Daniel estaba en el centro desayunando cuando apareció el director y le llamó.
Daniel entró en el despacho del director, que estaba rellenando unos formularios y los puso sobre la mesa.
—Bueno, sé que lo estuviste pasando mal así que iré al grano, detuvieron a tu padrastro y tu madre ha recuperado la custodia, hoy mismo podrás volver a casa.
Daniel, sin entender lo que el director le dijo, no reaccionó.
—¿Chico? ¿Me has entendido? Roland viene de camino, puedes volver a tu casa.
Ahora sí, Daniel había entendido lo que Ernest, el director, le había dicho.
—¿Vuelvo a casa...? —preguntó ido.
—Sí hijo, vuelves a casa, puedes recoger tus efectos personales y en cuanto llegue Roland, podrás marcharte.
Daniel salió corriendo a su cuarto y cogió un neceser donde metió algo de ropa y algunas cosas, en ese instante entró Connor.
—Hola.
Daniel al escucharlo se detuvo en seco y le miró.
—Ya me enteré que te vas... —Connor parecía decepcionado.
—Sí... —murmuró Daniel con cierto temor.
—Yo..., no..., no puedo dejar que te vayas así, antes... —Connor sacó de su bolsillo la navaja que Jesús le dio a Daniel.
Daniel tragó saliva y retrocedió varios pasos, estaba tan cerca de salir..., demasiado bonito, ¿No?
Connor se acercó hasta Daniel y le cedió la navaja, éste, con duda, la sujetó.
—Hazlo. —dijo Connor.
—¿Qué? —preguntó Daniel sin entender nada.
—Clávamela.
Daniel siguió en silencio
—Me porté muy mal contigo, y tú siempre fuiste bueno conmigo, yo no sé qué es el amor, la tristeza o el dolor, solo sé que si debo morir, quiero que seas tú el que lo haga, no te preocupes, no te harán nada, puedes decir que intenté matarte y te defendiste.
Daniel, negando con la cabeza, miró a Connor, que cerró los ojos y separó sus brazos en forma de cruz.
—¿A qué esperas? —preguntó Connor, que abrió los ojos y miró a Daniel, éste cerró la navaja y la guardó en su bolsillo.
—No haré eso. —contestó Daniel, que escuchó el ruido de un coche, miró por la ventana y pudo ver el coche de Roland, Connor se dio cuenta.
—¿Por qué no? Después de todo lo que te hice...
Daniel cogió el neceser y lo cerró.
—Yo..., todo este tiempo te he odiado, pero sé que no eres..., estás..., necesitas ayuda. —respondió Daniel de espaldas a Connor.
Connor abrazó por detrás a Daniel con fuerza, éste, sorprendido, se dejó abrazar.
—No te vayas... —la voz de Connor por primera vez sonaba diferente.
Daniel, sin entender por qué, se giró y miró a Connor, sus ojos azules, esos que muchas noches no podía dejar de mirar, a los que se había acostumbrado, llevó su mano al mentón de Connor y besó sus labios, ambos se fundieron en un tierno beso.
Al separarse, Connor sujetó a Daniel de la mano y posó en ella algo.
—Quiero que te lo quedes, y ojalá algún día me perdones por todo...
Aunque las palabras de Connor parecían sinceras, no lo eran, seguía sonando frío, simplemente decía eso porque era lo que debía decir, o así lo sintió Daniel.
Daniel se detuvo en el marco de la puerta y miró a Connor, no estaba triste, ni lloraba, nada, era como si no tuviese sentimientos.
—Ojalá algún día te cures, y puedas vivir una vida normal... —dijo Daniel.
Después, bajó las escaleras sin poder aguantar las lágrimas, ¿Por qué se sentía así? Por fin se marchaba de allí, pero sentía que algo dentro de él se quedaba en ese sitio, sentía que Connor le había arrebatado algo y se iba sin ello.
Un sentimiento de vacío que jamás podría dejar de sentir.
Daniel salió del centro y caminó hasta el coche, Roland le saludó y cuando iba a tocar su hombro éste se apartó para que no le tocase.
Roland lo notó y se subió en el coche, Daniel se sentó detrás.
—¿No prefieres ir delante? —preguntó Roland.
—No. —contestó Daniel, que, en un acto reflejo miró por la ventanilla hacia su cuarto, Connor estaba allí parado, mirando, el corazón de Daniel comenzó a acelerarse.
Roland arrancó el coche y comenzaron a alejarse del centro, Daniel se puso de rodillas en su asiento mirando a Connor, cada vez más lejano, levantó su mano con gesto de despedida, Daniel alargó sus dedos y tocó la ventanilla trasera del coche de Roland con sus dedos y un sentimiento de agonía invadió su pecho.
Cuando Roland giró el vehículo, Daniel perdió de vista el centro, suspiró y se sentó de nuevo, Roland le miró por el retrovisor, efectivamente Daniel estaba extremadamente delgado y demacrado, con unas grandes ojeras y sus ojos parecían apagados.
El silencio hizo más largo el camino de regreso, Roland se acercó a la casa de Daniel, al llegar, Daniel se bajó del coche, su cabeza daba vueltas, apretó con fuerza su mano y sintió que tenía aún lo que Connor le dio, bajó la mirada y abrió la mano, era un colgante, el que Connor llevaba siempre en su cuello, lo recordaba bien, lo miraba siempre.
Daniel respiró con dificultad, Roland se acercó a Daniel porque notó que estaba raro.
—¿Daniel estás bien? —preguntó Roland.
En ese momento la puerta de su casa se abrió y apareció su madre, Daniel negó con la cabeza y soltó el neceser en el suelo para salir corriendo calle abajo.
Daniel culpaba a su madre, por no protegerlo, por no evitar que se lo llevasen, por casarse con ese hombre que le arruinó la vida.
—¡¿Daniel?! —la madre gritó su nombre y salió corriendo, pero Daniel era muy rápido, corrió calle abajo sin parar, cuando quiso darse cuenta se había alejado tanto que no recordaba donde estaba, hasta que distinguió la casa de Tommy.
Entonces Daniel escuchó a unos chicos hablar con unas chicas en un banco cercano, los miró y no los conocía, al menos eso pensó, porque reconoció a uno de ellos, era Tommy, el cual vio a Daniel y se puso de pie al verlo.
Su pecho le apretaba demasiado y se dio la vuelta para salir corriendo, pero chocó con otro chico, Daniel casi cae al suelo, pero el chico lo sujetó del brazo impidiendo que cayera al suelo.
—¡Que te caes loco! —la voz del chico era familiar.
Daniel levantó la mirada y pudo distinguir esa sonrisa de idiota y ese cabello rojo anaranjado, era Kenny, Daniel hizo un puchero de impotencia y abrazó a Kenny con todas sus fuerzas.
—Estás aquí..., eres real, estás aquí... —decía Daniel entre lágrimas.
—Sí, pequeño, estoy aquí.
Daniel levantó la mirada y pudo distinguir esa sonrisa de idiota y ese cabello rojo anaranjado, era Kenny, Daniel hizo un puchero de impotencia y abrazó a Kenny con todas sus fuerzas.
—Estás aquí..., eres real, estás aquí... —decía Daniel entre lágrimas.
—Sí, pequeño, estoy aquí. —sujetó del brazo a Daniel y entraron en la casa de Kenny.
—Toma, bebe un poco. —Kenny posó un vaso de agua en la mesa, Daniel, ahora más tranquilo, lo sujetó y bebió de él.
Kenny caminó hasta el mueble y sacó una caja de galletas, se las ofreció a Daniel, pero éste negó con la cabeza, se acercó a un sillón y se sentó en él.
—Estamos solos, mis padres están..., la verdad es que no lo sé, pero estamos solos jajaja. —dijo riendo, a lo que Daniel no pudo evitar sonreír.
Kenny no pudo evitar fijarse en el estado de Daniel.
—Oye, ¿Y esas greñas? ¿Desde cuándo no vas al peluquero? —preguntó levantándose del sofá y buscando algo en unos cajones.
—Pues desde hace unos meses... —dijo Daniel, que terminó de beberse el vaso de agua.
Kenny sacó unas tijeras y sonrió a Daniel.
—¿Me dejas? —preguntó el pelirrojo.
—¿Te volviste loco? No quiero quedarme calvo...
—No seas malo, estuve de prácticas tres meses con Rafa, así que me defiendo bien. —dijo Kenny con orgullo.
—¿En serio? —Daniel dudaba.
—Va, sígueme. —Kenny guió a Daniel al baño y le hizo ponerse frente al espejo, ambos cruzaron sus miradas y Kenny sonrió.
—¿Qué? —preguntó Daniel.
—Nada, te ves raro, pero yo lo arreglaré. —Kenny empezó a cortar el cabello de Daniel, sin dejar de mirar sus ojos color avellana, con cada mirada podía ver que penetraba su mirada, sujetó con fuerza el cabello de Daniel y continuó cortando.
Pasados unos minutos, Kenny se detuvo con una sonrisa de satisfacción, después cogió la maquinilla y le repasó los lados, dejándole un peinado bastante coqueto, no lo tenía corto, pero tampoco largo, le pasó la máquina por los lados, le dejó un poco largo por detrás, y le levantó el cabello en punta por delante, con la máquina le repasó la ceja de la herida que Jack le hizo.
—¡Listo! —dijo Kenny soltando la máquina en el lavabo.
Daniel se observó y después miró a Kenny con cierta tristeza.
—¿Estás bien, Dani? Tú sabes que puedes contarme lo que quieras, intentaré ayudarte siempre, eres como el hermano que nunca tuve.
Daniel frunció el ceño.
—¿Y Tommy? —preguntó Daniel.
—Por eso, el hermano que nunca tuve jajajaja. —tras la broma de Kenny Daniel no pudo evitar sonreír.
Kenny sujetó de los hombros y sacó a Daniel del baño, lo guió hasta una habitación y abrió la puerta.
—Este es mi cuarto, o era, recuerda que ahora vivo en un campus en las afueras...
Daniel miró como estaba todo lleno de posters de videojuegos, anime, fútbol...
—¿Esta chula eh? La verdad es que muchas de estas cosas no las uso ni usaré, así que... —Kenny cogió un muñeco y se lo dio a Daniel, era de Superman—. Un pajarito me contó que es tu personaje favorito.
Daniel medio sonrió, pero desganado.
—Kenny, yo... —Daniel no sabía cómo empezar—. Siento que algo dentro de mí se quedó allí, y que no soy como antes, lo noto...
—Lo sé, también lo noté, has madurado, quizás más rápido de lo que deberías... —Kenny puso su mano en la rodilla de Daniel y al sentir el contacto éste se levantó de golpe—. Perdona...
—No, no es tu culpa... —Daniel comenzaba a ponerse nervioso y su brazo derecho temblaba, Kenny se levantó y sacó una camiseta del Liverpool.
—Mira, esta camiseta me la compré cuando cumplí quince años, creo que es tu talla.
—No, no puedo aceptarla. —dijo Daniel.
—Te callas y te la llevas, ¿Vale? Me perdí varios cumpleaños tuyos, además, si no la aceptas tu, se quedará ahí, ¿Por qué no te la pones? Es de Fernando Torres, de cuando marcaba goles entonces.
Daniel miró la camiseta y con cierta felicidad la sujetó y se quitó la que tenía, al darse la espalda Kenny pudo ver varias marcas recientes en espalda y costado, Daniel terminó de ponerse la camiseta y se miró al espejo.
—¿Me queda bien? —preguntó Daniel.
—Sí, estás muy guapo..., oye..., esas...
Se escuchó la puerta de abajo, alguien llegó a casa.
—Vaya, quizás sean mis padres o Tommy, venga, vayamos fuera. —Kenny abrió la ventana y salió por ella, extendió la mano y ayudó a Daniel a que saliese también, bajaron por el tejado y dieron un salto al jardín de atrás.
Comenzaron a caminar calle arriba.
—Será mejor que vayas a casa, tu madre te estará echando de menos.
—No podré mirarle a la cara... —Daniel sonaba cabizbajo.
—¿Por qué no? ¿Tú hiciste algo malo que te impida hacer eso? —preguntó Kenny, pero Daniel solo caminaba en silencio—. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema, Daniel?, ¿Te hicieron allí algo?
—¿Qué? No, no..., no..., ¿¡Por qué dices eso!? —las palabras de Daniel sorprendieron a Kenny, que impactado se detuvo unos instantes, pero continuó andando al lado de Daniel.
—Por nada, tranquilo... —Kenny suspiró—. ¿Estarás bien? —preguntó Kenny.
—No lo sé... —Daniel seguía caminando, ahora con sus manos en los bolsillos.
La respuesta no le gustó a Kenny, que apretó sus puños con cierto enfado e impotencia.
—No..., no sé qué decirte, la verdad, no puedo imaginar qué pasaste, pero, quiero decir, por estar encerrado y eso... —Kenny sonaba triste, sabía que esas marcas eran de algún tipo de abuso.
—No pasa nada Kenny, no fue tu culpa, fui débil y no supe defenderme.
—No pienses así, hay cosas que a uno se les escapa de las manos y no puede controlar..., sabes que algunos indeseables siempre golpean y humillan a otros para sentirse superiores.
Los chicos llegaron a la casa de Daniel, ya empezaba a atardecer.
—Kenny, ¿Queda esto entre nosotros? —Daniel miró a Kenny con los ojos rojos.
Kenny suspiró e hizo que Daniel le mirase a los ojos.
—Antes, respóndeme algo, Daniel, ¿lo que te pasó fue por algún bully, o..., otra cosa?
Daniel bajó la mirada.
—¿Acaso importa? —Daniel esquivó la mirada.
—Venga, ve con tu madre, necesitáis recuperar el tiempo perdido y se alegrará mucho de verte.
Daniel caminó hasta su casa, pero se detuvo en seco, miró a Kenny y le habló con seriedad.
—Kenny, esto quiero que quede entre nosotros, nunca te conté nada, ¿Entiendes?
—Sí, lo sé.
—Júralo por mí.
—Lo juro. —dijo Kenny, Daniel respiró aliviado y continuó caminando hasta su casa, cuando iba a llamar a la puerta la madre la abrió y abrazó a Daniel con fuerza, sin poder dejar de llorar.
Aunque Daniel, no, Daniel no lloraba, simplemente la abrazó con la mirada triste, perdida.
Tras una semana en su casa, sin salir, donde no quiso ver a nadie, solo estuvo en su cuarto, Daniel debía volver al Instituto.
Daniel se despertó temprano y se duchó, se arregló el pelo y salió al instituto, tenía que recuperar muchas asignaturas, aunque por su problema, le facilitarían bastante el poder aprobar.
Caminaba en silencio, respirando el aire del viento cuando una figura familiar le hizo detenerse, era Connor, se acercó hasta Daniel y le sonrió.
—¡Hola! —Connor abrazó a Daniel, que tembloroso no sabía cómo actuar.
—Qué..., qué..., ¿Qué haces aquí? ¿Cómo saliste?
El brazo de Daniel comenzó a temblar.
—¿Con quién hablas? —la voz de Liam alertó a Daniel, que se giró y vio sus ojos color miel frunciendo el ceño.
—¿Eh? —Daniel se giró sobre sí mismo de nuevo, pero Connor no estaba—. Yo..., no..., no, no hablaba con nadie... —murmuró intentando tranquilizarse.
—¿Qué te hiciste en el pelo? —Liam se acercó a mirarlo de cerca.
—Nada, voy a la moda. —Daniel le ignoró y continuó su camino.
Liam se puso a su lado y le sonrió.
—Me alegra que estés de vuelta, te veo mejor. —Liam se adelantó y entró en el Instituto, Daniel, al llegar, respiró hondo, no se atrevía a entrar.
—¿No entras? —entre el barullo de chicos que iban entrando, Jack, con la mirada degollada, observaba a Daniel.
—Hola... —Daniel, en cuanto cruzaron sus miradas, la apartó a un lado.
Jack se acercó a Daniel e intentó cogerle la mano, pero éste la apartó con cierto rechazo, Jack, cabizbajo, caminó y entró en la escuela, Daniel le siguió detrás.
Los chicos fueron tomando asiento en el aula, muchos miraban a Daniel sorprendidos, sabían lo que había pasado, cuchicheaban tapándose la boca y no dejaban de observarlo.
Daniel, tras respirar hondo, se acercó a su pupitre y tomó asiento, Jack sacó sus respectivos libros y los puso encima de su mesa.
Los chicos de la clase no dejaban de cuchichear, el profesor entró y sorprendido, miró a Daniel, que no aguantó más y de un salto se levantó mirando a la clase.
—¿¡Qué!? ¿¡Vais a estar así mucho tiempo!? Odio que habléis a mi espalda como si yo no estuviera aquí, ¡Si alguno tiene algo que decir, que lo haga ahora! IMBÉCILES.
—Da, Daniel, no es eso, simplemente nos alegramos de tu vuelta. —dijo el profesor Aaron, que puso su maleta en el escritorio.
—Bien, pues ya basta de murmurar sobre mí. —Daniel se sentó con enfado, ante la mirada de todos, que no decían nada, solo le observaban sorprendidos por su actitud.
La clase continuó con normalidad, Daniel apuntaba en su libreta y seguía la clase con interés, lo cierto es que se alegraba de estar ahí, aunque le iba a costar ponerse al día, de vez en cuando notaba la mirada de Jack, pero Daniel lo ignoraba, no, no era el momento, aún no.
También se daba cuenta de cómo Liam, Tommy o Yeray lo miraban a veces, no sabe si por echarlo de menos o porque se veía distinto a como era antes, pero era algo que jamás cambiaría.
Y, desgraciadamente, se vería en los próximos días..., sin él saberlo...
Daniel se acercó a la zona donde siempre se tomaba su bocadillo y batido, allí estaban Jack y Tommy hablando, subió las escaleras y respiró hondo.
—Hola... —Daniel posó sus manos en la barandilla que servían de protección para no caer al patio, con su mirada perdida en el barullo de chicos.
—¡Hola! —Tommy, alegre, se acercó a Daniel—. Me alegro de que estés de vuelta, en serio.
—Gracias... —Daniel permaneció en silencio unos instantes y buscó a los demás, en el patio, Yeray estaba junto a Benji, ambos reían, no encontró a Liam, ni a Andy—. ¿Dónde está Andy?
—Ya no está, ascendieron a su madre en el trabajó y se mudó a Florida. —dijo Tommy.
Daniel, sorprendido, ahora entendía por qué no fue a visitarlo aquel día al centro, o porque ya no estaba en la escuela.
—Y además, Yeray hace tiempo que no se junta con nosotros, está loco con Benji y sus amigos, si se junta, es por ti, el grupo de amigos va disolviéndose..., además, cuando termine el Instituto iré con mi hermano al Campus a estudiar Bachillerato.
Daniel, cabizbajo, veía como el grupo de amigos que tenían, iba desapareciendo, creando un vacío, el mismo que él sentía.
—Jack, ¿Podrías pasar por mi casa después de clase? Quiero hablar contigo. —dijo Daniel.
Jack, que hasta ahora solo escuchaba la conversación, afirmó con la cabeza, por un momento, su rostro volvió a inundarse de felicidad.
El recreo terminó y las clases continuaron hasta que sonó de nuevo la sirena, los chicos comenzaron a salir hacia sus casas, se despidieron y Daniel, solo, caminó de vuelta a la suya, por el camino vio a Kenny en una moto con otro chico, ambos se besaron y el chico se montó detrás de Kenny, arrancó la moto y se fue.
—Sí, mi hermano tiene novio, otra vez. —dijo Tommy, que asustó a Daniel—. Perdona, es que se me olvidó que debo recoger un pedido en el restaurante, mi madre se cayó al suelo y se rompió el brazo, por lo que no puede cocinar, y mi padre es un desastre en la cocina, así que...
—Vaya, siento lo de tu madre... —Daniel siguió caminando junto a Tommy.
—Oye, ¿Tú qué harás cuando termines el Instituto? —preguntó Tommy.
Daniel se detuvo justo cuando había llegado a su casa.
—No..., no lo sé, no lo pensé aún, al principio quería quedarme aquí, con Jack, pero...
—Es que, bueno, yo iré al campus de mi hermano, y había pensado que quizás si tú y Jack venís conmigo, podríamos seguir juntos y estudiar allí. —Tommy sonrió a Daniel y éste solo se le quedó mirando sin saber qué responder.
Tommy se acercó a Daniel y lo abrazó, éste iba a rechazarlo, pero se dejó abrazar, por primera vez en mucho tiempo, alguien sentía solo amistad por él, y sintió un gran alivio.
—Te eché mucho de menos, nunca más nos dejes, Dani. —las palabras de Tommy hicieron un nudo en la garganta de Daniel.
Al separarse, Daniel pudo ver los ojos vidriosos de Tommy, que se giró y continuó caminando tras despedirse.
Daniel entró en casa y se preparó un sándwich para comer, encendió la tele mientras se lo comía, pensativo.
—¿Me vas a dejar tirado? —la voz de Connor asustó a Daniel y su sándwich cayó al suelo.
—¿Qué? —Daniel observó a Connor, que se acercó y se sentó en el sofá sonriendo—. ¡No eres real!
Connor se agachó y recogió el sándwich del suelo, para después llevárselo a la boca.
—Ohhh, sí soy real, tanto como lo que has perdido, Daniel, no eres el mismo, ya no, no eres el Daniel que todos amaban, ese chico inocente que sonreía y jugaba feliz.
—¡¡Cállate!! —gritó Daniel tapándose las orejas.
—¿Te duele que diga la verdad? jajaja, pobrecito, pobre Daniel, ya nunca más podrás mirar a Jack a la cara, no le amas, lo sabes, me amas a mí, yo soy tu todo, te jode aceptarlo.
—¡¡¡Que te calles!!! —Daniel se giró y sujetó un jarrón de agua con flores y lo lanzó contra Connor, pero ya no estaba, en su lugar la madre tuvo que mover su cuerpo a un lado y éste se estrelló contra la pared rompiéndose en pedazos.
Daniel miró a su madre, sorprendido, y con la respiración entrecortada.
—¿Qué te pasa? —preguntó la madre, que soltó el bolso en el sofá para abrazarlo, pero Daniel la empujó y su brazo empezó a temblar.
—¡¡Nada!!, Es solo que.., yo... —Daniel salió corriendo de casa hasta llegar al parque, vacío, el sol pegaba con fuerza a pesar de ser casi invierno, Daniel, respirando con dificultad, se sentó en uno de los bancos e intentó tranquilizarse.
Metió su mano en el bolsillo y sacó un collar, el que Connor le dio, la cadena era de oro y el colgante una media luna de color plateada, la acercó a sus labios y los posó en ellos, al sentir el tacto del collar con sus labios su nerviosismo fue disminuyendo.
—¿Qué haces aquí solo? —la voz de Jack sorprendió a Daniel por detrás.
Sobresaltado, Daniel se levantó y miró detrás de él, Jack le miraba extrañado, Daniel se guardó el collar en el bolsillo de nuevo, Jack se percató de ello.
—Vengo de tu casa, tu madre dice que estás raro y saliste corriendo. —Jack se acercó y se sentó en el banco, Daniel, ahora más tranquilo, volvió a sentarse—. ¿Y bien? ¿Me vas a dejar, no?
Daniel miró sorprendido a Jack, su cara era de tristeza.
—Lo siento..., yo..., no puedo seguir contigo, me he dado cuenta de que no siento lo mismo, perdón...
—Ya..., lo sé, llevo con una extraña sensación en mi pecho desde que te visité en aquel lugar..., cuando te marchaste y dijiste que no volviésemos allí, supe..., supe que te perdí... —la voz de Jack le falló en esa frase y comenzó a llorar despacio.
Daniel bajó la mirada, no podía verlo así.
—¿Qué te pasó allí? Por qué..., ¿Por qué ya no me amas? —Jack intentó buscar la mano de Daniel, pero éste la apartó.
Ante el silencio de Daniel, Jack insistió.
—Yo..., puedo..., ¿Puedo hacer algo? ¿Puedo recuperarte? —Jack se levantó y se puso de cuclillas frente a Daniel, que intentó apartar la cara a un lado para no mirarlo—. Dani, por favor, no me dejes, perdóname.
—¿Perdonarte? —Daniel miró extrañado a Jack y pudo ver su cara llena de lágrimas.
—Sí, yo permití que te llevasen, yo permití que te hicieran daño, perdóname, no supe protegerte nunca, pero..., pero yo..., no quiero perderte, prometo cambiar, prometo que daré la vida por ti, que nunca más dejaré que te hagan daño... —Jack sujetó la mano de Daniel e intentó abrazarlo, pero entonces Daniel se levantó y con fuerza le empujó al suelo.
—¡Basta! —dijo Daniel, que miró a Jack tendido en el suelo, sollozando—. No..., no fue tu culpa, no podías hacer nada y..., no se puede curar lo que está muerto.
Daniel se marchó y dejó a Jack allí, tirado, lo escuchaba llorar, pero no se giró a verle, no podía, volvió a su casa y se echó en la cama, a llorar, lloró hasta dormirse, en la cama lloró horas, ya era una costumbre...
Daniel y Jack habían roto.
Los meses pasaron y el verano se acercaba, también el final de curso, Jack y Daniel dejaron de hablarse, Tommy, sin saber qué hacer, prefirió ayudar a Jack, el cual, desconsolado, cambió de asiento y se puso junto a Yeray.
Daniel terminaba de escribir en su libreta los últimos trabajos que el profesor mandaba, miró hacia delante y vio a Jack dibujando en su libreta, también se fijó en Liam, el cual en ningún momento se le acercó, lo vio raro, incluso lo echaba de menos, pero era mejor así, no quería manchar a sus amigos.
Daniel estuvo estos meses frío, solitario, distante, de clase volvía a casa y ya no salía hasta el día siguiente para volver a clase.
Tras sonar la sirena anunciando el recreo, Daniel fue a los baños y entró a lavarse las manos, se le había manchado la mano con tinta al romperse la punta de su bolígrafo, apretó demasiado fuerte.
Movió la manivela del grifo para mojarse las manos, en ese momento la puerta del cubículo se abrió.
—Vaya, vaya, vaya..., si es Daniel, el nene inocente de la escuela, perdón, quería decir el idiota. —Connor, sonriendo, miró a Daniel por el espejo.
—Cállate gilipollas, estoy harto de ti. —dijo Daniel.
—¿Ah sí? ¿Y esto? —Connor se acercó y con su mano sacó el collar de Daniel de debajo del cuello de su camisa—. Llevas puesto mi collar..., y hasta por las noches te tocarás mientras lo besas...
—¡¡No es verdad!! —Daniel intentó agarrar del cuello a Connor, pero en ese momento vio que estaba agarrando a Liam.
Daniel, asustado, soltó a Liam del cuello y salió por la puerta, corriendo, fue hasta la parte trasera de la escuela dispuesto a saltar la valla, pero justo cuando lo iba a hacer, Liam le placó tirándolo al suelo.
Forcejearon, pero al final Liam consiguió dominarlo.
—¿Qué cojones te pasa? —preguntó Liam sin entender nada—. ¿Por qué no me soltabas?
—Yo..., yo..., lo siento..., no... —Daniel, confuso y con los ojos rojos, miró a Liam, el cual, le miraba ahora con cierta tristeza.
—Daniel..., ¿Qué te pasa? —Liam se apartó a un lado y se quedó sentado en el suelo, Daniel, se incorporó y miró a Liam con pesadumbre, tumbado en el suelo apoyado con su codo.
—Yo..., lo perdí todo... —dijo Daniel.
—No, Dani, ¿Qué has perdido? ¿Por qué dejaste a Jack? —preguntó Liam.
Daniel permaneció callado y llevó sus manos a las muñecas, Liam le hizo daño al sujetarlo.
—Hace tiempo, me pediste hacerlo conmigo, ¿Recuerdas? —Daniel levantó la mirada y puso su vista en Liam, que sin entender a qué venía esa pregunta, comenzó a levantarse.
—Sí, ¿Y qué?
—Quiero hacerlo, quiero que me lo hagas. —dijo Daniel, que se levantaba y se acercaba a Liam con lentitud.
—¿Qué dices? —Liam observó como Daniel se acercaba lentamente, miró detrás de él, tenía miedo de que algún profesor los pillase ahí detrás.
—Lo que escuchaste. —Daniel intentó de nuevo ahogar del cuello a Liam, pero este logró defenderse y puso contra la verja a Daniel—. Así, hazlo Liam, hazlo.
Daniel, ido, miraba con lujuria a Liam, que hizo amago de besar a Daniel, pero se detuvo y negó con la cabeza.
—No puedo. —dijo Liam.
—¿Por qué no? Hazlo, soy tu perro. —las palabras de Daniel extrañaron a Liam.
Liam soltó a Daniel y se giró para marcharse.
—¡Espera!, ¡Connor! —Daniel, al darse cuenta, bajó la mirada.
Liam se giró y frunciendo el ceño se acercó a Daniel.
—¡¿Por qué me has llamado Connor?! —preguntó Liam.
Daniel, impotente, comenzó a caerse hasta quedar de rodillas y de sus ojos brotaron lágrimas, Liam, con delicadeza, se agachó y sujetó del mentón a Daniel.
—Daniel, ¿Qué te hizo ese Connor? —con su mano, Liam apartó las lágrimas de sus mejillas, Daniel se dejaba hacer.
—Nada...
Liam llevó su mano a la frente y la apretó con fuerza, de impotencia, abrazó a Daniel y lo mantuvo así un rato.
—Escucha, Daniel, para mí sigues siendo el chaval que robó mi corazón, y para todos, tú eres nuestro pequeño Dani.
—Jack me dijo que gracias a ti salí de allí... —Daniel, ahora un poco más desahogado, se levantó y se limpió la cara con la camiseta.
—Sí..., mi plan del móvil falló, así que tenía que buscar otro.
—Lo siento, iba a contestar, pero cuando fui a hacerlo, me pedía el código pin, lo apagué sin querer...
—Joder, qué mala suerte... —Liam negaba con la cabeza.
—¿Ya no me amas? —preguntó Daniel.
—¿Qué? Claro que si tontito, aún me vuelves loco y casi te beso, pero...
—¿Qué?
—Kenny me habría matado. —confesó Liam.
—¿Estás con Kenny? —Daniel abrió los ojos sorprendido.
—Sí..., bueno, tú ya sabes que en la escuela hicimos nuestras cosas..., el caso es que cada fin de semana viene a visitarme, y gracias a ti.
—¿A mí? —preguntó Daniel.
—Sí, él vino porque se enteró de que salías del centro y quería verte, el caso es que durante esos días hablamos sobre ti y de ahí..., bueno, resurgió la chispa ja, ja, ja. —Liam puso su brazo encima del hombro de Daniel.
Caminaron de vuelta al patio de recreo.
—El caso es que desde entonces hemos vuelto y tengo pensado ir a su campus el próximo curso, ¿Por qué no te vienes? ¿Eh? Así cambias de aires y quizás olvides un poco todo esto.
Daniel, en silencio, escuchaba como Liam había también cambiado, todos habían cambiado este último año, no sólo él, quizás dio la casualidad de que su cambio surgió durante su estancia en el centro, pero se dio cuenta de que cambiar, madurar..., no era tan malo, quizás sí, si fuese forzado..., pero tarde o temprano debía aceptar que no era el Daniel que llegó al condado hace casi cuatro años.
En clase...
—Bueno, como sabéis, este fin de semana es el gran baile de fin de curso, recordad que los chicos debéis pedir a las chicas si quieren acompañaros al baile. —el director del Instituto, terminaba así el discurso sobre el gran acontecimiento del año.
Tras terminar las clases, Tommy invitó a sus amigos, a todos, a la piscina de su casa, Daniel, que lo pensó mucho, acabó yendo.
Se preparó el bañador y una toalla, se despidió de su madre y caminó hacia la casa de Tommy, al llegar llamó a la puerta y éste le abrió sonriente.
—Pasa Dani. —Tommy guió a Daniel hasta la piscina, dentro, nadando, estaban Yeray y Benji, en una hamaca estaba Jack tumbado, en bañador, tomando el sol, tenía unas gafas negras puestas, miró y vio a Daniel entrar con Tommy.
—Pues ya estamos todos, hacía mucho que el grupo no se unía. —dijo Yeray sonriente—. Métete en el agua Daniel, ¡Está buenísima!
Daniel se quitó la camiseta y se tiró al agua, los demás empezaron a lanzarle agua y a meterlo dentro del agua.
Tommy cogió un balón y lo lanzó al agua.
—¿Jack te vienes a jugar? —preguntó Tommy.
Jack, sin mirarlos y con sus manos en la nuca, negó con la cabeza y siguió tomando el sol, Daniel observó a Jack, había crecido bastante, su cuerpo estaba bastante formado, sintió su cuerpo arder, la cara se le puso roja.
Los chicos siguieron jugando esa tarde hasta que el sol empezaba a ponerse, en ningún momento Jack se movió de su sitio, Yeray y Benji se despidieron y se fueron a sus casas, Daniel se tumbó en la hamaca de al lado de Jack, Tommy se secó con la toalla y dijo que iría a por unos refrescos.
En silencio, Daniel miraba el cielo empezar a oscurecerse, el sonido del agua de la piscina y una ligera brisa moviendo los árboles del jardín era lo único que se escuchaba.
—¿Irás al baile de fin de curso? —preguntó Daniel a Jack.
—Sí... —dijo Jack en bajito.
—¿Con quién?
Jack se incorporó sentándose y quitándose las gafas, miró a Daniel, que también se incorporó al ver como lo hacía él.
—¿Qué más te da? Quiero decir, ya no somos nada. —dijo Jack aún con tono dolorido.
Un ruido se escuchó en la entrada del jardín y ambos miraron, pero no había nadie, Jack se levantó y cogió la camiseta para ponérsela.
Daniel se levantó y con su mano lo detuvo.
—Ve conmigo. —propuso Daniel.
—¿Qué? —Jack miró a Daniel con duda—. ¿A qué juegas? Primero me dejas, me arrodillé literalmente y me dejaste tirado, ¿y ahora quieres que volvamos?
—No dije eso, solo dije de ir juntos. —dijo Daniel con cierto enfado.
Jack suspiró y apartó a Daniel a un lado, se puso la camiseta y se marchó sin decir nada, a los segundos apareció Tommy con dos refrescos.
—Daniel, tú no te rindas, lo que pasa es que Jack es muy orgulloso. —dijo Tommy apretando el puño en alto.
—¿Estabas escuchando? —preguntó Daniel mientras bebía un sorbo del refresco.
—¿Eh? No...
—¿Tú irás al baile? —preguntó Daniel tras beber del refresco y dejarlo en la mesa del jardín.
—Sí, iré con Isabel. —confesó Tommy rojo como un tomate.
—Será mejor que me vaya... —Daniel iba a marcharse, pero Tommy le detuvo.
—Daniel, sé que no estás igual que antes, sé que has cambiado, y sé que ocultas algo, ¿por qué no me lo cuentas? Quizás yo pueda ayudarte...
—Tommy..., yo... —Daniel respiró hondo y esquivó la mirada.
Daniel sonrió y se puso la camiseta.
—Debo irme, es tarde... —se despidió de Tommy y caminó hacia su casa, entonces vio como una moto se acercaba y en ella iban montados Kenny y Liam, lo saludaron y aparcaron cerca de la casa de Tommy.
—Así que es verdad... —murmuró Daniel—. Todos avanzan en sus vidas...
Continuó su camino a casa y se tumbó en la cama una vez que llegó a su cuarto, metió la mano debajo de la almohada y sacó el colgante de Connor, lo observó durante varios minutos en silencio, lo acercó a sus labios y sintió el tacto con los mismos.
Se levantó y caminó hasta el cuarto de baño, levantó la tapa y sujetó con fuerza el collar, apretó los dientes y lo posicionó encima del retrete.
—Quiero recuperar mi vida...
Los días pasaron y por fin, llegó la noche del gran baile...
Jack sacó de su armario un traje muy elegante que Roland le había comprado, era negro oscuro, al ponérselo se ajustó la corbata mirándose al espejo.
—¿Estás nervioso chaval? —preguntó Roland.
—Un poco... —Jack suspiró.
—Tú disfruta esta noche, nunca la olvidarás, hazme caso. —Roland le dio con su mano varios golpes en la espalda de forma cariñosa.
Roland acercó a Jack al Instituto, que estaba decorado con telas azules y un gran cartel anunciando el baile de fin de curso para los de último año, había muchas luces, música, chicos y chicas bailando, también comprobó que los profesores vigilaban la zona de las bebidas, ya que muchos chicos aprovechaban para echar alcohol y estaba prohibido.
Jack se bajó del coche y se despidió de su tío, respiró hondo y caminó hacia el patio, que estaba decorado con un gran escenario donde un grupo de música tocaba lo que parecía un tema de Carly Rae Jepsen.
Chicos y chicas bailaban entre risas, a lo lejos distinguió a Tommy y Yeray sentados en uno de los bancos, se aproximó a ellos.
—¡Hola! —saludó Jack nervioso, ambos chicos parecían decepcionados—. ¿Qué pasa?
—Nada, que este no se atreve a pedirle a Isabel que baile con ella. —Yeray señaló a la chica, que estaba sentada en una de las mesas hablando con otras chicas.
—¡¡Es que pensé que estaría sola, no voy a pedírselo con sus amigas delante!! —se excusó Tommy.
—Gallina... —dijo Yeray.
—¿Y tú qué? ¿Por qué no bailas con tu novio? —preguntó Tommy señalando a Benji, que estaba al otro lado sentado mirando a la distancia.
Yeray, con tristeza, bajó la mirada al suelo.
—¿No lo haces por ser un chico? —preguntó Jack, Yeray, impotente, no dijo nada, pero era evidente.
Jack se sentó al lado de Yeray y se quedó mirando como los demás bailaban.
—¿No bailas? —preguntó Tommy confuso—. Pensé que habías quedado con una chica...
—No, no quedé con nadie, solo vine porque mi tío es un pesado y dice que esta noche es especial y que nunca la olvidaré..., claro... —Jack se cruzó de brazos.
—Quizás no se equivoca... —dijo Tommy señalando en la entrada justo cuando empezaba a sonar la canción ''I Knew You Were Trouble'' de Taylor Swift.
Jack miró donde señalaba Tommy y vio a Daniel entrar, iba con un traje de color blanco, su aspecto era muy llamativo, no había nadie que fuese de blanco, lo acompañaba de una camisa de color azul oscura y unos zapatos color beige, parecía buscar a alguien.
Las miradas de ambos se cruzaron y Daniel caminó hasta donde estaban sus amigos, estiró su mano mirando a Jack, el cual, con la respiración agitada, observaba como el resto de chicos y chicas no perdían detalle.
—¿Quieres bailar conmigo? —preguntó Daniel.
El corazón de Jack comenzó a latir con fuerza, instintivamente acercó su mano a la de Daniel y éste la sujetó con fuerza levantándose de la silla, ambos caminaron hacia el centro de la pista y Daniel posó una de sus manos en la cadera de Jack, que estaba rojo como un tomate, sabía que muchos dejaron de bailar mirándolos.
—Mírame a mí. —dijo Daniel, que comenzó a moverse junto a Jack, ambos comenzaron a bailar y a los pocos segundos todos los que dejaron de bailar retomaron sus bailes, la música no dejaba de sonar y Jack no apartaba sus ojos de los de Daniel.
Yeray, al verlos, se armó de valor y se levantó de la silla, caminó hasta Benji y le ofreció bailar, éste, tímidamente sujetó la mano de Yeray y se acercaron a la pista para ponerse a bailar.
—No, si al final él único idiota que no sale a bailar soy yo. —murmuró Tommy.
Los chicos bailaban felices, Daniel, por primera vez en mucho tiempo, se sentía feliz, abrazó a Jack y sintió como éste le apretaba contra él con fuerza, y así, ambos chicos bailaron las siguientes canciones.
—¿Nos sentamos? —preguntó Jack.
—No, tengo una sorpresa. —dijo Daniel con una sonrisa pícara.
Ambos chicos salieron corriendo del patio y Daniel le guió dentro de la escuela, abrieron una de las puertas que tenían cadenas.
—Pasemos por debajo. —propuso Daniel.
—¿Pero a dónde me llevas? —Jack estaba nervioso.
—Tú sígueme. —Daniel entró en la escuela y Jack, tras mirar a los lados hizo lo mismo, siguió a Daniel por los pasillos hasta llegar al gimnasio, vio entrar a Daniel, pero cuando entró él no lo vio.
—¿Dani? —Jack miró a los lados pero no estaba.
Entonces sintió unas manos en sus hombros y se dio la vuelta, Daniel le besó apasionadamente en la boca, sus labios se juntaron y sus lenguas se mezclaron, Jack sentía su cuerpo arder y se dejó llevar, de fondo a lo lejos se escuchaba la música del baile.
—Espera... —Jack se separó de Daniel confuso.
Daniel le ignoró y lo empujó contra una colchoneta que había en el suelo, tras eso Daniel se echó encima de él y comenzaron a besarse, Daniel comenzó a bajar por el cuello de Jack, no dejaba de besarlo.
Entonces Jack le giró y lo puso boca abajo, le agarró del cabello y tiró hacia él, puso sus labios cerca del oído de Daniel y le susurró.
—Ahora serás mío. —dijo Jack, su respiración era entrecortada.
Y así, ambos pasaron una noche inolvidable de amor, entre besos y caricias, ambos chicos por fin pudieron ser libres y olvidar los últimos meses de agonía.
Ambos, tumbados, miraban el techo, que era iluminado por las luces del baile, que estaba bastante lejos de ellos.
—Te amo. —dijo Daniel.
Jack giró su cabeza y observó a Daniel, que descansaba plácidamente.
—Yo también te amo, Dani. —Jack sonrió feliz y volvió a mirar al techo.
—Creo que iré el próximo año al campus de las afueras a estudiar Bachillerato, ¿Te vienes conmigo? —preguntó Daniel.
Jack permaneció unos segundos en silencio pensativo y se giró mirando a Daniel.
—Sí, no quiero separarme nunca más de ti.
Daniel se giró y se acercó a Jack, ambos se fundieron en un largo y tendido beso, tras ésto, Jack miró el cuello de Daniel, con su mano sujetó el collar que tenía y lo miró extrañado.
—¿Y este collar? —preguntó Jack—. Es precioso...
—Un regalo...
Epílogo
Kenny detuvo la moto cerca de la entrada al recinto de la escuela, Liam, que iba detrás, se bajó y dejó el casco en la moto tras quitárselo, Kenny hizo lo mismo.
—Bueno, al final conseguiste convencerme y aquí estamos... —dijo Liam a regañadientes.
—Calla anda, ¿Y lo bien que lo vamos a pasar? —Kenny sacó la lengua juguetón.
—Sí, sobre todo cuando mi padre se entere de que salí sin su permiso, recuerda que sigo castigado por sacar 200 pavos con su tarjeta. —dijo Liam, recordando lo que hizo para pagarle a Louis.
—Es verdad, que tu colaste la maría en el coche del padrastro de Daniel para que lo detuvieran, un buen plan, aunque arriesgado..., además, ¿Desde cuándo para ti un castigo es impedimento? —Kenny negó con una sonrisa.
—Ya bueno, pero salió bien... —dijo Liam.
—Lo sé, de todas formas, ¿Qué dijo Daniel? —preguntó Kenny mientras guardaba las llaves de la moto en el bolsillo de su pantalón.
—Pues me lo agradeció y poco más, gracias a eso está de vuelta con nosotros. —Liam cogió de la mano a Kenny y éste le miró con una sonrisa.
Ambos caminaron hacia el patio donde estaba la pista de baile y justo cuando iban a entrar vieron a Daniel corriendo hacia la escuela sujetando la mano de Jack, que era arrastrado por éste.
—¿Y esos? —Kenny comenzó a reírse.
Liam, serio, los vio meterse dentro de la escuela.
—¿No estarás aún obsesionado con Daniel no? —Kenny sonaba celoso.
—¿Acaso tú no? —Liam entrecerró sus ojos encarando a Kenny, el cual sonrió y levantó su dedo índice dándole la razón.
—Touché.
Ambos chicos fueron al patio, la música sonaba muy alta y los chicos y chicas bailaban felices, se acercaron a la zona de las bebidas y se sirvieron un refresco, a lo lejos Liam pudo ver como Tommy se armaba de valor y sacaba a bailar a Isabel, que le correspondió y bailaron.
—¿Y bien? ¿Al final sabes si Daniel vendrá con nosotros al campus? —preguntó Liam.
—Yo creo que sí, Tommy se lo propuso, además, conociendo a Daniel, estoy seguro de que vendrá con nosotros.
—¿Por qué noto cierta excitación en tu voz? —Liam pegó un trago al refresco y lo dejó en la mesa.
—Ja, ja, ja, salido, no creas, simplemente quiero tenerlo cerca. —Kenny posó el vaso en la mesa también y extendió la mano hacia Liam—. ¿Bailamos?
—No tío... —Liam tapó su cara con vergüenza.
—Va, que luego me castigas. —dijo Kenny juguetón.
Liam, al escuchar eso, sujetó la mano de Kenny y caminó al centro de la pista.
Desde la distancia, la noche estrellada iluminaba la escuela, las luces y la música acompañaban a esa noche de verano donde muchos lazos se unían y otros...
En otro sitio, no muy lejano...
Leonardo entró al cuarto, iba en pijama, se acercó descalzo a la cama donde otro chico leía tumbado con solo la luz de la luna.
—Connor, ¿Por qué me quitaste el cómic? —Leonardo intentó quitárselo, pero Connor lo impidió.
—Porque sabía que así vendrías, quiero jugar. —dijo Connor relamiéndose los labios—. Sujetó a Leonardo y lo tumbó en la cama.
—¿Otra vez? No quiero jugar a ser Daniel...
—No es esa clase de juego... —dijo Connor.
—¿Entonces? —Leonardo le miró extrañado—. Espera... ¿ése no es el bóxer de Daniel?
Había un bóxer de Bob Esponja en el escritorio, Connor se puso en pie y los sujetó con fuerza.
—Sí, son de Daniel.
—No te creo..., ¿sigues obsesionado con él?
—Te dije que vamos a jugar a un juego..., a los bomberos. —Connor sacó un mechero y lo encendió sonriendo.
Connor acercó el mechero a la cama y miró con sorna a Leonardo.
—Me cansé de este sitio, es momento de volar..., Daniel..., solo espérame..., pronto estaré contigo de nuevo...
( Final...?)
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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TeenBoy
All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399227 / 2309245396427
ISBN Code: 9789403630045
¡¡Aviso importante!!: Aunque aquí termina la historia, es solo la mitad, sí, estoy escribiendo la continuación, dónde los chicos van al campus y se aventuran en nuevas vivencias y demás, desgraciadamente me lleva mucho escribir cada capítulo, por lo que no la publicaré hasta dentro de unos meses.
De todas formas, seguiré publicando aquí nuevas historias, así que espero que os sigan gustando y leyéndolas!
Por último, gracias a todos por los consejos, comentarios, correos y demás, todos son bienvenidos y me ayudan a mejorar, espero que esta historia la recordéis siempre y os haya gustado mucho!
Sin más, me despido, TeenBoy.
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