lunes, 8 de junio de 2020

El secreto de Jack - Capítulo 1 ''El chico nuevo''

 

El secreto de Jack 1 - El chico nuevo

Daniel es un chico de primero de secundaria que no habla, su madre lo ha llevado a diferentes médicos y todos le han dicho lo mismo, que con el tiempo hablará, que no es mudo de por sí, simplemente no quiere o puede hablar, aunque avisaron que podría volverse crónico.

Hablando de Daniel, es un chico de pelo castaño claro y ojos color miel, también claros, es un poco bajito para su edad, introvertido y tímido, su cara era salpicada por muchas pecas en nariz y mejillas.

Su madre consiguió un trabajo mejor como doctora en el condado de Lookrain, una zona alejada de la ciudad donde vivían, ese año, se mudó con su hijo a dicho condado, un pueblo tranquilo y bonito en el que comenzarían a vivir.

Daniel tendría que ir a un nuevo colegio, su madre lo matriculó en primero de secundaria a última hora, pero pudo entrar a tiempo. Ese día, Daniel estaba nervioso, no conocía a nadie, en su antiguo colegio no tenía amigos, tampoco los necesitaba, le gustaba mucho leer, se pasaba el tiempo leyendo cómics y libros de aventuras, sobre todo, los de Harry Potter, le encantaban.

Llegó el gran día, su madre lo acercó al Instituto y lo dejó en la entrada después de un fuerte abrazo, el chico intentó apartarla avergonzado mientras miraba a su alrededor para no ser visto en tan comprometida situación.

A pesar de ser de pueblo, la escuela estaba bastante bien, se veía moderna y limpia, amplia y bonita, Daniel avanzó hasta el aula seis, la segunda clase de primero de secundaria, cada curso tenía dos clases, le tocó en el aula seis, clase B.

No era el primer día de clases por desgracia, era ya finales de septiembre, por lo que las clases ya estaban avanzadas, entró a su aula y pudo ver el barullo de chicos sentándose en sus respectivos pupitres, Daniel esperó en la entrada.

Al rato entró una chica de mediana edad, morena con el pelo largo ondulado y con gafas de pasta, miró a Daniel y le puso su mano en la cabeza como saludo, avanzó hasta la pizarra y comenzó a hablar.

Muy bien chicos, ¡sentaros, por favor! —dio unos suaves golpes en su mesa con la mano—. Hoy tenemos un alumno nuevo, viene de una gran ciudad, así que todo esto es nuevo para él, se llama Daniel, dadle la bienvenida y comportaros bien con él.

El resto de los alumnos miraban con curiosidad a Daniel, que, avergonzado, bajó la mirada al suelo con los mofletes sonrosados, los alumnos, en silencio, le observaban con curiosidad.

Bien, veamos dónde puedes sentarte. —la profesora miró a varios pupitres y observó el de Jack, que más tarde Daniel sabría que era el delegado de la clase—. Mira, ¿ves ese chico de allí? —la profesora señaló el asiento vació que había al lado de Jack—. Siéntate a su lado.

Daniel avanzó con tranquilidad ante la atenta mirada de todos los chicos, miró a Jack y éste apartó la mochila de la silla para que Daniel pudiese sentarse.

La clase estaba dividida en tres filas, en cada fila había seis mesas repartidas de dos en dos, Jack estaba sentado al lado de las ventanas de la fila izquierda, Daniel se puso a su lado, su asiento daba al pasillo.

Muy bien, abrid el libro por la página once, continuamos con el tema del valor posicional de los números. —informaba la profesora.

Daniel se sentó y abrió su mochila sacando su libro de matemáticas, los demás alumnos hicieron lo mismo. Al coger su mochila para soltarla en el suelo se deslizó un cómic cayendo en la mesa, quiso cogerlo con rapidez, pero Jack lo alcanzó antes.

Jack sujetó el cómic y lo miró detenidamente, Daniel bajó la mirada esperando que se lo devolviese, Jack sonrió y puso el cómic en la mesa de Daniel, éste lo metió en su mochila.

La profesora comenzó a explicar el temario, Daniel atendía con interés, pero no pudo evitar mirar lo que hacía Jack, en su libreta de matemáticas comenzó a dibujar siluetas de personas que ardían por el fuego, Jack le miró y le sonrió, Daniel no pudo evitar ruborizarse, se sintió raro al ver su mirada posada en él con una sonrisa.

Ahora prestó más atención al chico que tenía al lado, Jack, era un poco más alto que él, su cabello, negro como el carbón, era acompañado de unos ojos también negros, su cara estaba manchada de varias pecas sobre su nariz y parte de sus mejillas.

Muy bien, veamos, ¡Daniel!, entre las alternativas, ¿cuál crees que sería la secuencia numérica que sigue el patrón? —la profesora miraba a Daniel esperando su respuesta, pero éste no decía nada, sólo se quedaba mirando el libro.

Jack movió su lápiz y apuntó a la letra B del ejercicio, indicando que esa era la respuesta, pero Daniel no contestó.

Oh, disculpa, ¡es verdad!, tu madre me dijo que no hablabas, lo siento, error mío. —en ese momento tanto Jack como los demás chicos miraron con un gesto de intriga a Daniel, éste se dio cuenta y se sintió mal—. Está bien, ¿Quién lo sabe?

Algunos de la clase levantaban la mano y respondían, pero Daniel sólo miraba el libro con la mirada perdida, Jack, tras observarle un rato, siguió dibujando.

Llegó la hora del recreo y todos los chicos salieron al patio, Daniel cogió una manzana, un batido y salió con los demás chicos, varios de ellos jugaban con un balón, las chicas jugaban y hablaban entre ellas, y los demás chicos se reunían en grupos.

Daniel avanzó hasta las ventanas que daban a su clase, se sentó en el bordillo y comenzó a comerse la manzana, a lo lejos podía ver a sus compañeros.

Jack estaba hablando con dos chicos más y otras dos chicas, reía mientras se comía un bocadillo, Jack movió su cabeza y las miradas de ambos se encontraron.

Con temor, Daniel quitó enseguida la mirada, se comió la manzana y tiró el hueso a la papelera, sacó un cómic enrollado de su bolsillo y comenzó a leerlo, en ello estaba cuando se acercaron dos chicos a su posición.

¡Eh! ¡Oye! Ese cómic está chulo, ¿Me dejas leerlo? —el chico, robusto y de pelo rizado posó sus manos en el cómic de Daniel, éste lo soltó dejando que el otro chico lo cogiese.

¿Te vas a tomar ese batido? —el otro chico, de la misma estatura que Daniel, estiró la mano y le quitó el batido—. ¡Gracias!

¡Bienvenido! ¡Nuevo! —dijo el chico robusto, tras eso, los dos chicos se levantaron y se marcharon entre risas.

Daniel se quedó allí sentado, viendo como esos dos chicos se llevaban su cómic y su batido, se levantó y se dirigió a los baños, con mirada triste se miró al espejo. Entró a uno de los cubículos y en ese momento escuchó la puerta abrirse.

Sí, estoy de acuerdo, hizo trampa, si no, hubiera perdido —era la voz de un chico, parecía que hablaba con alguien más.

Lo sé, es una mierda. —la otra voz, parecía que acompañaba al otro chico y sonaba más joven aún.

Por cierto, ¿viste al nuevo? —parece alelado, ¿no?

¡Cómo para no verlo!, dicen que es mudo.

Eso escuché, ¿por qué será?

Ni idea, quizás es tan tonto que no sabe hablar.

Pues yo creo que su padre abusó de él cuando era pequeño, y de ahí quedó traumado.

Los chicos reían a carcajadas, encendían los grifos del agua y después se marcharon mientras hablaban de algo a lo que Daniel ni prestó atención.

¿Por qué se burlaban de él?, vale que en el anterior colegio no tenía amigos, pero al menos nadie se metía con él, y hoy, el primer día, y ya se habían burlado de él a sus espaldas, y le habían quitado su cómic y el batido.

Se sentía mal por todo, quería irse, estaba deseando llegar a casa.

Daniel abrió el grifo y se lavó las manos, se echó agua en la cara y después cerró el grifo. El timbre anunciando el final del recreo sonó en el instituto, era hora de volver a clases.

Los chicos entraban corriendo entre risas y empujones, Daniel prefirió esperar para entrar, lo iba a hacer cuando chocó con otro chico, era Jack.

Disculpa. —Jack se apartó y espero que Daniel pasase, éste lo hizo, tembloroso, avanzó y tomó asiento, miró en su mesa, estaba el cómic que el chico de antes le había quitado durante el recreo.

Jack pasó por detrás de su silla para sentarse y sacó el libro de la asignatura que tocaba. La clase dio comienzo y el tiempo pasaba lento, Daniel sólo miraba por la ventana, pensando en cómo había llegado ahí el cómic, ¿el otro chico lo dejó ahí?, ¿se arrepentiría y por eso se lo devolvió?

Estaba absorto en sus pensamientos cuando pudo ver como Jack le enseñaba su libreta había escrito algo, la extendió ante la mirada de Daniel, en la hoja estaba escrito: ''Deja de mirar por la ventana y atiende'', Jack escondió el móvil y siguió haciendo garabatos en su libreta.

Las horas pasaron y el final de las clases llegó, todos los chicos salieron corriendo, Daniel iba a su paso, mientras le chocaban y casi lo tiran, terminó de llegar a la entrada y se quedó mirando las calles, no sabía cómo volver a casa, se apoyó en la pared pensativo.

¿Qué? ¿No te vas a casa? —la voz de Jack le sorprendió.

Daniel miró a Jack a los ojos, que le brillaban por los rayos del sol.

¿No sabes cómo volver? —Jack se acercó a Daniel mientras los últimos chicos salían del colegio, dos de ellos se acercaron a Jack.

¡Ey! ¡Jack! ¿Vienes? ¡La madre de Andy nos invitó a comer! —un chico muy bajito miraba a Jack y después posó su mirada en Daniel, lo miró de arriba a abajo, como analizándolo.

Jack miró Daniel y después a su amigo.

No, mejor otro día.

¡Vale, como quieras, hasta mañana! —el chico bajito se alejó junto al otro ante la mirada de Daniel.

Bueno, ¿Entonces qué? ¿No me dices dónde vives?

Daniel bajó la mirada.

Jack permaneció en silencio y se acercó a Daniel.

Date la vuelta.

Daniel hizo lo que le pidió Jack y se dio la vuelta, éste se acercó y le abrió la mochila, rebuscó en ella y sacó un libro, lo abrió y lo miró detenidamente.

¡Vives doblando la esquina de mi casa! —Jack le enseñó el libro a Daniel, su madre puso el nombre y la dirección de dónde vivía en la contraportada del libro—. Venga, te acompaño a casa.

Jack le volvió a meter el libro en la mochila y se la cerró, ambos comenzaron a andar hacia la casa de Daniel.

¿Y qué? ¿Te gusta el pueblo? Es bonito, quizás al ser de ciudad te cueste acostumbrarte, yo nunca estuve en la ciudad, ¿Cómo es?

No hubo respuesta, Daniel seguía andando ante la atenta mirada de Jack.

He visto que te gustan los cómics, yo tengo alguno que otro, si quieres un día de estos puedes venir a mi casa, así los lees.

Continuaron caminando bajo los rayos del sol, que eran a veces interrumpidos por los grandes árboles que adornaban las aceras de la calle.

Bueno, ya hemos llegado, ¿Es ésta tu casa? —Jack miraba con asombro la casa de Daniel.

Daniel miró hacia el frente y pudo ver una casa blanca con la puerta roja oscura, tenía un pequeño jardín en un lateral con varios gnomos de adorno.

Daniel afirmó con la cabeza.

¡Es enorme...! Bueno, te dejo aquí pues. —Jack le extendió la mano, Daniel le miró con sorpresa y le extendió la suya, el tacto de su piel era suave y caliente, Jack se la apretó sonriente y le soltó—. Un placer Dani, ¡Nos vemos mañana!

Jack se dio la vuelta y volvió por donde habían venido, Daniel lo miraba desde lejos, entonces Jack se giró y sus miradas se volvieron a encontrar, Daniel se sorprendió, bajó la mirada y se fue corriendo a su casa, abrió la puerta y entró cerrándola tras de sí.

Su corazón latía, latía muy fuerte, ¿Por qué? Daniel subió a su cuarto y dejó la mochila en el suelo, se sentó en su silla de escritorio y miró por la ventana de su nuevo cuarto, el sol se escondía y daba paso a la oscura noche, comenzó a hacer los deberes de clase.

Al pasar la página, de su libro cayó al suelo un papel que no pertenecía a dicho libro, se agachó a recogerlo y miró de qué se trataba. El papel estaba un poco arrugado y tenía dibujado dos siluetas humanas dándose la mano, al lado un balón y en una esquina el sol.

Daniel sujetó con fuerza el papel al ver los nombres que había escrito sobre la cabeza de ambas siluetas, Dani, y Jack.

Su corazón latía con fuerza de nuevo, su temperatura subió y su respiración se agitó, se sentía raro, sentía una felicidad que antes no había experimentado. La felicidad de tener una amistad, un amigo, una persona que se interesaba en él.

Pero, era algo que nunca había experimentado, en su antiguo colegio no tenía amigos, sí es cierto que había compañeros que le hablaban a veces, pero nunca nadie se le acercó tanto.

Daniel llevó el papel a su pecho y lo apretó con fuerza, se sentía feliz, esa noche durmió bien.

Sonó su despertador y comenzó a ponerse el uniforme, en la escuela era obligatorio ir con uniforme, pantalones grises cortos, camiseta azul oscura y un jersey también gris, en el uniforme estaba el logo de la escuela.

Daniel no estaba acostumbrado a ir con uniforme escolar, en su antiguo colegio podía ir vestido como quisiera, pero el uniforme le gustaba.

Preparó su mochila y bajó a desayunar, su madre le había preparado un tazón de cereales con leche.

¡Buenos días, precioso! ¿Qué tal te fueron las clases? —preguntó Susan, la madre de Daniel.

Daniel miró a su madre mientras cogía la cuchara sonriendo, por la televisión estaban echando dibujos, Daniel los miraba, pero sin prestar mucha atención, estaba nervioso, más incluso que el primer día, pero no entendía por qué.

Bueno, yo ya me tengo que ir, ¿Sabrás ir sólo a la escuela? Está aquí al lado así qué es fácil, en fin, no llegues tarde. —su madre besó a Daniel en la cabeza y se marchó.

Daniel terminó de desayunar y apagó la televisión, se terminó de peinar mirándose a un espejo del recibidor y cogiendo la mochila salió de casa. Por el camino podía ver como el sol empezaba a salir de su escondite iluminando la calle, los rayos del mismo hacían brillar las hojas de los árboles.

Podía ver como empezaban a aparecer chicos saliendo de sus casas hacia la escuela, uno de ellos posó su mirada en Daniel, se acercó a paso ligero hasta él y se puso a su lado caminando.

¡Hola! Me llamo Tommy, estoy en tu clase. —dijo el chico con una gran sonrisa en su cara, lo cierto es que le pareció un chico entrañable en cuanto lo tuvo cerca.

Daniel lo observó curioso, no se había fijado antes en ese chico, o no se acordaba, el chico, de pelo oscuro y ojos verdes le miraba sonriente, siguieron caminando en silencio.

He visto que te gusta Superman..., no dejes que los demás chicos te quiten tus cosas, sino, lo harán siempre.

Daniel miró sorprendido a Tommy. ¿Fue él quién le devolvió el cómic?

A mí no me llaman mucho la atención, soy más de terror, ¿Te gusta el terror?

Daniel negó con la cabeza ante la atenta mirada de Tommy, que no dejaba de mirarle.

¿No te gusta hablar o no puedes hablar? —Tommy iba a preguntar algo más, pero se detuvo al ver que alguien se les acercaban

En ese momento apareció otro chico.

¡Hola Tommy! —el chico se puso al lado de Tommy, parecían conocerse.

¡Hola Alan! —Tommy chocó su puño con el chico, Alan, parecían amigos.

Alan, tras esto, miró a Daniel con curiosidad.

Tú eres el nuevo, ¡No?, ¿Cómo te llamabas? —Alan cambió de lado y se puso al lado de Daniel, a su izquierda.

Se llama Daniel. —dijo Tommy.

Que lo diga él, ¿No? —Alan miró sonriendo de forma burlona a Daniel.

Sabes que no puede hablar, ¡No seas malo! —Tommy con su hombro apartó a Alan a un lado, alejándole de Daniel, el cual ahora estaba incómodo, a diferencia de Tommy, Alan parecía un chico menos confiable.

Alan puso cara de enfado y se adelantó varios pasos por delante, ya estaban entrando en la escuela.

No le hagas mucho caso, es un poco idiota, pero te acostumbras. —Tommy posó su mano en el hombro de Daniel de forma amistosa.

Los dos chicos siguieron a Alan y al resto de alumnos hasta la clase seis, allí estaba sentado ya Jack, que miró como Daniel y Tommy entraban juntos.

¡Oye! ¿Quieres sentarte conmigo? ¡Mi asiento está libre también! —Tommy miraba a Daniel con interés.

Daniel notó como Tommy sujetó su brazo izquierdo y lo atraía hacia su asiento, Jack los miraba sentado en su silla con aspecto serio.

Tommy lo llevó hasta su sitio, soltó su brazo y tomó asiento. Tommy se sentaba en la fila derecha, al final del todo, en la esquina.

Daniel se quedó mirando con temor y se sentó a su lado, Tommy le miraba sonriente.

¿Qué haces? —la voz de Jack alertó a ambos chicos, que se acercó hasta ellos.

Los demás chicos comenzaban a tomar sus asientos y Daniel pudo fijarse que Jack tenía una tirita en el tabique de su nariz.

¿A qué te refieres? —Tommy le miró con duda.

Daniel se sienta conmigo, no contigo. —dijo Jack con cierto enojo.

Durante unos segundos permanecieron callados, el ambiente se enrareció.

Bueno, no tiene nada de malo que esté aquí, ¿No? —dijo Tommy.

Jack miró a Daniel, esperando una reacción, pero éste estaba nervioso, no sabía qué hacer, quería ir con Jack, pero Tommy se había portado bien con él y le sabía mal dejarlo ahí.

Daniel bajó la mirada y permaneció callado, entonces entró la profesora.

Muy bien, tomad asiento y sacad vuestros libros, hoy hay mucho que corregir.

Jack bajó la mirada y se marchó a su asiento con las manos en los bolsillos de su pantalón corto, parecía decepcionado.

Daniel se sentía mal, ¿Había perdido la amistad de Jack?

Los alumnos sacaron sus respectivos libros y la clase dio comienzo, pero a Daniel le costaba prestar atención, constantemente su mirada se posaba en Jack, podía ver como éste estaba concentrado en su libreta, seguramente haciendo garabatos. Tommy, en cambio, estaba atendiendo en clase.

Pasó el tiempo y llegó la hora del recreo, Daniel sacó una pieza de fruta y un batido, esta vez no se llevó ningún cómic, no quería arriesgarse a que se lo volviesen a quitar, los chicos fueron saliendo al patio, entonces notó como Tommy se puso a su lado rozando su hombro derecho.

¿Vienes? —Tommy cogió del brazo a Daniel y lo llevó hasta una esquina del patio, había unas pequeñas escaleras que daban a una plataforma para subir a otra clase—. Por aquí se va al gimnasio, pero desde aquí puedes ver todo el patio y espiar a todos desde arriba.

Daniel miraba a todos los chicos jugando y correteando, estaba a una altura de unos tres metros, quizás menos, podía verse todo el patio, pero su mirada buscaba a Jack, estaba de nuevo con otros dos chicos, se fijó en ellos y ya los empezó a reconocer, eran los que daban al asiento de atrás de Jack, Daniel no dejaba de mirarle, no podía evitarlo.

Tommy se acercó a Daniel y se fijó hacia donde miraba.

¿Te gusta Ava? —Daniel miró hacia donde estaba mirando su compañero, se refería a la chica que estaba al lado de Jack—. Es guapa, y muy lista.

Daniel negó con la cabeza y terminó de comerse la fruta, tras eso se tomó el batido de frutas, Tommy sacó también un batido, aunque el suyo era de fresa, ambos empezaron a tomarlo con su respectiva pajita.

¡Oye! ¿Quieres probar mi batido? —Tommy acercó su batido a la boca de Daniel, éste sorprendido no hizo nada—. ¡Venga! ¡Pruébalo! ¡Te gustará!

Daniel abrió la boca y rodeo la pajita probando el batido, un sabor a fresa inundó su boca.

¿Qué tal? ¿Está bueno? —preguntó Tommy curioso.

Daniel afirmó con la cabeza, miró su batido y se lo ofreció a Tommy, éste le miró sonriente y probó también del suyo. Daniel pudo ver como Tommy posaba sus labios en la pajita y bebía de su batido, los dos se miraban a los ojos, Daniel no pudo evitar sentir un hormigueo en el estómago y se sonrojó.

Tommy dejó de beber y se relamió parte del batido que había en sus labios, Daniel no apartaba la mirada de su compañero.

Nunca lo había probado, está bueno, voy al baño, ¿Vienes? —preguntó Tommy.

Daniel negó con la mirada, Tommy dio un sorbo a su batido y lo lanzó a la papelera que había cerca, se alejó y se fue a los baños. Daniel se quedó sólo, miró de nuevo al patio buscando a Jack, pero no lo veía, no estaba por ningún lado, hasta que por fin sus ojos dieron con él, estaba cerca de la entrada del patio hablando con la profesora.

La campana anunciando el final del recreo sonó y todos los alumnos fueron caminando hacia dentro de la escuela, Daniel iba detrás para no estar entre toda la multitud.

Llegó a su clase y tomó asiento, al rato apareció Jack, que se acercó a su sitio sin mirar ni una sola vez hacia él, Daniel se sentía triste, no quería ganar una amistad y perder otra.

La profesora apareció junto a Tommy y éste tomó asiento al lado de Daniel, las clases prosiguieron y todo siguió con normalidad hasta que finalizaron.

Los alumnos se marchaban a sus casas y Daniel iba acompañado de Tommy, Alan, el chico de antes, se acercó a ellos, comenzaron a andar de camino a la salida de la escuela.

¿Qué largas se hacen las clases no? —Alan le hablaba a Tommy.

Alan era un chico muy delgado, demasiado, tenía el pelo muy corto y los ojos marrones, era un poco más alto que el resto de la clase.

Sí, aunque hoy se me pasaron volando. —confesó Tommy.

Al final mi madre me prestó el dinero para el videojuego, ¿Lo quieres probar? —Alan miraba a Tommy arqueando sus cejas varias veces.

Tommy miró con interés y sorpresa a Alan.

¿De verdad? ¡Eso ni se pregunta! ¿Puede venir Daniel? —Tommy observó a Daniel, que parecía en otro mundo.

Alan se detuvo y miró a Daniel.

¡Pero si no habla! —dijo Alan de forma apática.

¿Y qué? Para jugar se usan las manos, no la boca. —Tommy le replicó su actitud con las manos.

Bueno, que venga si quiere, pero, ¿Acaso su madre lo dejará? —Alan sonaba poco convencido, no le hacía gracia la idea de que Daniel viniese con ellos.

Tommy miró a Daniel.

¿Tu madre te deja?

Daniel se quedó en silencio, por un lado, quería ir, pero por otro se sentía incómodo con Alan, tras pensarlo un segundo, Daniel afirmó con la cabeza.

Pues venga. —Tommy puso su mano por encima del hombro de Daniel sonriendo.

Salieron de la escuela y caminaron hacia la izquierda, dirección contraria a la casa de Daniel, se dirigían a casa de Alan, Daniel estaba nervioso, por un lado, se sentía feliz de empezar a tener amigos, pero, por otro lado, se sentía mal sabiendo que Alan no estaba de acuerdo en que Daniel viniese.

Llegaron a la casa de Alan, bastante más pequeña de la de Daniel, entraron y Alan saludó a su madre. Subieron las escaleras y dejaron las mochilas en el pasillo.

Bueno, tomad asiento mientras enciendo la consola. —dijo Alan.

Daniel miraba el cuarto de Alan, estaba todo desordenado, la cama sin hacer, hojas de papel enrolladas tiradas por el suelo, ropa arrugada en el armario, que estaba medio abierto, en general estaba todo hecho un desastre.

Bueno, ¿Cómo le hacemos? Sólo pueden jugar dos. —dijo Alan mirando a Tommy.

Pues nos iremos turnando, el que pierda deja su sitio al siguiente, y así. —le contestó sentándose en la cama de Alan.

Alan encendió la consola y puso el videojuego, era de lucha, comenzaron a jugar Tommy y Alan entre risas, Daniel se fijó en el escritorio de Alan, tenía un ordenador y un monitor, a su lado varios cómics.

Venga, te toca. —Tommy le cedió el mando a Daniel, el cual estaba absorto en sus pensamientos.

Empezó a jugar contra Alan y éste le ganó enseguida.

Bueno, venga, ¡Otra vez! —Tommy miró sonriente a Daniel cediéndole el mando de nuevo.

¿Qué? No, ha perdido. —dijo Alan.

¡Pero le ganaste muy pronto! —Tommy comenzaba a hartarse de la actitud de Alan.

Que no sea tan malo... —murmuró Alan.

Daniel dejó el mando en la cama cabizbajo, Alan le estaba haciendo sentir mal.

Tommy miró enfadado a Alan.

Está bien..., otra vez... —Alan se quejó a regañadientes.

Tommy puso el mando de la consola en las manos de Daniel, éste desganado comenzó a jugar de nuevo, ahora un poco enfadado, a Alan le costó vencerlo, pero le venció.

Así fueron pasando las horas, Daniel no se dio cuenta de la hora que era, ya estaba desapareciendo el sol, ¡Y aún no hizo los deberes!

Daniel con su mano tiró de la manga de Tommy, éste le miró y siguió jugando, Daniel volvió a tirar de su manga.

¿Qué te pasa? —preguntó Tommy.

Creo que quiere irse. —Alan pauso la partida.

¿Ya te quieres ir? Pero si no son ni las ocho...

Tommy, si sale ahora llegará muy tarde a su casa, ¿Y si lo castigan? —dijo Alan preocupado, por primera vez pensó realmente en Daniel y no en sí mismo, o tal vez lo hacía para quitárselo de encima y quedarse solo con Tommy.

Está bien... —dijo decepcionado Tommy.

Ambos se levantaron y acompañaron a Daniel a la puerta.

Yo me quedaré un rato más, ¿Mañana querrás venir? —le preguntó Tommy.

Daniel miró con duda a Tommy, pensó que lo acompañaría a casa, éste levantó los hombros sin saber qué decir.

Bueno, mañana me lo dices. —Tommy miró sonriente a Daniel y lo despidió.

Que no habla... —Alan murmuró en bajito.

¡Ya lo sé! —Tommy miró con enojo a Alan.

Se despidieron de Daniel y éste con su mochila en la espalda salió de casa de Alan.

Caminó unos pasos y se detuvo, miraba las calles, intentando ver hacia donde ir, pero no lo sabía, no sabía como volver, le daba vergüenza regresar con ellos y explicar su problema, así que comenzó a caminar sin saber hacia dónde le llevaría.

Después de salir de la escuela y tener un día bastante extraño, Daniel acompañó a su nuevo amigo, Tommy, a la casa de Alan, otro chico de su clase, para jugar a la consola.

Pasaron la tarde jugando sin darse cuenta de la hora, era muy tarde y debía volver a casa, se despidió de Tommy y Alan y se dirigió a su casa.

El problema era que...

¡No sabía como llegar a su casa, estaba perdido!

Caminó unos pasos y se detuvo, mirando las calles, intentando ver hacia donde ir, pero no sabía por donde vinieron, tenía muy poca orientación, así que comenzó a caminar sin saber hacia dónde le llevaría.

Comenzaba a refrescar y los brazos de Daniel se enfriaban, siguió caminando calle abajo y escuchó a chicos jugar en la calle, miró y pude ver como jugaban a la pelota, continuó caminando hasta el final de la misma, ahora debía escoger hacia dónde girar, izquierda o derecha.

¿Te has perdido? —la voz de Jack sonó a su espalda.

Daniel lo miró sorprendido, no lo había reconocido, en ese momento sintió un alivio muy grande, su pecho se sentía muy bien y la sensación de estímulo y tranquilidad inundaron sus sentidos.

Jack iba con un pantalón corto de fútbol y una camiseta de algún equipo de béisbol, de color azul con el logo de lo que parecía un osito, todo sudado, por su respiración se notaba que estaba cansado.

Venga, te acompaño a casa. —Jack se giró a donde estaban los otros chicos y se despidió de ellos.

Comenzaron a andar por la acera, Jack iba con sus manos en los bolsillos, Daniel le seguía detrás, en silencio.

¡Me alegra ver que haces amigos!, ¿Vienes de casa de Alan no? —Jack le miró sonriente.

Caminaron varios metros de nuevo en silencio, Jack detuvo sus pasos para ponerse al lado de Daniel.

¿Te gusta el béisbol? Los Chicago Cubs son mi equipo favorito, juegan genial, aunque me gusta más practicar fútbol. —Jack se detuvo y miró a un establecimiento. ¡Mira! ¿Ves ese local? Está genial, en él hay cómics, libros, juguetes, ¡Incluso hay dos máquinas recreativas de esas antiguas! Aunque una ya no funciona...

Jack reanudó el paso, aunque Daniel se quedó mirando el local, era muy bonito, en el escaparate se podían ver todo tipo de merchandising.

¿Te ha gustado eh? Si quieres mañana cuando salgamos de la escuela podríamos pasarnos un rato. —Jack miró su reloj y su cara se puso blanca—. Vamos, se hace tarde y debo llevarte a tu casa, debo estar en la mía antes de las ocho.

Continuaron andando, pero Daniel se dio cuenta que Jack ahora iba más rápido, además de estar nervioso, Daniel miró el reloj de su muñeca y pudo ver que ya eran más de las ocho, Daniel le seguía como podía, pero a veces se cansaba, Jack se detuvo frente a una casa.

Mira, ésta es mi casa. —dijo Jack con orgullo.

Daniel miró atentamente la casa de Jack, era incluso más pequeña que la de Alan, pero su aspecto era viejo, la pintura estaba deteriorada y no tenía jardín, la puerta parecía ser de hierro, uno de los cristales estaba rajado, parecía más una casa abandonada que habitada.

¿Está chula eh? ¡Es como vivir en una casa fantasma! —Jack miró a Daniel sonriendo—. Bueno, tu casa está doblando la esquina, ¿Podrás ir...?

¡Jackson! —un hombre salió de su casa cerrando la puerta con fuerza—. ¡Ven aquí!

Jack miró con temor al hombre ignorando a Daniel bajando la cabeza.

¡Ya me tengo que ir! ¡Nos vemos mañana! —Jack miró sonriente a Daniel y se giró camino a su casa.

Daniel se alejó despacio sin apartar la mirada de Jack.

¡Te dije que debías estar aquí antes de las ocho!

Lo siento papá.

El padre de Jack lo sujetó del brazo mientras miraba a Daniel y lo metía en su casa, cerrando la puerta con fuerza.

Daniel no pudo evitar sentirse mal, quizás se retrasó por su culpa, por ir a su paso...

¿Dónde te habías metido? —la madre de Daniel le preguntaba a su hijo mientras éste entraba en casa—. ¡Que sea la última vez que llegas tan tarde! Ve a ducharte, ¡La cena se va a enfriar!

Tras ducharse y ponerse el pijama...

Un sabor ácido invadía la boca de Daniel, que metiendo de nuevo la cuchara en el plato cogió más sopa y la llevó a su boca.

¿Por qué llegaste tan tarde? No me gusta que andes por ahí a esas horas... —Susan, la madre de Daniel parecía preocupada.

Daniel sólo cenaba mientras veía como su madre llevaba sus platos al fregadero para lavarlos.

Yo me voy a la cama ya, tuve un día muy duro, lávate los dientes y vete a dormir, ¿De acuerdo?

Su madre besó su cabeza mientras él asintió lo que ella le había pedido.

Subió las escaleras y se fue a su cuarto, Daniel se quedó en el comedor cenando, pensando en todo lo que había vivido hoy, pero sobre todo, en cómo el padre de Jack sujetó de mala manera su brazo, no le gustó eso.

Terminó de cenar y lavó su plato para dejarlo en el escurridor, subió a su cuarto y se echó en la cama, pensando en todo lo vivido, no tardó en dormirse agotado.

Al día siguiente Daniel salió de casa camino a la escuela, los chicos iban saliendo de sus casas camino a la misma.

¡¡Ey!! ¡Daniel! —Tommy se acercó a él y se puso a su lado—. ¿Qué tal estás?

Daniel sólo le miró y bajó la mirada de nuevo, en ese momento se acercó Alan.

¿Qué tal? —la voz de Alan sonaba desganada.

¡Se te ve animado de ir a la escuela! —Tommy soltó una carcajada.

¡Ya ves! Encima no hice los deberes... —Alan suspiró.

Ni yo, ¿Qué más da? —Tommy se tomaba todo a guasa.

¡Los deberes! Daniel no se acordó, no los hizo tampoco...

¿Hoy vendrás con nosotros? —Tommy miraba a Daniel esperando su respuesta.

Daniel miró a su compañero y negó con la cabeza.

¿Por qué? —preguntó Tommy.

Le castigaría su madre, los bebés no se quedan hasta tan tarde... —dijo Alan burlonamente.

¡Alan! —Tommy le recriminó la broma a su amigo.

¿Qué?, joer que pieles finas sois...

¿Se enfadó tu madre? —Tommy miraba a Daniel preocupado ignorando a Alan.

Daniel afirmó con la cabeza.

¡Vaya! Bueno, lo siento, no sabía que no te dejaban salir hasta tan tarde. —Tommy se sintió culpable.

Daniel vio entonces a Jack caminando delante de ellos, iba acompañado de sus dos amigos, aunque iba callado y serio, sólo hablaban ellos.

Llegaron a la escuela y se fueron sentando en los pupitres, Daniel se quedó en la entrada, pensativo, quería sentarse con Jack, le miró, pudo ver cómo éste ya estaba sentado en su asiento, sacando su libreta, sus miradas se cruzaron, Jack le hizo un gesto con la mano en el asiento para que se sentara a su lado.

Daniel se sonrojó y caminó hacia Jack, miró al fondo y pudo ver a Tommy hablando con Alan, ni cuenta se dio.

¡Vaya! ¿Hoy si quieres estar conmigo? —Jack le miraba sonriente, Daniel afirmó con la cabeza y se sentó en el pupitre feliz.

La clase dio comienzo.

Muy bien, dejad vuestras libretas en la mesa, voy a pasar a corregir.

Los chicos fueron poniendo la libreta en la mesa, Daniel no lo hizo. Jack se dio cuenta.

¿No sacas la libreta? —preguntó Jack.

Daniel no dijo nada.

¿No has hecho los deberes?

Daniel negó con la cabeza.

La profesora se acercó a la mesa de ambos después de corregir la de varios alumnos y pidió a ambos la libreta.

¿Y vuestras libretas? De ti me lo esperaba Jack, pero no de ti, Daniel, tendré que ponerte un negativo, y te recuerdo que vas atrasado por matricularte tan tarde, no aprobarás el trimestre si sigues así, ¿Entiendes?

La tengo yo. —intervino Jack.

¿Cómo que la tienes tú? —la profesora lo miró con mala cara.

Sí, verá, vino a mi casa a hacer los deberes conmigo y antes de que se fuese a su casa le pedí la libreta para copiar los apuntes y se me olvidó traerla... —mintió Jack.

Me parece fatal que afectes así a tus compañeros Jack, sal al pasillo, estás castigado. —dijo la profesora con enojo.

Jack se levantó y salió de la clase, Daniel lo miraba culpable, ¿Por qué hizo eso? Ahora él se sentía fatal, ¡Lo castigaron por su culpa!

Daniel, no vuelvas a dejar tu libreta a nadie, sino, el que se irá al pasillo serás tú, ¿Comprendes? Dejar la libreta está prohibido, ¡Es como copiar! No sé como será en tu antigua escuela, pero aquí no se permite, esta vez no te castigaré, pero la próxima iréis los dos al pasillo. ¿Entendido?

Daniel asintió cabizbajo, todo esto ante la atenta mirada de los demás chicos de la clase, la profesora siguió corrigiendo y la clase continuó con normalidad, Daniel estaba deseando que terminara para que dejaran entrar a Jack.

Pasó el tiempo y tocaba la siguiente asignatura, Jack por fin pudo entrar, se sentó a su lado de nuevo sonriendo.

¡Qué aburridas son las mates! —Jack sacó de nuevo su libreta y se puso a dibujar.

Daniel sólo le observaba mientras lo hacía, en eso se acercó Tommy.

Hola... —Tommy se puso al lado de la mesa de Daniel.

Jack le miró y continuó dibujando.

Daniel, siento que te hayan regañado por mi culpa, yo fui quien te llevó a jugar a la consola... —Tommy se sentía culpable.

Ya no te preocupes, está todo bien. —Jack lo decía sin apartar su mirada de la libreta.

Bueno, igualmente...

En ese instante entró el profesor de Educación Física y Tommy volvió a su asiento.

Bueno, chicos, toca patio, ¡Vamos!

Los chicos salieron del aula y se dirigieron al gimnasio, una vez hecho esto, comenzó la clase.

Muy bien, hoy toca balón prisionero para los chicos y balonmano para las chicas, voy con las chicas, mientras, dividiros en dos grupos, uno con camisetas y el otro sin ellas, cuando venga quiero dos equipos.

El profesor se fue con las chicas y los alumnos comenzaron a escoger entre ellos para jugar, a Daniel le tocó en el equipo de Jack y Alan, a Tommy le tocó en el otro equipo. El profesor llegó con un balón y se lo pasó a uno de los alumnos.

De acuerdo, el equipo de Jack sin camiseta, vamos. —dijo el profesor.

Profesor, yo me encuentro mal, ¿Puedo volver a clase? —la voz de Jack sonaba con malestar.

¿Qué te pasa? —el profesor se acercó a Jack tocando su hombro.

Nada, es sólo que prefiero descansar. —dijo Jack cabizbajo.

Sabes que no participar acarrea negativo, ¿verdad? —el profesor arqueó su ceja observando a Jack.

Jack asintió y el profesor dejó que volviera a la clase.

Bueno, chicos, ¡Comencemos!

Estuvieron jugando un buen rato, el equipo de Daniel acabó perdiendo, pero eso a él le daba igual, no dejaba de pensar en Jack, desde anoche actuaba diferente, estaba raro y tenía un mal presentimiento.

Sonó la campana de la escuela y todos se dirigieron a las duchas. Daniel entró y se sentía incómodo, podía ver como los demás chicos entraban en una especie de cubículos blancos que había en las duchas, pero de ahí hasta la zona de las taquillas podían verlo desnudo, aunque casi todos iban con toalla enrollada. Los cubículos estaban separados por paredes de azulejos blancos, pero no tenían puerta.

Se quitó la ropa sin mirar a los demás y se tapó con la toalla de su taquilla, se sentía muy acalorado y fue casi corriendo a ocupar uno de los cubículos, se metió debajo y se quitó la toalla, abrió el grifo de la ducha y comenzó a ducharse con prisa, quería salir cuanto antes de allí.

El ruido ambiente de las duchas era el ruido del agua y las risas de los demás chicos, terminó de ducharse y se secó con la toalla, se la volvió a enrollar y salió con cuidado, mirando al suelo mientras caminaba hacia su taquilla, sacó el uniforme y se lo volvió a poner corriendo, guardó la toalla y cerró la taquilla.

Daniel fue el primero en llegar a su aula, dentro de la clase estaba Jack dibujando.

¿Eres el primero? Qué velocidad, mira, te quiero enseñar una cosa. —Jack buscaba entre sus dibujos.

Daniel se acercó a Jack y se sentó a su lado, éste le enseñó un dibujo, una silueta parecida a la profesora, estaba en el suelo tirada, con lo que parecían tijeras clavadas a su espalda, encima de ella había otra silueta con el nombre de Jack, el dibujo era muy macabro.

¿Qué? ¿Mola eh? —Jack lo miró sonriendo—. Ah, antes de que se me olvide, mira.

Jack se giró a su mochila y empezó a buscar en ella, sacó un bloc pequeño, más pequeño que la palma de su mano, tenía anillas pequeñas negras y era bastante bonito, se lo pasó a Daniel.

Ya que no hablas mucho, escribe, así practicas caligrafía, que he visto que lo necesitas. —y dicho esto volvió a reírse en tono de broma.

Daniel lo cogió con timidez y se quedó mirando el mini bloc, Jack había dibujado en la portada una silueta de un chico que parecía ser él y una dedicatoria.

''Para Dani, de Jack''

¿Qué? No es tan difícil, por ejemplo, si quieres saludar, lo escribes, así, mira.

Jack extendió su mano y tocó la de Daniel, pudo sentir su piel, con el roce, Jack miró a los ojos de Daniel, sus miradas no se apartaban, Jack siguió rozando la mano de Daniel, el cuál la apartó. Jack cogió el mini bloc y comenzó a escribir.

Mira, ¿Ves? Algo así. —Jack arrancó una hojita del mini bloc y la puso en la mesa de Daniel, éste la cogió y la leyó.

''¿Te puedo llamar Dani?''

Daniel miró a Jack, que lo miraba sonriente, siempre le sonreía, pero le gustaba, su sonrisa le transmitía paz. Se guardó la nota junto al bloc en el bolsillo de su pantalón cuando escuchó como comenzaban a venir algunos alumnos y entraban en la clase.

El aula se fue llenando y el profesor entró en ella, tocaba la siguiente asignatura antes del recreo.

Jack siguió dibujando en su libreta sin prestar mucha atención a lo que decían en clase, Daniel sacó el mini bloc que Jack le había dado, arrancó una hoja y escribió en ella, después se la pasó a Jack.

Éste, notó la mano de su amigo en la mesa, soltando en ella la hoja, alargó la mano y la recogió, la miró y sonrió de nuevo.

''Sí, puedes llamarme Dani''

Jack guardó la hoja en su bolsillo y siguió atendiendo en clase, el tiempo fue pasando y en cuanto sonó el timbre que anunciaba el recreo, todos los chicos comenzaron a salir de las aulas.

Jack salió y se perdió entre el barullo, Daniel le seguía, pero lo perdió de vista, se metió entre todos los chicos que caminaban por el pasillo y logró ver a la distancia a Jack, estaba con otro chico más grande que él, sería de tercer o cuarto curso, era rubio de pelo ondulado y muy alto, parecía que hablaban de algo y en un momento el chico rubio se inclinó y le dijo algo en el oído.

Se acercaba a ellos con cada paso, pero por culpa de los alumnos que se iban juntando para salir al recreo cuando llegó ya no estaba Jack, tampoco el otro chico.

¿Qué haces? —Tommy se acercó a Daniel—. Salgamos fuera venga.

Daniel miraba desde arriba, observando, no le quitaba la vista, estaba en el patio, ya era la hora del recreo, a su lado estaban Alan y Tommy hablando de videojuegos, pero él no prestaba atención, sólo miraba a Jack en la distancia, éste hablaba con sus amigos, sonreía y se movía constantemente, en cierto modo le gustaría estar con él en el recreo, pero le daba miedo acercarse a su grupo.

No dejaba de darle vueltas a lo que vio, algo no le gustaba del otro chico que conversaba con Jack, ¿Qué estarían hablando...?

¡Oye Daniel! ¿Por qué nunca hablas? ¿Eres mudo de nacimiento? —Alan se puso al lado de Daniel, apoyado en la barandilla, los chicos estaban cerca del gimnasio, mirando desde arriba al resto de chicos del patio.

¡Alan! ¡Déjalo! —Tommy empujó levemente a Alan.

¿Qué? Solo pregunté... —Alan lanzó el papel de su bocadillo al cielo cayendo al patio.

Daniel se giró y se apoyó en la barandilla dando la espalda al patio, miró a Alan y permaneció en silencio.

De todas formas no puede decirte por qué..., porque no habla... ¿No crees? —Tommy miró a su amigo con cara de burla.

Ya, bueno, pero sabe escribir, ¿No? Que lo escriba. —Alan parecía muy interesado en saber el motivo, demasiado, y eso a Daniel no le gustaba, no quería hablar sobre ello, no estaba preparado.

Solo déjalo, no tiene que contar nada a nadie, es su vida, venga, Daniel, volvamos a clases, que va a tocar la campana. —dijo Tommy llevándose a Daniel con él.

Efectivamente, sonó la campana de la escuela anunciando el final del recreo, todos volvieron a sus clases.

Y así pasaron las horas hasta la última sirena, la que anunciaba el final de las clases del día.

Los chicos fueron saliendo, Alan y Tommy se despidieron de Daniel y éste retomó su camino a casa, Jack corrió y se puso a su lado.

¿Qué prisa tienes no? —Jack sacó de su bolsillo varias monedas sonriendo—. ¿Qué? ¿Te vienes conmigo?

Daniel miró a Jack sonriendo y afirmó con la cabeza, ambos chicos fueron a la tienda de cómics, cuando llegaron Daniel no pudo evitar quedarse embobado mirando el cartel de la misma, enorme, 'Divermundo'', lo miraba con la boca abierta.

¿Mola eh? Mi padre nos traía aquí y las horas se pasaban volando, venga, entremos.

¿Nos? Daniel miró con interés y curiosidad a Jack, el cual tenía cierto brillo en sus ojos, pero no parecían de felicidad...

Ambos chicos entraron y Jack saludó al dependiente, un señor de avanzada edad, estatura media y pelo canoso, sus pequeñas gafas dejaban entrever unos ojos iguales de pequeños.

¿Y tú chico? Nunca te había visto por aquí, ¿Cómo te llamas? —dijo el dependiente.

Se llama Daniel, es nuevo en el pueblo, se acaba de mudar.

¿Daniel? —el tendero bajó sus gafas y escudriñó a Daniel, después miró con preocupación a Jack, y éste, al darse cuenta, desvió la mirada cambiando de tema.

Daniel notó algo raro, el ambiente se había enrarecido de repente.

¿Puede hacerse socio? —preguntó Jack.

Ante la pregunta de Jack, el dependiente sacó un cartón pequeño que parecía un carnet.

Toma, si eres amigo de Jack también eres mi amigo, con esto ya eres socio del club Divermundo. —el dependiente lo miraba sonriente, Daniel tímidamente estiró el brazo y cogió el carnet, era bastante grueso, de color azul oscuro y por los bordes tenía un brillo amarillo brillante.

Gracias Francisco. —Jack sujetó a Daniel y lo arrastró con él.

Jack... —el dependiente parecía preocupado, pero Jack ignoró sus palabras y caminó con Daniel hacia el interior de la tienda.

Los dos chicos se dirigieron a la máquina recreativa, Jack metió una moneda y comenzó a jugar ante la atenta mirada de Daniel, que giró su cabeza observando bien la tienda, era bastante grande, había de todo, cómics, libros, peluches, muñecos, era el paraíso.

Venga, te toca. —Jack metió otra moneda y dejó que Daniel jugase, éste perdió pronto—. ¡Vaya! Bueno, no pasa nada, venga, inténtalo de nuevo. —dijo Jack sonriendo.

Jack volvió a meter la moneda y Daniel volvió a jugar, con su muñeco avanzaba saltando mientras Jack le guiaba de por dónde debía ir, las manos de Jack se posaron en los hombros de Daniel, notaba su respiración detrás, Daniel se puso nervioso y perdió la concentración, su muñeco murió.

¿Ves? ¡Esta vez has durado más! Venga, ¡Otra! —Jack volvió a meter una moneda y Daniel miró a Jack detenidamente mientras lo hacía.

El juego comenzó de nuevo y Daniel empezó a jugar, pero sus ojos miraban a Jack muchas veces sin que éste lo notase, Daniel se daba cuenta de que Jack actuaba raro, estaba muy feliz, como si estuviese en una nube, ¿Tan feliz estaba por estar con él jugando con una recreativa?

Mira, te voy a ayudar. —las manos de Jack se posaron en las suyas, pudo notar el contacto de su piel sobre la suya, no pudo evitar ruborizarse y sentir un ligero cosquilleo, Jack tocaba sus manos, sus dedos, aconsejando cómo avanzar, su respiración estaba cada vez más cerca, notaba como el cuerpo de Jack se pegaba aún más detrás de él.

¡Vaya! ¡No recordaba ese enemigo! —Jack se quejó y se apartó un poco—. ¿Pero ves? Esta vez llegaste más lejos.

Jack metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, pero ya no le quedaban monedas, miró a Daniel y puso cara triste.

Lo siento, no me quedan... ¡Pero no te preocupes! ¡Esta semana intentaré conseguir más! —Jack cogió de la mano a Daniel y lo llevó a otro lado de la tienda—. Mira, ¿Ves eso? —Jack apuntó a un coche de carreras, parecía de Fórmula 1, era rojo y con muchas pegatinas—. Ése coche algún día será mío, todos los días vengo y lo miro, esperando que nadie se lo lleve, me queda poco para tener el dinero, ¡Llevo ahorrando varios meses!

Daniel se quedó mirando el coche y cómo su amigo lo miraba con esos ojos llenos de ilusión, la puerta de la tienda se abrió y entraron dos chicos riendo. Jack los miró y su sonrisa desapareció.

Será mejor que volvamos a casa. —dijo Jack.

Jack cogió del brazo a Daniel y avanzaron por uno de los pasillos intentando no ser visto, pero los dos chicos les vieron.

¿Jack? ¿Oye cuanto tiempo no? —uno de los chicos se puso en medio de la puerta—. ¿Por qué tanta prisa?

Daniel miró a ambos chicos, el más pequeño fue el que le quitó el cómic, su preocupación iba en aumento.

Hermano, mira, ése fue el que me quitó el cómic. —el chico de pelo rizado que le quitó el cómic mintió.

¿Éste fue? ¿Tú quien te crees para intimidar a mi hermano Álex?

Él no le quitó nada a tu hermano. —Jack se puso en medio, ante la atenta mirada del chico mayor.

¿Qué ocurre aquí? —el dependiente salió del cuarto de baño y se dirigió a su mostrador—. Bill, no quiero problemas aquí, deja de molestar a los chicos.

No molestaba, solo intentaba pasar y chocamos, ¿Verdad? —Bill los miró desafiantes.

Vamos a casa, Daniel. —Jack recogió su mochila y la de Daniel para salir de la tienda.

El chico mayor miró a Daniel y en su cara se dibujó una sonrisa.

No te creo..., chaval..., ¿De verdad? Y encima Daniel, qué fuerte...

¡Cállate! —Jack se alteró.

No quiero líos aquí chicos. —el dependiente Francisco intervino poniéndose en medio de los cuatro.

Jack miraba a Bill desafiante, tras unos segundos apartó la mirada y sujetó con fuerza la mano de Daniel para salir de la tienda, Daniel se daba cuenta de que Jack estaba más serio de lo normal y cada dos por tres miraba hacia atrás con paso ligero.

Daniel también miró y pudo ver como los dos chicos de antes salieron de la tienda.

¡Corre! —Jack comenzó a correr y Daniel también, bajaron la calle a toda velocidad, pero a Daniel le costaba seguir a Jack y cada vez se alejaba más, en su lugar los dos hermanos alcanzaron a Daniel sujetándolo para detenerlo, Jack retrocedió y volvió donde Daniel.

¡Dejadle! —Jack se detuvo y corrió a ayudar a Daniel.

Los dos chicos soltaron a Daniel y el mayor, Bill, sujetó a Jack con fuerza.

Que le devuelva el cómic a mi hermano y le pida perdón. —dijo Bill.

Daniel miró horrorizado como sometían a Jack y se quitó la mochila sacando el cómic con nerviosismo, Daniel le ofreció el cómic a Álex, y éste sujetó el cómic para quedárselo.

Bien, ahora, pídele perdón a mi hermano. —insistía Bill

Daniel miraba al hermano de Bill, pero no decía nada.

¿No le pides perdón? —Bill lanzó un fuerte puñetazo en el estómago de Jack, éste, se inclinó tosiendo—. Ahora, ¡Pídele perdón!

El hermano de Bill miraba con cierta culpabilidad a Daniel, que estaba casi temblando sin saber qué hacer. Daniel miraba con ojos llorosos.

No..., no puede hablar..., es mudo... —Jack intentaba hablar con la respiración entrecortada por los dos puñetazos.

¿Ah no? Eso lo veremos, hasta que no le pida perdón a mi hermano no pararé, ¡¿Me oyes?! Pídele perdón o le doy otro puñetazo, ¡Ya!

¡Es suficiente hermano! Ya tengo el cómic, vayámonos...

¡Cállate Álex! —Bill miró a Daniel de nuevo—. ¿No se lo pides? Bien.

Jack recibió otro puñetazo en su estómago y cayó de rodillas al suelo, Bill lo cogió de la camiseta rasgándola con fuerza.

La próxima vez que molestéis a mi hermano, será el doble de golpes. —Bill le miró con superioridad.

Hermano, vámonos... —Álex miró a su hermano con preocupación, se habían pasado.

Venga, nos vamos, adiós, perdedores. —Bill soltó a Jack y se alejó aún con la mirada posada sobre Jack.

Los dos hermanos se alejaron y Daniel permaneció en silencio de pie, mirando a Jack, Daniel quería llorar, se sentía impotente, si se hubiese disculpado...

Daniel se acercó a Jack, que permanecía de rodillas con las manos en el suelo de la acera, respiraba agitado.

Es..., estoy bien, pero, prefiero estar solo...

Daniel se acercó a Jack para intentar ayudarle, pero Jack se levantó poco a poco y se incorporó, mirando a Daniel. Le sonrió con un gesto de dolor.

Venga, será mejor que vayas a casa, yo iré luego, ¿Vale?

Daniel se quedó mirando sin moverse, algo raro le pasaba a Jack.

Dani..., por favor..., vete. —Jack le habló esta vez con la mirada en el suelo.

Daniel recogió su mochila y se la puso a la espalda, se dio la vuelta y comenzó a andar a su casa, de vez en cuando miraba atrás para ver a Jack, éste permanecía quieto, de pie, con sus manos en las rodillas inclinado.

¡Nos vemos mañana! —gritó Jack desde la distancia.

Daniel lo miró un rato y caminó a su casa.

Pasaron las horas y Daniel ya había terminado de comer y de hacer sus deberes, estaba sentado frente a su ventana, pensando en la horrible tarde que había vivido, o más bien, habían vivido, con lo bien que se lo estaba pasando...

¿Estará bien Jack? ¿Por qué el abusón de Bill se comportó tan raro al ver a Daniel? Había muchas preguntas y no podía obtener respuesta de ninguna, lo que tenía claro es que esa tarde fue feliz con Jack en la tienda, pero que se le amargó por culpa de los abusones.

También pensó en que Jack ocultaba algo, y lo peor es que no se imaginaba qué podía ser, pero Jack ocultaba un secreto...

¿Qué esconde Jack?

( Continuará... )

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Creado (2020), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

All rights reserved© Tomás S. Aranda

Safe Creative Code: 2202020399227 / 2309245396427

ISBN Code: 9789403630045


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