Amistad rota en Halloween - Capítulo 9 ''El primer beso''
Max estaba a punto de hacer algo de lo que se arrepentiría, por el camino se dio cuenta de que el cielo estaba nublado, como a punto de llover, entonces recordó el día del accidente.
—¡¡Eh!!, ¡¡Tú, gilipollas!! —Max se acercaba al chico de cuarto curso que supuestamente abusó de su mejor amigo, Tommy, apretando los puños, se acercó de manera intimidatoria, este estaba en un banco del parque sentado hablando con sus dos amigos mientras comían pipas.
El chico de último curso le miró y escupió las pipas en el suelo, levantándose junto a sus dos secuaces.
—¿Cómo has dicho renacuajo? —el chico lo miró con cara de asesino en serie.
—Mira hijo de puta, si vuelves a tocar a Tommy...
—¿Qué?, ¿me vas a pegar? —dijo el chico y sus carcajadas hacían rabiar a Max aún más.
—No, pero te denunciaré. —amenazó Max.
—Mira niñato, si vuelves a amenazarme, te mato. —lo sujetó de la camiseta con fuerza y le dio un fuerte empujón, su mirada casi taladraba la de Max.
—¡¡Atrévete!! ¡¡Vamos!! ¡¡Pégame!! —Max lo retó, el chico mayor apretó su puño e iba a pegarle un puñetazo, pero se detuvo, se dio cuenta de que no le rentaba iniciar una pelea y se supiese que traficaba con pastillas ilegales.
—Por esta vez lo dejaré pasar, enano, pero dile a tu amigo que se olvide de mi mercancía, no verá ni una pastilla más.
—¡¡No lo necesita!! —replicó Max.
—Eso ya lo veremos... —el chico cogió la bolsa de pipas del banco y se marchó con sus amigos.
—¡¡Max!! —el grito de Tommy hizo que Max mirase hacia atrás y vio a Tommy acercarse a él.
—Tommy... —Max se puso nervioso.
—Max, he visto lo que ha pasado.
—Ah...
—Te dije que yo sé cuidarme. —Tommy se puso enfrente con cara de mala leche.
—Tommy, no es eso...
—Max, no soy un bebé. —dijo Tommy con enfado.
—Lo sé, no es eso... —repitió Max.
—¿Entonces qué es Max? —Tommy miró a su amigo esperando respuesta.
—No puedo decírtelo...
Tommy caminó hacia el chico de último curso y Max lo paró cogiéndolo del brazo.
—¡¡Suéltame!! —Tommy apartó el agarre que su amigo le hacía en el brazo.
—Estás empapado por la lluvia que cae, vamos a casa a secarnos.
Max arrastraba del brazo a Tommy por la calle, en la que apenas había nadie a esas horas de la tarde, y menos lloviendo.
—¡¡Suéltame o te zurro!! —amenazó Tommy.
—Tendrás que hacerlo. —contestó Max retando a Tommy, este pegó un empujón a Max y lo tiró al suelo de culo.
Max se quedó allí un rato y cuando vio que Tommy iba a irse se levantó como para pegarle, pero lo cogió del brazo de nuevo.
—¡Te he dicho que me sueltes...! —gritó Tommy.
Tommy no terminó la frase, sus labios estaban siendo besados por los de Max, un intenso beso, el agua mezclaba sus labios bajo la lluvia...
Mientras llovía, ambos chicos estaban unidos por sus labios, en un bonito y tierno beso.
Max bajó su mano a la cintura de Tommy y lo atrajo más a él, durante segundos el tiempo pareció detenerse, sus labios disfrutaban de algo llamado amor, parecía no acabar nunca, ninguno de los dos sintió jamás lo que sentían en ese momento, sus corazones palpitaban a mil por hora.
Tommy, en un alarde de coraje, cogió fuerzas y empezó a subir también sus manos por la cintura de Max, le costaba trabajo dejarse llevar, pero lo hizo, notó el contacto de la tela de su ropa en sus manos, siguió tocando hasta agarrar a Max por completo de su cintura, los dos se fundían en un beso que les hacía olvidar todo lo que había pasado.
Les daba igual dónde estaban o quién podría verlos, solo sabían que ese beso era ahora lo único que querían sentir y experimentar, fue un tierno beso.
Sus labios se despegaron y bajaron la mirada avergonzados...
El sonido de la lluvia era ahora lo único que se escuchaba en el parque, no había nadie que les molestase, solo el fuerte estruendo de la tormenta y el ruido del agua de lluvia cayendo sobre el suelo, y sobre ellos.
Tommy se separó un poco de su amigo y Max hizo lo propio, levantó la cabeza y miró a su amigo, que estaba callado y sin moverse.
—Lo siento, es que no sabía cómo hacerte callar y hacerte entender... —Max se disculpaba apenado con una excusa banal.
—¿Entender qué? —Tommy miró a Max con una mirada diferente, más comprensiva.
—Que..., yo..., Tommy, yo te amo. —se sinceró Max, al que le costó decirlo con su voz quebrada por el miedo de decirle eso a su amigo.
—Claro... —Tommy sonó sarcástico.
—Es cierto..., yo... —continuó Max.
—No te creo, —Tommy le cortó enseguida—. No te creo, la verdad, no sería la primera vez que mientes.
—Pero esto te lo digo de corazón. —mientras lo decía, Max llevaba su mano derecha al pecho agarrando su sudadera simulando coger su corazón.
—¿Cómo sé que es cierto?, además, tú no tienes de eso. —dijo Tommy fríamente.
—¿El beso no fue suficiente?
—No. —respondió Tommy, después de pensar unos segundos.
—Te digo la verdad, quiero amarte, quiero cuidarte, quiero abrazarte cada noche y hacerte sentir feliz, quiero recompensar cada noche que pasaste, solo llorando, quiero darte mi amor, déjame hacerlo, déjame ayudarte a perdonarme.
Tommy quería perdonarle, pero algo dentro de él se lo impedía, sentía mucho dolor y rabia hacia Max, le amaba y le odiaba al mismo tiempo, pero no podía amar a la persona que le hizo tanto daño.
Por su rechazo a ser diferente intentó suicidarse, de hecho aún no valoraba del todo su vida, por no aceptar que fuese gay, por manipularlo, utilizándolo sin importarle sus sentimientos, por dejarle solo cuando más le necesitaba.
Max le había hecho mucho daño, y ese daño, ese dolor, no iba a desaparecer por un beso y una disculpa, no, ese daño y dolor no desaparecería sin más, y Max debería saberlo.
Tommy apretó los puños con fuerza, quería creer a su amigo, quería creerle y decirle que sí a todo, abrazarlo y estar junto a él, pero, por otro lado, tenía miedo de que su amigo le volviese a hacer daño, y que esta vez no pudiera recuperarse, dos duros golpes no los soportaría nadie, y menos de la misma persona, Tommy no podría soportar otra vez la pérdida de su amigo.
—¡¡Solo estás jugando!! —Tommy levantó la voz con un ligero enfado y apretando cada vez más los puños.
—¡¡No me grites así!!, eres diferente, no eres el mismo... —dijo Max decepcionado.
—Bueno, ¿y qué esperabas?, ¿un peluche al cual golpear cada noche? —dijo Tommy de forma sarcástica, una forma que no gustó a Max.
—Yo nunca he pensado eso...
Tommy miró a Max con ojos lagrimosos, Max, al ver eso, lo abrazó muy fuerte y este se dejó abrazar un instante.
—Quédate cerca de mí, no te vayas, soy feliz cuando estoy contigo, perdóname por favor, perdóname... —Max agarró el mentón de Tommy y lo miró a los ojos.
Tommy cada vez se dejaba más, solo debía seguir intentando entrar en ese corazón roto, y desde ahí dentro recomponer y curar sus heridas, heridas que él sabía que había provocado.
—Tommy, he sido la persona que más daño te he hecho, lo sé, merezco todo tu odio, pero no sé qué más hacer, ¿por favor dime que hago?
Tommy se separó de Max y lo miró limpiándose las lágrimas de la cara, quería perdonarle, pero algo dentro de su corazón, roto, se lo impedía.
—Aléjate...—su voz era un susurro—. Solo aléjate...
—Tommy..., no..., por favor, no me pidas eso..., no lo haré de nuevo, ese error no lo volveré a cometer, estuve ciego y por eso te aparté de mi lado, y te hice daño...
—Max..., ¿no lo entiendes...?, he intentado perdonarte..., pero..., no puedo..., me has hecho mucho daño, muchísimo...
Las palabras de Tommy inundaban el corazón de Max de un llanto interno y de un dolor muy punzante, sus palabras lo estaban matando, su ser iba desapareciendo y hacía que cada vez fuera más difícil pensar con la cabeza fría, ambos sufrieron mucho, pero él sabía que su dolor no se comparaba con el de Tommy.
—Por favor..., no sigas..., yo..., está bien...
Max se detuvo y respiró hondo, limpiándose las lágrimas de sus ojos.
La lluvia empezaba a cesar, apenas llovía ya.
—Vale, no me perdones, ya no te pido eso, porque la verdad..., no lo merezco, pero no me pidas que me aleje de ti..., porque no lo haré, ahora estás enfadado conmigo y...
—Max, —Tommy intervino sin dejarle terminar—. Yo no soy un juguete al cual dejar abandonado y cuando me echas de menos vuelves conmigo.
—Lo sé, yo solo quiero que me des otra oportunidad, creo que merezco al menos eso...
Max solo obtuvo silencio de parte de Tommy.
—Tú y yo siempre fuimos los mejores amigos..., yo siempre te he querido y es justo que estés dolorido por el daño que te he hecho, nunca fue mi intención hacértelo, actué muy mal, fui un cobarde, un miserable, no merezco perdón, ni yo me perdono por el daño que he llegado a causarte, pero..., quiero intentar recuperarte, Tommy, no me rendiré, no lo haré.
—Está bien..., ¿quieres esa oportunidad?
Max afirmó con la cabeza, desesperado, y se acercó a Tommy cogiendo su mano, Tommy le miró y tras un suspiro prosiguió hablando.
—Te daré esa oportunidad. —Max sonrió tras escuchar las palabras de Tommy, este soltó la mano de Max y se separó alejándose unos pasos, estando de espaldas, prosiguió hablando—. Tendrás que ganarte la oportunidad.
—¿Ganarme la oportunidad? —preguntó Max.
—Sí, si logras que te dé esa oportunidad, quizás pueda perdonarte, pero olvidar lo que me has hecho..., eso..., bueno, eso no podré hacerlo, aunque quiera.
—Lo entiendo..., vale, lo comprendo, gracias, Tommy.
Tommy se alejó y se fue a su casa, Max esperó unos instantes y se marchó a la suya, faltaban unos días para Halloween, justo se cumpliría un año de lo que pasó esa fatídica noche, la noche que rompió su amistad con él, Max tenía pensado volver a arreglar esa amistad, otra noche de Halloween que nunca olvidarán, pero para bien.
Durante los siguientes días, Tommy y Max empezaron a entablar amistad poco a poco, pero Tommy aún seguía muy frío, aunque Max veía normal eso, sabía que el tiempo lo cura todo y que necesitaría ir poco a poco.
Pasaron unas semanas y llegó el gran día, Max se vistió de vaquero y se dirigió a casa de Tommy, por el camino pudo darse cuenta del ambiente, empezaba a anochecer y tenía planeada una gran sorpresa para Tommy.
Max llamó a la puerta, y esperó unos instantes hasta que Tommy abrió la puerta e hizo acto de presencia.
—Hola Tommy, ¿estás listo? —preguntó el rubio.
Tommy iba vestido todo de negro, salió y cerró la puerta tras de sí, empezaron a caminar juntos, Max estaba muy sonriente.
—¿Por qué sonríes tanto? —preguntó Tommy un poco molesto.
—Es que estoy muy feliz. —confesó Max.
—¿Y eso por qué? —Tommy miraba extrañado a su amigo.
—¿Pues qué motivos tendría para no estarlo? —Max miró detenidamente a Tommy, no sabía de qué iba disfrazado exactamente, pero tenía pinta de ir disfrazado de ninja.
—¿Estás feliz por Halloween? —preguntó Tommy—. Siempre te ha encantado, aunque..., a mí me trae malos recuerdos... —Tommy bajó la mirada.
—A mí también me trae malos recuerdos..., pero..., ¡pero estoy feliz!, y no porque siempre me hayan encantado estas fechas, sino porque tú estás aquí, conmigo.
Tommy miró a Max y este sonreía alegremente, no pudo evitar sonrojarse y siguieron caminando.
—Menuda tontería... —murmuraba Tommy mientras sacaba un caramelo y lo metía en su boca.
—¿Por qué dices eso? —Max miró un poco triste a Tommy, ya no sabía cómo hacérselo saber, hacerle saber que lo amaba. Max sujetó del brazo a Tommy y lo atrajo a él.
—¿Qué haces? —Tommy intentó separarse de él con sus manos.
—Ven conmigo. —dijo Max sujetando a Tommy con fuerza.
—¿A dónde? —Tommy intentaba zafarse de él.
—Es una sorpresa. —Max le miraba con una sonrisa pícara.
—Si no me dices a donde vamos, no iré...
—Tommy porfa... —la voz de Max sonaba con desilusión y miró a Tommy con tristeza.
—Está bien..., vamos...
Max sonrió feliz y sujetando del brazo a Tommy salieron corriendo hacia las afueras del condado, llegaron a una pequeña colina muy oscura, estaba prohibida la entrada, así que estarían solos, una vez allí se veía a lo lejos el pueblo, la zona donde Tommy y Max estaban era oscura, pero ambientada con dos candelabros encendidos, para que el aire no las apagase.
Tommy se quedó sorprendido. ¿Su amigo había preparado todo eso para él?
( Continuará... )
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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)
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