sábado, 4 de junio de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 1 ''El primer amor''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 1 ''El primer amor''

Se acercaba Halloween, las calles se llenarían de niños disfrazados pidiendo caramelos, pero esta historia no trata de caramelos y felicidad, desgraciadamente, en esta ocasión veremos como la amistad de dos amigos de la infancia se verá terriblemente afectada por la orientación sexual de uno de ellos.

—Es tan guapa..., con ese largo y ondulado cabello dorado... —susurraba Max, que estaba apoyado en el palco de la pista de atletismo, Max era un chico rubio, de piel blanca tirando a tostada y unos ojos azules que parecían el océano.

Tommy no podía dejar de observar a su amigo, el cual era bastante guapo y popular entre las chicas, pero por su fama de chico fácil apenas ninguna se le acercaba, aunque si despertaba miradas y susurros, Max era un chico que gustaba.

—Ahhh... —suspiró de nuevo Max observando a las animadoras de la pista—. Qué guapa...

—¡Max! —Tommy llamó a su amigo, que a su lado y sentado en el asiento de atrás, observaba como no dejaba de mirar a una de las chicas que estaba en la pista, por su parte, Tommy era un chico de piel blanca y con el cabello de color negro, muy negro, sus ojos color miel eran adornados por unas pecas que salpicaban su rostro.

Se podría decir que Tommy también era muy guapo, aunque al lado de Max salía perdiendo, aun así era un chico muy guapo, y a diferencia de Max, mucho más responsable.

—Con esos enormes ojos y esa sonrisa tan tierna... —susurraba Max ignorando a su amigo, seguía embobado mirando a la chica.

—¡¡Maaaax!! —Tommy insistió con más fuerza dejando a un lado el libro de la escuela que estaba leyendo y se acercó a Max por detrás.

—No hay duda, esa chica debe ser mi novia..., tiene que haber una forma de entrarle...

—¡¡¡Maaaax!!! —un estruendoso grito en su oído lo sacó de sus pensamientos y lo dejó unos instantes aturdido.

—¿Por qué gritas? —preguntó Max, confundido, mirando el ceño fruncido de su amigo, que lo miraba con enfado.

—¿Qué por qué grito? No sé, ¿tal vez porque hace casi media hora que estoy tratando de hablarte?, ya tocó la campana y debemos volver a casa, ¿acaso no me escuchas?

Max volvió de nuevo la mirada a la pista con un leve resoplido, como si Tommy molestase, como si fuese una mosca que le revoloteaba intentando sacarlo de sus lindos y hermosos pensamientos.

—¿Me estás escuchando?, ¿o es que acaso no soy tan importante como para que me prestes atención? —Tommy le miró desafiante, inflando sus mofletes como cuál ratoncito que acababa de llenarse la boquita de una rica comida.

Max sabía lo mucho que le molestaba a Tommy su estatura, a pesar de cursar ambos en secundaria, pero en diferentes clases, él seguía midiendo como si estuviera en primaria, y muchas veces se burlaban de él por ello.

—¿Eh? —Max se giró de nuevo y miró a Tommy—. No es nada de eso Tommy, es que..., estaba distraído...

Max sonrió con nerviosismo, miró hacia la pista de nuevo, donde estaba el equipo de animadoras de la escuela, y sus mejillas se sonrojaron levemente.

—¡Pero si estabas hablando en voz alta! ¡Lo escuché todo! —dijo Tommy enfadado, luego de un resoplido siguió hablando—. ¿Por qué no vas a hablarle? En verdad ya estoy cansado de verte con esa cara de idiota todos los días.

—¡No te burles! Además, tú no tienes ningún derecho a decirme eso, nunca has salido con ninguna chica y eso que muchas se te han declarado.

—Ninguna me gustaba. —respondió Tommy, cortando la conversación y empezando a caminar hacia su casa—. Además, tú tampoco has salido con ninguna, todas saben que eres un baboso que solo busca enrollarse con cualquier chica guapa, sino, dime, ¿con cuántas te has enrollado?

—Pues..., tendría que pensar y recordarlo, ¡es muy difícil ser yo!

Tommy suspiró de impaciencia y prosiguió su camino, la verdad es que cuando se trataba de chicas, su amigo Max se ponía más pesado que un Snorlax durmiendo.

—¡Espera! —gritó Max y corrió hasta alcanzarlo—. ¿Cuál es tu problema? Siempre te enfadas cuando hablamos de chicas

—Es que la verdad no me interesa hablar de chicas, ni tampoco tener novia. —respondió Tommy un poco enfadado.

—¿Pero por qué? No lo entiendo..., son tan guapas, delicadas, bonitas...

Tommy agarró con ambas manos las asas de su mochila con fuerza, se notaba que estaba enfadándose, Max se dio cuenta e intentó cambiar de tema.

—Bueno, dentro de poco será Halloween, ¿de qué irás disfrazado? —preguntó Max cambiando de tema, lo hacía mucho...

—No lo sé aún... —Tommy se alejó mirando al suelo, ignorando a Max, realmente estaba molesto por la actitud de su amigo, o quizás dijo algo que realmente le molestó de sobremanera, el caso es que Tommy aligeró el paso y se fue a su casa.

Tras ese suceso, los días pasaron con normalidad y esa pequeña discusión pasó al olvido, siguieron los días en el instituto de manera normal...

Hasta que, dos semanas después, en una bonita mañana de otoño, María, una compañera de clase, se acercó a Max, ambos estaban en el comedor, Max tenía una bandeja ya casi vacía, terminaba de comer cuando María se sentó a su lado y dejó su bandeja en la mesa.

—Oye Max, tengo un cotilleo que estoy segura de que te interesa. —María observó a Max con una gran sonrisa en su rostro, ansiosa de contarle ese chisme a su amigo.

—Ya, bueno..., siempre tienes cotilleos... —dijo Max con algo de desgano—. Te he dicho que no me interesan los cotilleos, chismes o lo que sea que hagáis las chicas, ve a contárselos a otro.

—¿Ah, no? —preguntó María cogiendo una manzana roja de su bandeja y llevándola a su boca—. Se trata de Sara. —dijo María para después morder la manzana sonriendo, sabía que a Max le interesaría el chisme.

—¿Sara? —Max enseguida puso atención y recordó a la chica que durante el último mes le había quitado el sueño—. ¿De qué se trata? —preguntó con entusiasmo, no quería escuchar que su chica ya había conseguido novio.

María sonrió mientras intentaba tragarse el trozo de manzana de su boca, Max se desesperaba.

—¡Pero di algo! —Max parecía cada vez más nervioso.

—¿No decías que no te gustaban los chismes y cotilleos? —preguntó María y volvió a morder su trozo de fruta, disfrutaba haciendo sufrir al rubito.

Max miró con enfado a María, le quitó la manzana y la lanzó hacia la papelera que tenían a unos metros, cayendo dentro.

—¿¡Qué haces!? ¡Mi manzana! —se quejó María.

—¡Te aguantas! No me gusta que jueguen conmigo, dímelo ya o me voy. —Max hizo amago de levantarse con su bandeja y María le detuvo.

—Está bien, está bien. —María sujetó a Max del brazo para que se volviese a sentar—. Pero en realidad no se trata de Sara, sino de su mejor amiga, que siempre están juntas desde la infancia...

El rostro de entusiasmo de Max cambió a uno de decepción, se sentía engañado, es decir, ¿qué le importa a él la amiga de Sara?

—¿A que no adivinas de quién está enamorada esa chica? —prosiguió María, aunque Max ya había perdido todo el interés.

—Ay, no me vas a decir que de mí... —dijo Max con un resoplido desilusionado por el cotilleo aburrido y sin sentido.

—No digas idioteces, a esa chica no le gustan los chicos con fama de mujeriegos. —tras decir esto, María abrió el bote pequeño de zumo que traía y tomó un sorbo.

—¡Yo no soy un mujeriego! —gritó Max enfadado.

—Claro que sí. —respondió María mientras dejaba el zumo en la mesa—. Pero ese no es el punto, el chico que le gusta a la amiga de Sara es..., ¡Tommy!

—¿En serio? —Max se quedó pensativo sin entender nada—. Pues me alegro por él, ve y se lo cuentas a él, ¿¡qué me importa a mí!?

—¿¡No lo pillas!? —preguntó María guiñando un ojo a Max.

Max se quedó en blanco durante unos segundos y María frunció el ceño esperando alguna reacción, entonces Max abrió los ojos como platos, ya había conectado todo.

—¡¡No puede ser!!, cuando Tommy rechace a esa chica, Sara se va a enfadar y nunca va a aceptar salir conmigo..., ¡¡¡Solo por ser amigo de Tommy!!!

—Pero... ¿¡Qué dices!? —preguntaba María, flipando, negando con la cabeza y agachando la cabeza rendida ante el poco cerebro de Max.

—Pues nada, ya me olvido de Sara. —Max prosiguió divagando—. Porque cuando Tommy rechace a su amiga..., que lo hará, me odiará por los restos de mi existencia...

—¿Los chicos no sabéis ver más allá de vuestra nariz o qué? ¿Estás ciego? —María observaba a Max aún sorprendida.

—¿De qué hablas? —Max la miraba extrañado, no entendía a qué se refería.

—¡Puedes aprovecharte de esta situación! —dijo con energía María, pero luego vio la expresión de idiota de Max, seguía sin enterarse.

—¿Qué? —preguntaba Max sin entender nada.

—Venga, dame un cuaderno y un lápiz, te lo explicaré como si fueses un bebé...

—¡No seas mala! ¡Explícate! —Max estaba ya enfadado.

María se levantó y cogió la bandeja de la mesa, miró a Max, que la observaba con detenimiento.

—Sara nunca se separa de su amiga, por lo que si Tommy le pide una cita, Sara irá con ella, y tú...

Max se levantó de golpe.

—¿Ya lo has pillado, no? —María suspiró y negó con la cabeza mientras sonreía.

—¡¡Sí!! ¡¡Es mi oportunidad!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Tommy!!!!!!!! —Max salió corriendo como alma que lleva el viento, dejando a María con la palabra en la boca.

—¡Eh! ¡Tu bandeja! —se quejó María al ver que Max se marchó dejando toda la comida en la mesa.

—¡¡¡¡¡¡¡¡Tommy!!!!!!!! —Max corría como un loco por los pasillos del instituto buscando a su mejor amigo, lo vio al final de uno, estaba tomando agua de la fuente, corrió y se abalanzó sobre él.

Al hacerlo mojó a Tommy con el agua que bebía, su camiseta se empapó y Tommy le miró con enojo.

—Tommy... —sus palabras sonaban ahogadas, estaba agitado y sudando.

—¡Me mojaste!, ¿qué te pasa ahora? —Tommy le miró con cierto enfado y duda, veía a su amigo extrañamente raro.

—¡Tienes que ayudarme! —fue lo único que dijo con las manos en las rodillas y sudando, agitado por el sobreesfuerzo al correr buscándole.

—Primero, dúchate, que vas a empapar el pasillo como si fuese un lago, y segundo, esa no es forma de pedir favores, ¿no crees?, ¡mira cómo me has puesto!

—Lo siento... —se disculpó Max—. Pero Tommy, tienes que ayudarme, es extremadamente necesario y solo tú puedes hacerlo, por fa, ¡ayúdame!

—Bueno, primero dime de qué se trata y luego digo si te ayudo o no.

—Está bien, pero no aquí, vamos a otra parte.

Fuero al rincón de un edificio, en la esquina, daba casi a las afueras de la escuela, ahí se la pasaban en el recreo muchas veces, también era su lugar favorito cuando tenían que hablar de cosas privadas dentro de la escuela.

—¿Y bien?, ¿de qué se trata todo esto? —preguntó Tommy aun intentando secar su camiseta con un pañuelo, del agua salpicada por culpa de Max.

—Tienes que salir con la mejor amiga de Sara. —Max pudo ver como Tommy dejó de secarse y le miró, en silencio, Max esperaba que su amigo dijese algo, pero solo le miraba callado—. ¿Y bien?

—¿Cómo? —preguntó Tommy sin entender—. ¿Te volviste loco, has fumado algo o te golpeaste la cabeza? Recuerda que los dulces se comen, no se esnifan... —dijo Tommy burlonamente.

—Por favor, Tommy. —suplicaba Max—. Escuché que esa chica está interesada en ti, y como es muy tímida, ella siempre va con Sara, por favor, ¡Tienes que salir con ella!

—¡Ahhh..., ya entiendo Max! Únicamente quieres que salga con ella para que tú puedas acompañarme y estar con Sara... —replicó Tommy, mientras Max asentía con la cabeza—. ¡Pues no lo haré!, ¡No voy a jugar con esa chica para que tú consigas una cita!

—Tommy por favor, además, ¿jugar?, ¿por qué jugar? Quizás ella te guste, ¿no lo has pensado?

—Lo dudo mucho. —replicó Tommy desviando la mirada.

—¿Acaso la conoces? —preguntó Max sin entender, él nunca había visto a la chica y eso que miraba siempre que podía hacia donde estaba Sara, no sabía si era guapa o no.

—Pero no sé ni su nombre, ni conozco nada de ella, es una desconocida... —prosiguió Tommy excusándose.

—Bueno..., ¡mejor!, así ya tienes preguntas para hacerle..., anda porfa, no seas egoísta. —Max juntó sus manos en modo de súplica hacia su amigo, que le miraba con enojo.

—¿Egoísta yo? ¡Pero si siempre te ayudo en todo!

—Por favor... —Max miraba con los ojos lagrimosos hacia su amigo.

Tommy no respondió, respiró profundamente y miró a Max con tristeza en sus ojos, metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y miró al cielo, pudo observar las nubes blancas, moverse con lentitud, volvió la mirada a su amigo, que seguía mirándole expectante esperando respuesta.

—Está bien, saldré con esa chica... —dijo con cierta tristeza.

—¡Sí! —una gran alegría se adueñó de Max y se abalanzó sobre Tommy con un fuerte abrazo, Tommy intentaba separarse de ese empalagoso abrazo.

—Pero no te prometo que seré amable o bueno con ella, no quiero darle falsas esperanzas, ¿entiendes?

—¡¡Gracias Tommy!! ¡¡Eres mi mejor amigo!! —y acto seguido Max le dio un fuerte beso en la mejilla izquierda, Tommy, sorprendido, no supo cómo reaccionar.

Se separaron y Max comenzó a caminar de regreso a la escuela dando saltos de alegría.

—¡Por fin voy a salir con Sara! —Max era feliz, sus gritos de alegría llamaban la atención del resto de chicos que le miraban con asombro.

Tommy miró a Max alejarse, acercó su mano a la mejilla y la acarició, sus ojos se enrojecieron de impotencia y pena, suspiró y se acercó con rapidez a Max poniéndose a su lado.

—¿Quieres comportarte? —Tommy protestó por la actitud de Max, que los hacía dejar en evidencia frente al resto.

Ambos caminaron hasta la escuela para continuar las clases, Tommy no dejaba de pensar en cómo su mejor amigo lo había terminado convenciendo.

Lo que ambos no sabían es que este sería el inicio de una cadena de infortunios con la cual sus destinos acabarían marcados.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

All rights reserved© Tomás S. Aranda

Safe Creative Code: 2202020399166/2309245396397

ISBN Code: 9789403630014

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