Capítulo 3 ''Dudas''
Pasé toda la tarde y la noche en casa de Jacob, haciendo su maldito trabajo y limpiando mientras él salía feliz con su novia, me dejó solo, amargado, sintiéndome como un sirviente.
Estaba terminando de limpiar su cuarto cuando escuché pasos subiendo las escaleras, no eran los de Jacob.
Sin pensarlo, me metí corriendo debajo de la cama, la puerta se abrió, vi unos zapatos masculinos detenerse junto al umbral.
—¿Jacob? —reconocí de inmediato la voz de su hermano, era Jonathan.
Me asomé desde debajo de la cama, inevitablemente nos cruzamos las miradas.
—¿Qué demonios haces ahí? ¿Dónde está mi hermano?
Salí lentamente, no sabía qué decir, Jonathan era un chico rubio, de ojos claros y algunos tatuajes en sus brazos, era el típico chico malote, nos sacaba unos cuatro años.
—¿Tomi? ¿Estás sordo? ¿Dónde está Jacob?
—Salió con su novia. —respondí, cansado, ya no me importaba nada.
Discutimos un poco, no fue una charla agradable, al final, salí de allí y regresé a casa, solo quería que ese día terminara.
Cuando llegué, vi que mi madre aún no había vuelto, entré a mi cuarto con cautela, miré a mi alrededor...
—¿Hola? —dije en voz baja, temblorosa, el miedo a Chucky aún no se disipaba, pero no había nadie, todo estaba en calma.
Fui al baño, me lavé los dientes, me puse el pijama y bajé a la cocina, encontré una nota pegada al frigorífico:
''Hijo, esta noche estaré otra vez con turno doble, tienes la cena en el microondas. Te quiero.''
Abrí el microondas, había unas salchichas de queso precocinadas, no tenía hambre, así que lo guardé en el frigorífico.
Revisé toda la casa, nada. Chucky no estaba, pero podía sentirlo, esa sensación desagradable de estar siendo observado.
No aguanté más.
Subí a mi cuarto, atranqué la puerta con la silla y traté de dormir, hacía un calor sofocante, pero el cansancio me vencía poco a poco.
Hasta que un ruido metálico me sacó del trance, venía de abajo.
Me incorporé, todo estaba en silencio otra vez.
El corazón me latía con fuerza.
Me acerqué a la ventana para despejar la mente..., y ahí lo vi.
Jacob dormía en su cama, con la ventana abierta, la luna iluminaba lo suficiente para ver lo esencial..., y entonces lo noté.
Una silueta, pequeña, encima de Jacob.
Chucky, con un cuchillo.
—¡No! ¡Espera, no lo hagas!
Mis gritos no sirvieron de nada, Chucky comenzó a apuñalar a Jacob con furia, la sangre salpicaba su cama, no podía creer lo que veía.
Había matado a Jacob, mi amigo de la infancia, muerto.
Desesperado, bajé corriendo las escaleras, sabía que ya era tarde, pero necesitaba llegar, necesitaba intentar algo.
Tropecé y caí por las escaleras, el golpe fue tan fuerte que no pude moverme, me desmayé.
Una voz me sacó del letargo:
—Pensaba que me traerías un cuerpo, pero eres el chacho de tu amigo...
Era Chucky, lo reconocí al instante, incluso con los ojos entrecerrados.
—¿Qué...? —murmuré. Me dolía la cabeza.
—No te hagas el tonto, te vi desde la ventana, pasaste toda la tarde con tu lindo amiguito..., y no trajiste un maldito cuerpo.
Recordé el momento, la sangre, la rabia.
Me incorporé de golpe, estaba en mi cama, Chucky estaba a mi lado.
—Lo mataste... —dije, con rabia.
—¿Yo? Para nada..., aún. —respondió con sarcasmo.
—¡Te vi, te vi por la ventana! —repetí, temblando.
—Debió ser un sueño, no parabas de gritar "¡No, Chucky, por favor, no le hagas daño a mi guapísimo Jacob que amo!" —se burló.
—Jamás diría eso.
—Bueno, no vocalizas bien cuando duermes, pareces medio retrasado.
—¿Retrasado? ¿Y tú? ¿Te viste la cara? Pareces una patata arrugada con peluca. —lo provoqué sin pensarlo.
Chucky frunció el ceño, durante un segundo creí que iba a atacarme, pero luego se echó a reír.
Me giré hacia la ventana.
Jacob estaba durmiendo, iluminado por la luna, confirmando que lo había soñado.
—Ojalá todo esto fuera un sueño. —murmuré.
—Pero no lo es. —dijo Chucky, estirándose sobre mi cama—. Y sigo queriendo un cuerpo, además, ya sé cuál quiero.
—¿Cuál...? —pregunté, ahora con más miedo que rabia.
—El de tu vecino, vi a su novia, es guapísima, me representa, quiero el cuerpo de Jacob. —lo dijo sin rodeos, como si fuera lo más normal del mundo.
—¿Qué? ¡Jamás!
—Mañana lo traes aquí, jugaremos los tres a ''esconde el alma'', te encantará. —se relamió como si disfrutara anticipadamente.
—No puedo hacer eso. —me negué.
—Entonces tu amiguito pagará por distraerte, por retrasar mi plan.
—¡No pienso dejar que lo mates! ¡Es mi mejor amigo! ¡Joder!
Chucky me apuntó con el cuchillo.
—Tú harás lo que te diga, me obedecerás y me servirás, de lo contrario...
Se interrumpió, guardó el cuchillo y suspiró.
—Mira, no me gusta enfadarme..., pierdo el control.
Eso me heló la sangre.
—Mañana traerás a tu vecinito, jugaremos, le gustará, ya verás...
Subió a mi estantería y se acomodó entre los libros, me miró fijamente.
—Estás pillado por tu amigo, ¿verdad?
—¿Qué? No soy gay.
—No te hagas, nadie se humilla por alguien así, a menos que sienta algo por él, te lo vi en los ojos, estás enamorado.
—¡No estoy...! —intenté negar, pero me interrumpió señalándome.
—¿No estás qué? ¿Enamorado de Jacob? ¿Un maricón más? No está mal admitirlo, la vida es corta, disfrútala, te lo digo yo, que llevo..., bueno, muchos años matando gente, JAJAJA.
Se rió, de manera burlona, no, mejor dicho, de manera sádica.
Yo me quedé en silencio y cerré los ojos, quería dormir y despertar de esta pesadilla.
A la mañana siguiente, bajé a desayunar, ignorando a Chucky, ni me acordé de él, mi madre dormía, no quise despertarla después de trabajar toda la noche.
Me vestí, salí de casa y afuera, Jonathan, el hermano de Jacob, leía un libro en el banco del porche de su casa.
—¡Hola, Jonathan!
—Hola, Tomi, ¿Todo bien?
—¿Está Jacob?
—Salió temprano, con el balón, supongo que fue al parque, si te das prisa, lo alcanzas.
—Gracias.
Corrí calle abajo, tres minutos después lo vi, caminaba solo, con el balón bajo el brazo, me miró sorprendido.
—¡Vaya! ¿Madrugaste hoy?
—Jacob, tenemos que hablar —dije, jadeando por la carrera reciente.
—¿Por qué?, ¿Qué pasa?
Lo miré, su expresión era tranquila, cálida, me sentí mal, sabía que hacerle esto no era de ser amigos, no quería, pero la amenaza de Chucky era clara.
¿Realmente lo quería? ¿Chucky tenía razón? No, no la tenía, a mí me gustaban las chicas, de hecho, siempre me fijaba en una en particular, que iba a nuestra clase.
—Mira, iré al grano, esta noche..., tienes que venir a mi casa.
—¿Por qué?
—Porque..., porque Chucky quiere conocerte.
(Continuará...)
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Creado (2014), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
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