Capítulo 14: El hermano de mi amigo
Me tumbé en la cama y observé el techo durante unos minutos, pensando en la mala suerte de que no pudiese compartir cuarto con mi hermano.
—¡Vaya mierda! —lamenté.
Daniel, el hermanito de Cristian, al escucharme, se acercó y se sentó a mi lado.
—¿Por qué dices eso? ¡A mi me gusta esto!
—No, si es bonito y me gusta, pero... —me quedé en silencio, no podía decirle que quería estar con mi hermano, le haría sentir mal.
—¡Oye! ¡¿Y si vamos al lago?! Aunque sea a mirarlo, es precioso. —Daniel se comenzó a desvestir.
—¿¡Qué!? ¿Ahora? —miré como Daniel se iba quitando la ropa de espaldas a mí, hasta quedarse desnudo, era muy blanco, pero su culo lo era aún mas, se veía suave y bonito, cuando me quise dar cuenta mi pene se había puesto duro, me incorporé sentándome en la cama para que no se diese cuenta.
Se dirigió a su armario y empezó a buscar en un cajón, al inclinarse pude ver mejor su culo, se giró en ese instante y se dio cuenta que le estaba mirando.
—¿Te gusta lo que ves o qué? —dijo con tono lascivo, Daniel se acercó a mi lentamente, moviendo sus caderas de forma sensual.
—¿Eh? No, yo...
Daniel se detuvo frente a mí y con su mano tocó agarró entrepierna, notando que estaba bastante duro.
—¿Y esto? ¿Lo vas a dejar así? —me miró de nuevo de forma lasciva, tenía a Daniel, el hermanito de mi mejor amigo totalmente desnudo y provocándome.
Pude ver como se agarraba con firmeza su pene, de unos doce centímetros y duro, muy duro, sus huevos, pequeños y duros también, adornaban su polla, totalmente lampiño, yo iba a explotar, literalmente.
Me lanzó una sonrisa provocadora y con sus ojos hizo un gesto para que tocase.
No le hice esperar, me acerqué, sentado en mi cama, y él de pie, abrí la boca y engullí todo su pene, podía sentir su líquido seminal en mi boca, degusté con placer su sabor, era delicioso, con mi mano izquierda comencé a masajear sus huevitos a la vez que le comía la polla, mi mano derecha tocaba su cuerpo, su piel, suave y tersa.
Daniel, que estaba muy caliente, comenzó a gemir sin parar, sujetó mi cabeza y me embestía con fuerza, el puto niñato disfrutaba mi boca, sus gemidos aumentaban, mi boca le daba un placer único, seguí chupando su polla sin detenerme, succionaba y lamía toda la punta, se bajó más la piel y sentí como se sacudía.
El cabrón me tuvo sujeto y no me quedó otra que tragar toda su corrida, bastante líquida pero deliciosa, estuve a punto de correrme solo chupando la polla del hermanito de mi mejor amigo, tras eso, Daniel me soltó de golpe.
—¡¿Qué coño está pasando aquí?! —Cristian, su hermano mayor, estaba en la puerta, con la mirada ida, yo, temblando, no sabía qué hacer...
—¡Tomi! —Daniel me gritó empujándome, caí a la cama.
—¡¿Qué?! —pegué un salto de la cama y miré hacia la puerta, cerrada.
—¡Joder! —Daniel llevó las manos a sus partes—. ¡Tus dientes! ¡Joder!
—Perdón Daniel, es que llevo brackets y no he calculado, me sobresalté, pensé que estaba tu hermano ahí y... —miré a Daniel, creo que le hice sangre—. Déjame ver.
Le acerqué a mí y aparté sus manos para ver qué le hice, no sangraba, pero la punta estaba colorada.
—Lo siento... —confesé.
Daniel no dijo nada, se siguió mirando la polla, bajaba la piel y se notaba que aún le dolía, me sentía mal, pero más aún tras lo que acababa de hacer con el hermanito de mi mejor amigo.
—Oye..., esto que acaba de pasar...
—No le diré a nadie. —dijo un poco enojado.
—Dani perdón, enserio no fue mi intención... —dije cabizbajo.
—No pasa nada, es sólo que me dolió bastante..., bueno, me voy a patinar al lago, o a intentarlo. —dijo con risa burlona, se alejó hasta perderle de vista.
Me acerqué al baño, me desnudé y me metí en la ducha, me hice una paja pensando en lo que acababa de suceder, me corrí muchísimo, tras eso terminé de bañarme y me cambié de ropa, me puse una sudadera, era roja intensa, me la puse encima de mi camiseta interior y fui tras Daniel.
Estuvimos en el patio hablando con el resto de chicos, lo pasamos bastante bien y así nos fuimos conociendo un poco, pero nada irrelevante, lo que sí me di cuenta es que Jacob miraba mucho a mi hermanito, no sé si era imaginación mía, pero creo que no lo miraba como miras a un amigo...
Me fijé también mucho en Daniel, al contrario que su hermano mayor Cristian, Daniel era muy extrovertido, hablaba con todos y no paraba quieto, eso sí, me molestó bastante que apenas me hiciese caso, como si nada hubiese pasado unos minutos antes.
El tiempo pasó volando, a la hora de comer buscamos a los monitores, David y Luva, entregamos los formularios que previamente rellenamos casi a última hora.
El comedor no era de gran tamaño, estaba separado en dos mesas grandes y alargadas de madera, parecían robustas, estaban hechas para sentarse cuatro personas, Jacob y Rubén se sentaron con Draco y Matías, yo me senté con Cristian, su hermano Daniel y Hugo, el compañero de cuarto de Cristian, comimos un filete de pollo con algo de fruta, después los monitores nos indicaron que no haríamos nada más por hoy, así que nos fuimos a nuestras habitaciones.
Algunos decidieron jugar un poco de básquet en la pista que había en el monasterio, pero yo no tenía ánimos, no sé que me pasaba, me sentía como triste, no sabría explicarlo.
Pasaron las horas y llegó la noche, que cubría todo el Monasterio en una inmensa oscuridad que solo era rota por la luz de la luna, que se reflejaba en el agua helada del lago, habían antorchas sujetas a postes de mediana altura repartidas por los pasillos del interior del monasterio y los caminos exteriores del mismo, dándole un toque antiguo, aunque la mitad permanecían apagadas y no se podía ver nada más lejos de seis o siete metros, Daniel se puso el pijama, era de manga corta y pantalón corto, se tumbó en la cama y se tapó con las sábanas.
—Buenas noches Tomi. —Daniel se acercó a la vela que teníamos en la mesita, porque sí, no había electricidad en el monasterio, y de un soplido apagó la llama.
—Buenas noches Dani. —dije cortante.
Se hizo el silencio en la oscura habitación, la luz de la luna iluminaba a través de la ventana parte de ésta.
—Supongo que estarás incomodo de dormir conmigo y no con tu hermano... —murmuró de repente Daniel.
—Bueno, no pasa nada, así podremos conocernos mejor, además, de lo que se trata es de pasarlo bien, ¿No? —dije intentando también autoconvencerme.
—Supongo que tienes razón, mi hermano se la pasa hablando siempre de ti.
—¿Ah si? ¿Y qué te dice? —le pregunté intrigado.
—Pues no sé, muchas cosas, parece obsesionado contigo, incluso como si fueseis novios jajaja. —Daniel soltó una leve carcajada, se dio la vuelta y se tapó más con la manta, yo permanecí echado con la ropa aún sin cambiar, no tenía ganas de ponerme el pijama, además solía dormir en bóxer y me daba corte teniendo a Dani al lado.
Sus palabras me sorprendieron, ¿Realmente Cristian estaba por mí o era imaginación de Daniel? Quizás simplemente me quería mucho como su amigo, o quizá...
Al día siguiente, tras despertar, fuimos a desayunar, una vez en el comedor cogí la comida y la fui poniendo en la bandeja, un vaso de leche, fruta y una tostada, me acerqué a la mesa dónde estaban Cristian, su hermano y Hugo.
—Chicos, desde hoy se unirá a nosotros Lucas. —dijo David, el monitor.
Miré hacia David y Luva, Lucas, que estaba en medio de ellos, fijó su mirada en mí, pude ver como Rubén me miraba desde la otra mesa.
Seguramente se hacía la misma pregunta que yo, ¿Qué hace este aquí?
—Lucas es un aprendiz de monitor, así que no seáis duros con él, después del desayuno tendréis una hora para hacer lo que queráis, a las diez os espero a todos en la entrada del monasterio, haremos unos kilómetros por el camino del bosque.
—¿No estaba prohibido? —Matías preguntó con acento argentino, ¡Porque sí, era argentino!
—Sí, lo está siempre que no haya un monitor acompañando. —David se sentó junto a Luva a desayunar, Lucas también se sentó en la mesa de los monitores y comenzaron a comer.
Rubén no apartaba la vista de mi, ni yo de él, teníamos problemas, vaya navidades nos esperaban, sólo deseaba que no se acordase mucho de la pedrada que le di...
Al terminar de desayunar y dejar las bandejas nos fuimos a nuestros cuartos, por el camino mi hermano me alcanzó y sujetándome del brazo me llevó hasta la puerta de su habitación.
—¡Tranquilo, quiero seguir con dos brazos! —me quejé con cierto dolor, Rubén me soltó y esperó a que los demás se fueran a sus habitaciones.
—¿Qué hacemos? Lucas está aquí... —Rubén me miraba preocupado.
—Pues nada, ¿Qué vamos a hacer? Mientras él no actúe, nosotros tampoco... —intenté tranquilizarlo.
—Creí que sólo aceptaban a chicos modelo, ya veo que es un chico modelo. —dijo en tono irónico.
—Bueno ya le escuchaste, es aprendiz de monitor, quizás sigan otras reglas, de todas formas, yo quería hablar contigo. —miré detrás de Rubén, Jacob se acercaba.
—Sí, yo también, te hecho de menos. —dijo Rubén.
—Poco se nota, estás encantado con Jacob. —le encaré.
—¿Estás celoso? —Rubén me miró sonriendo.
—¿De qué habláis? —Jacob se acercó y rozó con su mano el cuello de mi hermano por detrás, que se ruborizó al sentirlo.
Yo, todo confundido, los miré atónito.
—Anoche..., ¿Anoche pasó algo? —miré a ambos, que sorprendidos por la pregunta se quedaron callados—. ¿Y bien? —insistí.
Jacob entró al cuarto y cerró la puerta dejándonos fuera.
—¿Qué le pasa? —pregunté.
—Nada, está en uno de esos días. —Rubén me sujetó de la cintura e intentó besarme, lo aparté instintivamente.
—¡¿Qué haces?! ¿Te volviste loco? ¡Nos pueden ver! Además, ¿Por qué te ha tocado así? —le recriminé su actitud a mi hermanito.
—Lo sé, pero tu escena de celos me ha puesto cachondo. —Rubén posó sus labios en los míos y metiendo su lengua en mi boca comenzó a besarme, nos separamos enseguida al escuchar la puerta abrirse.
—¿Qué hacéis aún ahí? —Jacob parecía molesto—. Yo voy al lago a patinar un poco, me aburro aquí.
Al parecer no llegó a vernos, pero la sensación de ser vistos me había puesto a mil.
—Sí, ahora vamos, voy a cambiarme. —dijo Rubén, que me guiñó un ojo y entró en su cuarto, yo fui tras él, no sin antes comprobar que Jacob se alejó y lo perdí de vista.
Rubén cerró la puerta y me puso contra ella.
—¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! —mi hermano me volvió a besar, el toque de sus labios con los míos era ardiente, su mano se metió dentro de mi pantalón agarrando mis partes, se separó de mí mordiendo levemente mi labio—. Me tienes a mil hermano.
Me sujetó y me lanzó a la cama, se puso encima de mí y siguió besándome, bajó por mi cuello, eché mi cabeza hacia atrás mientras lamía mi cuello, siguió bajando hasta mi entrepierna y comenzó a chupármela, su lengua recorría todo mi tronco, me entregué al placer que mi hermanito me daba, su saliva recorría gran parte de mi cuerpo, estaba en eso cuando al abrir los ojos vi a Lucas en la puerta.
—¡Espera! —empujé a mi hermano atrás mientras volví a mirar hacia la puerta.
—¿Qué pasa? —mi hermano miró también a pero ya no había nadie, eso sí, estaba entre abierta.
Rubén se acercó y la cerró de nuevo.
—Nada, es sólo que...
—¿Sólo que qué? ¡Llevo mucho sin follarte, y quiero hacerlo! —confesó Rubén a la vez que se sentaba conmigo en la cama para intentar seguir por donde lo habíamos dejado.
—No es el momento, nos pueden ver... —dije ante la decepción de Rubén.
Rubén se levantó de la cama con enojo.
—Muy bien. —el tono de mi hermano sonó con enfado.
—¿Te has enfadado? —pregunté.
—No, no, simplemente que ya no me deseas... —dijo enfadado.
—Yo no dije eso, dije que no es el momento, además, es que..., no es buena idea que sigamos haciendo estas cosas..., somos...
—Hermanos. —me cortó Rubén—. Lo sé, lo has dicho mil veces, somos hermanos y no está bien lo que hacemos.
—Lo siento. —intenté coger su brazo pero se apartó.
—No, hermano, decídete, porque tengo sentimientos, o estamos juntos o nos separamos para siempre, pero dejar de jugar a la ruleta, ya estoy harto. —mi hermano tomó aire y siguió—. Voy con Jacob al lago. —mi hermano sacó una chaqueta y se la puso para salir fuera.
Me lanzó una mirada entre decepcionante y de enfado.
Mi hermano salió del cuarto camino al lago, me asomé y pude ver que ya estaban ahí todos patinando y riendo, mi hermano se había enfadado, y en parte era lógico, lo dejé muy caliente y llevábamos mucho tiempo sin hacerlo, yo también quería..., pero es que éramos hermanos y cada vez que hacíamos algo siempre terminaba la cosa mal...
Entré a mi cuarto y me puse una chaqueta, fuera hacía mucho frío, salí hacia el lago y entonces vi a Lucas, estaba como esperándome. Me acerqué a él enfadado, nos encontrábamos cerca de la entrada del monasterio, a unos veinte metros del lago donde estaban todos.
—¿De qué coño vas? ¿Eres un voyeur de esos? —mi tono de voz le recriminaba que nos interrumpiese.
Lucas estaba fumando, dio una calada a su cigarro y me echó una mirada escudriñando mi cuerpo.
—Bueno, a mí me va el voyeur y a ti el incesto, digamos que estamos empatados. —dijo burlonamente.
—No sé de qué hablas. —me di la vuelta para marcharme pero Lucas se puso en medio—. ¿Me dejas pasar, por favor? —le recriminé su actitud.
Volvió a dar otra calada y me miró sonriente.
—¿Niegas qué no haces cosas con tu hermano? No negaré que me puso muy caliente veros, no me lo esperaba, la verdad. —Lucas observaba ahora a mi hermano que justamente se había caído de culo en el lago al intentar patinar y los demás se reían.
—No hago cosas con mi hermano, solo..., ahhgg, solo jugábamos, joder, será tu imaginación perversa.
Lucas se acercó más a mí, sacó de su boca el cigarro y lo lanzó a la nieve, me sujetó de los hombros y me puso contra la pared del monasterio.
—No niegues lo que vi, porque sé lo que vi perfectamente, tu hermano lamía tu piel, ésta piel. —Lucas posó su mano en mi cuello y lo tocó con el dorso de sus dedos, aún había saliva de mi hermano en mi cuello.
Me sonrió victorioso.
—¿Qué quieres? —lo miré desafiante, Lucas me soltó y me miró pensativo.
—Yo no quiero nada, no te equivoques, no soy como Peter o Luis, yo sólo miraba.
—Espiabas. —le repliqué.
—Mirar, espiar, lo mismo da, el caso es que no te pediré nada, ni te chantajearé, yo no soy así.
—¿Entonces qué?
—¿Qué? ¿Acaso esperabas que te obligase a hacer algo? —Lucas se acercó a mi lentamente—. ¿Acaso piensas que no me di cuenta cómo disfrutabas en el edificio abandonado? Cuando la chupabas, en parte te gustaba, no digo que disfrutases las pollas de mis amigos, que no lo sé, pero sí la situación, así que ahora no te hagas, por favor.
Me quedé en silencio, aparté mi mirada de la suya y él, sonrió victorioso, se acercó a mi e intentó besarme, en un acto reflejo me aparté.
—Ohh, vaya, ¿Los besos los reservas sólo con tu hermano? —me miró burlonamente—. Esta noche me haré una paja pensando en cómo tu hermano te somete, y en cómo yo lo haría mejor que él...
—¿No tenías novia? —le recriminé con un empujón alejándole más de mí.
No respondió, se comenzó a alejar sin dejar de observarme, me guiñó un ojo y se perdió dentro del monasterio.
—Joder, ¿Pero que se ha creído este imbécil? —murmuré.
Ya eran casi las diez, el monitor David nos tenía preparada una supuesta caminata, así que me acerqué donde estaban todos, noté a Rubén distante.
El monitor llegó y nos ordenó seguirle dentro del bosque, el frío era aún más intenso ahí que fuera, fueron dos o tres kilómetros, donde vimos algunas zonas muy bonitas, el bosque era frondoso, pudimos hacer algunas fotos con los móviles, llegamos a una cascada pequeña rodeada de nieve, el agua estaba helada, o al menos eso supuse, no iba a tocarla, prefería seguir con mis guantes de invierno.
Lo que sí me fijé durante las más de tres horas de caminata es que Rubén estaba demasiado pegado a Jacob, siempre iban muy juntos, y mi hermano me miraba cuando veía que los observaba, me sonreía, le gustaba ponerme celoso, lo hacía a posta, adrede.
Llegamos al monasterio, comimos y nos fuimos a descansar, otros se fueron al lago a seguir patinando, yo me senté en el muelle observando como se divertían, en medio del lago estaban Jacob y Rubén riendo y patinando, se cogían de las manos y giraban, en un momento dado se abrazaron cuando parecían que iban a resbalar y caer al suelo.
Lo veía y sentía celos, Lucas se acercó y se sentó a mi lado, el sol apretaba con fuerza, eran ya las cinco de la tarde, la temperatura había subido un poco a causa del sol, o al menos yo me sentía arder a pesar del frío.
—¿Qué? ¿Celoso? —Lucas me sonreía.
—¿Qué dices? —lo miré y ahora podía ver mejor un tatuaje que tenía en el cuello.
—Venga por favor, pareces una chica que está deseando coger del pelo a la otra y lanzarla al lago atravesando el hielo.
Permanecí callado y aparté la mirada de mi hermano, miré ahora a los otros que jugaban cerca también.
—¿Por qué vas con Peter? —mi pregunta le sorprendió y quedó callado un rato—. ¿Y bien?
—Bueno, él me ayudó cuando era más pequeño, los otros chicos se metían conmigo, el me defendió y me uní a su grupo, no era mala persona, al menos al principio, era como yo, víctima, Víctor, también se unió a él de la misma forma, antes era mucho más gordo y se burlaban de él, Peter le defendió, pero con los años cambió, no sé el motivo de ese cambio.
Permaneció callado unos segundos y miró a la distancia, el viento movía unas ramas cercanas y la nieve caía al suelo, Lucas prosiguió.
—Verás, Peter obligó a Víctor a perder mucho peso, y bueno, digamos que se volvió lo que él odiaba, un abusón, hace unos años lo mandaron al Internado y allí conoció a Luis, se hicieron amigos y empeoró, al salir me buscó y también a Víctor, dijo que ese tal Luis necesitaba ayuda para domesticar a un perro..., bueno, a tu hermano.
Le miré con enojo al recordar lo que nos hicieron en el edificio abandonado.
—¿Qué sabes de lo que pasó en el Internado entre ellos? —pregunté deseoso de saber la verdad.
—¿Entre Peter, Luis y tu hermano? No sé toda la historia, Peter solo me dijo que allí tenían algunos chicos como esclavos, los usaban como a perros, y tu hermano se reveló contra el que se supone era su dueño, Luis, poco antes de salir del Internado, por eso supongo que se escaparon y vinieron a buscar a tu hermano, supongo que para vengarse o no sé...
Lo que me contaba no me gustaba nada..., ¿Usaron a mi hermano de esclavo? Hijos de la gran puta...
—¿Y por qué sigues con el cerdo de Peter? ¿A caso disfrutas lo que él y Luis hacen? —dije con enfado.
—Claro que no, lo que pasa es que se lo debo. —Lucas observaba a mi hermano detenidamente.
—¡No le debes nada! —miré a Lucas, que seguía mirando a mi hermano.
No dijo nada, se quedó en silencio, entonces recordé cuando se negó a participar el día del edificio abandonado.
—¿Y la novia? —pregunté.
—¿Cómo? —no apartaba la mirada de mi hermano.
—Dijiste tener novia a Peter, por eso no participaste, supongo que era mentira, ¿No?, lo dijiste para no participar.
Observé como sonreía, acerté, entonces me di cuenta que seguía mirando a Rubén con detenimiento.
—¿Te gusta mi hermano? —pregunté.
Lucas se levantó sonriendo.
—Para que te responda a eso aún te falta mucho, peque.
—¿Por eso te pusiste encima de él verdad? El día que nos perseguisteis, sabías que sometiéndole y poniéndote encima de mi hermano, él no sería la diana, sino yo, sabías que así Peter y Luis guiarían su atención hacia mí, sabías que mi hermano no se dejaría someter con facilidad y sería un problema, así que lo sometiste para que no se pusiera en peligro...
—¿Eso crees? —me preguntó con el ceño fruncido y con gesto de sorpresa.
—Sí. —sentencié.
Me miró sonriendo y se alejó con los demás chicos, mi hermano y Jacob seguían jugando, entonces Jacob se dio cuenta que los miraba, se dio la vuelta y abrazó a mi hermano, me levanté y me fui a mi cuarto, no negaré que estaba a punto de llorar, odiaba toda esta situación, por el camino vi a David, el monitor, entrar al bosque, miraba constantemente hacia atrás para no ser visto, como si ocultase algo.
Su actitud me extrañó, así que esperé un poco y comencé a seguirlo, intenté ir con cuidado para que no me viese, pero era difícil, entonces apartó unos arbustos y se adentró dentro haciendo que le perdiese de vista, me detuve cerca, ¡Si entro ahí meteré mucho ruido!
Miré a mi alrededor para ver si alguien podría verme, aparté los arbustos y los atravesé con cuidado, David no estaba, seguí caminando despacio hasta llegar a un riachuelo, era pequeño, de medio metro de anchura. ¿De dónde viene este río? ¿Bajará del monte? Seguí el riachuelo y me detuve al escuchar gemidos, me agaché y caminé lentamente, los gemidos y el ruido se intensificaban, mi corazón latía con fuerza y mi temperatura subía, me asomé apartando los arbustos despacio y pude ver la escena al completo...
¿Por qué me meto dónde no me llaman?
( Continuará... )
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