Capítulo 5 ''Chantaje por puto''
Cuando el chico mulato terminó de follarme y correrse dentro de mi, se subió la ropa y me dejó allí tirado sin importarle yo nada, algo que no me gustó, me sentí como un muñeco que fue usado para desahogarse.
Me subí la ropa, como dije, me sentía mal, le di mi virginidad a un desconocido como si fuese un puto cualquiera, y lo peor es que encima ni me pagó, se lo dejé gratis, me sentía miserable, pero a la vez por dentro sentía una gran calentura, no sé por qué.
—Espero que nadie nos haya visto... —murmuré, estaba a punto de salir pero unos gemidos me lo impidieron, dichos gemidos me resultaron familiares.
Me dirigí hacia ellos y aparté unos arbustos que tapaban las ramas de un árbol, lo que vi me heló la sangre, me entró temor y miedo a la vez, jamás imaginé ver lo que vi.
Mi entrenador del equipo de fútbol se estaba follando a un chico joven, yo no supe reaccionar, me quedé congelado, lo peor de todo es que estaba de frente, él me vio y me miró, se dio cuenta de quien era yo, de hecho, se detuvo.
En su mirada pude ver el terror, el miedo al haber sido descubierto, estuvo así unos segundo, pero tras eso, sonrió y me guiñó un ojo.
Como si tal cosa, siguió follándose al chaval, no entendí su reacción, pero luego pensé, al estar de frente estuvo viendo como me follaba el chico mulato sin yo saberlo, y lo más seguro es que no se dio cuenta de quien era yo hasta que me di la vuelta, lo peor es que me fijé y el chico que era follado por mi entrenador era uno de mis compañeros de equipo, no lo podía creer, encima era de mi edad.
—Ven, únete a nosotros. —dijo el entrenador, con su mirada cínica.
Sus palabras alertaron al chico que me miró sorprendido y nuestras miradas se cruzaron unos segundos, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
Las palabras del entrenador me helaron, no las logré encajar bien y salí corriendo de allí. Corrí todo lo que pude y entonces sentí el ardor en mi culo, estaba cansado y el culo me ardía, llegué a casa y escalé la enredadera de la pared de casa con cierta dificultad, cada vez me dolía más mi culo.
Logré llegar por fin al segundo piso y entré por la ventana de mi cuarto, la cual dejé previamente abierta, caminé hasta el baño mientras me quitaba el pijama, todo sucio, pude ver como por mis piernas bajaba el semen del chico que me desvirgó, llevé mis dedos a mi ano y noté escozor, me empecé a sentir mareado, me sujeté del lavabo y abrí el grifo para lavar mis manos y refrescar mi cara.
Entré en la ducha y estuve un buen rato enjabonando toda mi piel, limpie a fondo mi ano con delicadeza y el agua tibia me aliviaba mucho, cerré la llave del agua y salí cogiendo la toalla, sequé mi cuerpo y me acerqué a mi armario, dentro tenía algunas cosas para curar heridas, quemaduras, etc, ya que al jugar al fútbol muchas veces necesitaba curarme.
Cogí la crema para roces y quemaduras y puse un poco en mi culo, notaba lo fría que estaba la crema y no pude evitar sentir un leve escozor, tras esto me eché en la cama, solo quería dormir y que todo hubiese sido una pesadilla.
Miré por la ventana, el sonido de los grillos me relajaba, apenas se movía aire, me levanté un poco y encendí el ventilador que tenía cerca para que me diese un poco de aire.
Ahí estaba tumbado desnudo, sintiendo el aire del ventilador en mi cuerpo, ya me iba encontrando mejor, puse mis manos en mi tripa e intenté conciliar un poco el sueño.
Los rayos de luz entraban por mi ventana y yo instintivamente me tumbé boca abajo intentando evitarlos, aunque tarde, porque ya me había espabilado, me puse a pensar en todos los acontecimientos que habían pasado estos días mirando por la ventana, joder, eran demasiados y no podía asimilarlos bien, por un lado estaba la llegada de mi hermano, el cuál estaba cambiado y que me insinuó sin querer que abusaron de él en el Internado o al menos eso sospecho.
Esa misma noche tuvimos nuestra primera relación oral, la cual fue espiada por mi primo, que se corrió viéndonos, todo esto sin mi hermano saber nada, aunque habría una segunda vez que nos espiaría de nuevo en la ducha...
Suspiré y seguí pensando, la luz del sol era acompañada del sonido que hacían los pájaros cantando, pasaron más cosas, mi hermano cuando se enteró que nuestro primo nos espiaba se fue de casa enfadado, entonces nuestro primo Jesús se lo folló a cambio de dinero sin yo saberlo, días después mi amigo Juan me cuenta que lo vieron varias noches en el parque, donde van a follar por dinero, vamos, un chapero, cuando Juan me dijo eso yo no me lo creí o no quería creérmelo.
Lo peor es que lo seguí con la desgracia de que me confundieron con un puto, pero al fin y al cabo a mi me excitó esa situación, ¿Hice mal? Ese chico mulato del cual ni sé su nombre, me desvirgó.
Tras eso, los días siguientes fueron peores, yo esquivaba a mi hermano para evitar contarle lo que me sucedió, además, estuve unos días con el culo dolorido y no pude ni ir a entrenar con el equipo, aunque después de ver al entrenador follarse a mi compañero de equipo, como para volver...
Ahora, ¿Qué debería hacer?
Llamaron a mi puerta despacio, destruyendo mis pensamientos por completo y haciéndome levantar de un salto sentándome en mi cama. ¡¡Estaba desnudo!!
La puerta se abrió y apareció la cara de mi hermano.
—¿Podemos hablar? —me miró con mucho rubor y pena.
—¡Un momento! —dije, y con rapidez me puse un pantalón corto de fútbol que tenía en el escritorio...
Mi hermano me ignoró y cerrando la puerta se sentó en mi cama.
—¿Qué pasa? —pregunté mientras buscaba en el armario una camiseta y me la ponía.
—Necesito hablar contigo de algo importante.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y me senté a su lado, con disimulo cogí la crema que me ponía cada día en mi culito y la escondí en el cesto de la ropa, después me acerqué y me senté a su lado, encima de mi cama.
—Escucha... —mi hermano bajó la mirada y sus ojos se mostraban un poco lagrimosos—. Sé que la otra noche me seguiste, así que será cuestión de tiempo que te enteres...
Abrí mis ojos como platos y tragué saliva, lo sabe, mi hermano sabe lo que hice, y encima me va a confesar que es puto..., pero, ¿Y qué le digo yo ahora? Me dejé follar por un desconocido como un puto, no espera, encima gratis, me follaron y se corriendo dentro de mi y no cobré por ello, ¿Eso no me ponía en peor lugar que a un chapero?
Mi hermano me miraba esperando que yo dijese algo, se acercó y se sentó a mi lado con gesto serio y preocupado.
—¿Cómo sabías que te seguí? —pregunté nervioso.
—Eso da igual, es lo de menos... —mi hermano esquivaba mi pregunta.
—¿Cómo que da igual? Rubén...
—Calla. —mi hermano me cortó y siguió hablando—. El caso es que logré perderte de vista...
—No hace falta que sigas, se a donde fuiste. —dije tajante.
—¿Lo dices por...? —Rubén me miró preocupado.
—Si... —cada vez me costaba más hablar.
—Quería contártelo pero no sabía como. —Rubén me miraba con culpabilidad.
—Bueno, ya da igual, el caso es que si esa es la vida que quieres... —me levanté decepcionado.
—Pero tu me dijiste que no era tan malo, que era algo normal ser así. —me replicó.
—¿Que? Una cosa es ser gay y otra un puto chapero. —dije enfadado, mis palabras le hicieron reaccionar y se levantó para ponerse a mi altura.
—¿Cómo dices? —me preguntó frunciendo el ceño.
—Pues que si te gusta y te excitan esas situaciones, yo no te lo impediré, allá tú.
—¿Qué estas diciendo? Yo no me vendo por dinero, te estás confundiendo. —dijo excusándose—. Si no aceptas lo nuestro es tu puto problema.
Yo ya estaba confundido, o estábamos hablando de algo distinto o no entendía nada.
—¿Lo nuestro? ¿De qué hablas?—le miré con dudas.
—Pues lo mío con Jesús, ¿No es de eso de lo que hablamos?—sus palabras me rompieron, sentí un puñal atravesar mi corazón.
—¿Qué? ¿Estás..., estás..., estás con Jesús? —dije con voz entrecortada y dificultad para hablar.
—¿No decías que lo sabías? —preguntó mi hermano sorprendido cerrando la puerta para que nadie nos escuchase.
—¿Qué? ¡No! Yo pensaba que..., es decir..., ¿Qué? ¿Estas con nuestro primo? —no terminaba de saber que preguntarle a mi hermano exactamente, solo quería salir de allí.
—Si, estamos juntos, dijiste que entre hermanos no estaba bien, ¿No? —dijo cínicamente.
—¿Y con primos si? Joder, vaya listón. —dije enfadado, nuestros tonos de voz iban aumentando.
—¿Y qué quieres que haga? Las cosas suceden y pues no se pueden cambiar... —mi hermano se alteraba y yo lo miraba con mucha rabia.
—¿Te ha follado? —pregunté.
—¿Qué? ¿Pero te escuchas? —mi hermano se dirigió a la puerta.
—¡¡Te hice una pregunta!! ¿¡Te la ha metido!? —grité alterado, sin importarme si nos escuchaban.
Mi hermano abrió la puerta y salió del cuarto, yo un poco frustrado me metí en el baño y me pegué una ducha con agua fría, necesitaba estar despierto para lo que iba a hacer ahora.
Mi hermano estaba con Jesús..., entonces no era chapero, todo fue una confusión, en parte me alegraba que no fuese así, pero por otra parte me sentía mal, Jesús me había robado a mi hermanito.
¡¡Me lo había robado!!
Escuché unos botes de balón fuera de casa, miré por la ventana y vi a varios que iban con un balón, ¡¡Encima hoy tocaba entrenamiento!!, Y no me quitaba la imagen de aquella noche de la cabeza, mi entrenador viendo como un chico mulato follaba mi culo mientras él se follaba a mi compañero de equipo.
Me preparé con la equipación del entreno y bajé por las escaleras hasta el salón de mi casa, no estaban mis padres, lo más seguro es que salieron, busqué a mi hermano y tampoco lo encontré, así que salí a la calle y me dirigí al campo de entrenamiento, afortunadamente mi culito ya estaba perfectamente, así que podía correr.
Cuando llegué habían algunos ya calentando, entre ellos me fijé en el entrenador, un hombre de unos cuarenta años, con melena larga oscura, como los cantantes metaleros,
tenía barba de varios días y unos ojos negros que se fijaron en mi en cuanto llegué.
Durante el entrenamiento pude sentir como me observaba, escudriñaba mi cuerpo, lo notaba, también me di cuenta que el chico que el entrenador embestía por la noche no vino, normal, después de saber que yo le vi esa noche, sentirá vergüenza, ¿No?
El entrenamiento terminó y fuimos todos a las duchas, el entrenador como siempre se fue a su despacho que había dentro de las duchas, le observé y pude ver como permanecía sentado leyendo lo que parecía informes y escribiendo algo, esperé mi turno y me duché, mis compañeros iban saliendo y nos despedíamos, entonces escuché la puerta del despacho, me asomé y vi como el entrenador venía a los vestuarios, cogí el jabón y la toalla y me la enrollé para salir de las duchas, entonces el entrenador se puso en medio.
—Espera Tomi, necesito hablar contigo, acompáñame. —me ordenó sin dejar de quitar su mirada de mi.
Yo, mojado y con la toalla rodeando mi cintura me mantuve en silencio, no me atrevía ni a abrir la boca.
—¿Puedo vestirme? —pregunté ruborizado.
El entrenador me observó con mirada seria y acercó su mano a mi brazo y con dos dedos empezó a tocar mi piel.
—Bonita piel, es suave, pero sí, ve y te vistes, pero no tardes... —dijo sonriendo y volvió a su despacho.
Caminé hasta mi taquilla y saqué la ropa de calle, me quité la toalla y me sequé con rapidez para luego vestirme, con temor me acerqué al despacho, el entrenador hablaba por teléfono con alguien, me hizo un gesto desde los ventanales de su despacho para que entrase.
Y eso hice, entré y cerré la puerta, con un gesto de su dedo en la boca me indicó que no hablase.
—Sí, lo sé, pero el cambio me urge, de acuerdo. —decía el entrenador por teléfono, con su mano me indicó que me sentase, pero lo ignoré, estaba muy nervioso y quería salir de allí corriendo.
El entrenador colgó y me observó en silencio, abrió el cajón de su mesa y sacó algo que no pude distinguir, lo dejó en su mesa y me volvió a mirar.
—Toma asiento. —insistió.
—No, gracias, estoy bien así. —dije cortante y con cierto temor.
—Bueno, chaval, vas bien, cada vez te distancias más de tus compañeros, si sigues así llegarás lejos, además de optar a la beca deportiva, que bien, ¿No? —el entrenador se levantó y se posó sobre el escritorio como si fuese ahora su silla.
Me mantuve callado y bajé la mirada sin saber que decir, todo estaba siendo muy extraño, me quería marchar.
—¿Cómo la pasaste la otra noche? —me preguntó con cierto tono jocoso. —Supongo que has faltado estos días porque recibiste bastantes goles.
—¿Qué..? —mascullé con dificultad.
—Digo..., los chavales de hoy en día se la pasan por ahí de fiesta..., tu no serás distinto, ¿No? —dijo cínicamente.
Yo lo mire extrañado, él me miraba con una sonrisa entre violador en masa y asesino en serie, en mi caso...
¿Qué seria peor?
—¿No dices nada? —se levantó y metió su manos en los bolsillos.
—No sé que decir míster...
—Bueno ya basta de tonterías, la otra noche vi algo que creo que tus padres deben saber. —dijo con seriedad—. Yo me encargo de la disciplina deportiva y debo dar ejemplo.
—¿Cómo? —pregunté con asombro y terror.
—Quiero decir, un chaval de tu edad no puede ir por ahí dando su culo a cualquier desconocido, ¿Sabes? ¿Desde cuando eres puto? —el entrenador de acercaba a mi lentamente.
—¿Yo?, No..., yo..., no, no se de que me habla... —dije tartamudeando y con nerviosismo que él notaba.
—Claro que lo sabes. —hizo una pausa y se acerco a mí, se puso detrás y apoyó sus manos en mis hombros—. Yo soy una persona comprensiva, pero..., con necesidades, me gusta mucho el fútbol, pero me gustan más los chavales que lo practican, ¿Me entiendes?
El entrenador bajó sus manos y las introdujo por dentro de mi camiseta tocando la piel de mi cuerpo, sus rudas manos recorrían mi torso y agarró mis dos pezones y los empezó a masajear.
—No..., ahh..., míster..., yo..., no entiendo. —suspiré y sonrió.
—Bueno..., tendré que contarle a tus padres lo que hace su hijito querido, a no ser...
El entrenador sacó sus manos de dentro de mi camiseta soltando mis pezones, para ahora, ponerlas sobre mis hombros y presionar con fuerza, intentando que me quedara de rodillas, lo consiguió, me hizo arrodillar, con su mano, me levantó el mentón y miré hacia arriba, sonreía como un lunático.
—A no ser..., —hizo una pausa de nuevo y prosiguió—. Que me dejes entrenarte en privado, a solas, conmigo...
Comenzó a bajarse el cierre de la bragueta de sus vaqueros con lentitud
—Me gusta sentir que los jóvenes futbolistas como tú luchen por un puesto titular, y para ello, ¿Qué mejor forma que demostrarlo cariñosamente? ¿No crees? —sus palabras eran frías, cínicas y con un toque de excitación, se notaba que estaba a mil.
Se bajó el cierre del todo y sacó su polla, era gorda, estaba circuncidada y mediría unos diecisiete centímetros o más, nunca vi una polla tan grande en mi vida.
—Chupa. —me ordenó.
—¿Qué...? —pregunté con la voz ahogada.
¿Y tú? ¿Qué harías en mi lugar?
Había dos opciones, salir corriendo y no volver jamás, o abrir la boca y comerle la polla a mi entrenador, pero sabía que si hacía eso, él no iba a contentarse solo con ello.
Estaba jodido, muy jodido.
( Continuará... )
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Creado (2012), revisado y editado (2025) por @TeenBoy
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