sábado, 24 de septiembre de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 9 ''El primer beso''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 9 ''El primer beso''

Max estaba a punto de hacer algo de lo que se arrepentiría, por el camino se dio cuenta de que el cielo estaba nublado, como a punto de llover, entonces recordó el día del accidente.

—¡¡Eh!!, ¡¡Tú, gilipollas!! —Max se acercaba al chico de cuarto curso que supuestamente abusó de su mejor amigo, Tommy, apretando los puños, se acercó de manera intimidatoria, este estaba en un banco del parque sentado hablando con sus dos amigos mientras comían pipas.

El chico de último curso le miró y escupió las pipas en el suelo, levantándose junto a sus dos secuaces.

—¿Cómo has dicho renacuajo? —el chico lo miró con cara de asesino en serie.

—Mira hijo de puta, si vuelves a tocar a Tommy...

—¿Qué?, ¿me vas a pegar? —dijo el chico y sus carcajadas hacían rabiar a Max aún más.

—No, pero te denunciaré. —amenazó Max.

—Mira niñato, si vuelves a amenazarme, te mato. —lo sujetó de la camiseta con fuerza y le dio un fuerte empujón, su mirada casi taladraba la de Max.

—¡¡Atrévete!! ¡¡Vamos!! ¡¡Pégame!! —Max lo retó, el chico mayor apretó su puño e iba a pegarle un puñetazo, pero se detuvo, se dio cuenta de que no le rentaba iniciar una pelea y se supiese que traficaba con pastillas ilegales.

—Por esta vez lo dejaré pasar, enano, pero dile a tu amigo que se olvide de mi mercancía, no verá ni una pastilla más.

—¡¡No lo necesita!! —replicó Max.

—Eso ya lo veremos... —el chico cogió la bolsa de pipas del banco y se marchó con sus amigos.

—¡¡Max!! —el grito de Tommy hizo que Max mirase hacia atrás y vio a Tommy acercarse a él.

—Tommy... —Max se puso nervioso.

—Max, he visto lo que ha pasado.

—Ah...

—Te dije que yo sé cuidarme. —Tommy se puso enfrente con cara de mala leche.

—Tommy, no es eso...

—Max, no soy un bebé. —dijo Tommy con enfado.

—Lo sé, no es eso... —repitió Max.

—¿Entonces qué es Max? —Tommy miró a su amigo esperando respuesta.

—No puedo decírtelo...

Tommy caminó hacia el chico de último curso y Max lo paró cogiéndolo del brazo.

—¡¡Suéltame!! —Tommy apartó el agarre que su amigo le hacía en el brazo.

—Estás empapado por la lluvia que cae, vamos a casa a secarnos.

Max arrastraba del brazo a Tommy por la calle, en la que apenas había nadie a esas horas de la tarde, y menos lloviendo.

—¡¡Suéltame o te zurro!! —amenazó Tommy.

—Tendrás que hacerlo. —contestó Max retando a Tommy, este pegó un empujón a Max y lo tiró al suelo de culo.

Max se quedó allí un rato y cuando vio que Tommy iba a irse se levantó como para pegarle, pero lo cogió del brazo de nuevo.

—¡Te he dicho que me sueltes...! —gritó Tommy.

Tommy no terminó la frase, sus labios estaban siendo besados por los de Max, un intenso beso, el agua mezclaba sus labios bajo la lluvia...

Mientras llovía, ambos chicos estaban unidos por sus labios, en un bonito y tierno beso.

Max bajó su mano a la cintura de Tommy y lo atrajo más a él, durante segundos el tiempo pareció detenerse, sus labios disfrutaban de algo llamado amor, parecía no acabar nunca, ninguno de los dos sintió jamás lo que sentían en ese momento, sus corazones palpitaban a mil por hora.

Tommy, en un alarde de coraje, cogió fuerzas y empezó a subir también sus manos por la cintura de Max, le costaba trabajo dejarse llevar, pero lo hizo, notó el contacto de la tela de su ropa en sus manos, siguió tocando hasta agarrar a Max por completo de su cintura, los dos se fundían en un beso que les hacía olvidar todo lo que había pasado.

Les daba igual dónde estaban o quién podría verlos, solo sabían que ese beso era ahora lo único que querían sentir y experimentar, fue un tierno beso.

Sus labios se despegaron y bajaron la mirada avergonzados...

El sonido de la lluvia era ahora lo único que se escuchaba en el parque, no había nadie que les molestase, solo el fuerte estruendo de la tormenta y el ruido del agua de lluvia cayendo sobre el suelo, y sobre ellos.

Tommy se separó un poco de su amigo y Max hizo lo propio, levantó la cabeza y miró a su amigo, que estaba callado y sin moverse.

—Lo siento, es que no sabía cómo hacerte callar y hacerte entender... —Max se disculpaba apenado con una excusa banal.

—¿Entender qué? —Tommy miró a Max con una mirada diferente, más comprensiva.

—Que..., yo..., Tommy, yo te amo. —se sinceró Max, al que le costó decirlo con su voz quebrada por el miedo de decirle eso a su amigo.

—Claro... —Tommy sonó sarcástico.

—Es cierto..., yo... —continuó Max.

—No te creo, —Tommy le cortó enseguida—. No te creo, la verdad, no sería la primera vez que mientes.

—Pero esto te lo digo de corazón. —mientras lo decía, Max llevaba su mano derecha al pecho agarrando su sudadera simulando coger su corazón.

—¿Cómo sé que es cierto?, además, tú no tienes de eso. —dijo Tommy fríamente.

—¿El beso no fue suficiente?

—No. —respondió Tommy, después de pensar unos segundos.

—Te digo la verdad, quiero amarte, quiero cuidarte, quiero abrazarte cada noche y hacerte sentir feliz, quiero recompensar cada noche que pasaste, solo llorando, quiero darte mi amor, déjame hacerlo, déjame ayudarte a perdonarme.

Tommy quería perdonarle, pero algo dentro de él se lo impedía, sentía mucho dolor y rabia hacia Max, le amaba y le odiaba al mismo tiempo, pero no podía amar a la persona que le hizo tanto daño.

Por su rechazo a ser diferente intentó suicidarse, de hecho aún no valoraba del todo su vida, por no aceptar que fuese gay, por manipularlo, utilizándolo sin importarle sus sentimientos, por dejarle solo cuando más le necesitaba.

Max le había hecho mucho daño, y ese daño, ese dolor, no iba a desaparecer por un beso y una disculpa, no, ese daño y dolor no desaparecería sin más, y Max debería saberlo.

Tommy apretó los puños con fuerza, quería creer a su amigo, quería creerle y decirle que sí a todo, abrazarlo y estar junto a él, pero, por otro lado, tenía miedo de que su amigo le volviese a hacer daño, y que esta vez no pudiera recuperarse, dos duros golpes no los soportaría nadie, y menos de la misma persona, Tommy no podría soportar otra vez la pérdida de su amigo.

—¡¡Solo estás jugando!! —Tommy levantó la voz con un ligero enfado y apretando cada vez más los puños.

—¡¡No me grites así!!, eres diferente, no eres el mismo... —dijo Max decepcionado.

—Bueno, ¿y qué esperabas?, ¿un peluche al cual golpear cada noche? —dijo Tommy de forma sarcástica, una forma que no gustó a Max.

—Yo nunca he pensado eso...

Tommy miró a Max con ojos lagrimosos, Max, al ver eso, lo abrazó muy fuerte y este se dejó abrazar un instante.

—Quédate cerca de mí, no te vayas, soy feliz cuando estoy contigo, perdóname por favor, perdóname... —Max agarró el mentón de Tommy y lo miró a los ojos.

Tommy cada vez se dejaba más, solo debía seguir intentando entrar en ese corazón roto, y desde ahí dentro recomponer y curar sus heridas, heridas que él sabía que había provocado.

—Tommy, he sido la persona que más daño te he hecho, lo sé, merezco todo tu odio, pero no sé qué más hacer, ¿por favor dime que hago?

Tommy se separó de Max y lo miró limpiándose las lágrimas de la cara, quería perdonarle, pero algo dentro de su corazón, roto, se lo impedía.

—Aléjate...—su voz era un susurro—. Solo aléjate...

—Tommy..., no..., por favor, no me pidas eso..., no lo haré de nuevo, ese error no lo volveré a cometer, estuve ciego y por eso te aparté de mi lado, y te hice daño...

—Max..., ¿no lo entiendes...?, he intentado perdonarte..., pero..., no puedo..., me has hecho mucho daño, muchísimo...

Las palabras de Tommy inundaban el corazón de Max de un llanto interno y de un dolor muy punzante, sus palabras lo estaban matando, su ser iba desapareciendo y hacía que cada vez fuera más difícil pensar con la cabeza fría, ambos sufrieron mucho, pero él sabía que su dolor no se comparaba con el de Tommy.

—Por favor..., no sigas..., yo..., está bien...

Max se detuvo y respiró hondo, limpiándose las lágrimas de sus ojos.

La lluvia empezaba a cesar, apenas llovía ya.

—Vale, no me perdones, ya no te pido eso, porque la verdad..., no lo merezco, pero no me pidas que me aleje de ti..., porque no lo haré, ahora estás enfadado conmigo y...

—Max, —Tommy intervino sin dejarle terminar—. Yo no soy un juguete al cual dejar abandonado y cuando me echas de menos vuelves conmigo.

—Lo sé, yo solo quiero que me des otra oportunidad, creo que merezco al menos eso...

Max solo obtuvo silencio de parte de Tommy.

—Tú y yo siempre fuimos los mejores amigos..., yo siempre te he querido y es justo que estés dolorido por el daño que te he hecho, nunca fue mi intención hacértelo, actué muy mal, fui un cobarde, un miserable, no merezco perdón, ni yo me perdono por el daño que he llegado a causarte, pero..., quiero intentar recuperarte, Tommy, no me rendiré, no lo haré.

—Está bien..., ¿quieres esa oportunidad?

Max afirmó con la cabeza, desesperado, y se acercó a Tommy cogiendo su mano, Tommy le miró y tras un suspiro prosiguió hablando.

—Te daré esa oportunidad. —Max sonrió tras escuchar las palabras de Tommy, este soltó la mano de Max y se separó alejándose unos pasos, estando de espaldas, prosiguió hablando—. Tendrás que ganarte la oportunidad.

—¿Ganarme la oportunidad? —preguntó Max.

—Sí, si logras que te dé esa oportunidad, quizás pueda perdonarte, pero olvidar lo que me has hecho..., eso..., bueno, eso no podré hacerlo, aunque quiera.

—Lo entiendo..., vale, lo comprendo, gracias, Tommy.

Tommy se alejó y se fue a su casa, Max esperó unos instantes y se marchó a la suya, faltaban unos días para Halloween, justo se cumpliría un año de lo que pasó esa fatídica noche, la noche que rompió su amistad con él, Max tenía pensado volver a arreglar esa amistad, otra noche de Halloween que nunca olvidarán, pero para bien.

Durante los siguientes días, Tommy y Max empezaron a entablar amistad poco a poco, pero Tommy aún seguía muy frío, aunque Max veía normal eso, sabía que el tiempo lo cura todo y que necesitaría ir poco a poco.

Pasaron unas semanas y llegó el gran día, Max se vistió de vaquero y se dirigió a casa de Tommy, por el camino pudo darse cuenta del ambiente, empezaba a anochecer y tenía planeada una gran sorpresa para Tommy.

Max llamó a la puerta, y esperó unos instantes hasta que Tommy abrió la puerta e hizo acto de presencia.

—Hola Tommy, ¿estás listo? —preguntó el rubio.

Tommy iba vestido todo de negro, salió y cerró la puerta tras de sí, empezaron a caminar juntos, Max estaba muy sonriente.

—¿Por qué sonríes tanto? —preguntó Tommy un poco molesto.

—Es que estoy muy feliz. —confesó Max.

—¿Y eso por qué? —Tommy miraba extrañado a su amigo.

—¿Pues qué motivos tendría para no estarlo? —Max miró detenidamente a Tommy, no sabía de qué iba disfrazado exactamente, pero tenía pinta de ir disfrazado de ninja.

—¿Estás feliz por Halloween? —preguntó Tommy—. Siempre te ha encantado, aunque..., a mí me trae malos recuerdos... —Tommy bajó la mirada.

—A mí también me trae malos recuerdos..., pero..., ¡pero estoy feliz!, y no porque siempre me hayan encantado estas fechas, sino porque tú estás aquí, conmigo.

Tommy miró a Max y este sonreía alegremente, no pudo evitar sonrojarse y siguieron caminando.

—Menuda tontería... —murmuraba Tommy mientras sacaba un caramelo y lo metía en su boca.

—¿Por qué dices eso? —Max miró un poco triste a Tommy, ya no sabía cómo hacérselo saber, hacerle saber que lo amaba. Max sujetó del brazo a Tommy y lo atrajo a él.

—¿Qué haces? —Tommy intentó separarse de él con sus manos.

—Ven conmigo. —dijo Max sujetando a Tommy con fuerza.

—¿A dónde? —Tommy intentaba zafarse de él.

—Es una sorpresa. —Max le miraba con una sonrisa pícara.

—Si no me dices a donde vamos, no iré...

—Tommy porfa... —la voz de Max sonaba con desilusión y miró a Tommy con tristeza.

—Está bien..., vamos...

Max sonrió feliz y sujetando del brazo a Tommy salieron corriendo hacia las afueras del condado, llegaron a una pequeña colina muy oscura, estaba prohibida la entrada, así que estarían solos, una vez allí se veía a lo lejos el pueblo, la zona donde Tommy y Max estaban era oscura, pero ambientada con dos candelabros encendidos, para que el aire no las apagase.

Tommy se quedó sorprendido. ¿Su amigo había preparado todo eso para él?

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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sábado, 10 de septiembre de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 8 ''Daño irreparable''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 8 ''Daño irreparable''

Tommy recordaba aún lo que descubrió en el diario de Max cuando era más pequeño, no podía dejar de pensar en ello, una y otra vez, le daba vueltas su cabeza, ¿por qué lo había olvidado?

Mientras, las horas iban pasando y Tommy estaba junto a la familia de Max en la sala de espera, esperando alguna noticia sobre el estado de Max, la desesperación de Tommy era muy grande, se sentía muy mal, Max iba a morir por su culpa, por no perdonarlo, no podría vivir sin él y menos con eso en su alma.

El padre de Max, o, mejor dicho, el padrastro, era un señor con el pelo muy canoso para su edad y corpulento, miraba a Tommy con rabia, estaba claro que sabía algo, a su lado estaba la madre de Max, una mujer algo más joven, de pelo rubio y ojos azulados, sus rasgos parecían de una mujer de origen alemán.

Tommy sentía rabia, sabía que todo esto era por culpa de ese hombre, por culpa de ese señor asqueroso que le había comido la cabeza a Max, pero no podía hacer nada, al menos no delante de él, quizás si hablara con la madre a solas y le contara todo..., solo así quizás cambiase las cosas, pero ya era tarde, pero eso sería peligroso.

El médico se acercó a la sala de espera, el padrastro de Max y su madre se levantaron enseguida, y habló con ellos, Max estaba vivo, pero no podía andar.

Tommy dio varios pasos atrás, su corazón se congeló, ¡¡Max no podía andar!! ¡¡Por su culpa!!

El médico se dirigió al cuarto donde estaba Max y los padres siguieron al doctor, pero Tommy se quedó ahí parado, quieto, su cuerpo no le respondía.

No podía, no podía moverse, lo que le escuchó decir al médico lo dejó en un estado de shock, Max estaba inválido..., no lo quería pensar, se echó a llorar y se fue del hospital, lejos, muy lejos, sin mirar atrás y sin saber a dónde se dirigía.

Ese día Tommy la pasó llorando en su cama hasta que cogió el sueño, al despertar, su cuerpo parecía estar en un estado de cansancio y flacidez, se levantó y se miró en el espejo del baño.

Estaba harto de tanto sufrir, quería terminar ya con su dolor y tenía pensado cómo hacerlo, iba a tirarse desde el edificio abandonado, Tommy ya no pensaba con claridad, se le había ido la cabeza, solo un milagro podía hacer que no se quitara la vida.

—Mamá, ¿sabes algo de Tommy? —preguntó Max acostado en su cama, aún estaba en el hospital.

—No, le llamé ayer como me dijiste, pero nadie cogió el teléfono y su profesor me ha dicho que hoy no fue a clase, quizás está enfermo y por eso no vino a visitarte.

Max miró al suelo triste, intuía algo malo, pero no se imaginaba el qué, aunque él sabía que Tommy no estaba enfermo.

—Mamá, ¿cuándo me dan el alta? —preguntó Max, impaciente por salir de allí.

—El médico dijo que pronto, pero no te preocupes, dijo que te vas recuperando muy deprisa.

Max estiró la mano para coger el móvil, lo encendió y buscó en la agenda el nombre de Tommy, pero no lo encontró, lo borró tras lo ocurrido entre ellos aquel fatídico día.

—Mierda..., soy tan miserable... —murmuró dejando el móvil a un costado de la cama.

—¿Qué dices cariño? —preguntó la madre inocentemente.

—Nada..., es solo que intento recordar un número...

Tommy estaba en el edificio abandonado, subió a la última planta, la octava, ya tenía una nota en la que se despedía y pedía perdón, en la que expresaba su dolor y desesperación.

Mientras tanto, Max intentaba recordar el número de su amigo y lo fue marcando, Tommy estaba a punto de tirarse cuando su móvil empezó a sonar, lo cogió y miró quién era, era Max, aunque ya no tuviese su contacto desde aquel día, y que no volvió a ver una llamada de él, reconoció el número, su corazón le decía que lo cogiera, pero tenía miedo.

Tommy al final respondió a la llamada, se puso el móvil en el oído sin decir nada.

—¿Hola...?, ¿Tommy...?, me gustaría verte, ¿podrías pasarte?

Tommy se quedó en silencio, no sabía qué contestar, pensó durante unos segundos, aunque permaneció callado.

—Por favor..., me gustaría verte...

—Yo..., —Tommy empezó a sollozar—. Está bien, voy hacia allí. —y colgó el móvil, supuso que al menos se despediría de él antes, así que decidió ir.

Max creyó que Tommy aún no le perdonó, incluso habiendo salvado su vida, el dolor que le hizo no se olvidaría así de fácil.

Tommy, por su parte, recordaba el incidente de camino al hospital.

—Ojalá le hubiese perdonado. —murmuró Tommy, que se dio cuenta de que ese dolor que tenía y sentía podría ser al menos aliviado con la ayuda del que lo causó, llegó al hospital y después de preguntar a la enfermera, se dirigió a la habitación donde estaba Max.

Al llegar a la habitación, Tommy se detuvo, no se atrevía a abrir la puerta, no tenía valor de entrar, tenía miedo de verlo en ese estado, jamás podría andar, ni jugar al fútbol, que era su pasión, siempre peleaban por ver quién era mejor, pero ahora eso ya no pasaría más, nunca más.

En ese momento se abrió la puerta, la madre salía conversando con el médico, la madre de Max vio a Tommy y sonrió de alegría.

—¡Tommy! ¡Qué bien que te hayas pasado a ver a Max! Venga, está esperándote. —dijo la mujer sonriendo.

Tommy al final entró, respiró hondo y se acercó a Max, su amigo, que estaba en la cama recostado de lado, mirando por la ventana de la habitación.

—Adelante, pasa. —dijo la madre, que cerró la puerta tras entrar Tommy y se marchó con el médico.

Tommy alzó la cabeza y vio en la cama a Max, el cual cuando escuchó a la madre, se dio la vuelta y entonces observó a Tommy, se sorprendió al verle, dejó el móvil que sujetaba en la mesita de la habitación y le habló.

—Tommy, sabía que vendrías, bueno, al menos eso esperaba... —dijo Max nervioso.

Tommy se acercó a Max, estaba a punto de llorar y pedirle perdón, pero a la vez no quería.

—Lo siento... —de los labios salieron las palabras suaves y con dolor de Tommy mientras miraba al suelo culpable.

—Tommy, no estés mal, además mirando el lado bueno, no iré a clase durante un tiempo. —dijo Max sonriendo.

Tommy miró a su amigo extrañado.

—¿Cómo puedes decir eso? ¡¡Jamás podrás andar!! —gritó Tommy desesperado.

—¡Niño, no grites! —dijo una señora que estaba en la misma habitación descansando en la cama de enfrente, iba vestida con ropa de hospital y estaba echada leyendo una revista, era de edad avanzada, unos setenta años y cabello canoso, un collar de perlas enorme rodeaba su cuello.

—Disculpe señora. —se excusó Max con la señora, después, volvió la mirada a su amigo—. ¿Quién te dijo eso? —preguntó Max extrañado.

—¿No..., no lo sabías? —Tommy miró a Max, el cual estaba sorprendido, dudó un momento antes de hablar.

—Si no pudiera andar, no podría hacer esto. —Max alzó una de sus piernas hacia arriba con un poco de trabajo.

Tommy, sorprendido, se acercó a Max sin saber qué decir.

—Es verdad que debo usar los bastones, esos que no recuerdo cómo se llaman para que me sujeten...

—Muletas. —intervino la señora—. Se llaman muletas.

—Gracias..., señora... —contestó Max con sarcasmo por interrumpirle—. El caso es que el médico dijo que con rehabilitación podre andar normalmente en unos días.

—Pero yo escuché que...

Max no le dejó terminar.

—No importa lo que escuchases, tu mente te habrá jugado una mala pasada, ven.

Tommy se acercó y se sentó al lado de Max, se miraron por unos instantes con ojos vidriosos.

—No me arrepiento de haber hecho lo que hice, saber que te salvé me alivió mucho. —Max cogió la mano de Tommy

—Pero..., fue por mi culpa. —dijo Tommy.

—No, Tommy, fue del conductor, iba muy deprisa, además, como te dije, me sentí muy bien cuando supe que te salvé.

—Max...

—No digas nada..., solo quiero pedirte algo Tommy. —dijo Max sujetando la mano de su amigo con fuerza.

—¿El qué? —preguntó Tommy curioso.

—¿Puedo abrazarte? —Max le miraba con tristeza.

Tommy no dudó ni un instante y abrazó a su amigo, un abrazo que significaba mucho para ambos, todo el dolor que sintieron y sentían, todo el sufrimiento, todo el rencor, todo, se esfumó durante el tiempo que duró el abrazo.

Ambos estaban al borde del llanto, pero ninguno se atrevió a aliviar esa carga, se mantuvieron abrazados durante unos segundos, con fuerza, verdadera amistad emanaba de ese abrazo, sincero y puro, más puro que las nubes.

—¡Ohhh qué bonito! —exclamó la señora mientras los miraba, los dos chicos se separaron más rojos que un tomate.

Se quedaron en silencio y la señora fingió seguir leyendo la revista.

—Bueno, el caso es que no te pido que me perdones, las heridas sanarán con el tiempo, pero, ¿me dejas curarlas?

Max acarició la mejilla de Tommy suavemente, esta estaba roja de haber llorado.

Se volvieron a abrazar fuertemente a la vez que las lágrimas de ambos chicos salían de sus ojos y caían por sus mejillas, ahora sí que no pudieron contenerlas.

Los días fueron pasando y Tommy seguía yendo a clases normalmente, era martes cuando salió una hora antes, se dirigió al hospital y fue hasta la habitación de Max, lo visitaba todos los días y se quedaba con él el resto de la tarde.

—¡Tommy! ¡No te esperaba tan pronto!

—Hola Max, ¡Hola, señora Henderson! —Tommy saludó también a la mujer que era la que dormía en el mismo cuarto que Max.

Tommy se acercó a Max y ambos se abrazaron por un momento.

—Mira, te he traído unos cómics, para que no te aburras, y a usted unas revistas del corazón.

—Ohhh gracias, majo. —la señora cogió las revistas y comenzó a leerlas, aunque a veces levantaba la mirada para ver qué hacías los chicos.

—¡Gracias! —dijo Max.

—Oye, ¿Cuándo te dan el alta? —Tommy se acercó y se sentó en el costado de la cama de su amigo.

—Mañana. —dijo Max mientras ojeaba los cómics.

—¿En serio?

—Sí, mira, ya puedo andar perfectamente. —Max se levantó y comenzó a andar de manera normal por la habitación ante la mirada de Tommy—. La rehabilitación que hago todas las mañanas hizo sus frutos. —Tommy le miró muy feliz y se sentaron en la cama.

—Bueno, ¿y cómo te va en clases? —preguntó Max.

—Pues bien... —dijo Tommy un poco desanimado.

—Tommy, cierra la puerta. —ordenó Max en voz baja para que la señora no se diese cuenta.

—¿Por qué? —preguntó Tommy confuso.

—Tú hazlo.

Tommy se levantó y cerró la puerta disimuladamente.

—¿Qué pasa? —preguntaba Tommy mientras volvía a sentarse.

Max miró seriamente a Tommy y le cogió de las manos.

—Tommy, me vengaré de lo que te hizo el de cuarto curso, lo pagará. —susurró Max para que la señora Henderson no lo escuchara.

—¿De qué hablas? —preguntó Tommy frunciendo el ceño.

—Él me dijo lo que te hizo y...

Tommy se levantó de un salto y se dirigió a la puerta.

—¿Qué he dicho? —la mirada de Tommy cambió, volvió a ser frío.

—¡¡No soy ningún crío y mis problemas los resolveré yo!!

—Pero, ¿qué dices?, siempre tuve que defenderte en el recreo de pequeños y ahora no será diferente.

—Esto a ti no te incumbe, ¡¡y yo ya NO soy como antes!!, sé cuidarme solo.

Tommy salió y cerró la puerta, Max puso cara triste.

—Tú ni caso, se nota que te necesita. —dijo la señora Henderson.

Max no dijo nada, se puso colorado y bajó la mirada, pero entonces recordó que Tommy no era el mismo de antes, sí, volvían a ser amigos, pero el recorrido que Tommy tuvo este último año le había cambiado y marcado, y eso no se podía borrar...

Llegó el miércoles y Max fue dado de alta, pero Tommy no fue a verlo, se sintió mal por todo lo que aún estaba pasando, Tommy estaba fatal y muy diferente, ya no era el niño que tenía que ser cuidado por él a la hora de la salida o en los recreos.

Y aunque ahora estaba más receptivo que antes, seguía teniendo cambios de humor bruscos, fruto del daño que sufrió, claro, pero eso era lo que Max más temía, que aunque su amigo lo perdonara, ya nunca nada volvería a ser como antes, aunque Max tenía esperanzas de cambiar eso, y sabía cómo hacerlo, era arriesgado, pero no le quedaba alternativa.

( Continuará... )

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