sábado, 30 de julio de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 5 ''Rencor y odio''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 5 ''Rencor y odio''

Los días de verano llegaban a su fin, y tras sus vacaciones en la casa de sus abuelos, Max lo pasaba muy mal en su casa, todo le recordaba a Tommy, pero sabía que tendría que esperar a que empezasen las clases, no se fiaba de ir a casa de su amigo y que este lo rechazase o algo y discutiesen, tampoco sabía como se lo tomarían los padres de Tommy.

Ya no era necesario que Max pasara por algún lugar donde tuviera recuerdos de importancia con Tommy, ahora solo bastaba con ver la televisión, comer algo o el simple hecho de despertar, no había caso, lo echaba mucho de menos, ya no lo aguantaba más.

Recurrió a la única fotografía que no había roto, una que había escondido dentro de un libro, porque en el fondo sabía que no lo soportaría, que lo extrañaría mucho, miro esa foto en la que Tommy salía sonriente, era el día de su cumpleaños, con esa sonrisa que tanto extrañaba y esa actitud despreocupada que tanto añoraba.

Max comenzó a llorar desconsoladamente, acostado en su cama, con más pena aún, ya que sabía que no vendría nadie a consolarlo, que nadie le diría que todo iba a estar bien, como tantas veces lo había hecho Tommy cada vez que lo encontraba llorando en su habitación esos días en que sentía que su vida era miserable cuando su padre lo trataba con dureza.

Recordó mirando la foto que ese día de su cumpleaños jugando a las luchas le rompió el brazo, se pasó semanas de recuperación, se sintió muy mal, pero cuando fue al hospital a verle, Tommy le recibió con una sonrisa, a su mente le vino ese amargo y feliz recuerdo a la vez.

—Sabía que vendrías. —Tommy tenía una sonrisa a pesar de tener el brazo escayolado.

—Tommy, siento lo que te pasó, no fue mi intención...

—Max, fue sin querer, jamás dejaré que nuestra amistad se pierda por una tontería, mi brazo se recuperará, además, te quiero más que nada, eres mi mejor amigo.

Max se sentía fatal, siempre fue él quien dañó a Tommy, ya que era muy rebelde y de carácter fuerte, y, en cambio, Tommy era más sensible y pacífico, pero a pesar de todas esas veces que le dañó, Tommy siempre le perdonaba.

Max negó con la cabeza mientras apretaba con fuerza la fotografía dañándola, miró al frente frunciendo el ceño.

—No sé cómo pudo perdonarme ese día, debí perder su amistad hace mucho tiempo. —dijo Max, que comenzó de nuevo a sollozar en su habitación, lo había decidido, necesitaba a Tommy de vuelta en su vida, quería a Tommy de vuelta en su vida—. Es mucho más importante de lo que había pensado, al diablo con que sea gay, me da igual lo que sea, lo necesito, porque es mi mejor amigo y eso es más importante.

Pasaron los últimos días de vacaciones y Max había decidido disculparse con Tommy en la escuela, le daba mucha vergüenza y miedo tener que ir hasta su casa, en especial porque no sabía si la madre de Tommy sabía que él era gay y no quería arriesgarse a meter la pata.

Tuvo que irse corriendo al colegio, decidió dormir un rato más, ya que Tommy siempre llegaba tarde, pero se le pasó la hora y ya solo faltaban cinco minutos para que empezaran las clases, iba tan rápido y preocupado de no llegar tarde que no se fijó que al doblar la esquina había alguien ahí.

Ambos chicos se chocaron y cayeron de culo al suelo.

—¡Ayyyy! —se quejó Max, que miró al chico para criticar que mirase por donde iba.

—¡Auch! —se quejó el otro chico, que con enfado se levantó del suelo con velocidad.

Max se puso a recoger sus cosas del suelo cuando el chico se acercó y le habló de forma muy antipática.

—Deberías tener más cuidado. —dijo el chico con una voz quebradiza.

—Tú fuiste el culpable. —contestó Max y miró hacia arriba, se sorprendió al ver que esa persona le tendía la mano para que se levantase, sin pensarlo la tomó y se puso de pie—. Gracias, debo irme, llego tarde. —dijo sin fijarse en el otro chico.

—Es raro que llegues tarde. —afirmó el chico, que tenía una voz conocida, pero distinta.

Max se detuvo, había algo familiar en esa voz, y el hecho de que supiera esos detalles, se giró lentamente y miró al muchacho que le hablaba, era de su misma altura, puede que incluso algún centímetro más alto.

El cabello de su cabeza, oscuro, estaba revuelto y tenía las puntas teñidas en tonos rubios, sus ojos, color miel, observaban a Max de forma intimidante, su voz sonaba desafiante, como si hubiese pasado por un gran dolor, en la cara se podía ver una fina cicatriz alojada en su mejilla derecha, como si de un corte se tratase, tenía también dos cortes en la ceja derecha.

—¿Tommy...? —preguntó un incrédulo Max.

—Sí, así me llamo, creo. —respondió Tommy.

Max se sorprendió, no esperaba verlo así, tan..., tan alto..., tan decidido...

Se sentía aturdido, no lo había pensado, habían pasado casi diez meses desde que lo vio por última vez, el día que se chocaron y lo trató mal, en aquel entonces, estaba todo pálido, delgado y rapado, al estar en cursos y alas diferentes era fácil no toparse.

Parece que Tommy supo evitarlo en todo momento, así que no vio como su mejor amigo cambiaba de aspecto con el paso de los meses y eso aún le dolió más, se perdió su crecimiento, no estuvo a su lado, pero este era el momento de pedirle una disculpa.

—Tommy, yo lo siento mucho, no sabes lo arrepentido que estoy por lo que pasó aquel día, no debí tratarte así, fui muy cruel y...

Se detuvo de golpe porque Tommy no lo estaba escuchando, de hecho, caminaba tranquilamente hacia la escuela, dejándolo a él atrás.

—¡Ey, espera! —Max corrió para alcanzarlo y detenerlo—. Estoy tratando de disculparme...

—Lo sé. —dijo tranquilamente—. Y yo te estoy ignorando. —respondió Tommy.

—Pero...

—Pero, ¿qué? —Tommy se quitó la mochila del hombro y la soltó en el suelo—. Sabes..., cada día, cada minuto, cada segundo, te esperé, esperaba verte, que llegabas y volveríamos a ser amigos, que olvidaríamos lo que pasó y todo sería como antes. —hizo una pausa y se acercó lentamente y de manera intimidatoria a Max—. Todos los días te observaba, cómo seguías con tu vida, con tus amigos, tus novias, como si nunca hubiese pasado nada, o peor, ¡¡Como si yo no hubiese existido jamás!!

—Tommy yo... —Max sentía su corazón romperse a cachos con cada frase que Tommy terminaba.

—Calla, no terminé. —Tommy posó su mano en el pecho de su amigo, y con un empujón, Max retrocedió contra la pared—. Como decía..., te esperé todos los días, tenía la esperanza de que mi "mejor amigo" volvería a estar conmigo, que no se alejaría de mí por algo tan estúpido..., pero los días pasaban..., y eso nunca llegaba.

Tommy se apartó, recogió la mochila del suelo y prosiguió hablando.

—Me odié, me daba asco, quería morirme, dejé de comer, dejé de estudiar, solo quería morir.

Max lo escuchaba todo con los ojos a punto de llorar, pero se aguantaba las lágrimas, no quería llorar, estaba cerca de la escuela y no quería que lo viesen así, se aguantó y siguió escuchando a su amigo Tommy.

—Yo..., sé que me equivoqué, pero aún podemos...

—Claro..., ¡qué fácil! —le cortó Tommy, y se acercó al oído de Max con lentitud ante su atenta mirada—. ¿Ves esta cicatriz? Hace meses traté de suicidarme, fue el último día de clases, crucé la carretera cuando pasaba un coche, mi madre piensa que fue un accidente.

Tommy se levantó la camiseta, tenía otra cicatriz en su costado derecho.

—Una pena que lograse sobrevivir, lo hice debido al dolor y la pena que sentía, eso me hizo más fuerte, cada día de recuperación, durante este verano, cada segundo, más te odié, sí, odiándote conseguí hacerme más fuerte, odiando al que una vez creí que era mi amigo.

Tommy apartó su mano del pecho de Max, que estaba sorprendido y asustado por esa revelación, se volvió a poner la mochila en el hombro.

—Yo sé que me porté mal... —dijo Max.

—¿Mal? —le cortó Tommy.

Un grupo de chicos pasaban cerca de camino a la escuela, hablaban y reían entre ellos, Tommy y Max se mantuvieron callados esperando a que el grupo de chicos se alejara.

Max aprovechó para observar a Tommy, estaba demasiado cambiado, ahora sí aparentaba un físico más acorde a su edad.

Los chicos se alejaron y Tommy con su mano derecha movió su flequillo a un lado, Max se acercó a él y le miró.

—Escucha, sé que lo habrás pasado mal, pero...

—¿¡Qué sabrás tú!? —Tommy volvió a cortar a Max de mala manera alzando la voz, su voz denotaba odio y rencor—. Pasé semanas en el hospital tras el accidente, y..., ¿sabes qué?

Tommy cogió aire, apretó sus puños y continuó hablando, cada palabra era una aguja en el corazón de Max.

—Estando allí, mi madre se enteró de que no eras mi amigo, porque intentó llamarte y se lo impedí, y aunque no lo creas, me dio un gran consejo, ella me dijo"a veces es mejor alejarse de quienes nos hacen daño, no puedes vivir en el pasado, que fueseis amigos antes, no significa que lo deban ser ahora, sigue con tu vida", y ¿sabes qué?, eso es lo que hice, y lo que pienso hacer de ahora en adelante, ¿no querías que me alejara de ti?, pues eso hice, y ahora espero que tú hagas lo mismo.

Tommy se separó de Max y continuó andando hacia la escuela, ignorando al que una vez fue su mejor amigo.

—Ah, por cierto. —continuó Tommy, que se detuvo y se dio la vuelta para dirigirse a Max—. No acepto tus disculpas, ve a buscarte a otro imbécil que te aguante todas tus estupideces de niño mimado y odioso. —diciendo esto, dio medio rodeo y prosiguió su camino.

Max lo observó desde la distancia, vio como a cada paso que Tommy daba, se iba alejando una de las personas que más quería en el mundo, como a cada paso, se le iban clavando cientos de agujas en el corazón y sus ojos se llenaban de lágrimas bajando por sus mejillas, Max lentamente se fue alejando sin apartar la mirada, no le importaba ya nada, lo había perdido todo.

—Fui un idiota... —murmuró, se limpió las lágrimas y caminó a la escuela, una vez dentro se cruzó con Susana.

—¿Qué te pasa? —preguntó Susana a Max.

—¿Eh? Nada... —mintió el chico.

Susana era la hermana pequeña de María, cuando ésta dejó la escuela tras graduarse Max se sintió muy solo y se acercó a Susana, para al menos tener alguien con quien hablar.

Porque se sentía solo, Max no tenía amigos, sí, los compañeros le hablaban y eran amables con él, pero no tenía un amigo con el que congeniar, y las chicas únicamente querían enrollarse con él por lo guapo que era, pero después no le daban bola, sabían que Max nunca se comprometía, no se fiaban de alguien que estaba con una chica y luego con otra.

Mientras estaba en clase, sentado en su sitio, esperando al profesor, se quedó pensativo, pensando en Tommy, aún estaba en shock tras verle en ese estado, tan cambiado.

—Ahora que lo pienso, si yo estuve tan solo, él también debió sentirse así, pero yo tenía a María, para al menos hacerme compañía, y las chicas con las que ligaba, mis compañeros de las actividades extraescolares..., pero Tommy no tenía a nadie... —murmuraba Max.

Max no pensó en ningún momento en cómo se sentiría Tommy, lo solo que estaba, lo mal que se sentía, Max fue un egoísta, solo había pensado en él mismo, en sus sentimientos y necesidades, nunca en cómo se sentiría o necesitaba su mejor amigo.

—¿Estás hablando solo? —Susana se sentó a su lado, se acercó más y le miró intrigada.

—No..., es que...

—¿Es que qué? —cortó Susana impaciente.

—Como se nota que María y tú sois hermanas. —dijo Max.

Susana sonrió ante la confesión del chico.

—He visto a Tommy al entrar en la escuela. —Max cambió su actitud a una más seria, Susana se dio cuenta enseguida.

—¿En serio? —preguntó Susana—. ¿Y qué pasó?

—Pues bueno, si te preguntas si lo hemos arreglado, ya te adelanto que no.

—¿Es decir, que sigue la cosa igual? —preguntó Susana sacando su estuche de lápices y su libro.

—Sí..., bueno, no del todo, está cambiado, diferente.

—Normal, las personas cambiamos, más si estamos en fase de crecimiento, como es nuestro caso.

—No, me refiero a que está irreconocible. —afirmó Max ante la mirada de Susana, que no entendía a qué se refería—. Mira, da igual, no tengo ganas de hablar más del tema.

—Pero, ¿qué vas a hacer?, ¿hablarás con él? —Susana observó como Max negaba con la cabeza, confundido, para después desviar la mirada hacia la ventana, pensativo.

—No lo sé. —confesó el chico.

Max observaba las nubes, su plan era recuperar la amistad de Tommy, pero ahora todo se había complicado, ya no era el mismo, además su personalidad era muy distinta, el cambio no era solo físico, y se notaba que tenía un rencor acumulado hacia él que complicaría las cosas.

Max resopló mirando como las nubes se abrían paso entre los rayos del sol, que iluminaban su mano, miró hacia su brazo, en cómo la luz del sol avanzaba lentamente iluminando todo su brazo, su piel se erizó.

—Poco a poco, debo recuperar su amistad poco a poco..., puedo hacerlo, pienso lograrlo, me cueste lo que me cueste...—murmuró.

( Continuará... )

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sábado, 16 de julio de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 4 ''Sin alma''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 4 ''Sin alma''

Para sorpresa de Max, los días pasaron muy rápidos, no pensaba tanto en Tommy como creyó que pasaría, pensaba en él desde que se levantaba hasta que llegaba a la escuela, luego allí se distraía conversando con chicas.

Al final, entre tantas clases, tareas, trabajos, deportes y por supuesto, largas citas luego del periodo escolar, ya no pensaba en Tommy hasta que llegaba a su casa y miraba la fotografía de su mesita de noche, al menos así fue durante los primeros días.

Hasta que se hartó de tener que verlo y en un ataque de ira destruyó el cuadro y todas las fotografías que encontró en las que saliera Tommy, luego de eso dejó de pensar tanto en él.

Solamente lo recordaba cuando de casualidad pasaba frente a la cafetería donde recordaba la confesión de su amigo, o cada mañana cuando llegaba tarde a clases, sabía que Tommy siempre llegaba tarde y Max por nada del mundo quería verlo, de hecho no lo había visto desde que se toparon en la fila de la cafetería ese fatídico lunes en el que le contó a María lo sucedido.

A veces sentía que lo extrañaba y le daban ganas de verlo, aunque fuera de lejos para saber cómo estaba, al fin y al cabo habían sido amigos desde pequeños y siempre estuvieron juntos, pero a pesar de eso no quería verlo, seguía sintiendo esa rabia enfermiza cada vez que pensaba en las palabras de Tommy.

Sabía que si lo veía haría una estupidez, como golpearlo hasta que se arrepintiese de lo que había dicho, o insultarlo frente a toda la escuela y ponerlo en evidencia frente a todos sus compañeros sobre quién era realmente, aún no sabía cuál de los dos casos era peor y no quería averiguarlo.

El frío anunciando la llegada del invierno era cada vez más intenso, se notaba que el invierno estaba cerca y con él la semana del baile de final de año, que se celebraba en el Instituto a finales del mes de Noviembre, todos estaban ansiosos por eso y ya se estaban organizando los preparativos para la fiesta que la escuela acostumbraba a hacer el último viernes de Noviembre.

Sin embargo, cada mañana los estudiantes debían llegar muy abrigados para soportar el frío viento y afrontar las primeras lluvias de la temporada, por suerte la cafetería cambiaba su menú y ofrecía deliciosas y calientes sopas a los estudiantes.

Max y María esperaban en la fila de la cafetería a que fuera su turno, por suerte no había mucha gente antes que ellos, pero detrás estaba el equipo completo de organizadores de la fiesta del baile de Noviembre conversando animadamente sobre los preparativos, para desgracia de Max no sólo tenía que soportar ese ruido, sino también el informe de chismes de la semana que cada viernes le hacía María.

—Y eso con respecto al club de fotografía, no podrán volver a reunirse hasta que se sepa quién de ellos publicó esas fotografías escandalosas de la hija de la directora. —comentaba animadamente la chica, miró a Max de reojo y continuó—. ¿A que no sabes quién es la novia del capitán del equipo de fútbol?

Max alzó una ceja esperando una respuesta.

—¡Sara! —dijo con una sonrisa y mirada perspicaz.

Inmediatamente, a Max se le pasó por la mente lo sucedido con Tommy aquel día, presionó los puños y se puso muy serio.

—Te he dicho que no me hables de ella, ni de nadie relacionado con aquel día, ni con tú ya sabes quién. —dijo bastante molesto.

—Con que sigues traumatizado con eso, ¿eh? —dijo María sin prestarle atención al enfado de Max.

—No estoy traumatizado. —dijo agarrándola del brazo.

—¡Max! —le reprochó ella alterada, ante eso Max reaccionó y la soltó.

—Lo siento... —murmuró—. Yo...

En ese momento una chica con voz de altiva entró a la cafetería y les habló a los organizadores de la fiesta.

—Chicos, ya tenemos presupuesto para la fiesta, debemos ir ahora al gimnasio a organizar las cosas que ya tenemos y planear que vamos a hacer, vamos, no tendremos otro momento.

Ante eso, los chicos de la fila dejaron sus bandejas y se fueron tras la chica mandona, ignorando los gritos de la cocinera por dejar ese desastre cuando ya habían sacado sus bandejas de comida, Max y su amiga, que ya estaban cerca de la caja, trataron de apurarse lo máximo posible para no recibir un sermón de la cocinera, quien a regañadientes fue a retirar las bandejas y hacer espacio para los siguientes en la fila.

—¿¡Qué haces ahí parado!? ¡Avanza muchacho! —la muy cabreada cocinera le gritaba a un chico rapado de cabeza a estilo militar y con ojeras en los ojos, tenía un abrigo muy grande puesto, el chico seguía en la fila sin avanzar, tímidamente el chico bajó la cabeza y caminó escogiendo qué comer hasta estar al lado de Max, este no le dio importancia y siguió escuchando a María.

—¿Quieres avanzar? —le reprochó otro chico de la fila al chico bajito medio rapado del abrigo enorme.

—Lo siento mucho. —dijo el chico del abrigo enorme.

Al escucharlo, Max se dio la vuelta, su voz le resultaba familiar, miró al chico medio rapado con el abrigo enorme, no tenía idea de quién era.

El chico levantó la mirada hacia Max con cierto temor.

—Lo siento mucho. —continuó el chico—. Sé que no te gusta que esté cerca de ti, pero no pude evitarlo, está prohibido dar el puesto en la fila de la cafetería...

Max lo miraba atentamente, le parecía muy familiar, pero no sabía de quién se trataba, entonces se dio cuenta, esa forma tímida del chico, que miraba hacia el suelo y desviaba la mirada, era inconfundible...

Era Tommy, Max no lo podía creer, se había rapado el pelo, apenas tenía, y Tommy siempre tenía pelo, su cabello ya no estaba, se lo había casi rapado, por eso no lo había reconocido, y su rostro estaba muy delgado, extremadamente delgado, no podía ver el resto de su cuerpo porque lo cubría un enorme abrigo, pero se notaba que no era de su talla, y entonces se fijó en sus manos, estaban muy delgadas, al notar eso un horrible escalofrío recorrió la espalda de Max y volvió a fijarse en su rostro, Tommy no lo miraba, de hecho miraba fijamente hacia el frente, como si no sintiera la mirada de Max sobre él.

Max miró los ojos de Tommy, se dio cuenta de las ojeras que parecían tener semanas allí, de su piel que estaba más blanca y muy, muy pálida...

Max abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por la cocinera.

—Date prisa, chico, estás retrasando el almuerzo de tus compañeros.

—Vamos Max. —ordenó María, que no había reconocido a Tommy, pero sí se había quedado intrigada por la actitud de Max, él la siguió y se sentaron en una mesa, Max seguía atento a lo que Tommy hacía, lo vio retirarse de la cafetería con tan solo una manzana y un cartón pequeño de leche en su bandeja.

Tenía la mirada perdida, sin alma, su cara parecía no tener expresión, era como un muerto.

—¿Eso es todo lo que va a comer? —murmuró Max, no lo podía evitar, una sensación de desasosiego se había apoderado de su corazón, desde que lo reconoció, ni siquiera se había acordado del porqué ya no eran amigos, únicamente pensaba en ir a ayudarlo, a reconfortarlo, a abrazarlo como tantas veces había hecho Tommy con él cuando eran más pequeños.

Estuvo a punto de gritar su nombre, a punto de ir y zarandearle, exigiendo una explicación de por qué estaba en ese estado tan deleznable y lamentable, pero no lo hizo, se quedó ahí, sentado, sumergido en sus pensamientos, comiendo sin fijarse en lo que hacía, porque en el fondo tenía miedo, miedo de que se burlaran de él los chicos de la escuela, miedo de que lo vieran llorar al momento de abrazar a Tommy.

Su cobardía fue mayor, no quería que lo vieran pidiendo perdón como una chica, ahora lo sabía, era un cobarde, y por eso no soportaba que Tommy fuera homosexual, no quería que a él también lo llamaran gay solo por ser amigo de Tommy, ahora lo comprendía todo.

Max sacó una clara conclusión, era un cobarde y un pésimo amigo, tenía ganas de irse de ahí y llorar, llorar hasta quedar dormido y no despertar más. Lo que hizo no tenía perdón, se comportó muy mal, fatal, con su mejor amigo, ni él mismo podía perdonarse.

Pero se quedó ahí, almorzando, ignorando las insistentes preguntas de María, y recordó unas palabras que le había dicho ella a él el primer día que se lo encontraron en la cafetería después de confesar que era gay, que quizás era homófobo.

Luego de ese encuentro en la cafetería, las semanas pasaron rápidamente, Tommy siempre había sabido obedecer al cien por cien las órdenes de Max, y esta vez no era la excepción, él, "no te me acerques" lo había acatado rigurosamente, no se volvieron a ver ni siquiera por casualidad.

Max empezó a extrañarlo, pero no quiso ceder ante sus sentimientos, luego de ese encuentro en la cafetería lloró más de una noche, lloró en silencio, acostado en su cama y tapándose la cara con la almohada, con la vaga esperanza de ahogarse por accidente para ya no sufrir por extrañar tanto a Tommy.

Porque le echaba mucho de menos, extrañaba esa sonrisa que cada mañana le daba siempre, a pesar de tener unas ojeras enormes por haber hecho los deberes a última hora en la noche, extrañaba lo muy raro que podía ser, siempre Tommy le alegraba la vida, le hacía reír, le hacía sentirse bien, Max extrañaba eso y por sobre todo extrañaba el que Tommy le abrazase cuando se reían a carcajadas de sus juegos, extrañaba tanto tenerlo a su lado, echaba de menos a su mejor amigo.

Lloró tanto que creyó que no le quedarían lágrimas para llorar nunca más en la vida y se dispuso a olvidar, o por lo menos, a ignorar, y se inscribió en absolutamente todas las actividades de la escuela que pudo, participó en la organización de la fiesta de fin de trimestre, empezó a salir con todas las chicas que le pedían citas y así el título de mujeriego que le habían dado sus compañeros de clase se extendió en toda la escuela, ocupó cada segundo de su tiempo libre para no tener que pensar en Tommy, incluso en las noches se quedaba dormido con los audífonos puestos, y así se mantuvo todo el periodo escolar, Max dejó de pensar en Tommy, todo estaba perfecto ahora.

Pero había algo que Max no tuvo en cuenta, la escuela no dura para siempre, y así, pasaron los meses, de hecho, solamente faltaban unas horas para que sonara el timbre final y empezaran las vacaciones de verano, ya era Junio, ya habían pasado casi ocho meses desde el día de la confesión de Tommy.

Max se despidió de sus compañeros y se fue tranquilo a casa, sin ninguna preocupación, al día siguiente, el sol comenzó a pegarle en la cara, Max abrió los ojos antes los primeros rayos del día, cansado de dormir tanto, se sentó en su cama mientras se rascaba la nuca bostezando, miró la hora, eran las siete y media de la mañana.

—Primer día de vacaciones... —murmuró entre bostezos mientras se estiraba, al decirlo miró instintivamente hacia la puerta, como si esperase que alguien entrase en cualquier momento, pero nada pasó, nadie entró, nadie llamó a su puerta, ni se abalanzó sobre él, su rostro se puso serio como si de pronto hubiera recordado algo, cerró los ojos con pesadumbre y empezó a recordar.

—Tommy... —murmuró, y un nudo apareció en su garganta, al recordar cada primer día de vacaciones de los últimos años.

Tommy siempre aparecía cada primer día para salir a jugar al fútbol y a los videojuegos durante horas, quedaban en su casa y se pasaban el verano jugando y pasándolo bien, dormían juntos, iban a la piscina, se divertían y disfrutaban del verano, y ahora que Tommy no había aparecido como siempre, se sintió muy solo, y por, sobre todo, sintió como si todo el esfuerzo que hizo durante el año no hubiese servido de nada, había vuelto a pensar en su mejor amigo.

Se volvió a tumbar en la cama mirando el techo...

Ese verano sus padres lo llevaron a las afueras del pueblo, a visitar a sus abuelos, lo cierto es que gracias a ese viaje pasaron las semanas con rapidez y se lo pasó bien, sobre todo cuando también coincidía con sus primos, se la pasaban jugando y correteando por el campo.

Y así, las semanas pasaron y volvió al pueblo, a su casa, por el camino, montado en la parte de atrás en el coche, pudo ver por la ventanilla la casa de Tommy, se giró en el asiento del coche y la vio alejarse a la distancia.

—Tengo que hacer algo, está decidido, hablaré con él, quiero recuperar su amistad...

Esas semanas con sus abuelos y primos hizo pensar a Max, le daba igual si su amigo era gay, era su amigo y lo quería, y estaba dispuesto a pedirle perdón y recuperar lo que más amaba, su amistad.

( Continuará... )

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sábado, 2 de julio de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 3 ''Rechazo''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 3 ''Rechazo''

Al día siguiente Max apenas probó bocado, no tenía hambre, además cuando intentaba estudiar o hacer los deberes comenzaba a pensar en Tommy, ya que muchas veces estudiaban juntos, sin contar que era sábado y siempre iban al parque a jugar, pero en esta ocasión nadie llamó a su puerta.

Aunque..., ¿y si Tommy se plantaba y llamaba a su puerta?, ¿cómo reaccionaría?, aún estaba con muchas dudas en su cabeza, no sabía qué hacer, ¿su amigo es gay?, ¿cómo no se dio cuenta antes?, o peor, ¿por qué le afectaba tanto este hecho? Él quería que su amigo fuese normal, como él lo era, que le gustasen las chicas, como a todos los chicos normales.

El domingo terminó y llegó el lunes, la alarma sonó y Max la apagó desganado, se levantó y se duchó, también sin ganas, recogió los libros del instituto y los metió en la mochila.

Max solo pensaba en una cosa, María, necesitaba hablar con ella, contarle lo que pasó y saber su opinión, al fin y al cabo, era una chica y quizás le ayudase.

El sonido de la campana anunciando el inicio de clases estaba a punto de sonar, Max ya estaba sentado en su sitio desde bastante temprano, miraba a través de la ventana moverse las primeras nubes de otoño.

En su mente ciertas frases se le repetían una y otra vez desde la tarde de ese fatídico viernes cuando quedaron con las chicas, por culpa de eso no había podido dormir adecuadamente.

En su mente solo recordaba las palabras de Tommy, "me gustas tú", "me gustan los chicos", "me gustas tú", "me gustan los chicos", "me gustas tú"...

Así estuvo su mente todo el fin de semana, y si no se lo decía a alguien, hoy seguiría así hasta volverse loco, lo particular de todo era que cada vez que recordaba la palabra gay, presionaba sus dientes con fuerza, esa palabra le molestaba de sobremanera, no sabía por qué, pero odiaba esa palabra, ¿sería homófobo? Su mente intentaba luchar contra sí mismo, dolor y temor era lo que sentía al recordar esa palabra, sentía... ¿Asco?

De pronto una mano se puso sobre su cabeza, miró hacia el frente y ahí estaba María, le miraba de forma curiosa y divertida.

Una estruendosa carcajada por parte de ella hizo que todos los de la clase los mirasen.

—¡Tienes unas ojeras horribles Max! —siguió riéndose de manera escandalosa.

—Cállate. —dijo enfadado y avergonzado.

Max sacó de su mochila el libro de texto de la asignatura y una libreta de South Park, los puso sobre la mesa y al abrir la libreta pude ver un dibujo que su amigo Tommy había hecho al principio, eran Kyle y Stan, dibujados como si fuesen ellos mismos, sujetó el bolígrafo de su mesa y tachó el dibujo con rabia, su fuerza fue desmedida y rompió la hoja, la arrancó con furia y la aplastó en su mano.

—¿Se puede saber qué te pasa?, ¿por qué hiciste eso? —preguntó María confundida, veía a Max muy enrabietado, algo poco común en él, que siempre solía ser alegre y entrañable—. ¿No pudiste dormir anoche o qué?

—¿Anoche?, ¡llevo varios días sin apenas dormir o comer!. —confesó Max.

—¿Dos noches seguidas sin dormir? —María, con lo chismosa que era, estaba deseando saber los motivos—. ¿Acaso es por tu cita del viernes?, ¿esa chica no te ha dejado dormir o qué?

—No es eso. —replicó Max—. Aunque está relacionado con lo que pasó ese día, mira, no podemos hablar ahora, podrían escucharnos, te cuento a la hora del recreo detrás de la escuela, ¿vale?

—Qué aburrido eres, está bien, pero que sea con todo lujo de detalles. —dijo ansiosa María.

Las clases transcurrieron con normalidad hasta que al fin llegó la hora del recreo, era lunes, tocaba pizza en la cafetería y por mucho que María y Max fueron con rapidez, cuando llegaron, ya había una gran fila de chicos a la espera.

—¡Debiste darte más prisa! —reclamó Max.

—¡Oye!, ¡que soy una chica!, ¡necesitaba peinarme y esas cosas! —dijo María enfadada.

A veces Max olvidaba que María era una chica, ya que era muy brusca, y por eso nunca se había sentido atraído por ella, la fila avanzó unos pasos y ellos avanzaron también.

Me gustarán los chismes y cotilleos..., —continuó diciendo María—, ¡pero no me gusta ser parte de ellos!, y hablando de cotilleo..., ¿me vas a contar al final o no?

—Sí, pero aquí no, además, si quieres que te cuente, tienes que prometer que, aunque te amenacen de muerte, nunca, y repito, nunca, le vas a decir a nadie, ¿entendiste? —Max la miró fijamente esperando respuesta.

—¿Lo dices, en serio? —María sacó el móvil y comenzó a mirarlo.

—Sí, María, debes prometerlo.

—Está bien, aunque me va a costar... —decía María, aun mirando el móvil, siempre estaba pendiente por si le llegaba algún chisme del cual pudiese sacar partido.

—¡María! —Max se molestó al ver el poco convencimiento que tuvieron sus palabras, estaba más pendiente del móvil que de la promesa.

—Está bien... —María guardó el móvil en su bolsillo y se acercó a Max—. Lo prometo.

—Mira, apenas compremos el desayu...

Max se detuvo, su mirada había chocado con la de un chico más bajito que el resto, de cabello oscuro, ojos color miel, muy delgado y con la piel muy blanca. Él simplemente iba caminando hacia la fila de la cafetería, pero se detuvo al ver a Max.

—¡¡Hola Tommy!! —saludó María alegremente, pero no tuvo respuesta del chico.

María se fijó en el rostro de Tommy, se veía muy delgado, incluso más de lo normal, como si no hubiese comido ni dormido en varios días, se dio cuenta de que sus ojos miraban tímidamente a Max, estaban rojos y muy vidriosos, era muy evidente que a Tommy le pasaba algo, incluso que quizás había llorado recientemente, sus ojeras rojizas lo presagiaban, la chica miró a Max para avisarle, ya que este no solía ser muy atento en ese tipo de detalles.

Pero entonces María se dio cuenta, la mirada de su amigo Max era de enfado y estaba dirigida a Tommy, Max desvió la vista con repudio, Tommy bajó la mirada con tristeza, dio media vuelta y se fue dejando la cola.

María los miraba a ambos atentamente, no podía dejar de observar la situación, cuando Tommy se alejó lo suficiente, le habló a Max.

—Max..., ¿ha sucedido algo entre vosotros?

—¿Qué?, ¿qué estás insinuando María? —Max la miró con rabia.

—¿Cómo?, pues, parece que os habéis peleado... —María estaba muy confusa, ¿por qué se alteró así Max?

—No sé de qué hablas, estamos como siempre... —Max avanzó incómodo en la fila y María se volvió a poner a su lado.

—Max, tengo ojos, sentido común y no soy tonta, ¿es sobre esto de lo que quieres hablarme?

Max dio un soplido y respiró profundamente, después miró a María y asintió.

—¿Os habéis peleado?, ¿qué pasó? —María estaba ansiosa por saber qué pasó entre los dos, aunque ya no tenía esa necesidad de saber el chisme, sino que estaba realmente intrigada y preocupada por su amigo.

—No voy a decirte aquí nada, y menos si no lo prometes, debes prometer que no le dirás a nadie lo que te voy a contar.

Ambos chicos cogieron unas bandejas de color plata y empezaron a coger unos cuantos trozos de pizza.

—Ya lo prometí, pero vale, lo vuelvo a prometer, Max, somos amigos y no contaré nada, lo juro. —respondió María, esta vez mucho más seria de lo habitual.

Los dos chicos se sentaron en la mesa y Max empezó a comer, mientras le daba un bocado a su pizza, miraba al resto del comedor, como buscando a alguien.

—Está allí. —señaló María al fondo, detrás de Max.

—¿Qué? —Max se giró y vio a Tommy sentado, solo, comía una triste manzana—. ¡No lo buscaba a él! —replicó con enfado Max.

—Vale, vale... —María no le creyó.

Max con enfado terminó de comer y esperó impaciente a María, que tardaba lo suyo, tras terminar de comer, Max y María bajaron al gimnasio del Instituto, María era la presidenta del club de danza y tenía acceso al gimnasio, ya que allí se practicaba muchas veces.

Los dos chicos entraron y María cerró la puerta por dentro, asegurándose que nadie los viese.

—¿Aquí estaremos más seguros? —preguntó Max.

—Sí, mejor aquí que detrás de la escuela, además así podremos sentarnos y no estar de pie.

María se acercó a unos bancos y tomó asiento, con su mano le hizo a Max una seña para que cogiese asiento junto a ella, se sentó y comenzaron a hablar.

Max le contó con todo lujo de detalles a María lo ocurrido, el plan que idearon, la cita, y la confesión de Tommy, también de cómo se pelearon y de como Tommy se marchó.

—Vaya... —dijo María, aun asimilando toda la información—. ¿Con qué a Tommy le gustan los chicos...?, bueno, siempre pensé que había algo raro en él, pero admito que me ha sorprendido.

—¿Cómo puedes tomártelo tan a la ligera? —Max se había vuelto a alterar—. ¿Y si me hubiera hecho algo raro? —dijo Max de manera cínica.

—Pero Tommy te dijo que no lo había hecho, ¿no?, él nunca te ha mentido, ¿o sí? —le preguntó María con cierto tono de enfado, no le gustaba por dónde iba su amigo Max.

—No, pero...

—Además, —le cortó María—. ¿Te escuchas cuando hablas?, lo estás tratando como si fuese un violador o un pervertido sexual de esos, incluso algo peor, creía que erais amigos...

—Yo también lo creía. —respondió algo turbado Max—. Pero me dijo que yo le gustaba y...

—¿Y? —le cortó de nuevo María—. No es para tanto, a mí me gustan los chicos y no por eso me lo haría con todos, de hecho, hay pocos que me gusten ahora que lo pienso...

María se llevó el dedo índice a su mentón, mirando hacia arriba pensativa.

—¡¡Hablas como si estuvieses de su lado!! —Max se levantó alterado.

—¿Qué?, Max, en primer lugar, yo no estoy del lado de nadie, y en segundo, si me gritas de nuevo me voy.

Max miró a su amiga y se dio cuenta de su comportamiento.

—Lo siento... —dijo Max, respirando hondo, miró a María y se volvió a sentar intentando tranquilizarse.

María observó a Max, que estaba bastante alterado y quedó en silencio esperando a que se tranquilizase un poco para continuar hablando.

—¿Te duele que tu amigo sea gay y le gusten los chicos?, porque no veo problema en eso...

Max miró a María tras sus palabras, cogió aire y le respondió, en todo momento, María se percató de lo nervioso que ponía a Max este delicado tema.

—No es eso María... —dijo Max un poco cabizbajo.

—¿Entonces qué es? —preguntó la chica mirando a Max fijamente, este, abrió la boca, pero no supo qué responder—. Yo deduzco que lo que te molestó fue que Tommy no te lo haya dicho antes, es decir, te sentiste traicionado, ¿es eso? —continuó María.

Max miraba al suelo pensando qué responder, sabía que le molestaba algo de la situación, pero no sabía qué exactamente.

—Si no es por eso... —María hizo una pausa y le miró con seriedad—. Quizás lo que pasa simplemente es que eres homófobo.

—¡Yo no soy eso! —respondió Max, y era cierto, le daba un escalofrío y algo de asco cuando veía a dos hombres besándose en la calle, pero nada más, por él, que hicieran lo que quisieran, no le importaba, pero tratándose de Tommy...

—¡Ahrrrgg! —gritó agarrándose la cabeza—. ¡Maldita sea!, ¿por qué no puede ser normal como yo?

—¿Normal? Ehh... —María miraba a Max alucinando—. Esto no me está gustando Max...

—¿Es mi culpa que él sea así?, es que no sé qué hacer María... —Max ignoró a su amiga—. Si al menos...

—Bueno..., solo con ver lo que dijiste... —continuó María, pero fue interrumpida por el sonido de su móvil, era un mensaje, cuando María terminó de leerlo sus ojos estaban brillando y su clásica sonrisa de astucia estaba dibujada en su cara—. ¡Esto es genial! —dijo ignorando por completo a Max—. Pero debo ir a confirmarlo... —poniéndose de pie, arregló rápidamente sus cosas para marcharse.

—¿Qué? ¿Me vas a dejar a medias?... —Max estaba atónito, luego de Tommy ella era su única amiga—. ¿Te vas a ir? Estábamos conversando de algo muy delicado ¡No puedes hacerme esto!

—Esto también es importante. —respondió María a Max mirándolo y señalando su móvil—. Quizás sea el cotilleo del mes, es mi deber ir a confirmarlo. —dijo extrañada de que Max no entendiera la importancia de eso para ella.

—¿Me vas a dejar aquí solo? —Max sonaba enojado y sin creérselo aún.

—Mira Max, tu amigo Tommy es gay, ¿qué problema hay? ¡Es "tú" amigo, así que acéptalo y madura!, toma. —le pasó la llave del gimnasio ignorando las palabras de Max—. Cierra bien cuando salgas.

María subió las escaleras corriendo hacia el patio, dejando a Max solo, con sus problemas.

Max suspiró y se quedó allí sentado, pensando en todo lo que habían hablado, no le sirvió de nada, aún tenía dudas, incluso más aún, tomó sus cosas y cerró el gimnasio, mientras guardaba la llave en su bolsillo miró hacia donde se había ido María.

—Tommy jamás me habría hecho algo así... —murmuró Max y dirigió su camino hacia clase, subió las escaleras y al doblar esquina chocó con Tommy, los hombros de ambos hicieron contacto y sus miradas se cruzaron, Tommy bajó entonces la cabeza.

Max al verlo se enfadó y Tommy seguía con la mirada evasiva, no se atrevía a mirar a su mejor amigo a la cara.

—¿No te dije que te alejaras de mí? ¡No quiero verte más! —respondió Max con crueldad, sus palabras, como afilados cuchillos, atravesaron, él ya de por sí, maltrecho corazón de Tommy, causando un dolor inmenso.

Tommy ni le miró, bajó aún más la mirada y salió corriendo, entonces un profesor que pasaba cerca, se percató de lo sucedido y se acercó a Max.

—¿Qué formas son esas, Max?, ¿no sois amigos? —el profesor se ajustó las gafas con su dedo y miró a Max esperando una respuesta, pero no la hubo—. Muy bien, a clase y que no vuelva a ver ese comportamiento en la escuela, ¿has entendido?

Max metió sus manos en los bolsillos del pantalón y se dirigió a clases tras el sermón del profesor, por el camino miraba a los demás alumnos, todos hablaban y eran acompañados por alguien, menos él, él estaba solo, suspiró y llegó a la clase, no tenía ganas de estudiar, pero debía hacerlo, aunque pensar en Tommy no le ayudaba.

—Debo apuntarme a actividades extraescolares para estar más entretenido, así dejaré de pensar en Tommy... —murmuraba Max mientras cogía asiento en la clase, miró por la ventana, el cielo se cubría de nubes grises.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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