Amistad rota en Halloween - Capítulo 5 ''Rencor y odio''
Los días de verano llegaban a su fin, y tras sus vacaciones en la casa de sus abuelos, Max lo pasaba muy mal en su casa, todo le recordaba a Tommy, pero sabía que tendría que esperar a que empezasen las clases, no se fiaba de ir a casa de su amigo y que este lo rechazase o algo y discutiesen, tampoco sabía como se lo tomarían los padres de Tommy.
Ya no era necesario que Max pasara por algún lugar donde tuviera recuerdos de importancia con Tommy, ahora solo bastaba con ver la televisión, comer algo o el simple hecho de despertar, no había caso, lo echaba mucho de menos, ya no lo aguantaba más.
Recurrió a la única fotografía que no había roto, una que había escondido dentro de un libro, porque en el fondo sabía que no lo soportaría, que lo extrañaría mucho, miro esa foto en la que Tommy salía sonriente, era el día de su cumpleaños, con esa sonrisa que tanto extrañaba y esa actitud despreocupada que tanto añoraba.
Max comenzó a llorar desconsoladamente, acostado en su cama, con más pena aún, ya que sabía que no vendría nadie a consolarlo, que nadie le diría que todo iba a estar bien, como tantas veces lo había hecho Tommy cada vez que lo encontraba llorando en su habitación esos días en que sentía que su vida era miserable cuando su padre lo trataba con dureza.
Recordó mirando la foto que ese día de su cumpleaños jugando a las luchas le rompió el brazo, se pasó semanas de recuperación, se sintió muy mal, pero cuando fue al hospital a verle, Tommy le recibió con una sonrisa, a su mente le vino ese amargo y feliz recuerdo a la vez.
—Sabía que vendrías. —Tommy tenía una sonrisa a pesar de tener el brazo escayolado.
—Tommy, siento lo que te pasó, no fue mi intención...
—Max, fue sin querer, jamás dejaré que nuestra amistad se pierda por una tontería, mi brazo se recuperará, además, te quiero más que nada, eres mi mejor amigo.
Max se sentía fatal, siempre fue él quien dañó a Tommy, ya que era muy rebelde y de carácter fuerte, y, en cambio, Tommy era más sensible y pacífico, pero a pesar de todas esas veces que le dañó, Tommy siempre le perdonaba.
Max negó con la cabeza mientras apretaba con fuerza la fotografía dañándola, miró al frente frunciendo el ceño.
—No sé cómo pudo perdonarme ese día, debí perder su amistad hace mucho tiempo. —dijo Max, que comenzó de nuevo a sollozar en su habitación, lo había decidido, necesitaba a Tommy de vuelta en su vida, quería a Tommy de vuelta en su vida—. Es mucho más importante de lo que había pensado, al diablo con que sea gay, me da igual lo que sea, lo necesito, porque es mi mejor amigo y eso es más importante.
Pasaron los últimos días de vacaciones y Max había decidido disculparse con Tommy en la escuela, le daba mucha vergüenza y miedo tener que ir hasta su casa, en especial porque no sabía si la madre de Tommy sabía que él era gay y no quería arriesgarse a meter la pata.
Tuvo que irse corriendo al colegio, decidió dormir un rato más, ya que Tommy siempre llegaba tarde, pero se le pasó la hora y ya solo faltaban cinco minutos para que empezaran las clases, iba tan rápido y preocupado de no llegar tarde que no se fijó que al doblar la esquina había alguien ahí.
Ambos chicos se chocaron y cayeron de culo al suelo.
—¡Ayyyy! —se quejó Max, que miró al chico para criticar que mirase por donde iba.
—¡Auch! —se quejó el otro chico, que con enfado se levantó del suelo con velocidad.
Max se puso a recoger sus cosas del suelo cuando el chico se acercó y le habló de forma muy antipática.
—Deberías tener más cuidado. —dijo el chico con una voz quebradiza.
—Tú fuiste el culpable. —contestó Max y miró hacia arriba, se sorprendió al ver que esa persona le tendía la mano para que se levantase, sin pensarlo la tomó y se puso de pie—. Gracias, debo irme, llego tarde. —dijo sin fijarse en el otro chico.
—Es raro que llegues tarde. —afirmó el chico, que tenía una voz conocida, pero distinta.
Max se detuvo, había algo familiar en esa voz, y el hecho de que supiera esos detalles, se giró lentamente y miró al muchacho que le hablaba, era de su misma altura, puede que incluso algún centímetro más alto.
El cabello de su cabeza, oscuro, estaba revuelto y tenía las puntas teñidas en tonos rubios, sus ojos, color miel, observaban a Max de forma intimidante, su voz sonaba desafiante, como si hubiese pasado por un gran dolor, en la cara se podía ver una fina cicatriz alojada en su mejilla derecha, como si de un corte se tratase, tenía también dos cortes en la ceja derecha.
—¿Tommy...? —preguntó un incrédulo Max.
—Sí, así me llamo, creo. —respondió Tommy.
Max se sorprendió, no esperaba verlo así, tan..., tan alto..., tan decidido...
Se sentía aturdido, no lo había pensado, habían pasado casi diez meses desde que lo vio por última vez, el día que se chocaron y lo trató mal, en aquel entonces, estaba todo pálido, delgado y rapado, al estar en cursos y alas diferentes era fácil no toparse.
Parece que Tommy supo evitarlo en todo momento, así que no vio como su mejor amigo cambiaba de aspecto con el paso de los meses y eso aún le dolió más, se perdió su crecimiento, no estuvo a su lado, pero este era el momento de pedirle una disculpa.
—Tommy, yo lo siento mucho, no sabes lo arrepentido que estoy por lo que pasó aquel día, no debí tratarte así, fui muy cruel y...
Se detuvo de golpe porque Tommy no lo estaba escuchando, de hecho, caminaba tranquilamente hacia la escuela, dejándolo a él atrás.
—¡Ey, espera! —Max corrió para alcanzarlo y detenerlo—. Estoy tratando de disculparme...
—Lo sé. —dijo tranquilamente—. Y yo te estoy ignorando. —respondió Tommy.
—Pero...
—Pero, ¿qué? —Tommy se quitó la mochila del hombro y la soltó en el suelo—. Sabes..., cada día, cada minuto, cada segundo, te esperé, esperaba verte, que llegabas y volveríamos a ser amigos, que olvidaríamos lo que pasó y todo sería como antes. —hizo una pausa y se acercó lentamente y de manera intimidatoria a Max—. Todos los días te observaba, cómo seguías con tu vida, con tus amigos, tus novias, como si nunca hubiese pasado nada, o peor, ¡¡Como si yo no hubiese existido jamás!!
—Tommy yo... —Max sentía su corazón romperse a cachos con cada frase que Tommy terminaba.
—Calla, no terminé. —Tommy posó su mano en el pecho de su amigo, y con un empujón, Max retrocedió contra la pared—. Como decía..., te esperé todos los días, tenía la esperanza de que mi "mejor amigo" volvería a estar conmigo, que no se alejaría de mí por algo tan estúpido..., pero los días pasaban..., y eso nunca llegaba.
Tommy se apartó, recogió la mochila del suelo y prosiguió hablando.
—Me odié, me daba asco, quería morirme, dejé de comer, dejé de estudiar, solo quería morir.
Max lo escuchaba todo con los ojos a punto de llorar, pero se aguantaba las lágrimas, no quería llorar, estaba cerca de la escuela y no quería que lo viesen así, se aguantó y siguió escuchando a su amigo Tommy.
—Yo..., sé que me equivoqué, pero aún podemos...
—Claro..., ¡qué fácil! —le cortó Tommy, y se acercó al oído de Max con lentitud ante su atenta mirada—. ¿Ves esta cicatriz? Hace meses traté de suicidarme, fue el último día de clases, crucé la carretera cuando pasaba un coche, mi madre piensa que fue un accidente.
Tommy se levantó la camiseta, tenía otra cicatriz en su costado derecho.
—Una pena que lograse sobrevivir, lo hice debido al dolor y la pena que sentía, eso me hizo más fuerte, cada día de recuperación, durante este verano, cada segundo, más te odié, sí, odiándote conseguí hacerme más fuerte, odiando al que una vez creí que era mi amigo.
Tommy apartó su mano del pecho de Max, que estaba sorprendido y asustado por esa revelación, se volvió a poner la mochila en el hombro.
—Yo sé que me porté mal... —dijo Max.
—¿Mal? —le cortó Tommy.
Un grupo de chicos pasaban cerca de camino a la escuela, hablaban y reían entre ellos, Tommy y Max se mantuvieron callados esperando a que el grupo de chicos se alejara.
Max aprovechó para observar a Tommy, estaba demasiado cambiado, ahora sí aparentaba un físico más acorde a su edad.
Los chicos se alejaron y Tommy con su mano derecha movió su flequillo a un lado, Max se acercó a él y le miró.
—Escucha, sé que lo habrás pasado mal, pero...
—¿¡Qué sabrás tú!? —Tommy volvió a cortar a Max de mala manera alzando la voz, su voz denotaba odio y rencor—. Pasé semanas en el hospital tras el accidente, y..., ¿sabes qué?
Tommy cogió aire, apretó sus puños y continuó hablando, cada palabra era una aguja en el corazón de Max.
—Estando allí, mi madre se enteró de que no eras mi amigo, porque intentó llamarte y se lo impedí, y aunque no lo creas, me dio un gran consejo, ella me dijo"a veces es mejor alejarse de quienes nos hacen daño, no puedes vivir en el pasado, que fueseis amigos antes, no significa que lo deban ser ahora, sigue con tu vida", y ¿sabes qué?, eso es lo que hice, y lo que pienso hacer de ahora en adelante, ¿no querías que me alejara de ti?, pues eso hice, y ahora espero que tú hagas lo mismo.
Tommy se separó de Max y continuó andando hacia la escuela, ignorando al que una vez fue su mejor amigo.
—Ah, por cierto. —continuó Tommy, que se detuvo y se dio la vuelta para dirigirse a Max—. No acepto tus disculpas, ve a buscarte a otro imbécil que te aguante todas tus estupideces de niño mimado y odioso. —diciendo esto, dio medio rodeo y prosiguió su camino.
Max lo observó desde la distancia, vio como a cada paso que Tommy daba, se iba alejando una de las personas que más quería en el mundo, como a cada paso, se le iban clavando cientos de agujas en el corazón y sus ojos se llenaban de lágrimas bajando por sus mejillas, Max lentamente se fue alejando sin apartar la mirada, no le importaba ya nada, lo había perdido todo.
—Fui un idiota... —murmuró, se limpió las lágrimas y caminó a la escuela, una vez dentro se cruzó con Susana.
—¿Qué te pasa? —preguntó Susana a Max.
—¿Eh? Nada... —mintió el chico.
Susana era la hermana pequeña de María, cuando ésta dejó la escuela tras graduarse Max se sintió muy solo y se acercó a Susana, para al menos tener alguien con quien hablar.
Porque se sentía solo, Max no tenía amigos, sí, los compañeros le hablaban y eran amables con él, pero no tenía un amigo con el que congeniar, y las chicas únicamente querían enrollarse con él por lo guapo que era, pero después no le daban bola, sabían que Max nunca se comprometía, no se fiaban de alguien que estaba con una chica y luego con otra.
Mientras estaba en clase, sentado en su sitio, esperando al profesor, se quedó pensativo, pensando en Tommy, aún estaba en shock tras verle en ese estado, tan cambiado.
—Ahora que lo pienso, si yo estuve tan solo, él también debió sentirse así, pero yo tenía a María, para al menos hacerme compañía, y las chicas con las que ligaba, mis compañeros de las actividades extraescolares..., pero Tommy no tenía a nadie... —murmuraba Max.
Max no pensó en ningún momento en cómo se sentiría Tommy, lo solo que estaba, lo mal que se sentía, Max fue un egoísta, solo había pensado en él mismo, en sus sentimientos y necesidades, nunca en cómo se sentiría o necesitaba su mejor amigo.
—¿Estás hablando solo? —Susana se sentó a su lado, se acercó más y le miró intrigada.
—No..., es que...
—¿Es que qué? —cortó Susana impaciente.
—Como se nota que María y tú sois hermanas. —dijo Max.
Susana sonrió ante la confesión del chico.
—He visto a Tommy al entrar en la escuela. —Max cambió su actitud a una más seria, Susana se dio cuenta enseguida.
—¿En serio? —preguntó Susana—. ¿Y qué pasó?
—Pues bueno, si te preguntas si lo hemos arreglado, ya te adelanto que no.
—¿Es decir, que sigue la cosa igual? —preguntó Susana sacando su estuche de lápices y su libro.
—Sí..., bueno, no del todo, está cambiado, diferente.
—Normal, las personas cambiamos, más si estamos en fase de crecimiento, como es nuestro caso.
—No, me refiero a que está irreconocible. —afirmó Max ante la mirada de Susana, que no entendía a qué se refería—. Mira, da igual, no tengo ganas de hablar más del tema.
—Pero, ¿qué vas a hacer?, ¿hablarás con él? —Susana observó como Max negaba con la cabeza, confundido, para después desviar la mirada hacia la ventana, pensativo.
—No lo sé. —confesó el chico.
Max observaba las nubes, su plan era recuperar la amistad de Tommy, pero ahora todo se había complicado, ya no era el mismo, además su personalidad era muy distinta, el cambio no era solo físico, y se notaba que tenía un rencor acumulado hacia él que complicaría las cosas.
Max resopló mirando como las nubes se abrían paso entre los rayos del sol, que iluminaban su mano, miró hacia su brazo, en cómo la luz del sol avanzaba lentamente iluminando todo su brazo, su piel se erizó.
—Poco a poco, debo recuperar su amistad poco a poco..., puedo hacerlo, pienso lograrlo, me cueste lo que me cueste...—murmuró.
( Continuará... )
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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)
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