miércoles, 22 de junio de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 11 ''Sangre''

Capítulo 11 - Sangre



No la llames así, gilipollas. —le di un empujón y cayó al suelo de culo, su rostro cambió a uno de enfado.



Corre. —dijo Lily.



Salimos corriendo y giramos la calle.



Intentaré perderlos, tú escóndete aquí detrás. —la guie detrás de un tablón de madera posado en la pared—. Cuando me sigan ve a la pescadería y nos vemos después donde Celia. —le dije a Lily, que afirmó con la cabeza.



Lily se escondió y justo aparecieron los tres chicos, salí corriendo y me siguieron, corrí todo lo que pude hasta llegar a una fábrica de madera, entré y varios trabajadores me llamaron la atención, crucé la zona donde cortaban troncos y me deslicé hasta una habitación que parecía deshabitada, solo había un sofá destrozado y un mueble que se caía a pedazos, por la ventana, eso sí, entraba mucha luz del sol.



Entonces los escuché, me estaban buscando.



Separaros, debe estar por aquí. —era la voz chillona de Clyde, inconfundible, estaba cerca.



Esperé un poco y me asomé por la ventana, vi a sus dos amigos buscándome fuera, en los alrededores, un ruido llamó mi atención y al girar, Clyde me sujetó con su antebrazo contra la pared y me tapó la boca.



¿Creías que podrías escapar de mí, niñato? —Clyde fijó su mirada con rabia en mí, apretó su puño y me dio un puñetazo en el estómago, sin soltarme, y sin dejar que me recompusiera, me dio otro, tosí secamente y de un empujón lo tiré contra el suelo.



Caí encima de él y forcejeamos, sujeté con fuerza sus muñecas y lo inmovilicé.



Quítate de encima, imbécil. —Clyde forcejeaba, pero lo tenía dominado, al ver que por mucho forcejeo no le soltaba, se detuvo y me miró. —¿Qué? ¿Te ofendió que llamase bruja a tu novia?



¿Por qué la llamas así? No es una bruja.



Todas las brujas tienen el pelo rojo, como ella, ¡Es una bruja! —intentó de nuevo forcejear, al ver que no le soltaba me escupió en la cara, en mi mejilla.



Con rabia me limpié y le propiné un puñetazo, le hice sangrar el labio, me miró y sonrió cínicamente.



¿¡Eso es todo!? —de nuevo intentaba forcejear conmigo y dimos varias vueltas por la estancia, el polvo del suelo nos comenzó a manchar toda la ropa.



Tras varias vueltas volvimos a quedar como antes, él debajo sometido y yo encima.



¡Suéltame joder! —Clyde intentaba por todos los medios levantarse, pero no le dejaba, no sé porque lo hice, pero mientras miraba sus ojos azules acerqué mis labios a los suyos.



Le di un beso, fue corto, pero besé sus labios ante su sorpresa, me aparté y le miré a los ojos, su respiración había aumentado, me levanté del suelo y me limpié el polvo de la ropa.



Clyde se levantó sin dejar de mirarme, se limpió la boca y escupió sangre en el suelo, le miré para ver su reacción, me observaba confundido, no esperaba para nada ese beso, escuchamos unos pasos acercarse a la habitación y Clyde me empujó haciéndome caer detrás del sofá.



¿Lo encontraste? —era la voz de uno de sus amigos.



Hubo un silencio, desde donde estaba escondido, no podía ver que hacían.



No, se habrá escapado, da igual, volvamos. —dijo Clyde.



Tras escuchar cómo se alejaban, me asomé y ya no estaban, me levanté y salí de la fábrica, miré a los alrededores, no recordaba por donde vine.



Caminé durante un buen rato, pero no sabía dónde estaba, vi a un chico un poco más pequeño que yo y me acerqué a preguntarle.



Oye, chico, ¿Sabes dónde hay una pescadería cerca? —el chico se giró y al verme puso una cara extraña—. ¿Qué pasa?



El chico me miraba extrañado y con su mano me señaló una dirección.



Gracias.



No, gracias no, dame algo. —dijo el niño.



Pero no tengo nada... —antes mis palabras el chico frunció el ceño y se alejó corriendo.



Me sentí mal, pero realmente no tenía nada, suspiré y me dirigí a la pescadería, entonces lo vi, un hombre entró en el Saloon que había cerca de donde yo estaba, y sí, era James, no, espera, quizás sea otra alucinación.



Me acerqué, pero un hombre se acercó y me detuvo con su mano en mi hombro.



¿A dónde vas niño? —el hombre de edad media iba vestido con ropa vaquera y llevaba un revolver en el cinturón—. No pueden entrar niños aquí.



Pero es urgente. —intenté entrar, pero me echó atrás.



Aquí solo entras siendo adulto o acompañado de uno, así que largo si no quieres que me enfade.



Le miré desafiante y eché una mirada dentro, pero no localizaba a James, di varios pasos atrás y escuché como alguien chisteaba para llamar mi atención, miré de donde provenía el sonido y era un chico un poco más mayor que yo, me hizo un gesto para que me acercase.



Caminé hasta él y se adentró en el callejón, con cierto temor, respiré y le seguí, entonces me arrastró sujetando mi camiseta y me soltó pegado a la pared.



¿Eres nuevo no? Nunca te he visto por aquí. —el chico, de pelo castaño y ojos marrones, tendría unos catorce o quince años, miraba a los lados como si tuviese miedo de ser visto, iba mal vestido y con la cara manchada de un líquido negro—. Te vi entrar en la fábrica y ahora al Saloon, ¿Buscas robarle a alguien?



¿Qué? Claro que no... —intenté irme, pero me detuvo.



Espera, si buscas dinero quizás te interese un trabajo, consigues dinero fácil y...



No necesito dinero. —sentencié.



Como quieras. —el chico, ahora un poco borde, se alejó y se marchó.



Salí del callejón y vi a Lily llevando un cesto, me acerqué corriendo hasta ella.



¡Hola!



¿Dónde estabas? —Lily me miró frunciendo el ceño.



Me costó perderlos, ¿Te ayudo? —Lily me cedió el cesto, que era bastante grande, lo sujeté con mis dos manos.



Vaya, pensé que eras tartamudo. —dijo riendo—. ¿Estás herido?



No, ¿Por qué? —pregunté.



Tienes sangre en los labios. —dijo Lily señalándome la boca.



Con mi hombro me limpié la sangre, era del labio de Clyde...



Caminamos en silencio hasta llegar a la tienda donde debía estar Celia, que nos esperaba.



¿Dónde estabais? Ya iba a buscaros. —Celia me miraba de nuevo con ojos desafiantes, estaba claro que no le caía bien.



Es que había mucha gente. —dijo Lily.



Bueno, volvamos. —dijo Celia.



Disculpe. —la voz de un hombre nos detuvo y puso su mano en mi hombro, al girarme...



Tragué saliva y di varios pasos atrás, casi se me cae el cesto.



¿Sí? —preguntó Celia.



Ese chico, es mi sobrino, me gustaría llevármelo. —dijo James, que me señaló con su dedo, su mirada hacia mí era de un odio inmenso.



Celia y Lily me miraron.



¿Ah sí? —preguntó Celia.



Sí, vive en el orfanato, ¿No? No hará falta que pase allí más tiempo, yo tengo una casa para cuidar de él, verdad, ¿Pan? —James me miró con una sonrisa cínica.



Mi corazón latía muy, muy fuerte, apreté la cesta con fuerza, sentía muchas cosas, odio, ira, rencor, miedo...



Entiendo, pues lo lamento mucho pero no podrá ser, aunque sepa su nombre no podemos dar niños así a desconocidos, deberá pasarse por el orfanato y hablar con los señores Harrington. —Celia puso su mano en mi hombro a modo de protección.



James sonrió relamiéndose los labios con cierto enojo, entonces me fijé que llevaba el rifle en su espalda, el mismo que usó contra mí y Nico.



Comprendo su preocupación, señora, pero ya le digo que, ese chico es hijo de mi hermano fallecido y me gustaría....



Le repito, señor, que no puedo cederle al niño, pásese por el orfanato y hable con los señores Harrington, sin más, tenemos prisa.



Celia nos sujetó a ambos y le dimos la espalda, podía notar los ojos de James en mí, notaba su odio e ira, la misma que yo sentía por él.



¿Qué hacía aquí? ¿Vino buscándome? ¿De verdad vino siguiéndome? No..., quizás fue causalidad, o quizás no, o tal vez..., los niños desaparecidos del orfanato, ¿Y si fue él?



No, era la bestia, pero, tanta coincidencia no era casualidad.



¿Le conocías? —preguntó Celia.



Sí, es un hombre malo, él... —pensé dos veces el qué decir—. Me pegaba, no quiero ir con él.



Lo suponía, sé calar a los hombres, y ese tipo me dio mala espina desde que lo vi. —Celia sujetó el cesto que yo llevaba y caminamos de vuelta al orfanato.



Ya en mi cuarto, me tumbé en la cama, mirando el techo, pensando, si vino a por mí, no parará hasta conseguirlo, y si me quedaba en este orfanato, muchos niños, incluidos mis amigos, correrían peligro, debía marcharme.



Me levanté y me asomé por la ventana, los chicos jugaban alegremente, pronto sería la hora de almorzar.



¿No sales a jugar? —Sven me asustó y me senté en la cama.



No tengo ganas. —dije cabizbajo.



¿Qué te pasa? —Sven se acercó y se sentó a mi lado—. ¿Te vas no?



Miré extrañado a Sven, que suspiró y negó con la cabeza.



¿Piensas que no eres el primero que se va? Conozco ese rostro..., no lo entiendo, aquí tienes un hogar, y en unas semanas iremos a la escuela, no te vayas, además, hiciste un juramento.



Permanecí en silencio.



¿Acaso tienes a dónde ir? ¿O me ocultas algo?



Respiré hondo y miré la puerta, no quería que nadie nos escuchase.



Escucha, no puedo quedarme, si lo hago os pongo en peligro, un hombre malvado va tras de mí, me quiere matar, y si tiene que matar a 20 niños, lo hará, ¿Entiendes? Debo irme.



Pero... —Sven se levantó y se rascó la cabeza—. Si te vas le pones en bandeja que te pille, aquí estás protegido.



Sven, no cambiaré de opinión, esta noche me escaparé por el bosque.



¿El bosque maldito? —Sven cambió su rostro a uno de preocupación—. ¡Ni se te ocurra! ¡¿Sabes lo que pasa a todo el que entra?! ¡No regresa!



Me da igual, no me queda de otra, seguramente ahora mismo está al acecho fuera, debo salir por detrás... —me levanté y me asomé mirando al inmenso bosque que había detrás del orfanato, me recordaba al bosque donde conocí a James, ¿Era el destino?



Por favor, piénsalo, no intentes...



Sven no terminó de hablar porque se empezó a escuchar un barullo abajo, nos miramos extrañados y bajamos al comedor, Abie discutía con Celia y dos niñas más.



¿Qué pasa? —preguntó Sven a Pedro e Isaac al llegar donde estaban, a punto de comer, los niños estaban sentados viendo la escena, Abie y Celia discutían en la cocina preocupadas.



¿No te has enterado? —preguntó Pedro con los ojos como platos—. Susan, la amiga de Lily vino corriendo, diciendo que un hombre se la ha llevado.



¿¡Qué, se han llevado a Lily!? —miré a Pedro con terror—. ¿Cuándo? ¿¿Cómo fue??



Hace unos minutos, dice que entró al orfanato, la golpeó y se la llevó, fue todo muy rápido...



La confesión de Pedro me estremeció.



James... —mascullé.



¿El que va por ti? —preguntó Sven.



¡¡Sí!! ¡¡Me vio con Lily en la compra!! ¡¡Joder!! —corrí escaleras arriba y abrí la ventana.



Sven me siguió junto a Pedro e Isaac.



¿Dónde vas? —Sven me sujetó de la camiseta cuando intentaba escapar por la ventana.



Debo salvarla.



¿Te volviste loco? ¡Él es un adulto y tú un crío! —Sven tiraba más de mí.



¿Un crío? ¡¡Me da igual!! No la dejaré con él, ¡¡La matará!! —empujé a Sven de una patada y salté al tejado, caminé por él y luego me deslicé hasta el suelo.



Miré atrás y los vi en la ventana asomados mirándome, suspiré y escalé la verja, me clavaba varias espinas de madera, me hacían sangrar y entre quejidos logré pegar un salto al otro lado.



Corrí todo lo que pude, con todas mis fuerzas, mientras mis manos y pies sangraban, salí hasta la calle principal y comencé a buscarlo, miraba a todos lados, hasta que di con él, estaba sentado en un carruaje, me miraba y sonrió.



Mi respiración se agitó con fuerza y caminé hasta él, hasta estar al lado de su carruaje, él fumaba un puro tranquilamente mirándome.



¿Dónde está? —pregunté con tono amenazante.



Sube, si vienes conmigo lo sabrás, sino, nunca más la verás.



James lanzó el puro lejos y cogió las riendas del caballo.



Resignado, me subí al carruaje, a su derecha, una vez sentado, agitó las riendas y comenzamos a alejarnos de la ciudad.



¿Pensabas que ibas a librarte de mí, pequeño hijo de puta? —James apretó su mano contra mi muslo con tanta fuerza que me hizo sangrar, entre quejidos intenté apartar su mano, pero entonces miró a los lados para ver que nadie miraba y me pegó un puñetazo en la cara, cayendo dentro del carruaje, en la parte de atrás, escupí sangre, me llevé la mano a mi mandíbula, me ardía mucho.



James agitó con más fuerza las riendas y aumentamos la velocidad hasta llegar a una fábrica, estaba cerrada a esas horas, se acercó hasta la entrada y se bajó.



Baja. —ordenó, sujetó su rifle y me miró con odio—. No lo repetiré dos veces.



Me levanté como pude, sentía náuseas, bajé como pude y me sujetó para que no cayera al suelo, realmente sentía mi cara arder.



Me sujetó del cabello y echó un vistazo a mi cara.



Igual me pasé, pero te curas rápido, ¿No? Vamos. —me empujó hacia dentro de la fábrica, empezaba a atardecer.



Caminamos por un pasillo hasta llegar a una puerta, le dio una patada y me empujó dentro, yo, con mi mano en la cara, solo podía sentir ganas de llorar, pero no iba a darle esa satisfacción.



Se acercó a un farolillo y lo encendió, entonces vi a Lily en una silla, estaba amordazada y no se movía, me acerqué para ver cómo estaba.



Está viva, aún. —James me empujó al suelo y cerró la puerta, dejó el rifle en la mesa que había en la habitación, la cual estaba en muy mal estado, sacó una cuerda de uno de los muebles y me la lanzó—. Átate las piernas.



Le miré con odio.



Te dije que no me hagas repetir las cosas. —amenazó James.



Cogí las cuerdas y me até con impotencia los tobillos, dejó el rifle en la mesa y se acercó con otra cuerda, me ató las muñecas y me tiró al suelo.



Bueno, es hora del espectáculo. —James cogió del suelo un cubo y le tiró el agua del interior a Lily, que despertó asustada, me miró y vio a James, comenzó a moverse desesperada, pero James la apuntó con el rifle—. Cállate o te mato.



Lily, que respiraba con dificultad, me miró aterrada.



Así está mejor. —James dejó el rifle en la mesa y se acercó a mí, se inclinó y me sujetó del cabello—. Te curas muy rápido, cabroncete, me gusta.



Se refería a mi herida en la cara, efectivamente me había curado, me soltó y se acercó a Lily, posó su mano en el muslo de la chica.



¡Déjala, hijo de puta! —grité alterado.



James me miró sonriendo y con su lengua comenzó a lamer la mejilla de Lily, que lloraba impotente.



¡¡¡PARA!!! —intenté desatarme, pero era inútil—. ¡¡A mí!! ¡Házmelo a mí!



Miré a James retándolo, el cual se detuvo y me miró relamiéndose.



¿Eso quieres? —James se alejó de Lily, que miraba horrorizada como se acercaba a mí.



¡BUM!



Un fuerte golpe sonó en el pasillo, James, alertado, se levantó como un resorte y miró a la puerta, ahora abierta, se movía con lentitud, se acercó a por su rifle, pero no estaba.



Yo y Lily mirábamos asustados, no sabíamos que estaba pasando exactamente, ya había anochecido.



¿Qué coño? —Jame nos miró y se sacó de la bota un cuchillo enorme de caza—. ¿Quién está ahí? ¿Eh?



James se acercó lentamente a la puerta y se asomó al pasillo, pero parece que no había nadie, nos volvió a mirar sin saber que hacer, si dejarnos ahí e ir a mirar, o esperar.



Como os mováis de aquí, os mato, lo juro. —amenazó James, que salió del cuarto cogiendo el farolillo y se perdió en la oscuridad.



Miré a Lily, que estaba asustada y con lágrimas en los ojos, me incorporé e intenté desatarme, pero el cabrón apretó mucho la cuerda, menos mal que la de las piernas las hice flojas, me las quité y me puse en pie.



Tranquila, ¿Vale? Saldremos de aquí.



Le quité la mordaza, pero Lily solo sollozaba, me sentía muy culpable por todo, la metí en esto sin querer, fue todo por mi culpa, estaba maldito.



Escuchamos unos pasos y miramos a la puerta.



No puede ser... —mascullé al ver a Sven, que llevaba el rifle de James, estaba con Pedro e Isaac.



¿Estáis bien? Sabía que debía seguirte, tío. —Sven se acercó a mí y me ayudó a soltarme las muñecas mientras Pedro e Isaac hacían lo mismo con Lily.



Debemos salir de aquí antes de que vuelva, no debisteis venir, joder. —dije con cierto enfado.



¿Y qué habría pasado? ¿Eh? —Sven me miró y observó mi cuerpo sin camiseta y magullado. Entonces...



Aggg... —Sven escupió sangre de la boca.



Todos miramos atónitos, sin poder reaccionar, sin esperarlo.



Sven nos miró y sus ojos se apagaban.



James le clavó el cuchillo en la garganta y calló al suelo de rodillas.



¡¡Nooo!! —grité empujando a James, que cayó al suelo—. ¡¡¡Corred!!!



Pedro, Isaac y Lily salieron corriendo y James fue tras ellos con el rifle en sus manos.



Por mi parte, me quedé con Sven, que me miraba con lágrimas en los ojos, me acerqué a él y apreté su mano con fuerza.



Por qué..., por qué..., ¿¡Por qué viniste!? ¡¡Perdóname!! —de mis ojos caían lágrimas de dolor en impotencia, abracé a Sven con todas mis fuerzas y lloré desconsoladamente.



No..., no dejes..., no dejes..., que..., gane..., amigo...



Tras sus últimas palabras, Sven murió en mis manos, de nuevo, otro chico que moría en mis manos...



Joder, estás maldito, persona a la que te acercas, persona que muere. —la voz de James, alcé la cabeza y le miré con odio—. Los otros bastardos se me escaparon, pero ya les pillaré, tranquilo, me quedé con sus caras, me divertiré con ellos.



Me levanté sacando el cuchillo del cuello de Sven y miré a James ido, apreté con fuerza el cuchillo y caminé hacia él.



Levantó su rifle y me miró sonriendo.



Suelta eso. —ordenó.



Pero no le hice caso y salí corriendo contra él, entonces sentí como mi pecho era atravesado, el sonido del disparo atravesando mi carne y el dolor posterior, pero no me detuve, me abalancé contra él y sujetando el cuchillo con todas mis fuerzas lo clavé en su carne, una y otra, y otra y otra y otra vez.



Los brazos me dolían, sentía mis dedos dormidos, estaba cubierto de sangre, pero no me detuve, seguí y seguí hasta que no pude más.



Caí al lado de James, me costaba respirar, lo miré en el suelo, tirado, inerte, no podía distinguir ya su cara, llevé mi mano al pecho, me sangraba, sangraba demasiado.



Nico..., te he vengado..., Sven, te he vengado..., he ganado... —dije riendo entre lágrimas, miré a la ventana y vi a un chico observando la escena, cerré mis ojos y perdí el conocimiento.


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399463

ISBN Code: 9789403794945

sábado, 28 de mayo de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 10 ''Rojo fuego''

Capítulo 10 - Rojo fuego



El miedo pudo más, su respiración se sentía tan cercana que no aguanté más y salí corriendo, grave error.



Sentí el roce de sus garras en mi camiseta, salí disparado a toda prisa girando a la derecha y entonces choqué con algo.



¡Auch! —caí de culo y miré hacia arriba, Celia, la mujer obesa, me miraba con cara de enfado, en su mano derecha llevaba un farolillo y con la izquierda me sujetó de la oreja—. ¡¡Ahh!! ¡¡Me duele!! ¡¡Pare!!



¡Haberlo pensado antes de intentar ir al ala de las chicas! —dijo ella, que me tiraba de la oreja hacia las escaleras, realmente sentía que me la iba a desencajar.



Subimos hasta mi cuarto y allí me soltó.



Mañana le diré a Abie lo que intentaste.



¡Pero yo no...!



¡Calla mocoso malcriado! —y dicho esto cerró la puerta dejándome dentro.



¿A dónde fuiste? —la voz de Sven me alertó, me giré y lo vi en la cama.



Entonces recordé a la bestia.



¿Por qué saliste corriendo? Mis amigos ahora dudan de si hicieron bien en aceptarte en el grupo. —Sven me miraba decepcionado—. Y yo también dudo, Celia le contará a Abie lo que hiciste, mañana todos nos quedaremos sin postre.



¿Qué? Pero solo me pilló a mí...



Sí, pero aquí si intentas ir al ala de las chicas, el castigo es para todos, así consigue que todos estén en contra de ir a esa ala.



Me quedé en silencio, él no lo iba a entender, claro, yo sí veía a la bestia por los polvos, ese era el motivo, no había otro, por lo que la bestia salvaje era la que se llevaba a los niños.



Pero ¿Y ahora qué? No podía enfrentarme yo solo a la bestia, y lógicamente nadie me creería...



Y bien, ¿Me dirás por qué saliste corriendo? —preguntó Sven.



No me creerías.



Prueba. —Sven me miraba acostado en la cama, con las piernas cruzadas, esperando a que le dijese el motivo de mi escapada.



Pero no lo hice, caminé hasta mi cama y me tumbé en ella, pensativo, realmente debía contarlo, porque si la bestia estuvo aquí, ya se habría llevado a otro niño.



Mañana tacha otro nombre de tu lista. —dije.



¿Qué? ¿Por qué? —preguntó confuso.



Escuché los gruñidos de una bestia salvaje, salí corriendo para ver que era, entonces vi una especie de lobo gigante, pero a dos patas, creo que es ese monstruo lo que se lleva a los niños de aquí...



Miré de reojo a Sven, notaba en su mirada incredulidad, escepticismo y confusión, sacó el papel de su bolsillo y lo miró.



¿Qué miras? —pregunté expectante.



Nada..., es solo que... —Sven tragó saliva, se levantó y miró por la ventana.



Es sólo que, ¿Qué?



Cuando llegué aquí, había un chico llamado Daniel, él era un chico un poco raro, le daba miedo todo, decía que los monstruos existían, cuando empecé a hacer mi lista, él decía que los niños que desaparecían era obra de Lycagous, un lobo mitad hombre, mitad humano, y que las noches previas de luna llena se convertía y buscaba víctimas.



Me levanté y me asomé por la ventana.



¿Mañana es luna llena? —pregunté al ver que aún la Luna no estaba en la fase completa.



Sí... —masculló Sven—. Lo curioso es que, tras su revelación, estuve atento a lo que dijo, y mira. —Sven me cedió su papel, en él aparecían hasta 6 nombres con un círculo al lado.



¿6 niños desaparecieron en la noche de luna llena? —pregunté, y entonces vi el nombre de Daniel.



Sí, incluyéndole a él...



Hubo un silencio incómodo, entonces, ¿Daniel obtuvo polvos de hada? ¿O tal vez hay niños capaces de ver a las bestias sin ellos? Fuera como fuese, no estaba loco, lo que vi era real, y si Daniel estaba en lo cierto, mañana sería el día en el que la bestia se llevase a uno del orfanato.



¿Cómo sabía tantos detalles, incluso el nombre? —le pregunté a Sven, que volvió a su cama y suspiro, levantó los hombros y se guardó el papel.



La verdad es que no lo sé, pero lo de la bestia solo me lo contó a mí, por lo que es mejor dejarlo entre nosotros, nadie nos creería.



Esa noche, me costó coger el sueño, seguramente ya eran pasada la madrugada, al despertar, Sven y yo bajamos al comedor a desayunar, pero Abie me hizo llamar a su despacho.



¡Es inaceptable! Pan, yo entiendo que la curiosidad sea grande, pero tenemos unas normas, y te las dejé bien claras. —Abie daba vueltas por la habitación ante mi mirada, yo, sentado en el sofá, solo escuchaba lo que me decía cabizbajo—. Comprende que, si no respetas las normas, tendrás castigos.



Lo siento, no sé qué le dijo Celia, pero realmente no quería ir a ala de las chicas, es solo que necesitaba ir al lavabo y me perdí, escuché ruidos y me asusté...



Abie se detuvo y me miró intentando penetrar en mis pensamientos, suspiró y llevó su mano la frente, como intentando qué hacerme.



Bien, por esta vez, sólo por esta vez te creeré, no habrá castigo para todos, pero para ti, sí.



Abie se acercó a su mesa y sacó un papel, lo miró y escribió algo en él, tachando otra cosa.



Esta semana el turno de lavar los platos era de Nicolás, ahora lo harás, ¿Entendido?



La puerta se abrió y James apareció en la habitación, me levanté como un resorte asustado y retrocedí varios pasos, James se acercó a mí y caí al suelo asustado.



¿Chico? ¿Estás bien? —el hombre me miró con preocupación, no era James, no, había sido otra alucinación.



El hombre, un poco pasado de peso y con sombrero desgastado me tendió la mano y me ayudó a incorporarme, Abie me miró extrañada al ver mi reacción.



Pan, ¿Estás bien? Este es Alexander, mi marido, él es dueño del orfanato, Alexander, este es Pan, un chico nuevo.



¿Pan? —el hombre me miró frunciendo el ceño—. Curioso nombre... —masculló.



Bueno, cariño, ¿Hablaste con William? —preguntó Abie.



Sí, está todo solucionado, se retrasó en la entrega por problemas ajenos a él, pero esta semana traerá el pedido de comida. —el hombre, que parecía cansado, se quitó el sombrero mostrando su cabello con bastantes entradas, realmente parecía mucho más mayor que Abie, se sentó en el sillón y respiró con dificultad—. Estoy reventado, el viaje ha sido largo.



Pan, ¿Nos dejas a solas? Ve a desayunar, ah, y dile a Celia que esta semana tú te encargas de limpiar la cocina en lugar de Nicolás.



Afirmé con la cabeza y bajé al comedor, los niños comían entre risas y el barullo era enorme, ahora que me fijé, efectivamente la mayoría eran niños de color, me acerqué a la cocina y me dieron una bandeja con un trozo de pan, queso y un vaso de lo que parecía leche.



Busqué a Sven y caminé hasta su mesa, estaba sentado junto a Isaac, Pedro, que los tenía a su izquierda y los dos hermanos de color, que los tenía en frente, me senté a la derecha de Sven y todos se callaron mirándome.



¿Qué? —pregunté confuso.



Nada, ya nos dijo Sven que tuviste un ataque de pánico, espero no se repita. —dijo el chico de la cicatriz.



Sven me golpeó con su pie derecho en mi tobillo y afirmé con la cabeza.



Sí..., fue..., fue eso, un ataque de pánico... —mentí.



Bien, no pudimos presentarnos, yo me llamo Rashid. —dijo el chico de la cicatriz—. Y este es mi hermano, Chikae, es poco hablador.



¿Sois gemelos? —pregunté al ver el parecido tan grande.



Mellizos, nuestros padres fueron asesinados cuando teníamos 8 años, pensaron que eran delincuentes. —Rashid, el líder del grupo, que tendría uno o dos años más que yo, hablaba con cierto odio en sus palabras.



Yo y mi hermano nunca conocimos a nuestro padre y perdimos a nuestra madre por una enfermedad hace varios años, desde entonces vivimos aquí..., hasta que mi hermano desapareció hace dos años... —dijo Isaac con tristeza.



Yo nunca conocí a mis padres, ni si quiera sé si están vivos, me cuidaba una señora que me hacía trabajar como esclavo. —Pedro, con cierta pesadumbre también, tiró un bocado al trozo de pan y se lo comió.



Tras sus confesiones, miré a Sven, el cual escuchaba a sus amigos atentamente, bebió un poco de leche y suspiró.



Mi madre murió en el parto, mi padre era un esclavo y claro, yo, que era su hijo automáticamente me convertí en esclavo, hasta que un día mi padre descubrió a su amo pegándome, porque sí, le gustaba pegarme, decía que así sería más ''manso'', mi padre peleó con él y el otro sacó un arma para matarlo, se disparó y mi padre acabó en la horca, yo me escapé y tras semanas en la calle acabé aquí.



Todos, en silencio, me miraban esperando mi historia, algunos ya habían terminado de desayunar, y solo esperaban expectantes a que les dijese por qué había acabado en este orfanato.



Pensé que tal vez contar lo que me pasó me ayudaría a sentirme mejor, pero me daba miedo contar toda la verdad, así que dije medias verdades, respiré hondo y comencé a hablar.



Mi padre murió en un atraco, dos semanas después mi madre cayó enferma, no teníamos dinero para pagar el tratamiento y murió, ella..., ella dijo que su hermana me cuidaría, pero no fue así, me usaba como esclavo, limpiaba su casa, le hacía la comida..., era prostituta, un día intentó que yo... —tragué saliva mientras los otros chicos escuchaban con atención—. Intentó que yo me prostituyera con un hombre, así que me defendí y hui, estuve casi una semana por ahí, solo, y...., bueno, conocí a un hombre y su hijo, ellos me trajeron aquí engañado, y ya está...



Rashid me tendió la mano, la miré y se la estreché.



Aquí no te sentirás más así, nosotros somos una familia, Pan, por lo que, nunca más volverás a sentirte solo.



¡Sí, eso es! —dijo Pedro sonriente.



Terminamos de desayunar y los chicos se fueron al patio a jugar, excepto yo, que entré en la cocina y le conté a Celia sobre el castigo de Abie, el niño al que suplí, Nicolás, se fue al patio más que feliz.



Bueno, cuando termines con eso, me acompañas al mercado, tengo que hacer unas compras. —dijo Celia de mala manera, era una orden más que una sugerencia.



Asentí mientras limpiaba las bandejas y vasos, suspiré desganado mientras pensaba que sería ahora de mí, es decir, sí, tenía un techo, una cama, amigos, pero ¿Y mi futuro?



Entonces escuché la voz de una niña, me giré y la vi, era una chica pelirroja, su cabello era como el rojo fuego, con la cara llena de pecas, los ojos de un color verdoso intenso, un poco más alta que yo, quizás era mayor, y su liso pelo le llegaba casi por la cintura.



Celia, Abie me dijo que te acompañe al mercado, las chicas necesitamos unas cosas. —la voz de la chica era suave y angelical, posó su mirada en mí y me sonrió tapándose los labios con sus dos dedos.



Está bien, deja, recojo unas cosas y vamos los tres. —Celia soltó varias bandejas limpias en el mueble de la cocina y salió dejándonos solos.



¿Eres nuevo no? Me llamo Lily, un placer. —la chica me tendió su mano y yo, que estaba subido a un taburete para limpiar las bandejas, me bajé como un resorte y la sujeté con fuerza, iba con un vestido de color gris con flores verdes estampadas.



Soy Pan. —dije un poco sonrojado.



Nos separamos las manos y se la miró, la mojé con la mía.



¡Per..., perdón! Es-es-es-es que, esta-ta-taba limpiando y...



Tranquilo, sólo es agua. —dijo ella secándose en su vestido—. Bonito nombre.



Gra..., gracias..., el, el tuyo..., bueno, bonito, también. —dije tartamudeando, ¿Por qué empecé a tartamudear? Parecía idiota.



Celia llegó y se nos quedó mirando.



Aire, va, va. —se puso en medio y me miró achinando los ojos—. ¿Y tú por qué estás tan rojo?



¿En? No, yo... —me rasqué detrás de la oreja con intensidad.



Bueno, vamos que se nos hace tarde, no os alejéis de mí, ¿Entendido? —ordenó Celia.



Ambos afirmamos con la cabeza y la seguimos a través de un pasillo que había en la cocina, abrió una puerta con candado y accedimos a lo que parecía un almacén de comida, nos hizo pasar y la continuamos siguiendo en silencio.



No podía dejar de mirar a la chica pelirroja, Lily, era hermosa, su cabello tenía un brillo que me hipnotizaba.



Celia se acercó a una puerta de hierro y la abrió, fue por donde me trajo el padre de Óscar, salimos al exterior y caminamos por el callejón, había algunos niños jugando y correteando por las calles.



Bajamos calle abajo hasta llegar a una tienda bastante grande regentada por un hombre, había varias mujeres haciendo cola.



Lily, cariño, ¿Puedes ir a la pescadería y comprar lo de esta lista? —Celia le cedió un papel—. Y tú, acompáñala y cuídamela, ¿Entendido?



Afirmé con la cabeza enseguida.



Ambos nos alejamos de Celia, yo sólo seguía a Lily, que miraba la hoja pensativa, en silencio caminamos hasta que al girar nos topamos con tres chicos más grandes que nosotros.



Vaya, vaya, si es la bruja de Virginia. —dijo el chico más alto, rubio, delgado y con una boina gris en la cabeza, iba vestido con un traje gris desgastado, una de sus manos la tenía agarrada a su paquete.



Sus dos compañeros comenzaron a reírse, el de su derecha era muy bajito, pelo oscuro y con la misma ropa que el chico rubio, el de su izquierda era de mi altura y tenía una quemadura en la parte izquierda de su cara, también de cabello oscuro, me miraba con cierto asco.



¿Y tú? ¿Qué eres? ¿Su novio? —preguntó el chico rubio, que se lamió los dedos de su mano y los posó en mi mejilla restregándolos.



¡No me toques! —le aparté su mano limpiándome la saliva de mi mejilla con la manga de la camiseta, me sonrió y me di cuenta de que tenía el toc de rascarse la nariz continuamente.



Clyde, déjanos en paz, tenemos prisa. —dijo Lily.



Ohh, la bruja tiene prisa. —Clyde, el chico rubio, se burlaba de ella con sorna.



No la llames así, gilipollas. —le di un empujón y cayó al suelo de culo, su rostro cambió a uno de enfado.



Corre. —dijo Lily.



(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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