sábado, 19 de junio de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 4 ''Juego macabro''

Capítulo 4 ''Juego macabro''



Rubén estaba atado con cadenas, vendado y amordazado, sintió como alguien tocaba sus manos, unas pequeñas manos intentaban soltarlo, tocaban las suyas desesperadamente, pero luego se alejaron, intentó escuchar algo, pero no se oía nada...

¿Te gusta estar así? —una extraña voz le hablaba a Rubén.

Rubén se revolvía con miedo.

¡Te hice una pregunta! ¡Contesta! —insistió la voz.

Rubén entreabrió los ojos, ya no estaba vendado.

¡Rubén! —un fuerte grito llamó la atención del chico rubio.

¿¡Que pasó¡? —Rubén alzó la cabeza ante la atónita mirada de sus compañeros, el profesor le miró enfadado, ¡¡Estaba en su clase!!

¡Te hice una pregunta! —el profesor le miró con ligero enfado.

¿Cómo? No entiendo nada...

¿Estabas dormido? ¡¡No estás atendiendo en clase!!

Rubén miró a la pizarra, dos iconos parecidos, pero con diferentes números estaban dibujados en ella, pero no entendía lo que le preguntaba exactamente.

No, no sé...

¡No me gusta que se duerman en mi clase!

Rubén volvió a mirar a su alrededor, ¿Todo había sido un sueño? ¿Pero cómo?

Era tan real...

Perdón profesor es que... —Rubén intentaba excusarse.

En ese momento sonó la puerta e inmediatamente se abrió, era Jacob, se asomó y preguntó por Rubén.

El director pregunta por Rubén, es urgente. —mintió Jacob.

Vale, Rubén, vamos, sal.

Rubén salió del aula y cerró la puerta tras de sí.

¿Qué haces aquí fuera? —Rubén guio a su amigo hasta el final del pasillo mientras le preguntaba—. ¿Qué sucedió? Tienes cara como de ver un fantasma...

No, es que yo..., bueno, pensé que te pasó algo... —dijo Jacob con preocupación.

¿A qué te refieres? —preguntó Rubén.

No, nada, debe ser la escuela, el volver a clases después del verano me está costando... —dijo Rubén.

Hubo un silencio incómodo, ambos miraban el suelo sin querer mirarse a la cara.

¿Y tus gafas? —Rubén miró con duda a Jacob, que lo veía raro sin sus gafas de pasta.

Ah... —Jacob se llevó las manos a la cara comprobando que no las llevaba—. No lo sé, las perdí.

Con temor, Rubén se llevó la mano a su bolsillo y notó que las tenía ahí, con su mano sacó las gafas.

¿De dónde las sacaste? —Jacob las cogió y se las puso.

Del sótano...

Jacob tragó saliva y miró con miedo a Rubén.

¿Sótano? ¿Tú lo viste...? —la pregunta de Jacob no fue respondida—. Quiero decir, yo estuve allí...

Eso no es posible, fue un sueño. —Rubén intentaba convencerse a sí mismo.

¿Entonces cómo es que tenías mis gafas?

No lo sé...

¡Ustedes! ¿Qué hacen aquí? —la voz del profesor de matemáticas los devolvió a la realidad—. Vuelvan a sus clases.

Jacob se giró y se dirigió a su clase, Rubén hizo lo propio hacia la suya, Rubén posó su mano sobre la manivela de la puerta.

Un escalofrío recorrió su espalda..., ¡No!, ¡¿Lo había soñado?!, ¡No!, ¡Fue real!, Tanto por las gafas, como por tener ambos el mismo sueño, eso era imposible, algo pasó, ¿Pero el qué?, ¡Todo lo ocurrido fue tan real...!

El animal era real... —murmuró Rubén.

¿Qué dijiste? —Jacob se dio la vuelta—. ¿Qué animal?

¿Eh? Nada... —masculló Rubén.

¿Un animal con forma de lobo?

¿Cómo lo sabes? —Rubén miró asustado a Jacob.

Porque te dije que no era un sueño, y en caso de serlo, yo también lo viví, tu estabas allí, te vi atado... —dijo Jacob.

¿Qué? Eso es imposible, quiero decir, yo..., yo tuve un sueño donde tu estabas atado..., pero los sueños no pueden ser reales... ¿No? —Rubén miró al suelo.

¿Y qué hacemos? Nadie nos creería... —Jacob sonaba cabizbajo.

Al salir de clase quedamos en mi casa, debemos contárselo a mi hermana Álex.

¿Qué? ¿A tu hermana? No, lo que quiero es olvidar esto.

Escucha, mi hermana me contó hace unos días algo que le pasó en el campamento de verano, y no le creí, pero después de esto... —Rubén bajó la mirada al suelo.

¿Qué te contó? ¿Eso era lo que quisiste decirme en el recreo antes? —Jacob intrigado por saber lo ocurrido frunció el ceño con interés.

¿Eh? No..., quiero decir, sí, mira, quedamos en mi casa, allí mi hermana y yo te lo contaremos mejor, aquí está pasando algo raro...

Está bien, nos vemos a la salida. —dijo Jacob.

Ambos chicos volvieron a sus clases a la espera de poder quedar después y saber que estaba pasando.

Jacob estaba intrigado, quería saber si realmente fue un sueño, pero era tan real que era imposible que fuese un sueño.

El resto de las clases se le hicieron eternas, Jacob deseaba que fuera la hora de salir para ir a casa de Rubén y su hermano.

Esa misma mañana, yo había ido al dentista, pero la cosa no acabó bien...

Abrí los ojos poco a poco, estaba tumbado en una cama, atado, me estaban transportando, mi cama se movía, quise distinguir donde estaba, parecía un lugar viejo y antiguo, un golpe en la cara me hizo desmayar.

Un fuerte olor me despertó, estaba colgado, con mis manos atadas hacia arriba y mis pies rozando el suelo, tenía la boca amordazada, a mi lado estaba Miguel, gravemente herido y en la misma situación que yo.

Miré a mi alrededor, la habitación estaba oscura, oscuridad que era invadida por pequeños rayos de luz del exterior, al fondo había un pozo, parecía un cuarto abandonado durante décadas.

El silencio fue roto por la entrada de un hombre, un hombre bastante grande y robusto, su cara estaba tapada y envuelta en vendas, toda su cabeza estaba vendada, solo podían verse sus ojos y su boca, iba con un traje color granate oscuro.

Se acercó a nosotros y sacó un cuchillo enorme, le pegó un puñetazo a Miguel que lo hizo despertar enseguida.

Si intentáis gritar, os mato, si molestáis con cualquier ruido, os mato. Voy a ser muy breve, chicos, tengo cosas importantes que hacer y aquí la gente paga por espectáculo, así que iré al grano, ¿Veis esa cámara de ahí?

El hombre vendado señaló a una cámara que había en la parte alta de la pared del fondo.

Esa cámara grabará vuestro espectáculo, las reglas son sencillas, os enfrentaréis entre vosotros, a muerte, el primero que mate al otro saldrá de aquí vivo, el otro...me temo que no. —su voz cínica y con sorna me daba repugnancia, pero el miedo se apoderaba de mí, quería que nos matásemos, miré a Miguel y éste a pesar de la herida permanecía atento a lo que ocurría...

En fin, como hay una clara desventaja porque uno está herido, habrá que igualar el asunto, esto te va a doler... —el hombre vendado se acercó a mí, me agarró del pelo y sujetando el cuchillo con fuerza lo clavó en mi abdomen, la punzada que sentí fue horrible, la sangre comenzó a salir, clavó solo parte del cuchillo, pero el dolor era insoportable, acto seguido con el cuchillo cortó nuestras cuerdas y caímos al suelo. —¡Que empiece el espectáculo!

El hombre vendado salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí, no sin soltar el cuchillo en el suelo antes, yo me di cuenta, Miguel también se dio cuenta, ambos tirados en el suelo lo miramos, se lanzó rápido hacia él, hice lo mismo, pero la herida me impidió llegar antes.

Espera, no tenemos por qué hacer esto... —sangre comenzó a salir de mi boca, sentía que me moría...

Miguel sujetó el cuchillo con fuerza, se puso en pie y me apuntó amenazante, yo me levanté como pude, me llevé la mano a mi abdomen, me dolía demasiado, no..., no iba a conseguirlo, incluso aunque ganase, ¿Qué posibilidades tenía de salir vivo de aquí? Me estaba desangrando...

Miguel no abrió la boca, se acercaba lentamente mientras yo intentaba mantenerme en pie, con un grito se lanzó hacia mí para clavarme el cuchillo, lo sujeté como pude y lo aparté a un lado.

Escucha..., esto es lo que quieren... —me costaba horrores hablar—. Tenemos un cuchillo, lo podemos usar a nuestro favor..., aún podemos salir de aquí...

¡Calla!, ¡Esta vez no moriré! —Miguel volvió a lanzarse contra mí, esta vez los dos caímos al suelo, el cuchillo se alejó de nosotros, hice amago de cogerlo, pero me sujetó con fuerza y me lo impidió, me agarró del cuello y comenzó a asfixiarme.

Intenté apartarlo, pero era más fuerte que yo, además con mi herida me costaba moverme, me estaba mareando, con mi mano intenté coger el cuchillo, una vez lo tuve en la mano derecha se lo clavé a Miguel en el costado, se apartó instintivamente con un grito de dolor.

Los dos nos quedamos cansados mirándonos el uno al otro, Miguel se sacó el cuchillo con un alarido de dolor, yo empecé a escupir sangre de mi boca de manera más constante, me quedaba poco, si quería vivir o tener una oportunidad tendría que matarlo, era él o yo.

Nos levantamos lentamente, de nuevo él tenía el cuchillo, estuvo tanteando el terreno, sin saber que hacer, se llevó una mano al costado y en ese momento me lancé contra él, lo sujeté con fuerza de la mano para que soltara el cuchillo, de repente sentí un golpe en mi herida, me aparté deprisa.

Miguel me había golpeado con fuerza, me sentí ahogarme, Miguel aprovechó, se levantó y me clavó el cuchillo en el lateral izquierdo del cuello.

Di varios pasos atrás, sujetando el cuchillo, perdí mis fuerzas cayendo de rodillas, la sangre salía de mi boca sin parar, Miguel, horrorizado, cayó al suelo.

¡Lo siento!, ¡No quería hacerlo!

Miré su expresión de terror, extraje el cuchillo de mi cuello, la sangre salía sin parar, intenté con mi mano evitarlo, pero no podía, estaba muerto, iba a morir, caí al suelo mirando como Miguel temblaba por lo ocurrido, el hombre de vendas entró en la habitación, comenzó a decirle algo a Miguel, pero no entendía nada, todo estaba borroso, incluso el sonido lo escuchaba con un largo pitido, pero sí pude distinguir como se llevaba a Miguel con él, dejándome a mí solo, tirado en la habitación, cerrando mis ojos, dejé de sentir dolor, frío y miedo, por fin podría descansar.

¡¿Qué le pasó a tu ropa? ¿Te tiraste el batido por encima o qué? —mi madre miró el vaso de batido vacío y me miró extrañada de nuevo—. Llegamos tarde al dentista, cámbiate y tira esa ropa, está toda rota y sucia.

Abrí mis ojos, miré mi ropa, estaba manchada con sangre, y tenía un agujero, donde el hombre vendado me había apuñalado, me toqué y me dolía, pero no estaba herido, solo había un pequeño moratón, también me dolía el cuello. ¿Qué había pasado? ¿Por qué regrese a este momento? No..., no puede ser..., ahora entiendo por qué pasaron horas en lugar de minutos, ¿Viví el futuro? ¿Fue una visión? ¿Fue real?, me estaba volviendo loco...

Me duché pensando en ello, me cambié de ropa y nos montamos en el coche para ir al dentista.

Durante el trayecto podía ver como salían los chavales de la escuela, de vuelta a sus casas, todo, todo estaba ocurriendo exactamente como antes, no puede ser, si todo ocurre igual, moriré...

Llegamos al dentista, entramos, y ahí estaba Miguel, me acerqué donde estaba, no me quitaba la mirada de encima.

¿Tú eres Miguel?

¿Miguel? —la chica salió llamándolo.

Miguel me miraba sorprendido y asustado, se levantó y entró con la chica.

Me volví a sentar y esperé, miraba el suelo, pensando, si todo fue un sueño o una especie de premonición, quizás lo pueda cambiar, quizás pueda cambiar lo que ocurra.

Un ruido me devolvió a la realidad, alcé la mirada y ya no había nadie, me levanté y salí corriendo hacia Miguel, entré de golpe, ahí estaba, atado, me acerqué corriendo y corté la cuerda con un pequeño cuchillo que había en la mesa, Miguel asustado se despertó, con un dedo en mis labios indiqué que no hiciese ruido.

Los pasos de la chica con sus tacones se acercaban, sujeté a Miguel y lo llevé conmigo detrás de la puerta justo cuando se abrió, la chica entró y vio que Miguel ya no estaba, sujeté con fuerza el cuchillo y se lo clavé en la nuca, cogí a Miguel de la mano y salimos corriendo.

¿Ya? Qué rápido. —en ese momento choqué con mi madre, miré a mi alrededor, todo estaba normal, Miguel no estaba, la dentista estaba ateniendo ahora a una niña—. Bien, voy a pagar, tú puedes ir a recoger a tu amigo, ¿No habíais quedado?

¿Eh? Ah..., sí..., no tardaré... —dije desconcertado, como si todo hubiese sido un sueño.

Eso espero, recuerda que mañana ya vuelves a clase. —mi madre se alejó para pagar.

Lo sé... —mascullé.

Salí de la clínica y me dirigí al campo de entrenamiento de la escuela, en el camino me topé con Miguel.

Hola. —me miró a los ojos—. Te estaba buscando.

Ah, hola, ¿A mí? ¿Por qué? —pregunté desconcertado.

Por salvarme, tú me salvaste.

¿Qué? ¿De qué hablas? —observé a Miguel, su expresión era extraña.

Antes, entraste y desataste mis cuerdas, gracias. —dijo Miguel.

Me quedé atónito, no fue un sueño, fue real, pero ¿Cómo? No tiene ninguna lógica ni explicación.

No, no puede ser, lo de antes no fue real... —mi respiración se alteraba.

Sí, sí lo es, interviniste y cambiaste los acontecimientos.

¿A qué te refieres? —le miré intrigado.

¿Sabes lo de las desapariciones? —preguntó señalando un tablón cercano, en él había varios carteles de ''se busca''.

¿Los chicos desaparecidos? Sí, durante este verano desaparecieron dos chicos, nadie supo de ellos. —cuando terminé la frase, por un momento..., me estremecí.

Sí, en realidad no desaparecen, mueren. —Miguel fue contundente.

¿Cómo sabes tú eso?

Porque eran amigos míos, yo los vi morir, si mueres en esa realidad, desapareces en esta. —Miguel metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

Eso no tiene ningún sentido, yo morí y estoy aquí. —lo miré sonriendo, intentando aparentar normalidad y que me vacilaba.

Sí, moriste una vez, mis amigos murieron dos, la primera muerte es un aviso, algo, alguien, o lo que sea, no sabría explicarlo, te avisa, es como si quisiese mostrarte tu muerte antes de que ocurra para que la esquives o cambies el curso de los acontecimientos.

Aún estaba sorprendido por sus palabras, pero ahora todo tenía sentido, por eso me miraba serio en el dentista, él ya había vivido ese momento...

Por eso dijiste lo de ''esta vez no moriré...''

Sí, si me hubieses matado..., yo..., habría desaparecido. —en su mirada notaba el temor.

¿Y por qué estamos ambos vivos? —pregunté.

Estás vivo porque cambiaste el curso de los acontecimientos, no sé cómo lo hiciste.

Pues, evitando hacer lo mismo que la primera vez, tú has dicho que se puede cambiar...

No, eso no funciona, no se puede evitar vivir lo mismo ¿Crees que yo y mis amigos no lo intentamos?, esas visiones o sueños te muestran lo que ocurrirá, solo debes recordarlas para evitar el desenlace final, pero tú lo evitaste desde el principio.

¿Cómo sabes tanto? —lo miré extrañado.

Al principio mis amigos y yo no entendíamos lo que pasaba, pero al final comprobamos que a la segunda vez que mueras..., se acabó.

¡Álex! —una voz familiar me alertó y miré al otro lado, era Rubén.

Se acercó a nosotros y miró a Miguel intrigado.

Miguel, este es Rubén, mi hermano, Rubén, este es Miguel, un amigo, creo.

¿Nos conocemos? —mi hermano observaba curioso a Miguel.

No creo. —Miguel apartó la mirada a un lado—. Quizás de vista en la escuela, voy a la clase de al lado de tu amigo, el empollón.

¿Jacob? —preguntó mi hermano.

Sí, ese...

Álex, debo contarte algo, es importante, trata sobre la historia esa que no te creí, la del campamento... —Rubén se acercó intentando evitar que Miguel escuchase.

Es curioso, porque nosotros también. —dijo Miguel.

¿Nosotros? —mi hermano me miró con duda tras escuchar a Miguel.

Sí, tiene razón... —puse mis manos en los hombros de Miguel—. Vamos a recoger a Jacob y después directos a casa, hay mucho de lo que hablar...

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code:2309245396434

ISBN Code: 9789403630021

viernes, 21 de mayo de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 3 ''La bestia''

Capítulo 3 ''La bestia''



El sonido del timbre escolar indicaba que ya era el comienzo de las clases de ese día, era miércoles, comenzaba a refrescar y los alumnos entraban es sus respectivas aulas.

Jacob, un chico de estatura más bien baja, pelo castaño oscuro, piel blanca y unos ojos color miel en los que se posaban unas gafas de pasta de color negro miraba buscando a alguien, estaba en el pasillo, las clases iban a comenzar, y quería verlo antes de entrar a su aula, pero no lo encontraba, los alumnos comenzaron a entrar en sus clases y Jacob se terminó sentando en su silla.

Así pasaron las horas hasta la llegada del recreo, salió con su bocadillo y un batido, a lo lejos, cerca de la verja estaba la persona que buscaba, se acercó hasta él y se sentó a su lado, al lado de un chico rubio de ojos azulados, piel muy blanca y un poco más alto que él, ambos cursaban el mismo año en la escuela.

No te vi en clase. —pegó un bocado a su bocadillo, era de jamón, masticó y tragó esperando respuesta de su compañero—. ¿No dices nada?

Me entretuve un poco. —sacó su móvil y se puso a jugar—. ¿Hoy tienes día libre?

El chico del móvil era Rubén, mi hermanito, que, ignorando un poco a Jacob, se centraba en el juego.

No, hay entreno, de todas formas, había quedado con tu hermana Álex, se pasará a recogerme a la salida.

¿Con mi hermana? Tiene dentista... —dijo Rubén con desgano.

¡Por eso se pasará a recogerme a la salida!

Ah vale, perdona, lo entendí mal. —Rubén siguió jugando con el móvil.

¿Te ocurre algo? Estás como distante. —Jacob dejó a medias el bocadillo y lo lanzó a la papelera de al lado—. Sabes que puedes contarme lo que sea.

No tires la comida... —Rubén levantó la vista cuando vio lo que su amigo Jacob había hecho.

Usted perdone. —dijo Jacob con sorna, bebió un poco de batido e hizo amago de tirarlo.

¡No! —Rubén lo detuvo y se lo quitó de la mano—. ¡Al menos dámelo a mí!

Bueno, que aproveche, pero ahora, dime, ¿Qué te pasa? —insistió Jacob.

Nada... —Rubén tomó un sorbo y prosiguió—. Te lo contaré más adelante, pero no es el momento, ni el lugar...

¿Es porque tu hermana se siente chico? —preguntó Jacob.

¿Qué? No, nada que ver... —Rubén desvió la mirada, ya hablamos de eso y te lo dije muchas veces, acepto a mi hermana..., o hermano como es, y le apoyo si quiere ser chico.

La campana de la escuela volvió a sonar indicando el final del recreo, todos volvieron a clases.

El tiempo pasaba, tocaba ciencias, la asignatura favorita de Jacob, estaba atendiendo cuando vio pasar a Rubén haciendo señas para que saliese, lo hizo rápido, la puerta estaba abierta y pudo ver perfectamente que era él. Nadie más en clase se dio cuenta, se levantó y pidió ir al baño.

Salió de la clase y miró hacia donde Rubén había ido, estaba al fondo, le indicó que le siguiera, se puso en marcha y lo comenzó a seguir hasta el baño, entró mirado a los lados, pero no encontraba a su amigo.

¿Rubén? Sal, no tiene gracia, me estoy perdiendo la clase de ciencias...

En ese momento escuchó como tiraban de la cadena dentro de uno de los cubículos ubicados en los laterales del baño, se acercó y abrió la puerta, pero no había nadie.

¡Ya basta, tío! ¡Sal! —Jacob comenzaba a ponerse nervioso.

De repente las luces se apagaron, no se veía nada, Jacob, asustado, se puso a buscar la llave de la luz o la salida, lo que antes encontrara, con sus manos encontró lo que parecía una puerta y empujó.

¡¿Dónde leches estoy?! —Jacob, sorprendido, avanzó despacio por una estancia desconocida, la zona era vieja, parecía una especie de sótano, en el suelo había cadenas tiradas, viejas, por los alrededores las plantas habían crecido con los años, parecía que estaba en una zona abandonada durante largo tiempo.

¿Esto está en la escuela? —se giró para volver por donde vino, pero ya no había puerta, sino una pared de ladrillo—. ¿Qué? ¿Dónde está la puerta? ¿Qué está pasando? Debo salir de aquí como sea...

Unos quejidos llamaron su atención, girando con temor, guio su mirada hasta la zona de las cadenas, había tres chicos de su edad atados, amordazados y con los ojos tapados, dos de ellos tenían el uniforme de la escuela, al tercero no lo conocía.

Un momento, estos chicos antes no estaban aquí... —Jacob bajó las escaleras del sótano e intentó desatar a uno de ellos, entonces recibió un golpe seco en la nuca haciéndole perder el conocimiento...

Mientras tanto, en la escuela, Rubén se acercaba a la portería y de un tiro marcó gol, sus compañeros lo celebraban con él, estaba en clase de gimnasia y tocaba fútbol, deporte que le encantaba, en medio de la celebración vio a Jacob lejos de la pista, sonreía y le hacía señas para que se acercara.

Rubén en un descuido del profesor se alejó de sus compañeros y se adentró en la escuela, conforme se acercaba escuchó a dos profesores hablando, se apoyó en una esquina sin ser visto y se dispuso a espiar que decían.

Sí, estoy segura de que es de Jacob, me pidió ir al baño y no volvió, se ha escaqueado.

De acuerdo, déjemela a mí, llamaré a sus padres. —el director sujetó la mochila de Jacob y se la llevó con él.

Ambos se marcharon en caminos opuestos, estuvieron hablando de Jacob, además la mochila que llevaba el director era suya sin duda. Dijeron que fue a los baños, así que empezaría a buscar ahí.

Rubén con cuidado de no ser visto se dirigió a los baños, entró, pero no había nadie.

Comenzó a mirar en todos los cubículos hasta que en uno de ellos encontró un carnet, se agachó a recogerlo para ver a quién pertenecía, era de Jacob, el carnet de la biblioteca, incluso salía su foto, estuvo ahí, pero ya no estaba, escuchó pasos fuera y la puerta abrirse, en un acto reflejo se metió en el cubículo y cerró despacio.

Los pasos se acercaban más, se detuvieron y escuchó como el grifo del agua comenzó a sonar, fuese quien fuese no podía salir, si era un profesor lo echaría, pero si era uno de los matones del colegio le iría peor, el agua cesó y los pasos se dirigieron a la salida, se abrió la puerta y se cerró.

Rubén esperó un poco y se asomó, no había nadie, salió del cubículo y se dirigió a la puerta del baño para salir, intentó abrir la puerta, pero no se abría, estaba cerrada, de repente escuchó unos gemidos. Se dio media vuelta, miró detrás y quedó en silencio, esperando..., volvió a escuchar los gemidos, provenían de uno de los cubículos, se acercó lentamente hasta llegar al último, abrió la puerta y los gemidos volvieron a escucharse, se acercó a la pared del cubículo, detrás del retrete, puso la oreja y escuchó los gemidos de nuevo, eran como unos quejidos ahogados, quizás alguien necesitaba ayuda, quizás era Jacob...

Sin querer, el apoyo de sus manos contra la pared hizo que ésta cediera y se abriese hacia dentro, Rubén empujó más y terminó abriéndola hasta la mitad, pero no cedía más, se adentró, estaba un poco oscuro, pero podía verse los rayos de luz de forma tenue del sol entrar por unas pequeñas rendijas de la pared, bajó las escaleras despacio hasta llegar a una especie de sótano.

Dentro había cuatro chicos, estaban atados, amordazados y con los ojos vendados, estaban boca abajo, se fijó bien en los chicos, dos de ellos eran de su escuela, a otro no lo conocía y el último era Jacob, aunque estaban de espaldas pudo distinguirlos bien, todos se movían intentando liberarse, excepto Jacob, que parecía no moverse, ¿Estaría muerto? ¿Dormido? ¿Fingiendo? El caso es que Rubén no pudo contenerse y salió en su ayuda.

Hizo amago de acercarse para ayudarle, pero se detuvo de inmediato, acababa de ver a alguien, o más bien a algo acercarse a Jacob, una especie de animal, tenía aspecto de lobo semi—humano, se quedó quieto esperando no ser visto por dicho animal, al parecer Rubén estaba cerca de la esquina de las escaleras, donde solo había oscuridad, esperó quieto pensando que hacer.

Mientras observaba como el animal se acercaba a Jacob, le observó, quizás para ver si estaba vivo o durmiendo, debía hacer algo, pero las garras y dientes de ese animal eran demasiado intimidantes, tenía miedo, miró bien la habitación y pudo distinguir una palanca en una mesa, estaba cerca de él, al lado de la palanca se encontraban las gafas de pasta de su amigo, comenzó a moverse lentamente.

Rubén sujetó con fuerza la palanca, podía hacer dos cosas, acercarse a esa mala bestia y atacarla para salvar a sus compañeros, o salir lentamente del sótano y pedir ayuda. Debía pensar bien que hacer, si Rubén se acercaba podría ser visto más fácilmente, ya que saldría de las sombras. Pero si se marchaba a por ayuda, ¿Quién le garantizaba que no fuese tarde? Quizás la bestia matara a los chicos, o cuando llegasen no habría nadie.

No sabía cómo actuar, estaba por primera vez en su vida sin poder moverse, cualquier movimiento en falso sería su perdición. Durante sus pensamientos observó bien la habitación, había cadenas y mordazas sueltas, ¿Quizás para chicos nuevos? ¿O de chicos que ya estuvieron allí? ¿Por qué está esto en la escuela?

Estaba absorto en sus pensamientos y cuando quiso darse cuenta la bestia no estaba, el animal había desaparecido, el temor se apoderó de su cuerpo, miró a todos lados, pero no lo veía, ¿Quizás se marchó? ¿Pero por dónde?

Esperó un rato más, los gemidos de los cuatro chicos comenzaron a sonar de nuevo, alguno comenzaba a despertarse, Rubén comenzó a salir de la sombra, con la palanca bien agarrada se acercó a Jacob, lo intentó desatar, pero ambas cadenas de las muñecas tenían un candado, era imposible, iba a quitarle la venda y la mordaza, pero era tarde, alguien se acercó a Rubén lentamente, Rubén apretó la palanca con fuerza para defenderse, quiso darse la vuelta, pero un golpe seco en la cabeza le hizo caer redondo al suelo.

Unos leves quejidos se escuchaban de fondo, Jacob abrió lentamente los ojos y pudo ver que ya no estaba amordazado, ni vendado, ni atado. Aunque sin gafas le costaba un poco ver de lejos, distinguió que a su lado estaba Rubén, en su misma situación, pero él estaba vendado, amordazado y atado como el resto de los chicos, entonces pudo verlo, pudo ver la bestia.

Era una especie de lobo con forma humana, pero se notaba que era más un animal, estaba tumbada en el fondo de la habitación, parecía dormir.

Jacob esperó un rato, el silencio en la habitación era roto por los quejidos de los chicos que estaban atados en la misma, quejas, gemidos, cadenas moverse, era un sitio aterrador y perturbador, Jacob era el único que estaba sin cadenas, ¿Pero por qué? ¿Quién se las quitó? ¿Y por qué?

El miedo invadió su cuerpo, sabía que debía moverse y salir de allí cuanto antes, antes de que fuese demasiado tarde, era ahora o nunca.

De tanto esperar acabo durmiéndose, de cansancio, cuando despertó, el sol pegaba con menos fuerza, miró por todas partes, la bestia no estaba, se incorporó lentamente y se alejó gateando como si de un felino se tratase, por el camino quiso ayudar a Rubén, sujetó lentamente las cadenas y las manos de su amigo, que tenía cada cadena sujetada a una muñeca, y cada una tenía un candado.

Intentó abrirlas, pero el ruido que éstas hacían con cada movimiento le hacía temblar más, podría ser descubierto si seguía así, así que siguió gateando despacio hacia las escaleras que llevaban a la salida, una vez llegó comenzó a subirlas lentamente hasta llegar arriba, empujó y logró salir del sótano, se puso de pie y salió corriendo del baño.

Entonces chocó con la profesora de ciencias, Jacob, asustado, intentó huir, pero la profesora lo sujetó con sus largas manos.

¿Dónde vas jovencito? No puedes tardar tanto tiempo en el baño, es la última vez que te dejo ir.

Profesora, mi amigo, mis compañeros, están...

Nada, volvamos a clase. —la profesora le cortó enseguida.

¡¡No!! ¡Están en peligro! —Jacob insistía.

¿De qué hablas Jacob? —la profesora empezó a escuchar a Jacob.

Por favor, están secuestrados abajo, ¡Por aquí! —Jacob guio a la profesora hasta el cubículo de los baños, lo abrió para enseñarle la puerta, pero había un alumno dentro.

¡Oye un respeto! —dijo el chico desconocido, que permanecía sentado, intentó cerrar su puerta.

¿Qué haces tú aquí? Esto estaba vacío...

La profesora sujetó a Jacob y lo llevó hasta el pasillo.

Mira jovencito, que seas mi mejor alumno no te va a salvar de este tipo de bromas, ¡Al despacho del director!

¡Pero maestra!...

Ni pero ni pera, ¡Al despacho! —la mano de la profesora indicaba el camino que Jacob debía recorrer hasta el despacho del director—. ¡No lo diré más!

Jacob enfadado tomó el camino hacia el despacho del director, durante el trayecto pensó que podría hacer para salvar a sus compañeros, ¡Rubén aún estaba allí! ¡Con esa bestia!

Se detuvo un momento y se fijó en su ropa, estaba limpia y nueva, ¿Cómo es posible? Salió corriendo hacia la clase de Rubén, llamó a la puerta y se asomó buscándolo.