Capítulo 3 ''La bestia''
El sonido del timbre escolar indicaba que ya era el comienzo de las clases de ese día, era miércoles, comenzaba a refrescar y los alumnos entraban es sus respectivas aulas.
Jacob, un chico de estatura más bien baja, pelo castaño oscuro, piel blanca y unos ojos color miel en los que se posaban unas gafas de pasta de color negro miraba buscando a alguien, estaba en el pasillo, las clases iban a comenzar, y quería verlo antes de entrar a su aula, pero no lo encontraba, los alumnos comenzaron a entrar en sus clases y Jacob se terminó sentando en su silla.
Así pasaron las horas hasta la llegada del recreo, salió con su bocadillo y un batido, a lo lejos, cerca de la verja estaba la persona que buscaba, se acercó hasta él y se sentó a su lado, al lado de un chico rubio de ojos azulados, piel muy blanca y un poco más alto que él, ambos cursaban el mismo año en la escuela.
—No te vi en clase. —pegó un bocado a su bocadillo, era de jamón, masticó y tragó esperando respuesta de su compañero—. ¿No dices nada?
—Me entretuve un poco. —sacó su móvil y se puso a jugar—. ¿Hoy tienes día libre?
El chico del móvil era Rubén, mi hermanito, que, ignorando un poco a Jacob, se centraba en el juego.
—No, hay entreno, de todas formas, había quedado con tu hermana Álex, se pasará a recogerme a la salida.
—¿Con mi hermana? Tiene dentista... —dijo Rubén con desgano.
—¡Por eso se pasará a recogerme a la salida!
—Ah vale, perdona, lo entendí mal. —Rubén siguió jugando con el móvil.
—¿Te ocurre algo? Estás como distante. —Jacob dejó a medias el bocadillo y lo lanzó a la papelera de al lado—. Sabes que puedes contarme lo que sea.
—No tires la comida... —Rubén levantó la vista cuando vio lo que su amigo Jacob había hecho.
—Usted perdone. —dijo Jacob con sorna, bebió un poco de batido e hizo amago de tirarlo.
—¡No! —Rubén lo detuvo y se lo quitó de la mano—. ¡Al menos dámelo a mí!
—Bueno, que aproveche, pero ahora, dime, ¿Qué te pasa? —insistió Jacob.
—Nada... —Rubén tomó un sorbo y prosiguió—. Te lo contaré más adelante, pero no es el momento, ni el lugar...
—¿Es porque tu hermana se siente chico? —preguntó Jacob.
—¿Qué? No, nada que ver... —Rubén desvió la mirada, ya hablamos de eso y te lo dije muchas veces, acepto a mi hermana..., o hermano como es, y le apoyo si quiere ser chico.
La campana de la escuela volvió a sonar indicando el final del recreo, todos volvieron a clases.
El tiempo pasaba, tocaba ciencias, la asignatura favorita de Jacob, estaba atendiendo cuando vio pasar a Rubén haciendo señas para que saliese, lo hizo rápido, la puerta estaba abierta y pudo ver perfectamente que era él. Nadie más en clase se dio cuenta, se levantó y pidió ir al baño.
Salió de la clase y miró hacia donde Rubén había ido, estaba al fondo, le indicó que le siguiera, se puso en marcha y lo comenzó a seguir hasta el baño, entró mirado a los lados, pero no encontraba a su amigo.
—¿Rubén? Sal, no tiene gracia, me estoy perdiendo la clase de ciencias...
En ese momento escuchó como tiraban de la cadena dentro de uno de los cubículos ubicados en los laterales del baño, se acercó y abrió la puerta, pero no había nadie.
—¡Ya basta, tío! ¡Sal! —Jacob comenzaba a ponerse nervioso.
De repente las luces se apagaron, no se veía nada, Jacob, asustado, se puso a buscar la llave de la luz o la salida, lo que antes encontrara, con sus manos encontró lo que parecía una puerta y empujó.
—¡¿Dónde leches estoy?! —Jacob, sorprendido, avanzó despacio por una estancia desconocida, la zona era vieja, parecía una especie de sótano, en el suelo había cadenas tiradas, viejas, por los alrededores las plantas habían crecido con los años, parecía que estaba en una zona abandonada durante largo tiempo.
—¿Esto está en la escuela? —se giró para volver por donde vino, pero ya no había puerta, sino una pared de ladrillo—. ¿Qué? ¿Dónde está la puerta? ¿Qué está pasando? Debo salir de aquí como sea...
Unos quejidos llamaron su atención, girando con temor, guio su mirada hasta la zona de las cadenas, había tres chicos de su edad atados, amordazados y con los ojos tapados, dos de ellos tenían el uniforme de la escuela, al tercero no lo conocía.
—Un momento, estos chicos antes no estaban aquí... —Jacob bajó las escaleras del sótano e intentó desatar a uno de ellos, entonces recibió un golpe seco en la nuca haciéndole perder el conocimiento...
Mientras tanto, en la escuela, Rubén se acercaba a la portería y de un tiro marcó gol, sus compañeros lo celebraban con él, estaba en clase de gimnasia y tocaba fútbol, deporte que le encantaba, en medio de la celebración vio a Jacob lejos de la pista, sonreía y le hacía señas para que se acercara.
Rubén en un descuido del profesor se alejó de sus compañeros y se adentró en la escuela, conforme se acercaba escuchó a dos profesores hablando, se apoyó en una esquina sin ser visto y se dispuso a espiar que decían.
—Sí, estoy segura de que es de Jacob, me pidió ir al baño y no volvió, se ha escaqueado.
—De acuerdo, déjemela a mí, llamaré a sus padres. —el director sujetó la mochila de Jacob y se la llevó con él.
Ambos se marcharon en caminos opuestos, estuvieron hablando de Jacob, además la mochila que llevaba el director era suya sin duda. Dijeron que fue a los baños, así que empezaría a buscar ahí.
Rubén con cuidado de no ser visto se dirigió a los baños, entró, pero no había nadie.
Comenzó a mirar en todos los cubículos hasta que en uno de ellos encontró un carnet, se agachó a recogerlo para ver a quién pertenecía, era de Jacob, el carnet de la biblioteca, incluso salía su foto, estuvo ahí, pero ya no estaba, escuchó pasos fuera y la puerta abrirse, en un acto reflejo se metió en el cubículo y cerró despacio.
Los pasos se acercaban más, se detuvieron y escuchó como el grifo del agua comenzó a sonar, fuese quien fuese no podía salir, si era un profesor lo echaría, pero si era uno de los matones del colegio le iría peor, el agua cesó y los pasos se dirigieron a la salida, se abrió la puerta y se cerró.
Rubén esperó un poco y se asomó, no había nadie, salió del cubículo y se dirigió a la puerta del baño para salir, intentó abrir la puerta, pero no se abría, estaba cerrada, de repente escuchó unos gemidos. Se dio media vuelta, miró detrás y quedó en silencio, esperando..., volvió a escuchar los gemidos, provenían de uno de los cubículos, se acercó lentamente hasta llegar al último, abrió la puerta y los gemidos volvieron a escucharse, se acercó a la pared del cubículo, detrás del retrete, puso la oreja y escuchó los gemidos de nuevo, eran como unos quejidos ahogados, quizás alguien necesitaba ayuda, quizás era Jacob...
Sin querer, el apoyo de sus manos contra la pared hizo que ésta cediera y se abriese hacia dentro, Rubén empujó más y terminó abriéndola hasta la mitad, pero no cedía más, se adentró, estaba un poco oscuro, pero podía verse los rayos de luz de forma tenue del sol entrar por unas pequeñas rendijas de la pared, bajó las escaleras despacio hasta llegar a una especie de sótano.
Dentro había cuatro chicos, estaban atados, amordazados y con los ojos vendados, estaban boca abajo, se fijó bien en los chicos, dos de ellos eran de su escuela, a otro no lo conocía y el último era Jacob, aunque estaban de espaldas pudo distinguirlos bien, todos se movían intentando liberarse, excepto Jacob, que parecía no moverse, ¿Estaría muerto? ¿Dormido? ¿Fingiendo? El caso es que Rubén no pudo contenerse y salió en su ayuda.
Hizo amago de acercarse para ayudarle, pero se detuvo de inmediato, acababa de ver a alguien, o más bien a algo acercarse a Jacob, una especie de animal, tenía aspecto de lobo semi—humano, se quedó quieto esperando no ser visto por dicho animal, al parecer Rubén estaba cerca de la esquina de las escaleras, donde solo había oscuridad, esperó quieto pensando que hacer.
Mientras observaba como el animal se acercaba a Jacob, le observó, quizás para ver si estaba vivo o durmiendo, debía hacer algo, pero las garras y dientes de ese animal eran demasiado intimidantes, tenía miedo, miró bien la habitación y pudo distinguir una palanca en una mesa, estaba cerca de él, al lado de la palanca se encontraban las gafas de pasta de su amigo, comenzó a moverse lentamente.
Rubén sujetó con fuerza la palanca, podía hacer dos cosas, acercarse a esa mala bestia y atacarla para salvar a sus compañeros, o salir lentamente del sótano y pedir ayuda. Debía pensar bien que hacer, si Rubén se acercaba podría ser visto más fácilmente, ya que saldría de las sombras. Pero si se marchaba a por ayuda, ¿Quién le garantizaba que no fuese tarde? Quizás la bestia matara a los chicos, o cuando llegasen no habría nadie.
No sabía cómo actuar, estaba por primera vez en su vida sin poder moverse, cualquier movimiento en falso sería su perdición. Durante sus pensamientos observó bien la habitación, había cadenas y mordazas sueltas, ¿Quizás para chicos nuevos? ¿O de chicos que ya estuvieron allí? ¿Por qué está esto en la escuela?
Estaba absorto en sus pensamientos y cuando quiso darse cuenta la bestia no estaba, el animal había desaparecido, el temor se apoderó de su cuerpo, miró a todos lados, pero no lo veía, ¿Quizás se marchó? ¿Pero por dónde?
Esperó un rato más, los gemidos de los cuatro chicos comenzaron a sonar de nuevo, alguno comenzaba a despertarse, Rubén comenzó a salir de la sombra, con la palanca bien agarrada se acercó a Jacob, lo intentó desatar, pero ambas cadenas de las muñecas tenían un candado, era imposible, iba a quitarle la venda y la mordaza, pero era tarde, alguien se acercó a Rubén lentamente, Rubén apretó la palanca con fuerza para defenderse, quiso darse la vuelta, pero un golpe seco en la cabeza le hizo caer redondo al suelo.
Unos leves quejidos se escuchaban de fondo, Jacob abrió lentamente los ojos y pudo ver que ya no estaba amordazado, ni vendado, ni atado. Aunque sin gafas le costaba un poco ver de lejos, distinguió que a su lado estaba Rubén, en su misma situación, pero él estaba vendado, amordazado y atado como el resto de los chicos, entonces pudo verlo, pudo ver la bestia.
Era una especie de lobo con forma humana, pero se notaba que era más un animal, estaba tumbada en el fondo de la habitación, parecía dormir.
Jacob esperó un rato, el silencio en la habitación era roto por los quejidos de los chicos que estaban atados en la misma, quejas, gemidos, cadenas moverse, era un sitio aterrador y perturbador, Jacob era el único que estaba sin cadenas, ¿Pero por qué? ¿Quién se las quitó? ¿Y por qué?
El miedo invadió su cuerpo, sabía que debía moverse y salir de allí cuanto antes, antes de que fuese demasiado tarde, era ahora o nunca.
De tanto esperar acabo durmiéndose, de cansancio, cuando despertó, el sol pegaba con menos fuerza, miró por todas partes, la bestia no estaba, se incorporó lentamente y se alejó gateando como si de un felino se tratase, por el camino quiso ayudar a Rubén, sujetó lentamente las cadenas y las manos de su amigo, que tenía cada cadena sujetada a una muñeca, y cada una tenía un candado.
Intentó abrirlas, pero el ruido que éstas hacían con cada movimiento le hacía temblar más, podría ser descubierto si seguía así, así que siguió gateando despacio hacia las escaleras que llevaban a la salida, una vez llegó comenzó a subirlas lentamente hasta llegar arriba, empujó y logró salir del sótano, se puso de pie y salió corriendo del baño.
Entonces chocó con la profesora de ciencias, Jacob, asustado, intentó huir, pero la profesora lo sujetó con sus largas manos.
—¿Dónde vas jovencito? No puedes tardar tanto tiempo en el baño, es la última vez que te dejo ir.
—Profesora, mi amigo, mis compañeros, están...
—Nada, volvamos a clase. —la profesora le cortó enseguida.
—¡¡No!! ¡Están en peligro! —Jacob insistía.
—¿De qué hablas Jacob? —la profesora empezó a escuchar a Jacob.
—Por favor, están secuestrados abajo, ¡Por aquí! —Jacob guio a la profesora hasta el cubículo de los baños, lo abrió para enseñarle la puerta, pero había un alumno dentro.
—¡Oye un respeto! —dijo el chico desconocido, que permanecía sentado, intentó cerrar su puerta.
—¿Qué haces tú aquí? Esto estaba vacío...
La profesora sujetó a Jacob y lo llevó hasta el pasillo.
—Mira jovencito, que seas mi mejor alumno no te va a salvar de este tipo de bromas, ¡Al despacho del director!
—¡Pero maestra!...
—Ni pero ni pera, ¡Al despacho! —la mano de la profesora indicaba el camino que Jacob debía recorrer hasta el despacho del director—. ¡No lo diré más!
Jacob enfadado tomó el camino hacia el despacho del director, durante el trayecto pensó que podría hacer para salvar a sus compañeros, ¡Rubén aún estaba allí! ¡Con esa bestia!
Se detuvo un momento y se fijó en su ropa, estaba limpia y nueva, ¿Cómo es posible? Salió corriendo hacia la clase de Rubén, llamó a la puerta y se asomó buscándolo.
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