domingo, 12 de enero de 2025

El susurro del muñeco - Capítulo 1 ''El muñeco''

Capítulo 1 ''El muñeco''


El timbre del instituto suena con ese chirrido metálico que no anuncia libertad, sino una nueva condena para los chavales, les toca pasar más de 5 horas en la mañana de clases interminables con media hora de recreo.

Tomi, nuestro chico protagonista, un chico de piel muy blanca, ojos color avellana y cabello castaño oscuro, liso, camina con la cabeza baja y ajusta la correa de su mochila conforme camina, el pasillo se convierte en un río de adolescentes que empujan, gritan, se ríen y corren.

Como animales de manada, buscan presas fáciles para entretenerse y así hinchar sus egos como si de un globo se tratase.

Y él... él es el cervatillo cojo en mitad del bosque, Tomi, de débil carácter y algo cobarde, intenta no mirar a ningún chico, prefiere caminar intentando pasar desapercibido.

¿Qué pasa, Tomi? ¿Te dejaste el biberón en casa? —le dice Borja, el de siempre, con esa sonrisa torcida que no conoce el descanso, Borja, un chico alto, algo musculoso, cabello negro ondulado y ojos marrones.

Borja es el chico que lleva haciéndole bullying desde que entró al primer año de secundaria, él y su grupo de amigos le hacen la vida imposible, le han hecho la zancadilla, le han tirado los libros, le han escupido, tirado bolas de papel, pero sobretodo, lo que más le duele, es cuando le agreden psicológicamente, esas heridas tardan en sanar más que las físicas.

Si te has dejado el biberón, yo puedo darte mi biberón. —dice Kike, la mano derecha de Borja, más bajito que Tomi, pero de tez más oscura y cabello negro como el carbón, su mandíbula afilada daba miedo.

Antes de que Tomi pueda responder, que tampoco es que lo haga a menudo, siente un golpe en la espalda, seco, directo, tropieza contra las taquillas, las carcajadas estallan de manera burlona contra él.

¡Cuidado, que goteas aceite, mariquita! ¡Pareces retrasado! —dice Borja con una carcajada tras empujarlo.

Kike y los demás ríen, no son personas, son ecos malignos.

Y él, como siempre, no dice nada, solo baja la mirada, aprieta los dientes y camina, tragándose la humillación como puede, sabe que es un cobarde.

Tras el largo día de clase, decide no volver a casa, ¿para qué? No quiere ver la cara del maltratador de su padre, camina solo por las calles del barrio, solo, como siempre, sin amigos.

Las zapatillas, rotas, denotando que es clase baja y la capucha puesta aunque no llueva, no quiere que nadie le reconozca.

Pasan las horas, la ciudad se tiñe de naranja bajo las farolas, una luz enferma, como si el mundo estuviera bajo una lámpara de calor que no consuela.

Se desvía dando vueltas, no quiere llegar a casa aún, no quiere oír a su madre llorar en la cocina, ni a su padre maldecir desde el sofá mientras ve la televisión y vocifera el haber tenido un hijo inútil.

Se pierde por callejones que huelen a humedad y a basura, como si pudiese desaparecer, y entonces la ve.

Una tienda que no había visto nunca, un escaparate sucio, con objetos extraños tras el cristal empañado, velas negras, frascos con líquidos oscuros, libros sin títulos.

Y en el centro, como si lo esperara, un muñeco de ventrílocuo.

Es grotesco, tiene el tamaño de un niño de cinco años, vestido con un traje negro y una pajarita torcida, roja.

Su cara es de madera, tallada con torpeza, los ojos de cristal son enormes, demasiado brillantes.

La sonrisa, inmóvil, lo atraviesa de oreja a oreja como una cicatriz.

Tomi siente un escalofrío, da un paso hacia atrás, pero entonces, algo lo empuja, no físicamente, sino desde dentro y cruza la puerta.

Una vez dentro se da cuenta, la tienda es más grande de lo que parece, el aire está cargado de incienso barato y madera podrida.

Hay estanterías por todas partes, cubiertas de polvo, relojes detenidos, amuletos que parecen susurrar cosas que el oído no alcanza a entender.

Pero Tomi solo ve una cosa, el muñeco.

Está en un estante bajo dando al escaparate, como si alguien lo hubiese dejado al alcance de sus ojos, ya no parece burlarse.

O tal vez sí, hay algo en su sonrisa que cambia según lo mires, como si supiese algo.

¿Puedo ayudarte? —dice una voz ronca, femenina, desde el fondo.

Una anciana emerge de entre las sombras, tiene el cabello blanco como la ceniza, y ojos grises, opacos, como niebla vieja, parece la anciana de Coco, la película de Disney, una de las favoritas de Tomi.

Tomi señala el muñeco.

Eso... ¿Cuánto cuesta?

La mujer lo observa largo rato, como si midiera algo invisible entre ambos.

No tiene precio, lo siento —responde—. No insistas.

Pero..., ¿entonces por qué está ahí? —pregunta Tomi inquieto.

A veces le gusta exhibirse para que insensatos como tú lo quieran.

Lo que decía la anciana no tenía ningún tipo de sentido, Tomi miraba el muñeco, lo quería, sacó varias monedas y las puso en el mostrador, también sacó de su bolsillo su objeto más preciado, un reloj de bolsillo que su abuela antes de fallecer le regaló.

La anciana negaba con la cabeza, pero al ver el reloj de oro, lo cogió y volvió a mirar al muñeco.

¿Tanto lo deseas? —la anciana alzó de nuevo la vista hacia Tomi— De acuerdo, llévatelo, total, se ha encaprichado contigo, lo noto en sus ojos.

Tomi no pregunta más y ansioso toma el muñeco en brazos, y aunque es de madera, no pesa, es como si flotara.

¿Cómo se llama? —pregunta Tomi, mientras gira hacia la puerta.

Eso lo decides tú —responde la anciana—. Pero ten cuidado con lo que le dices, las palabras tienen vida propia.

Esa noche, Tomi se encierra en su habitación, su madre ni lo mira al pasar, su padre ni nota que está en casa, coloca al muñeco sobre su escritorio, bajo la débil luz de su lámpara.

Me llamo Tomi, ¿y tú?

El muñeco, inerte, le mira, como si analizara a nuestro protagonista, el cual esperaba una respuesta.

Eres poco hablador, te entiendo, yo tampoco hablo mucho.

En ese momento un estallido en la calle, dos coches se han chocado, Tomi se levanta de la cama, en la cual estaba sentado, se asoma y ve el accidente, en ese momento gira y ve al muñeco, parece haberse movido, no, es imposible.

Tomi le mira, vuelve a mirar el accidente.

Te voy a llamar Shou —dice sonriendo.

El muñeco no responde, claro, pero algo, en el fondo de su estómago, se revuelve, no sabe por qué lo ha traído y no sabe qué quiere de él.

Solo sabe una cosa, por primera vez en mucho tiempo, alguien parece estar escuchándolo.

Y mientras se apaga la luz y cae en un sueño inquieto, los ojos de Shou observan a Tomi, tumbado en la cama, parece dormirse, una lágrima cae por su mejilla, el muñeco sigue mirando.

(Continuará...)

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Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2505141741075

ISBN Code: 9789403794938 

martes, 25 de octubre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 18 ''El Reino de las Sombras (Final)

Capítulo 18 - El Reino de las Sombras (Final)



Tras varios minutos corriendo, al fin llegué a la casa de Óscar, sí, necesitaba verlo, al menos, para saber que estaba bien, no creo que matar a su padre le ayudase.



Aunque, el saber que su padre era un despojo humano quizás lo ayudaba, o quizás no, quizás lo empeoraba, en cualquier caso, no podía decirle que yo maté a su padre, me odiaría.



Me acerqué a su casa y me asomé por la ventana, no, no había nadie, salté con gran impulso a su tejado, no sin antes mirar a mi alrededor, debía tener cuidado, no era normal que un chico pudiese volar o dar saltos así.



Me acerqué a una ventana y ahí lo vi, Óscar estaba tumbado en lo que parecía su cama, mirando el techo, no parecía muy feliz, suspiré y con los nudillos de mi mano toqué varias veces el cristal de su ventana, se giró y me vio.



Pude ver su sonrisa al verme, y su cara de sorpresa, realmente Óscar era muy guapo, sus facciones eran finas y delicadas, pero a la vez mostraba a un chico varonil.



Al levantarse de la cama su pelo rizado se movió a un lado, era dorado, casi tanto o más que el oro, su cara pecosa le daba un aspecto rebelde, al acercarse y abrir la ventana pude ver con mayor claridad sus ojos azules claros.



¡¡Pan!! —gritó Óscar, que, para mi sorpresa, se abalanzó hacia mí y me abrazó con fuerza, sentía su respiración en mi cuello—. Creí que ya nunca más volvería a verte.



Lo siento, quería venir antes, pero no pude...



No pasa nada, pero..., ¿Por qué te fuiste? Quiero decir, te marchaste sin decirme nada, ni si quiera despedirte...



¿Qué? ¿Quién te dijo eso? —pregunté confuso, Óscar me hizo entrar en su cuarto y nos sentamos en su cama.



Mi padre... —dijo cabizbajo—. Aunque, él ya no está, un canalla lo mató..., él..., él era un buen hombre...



Lo siento. —empezaba a sentirme mal.



Los ojos de Óscar comenzaban a lagrimear.



Es que..., no es justo, él siempre fue bueno con todos, y ahora estoy solo, no sé qué hacer...



¿Y tu madre? —pregunté.



Tsk..., ella está más pendiente de la herencia que de mí, ella siempre estaba más pendiente de sus amigas o su estatus social que de lo que yo sintiese, mi padre era todo para mí, y un canalla asesino me lo arrebató...



Me quedé en silencio, sus palabras, dolorosas a la vez que punzantes, me empezaban a causar mucha culpabilidad.



Lo..., lo siento mucho...



No fue tu culpa, tranquilo. —tras sus palabras, me levanté, o me marchaba de allí o le soltaba la verdad, que yo maté a su padre por ser un asqueroso que estaba compinchado con James y Alexander, sacando dinero a costa de pobres niños indefensos, puto dinero...



Caminé hacia la ventana y respiré hondo.



Me marcho, no sé si vuelva. —dije.



¿Qué? No, quédate aquí, mi madre no se opondrá, a ella le vendrá bien que tenga alguien con quien no estar solo.



¿Qué? —su propuesta me sorprendió, no me la esperaba, pero, aunque por dentro quería aceptarla, ya había dado mi palabra a Jake, se lo debía—. No..., no puedo, tengo que irme y solucionar algo.



¿El qué? —preguntó poniéndose delante de la ventana, impidiendo mi marcha.



Cosas, cosas pendientes, debo ayudar a unos amigos.



Iré contigo.



¿Qué? No puedes...



¿Por qué no? —preguntó inflando las mejillas, sus ojos tenían unas ojeras rosadas de haber llorado mucho.



Suspiré y apreté la mandíbula.



Es peligroso, créeme, podríamos morir.



Me da igual, sin mi padre, ya me da igual todo, iré contigo y punto, o ¿A caso estorbo? —me miró con ojos lagrimosos.



¡Claro que no! Es solo que no quiero ponerte en peligro...



Ya soy mayorcito, puedo tomar mis propias decisiones, ¿Sabes?



Está bien, si no hay más remedio... —dije cabizbajo.



Realmente no quería poner en peligro a Óscar, pero no iba a dejarlo aquí solo, más sabiendo que fue por mi culpa que perdiese a su padre.



Óscar recogió una mochila y metió varias cosas, comida, ropa limpia y demás, tras esto, salimos de su casa camino a la cabaña de Jake, el camino fue largo y pude ponerle al día, que había un reino muy lejano que necesitaba nuestra ayuda, que los monstruos existían, etc.



Claro que, aunque fingía creerme, yo sabía que en algún aspecto era escéptico, pero no le culpaba por ello, aún no me creía del todo yo el tema del reino y demás...



Ya estábamos llegando cuando alguien me llamó.



¿Pan? —la voz, de chica, me resultaba muy familiar.



Me giré y la vi, era Lily, llevaba un cesto de lo que parecía ropa sucia.



¿Lily? ¿Qué haces aquí? —pregunté mientras ella dejaba el cesto en el suelo y me abrazaba.



Óscar solo observaba en silencio, tras el abrazo, me miró sonriendo.



Me alegro de verte de nuevo, supe lo que pasó y...., ver que estás bien me hace feliz. —Lily miró a Óscar curiosa y después observó nuestras mochilas—. ¿A dónde vais?



Me llamo Óscar, eres muy guapa... —dijo Óscar sonrojado, Lily sonrió y ambos se quedaron mirándose.



¡Óscar! —me quejé.



Noto algo de celos... —murmuró Bucky desde mi bolsillo, le di un golpecito con mi mano.



Tenemos que ayudar a unos amigos y...., bueno, no creo que vuelva en un tiempo. —mi confesión entristeció a Lily.



Bueno, pero ella nos puede acompañar, ¿No? —Óscar tiraba del brazo de Lily.



¿Puedo ir con vosotros? —preguntó Lily ilusionada y a la vez con una voz suplicante.



¿Qué? No. —dije—. Puede ser peligroso.



Lily bajó la mirada con tristeza, por mi parte, miré a Óscar con tristeza, ya empezaba a anochecer y el tiempo corría.



Vale, supongo que será mejor que vuelva al orfanato. —comenzó a alejarse y decidí acompañarla, no quería que fuese sola, Óscar, un poco molesto por evitar que ella viniese, nos acompañó.



Al llegar, me despedí de ella, pude ver a los chicos a punto de cenar en el comedor del orfanato.



Bueno, pues... —Lily parecía incómoda—. Gracias por acompañarme, espero que nos veamos pronto.



Tardé, pero por fin pude llegar, Jake, Clyde, mi hada, Bucky y el hada de Jake, Aerwyn estaban esperando.



Hubo quejas porque tardé más de la cuenta, pero al final nos preparamos, nos acercamos a la mesa y miramos el mapa, en él había una especie de isla enorme, rodeada de mar.



Algo se acerca, escondeos. —dijo Jake, tras su orden, nos escondimos detrás del sofá de su casa y apagamos el farolillo, Jake sacó su espada y esperó tras la puerta, la cual se abrió.



¿Pan? —Lily entró en la cabaña y Jake le apuntó con la espada, ella, asustada, retrocedió.



¡Espera! Es una amiga. —me incorporé y salí de la oscuridad haciendo que bajase el arma.



¿Una amiga? —preguntó confuso Jake.



Sí. —contesté, miré a Lily y la hice pasar—. ¿Qué haces aquí? ¿Nos seguiste?



Yo..., quiero ir con vosotros. —dijo Lily.



Los demás chicos salieron de las sombras confusos.



¿Qué? ¿Otra chica? Ni de coña. —dijo Jake.



¿Por qué no? —preguntó Óscar.



Un silencio incómodo invadió la habitación.



Jake miró al exterior, era ya muy tarde, el sol estaba a punto de ponerse, no quedaba tiempo.



Joder, está bien, no hay tiempo para discutir, Aerwyn, lánzale polvos, tenemos que irnos, seguidme fuera.



Aerwyn le lanzó los polvos y salimos fuera, Jake nos hizo hacer un círculo cogiéndonos de las manos.



Bien, permaneced atentos, agarraros fuerte y recordad, no os soltéis, ¿De acuerdo? Es importante, en cuanto el sol empiece a ponerse, aparecerá una sombra muy oscura, solo nosotros la veremos, debemos saltar hacia ella.



Formamos una línea recta y todos nos dimos la mano los unos a los otros.



El sol comenzó a desaparecer, nosotros, en la poca luz que quedaba, observamos como apareció de la nada una gran sombra oscura, Jake tiró de nosotros y saltamos a la sombra...



Pero era hueca, caímos como si de un pozo sin fondo se tratase.



Por un momento sentí miedo, entonces noté como mi estómago se comprimía al extremo, sentía ganas de vomitar, dábamos vueltas sobre nosotros mismos, sentí que Lily soltaba mi mano, varios de nosotros nos soltamos sin querer.



Entonces sentí un aire muy frío, abrí los ojos, aún con náuseas, pero, ahora, todo era diferente, era de día, estaba tirado en el suelo de lo que parecía una playa, donde había una gran cabaña, detrás de mi sentí un ruido, algunos cayeron al agua.



Jake soltó a Óscar que cayó al agua, pude ver como se reía.



¡Tú eres tonto! —se quejó Óscar.



Bucky salió del bolsillo de mi camiseta, todo mojado.



¡Debiste tener más cuidado, Pan! —dijo Bucky enojado.



Jake y Óscar nadaron hasta la orilla, descansaron en la arena, aún tenía la sensación de náuseas, todos nos tumbamos algo mareados.



Este lugar es hermoso. —dijo Óscar.



Había una bonita cabaña, pertenecía a Jake, entramos todos, cada uno escogío una cama, habían varias habitaciones, era el lugar perfecto para vivir en él.



Jake, Bucky y yo caminábamos por los bosques, por las tierras que ahora brillaban bajo la luz del día, el suelo estaba cubierto de flores silvestres que brotaban, como si el Reino estuviera despertando de un largo sueño.



¿Sabes, Pan? —dijo Clyde— Nunca me imaginé que acabaría aquí.



¿Sabes? Este lugar, este reino, puede ser nuestro hogar. —miré a Jake y a Clyde, que caminaba a mi lado, observando las estrellas que comenzaban a aparecer en el cielo nocturno.



Jake sonrió, su mirada tranquila pero llena de determinación, su mano sujetó la mía y la apretó con fuerza.



Sí, el Reino es nuestro hogar ahora, Pan, este es nuestro lugar, hemos sufrido mucho, pero por fin somos libres, para que todos, incluso tú, tengáis una vida sin sombras y aquí, con nosotros, te pertenecerá todo lo que quieras.



Bucky se posó sobre mi hombro, mirando el horizonte.



Además, tú y Jake están hechos el uno para el otro. Ya lo sabes, ¿verdad? —dijo Bucky, casi con tono burlón.



Jake frunció el ceño, pero no podía evitar sonreír, Clyde miró molesto a Jake.



Sí, y tú eres una molestia, Bucky. ¿Sabes? Pero te lo agradezco, Pan y yo hemos pasado por muchas cosas juntos, y no hay nada que desee más que vivir tranquilo, sin guerras ni sombras, sólo con paz.



Caminamos durante horas, hasta que llegamos a la cabaña de Jake, ese pequeño refugio que ahora parecía un hogar, la chimenea estaba encendida, y el fuego que ardía dentro reflejaba una luz cálida y reconfortante.



Las paredes de madera crujían suavemente con el viento.



Nos sentamos alrededor de la mesa, disfrutando de una comida sencilla, no necesitábamos nada más, no deseábamos más que estar juntos, después de todo lo que habíamos vivido.



En este lugar, ahora había paz.



Este es nuestro hogar ahora —dije, levantando el vaso de zumo que Jake nos había ofrecido.



Lily sonrió y acercándose a mí, besó mis labios tiernamente.



Y fue en ese momento cuando lo supe.



Aunque las sombras ya no existieran en mi vida, aunque el Reino de las Sombras fuera nuestro hogar, el pasado siempre estará ahí, por los caídos, por los amigos que no pudieron contarlo, el verdadero renacimiento era el que habíamos encontrado nosotros mismos.



Era un renacimiento de esperanzas perdidas, de promesas cumplidas, de la vida que decidimos construir tras la oscuridad.



Era nuestra segunda oportunidad.



Jake hablaba con Clyde, empezaba a haber química entre ellos, Lily por su parte se echó en mi regazo, acariciaba su cabello rojizo y sonriendo, miraba el fuego de la chimenea, hasta dormirme.



Y así fue, lo conseguimos, después de tantas batallas, de tantas pérdidas, al final había un hogar para todos nosotros, un hogar donde la oscuridad nunca más podría alcanzarnos.



A pesar de todo lo que había ocurrido, de las cicatrices que todavía llevábamos, sabíamos que ahora todo valía la pena.



Y finalmente, fuimos libres.


(Final)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399463

ISBN Code: 9789403794945

Tomás S. Aranda