Capítulo 1 ''El muñeco''
El timbre del instituto suena con ese chirrido metálico que no anuncia libertad, sino una nueva condena para los chavales, les toca pasar más de 5 horas en la mañana de clases interminables con media hora de recreo.
Tomi, nuestro chico protagonista, un chico de piel muy blanca, ojos color avellana y cabello castaño oscuro, liso, camina con la cabeza baja y ajusta la correa de su mochila conforme camina, el pasillo se convierte en un río de adolescentes que empujan, gritan, se ríen y corren.
Como animales de manada, buscan presas fáciles para entretenerse y así hinchar sus egos como si de un globo se tratase.
Y él... él es el cervatillo cojo en mitad del bosque, Tomi, de débil carácter y algo cobarde, intenta no mirar a ningún chico, prefiere caminar intentando pasar desapercibido.
—¿Qué pasa, Tomi? ¿Te dejaste el biberón en casa? —le dice Borja, el de siempre, con esa sonrisa torcida que no conoce el descanso, Borja, un chico alto, algo musculoso, cabello negro ondulado y ojos marrones.
Borja es el chico que lleva haciéndole bullying desde que entró al primer año de secundaria, él y su grupo de amigos le hacen la vida imposible, le han hecho la zancadilla, le han tirado los libros, le han escupido, tirado bolas de papel, pero sobretodo, lo que más le duele, es cuando le agreden psicológicamente, esas heridas tardan en sanar más que las físicas.
—Si te has dejado el biberón, yo puedo darte mi biberón. —dice Kike, la mano derecha de Borja, más bajito que Tomi, pero de tez más oscura y cabello negro como el carbón, su mandíbula afilada daba miedo.
Antes de que Tomi pueda responder, que tampoco es que lo haga a menudo, siente un golpe en la espalda, seco, directo, tropieza contra las taquillas, las carcajadas estallan de manera burlona contra él.
—¡Cuidado, que goteas aceite, mariquita! ¡Pareces retrasado! —dice Borja con una carcajada tras empujarlo.
Kike y los demás ríen, no son personas, son ecos malignos.
Y él, como siempre, no dice nada, solo baja la mirada, aprieta los dientes y camina, tragándose la humillación como puede, sabe que es un cobarde.
Tras el largo día de clase, decide no volver a casa, ¿para qué? No quiere ver la cara del maltratador de su padre, camina solo por las calles del barrio, solo, como siempre, sin amigos.
Las zapatillas, rotas, denotando que es clase baja y la capucha puesta aunque no llueva, no quiere que nadie le reconozca.
Pasan las horas, la ciudad se tiñe de naranja bajo las farolas, una luz enferma, como si el mundo estuviera bajo una lámpara de calor que no consuela.
Se desvía dando vueltas, no quiere llegar a casa aún, no quiere oír a su madre llorar en la cocina, ni a su padre maldecir desde el sofá mientras ve la televisión y vocifera el haber tenido un hijo inútil.
Se pierde por callejones que huelen a humedad y a basura, como si pudiese desaparecer, y entonces la ve.
Una tienda que no había visto nunca, un escaparate sucio, con objetos extraños tras el cristal empañado, velas negras, frascos con líquidos oscuros, libros sin títulos.
Y en el centro, como si lo esperara, un muñeco de ventrílocuo.
Es grotesco, tiene el tamaño de un niño de cinco años, vestido con un traje negro y una pajarita torcida, roja.
Su cara es de madera, tallada con torpeza, los ojos de cristal son enormes, demasiado brillantes.
La sonrisa, inmóvil, lo atraviesa de oreja a oreja como una cicatriz.
Tomi siente un escalofrío, da un paso hacia atrás, pero entonces, algo lo empuja, no físicamente, sino desde dentro y cruza la puerta.
Una vez dentro se da cuenta, la tienda es más grande de lo que parece, el aire está cargado de incienso barato y madera podrida.
Hay estanterías por todas partes, cubiertas de polvo, relojes detenidos, amuletos que parecen susurrar cosas que el oído no alcanza a entender.
Pero Tomi solo ve una cosa, el muñeco.
Está en un estante bajo dando al escaparate, como si alguien lo hubiese dejado al alcance de sus ojos, ya no parece burlarse.
O tal vez sí, hay algo en su sonrisa que cambia según lo mires, como si supiese algo.
—¿Puedo ayudarte? —dice una voz ronca, femenina, desde el fondo.
Una anciana emerge de entre las sombras, tiene el cabello blanco como la ceniza, y ojos grises, opacos, como niebla vieja, parece la anciana de Coco, la película de Disney, una de las favoritas de Tomi.
Tomi señala el muñeco.
—Eso... ¿Cuánto cuesta?
La mujer lo observa largo rato, como si midiera algo invisible entre ambos.
—No tiene precio, lo siento —responde—. No insistas.
—Pero..., ¿entonces por qué está ahí? —pregunta Tomi inquieto.
—A veces le gusta exhibirse para que insensatos como tú lo quieran.
Lo que decía la anciana no tenía ningún tipo de sentido, Tomi miraba el muñeco, lo quería, sacó varias monedas y las puso en el mostrador, también sacó de su bolsillo su objeto más preciado, un reloj de bolsillo que su abuela antes de fallecer le regaló.
La anciana negaba con la cabeza, pero al ver el reloj de oro, lo cogió y volvió a mirar al muñeco.
—¿Tanto lo deseas? —la anciana alzó de nuevo la vista hacia Tomi— De acuerdo, llévatelo, total, se ha encaprichado contigo, lo noto en sus ojos.
Tomi no pregunta más y ansioso toma el muñeco en brazos, y aunque es de madera, no pesa, es como si flotara.
—¿Cómo se llama? —pregunta Tomi, mientras gira hacia la puerta.
—Eso lo decides tú —responde la anciana—. Pero ten cuidado con lo que le dices, las palabras tienen vida propia.
Esa noche, Tomi se encierra en su habitación, su madre ni lo mira al pasar, su padre ni nota que está en casa, coloca al muñeco sobre su escritorio, bajo la débil luz de su lámpara.
—Me llamo Tomi, ¿y tú?
El muñeco, inerte, le mira, como si analizara a nuestro protagonista, el cual esperaba una respuesta.
—Eres poco hablador, te entiendo, yo tampoco hablo mucho.
En ese momento un estallido en la calle, dos coches se han chocado, Tomi se levanta de la cama, en la cual estaba sentado, se asoma y ve el accidente, en ese momento gira y ve al muñeco, parece haberse movido, no, es imposible.
Tomi le mira, vuelve a mirar el accidente.
—Te voy a llamar Shou —dice sonriendo.
El muñeco no responde, claro, pero algo, en el fondo de su estómago, se revuelve, no sabe por qué lo ha traído y no sabe qué quiere de él.
Solo sabe una cosa, por primera vez en mucho tiempo, alguien parece estar escuchándolo.
Y mientras se apaga la luz y cae en un sueño inquieto, los ojos de Shou observan a Tomi, tumbado en la cama, parece dormirse, una lágrima cae por su mejilla, el muñeco sigue mirando.
(Continuará...)
¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^
Si te ha gustado, ¡no olvides votar! ☆☆☆☆☆
Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito
All rights reserved© Safe Creative Code: 2505141741075
ISBN Code: 9789403794938
No hay comentarios:
Publicar un comentario