martes, 4 de octubre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 17 ''Venganza''

Capítulo 17 - Venganza



Jake recargó el rifle y apuntó a la bestia de forma amenazante.



Y dime, ¿Te curas de la plata? —dijo Jake con sorna.



La bestia se lanzó contra Jake antes de que pudiese disparar, pero este pudo esquivarlo con una agilidad pasmosa dando una voltereta, después, con una hábil patada lanzó a la bestia contra el suelo, Jake era realmente impresionante, estaba a otro nivel.



¿A dónde vas? —dijo Jake burlándose de la bestia.



Mientras, Clyde aprovechó y nadó hasta nosotros de nuevo.



Pero ¿Quién es ese mocoso? —preguntó Bucky un poco celoso.



Jake dio un giro y se puso cerca de nosotros.



Levanta, deja de fingir que estás desmayado, bestia inmunda. —dijo Jake, el cual me miró y me cedió el rifle—. Mira, a una bestia como esta, lo mejor es hacerle sufrir.



La bestia se levantó furiosa y se lanzó contra Jake, pero este volvió a esquivarla y sacó una espada de la vaina que tenía en su cintura, era pequeña, pero parecía muy afilada, además de ser de plata, el mango era dorado y tenía una gema verde incrustada en el centro.



Jake atacó a la bestia cortándole el brazo derecho con la espada como si fuese mantequilla, la bestia aulló de dolor, con su garra intentó dar a Jake, pero se agachó y le clavó la espada en el corazón con un rápido movimiento.



A todo esto, nosotros solo mirábamos expectantes sin saber que hacer, Jake apretó la espada con fuerza y le atravesó hasta meterla casi al fondo.



Esto es, por todos los amigos que me arrebataste, vete al infierno. —Jake retorció la espada y la sacó apoyando su pie en el hombro de la bestia y empujándolo al suelo.



Se revolvió entre dolores y volvió a su estado normal, Alexander, que nos miraba impotente y furioso.



Jake limpió la espada de sangre con un trapo y lo lanzó en la cara de Alexander, el cual ya no se movía, se guardó la espada en la vaina y se acercó hasta mí.



¿Qué? —preguntó Jake al vernos con los ojos como platos, me quitó el rifle y lo guardó en su espalda—. Parece que visteis un fantasma.



Tú no eres humano... —dijo Clyde.



No, del todo no, y... —Jake miró a los ojos de Clyde—. Y tú tampoco.



¿Qué dices? —preguntó Clyde confuso.



Esa cosa. —dijo Jake señalando a Bucky—. ¿Te echó sus polvos no? Pues ya no eres un humano normal.



¿Cómo qué cosa? ¡¡Soy un chico hada!! ¡¡Un respeto mocoso!! —gritó Bucky furioso.



Jake sonrió y negó con la cabeza.



¿Por qué estás aquí, no te fuiste? ¿Y tú hada? —pregunté a Jake, que miraba a los alrededores.



Está durmiendo, como siempre, pero mejor vamos a mi cabaña, no soporto este olor, no con ese cadáver cerca.



Seguimos a Jake hasta su cabaña, quedaba un poco lejos, al llegar nos ofreció fruta y agua, estábamos muy cansados, entramos y nos acomodamos, Clyde y Bucky se apoyaron en la ventana, mientras que Jake se tumbó en la cama y comenzó a masticar un trocito de rama.



Por mi parte, me mantuve de pie cerca de la puerta.



Sí, me fui, pero he vuelto, necesitabas mi ayuda, ¿no?. —dijo Jake—. Además, por lo que vi en la cueva, están usando a los niños para cavar un túnel que conecta el Reino con el vuestro, no les haría falta los polvos de hadas para llegar hasta aquí. —las palabras de Jake nos llenaron de preocupación.



Todos permanecimos en silencio.



¿Entendéis la gravedad? Si logran cavar el túnel, decenas, no, ¡¡Cientos!! de bestias invadirán vuestro mundo, al menos lo hemos evitado.



Suspiré y me asomé por la ventana, empezaba a amanecer.



¿Entonces? ¡Te vienes conmigo al Reino? —preguntó Jake.



Está bien, iré, pero antes debo despedirme de mis amigos. —abrí la puerta y miré a Jake—. Volveré al anochecer.



Salí corriendo hacia el orfanato y busqué a Nico, o más bien a Jose, estaba con su hermano, llamé a la puerta.



¿Se puede? —pregunté, al verme, Isaac corrió y me abrazó entre lágrimas.



¡¡Gracias!! ¡¡Mil gracias por traer de vuelta a mi hermano!! —Isaac me abrazó con fuerza y le correspondí el abrazo.



Jose nos miraba, pero estaba distinto, no era el mismo chico que conocí en la casa de James, estaba cambiado.



Isaac, ¿Me dejas a solas con tu hermano? —le separé de mí y le miré suplicante, Isaac afirmó y nos dejó a solas—. Bueno...



Me acerqué a la cama donde estaba sentado y me senté a su derecha, con mi mano intenté coger la suya, pero la apartó.



Nico..., quiero decir..., Jose..., yo... —no sabía por dónde empezar.



Me puse en pie y di varias vueltas en la habitación.



Escucha, esta noche me marcharé, no sé si vuelva, no..., no sé si volveremos a vernos... —confesé con tristeza—. Solo quiero que sepas que..., fuiste muy importante para mí...



Dijiste... —Jose me miró con los ojos lagrimosos—. Dijiste que no me dejarías solo...



La miré sorprendido, mi corazón dolía.



Yo..., no te dejé solo...



Recuerdo..., recuerdo vagamente un animal atacarme, y me dijiste que no me dejarías solo..., después..., desperté en la oscuridad, te busqué, te busqué y busqué, me sentía tan solo...



Jose comenzó a llorar y lo abracé a mí.



Perdóname, te fallé, te dejé solo, lo siento.



Me separé de Jose, que estaba como ido, mirando por la ventana, en su mirada me di cuenta de que James le había robado el alma, ese chico no tenía alma, parecía un muñeco sin vida, mi corazón dolía, dolía verlo así.



Caminé hasta la puerta y miré una última vez a Jose, que miraba por la ventana.



Adiós, Jose, adiós...



Salí y bajé al comedor, Isaac estaba sentado con pedro, al verme se acercó a mí.



Te vas otra vez, ¿No? —preguntó Isaac.



Sí... —mascullé—. Escucha, ¿Cuidarás de tu hermano?



Nunca me separaré de él. —dijo apretando el puño.



Bien... —me giré para irme, pero Isaac sujetó mi camiseta.



Espera..., ¿Qué le pasó a mi hermano? —Isaac me miró esperando mi respuesta, pero no podía dársela, no me atrevía.



Le..., le hicieron mucho daño Isaac.



¿Le..., le maltrataron? —preguntó tembloroso.



Sí..., por eso, debes cuidar de él, ¿Entiendes? Ahora debes hacer tú de hermano mayor.



Isaac con los ojos rojos afirmó con la cabeza y subió con su hermano, me giré y Rashid estaba detrás de mí.



Te vas, ¿No? —preguntó.



Sí, y puede que no vuelva.



Rashid afirmó con la cabeza y resopló.



Lo que vivimos, nadie nos creerá, jamás. —dijo Rashid.



Lo sé, supongo que será una bonita anécdota para contar a tus nietos. —dije sonriendo.



Sí..., supongo. —Rashid me abrazó y correspondí el abrazo.



Me despedí de él y del resto de chicos, Abie no estaba, supongo que se enteró de la muerte de su marido, aunque ella no lo supiese, ahora el mundo sería algo más seguro sin él.



Al salir, Jake me esperaba en la salida.



Joder, que dramático, ¿Alguien más de quien quieras despedirte? —dijo irónicamente.



Me gustaría, pero mi casa queda muy lejos. —dije cabizbajo.



¿Y? Puedo llevarte volando.



¿Volando? —pregunté estupefacto.



Sí, ése es mi don, puedo volar, ¿Y bien? ¿Te llevo o no?



Jake sujetó mi mano y corrimos hasta el callejón que daba al orfanato, miró a los lados y se puso delante de mí—. Sujétate fuerte a mí.



¿Qué? No, ¡Espera!



Jake salió volando y yo, con miedo, lo sujeté con fuerza de la cintura, Jake sonrió y ascendió muy alto, volamos casi tocando las nubes, me costaba respirar.



Tranquilo, poco a poco te irás acostumbrando, va, te voy a soltar.



¡¡No!! ¡¡Espera!! —grité asustado.



Pero Jake, sonriente, me fue soltando poco a poco, me mantuve en el aire, era algo maravilloso, sentía el viento golpear mi cara.



¿Qué? Mola, ¿Eh? —estuvimos un buen rato volando y ya empezaba a sentirme cansado, vi entonces mi casa, sí, donde empezó todo, Jake se dio cuenta al ver mi cara—. ¿Esa es tu casa?



Jake me ayudó a descender y aterrizamos detrás.



Estoy nervioso. —confesé.



Tranquilo, es normal, ¿Cuánto hace que te fuiste de aquí? —preguntó Jake.



Abrí la ventana y entré en mi casa, caminé hasta el comedor, no había nadie, subí las escaleras, mi cuarto seguía como siempre, abrí el armario y saqué una mochila que tenía dentro, comencé a meter cosas que eran mías y tras cerrar la mochila, la puse en mi espalda y salté por la ventana.



¿Y eso? —preguntó Jake.



Cosas mías. —dije con una sonrisa, ahora me sentí mejor, unas voces nos alertaron y miré a mi derecha, la casa de mi vecina—. Sara...



Me acerqué junto a Jake, el padre de Sara la estaba golpeando con una especie de correa, mientras Sara gritaba implorando perdón.



Apreté mis puños y mi respiración se aceleró.



Jake, ¿Puede acompañarnos cualquier chica al Reino?



Jake mi miró y después observó a Sara.



Si tu hada le concede los polvos, sí, tú decides.



Tras sus palabras, salté atravesando el cristal de la ventana del salón, el padre, alertado, me miró asustado y confuso.



¿Qué coño? —el padre de Sara nos miró enojado—. ¿Qué coño haces mocoso?



Miré a Sara, estaba llena de marcas y cicatrices, su cabeza sangraba, al verme, abrió los ojos como platos, estaba asustada y llorando.



Será hijo de puta. —dije, apreté los puños y me lancé contra el padre, que me pegó un latigazo en la cara, pero logré empujarlo fuera del cuarto, cayendo al suelo del pasillo—. Vente conmigo.



Le ofrecí mi mano a Sara, que, sin dudarlo, la sujetó con fuerza, el padre se levantó para atacarnos, pero logré salir por la ventana de un salto, sin dejar de sujetar con todas mis fuerzas a Sara.



Jake nos sujetó con fuerza y pegó un salto para salir volando los tres.



Joder, eso fue muy temerario, incluso para salvar a una chica en apuros. —dijo mirando mi cara—. Te ha herido.



No importa. —dije.



Sara, asustada, me abrazaba con los ojos cerrados, no se atrevía a abrirlos.



Volamos hasta la cabaña y aterricé con la ayuda de Jake, Sara abrió los ojos, aún confusa y asustada.



¿Me recuerdas? —le pregunté, Sara afirmó con la cabeza, Clyde y Bucky salieron de la cabaña.



Voy a por vendas y hierbas, debemos curar a tu amiga. —dijo Jake.



Bueno, Pan conoce una forma de curarla más eficazmente. —dijo Bucky burlonamente.



¿Qué forma? —preguntó Jake.



No le hagas caso, dice tonterías. —dijo Clyde, rojo como un tomate.



Jake entró en la cabaña junto a Sara, para curarla, por mi parte, me faltaba visitar a una última persona antes de viajar al Reino de las Sombras.


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399463

ISBN Code: 9789403794945

domingo, 18 de septiembre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 16 ''Lycagous''

 

Capítulo 16 - Lycagous



¿Dónde estoy? —me incorporé, estaba tumbado en una cama, otra vez, parecía un bucle—. ¿Jake?



¿Jake? ¿Quién es? ¿Tu novio? —Clyde apareció en la puerta, estaba en una habitación bastante lujosa.



¿Qué? —llevé mi mano al hombro, estaba vendado, ¿Habrá visto que me curé?



Te encontré en un callejón, herido, me dijiste que sacase la bala, no fue fácil, no soy médico, ¿Sabes? Te dejé echo mierda, pero bueno, tendrás una cicatriz chula. —dijo Clyde.



¿Cuánto tiempo llevo aquí? —pregunté levantándome.



Unas tres horas. —se acercó y me lanzó la camiseta—. Tu mataste al señor Jones, ¿No?



Le miré mientras me ponía la camiseta de espalda.



Supongo que eso es un sí, no sabía que eras un asesino.



¡No soy eso! Óscar..., el señor Jones, lo merecía. —me giré y lo miré con enojo—. ¡Tú no lo entiendes!



Busqué en mi bolsillo y vi que tenía el abrecartas manchado de sangre.



Debo irme. —dije cortante.



¿A dónde? —preguntó con interés.



¿Y tú? ¿Esta casa es tuya? —podía observar que la casa era de gente adinerada.



No, pero era la más cercana que había.



Así que entraste a robar, por eso estás en el barrio rico. —le acusé.



Tsk, ¿No te ibas? Pues vete.



Sí, ya me voy. —caminé hasta la puerta y me detuve—. Gracias por curarme.



Salí de la casa y corrí hacia el orfanato, pronto anochecería y el señor Harrington volvería a su casa, tenía que matarlo antes, sí, debía matarlo, miré a mi bolsillo, pero Bucky no estaba, ¿A dónde habrá ido?



Al llegar, me colé por la verja, vi a lo lejos a Rashid y sus amigos hablando, más chicos jugaban en el patio, entré corriendo, intentando que no me viesen, pero justo venía Celia de frente.



Me escondí detrás de la esquina del pasillo y esperé a que se marchara, caminé hasta las escaleras y subí al despacho, abrí la puerta, pero no había nadie, en ese momento el señor Harrington apareció detrás de mí.



¿Pan? —preguntó Alexander, el marido de Abie, me giré y retrocedí varios pasos.



Alexander me miró extrañado, sospechaba fuertemente de él, pero debía asegurarme.



¿Podemos hablar? —le pregunté.



Claro. —Alexander se acercó al sofá y se sentó, parecía cansado, era un hombre de unos cincuenta años, regordete, con entradas en el cabello, el cual ya tenía con bastantes canas.



El hombre dejó su sombrero a un lado y me miró expectante, suspiré y retrocedí varios pasos, metí mi mano en el bolsillo y apreté el abrecartas con fuerza.



Verás, me gustaría saber..., es que, el otro día dijo que negociaba con un tal William..., comida, ¿Qué clase de negocio?



Alexander me miró y sonrió.



Hum, hijo, ¿Piensas que me chupo el dedo? ¿Crees que no sé por qué estás aquí? ¿Realmente creías que no sabría que James y Óscar fueron asesinados?



Tragué saliva, sí, Alexander era el tercer compinche.



¿Por qué lo ha hecho? ¿Por oro? Es miserable. —dije con furia.



No, lo hice por los chicos, el orfanato necesita ingresos y comida, ¿Entiendes?



¿¡¡Sabe lo que James les hacía a los chicos que usted entregaba!!? —mi pregunta le incomodó—. ¡Los usaba y torturaba! ¡Hijo de puta!



Saqué el abrecartas y apunté a su corazón, pero con un veloz movimiento lo esquivó sujetando mi brazo, ¿Cómo podía ser tan rápido? Miró el abrecartas y sonrió.



¿Crees que no sé lo que hacía? Yo participaba con él muchas veces, ¿Por qué crees que inauguré este orfanato, muchacho? —Alexander sujetó mi muñeca y me la partió, mis gritos no se hicieron de rogar, me solté de él y lo miré sin entender nada.



Entonces lo vi, sus ojos, rojos, ¡¡Él era en realidad el Lycagous!! ¡¡No Óscar!!



¡¡Tú!! Eres..., eres... —me costaba hablar, el dolor era insoportable, entonces el padre de Óscar era humano..., maté a un humano.



¿La bestia? Sí, pequeño cabroncete, no fue buena idea hacerme caer por la cascada, pero tranquilo, tenemos tiempo para jugar.



Alexander se abalanzó y de un puñetazo me dejó inconsciente.



Sentí el agua fría mojar mi cuerpo.



¡Despierta! —un cubo de agua mojó todo mi cuerpo, ahora, sin camiseta, solo con pantalones cortos que Jake me dio, estaba encadenado de manos, ambas separadas y casi colgando del techo.



Miré a mi alrededor, estaba en una especie de sótano, mi muñeca se había curado, pero aún sentía ardor, entonces vi a Alexander, su aspecto había cambiado, no estaba regordete, sino musculado, además, había como rejuvenecido.



Verás, mocoso, cuando conocí a James en el Reino de las Sombras, nos hicimos grandes amigos, teníamos mucho en común, decidimos hacer negocios, saber que existía vuestro mundo fue una sorpresa para mí, me di cuenta de que era como ser un rey entre vasallos, por desgracia James perdió su poder mágico y no pudimos volver más al Reino, así que se me ocurrió lo del orfanato, ¿Debíamos divertirnos mientras no?



¡¡Hijo de puta!! —grité.



Me pegó un puñetazo y me faltó el aire.



Así que James estaba en lo cierto, te regeneras..., asombroso..., ¿Sabes el juego que da eso? —Alexander se acercó a mí y lamió mi mejilla derecha con lujuria, me revolví y le di una patada en su espinilla—. ¡Ah! ¡¡Joder!! ¡Pequeño hijo de puta!



Alexander se alejó y arrastró una mesa con ruedas, la puso cerca de mí.



Vamos a jugar a los médicos, ¿Qué me dices? ¿Eh? —Alexander cogió una especie de daga de cobre, afilada, y me dio un corte en el brazo, mis gritos de dolor solo le sacaban una sonrisa de satisfacción.



¡¡Para!! ¡Para! —imploraba, pero él solo cortaba y cortaba.



Me revolvía como podía intentando evitar los cortes, pero era inútil, entonces se detuvo, miró hacia la puerta, en silencio, me tapó la boca.



Con mi respiración acelerada, intenté concentrarme y escuché pasos, alguien se acercaba, Alexander cogió un pañuelo y me lo metió en la boca para después ponerme una mordaza, caminó detrás de mí, no podía ver que hacía, ¿Se escondió?



Los pasos estaban cada vez más cerca, la puerta se abrió y apareció Clyde.



¿¡Pan!? —Clyde, sorprendido, me miró asustado, corrió a socorrerme, e intenté moverme avisándole que Alexander estaba detrás escondido—. Tranquilo, ya estoy aquí, es que te seguí y vi que el señor Harrington te metía en el carruaje inconsciente y te trajo aquí, ¿Dónde está?



Clyde miraba atrás cada dos por tres temeroso, con la daga intentaba abrir el cantado de mis cadenas, cuando Alexander apareció sonriendo.



Vaya, vaya, pero si se ha colado una rata. —dijo Alexander, apareciendo de las sombras.



Clyde, asustado, retrocedió varios pasos sujetando la daga con fuerza.



¿Qué? ¿Tienes miedo, muchacho? Venga, ven, ¡¡Ven a por mí!! —Alexander se lanzó contra Clyde, que le clavó la daga en el costado, pero Alexander ni se inmutó, sujetó del cuello a Clyde, asfixiándolo.



¡¡¡Mmmmmmm noooooo!!! —me revolvía intentando soltarme, ¡¡Lo iba a matar!!



Alexander apretó más y más el cuello de Clyde, que estaba muy rojo, se revolvía intentando soltarse, pero era inútil, entonces Alexander transformó su brazo derecho en las garras de lobo y atravesó el costado de Clyde, que se detuvo mirándome con los ojos en lágrimas, su boina cayó al suelo.



Miré impotente la escena mientras escuché un revoloteo, y miré arriba, Bucky se metió en la cerradura del candado y lo abrió, caí al suelo y de un empujón tiré a Alexander lejos.



¡¡Corre!! —gritó Bucky.



Miré a Alexander, que comenzaba a convulsionar transformándose en la bestia, Clyde estaba en el suelo, ensangrentado, inerte, impotente, tragué saliva y salí corriendo, crucé el pasillo y salí al exterior, entonces reconocí el lugar, la fábrica donde maté a James, miré a los lados y vi la zona del río.



Corrí hasta la zona boscosa y me escondí entre los árboles, el abrecartas..., no, era inútil, esa bestia necesitaría algo más grande para atravesar su piel que un puto abrecartas.



Escuché el sonido de la puerta de la fábrica abrirse, no esperé más y corrí a toda velocidad, iba a morir, ¿Qué podía hacer? No tenía nada para defenderme, y esa cosa iba a matarme, ahora no estaba el lobo para defenderme, ni mis amigos para ayudarme, estaba solo.



Tropecé y caí al suelo, exhausto, miré y vi un gran árbol, me levanté y comencé a escalarlo, lo subí lo más veloz que pude, hasta llegar a una gran rama, me senté en ella y me sujeté con fuerza, mirando en la densa oscuridad del bosque, solo iluminada por la luna, luna llena, ¡¡Era luna llena!!



Escuché los pasos de la bestia, estaba buscándome, mi pulso era muy acelerado, necesitaba calmarme, cerré los ojos e intenté tranquilizarme, entonces recordé a Clyde, vino a salvarme y acabó muerto, por mi culpa, como Sven, Nico..., Nico..., en verdad era Jose, al menos el sí está vivo, debía hacer algo, pensar.



Miré a la fábrica, debía volver con Bucky, no tenía otra opción, esconderme en la fábrica, la bestia no pensará que volvería dentro, sería absurdo, ¿No?



La bestia aulló con fuerza, estaba lejos de la fábrica, era mi momento, comencé a bajar el árbol y pegué un salto al suelo, crujidos se aproximaban a mi posición, apreté los dientes y salí corriendo de vuelta a la fábrica, logré entrar y comencé a buscar la sala donde estuve.



Recorrí los pasillos, pero no la encontraba, otro aullido de la bestia, cada vez estaba más cerca, continué buscando la habitación y choqué con un trozo de madera, lo sujeté con fuerza, parecía afilado por el extremo, lo llevé conmigo.



Seguí buscando y por fin encontré la habitación, abrí la puerta y Bucky estaba echándole polvos a Clyde.



¿Bucky? —pregunté acercándome, cerré la puerta y la atranqué con el trozo de madera.



Estoy intentando salvarlo. —dijo Bucky.



Pero dijiste que los polvos no salvaban... —dije cabizbajo.



Lo sé, y ya casi no me quedan, pero debo intentarlo, además, tú te salvaste.



Me acerqué a Clyde, que estaba tumbado en el suelo, apenas se movía, pero respiraba, me miraba con los ojos apagados, sujeté su mano con fuerza y le miré.



Lo siento, no debí meterte en esto, perdóname... —acerqué mis labios a los suyos y nos fundimos en un beso.



Pan... —dijo Bucky avergonzado y cabizbajo.



Clyde correspondió mi beso y entonces comencé a sentir como algo succionaba mi alma, sentía como si drenasen mi fuerza, me comenzaba a sentir débil.



¡¡Pan!! —gritó Bucky.



El beso, intenso y largo, nos unió durante unos segundos, sentí como mi fuerza vital, mi energía, pasaba a Clyde, sus heridas comenzaron a sanar, al separarnos, Clyde me miró sonriendo.



Joder, sabía que te gustaba, pero no tanto... —dijo Clyde incorporándose, su herida se había casi curado.



Yo me senté, me costaba respirar y me sentía muy débil, sentía que me moría, miré mis manos, sentía los huesos arder, un dolor indescriptible, nunca sentí tanto dolor en mi vida, era insoportable, no podía moverme.



Debemos irnos, esa cosa volverá cuando vea que no te encuentra. —dijo Bucky.



Vale, vayámonos de este infierno. —Clyde me ayudó a incorporarme, con dificultad andamos hasta la salida de atrás, Clyde conocía la fábrica.



Abrimos la puerta y salimos fuera, el viento comenzaba a golpear con fuerza, entonces sentimos golpes y aullidos dentro de la fábrica, aceleramos el paso hacia el río.



Debemos cruzarlo. —dijo Bucky señalando el río.



Estoy mejor, puedo solo. —dije.



Clyde me soltó y nos acercamos al río, Clyde se metió corriendo en el agua, comenzó a nadar con velocidad, pero justo cuando iba a meterme yo en el agua, unas garras rozaron mi costado y caí rodando por el suelo.



¡Pan! —gritó Clyde, que comenzó a volver a donde estaba.



¡NO! ¡¡Vete!! ¡¡Yo me encargo!!



Alcé la mirada y vi a la bestia, a cuatro, observándome, me levanté lentamente, este era mi final, se acabó, la bestia se lanzó a por mí y entonces escuché un fuerte disparo, el cual atravesó el brazo de la bestia, que retrocedió mirando de donde vino el disparo sujetando su brazo con dolor.



Todos miramos hacia arriba, encima de un árbol.



¿Por qué siempre te encuentro en problemas? —dijo el chico observándome, bajó de un salto y aterrizó en el suelo—. Cuando escuché los aullidos, no me lo creía, el famoso Lycagous que azotó el Reino masacrando a los niños perdidos, aquí, en un bosque de Virginia.



Jake recargó el rifle y apuntó a la bestia.



Y dime, ¿Te curas de la plata?


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794945