viernes, 21 de mayo de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 3 ''La bestia''

Capítulo 3 ''La bestia''



El sonido del timbre escolar indicaba que ya era el comienzo de las clases de ese día, era miércoles, comenzaba a refrescar y los alumnos entraban es sus respectivas aulas.

Jacob, un chico de estatura más bien baja, pelo castaño oscuro, piel blanca y unos ojos color miel en los que se posaban unas gafas de pasta de color negro miraba buscando a alguien, estaba en el pasillo, las clases iban a comenzar, y quería verlo antes de entrar a su aula, pero no lo encontraba, los alumnos comenzaron a entrar en sus clases y Jacob se terminó sentando en su silla.

Así pasaron las horas hasta la llegada del recreo, salió con su bocadillo y un batido, a lo lejos, cerca de la verja estaba la persona que buscaba, se acercó hasta él y se sentó a su lado, al lado de un chico rubio de ojos azulados, piel muy blanca y un poco más alto que él, ambos cursaban el mismo año en la escuela.

No te vi en clase. —pegó un bocado a su bocadillo, era de jamón, masticó y tragó esperando respuesta de su compañero—. ¿No dices nada?

Me entretuve un poco. —sacó su móvil y se puso a jugar—. ¿Hoy tienes día libre?

El chico del móvil era Rubén, mi hermanito, que, ignorando un poco a Jacob, se centraba en el juego.

No, hay entreno, de todas formas, había quedado con tu hermana Álex, se pasará a recogerme a la salida.

¿Con mi hermana? Tiene dentista... —dijo Rubén con desgano.

¡Por eso se pasará a recogerme a la salida!

Ah vale, perdona, lo entendí mal. —Rubén siguió jugando con el móvil.

¿Te ocurre algo? Estás como distante. —Jacob dejó a medias el bocadillo y lo lanzó a la papelera de al lado—. Sabes que puedes contarme lo que sea.

No tires la comida... —Rubén levantó la vista cuando vio lo que su amigo Jacob había hecho.

Usted perdone. —dijo Jacob con sorna, bebió un poco de batido e hizo amago de tirarlo.

¡No! —Rubén lo detuvo y se lo quitó de la mano—. ¡Al menos dámelo a mí!

Bueno, que aproveche, pero ahora, dime, ¿Qué te pasa? —insistió Jacob.

Nada... —Rubén tomó un sorbo y prosiguió—. Te lo contaré más adelante, pero no es el momento, ni el lugar...

¿Es porque tu hermana se siente chico? —preguntó Jacob.

¿Qué? No, nada que ver... —Rubén desvió la mirada, ya hablamos de eso y te lo dije muchas veces, acepto a mi hermana..., o hermano como es, y le apoyo si quiere ser chico.

La campana de la escuela volvió a sonar indicando el final del recreo, todos volvieron a clases.

El tiempo pasaba, tocaba ciencias, la asignatura favorita de Jacob, estaba atendiendo cuando vio pasar a Rubén haciendo señas para que saliese, lo hizo rápido, la puerta estaba abierta y pudo ver perfectamente que era él. Nadie más en clase se dio cuenta, se levantó y pidió ir al baño.

Salió de la clase y miró hacia donde Rubén había ido, estaba al fondo, le indicó que le siguiera, se puso en marcha y lo comenzó a seguir hasta el baño, entró mirado a los lados, pero no encontraba a su amigo.

¿Rubén? Sal, no tiene gracia, me estoy perdiendo la clase de ciencias...

En ese momento escuchó como tiraban de la cadena dentro de uno de los cubículos ubicados en los laterales del baño, se acercó y abrió la puerta, pero no había nadie.

¡Ya basta, tío! ¡Sal! —Jacob comenzaba a ponerse nervioso.

De repente las luces se apagaron, no se veía nada, Jacob, asustado, se puso a buscar la llave de la luz o la salida, lo que antes encontrara, con sus manos encontró lo que parecía una puerta y empujó.

¡¿Dónde leches estoy?! —Jacob, sorprendido, avanzó despacio por una estancia desconocida, la zona era vieja, parecía una especie de sótano, en el suelo había cadenas tiradas, viejas, por los alrededores las plantas habían crecido con los años, parecía que estaba en una zona abandonada durante largo tiempo.

¿Esto está en la escuela? —se giró para volver por donde vino, pero ya no había puerta, sino una pared de ladrillo—. ¿Qué? ¿Dónde está la puerta? ¿Qué está pasando? Debo salir de aquí como sea...

Unos quejidos llamaron su atención, girando con temor, guio su mirada hasta la zona de las cadenas, había tres chicos de su edad atados, amordazados y con los ojos tapados, dos de ellos tenían el uniforme de la escuela, al tercero no lo conocía.

Un momento, estos chicos antes no estaban aquí... —Jacob bajó las escaleras del sótano e intentó desatar a uno de ellos, entonces recibió un golpe seco en la nuca haciéndole perder el conocimiento...

Mientras tanto, en la escuela, Rubén se acercaba a la portería y de un tiro marcó gol, sus compañeros lo celebraban con él, estaba en clase de gimnasia y tocaba fútbol, deporte que le encantaba, en medio de la celebración vio a Jacob lejos de la pista, sonreía y le hacía señas para que se acercara.

Rubén en un descuido del profesor se alejó de sus compañeros y se adentró en la escuela, conforme se acercaba escuchó a dos profesores hablando, se apoyó en una esquina sin ser visto y se dispuso a espiar que decían.

Sí, estoy segura de que es de Jacob, me pidió ir al baño y no volvió, se ha escaqueado.

De acuerdo, déjemela a mí, llamaré a sus padres. —el director sujetó la mochila de Jacob y se la llevó con él.

Ambos se marcharon en caminos opuestos, estuvieron hablando de Jacob, además la mochila que llevaba el director era suya sin duda. Dijeron que fue a los baños, así que empezaría a buscar ahí.

Rubén con cuidado de no ser visto se dirigió a los baños, entró, pero no había nadie.

Comenzó a mirar en todos los cubículos hasta que en uno de ellos encontró un carnet, se agachó a recogerlo para ver a quién pertenecía, era de Jacob, el carnet de la biblioteca, incluso salía su foto, estuvo ahí, pero ya no estaba, escuchó pasos fuera y la puerta abrirse, en un acto reflejo se metió en el cubículo y cerró despacio.

Los pasos se acercaban más, se detuvieron y escuchó como el grifo del agua comenzó a sonar, fuese quien fuese no podía salir, si era un profesor lo echaría, pero si era uno de los matones del colegio le iría peor, el agua cesó y los pasos se dirigieron a la salida, se abrió la puerta y se cerró.

Rubén esperó un poco y se asomó, no había nadie, salió del cubículo y se dirigió a la puerta del baño para salir, intentó abrir la puerta, pero no se abría, estaba cerrada, de repente escuchó unos gemidos. Se dio media vuelta, miró detrás y quedó en silencio, esperando..., volvió a escuchar los gemidos, provenían de uno de los cubículos, se acercó lentamente hasta llegar al último, abrió la puerta y los gemidos volvieron a escucharse, se acercó a la pared del cubículo, detrás del retrete, puso la oreja y escuchó los gemidos de nuevo, eran como unos quejidos ahogados, quizás alguien necesitaba ayuda, quizás era Jacob...

Sin querer, el apoyo de sus manos contra la pared hizo que ésta cediera y se abriese hacia dentro, Rubén empujó más y terminó abriéndola hasta la mitad, pero no cedía más, se adentró, estaba un poco oscuro, pero podía verse los rayos de luz de forma tenue del sol entrar por unas pequeñas rendijas de la pared, bajó las escaleras despacio hasta llegar a una especie de sótano.

Dentro había cuatro chicos, estaban atados, amordazados y con los ojos vendados, estaban boca abajo, se fijó bien en los chicos, dos de ellos eran de su escuela, a otro no lo conocía y el último era Jacob, aunque estaban de espaldas pudo distinguirlos bien, todos se movían intentando liberarse, excepto Jacob, que parecía no moverse, ¿Estaría muerto? ¿Dormido? ¿Fingiendo? El caso es que Rubén no pudo contenerse y salió en su ayuda.

Hizo amago de acercarse para ayudarle, pero se detuvo de inmediato, acababa de ver a alguien, o más bien a algo acercarse a Jacob, una especie de animal, tenía aspecto de lobo semi—humano, se quedó quieto esperando no ser visto por dicho animal, al parecer Rubén estaba cerca de la esquina de las escaleras, donde solo había oscuridad, esperó quieto pensando que hacer.

Mientras observaba como el animal se acercaba a Jacob, le observó, quizás para ver si estaba vivo o durmiendo, debía hacer algo, pero las garras y dientes de ese animal eran demasiado intimidantes, tenía miedo, miró bien la habitación y pudo distinguir una palanca en una mesa, estaba cerca de él, al lado de la palanca se encontraban las gafas de pasta de su amigo, comenzó a moverse lentamente.

Rubén sujetó con fuerza la palanca, podía hacer dos cosas, acercarse a esa mala bestia y atacarla para salvar a sus compañeros, o salir lentamente del sótano y pedir ayuda. Debía pensar bien que hacer, si Rubén se acercaba podría ser visto más fácilmente, ya que saldría de las sombras. Pero si se marchaba a por ayuda, ¿Quién le garantizaba que no fuese tarde? Quizás la bestia matara a los chicos, o cuando llegasen no habría nadie.

No sabía cómo actuar, estaba por primera vez en su vida sin poder moverse, cualquier movimiento en falso sería su perdición. Durante sus pensamientos observó bien la habitación, había cadenas y mordazas sueltas, ¿Quizás para chicos nuevos? ¿O de chicos que ya estuvieron allí? ¿Por qué está esto en la escuela?

Estaba absorto en sus pensamientos y cuando quiso darse cuenta la bestia no estaba, el animal había desaparecido, el temor se apoderó de su cuerpo, miró a todos lados, pero no lo veía, ¿Quizás se marchó? ¿Pero por dónde?

Esperó un rato más, los gemidos de los cuatro chicos comenzaron a sonar de nuevo, alguno comenzaba a despertarse, Rubén comenzó a salir de la sombra, con la palanca bien agarrada se acercó a Jacob, lo intentó desatar, pero ambas cadenas de las muñecas tenían un candado, era imposible, iba a quitarle la venda y la mordaza, pero era tarde, alguien se acercó a Rubén lentamente, Rubén apretó la palanca con fuerza para defenderse, quiso darse la vuelta, pero un golpe seco en la cabeza le hizo caer redondo al suelo.

Unos leves quejidos se escuchaban de fondo, Jacob abrió lentamente los ojos y pudo ver que ya no estaba amordazado, ni vendado, ni atado. Aunque sin gafas le costaba un poco ver de lejos, distinguió que a su lado estaba Rubén, en su misma situación, pero él estaba vendado, amordazado y atado como el resto de los chicos, entonces pudo verlo, pudo ver la bestia.

Era una especie de lobo con forma humana, pero se notaba que era más un animal, estaba tumbada en el fondo de la habitación, parecía dormir.

Jacob esperó un rato, el silencio en la habitación era roto por los quejidos de los chicos que estaban atados en la misma, quejas, gemidos, cadenas moverse, era un sitio aterrador y perturbador, Jacob era el único que estaba sin cadenas, ¿Pero por qué? ¿Quién se las quitó? ¿Y por qué?

El miedo invadió su cuerpo, sabía que debía moverse y salir de allí cuanto antes, antes de que fuese demasiado tarde, era ahora o nunca.

De tanto esperar acabo durmiéndose, de cansancio, cuando despertó, el sol pegaba con menos fuerza, miró por todas partes, la bestia no estaba, se incorporó lentamente y se alejó gateando como si de un felino se tratase, por el camino quiso ayudar a Rubén, sujetó lentamente las cadenas y las manos de su amigo, que tenía cada cadena sujetada a una muñeca, y cada una tenía un candado.

Intentó abrirlas, pero el ruido que éstas hacían con cada movimiento le hacía temblar más, podría ser descubierto si seguía así, así que siguió gateando despacio hacia las escaleras que llevaban a la salida, una vez llegó comenzó a subirlas lentamente hasta llegar arriba, empujó y logró salir del sótano, se puso de pie y salió corriendo del baño.

Entonces chocó con la profesora de ciencias, Jacob, asustado, intentó huir, pero la profesora lo sujetó con sus largas manos.

¿Dónde vas jovencito? No puedes tardar tanto tiempo en el baño, es la última vez que te dejo ir.

Profesora, mi amigo, mis compañeros, están...

Nada, volvamos a clase. —la profesora le cortó enseguida.

¡¡No!! ¡Están en peligro! —Jacob insistía.

¿De qué hablas Jacob? —la profesora empezó a escuchar a Jacob.

Por favor, están secuestrados abajo, ¡Por aquí! —Jacob guio a la profesora hasta el cubículo de los baños, lo abrió para enseñarle la puerta, pero había un alumno dentro.

¡Oye un respeto! —dijo el chico desconocido, que permanecía sentado, intentó cerrar su puerta.

¿Qué haces tú aquí? Esto estaba vacío...

La profesora sujetó a Jacob y lo llevó hasta el pasillo.

Mira jovencito, que seas mi mejor alumno no te va a salvar de este tipo de bromas, ¡Al despacho del director!

¡Pero maestra!...

Ni pero ni pera, ¡Al despacho! —la mano de la profesora indicaba el camino que Jacob debía recorrer hasta el despacho del director—. ¡No lo diré más!

Jacob enfadado tomó el camino hacia el despacho del director, durante el trayecto pensó que podría hacer para salvar a sus compañeros, ¡Rubén aún estaba allí! ¡Con esa bestia!

Se detuvo un momento y se fijó en su ropa, estaba limpia y nueva, ¿Cómo es posible? Salió corriendo hacia la clase de Rubén, llamó a la puerta y se asomó buscándolo.

domingo, 18 de abril de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 2 ''La casa''

Capítulo 2 ''La casa''



El viento soplaba con fuerza, se hacía muy tarde, era miércoles y conforme oscurecía, Daniel aumentaba la velocidad de sus pasos, cada vez más rápido, el chico, con su pelo corto, color naranja oscuro, de piel muy blanca, salpicada por muchas pecas en su cara y unos ojos verdes claros, apresuraba sus pasos de manera rápida, el sol desaparecía dando paso a una espesa oscuridad que solo era vencida por las pequeñas luces de las farolas que se iban encendiendo por la calle.

Se notaba que estábamos a finales de septiembre y de cómo el frescor de la noche se imponía al caluroso verano, pronto llegaría el otoño.

¡Date prisa! —se quejó Cristian, el hermano mayor de Daniel, al ver que éste se quedaba atrás.

Cristian era un chico tan blanco como su hermano, pero de pelo castaño oscuro, con media melena y ojos marrones claros—. Recuerda que tenemos que estar en casa antes de las ocho.

¡Ya lo sé!, sólo es que no me parece buena idea lo de entrar ahí... —Daniel llegó hasta Cristian y se quedaron enfrente de una casa, aparentemente, abandonada—. Yo no quiero que lo hagas.

No empieces Dani, voy a entrar y cumplir mi misión, tú solo debes quedarte aquí y esperar a que salga. —Cristian sacó una linterna—. Toma, sujeta. —Cristian terminó de tomarse su batido y le pasó a su hermano la mochila—. ¡No cojas nada!

Daniel miró desafiante a su hermano.

Cristian y Daniel hablaban de la prueba del valor, ésta se llevaba a cabo cada año para poder entrar en el grupo de los chicos guays, cada año había una vacante nueva, para poder formar parte debías entrar en esa casa, buscar un papel firmado por los chicos del grupo y entregarlo, no parecía nada del otro mundo, salvo por las historias que se contaban sobre esa casa.

No quiero quedarme aquí solo, ¡Por favor, Cris! —Daniel puso ojos tristes intentando dar pena, la idea de quedarse solo en la calle mientras su hermano se adentraba en la casa más tenebrosa del condado no le agradaba.

No tardaré, te lo prometo. —dicho esto Cristian subió los pocos escalones de la casa y se adentró en ella, dejó la puerta abierta y avanzó un poco. El polvo y la poca luz apresuró sus pasos y su respiración aumentó, con la linterna apuntó a varios sitios de la casa buscando el papel, pero solo había trastos, muebles viejos y suciedad.

Miró hacia atrás y pudo distinguir a su hermano esperando fuera, no era momento de echarse atrás, ya estaba dentro, no podía dejar pasar la oportunidad de entrar en el grupo de los guays de la escuela, era eso o ser el objetivo de burlas durante ese año.

Unos crujidos llamaron su atención, parecían venir del piso de arriba, apuntó a la escalera de la casa y se quedó observando, por un momento pensó que alguno de los chicos estaría en la casa para gastarle una broma o algo por el estilo, se tranquilizó y comenzó a subir, al llegar al segundo piso encontró una nota, se agachó y la recogió.

Si entras en la casa, nunca más saldrás. —Cristian leyó la nota con miedo, además estaba escrita como en rojo, rojo sangre, se la llevó a la nariz y la olfateó, pero no distinguía si era sangre o no—. ¡Chicos, no tiene gracia, salid! ¡Se supone que estaría solo!

Pero no hubo respuesta alguna, escudriñó la oscuridad del fondo y pudo distinguir una silueta humana, apuntó con la linterna, se podía distinguir que era la silueta de un chico de espaldas, llevaba ropa vieja y estropeada.

¿Hola? —la voz de Cristian sonaba con temor—. ¿Quién eres?

Un fuerte golpe sonó detrás, Cristian se giró enseguida con el puño en el corazón, pero no había nadie, solo las escaleras, unas risas de niño sonaron en la casa, se volvió a girar hacia la silueta, pero ya no estaba.

Vale, piensa..., están intentando asustarte..., encuentro la nota y me largo de aquí.

Cristian continuó caminando y entró en una habitación, parecía el cuarto de un chico, tenía peluches y juguetes muy viejos, empezó a mirar por el escritorio, la mesita e incluso el armario, pero no había nada, iba a marcharse a otro cuarto cuando pareció encontrar o ver algo debajo de la almohada de la cama.

Se acercó hasta ella y sacó una especie de diario, no se distinguía el nombre del dueño, además de estar muy sucio, lo abrió y lo comenzó a leer, aunque estaba muy viejo y estropeado, se podían distinguir algunas partes, Cristian comenzó a leerlo en voz alta guiándose con la linterna.

''Mi mamá no me cree, ni siquiera mi hermano, pero estoy seguro de que algo extraño pasa en esta casa, algo que no puedo explicar, primero los ruidos y quejidos, luego las sombras con forma humana, después objetos que desaparecen y aparecen en otros lugares, pero lo de anoche fue lo peor, estoy seguro de que no era un sueño, algo estaba debajo de mi cama, como cada noche, mientras duermo, me despierta ese sonido metálico, como si de un tenedor contra el suelo se tratase, siempre me quedo quieto hasta dormirme, pero esa noche la cosa fue más lejos, una respiración, sí, era una respiración, había alguien en mi cuarto...''

Cristian se detuvo para respirar hondo, miró alrededor del cuarto, cogió aire y siguió leyendo, esta vez unas páginas más adelante.

''No me atreví a moverme, lo que fuese me tenía fuertemente agarrado en la cama, tenía más fuerza que yo, me quedé boca abajo, inmóvil en la cama, me hacía el dormido, me empezó a tocar, no sabía qué hacer, tenía miedo, me sujetó con fuerza y me hacía daño, no sé qué haría después...''

Un quejido sonó debajo de la cama, Cristian instintivamente se apartó con miedo y miró hacia ella, estaba oscuro, no se veía del todo lo que había debajo de la misma, si quería ver más, se tendría que agachar.

De repente, unos pasos sonaban provenientes del pasillo, los pasos sonaban amenazantes, con miedo, apagó la linterna y se metió en la cama, se tapó con la pequeña manta que había y dando la espalda a la puerta se quedó callado, estaba aterrorizado, no sabía qué hacer, intentó tranquilizarse, lo que acababa de leer eran imaginaciones de un chico perturbado, estaba seguro, pero si no fuese así..., si realmente lo que leyó pasó de verdad..., ¿Qué podría hacer?

Los pasos se acercaron lentamente y se detuvieron a la altura de la cama, Cristian notó una respiración ajetreada y profunda, había alguien más allí, ¡No estaba solo! Lo que fuese, se echó sobre la cama, se metió dentro y se puso al lado de Cristian, el cual estaba quieto e inmóvil, éste estaba deseando salir corriendo para no volver nunca más.

Cristian notó como unas manos frías se posaron en él y comenzó a ser tocado. La respiración de ambos se intensificaba considerablemente, la temperatura de Cristian subía a cada segundo.

Empezó a pensar en lo que había leído, ¿Qué le pasó al dueño del diario después?, ¿Hubo un después de hecho? Pero tenía miedo de actuar, estaba muy aterrado, entonces escuchó unos gritos desde la calle.

¡¡Cris!! —era la voz de su hermano, estaba gritando su nombre, se armó de valor y se levantó de la cama de un salto, encendió la linterna y apuntó a la cama.

Pero no había nadie, volvió a apuntar al resto del cuarto, pero tampoco había nadie, ¡Era imposible! ¿Cómo se marchó sin hacer ruido?

¡Hijos de puta! —Cristian se bajó de la cama después de acomodarse la ropa—. ¡Habéis sido vosotros! ¡Cabrones!

Sujetó el diario y mirándolo fijamente lo abrió por donde se quedó leyendo la última vez, leyendo con voz temblorosa continúo por donde lo había dejado antes.

''Se escuchó ese ruido metálico de nuevo, pero no había nadie, era extraño, así que me levante, encendí la luz, pero no funcionaba, entonces noté como algo estaba detrás, esa cosa, ese ser estaba detrás de mí, noté su respiración en mi espalda.''

Cristian se detuvo, temblando alzó los ojos sin levantar la cabeza del todo para mirar la puerta, ¡Tenía que salir corriendo! Una respiración detrás de él le devolvió a la triste realidad. ¡Estaba detrás de él!

¡¡Cris!! —gritó Daniel desde la calle.

En cuanto escuchó a su hermano salió corriendo, lo hacía pensando en llegar cuanto antes, Cristian no quería morir, a punto de llorar, bajó las escaleras y cruzó la puerta hasta donde estaba su hermano.

¡¿Dónde estabas?! ¡Dijiste que no tardarías! —la voz de Daniel pasó casi desapercibida para Cristian, que miró hacia atrás, hacia la casa en la que había estado hace un momento, y sonriendo por haber salvado su vida miró a Dani.

¡Vayámonos de aquí! —Cristian recogió su mochila y comenzaron a caminar alejándose de esa casa maldita.

¿Pasaste la prueba? —Daniel se puso a su lado.

¿Qué? No, que le den...

¿Y qué es lo que llevas en la mano? —Daniel apuntó con el dedo al diario, ¡Cristian se lo trajo!

Ah, esto..., lo encontré en la casa... —dijo Cristian con incertidumbre.

¿Qué es? —la curiosidad de Daniel era muy grande, observaba el diario con gran interés.

Un diario. —dijo Cristian.

¿Y qué pone?, ¿De quién es?, ¿Lo has leído? —Daniel estaba más preguntón de lo normal, aunque de por sí siempre fue un chico muy curioso—. ¡Anda dímelo!

No preguntes tanto, debemos volver a casa, se hizo tarde.

Está bien... —Daniel frunció el ceño enfadado y resignado.

Cristian y Daniel llegaron a su casa por fin, dejaron las mochilas en su cuarto y se sentaron a cenar, el tiempo pasó rápido, cenaron tortilla con atún.

Tras cenar, ambos se fueron a la cama, Cristian y Daniel dormían juntos, tenían unas camas literas, Cristian dormía abajo y Daniel arriba.

Cristian observó como Daniel parecía estar ya dormido, se tumbó y cerró también los ojos.

Oye Cris. —susurró Daniel.

Dime Dani.

¿Tuviste miedo?

¿A qué te refieres? —preguntó Cristian.

Pues en la casa, yo nunca hubiese entrado, eres muy valiente. —las palabras de Daniel llenaban de orgullo a Cristian.

Cristian no contestó, hablar de la vivencia le hacía recordar lo ocurrido y sentía un escalofrío.

Entonces, ¿Este año tampoco estarás en el grupo? —Daniel se asomó por el lateral de la litera mirando a su hermano desde arriba, su pelo anaranjado se posó en parte de su cara.

Supongo que no, me da igual, ya no quiero formar parte de ese grupo de fracasados, Dani, duérmete, que mañana hay clase.

Está bien... —Daniel se volvió a tumbar y se hizo el silencio en la habitación, Cristian miró en su mesita, abrió el cajón y sacó el diario de la casa.

Lo miró detenidamente, lo abrió y pasó varias páginas más adelante, con la tenue luz que entraba por la ventana era suficiente para distinguir las letras, leía en voz baja por la parte donde abrió el diario.

''Hoy le conté a mi hermano lo que me está pasando, pero no me creyó, piensa que estoy loco, ya no sé qué hacer, son tres noches las que he sentido que no estoy solo, quiero salir de esta casa, me da mucho miedo, esa cosa sale de debajo de mi cama''.

La puerta del cuarto comenzó a abrirse lentamente, Cristian detuvo la lectura y miró hacia la misma, la oscuridad impedía ver nada del pasillo.

¿Mamá...? —murmuró con temor Cristian, al no obtener respuesta se levantó y encendió la luz del pasillo, no había nadie, escuchó el soplo del aire una ventana entreabierta, ¡Vaya, así que eso abrió la puerta! Se acercó y cerró la ventana del pasillo por donde entraba el aire, por último, cerró la puerta de su cuarto y se volvió a tumbar en la cama, pero esta vez dejó la luz de la mesita encendida.

Joder, me voy a volver loco también.

Cristian. —Daniel se movió en su cama llamando la atención de su hermano.

Dani, duérmete...

Cristian, ¿La nota no decía que, si entras en la casa, nunca más saldrás?

La nota es de uno de esos idiotas que solo querían meterme miedo... —Cristian soltó el diario en la mesita a la vez que un escalofrío recorría su espalda, ¿Cómo sabía eso su hermano?— ¿Da, Dani..., tú..., tú..., cómo sabes eso? —tartamudeando, Cristian preguntó a su hermano con temor.

La risa perversa de Daniel hizo temblar más aún a Cristian, que asustado, no sabía qué decir o cómo actuar.

¡Mira! —Dani se asomó por el lateral con la nota escrita—. ¡Estaba en tu bolsillo!

¿Cómo? —Cristian respiró aliviado y a la vez enojado, se levantó y le quitó la nota—. ¿Registras mis bolsillos?

Perdón... —se disculpó Daniel.

Dani, ¡Duérmete ya!, necesito descansar, es en serio...

Cristian metió la nota en la mesita, cerró el cajón y apagando la luz de la lámpara de la mesita se recostó en la cama.

Pasaron los minutos, pero no podía dormirse, le costaba coger el sueño, miró la hora, eran ya las dos de la madrugada. Se giró hacia la ventana, notó algo entre las sábanas de la cama, se intentó apartar para sacar lo que parecía un folleto arrugado, lo extendió y le dio la vuelta.

En ella aparecía su foto con la palabra, ''desaparecido''. Tragó saliva y en ese instante sintió una respiración en su nuca, esa respiración que sentía era la misma que sintió en la casa, nunca la olvidaría, cerró los ojos y arrugó con fuerza el papel aterrorizado.

Esto no es real..., es un sueño..., no es verdad..., esto no está pasando...

La respiración cesó, abrió los ojos y todo parecía normal, salvo que..., ¡Estaba en la casa abandonada de nuevo!

Se levantó aterrado, sí, estaba en la casa, en su mano tenía aún el diario y en la otra la linterna, la encendió y apuntó al cuarto, ¡Estaba en la casa!

¡¡Mamá!! —Cristian temblaba de miedo, ¡Quería salir de ahí!

Cristian. —la voz de alguien le hizo girar y mirar detrás, éste se encontraba sentado en la cama a escasos metros suyos—. Ya te avisé, nunca más saldrás de la casa.

Un chico de rostro pálido se levantó lentamente y le mostró una foto propia donde ponía que estaba desaparecido.

Tú también desaparecerás. —el chico se acercó a Cristian y éste casi llorando ante tal escena salió corriendo y bajó de nuevo las escaleras, abrió la puerta y salió.

Allí estaba Daniel.

¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Daniel.

¿Qué? ¡¿Qué está pasando?! —Cristian estaba al borde de un ataque—. ¡Esto no es real! ¡No lo es!

Cristian miraba a los alrededores, estaba sudando y en estado de pánico.

¿De qué hablas Cris? Me estás asustando... —Daniel observaba a su hermano asustado.

Cristian puso sus manos en la cabeza, cerró los ojos y respiró profundamente.

Cris, ¿Estás bien? No me gustan las bromas... —Daniel se acercó a su hermano intentando averiguar qué le pasaba.

Cristian empezó a calmarse, se irguió y miró a Dani.

Perdón, yo..., es que todo es tan real..., pensé que jamás saldría de esa casa...

Cristian miró la casa fijamente y con temor cogió la mochila, dispuesto a marcharse.

¿Quién dijo que has salido..., Cristian? —la voz de Daniel sonaba diferente, era como una voz que chirriaba.

Cristian se detuvo en seco, se dio la vuelta y miró a Daniel, pero ese no era Daniel, era otro chico, o más bien algo parecido a un chico, sus ropas estaban rasgadas y sucias, su piel estaba ensangrentada y muy pálida, parecía un chico sin vida—. Nunca más volverás a salir, ven con nosotros Cristian, ¡No queremos estar solos!

Cristian salió corriendo, a tanta velocidad que en pocos minutos llegó a su casa, entró, pero no había nadie, subió hasta su cuarto y ahí estaba Daniel durmiendo, pero también él, sí, Cristian estaba durmiendo en su cama.

Pero ¿Cómo es posible? ¡¿Cómo estoy ahí?! —el que parecía Cristian miró fijamente al verdadero y con una malvada sonrisa se levantó de la cama, sacó un cuchillo de la mesita y comenzó a subir a la litera de arriba.

¡No!, ¡¿Qué vas a hacer?! —Cristian intentó moverse, pero no pudo, algo lo detenía, su cuerpo no respondía—. ¡Por favor no lo hagas!

Daniel abrió los ojos y miró como Cristian apuntaba con el cuchillo hacia él.

¿¡Cris qué haces!? —acto seguido Cristian apuñaló varias veces a Daniel de manera violenta—. ¡No! ¡Para! ¡Por favor, hermano!

Cristian observó la aterradora escena sin poder moverse, su hermano siendo apuñalado varias veces hasta la muerte por él mismo, la cama..., el cuarto..., absolutamente todo estaba lleno de sangre.

Cristian perdió las fuerzas y se arrodilló pidiendo perdón, sentía rabia e impotencia por no haberlo evitado.

¡Cristian! —la voz de su madre alertó a Cristian, le costaba trabajo distinguir algo con la luz del sol—. Llegas tarde, tu hermano ya está abajo, ¡Rápido y vístete!

Cristian observó como su madre le tiraba la ropa en la cama, éste la recogió y acto seguido miró en la litera de arriba, donde dormía su hermano, comprobando que no había sangre, parecía que todo fue un sueño, se vistió y bajó al comedor.

¡Buenos días, Cris! ¡Te has dormido! Otra vez... —Daniel miraba a Cristian sonriente.

Cristian se abalanzó hacia Dani y le dio un abrazo junto a varios besos en sus mejillas.

¿Qué haces? —Dani extrañado intentó apartarse—. ¡Para! ¡Me llenaste de babas!

Perdona, es que..., bueno, no es nada. —Cristian se sentó a desayunar mientras su hermano veía la tele.

¿Hoy es el día no? —Daniel dejó de ver los dibujos de la tele por un momento y miró a Cris.

¿Qué día? —Cristian intrigado dejó la cuchara en el plato.

Lo de la prueba esa absurda, ¿No es hoy? —Daniel le preguntaba sin dejar de mirar la televisión.

¿Qué dices? Ya fuimos anoche, no pienso volver ahí...

¿Anoche? ¿De qué hablas? Anoche estuvimos en casa jugando a la consola... —Daniel dejó de ver la televisión y observó a su hermano frunciendo el ceño.

¿Cómo? —Cristian miró su móvil, era miércoles—. No puede ser, yo...

¿Qué? —Daniel le miró extrañado—. ¿Entonces vamos a ir?

No. —Cristian fue contundente—. Que le den a la prueba.

¡Genial! ¿Entonces iremos a casa de Álex y Rubén?

Supongo... —Cristian no iba a volver a esa casa jamás, aunque..., no sería volver... si realmente nunca estuvo ahí, ¿O si estuvo?

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021