domingo, 18 de abril de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 2 ''La casa''

Capítulo 2 ''La casa''



El viento soplaba con fuerza, se hacía muy tarde, era miércoles y conforme oscurecía, Daniel aumentaba la velocidad de sus pasos, cada vez más rápido, el chico, con su pelo corto, color naranja oscuro, de piel muy blanca, salpicada por muchas pecas en su cara y unos ojos verdes claros, apresuraba sus pasos de manera rápida, el sol desaparecía dando paso a una espesa oscuridad que solo era vencida por las pequeñas luces de las farolas que se iban encendiendo por la calle.

Se notaba que estábamos a finales de septiembre y de cómo el frescor de la noche se imponía al caluroso verano, pronto llegaría el otoño.

¡Date prisa! —se quejó Cristian, el hermano mayor de Daniel, al ver que éste se quedaba atrás.

Cristian era un chico tan blanco como su hermano, pero de pelo castaño oscuro, con media melena y ojos marrones claros—. Recuerda que tenemos que estar en casa antes de las ocho.

¡Ya lo sé!, sólo es que no me parece buena idea lo de entrar ahí... —Daniel llegó hasta Cristian y se quedaron enfrente de una casa, aparentemente, abandonada—. Yo no quiero que lo hagas.

No empieces Dani, voy a entrar y cumplir mi misión, tú solo debes quedarte aquí y esperar a que salga. —Cristian sacó una linterna—. Toma, sujeta. —Cristian terminó de tomarse su batido y le pasó a su hermano la mochila—. ¡No cojas nada!

Daniel miró desafiante a su hermano.

Cristian y Daniel hablaban de la prueba del valor, ésta se llevaba a cabo cada año para poder entrar en el grupo de los chicos guays, cada año había una vacante nueva, para poder formar parte debías entrar en esa casa, buscar un papel firmado por los chicos del grupo y entregarlo, no parecía nada del otro mundo, salvo por las historias que se contaban sobre esa casa.

No quiero quedarme aquí solo, ¡Por favor, Cris! —Daniel puso ojos tristes intentando dar pena, la idea de quedarse solo en la calle mientras su hermano se adentraba en la casa más tenebrosa del condado no le agradaba.

No tardaré, te lo prometo. —dicho esto Cristian subió los pocos escalones de la casa y se adentró en ella, dejó la puerta abierta y avanzó un poco. El polvo y la poca luz apresuró sus pasos y su respiración aumentó, con la linterna apuntó a varios sitios de la casa buscando el papel, pero solo había trastos, muebles viejos y suciedad.

Miró hacia atrás y pudo distinguir a su hermano esperando fuera, no era momento de echarse atrás, ya estaba dentro, no podía dejar pasar la oportunidad de entrar en el grupo de los guays de la escuela, era eso o ser el objetivo de burlas durante ese año.

Unos crujidos llamaron su atención, parecían venir del piso de arriba, apuntó a la escalera de la casa y se quedó observando, por un momento pensó que alguno de los chicos estaría en la casa para gastarle una broma o algo por el estilo, se tranquilizó y comenzó a subir, al llegar al segundo piso encontró una nota, se agachó y la recogió.

Si entras en la casa, nunca más saldrás. —Cristian leyó la nota con miedo, además estaba escrita como en rojo, rojo sangre, se la llevó a la nariz y la olfateó, pero no distinguía si era sangre o no—. ¡Chicos, no tiene gracia, salid! ¡Se supone que estaría solo!

Pero no hubo respuesta alguna, escudriñó la oscuridad del fondo y pudo distinguir una silueta humana, apuntó con la linterna, se podía distinguir que era la silueta de un chico de espaldas, llevaba ropa vieja y estropeada.

¿Hola? —la voz de Cristian sonaba con temor—. ¿Quién eres?

Un fuerte golpe sonó detrás, Cristian se giró enseguida con el puño en el corazón, pero no había nadie, solo las escaleras, unas risas de niño sonaron en la casa, se volvió a girar hacia la silueta, pero ya no estaba.

Vale, piensa..., están intentando asustarte..., encuentro la nota y me largo de aquí.

Cristian continuó caminando y entró en una habitación, parecía el cuarto de un chico, tenía peluches y juguetes muy viejos, empezó a mirar por el escritorio, la mesita e incluso el armario, pero no había nada, iba a marcharse a otro cuarto cuando pareció encontrar o ver algo debajo de la almohada de la cama.

Se acercó hasta ella y sacó una especie de diario, no se distinguía el nombre del dueño, además de estar muy sucio, lo abrió y lo comenzó a leer, aunque estaba muy viejo y estropeado, se podían distinguir algunas partes, Cristian comenzó a leerlo en voz alta guiándose con la linterna.

''Mi mamá no me cree, ni siquiera mi hermano, pero estoy seguro de que algo extraño pasa en esta casa, algo que no puedo explicar, primero los ruidos y quejidos, luego las sombras con forma humana, después objetos que desaparecen y aparecen en otros lugares, pero lo de anoche fue lo peor, estoy seguro de que no era un sueño, algo estaba debajo de mi cama, como cada noche, mientras duermo, me despierta ese sonido metálico, como si de un tenedor contra el suelo se tratase, siempre me quedo quieto hasta dormirme, pero esa noche la cosa fue más lejos, una respiración, sí, era una respiración, había alguien en mi cuarto...''

Cristian se detuvo para respirar hondo, miró alrededor del cuarto, cogió aire y siguió leyendo, esta vez unas páginas más adelante.

''No me atreví a moverme, lo que fuese me tenía fuertemente agarrado en la cama, tenía más fuerza que yo, me quedé boca abajo, inmóvil en la cama, me hacía el dormido, me empezó a tocar, no sabía qué hacer, tenía miedo, me sujetó con fuerza y me hacía daño, no sé qué haría después...''

Un quejido sonó debajo de la cama, Cristian instintivamente se apartó con miedo y miró hacia ella, estaba oscuro, no se veía del todo lo que había debajo de la misma, si quería ver más, se tendría que agachar.

De repente, unos pasos sonaban provenientes del pasillo, los pasos sonaban amenazantes, con miedo, apagó la linterna y se metió en la cama, se tapó con la pequeña manta que había y dando la espalda a la puerta se quedó callado, estaba aterrorizado, no sabía qué hacer, intentó tranquilizarse, lo que acababa de leer eran imaginaciones de un chico perturbado, estaba seguro, pero si no fuese así..., si realmente lo que leyó pasó de verdad..., ¿Qué podría hacer?

Los pasos se acercaron lentamente y se detuvieron a la altura de la cama, Cristian notó una respiración ajetreada y profunda, había alguien más allí, ¡No estaba solo! Lo que fuese, se echó sobre la cama, se metió dentro y se puso al lado de Cristian, el cual estaba quieto e inmóvil, éste estaba deseando salir corriendo para no volver nunca más.

Cristian notó como unas manos frías se posaron en él y comenzó a ser tocado. La respiración de ambos se intensificaba considerablemente, la temperatura de Cristian subía a cada segundo.

Empezó a pensar en lo que había leído, ¿Qué le pasó al dueño del diario después?, ¿Hubo un después de hecho? Pero tenía miedo de actuar, estaba muy aterrado, entonces escuchó unos gritos desde la calle.

¡¡Cris!! —era la voz de su hermano, estaba gritando su nombre, se armó de valor y se levantó de la cama de un salto, encendió la linterna y apuntó a la cama.

Pero no había nadie, volvió a apuntar al resto del cuarto, pero tampoco había nadie, ¡Era imposible! ¿Cómo se marchó sin hacer ruido?

¡Hijos de puta! —Cristian se bajó de la cama después de acomodarse la ropa—. ¡Habéis sido vosotros! ¡Cabrones!

Sujetó el diario y mirándolo fijamente lo abrió por donde se quedó leyendo la última vez, leyendo con voz temblorosa continúo por donde lo había dejado antes.

''Se escuchó ese ruido metálico de nuevo, pero no había nadie, era extraño, así que me levante, encendí la luz, pero no funcionaba, entonces noté como algo estaba detrás, esa cosa, ese ser estaba detrás de mí, noté su respiración en mi espalda.''

Cristian se detuvo, temblando alzó los ojos sin levantar la cabeza del todo para mirar la puerta, ¡Tenía que salir corriendo! Una respiración detrás de él le devolvió a la triste realidad. ¡Estaba detrás de él!

¡¡Cris!! —gritó Daniel desde la calle.

En cuanto escuchó a su hermano salió corriendo, lo hacía pensando en llegar cuanto antes, Cristian no quería morir, a punto de llorar, bajó las escaleras y cruzó la puerta hasta donde estaba su hermano.

¡¿Dónde estabas?! ¡Dijiste que no tardarías! —la voz de Daniel pasó casi desapercibida para Cristian, que miró hacia atrás, hacia la casa en la que había estado hace un momento, y sonriendo por haber salvado su vida miró a Dani.

¡Vayámonos de aquí! —Cristian recogió su mochila y comenzaron a caminar alejándose de esa casa maldita.

¿Pasaste la prueba? —Daniel se puso a su lado.

¿Qué? No, que le den...

¿Y qué es lo que llevas en la mano? —Daniel apuntó con el dedo al diario, ¡Cristian se lo trajo!

Ah, esto..., lo encontré en la casa... —dijo Cristian con incertidumbre.

¿Qué es? —la curiosidad de Daniel era muy grande, observaba el diario con gran interés.

Un diario. —dijo Cristian.

¿Y qué pone?, ¿De quién es?, ¿Lo has leído? —Daniel estaba más preguntón de lo normal, aunque de por sí siempre fue un chico muy curioso—. ¡Anda dímelo!

No preguntes tanto, debemos volver a casa, se hizo tarde.

Está bien... —Daniel frunció el ceño enfadado y resignado.

Cristian y Daniel llegaron a su casa por fin, dejaron las mochilas en su cuarto y se sentaron a cenar, el tiempo pasó rápido, cenaron tortilla con atún.

Tras cenar, ambos se fueron a la cama, Cristian y Daniel dormían juntos, tenían unas camas literas, Cristian dormía abajo y Daniel arriba.

Cristian observó como Daniel parecía estar ya dormido, se tumbó y cerró también los ojos.

Oye Cris. —susurró Daniel.

Dime Dani.

¿Tuviste miedo?

¿A qué te refieres? —preguntó Cristian.

Pues en la casa, yo nunca hubiese entrado, eres muy valiente. —las palabras de Daniel llenaban de orgullo a Cristian.

Cristian no contestó, hablar de la vivencia le hacía recordar lo ocurrido y sentía un escalofrío.

Entonces, ¿Este año tampoco estarás en el grupo? —Daniel se asomó por el lateral de la litera mirando a su hermano desde arriba, su pelo anaranjado se posó en parte de su cara.

Supongo que no, me da igual, ya no quiero formar parte de ese grupo de fracasados, Dani, duérmete, que mañana hay clase.

Está bien... —Daniel se volvió a tumbar y se hizo el silencio en la habitación, Cristian miró en su mesita, abrió el cajón y sacó el diario de la casa.

Lo miró detenidamente, lo abrió y pasó varias páginas más adelante, con la tenue luz que entraba por la ventana era suficiente para distinguir las letras, leía en voz baja por la parte donde abrió el diario.

''Hoy le conté a mi hermano lo que me está pasando, pero no me creyó, piensa que estoy loco, ya no sé qué hacer, son tres noches las que he sentido que no estoy solo, quiero salir de esta casa, me da mucho miedo, esa cosa sale de debajo de mi cama''.

La puerta del cuarto comenzó a abrirse lentamente, Cristian detuvo la lectura y miró hacia la misma, la oscuridad impedía ver nada del pasillo.

¿Mamá...? —murmuró con temor Cristian, al no obtener respuesta se levantó y encendió la luz del pasillo, no había nadie, escuchó el soplo del aire una ventana entreabierta, ¡Vaya, así que eso abrió la puerta! Se acercó y cerró la ventana del pasillo por donde entraba el aire, por último, cerró la puerta de su cuarto y se volvió a tumbar en la cama, pero esta vez dejó la luz de la mesita encendida.

Joder, me voy a volver loco también.

Cristian. —Daniel se movió en su cama llamando la atención de su hermano.

Dani, duérmete...

Cristian, ¿La nota no decía que, si entras en la casa, nunca más saldrás?

La nota es de uno de esos idiotas que solo querían meterme miedo... —Cristian soltó el diario en la mesita a la vez que un escalofrío recorría su espalda, ¿Cómo sabía eso su hermano?— ¿Da, Dani..., tú..., tú..., cómo sabes eso? —tartamudeando, Cristian preguntó a su hermano con temor.

La risa perversa de Daniel hizo temblar más aún a Cristian, que asustado, no sabía qué decir o cómo actuar.

¡Mira! —Dani se asomó por el lateral con la nota escrita—. ¡Estaba en tu bolsillo!

¿Cómo? —Cristian respiró aliviado y a la vez enojado, se levantó y le quitó la nota—. ¿Registras mis bolsillos?

Perdón... —se disculpó Daniel.

Dani, ¡Duérmete ya!, necesito descansar, es en serio...

Cristian metió la nota en la mesita, cerró el cajón y apagando la luz de la lámpara de la mesita se recostó en la cama.

Pasaron los minutos, pero no podía dormirse, le costaba coger el sueño, miró la hora, eran ya las dos de la madrugada. Se giró hacia la ventana, notó algo entre las sábanas de la cama, se intentó apartar para sacar lo que parecía un folleto arrugado, lo extendió y le dio la vuelta.

En ella aparecía su foto con la palabra, ''desaparecido''. Tragó saliva y en ese instante sintió una respiración en su nuca, esa respiración que sentía era la misma que sintió en la casa, nunca la olvidaría, cerró los ojos y arrugó con fuerza el papel aterrorizado.

Esto no es real..., es un sueño..., no es verdad..., esto no está pasando...

La respiración cesó, abrió los ojos y todo parecía normal, salvo que..., ¡Estaba en la casa abandonada de nuevo!

Se levantó aterrado, sí, estaba en la casa, en su mano tenía aún el diario y en la otra la linterna, la encendió y apuntó al cuarto, ¡Estaba en la casa!

¡¡Mamá!! —Cristian temblaba de miedo, ¡Quería salir de ahí!

Cristian. —la voz de alguien le hizo girar y mirar detrás, éste se encontraba sentado en la cama a escasos metros suyos—. Ya te avisé, nunca más saldrás de la casa.

Un chico de rostro pálido se levantó lentamente y le mostró una foto propia donde ponía que estaba desaparecido.

Tú también desaparecerás. —el chico se acercó a Cristian y éste casi llorando ante tal escena salió corriendo y bajó de nuevo las escaleras, abrió la puerta y salió.

Allí estaba Daniel.

¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Daniel.

¿Qué? ¡¿Qué está pasando?! —Cristian estaba al borde de un ataque—. ¡Esto no es real! ¡No lo es!

Cristian miraba a los alrededores, estaba sudando y en estado de pánico.

¿De qué hablas Cris? Me estás asustando... —Daniel observaba a su hermano asustado.

Cristian puso sus manos en la cabeza, cerró los ojos y respiró profundamente.

Cris, ¿Estás bien? No me gustan las bromas... —Daniel se acercó a su hermano intentando averiguar qué le pasaba.

Cristian empezó a calmarse, se irguió y miró a Dani.

Perdón, yo..., es que todo es tan real..., pensé que jamás saldría de esa casa...

Cristian miró la casa fijamente y con temor cogió la mochila, dispuesto a marcharse.

¿Quién dijo que has salido..., Cristian? —la voz de Daniel sonaba diferente, era como una voz que chirriaba.

Cristian se detuvo en seco, se dio la vuelta y miró a Daniel, pero ese no era Daniel, era otro chico, o más bien algo parecido a un chico, sus ropas estaban rasgadas y sucias, su piel estaba ensangrentada y muy pálida, parecía un chico sin vida—. Nunca más volverás a salir, ven con nosotros Cristian, ¡No queremos estar solos!

Cristian salió corriendo, a tanta velocidad que en pocos minutos llegó a su casa, entró, pero no había nadie, subió hasta su cuarto y ahí estaba Daniel durmiendo, pero también él, sí, Cristian estaba durmiendo en su cama.

Pero ¿Cómo es posible? ¡¿Cómo estoy ahí?! —el que parecía Cristian miró fijamente al verdadero y con una malvada sonrisa se levantó de la cama, sacó un cuchillo de la mesita y comenzó a subir a la litera de arriba.

¡No!, ¡¿Qué vas a hacer?! —Cristian intentó moverse, pero no pudo, algo lo detenía, su cuerpo no respondía—. ¡Por favor no lo hagas!

Daniel abrió los ojos y miró como Cristian apuntaba con el cuchillo hacia él.

¿¡Cris qué haces!? —acto seguido Cristian apuñaló varias veces a Daniel de manera violenta—. ¡No! ¡Para! ¡Por favor, hermano!

Cristian observó la aterradora escena sin poder moverse, su hermano siendo apuñalado varias veces hasta la muerte por él mismo, la cama..., el cuarto..., absolutamente todo estaba lleno de sangre.

Cristian perdió las fuerzas y se arrodilló pidiendo perdón, sentía rabia e impotencia por no haberlo evitado.

¡Cristian! —la voz de su madre alertó a Cristian, le costaba trabajo distinguir algo con la luz del sol—. Llegas tarde, tu hermano ya está abajo, ¡Rápido y vístete!

Cristian observó como su madre le tiraba la ropa en la cama, éste la recogió y acto seguido miró en la litera de arriba, donde dormía su hermano, comprobando que no había sangre, parecía que todo fue un sueño, se vistió y bajó al comedor.

¡Buenos días, Cris! ¡Te has dormido! Otra vez... —Daniel miraba a Cristian sonriente.

Cristian se abalanzó hacia Dani y le dio un abrazo junto a varios besos en sus mejillas.

¿Qué haces? —Dani extrañado intentó apartarse—. ¡Para! ¡Me llenaste de babas!

Perdona, es que..., bueno, no es nada. —Cristian se sentó a desayunar mientras su hermano veía la tele.

¿Hoy es el día no? —Daniel dejó de ver los dibujos de la tele por un momento y miró a Cris.

¿Qué día? —Cristian intrigado dejó la cuchara en el plato.

Lo de la prueba esa absurda, ¿No es hoy? —Daniel le preguntaba sin dejar de mirar la televisión.

¿Qué dices? Ya fuimos anoche, no pienso volver ahí...

¿Anoche? ¿De qué hablas? Anoche estuvimos en casa jugando a la consola... —Daniel dejó de ver la televisión y observó a su hermano frunciendo el ceño.

¿Cómo? —Cristian miró su móvil, era miércoles—. No puede ser, yo...

¿Qué? —Daniel le miró extrañado—. ¿Entonces vamos a ir?

No. —Cristian fue contundente—. Que le den a la prueba.

¡Genial! ¿Entonces iremos a casa de Álex y Rubén?

Supongo... —Cristian no iba a volver a esa casa jamás, aunque..., no sería volver... si realmente nunca estuvo ahí, ¿O si estuvo?

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021

sábado, 27 de marzo de 2021

Terror en Lookrain - Capítulo 1 ''El dentista''

Capítulo 1 ''El dentista''


Esto sucedió en mi adolescencia, me llamo Alejandra, Álex para los amigos, soy una chica normal, de cabello oscuro y ojos color miel, tengo un hermano dos años más pequeño, se llama Rubén, es un chico rubio de ojos azules.


La verdad es que siempre nos hemos llevado bien, nos la pasábamos en la calle jugando al fútbol, con los cromos, al escondite, en fin, lo que hacemos los chavales, o al menos antes...


El caso es que un día mi hermano por accidente tiró por las escaleras a una señora mayor, todo fue una broma, pero salió mal, acabó en un reformatorio durante dos largos años, al fin le dieron el indulto y ha vuelto con nosotros.

Mis pensamientos se desvanecieron, de repente, había dejado de sentir la piel y la respiración de mi hermano Rubén, que se suponía estaba abrazado a mí, ya que acababa de llegar del reformatorio, abrí los ojos y no estaba, en la habitación estaba yo solo.

¿Rubén? ¡Esto no tiene gracia! —miré por la ventana, seguía lloviendo, de nuevo la lluvia, ¿por qué siempre está lloviendo?

Un leve quejido sonó debajo de mi cama, alterado, me puse de pie y le di al interruptor de la lámpara de la mesita, pero no se encendía, el silencio del cuarto era abrumador, solo roto por la leve lluvia de afuera, la poca luz que entraba era suficiente para poder distinguir lo que había en mi cuarto.

De nuevo un leve quejido, no podía distinguir que era exactamente.

Rubén, ¿Eres tú...? —pregunté con incertidumbre.

Ayúdame... —una voz quebradiza y sin fuerza me habló.

Esas palabras me hicieron caer de espalda contra la puerta, estaba aterrado, entonces lo vi, al estar tirado en el suelo pude ver al chico, estaba debajo de mi cama, me miraba triste.

¿Qué?, ¿Qué haces tú aquí? —con temor pregunté mientras me preparaba para gritar.

Ayúdame... —repitió.

¿Qué? ¿De qué hablas? —entonces me fijé bien en el chico, iba con una camiseta azul con dibujos de lo que parecían barcos de vela—. ¿Ayudarte cómo? No..., no eres real...

Empecé a sentir un gran malestar, estaba soñando, seguro, esto era una pesadilla, intenté levantarme y en ese instante el chico fue engullido entre las sombras, vi otra cara aparecer de la oscuridad, estaba ensangrentada, deformada y daba escalofríos, era terrorífica, su rostro daba puro terror, estaba paralizado por el miedo, el miedo de ver su cara infernal, una especie de hombre deformado, sin ojos...

Alargó su mano hacia mí sonriendo y sin yo oponer resistencia, me dejé llevar hasta su posición, debajo de mi cama, donde él estaba, sin poder moverme, sometido a su poder, al miedo que causaba, sujetó con sus manos mi cuello e intentó asfixiarme.

No saldréis de aquí con vida, ¡Ninguno! —dijo con su ronca voz.

¡¡Nooo!! —mi grito sonó en toda la casa, mi madre entró corriendo y abrió la puerta.

Me levanté agitado y mirando a todas partes, sudando.

Hija, solo fue una pesadilla, cálmate. —mi madre se sentó a mi lado abrazándome, yo aún agitado miré a mi alrededor. —¿Estás mejor?

Sí, fue un mal sueño, ¿Dónde está Rubén? —pregunté.

Últimamente tienes demasiadas pesadillas. —mi madre se levantó hacia la puerta—. Venga, anímate, mira, he comprado batido de fresa, tu favorito, te traeré un poco, tu hermano ya se fue a clases.

Me levanté y me senté en la mesa, miré por la ventana, estaba soleado.

No tengo ganas de ir al dentista...

Pues tienes que ir, tenemos cita pendiente, toma. —mi madre dejó el batido de fresa en la mesa—. Voy a salir a comprar antes, pórtate bien.

Cuando mi madre se fue entré al baño, me lavé la cara y me miré al espejo, odiaba mi cabello, ahora largo, me hacía ver de nuevo como una chica, no quería ser una chica...

Bajé al baño y cogí las tijeras, subí de nuevo al baño y comencé a cortarme el cabello, lo hice como pude, cuando terminé tenía todo el pelo revuelto, mojé mi cabeza entre lágrimas cuando escucho un ruido en mi cuarto.

¿Hola? —cogí la toalla y me sequé la cabeza conforme entraba a mi cuarto, el batido estaba en el suelo, cogí el batido sin saber cómo se había caído al suelo, ¿Quizás mi madre lo puso en el borde?

Me senté en la silla del escritorio y abrí el batido, comencé a beber un poco mientras ojeaba una revista de la mesa, empecé a leerla para que pasara el tiempo más rápido, se me hacía eterno, era raro, pero es como si desease estar en clases, la revista era de videojuegos, seguí pasando páginas sin interés hasta que llegué a una que llamó mi atención, en ella aparecía una casa de aspecto antiguo, vieja y tenebrosa, muy parecida a la casa abandonada que había cerca de la escuela.

Más abajo aparecía una especie de viñetas, en ellas aparecían cinco chicos en frente de la casa, estaban de espalda y no podía verles la cara, los cinco se adentraban en ella con linternas, ¿Qué tenía que ver esto con videojuegos? Pasé la página para ver como continuaban las imágenes.

En ese momento sonó el móvil, lo había dejado en mi cama, me levanté a cogerlo, en las notificaciones apareció una llamada perdida, el número, desconocido.

Desbloqueé el móvil, pulsé en el número desconocido y le di a llamar.

Empezó a sonar hasta que alguien lo cogió.

¿Hola? He recibido una llamada hace un momento desde este número... —nadie contestó, solo se escuchaba una respiración, era lenta y profunda. —¿Oiga? ¿Quién es?

De nuevo no obtuve respuesta, así que iba a colgar cuando escuché un sonido, era metálico, como si alguien clavase algo en un cristal y lo rayase. De repente, escuché una voz de chico.

Por favor, no..., no me hagas daño... —una risa sonaba de fondo, y un grito sonó con fuerza—. ¡Déjale en paz!

En ese momento se hizo el silencio, se escuchó un fuerte golpe y la llamada se cortó, esa última voz era de una chica, era familiar, miré el móvil para volver a llamar, pero detrás escuché pasos, una mano se posó en mis hombros y sujetando el móvil con fuerza me dispuse a defenderme.

¡¿Qué le pasó a tu ropa? ¿Te tiraste el batido por encima o qué, porque tienes la ropa rasgada? —mi madre miró el vaso de batido vacío y me miró extrañada de nuevo—. Llegamos tarde al dentista, cámbiate y tira esa ropa, está toda rota y sucia.

Miré mi ropa, estaba manchada, parecía sangre en lugar de batido, y tenía un agujero en el costado, ¿Cómo me rompí la ropa? Además, tenía como un aspecto viejo, como si acabara de venir de la guerra, pero eso no era lo extraño, sino como había pasado el tiempo tan rápido, era imposible, para mi habían pasado minutos, pero en realidad pasaron dos horas...

Me duché pensando en ello, me cambié de ropa y nos montamos en el coche para ir al dentista, durante el trayecto podía ver como salían los chavales de la escuela, de vuelta a sus casas, no dejaba de pensar en todo lo que me ocurría, ¿Me estaba volviendo loco?

Te volviste a cortar el cabello... —mi madre sonaba enfadada.

Sí, me gusta llevarlo corto. —dije cortante.

Hija, por mucho...

Mamá, me da igual lo que digas, no me siento chica, ¿Es que no lo comprendes?

Mi madre no contestó, pero sentí su rechazo ante mis palabras, llegamos al dentista, entramos y esperé mi turno, había otro chico delante de mí, era de piel morena tostada por el sol, pelo oscuro, tendría unos dos o tres años menos que yo, lo que sí me llamó la atención fue su mirada, seria y fijada en mí, sí, no paraba de mirarme, me estaba observando en la distancia.

¿Miguel? —la chica lo llamó. —Tu turno, entra.

El chico se levantó y sin parar de mirarme entró tras ella, estuve un rato esperando, demasiado rato, cuando quise darme cuenta mi madre no estaba, nadie..., nadie estaba, ni siquiera la recepcionista, me levanté exaltado, miré a izquierda y derecha, pero no había nadie, escuché ruidos en la habitación donde el chico llamado Miguel entró.

Me armé de valor y la abrí lentamente, estaba ese chico, Miguel, tumbado en la cama, pero estaba como dormido y atado con una cuerda, entonces escuché unos pasos que venían hacia nosotros, entré corriendo y me escondí en una esquina.

La puerta se abrió y entró una chica, iba vestida de blanco, pero su aspecto era diferente al de antes, aun estando de espalda noté algo raro en ella.

Se dio la vuelta para coger material de la mesa y pude verle la cara, bueno, más bien lo que le faltaba en la cara, no tenía ojos, en su lugar unas cuencas vacías y ensangrentadas ocupaban su lugar.

Aterrado por la escena me tapé la boca para no alertar a esa cosa, fui sacando el móvil para llamar a la policía, debía aprovechar la ocasión.

De repente Miguel pegó un grito, la mujer estaba intentando dañar su ojo, Miguel, atado y sin poder moverse, se retorcía de dolor, por el dolor, Miguel se desmayó.

Logré marcar el número de la policía, pero no lo cogían, tenía miedo y debía hacer algo, volví a marcar, esta vez el de emergencias, lo puse en mi oreja, pero nadie lo cogió.

A mi lado había una botella grande de aspecto metálico, quizás si la cogía y se la lanzaba podría salir de aquí..., iba a hacerlo cuando mi móvil comenzó a vibrar, lo cogí corriendo, pero esa cosa miró hacia donde yo estaba, me quedé inmóvil, mi respiración agitada y el temblor de mis piernas casi me hacen desfallecer, entonces alguien habló desde el móvil.

¿Hola? He recibido una llamada hace un momento desde este número... —un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, mi sudor era más frío que el hielo. —¿Oiga? ¿Quién es?

Era mi propia voz, ¿Cómo es posible? Un momento..., esa frase la dije yo antes, cuando realicé la llamada al número desconocido.

La mujer sonrió mirándome con esa cara sin ojos, era espeluznante, cogió unas pinzas de metal y arañó la mesa, su ruido metálico era insoportable.

Por favor, no..., no me hagas daño... —Miguel había recobrado la consciencia, mirando a la mujer pedía clemencia, la mujer comenzó a reírse y se dispuso a atacar a Miguel, que, temblando, intento zafarse, pero no pudo desatarse.

¡Déjale en paz! —cogí la botella y se la lancé a la mujer, el móvil salió disparado lejos de mi alcance.

La mujer evitó el golpe de la botella, enfadada sujetó con su mano parte de su propia piel y la fue arrancando de su cara, no paraba de sangrar, Miguel con lágrimas en los ojos intentaba escapar, pero era inútil.

Se giró hacia Miguel para atacarle.

¡Basta!, ¡Déjalo zorra! —mi voz detuvo a la mujer que se giró de nuevo a mí, comenzó a andar lentamente.

Se detuvo a medio camino y volvió a sonreír, su cara sin piel y ojos era aterradora, quería salir de allí, pero no podía dejar a Miguel tirado, no podía...

La mujer sacó del bolsillo unas tijeras enormes, apuntó hacia su pelo y comenzó a cortárselo junto a trozos de piel, casi se estaba arrancando el pelo.

¿Qué pesadilla era esta? ¿Por qué lo hace?

Las tijeras se le engancharon en el pelo y aproveché para salir corriendo, pero ella me alcanzó y me sujeto del cuello intentando asfixiarme. Intenté liberarme, pero no pude, sujeté las tijeras y las intenté coger, pero no se desenganchaban de su pelo, mi visión era cada vez más borrosa, sentía que las fuerzas se me iban, intenté resistirme, pero no pude más y perdí el conocimiento.

Abrí los ojos poco a poco, estaba tumbado en una cama, atado, me estaban transportando, mi cama se movía, quise distinguir donde estaba, parecía un lugar viejo y antiguo, un golpe en la cara me hizo desmayar.

Un fuerte olor me despertó, estaba colgando, con mis manos atadas hacia arriba y mis pies rozando el suelo, tenía la boca amordazada, a mi lado estaba Miguel, gravemente herido, y en la misma situación que yo, miré a mi alrededor, la habitación estaba oscura, oscuridad que era invadida por pequeños rayos de luz del exterior, al fondo había un pozo, parecía un cuarto que llevaba abandonado décadas.

(Continuará...)

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Creado (2021), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403630021