miércoles, 11 de julio de 2018

Mi hermanito: Spin-off - Capítulo 2 ''Juegos incestuosos''

Capítulo 2 - Juegos incestuosos

Apenas pude dormir pensando cómo habían llegado esas marcas de semen a la puerta de mi hermano, sólo había una explicación de cómo llegaron ahí..., pero no me lo podía creer o no quería creerlo, era demasiado fuerte y algo en mí me decía que a partir de esa noche iban a cambiar muchas cosas en esa casa..., cruzamos la línea que los hermanos NO debemos cruzar jamás y lo íbamos a pagar muy caro.

Al día siguiente todo era muy confuso, una parte de mí recordaba lo acontecido y otra lo rechazaba, sabía que en mi interior me daba miedo lo que pudiera pasar y no quería contárselo a mi hermano para no asustarlo, ya tenía suficientes problemas con lo de saber que era gay y el haberlo dañado ese imbécil del internado.

Al fin tomé valor y bajé a desayunar, era domingo, así que sabía que mis padres estarían en casa, bajé a la cocina a prepararme las tostadas, pero no había nadie, me las hice y me tomé un vaso de leche..., leche..., de nuevo me vino a la cabeza el semen que había en el suelo de la puerta de mi hermano, mi sospechas se dirigían hacia mi padre.

Lo único que se me ocurría es que se levantase y escuchase algún ruido que hicimos, se asoma y fue cuando vio la escena, se pajeó y se corrió, pero eso era muy fuerte, no quería creerlo, quiero decir, un padre normal entra y nos riñe e incluso nos da un par de hostias, pero hacerse una paja..., viendo como sus hijos practican sexo oral entre hermanos..., no, eso no era normal, aunque lo que nosotros hicimos tampoco, era un pecado muy grave.

Mi hermano apareció con el mismo pijama de anoche, entrando en la cocina.

Buenos días Tomi.

Buenos días Rubén.—tomé un sorbo de leche mientras mi hermano abría el frigorífico. —dime, anoche, ¿como dormiste?

Bien..., aunque tuve un sueño muy extraño. —confesó mi hermanito mientras miraba que había en la nevera.

¿Que sueño? —pregunté.

Nada una tontería. —mi hermano cogió una manzana y se disponía a irse.

¿Realmente piensa que todo fué un sueño? No puede ser, no me lo creo...

Oye Rubén, espera.

¿Qué?

¿No vamos a hablar de lo que sucedió anoche? —le pregunté y observé su reacción.

Hubo un silencio incomodo, mi hermano dudó unos instantes y por fin rompió el silencio.

¿Hablar sobre qué?

Pues..., sobre lo que pasó, anoche, en tu cuarto, lo de...

No hicimos nada malo. —me cortó.

A ver, eso de que no hicimos nada malo..., es decir... —miré a los lados y a la puerta, no quería que nadie me escuchase decir lo que iba a decir—. Rubén, anoche, te la chupé, tío, de comí toda la polla, ¿sabes? y somos hermanos.

¿Y qué? a mi me gustó. —Rubén dio un mordisco a la manzana y acercándose a mí me besó en la boca pasando el trozo de su boca a la mía, yo instintivamente me alejé de él mientras masticaba lo que antes estaba en la boca de mi hermanito y me lo tragaba con parte de su saliva.

¿Pero qué te pasa? —le pregunté un poco enojado y sorprendido mientras él sonreía y se comía otro trozo de manzana roja.

Mira, Tomi, lo de anoche, me gustó, mucho de hecho, estuvo genial y no veo nada de malo en que dos hermanos se diviertan y jueguen, solo fue eso, un juego, además, bien que ayer no pusiste pegas.

No puse pegas porque no sabía que iban a... —mis ojos se posaron en la figura que entró en la cocina, era mi padre.

Venía sudado de correr sus diez kilómetros diarios, porque sí, mi padre era un deportista nato, fue campeón del condado con el equipo regional, además siempre participa en las maratones que se organizan y a veces sale con la bicicleta.

Mi padre es un hombre de cuarenta y ocho años, bien maduro ya, cabello corto de color rubio oscuro, estaba bastante tonificado, piel un poco oscura por el sol, y mediría unos ciento ochenta centímetros.

Uff que cansado estoy, necesito refrescarme. —dijo mi padre, que sacó una botella de agua fría y bebió de ella, quise mirar a mi hermano, pero éste ya se fué.

Hijo, deberías hacer ejercicio, correr todas las mañanas 1 horita no te matará.

Ya hago ejercicio con el equipo de fútbol...

Sí, dos veces a la semana, ¿Por qué no te vienes conmigo y sudamos juntos?

Ehhh..., no, gracias papá, prefiero quedarme en casa, tengo cosas más importantes que hacer. —dije y comencé a caminar para salir de la cocina.

¿Tan importantes como los de anoche? —dijo mi padre, y tras esto, comenzó a beber el agua de la botella mientras me miraba de reojo.

Mi cuerpo y mi sangre se quedó helada, no pude reaccionar, mi pulso se aceleró y creí desmayarme, lo sabía, él lo sabía y me lo acaba de decir con una indirecta y yo sólo quería desaparecer.

Yo..., no entiendo..., no sé a qué te refieres..., es decir, no... —mi voz tartamudeante demostraba que yo sabía a qué se refería.

Pues... —acercándose a mí se posó sobre mi oído derecho y en voz baja me susurró—. Pues, tú sabes a qué me refiero, fue algo que no me esperaba de mis hijitos queridos, pero fue muy rico lo que vi, la próxima vez, avisa.

Mi padre salió de la cocina y se dirigió a la ducha, yo aun sin poder asimilar lo que me dijo me dirigí a mi cuarto, quería dormir y no despertar.

No sé qué hora sería, pero no quería despertar, solo sé que ojalá no lo hubiera hecho, me levanté y escuché unos gemidos en el cuarto de mi hermano, me acerqué y se le escuchaba agitado, como si estuviera haciendo ejercicio o algo, presentía algo malo, no llamé a la puerta y directamente la abrí, lo que vi me dejó alucinado.

¿Se puede saber que haces? —pregunté alterado.

¡Tomi!, ¿pero es que no llamas antes de entrar? —mi hermano estaba en ropa interior, con unos bóxer azul clarito y sudado, estaba haciendo abdominales, por una parte me excité, y por otra me sentí aliviado.

Menos mal... —murmuré.

¿Menos mal qué?

Rubén, debo decirte algo, es grave.

¿No puede ser luego?, quiero ducharme. —dijo mientras se ponía en pie, estaba todo sudado, el sudor le daba cierto brillo a su cuerpo lampiño, un poco definido para su edad, me estaba poniendo cachondo.

No, tiene que ser ahora. —dije desviando un poco la mirada mientras Rubén con una toalla se secaba el sudor de la cara.

Bueno, dímelo mientras me ducho. —dijo.

¿Como? —pregunté confundido.

Mi hermano con una mirada picara se bajó el bóxer y se fué a la ducha, abrió el grifo, el agua comenzó a salir y acercándose a mí me llevó hacia dentro, cabe decir que yo no me opuse.

Tomi, creo que te debo algo... —dijo mi hermanito Rubén mordiéndose el labio inferior.

¿Qué?

Rubén me beso en la boca, callándome, sus labios eran tan suaves..., me fue quitando la camiseta y se puso de rodillas, me bajo el pantalón y los bóxer.

Wow, ¿cuanto te mide?

Pues no sé..., quince centímetros creo...

Me fascina. —confesó.

Mi hermano se metió mi pene en la boca a la vez que masajeaba mis huevos, yo cerré los ojos para sentir el placer más grande, el que un hermano te la esté chupando es algo que no tiene palabras.

Rubén... —sujeté la cabeza de mi hermanito y empecé a follarme su boca rápidamente sin parar, su boca me daba un placer sin precedentes, si era la primera vez que la mamaba, lo hacía como nadie.

El agua mojaba nuestros cuerpos y no pude evitar soltar algún gemido, acaricié los cabellos de mi hermano mientras me comía toda la polla. Entonces abrí los ojos y pude ver en la puerta del baño a mi padre, tenía la polla saca y con su mano derecha se estaba pajeando, yo, alterado casi se me sale el corazón.

Ahí estaba yo, con mi hermanito pequeño arrodillado chupándomela mientras nuestro padre nos observaba pajeándose con ferocidad, iba a avisar a mi hermano pero el gesto de mi padre me lo impidió, se llevó la mano izquierda a sus labios y con un dedo hizo el gesto de que callase.

Lo peor de todo es que la boca de Rubén estaba a punto de hacerme correr, mi hermano empezó a succionar mi pene y yo empecé a correrme, sujeté con fuerza la cabeza de mi hermano contra mi pene mientras descargaba mis huevos en su boca, cerré los ojos para no ver a mi padre como disfrutaba de vernos teniendo sexo oral.

Mi hermano sujetaba con fuerza mis muslos y succionaba con fuerza mi polla, no pude evitarlo, entre temblores terminé de correrme dentro de la boca de mi hermanito, una vez que me corrí y mi hermanito se tragó todo, abrí los ojos, nuestro padre ya no estaba, miré al suelo, tampoco había corrida, eso quiere decir que anoche se corrió a posta, quería que lo viese, que hijo de puta.

Ufff joder, si que esta rico tu semen. —dijo mi hermanito levantándose y sacándome de mis pensamientos.

¿Estás bien? —me preguntó preocupado.

Sí, es que..., no sé, esto no está bien...

Cálmate hermano, ¿ por qué no te duchas conmigo? —me preguntó con mirada pícara.

No..., es que me encuentro mal...

Mi hermano se acercó a mí y besándome pasó parte de mi semen a mi boca, nos fundimos en un largo e intenso beso, al separarnos me salí de la ducha y él siguió dentro bañándose.

De nuevo miré el suelo para ver si encontraba restos de semen, pero no había nada, así que salí del cuarto, aunque temía encontrarme con mi padre, me daba mucha vergüenza.

Me fui a mi habitación y me eché en la cama, vaya fin de semana, no sabia que hacer, mi cabeza estaba hecha un lío, debería estar feliz porque mi hermano, con el que soñé estar, ahora era como mi juguete y yo el suyo, pero algo dentro de mí me incomodaba.

Quizás era la idea de que mi padre lo supiera, o de que le gustara, o peor aún, de que quisiera participar, podría chantajearnos, muchas ideas pasaron por mi cabeza esa mañana. Lo que aun no sabía es que el domingo aún no acabó y con él un acontecimiento que nunca en la vida me hubiera imaginado.

(Continuará)

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jueves, 14 de junio de 2018

Mi hermanito: Spin-off - Capítulo 1 ''Un amor prohibido''

Mi hermanito: Spin-off

Buenas! Esta historia de Mi hermanito es la original de hace bastantes años, pero en su día cuando la escribí era más pequeño, el caso es que con el tiempo no me terminó de gustar y la borré de la web, para al final publicar los capítulos que subí estas semanas.

He pensado que sería buena idea compartir esta versión, más antigua, eso sí, aviso, no tiene nada que ver con la publicada, al principio sí que es la misma historia, pero acontecimientos, personajes y final son radicalmente diferentes, esta historia nunca terminó de gustarme o convencerme, por eso la eliminé, la vuelvo a subir corregida, espero que os guste, ya me diréis cuál versión os gustó más, sin más, disfrutad la lectura, está completa.

Capítulo 1 - Un amor prohibido

Esto sucedió hace un año, era sábado, aun recuerdo lo feliz que estaba ese día porque eso significaba que no tenía Instituto, lo odiaba y no era porque no me gustase estudiar, simplemente no me agradaba estar cinco horas sentado escuchando a unos maestros dar explicaciones de no sé qué de Arquímedes.

Y es que, lo que más deseaba era ver llegar a mi hermano pequeño, él acababa de cumplir los catorce años años, yo tenía quince, nos llevábamos un año y medio.

El caso es que ese sábado era especial, porque mi hermano llegaba del internado, estaba en un internado por mal comportamiento y digo estaba porque ha cumplido el año de internamiento que ordenó el juez por lo que hizo, Rubén siempre fue muy rebelde, pero ese día se pasó y lo pillaron, el castigo pudo ser peor.

Por cierto, me presentare, me llamo Tomi, soy un chico de cabello oscuro corto, ojos avellana y complexión delgada, no soy para nada musculoso, mi cara tiene unas cuantas pecas en la nariz y mejillas, me considero normal, no me considero feo, sé que soy guapete, no estoy mal, pero en cambio mi hermano es todo lo contrario a mí.

Él es rubio con media melena, cabello tan liso como el mío, complexión normal aunque se cuida bastante y ojos azules, aunque él no lo supiese, mi hermano era el protagonista de mis largas noches de descanso en mi mente perturbada cuando me relajaba con una paja, bueno, no quiero enrollarme, vayamos al punto de partida en lo que jamás pensé que ocurriese.

La alarma de mi despertador sonó y yo como siempre me levanté y me duché, bajé al comedor y desayuné mientras veía la televisión, aunque a esas horas solo echaban Shin—chan y poco más, entonces escuché la puerta de la entrada, eran ellos, seguro.

Ya estamos en casa. —anunció una voz femenina, era la de mi madre.

Mamá, ¡por fin! —a la vez que decía esto veía a mi hermanito, al cual abracé sin duda y lo acompañé a su cuarto, pero lo notaba distante.

Bueno hermanito ¿cuanto tiempo no? —pregunté.

Si..., por lo que veo mi cuarto sigue igual.

Bueno con más polvo pero sí, está igual, y qué, ¿te lo pasaste bien en las duchas del internado? —pregunté en broma.

Mi hermano me miró con unos ojos desafiantes, no me esperaba esa reacción, además, como dije, lo notaba ligeramente cambiado, no era el mismo que recordaba, y encima distante.

Tomi quiero estar solo, para acomodar mis cosas, ¿te importa? —dijo con una voz apagada.

No..., claro, te entiendo Rubén..., emm bueno, me alegra que estés en casa.

El día pasó muy rápido hasta llegar la noche, me la pase jugando a la consola y navegando por Internet con mis amigos, mi hermano se la pasó encerrado en su cuarto sin salir, entonces alguien tocó mi puerta.

Adelante. —dije mientras me levantaba y apagaba mi laptop portátil.

Tomi, ¿puedo pasar?

Claro Rubén, adelante. —me senté en la cama y el se sentó a mi lado.

Bueno..., perdona que antes haya sido tan antipático, es que esto de viajar en tren no me gusta nada.

Tranquilo Rubén, no lo tomé a algo en tener en cuenta, además tu sabes que te quiero mucho.

Si..., lo sé..., —Rubén bajó la mirada algo triste, me ocultaba algo.

¿Te pasa algo hermanito?

No me digas así...

Bueno, ¿vas a decírmelo o no?

Es que no se como empezar...

Rubén tú sabes que puedes confiar en mí al cien por cien ¿verdad?

Rubén siempre confió en mí, me contaba todo lo que le pasaba y siempre le ayudaba cuando podía y cuidaba de él, en verdad quería mucho a mi hermanito.

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mi y ya no me quieras...

No seas ridículo, yo siempre te querré ¿si?

Me acerqué un poco más a mi hermano pero este salió del cuarto y se metió en el suyo, fui a ver como estaba pero dijo que tenia sueño y que mañana hablaría, no quería forzarlo así que hice lo mismo y me acosté a dormir.

A media noche sentí la respiración de alguien en mi nuca, pensé que era el viento pero no, era una respiración entrecortada, cuando siento una mano en mi brazo que me sujetó, pegué un brinco e hice amago de gritar.

No grites, que soy Rubén.

¿Te volviste loco o es que me quieres matar de un infarto?

Perdona..., es que no podía dormir, pero mejor me voy y no te molesto.

Rubén salió de mi cuarto y se fue al suyo, me sentí mal y le seguí hacia su habitación. En la penumbra pude verlo acostado en la cama boca abajo, entre y cerré la puerta.

Rubén, perdona, no quise tratarse así, es que de verdad me asustaste.

Me acerqué a él y me senté a su lado, le aparté el flequillo de su pelo rubio y pude ver sus ojos desprendiendo lágrimas bajando por sus mejillas, sus ojos azules estaban tristes.

Rubén..., ¿qué te pasa?

Tomi..., yo me siento muy mal...

La voz de mi hermano salía muy floja y sin fuerza, me sentí mal por no saber qué le pasaba y verle llorar así, en verdad algo le hacía sufrir y a mi también, me acerqué a él y le susurre al oído.

Hermanito..., cuéntame qué te pasa por favor, te prometo que te ayudare en lo que pueda.

Mi hermano se incorporó y limpiándose unas lágrimas bajó la mirada, aunque en la penumbra oscuridad de la noche podía ver sus ojos, ahora más oscuros, pero su cara tan bella podía verse muy bien.

Es que..., estando en el internado..., me enamore de un chico...

Hizo una pausa y me miró a los ojos, pero mi corazón se quedó petrificado al escuchar esa declaración, mi hermano acababa de confesarme que era gay, o al menos bisexual y encima que estaba enamorado de un chico, no me gustó para nada eso.

No..., no se que decir..., no me lo esperaba... —confesé.

Me odias..., doy asco. —Rubén parecía abatido.

No Rubén, tú no das asco..., es solo que me ha pillado desprevenido, eso es todo.

Pero, soy raro... —dijo Rubén.

No, no lo eres y te sigo queriendo igual, ¿llorabas por eso? —dije intentando darle ánimos con mi mano en su hombro.

Sí..., bueno..., también porque ese chico me hizo mucho daño..., jugó conmigo.

Déjalo, ya se arrepentirá, ¿te hizo daño?

No..., pero sí me dañó mucho que jugara conmigo.

Bueno..., ya ha pasado, ahora solo debes pensar en el futuro ¿vale? y no te preocupes, no le diré nada a mama y papa.

Gracias Tomi, no se que haría sin ti.

Rubén me abrazó y yo a él, sentir que ayudé a mi hermano me alivió bastante, además que entendía sus sentimientos perfectamente, porque yo también tuve su edad y descubrí que era homosexual, también me rompieron el corazón, un chico de mi clase, estaba enamorado de él, pero me confesó que le gustaba una chica, me dolió esa confesión y me olvidé de él, pero eso es otra historia.

Bueno, ahora duérmete y mañana hablamos mejor si quieres ¿vale? Ahora descansa. —le ordené.

Espera, no te vayas, duerme conmigo esta noche Tomi.

¿Estás seguro? —pregunté confuso.

Sí, como cuando éramos pequeños y dormíamos en la misma cama, ¿recuerdas?

Sí..., vale, dormiré contigo hermanito.

Me metí en la cama y abracé a mi hermanito, no se cuanto tardé en dormirme pero mientras lo hacía pensaba en lo que habría sufrido y sufrirá en el futuro, en cómo se sentiría y cómo se sentirá cuando lo rechacen y lo golpeen, no iba a permitir eso, mi hermano era muy frágil y podía salir muy lastimado, yo me encargaría de cuidarlo y protegerlo.

Estaba cogiendo el sueño abrazado a mi hermanito cuando éste me espabiló.

Tomi... —mi hermanito Rubén se giró sobre la cama quedando ambos el uno frente al otro.

Los labios de mi hermano se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo. Al principio me resistí porque era mi hermano, pero la tentación era muy grande, me dejé llevar, se incorporó y se quitó la camiseta del pijama, le lamí los pezones, mi hermano estaba muy bueno, estaba riquísimo, le chupé y lamí todo lo que pude el pecho aun lampiño, todo su cuerpo, el cual saboreé entre sus gemidos.

Tomi..., hazme tuyo, quiero ser tuyo.

Pero Rubén..., somos hermanos, esto no está bien. —dije a regañadientes, realmente quería hacer mío a mi hermanito, se estaba cumpliendo mi sueño más anhelado, pero era algo prohibido, no podíamos hacer algo así, ¡éramos hermanos!

Tomi, solo será esta vez, te lo prometo, enseñame a amar, por favor. —me suplicaba con los ojos lagrimosos, su voz, tierna y quebrada me rompió el corazón.

Se acercó otra vez a mí y mientras nos acariciábamos los cuerpos posó de nuevo sus labios carnosos de adolescente sobre los míos, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude resistirme, me dejé llevar.

Bajé hasta su entrepierna, le bajé los pantalones del pijama y masajeé su pene por encima de sus bóxer, llevaba unos ajustados de color azul marino. Los cuales bajé y de dentro saltó un pene de unos trece centímetros más o menos, era precioso, lo cogí entre mis manos y lo empecé a pajear, bajaba la piel de su pene de forma lenta y sensual, podía ver la punta de su pene rosada, ambos estábamos sin circuncidar, sus gemidos me transportaba a otra dimensión, la del placer y la lujuria, incliné mi cabeza y me introduje en la boca ese manjar que siempre deseé, lo lamí y lo degusté, estaba delicioso, le masajeaba los huevos mientras le chupaba el pene.

Mi hermanito estaba totalmente lampiño, era puro y virgen, era mío, esa noche iba a ser mío y nadie lo iba a impedir, quería sentir el interior de mi hermanito pequeño, tan caliente y sexoso, era un ángel caído que me estaba ofreciendo su cuerpo suave y sedoso.

Rubén gemía de placer y con sus manos marcaba el ritmo de mi mamada, la cual yo hacía lo imposible por darle todo el placer que podía a mi hermano pequeño. Noté sus convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó con fuerza y con un forcejeo de caderas me la metió lo más dentro de mi boca hasta que noté sus huevos en mis labios inferiores y como con cada convulsión mi boca se llenaba de un líquido delicioso, el cual tomé, degusté y me tragué, no se corrió mucho, además aún era un poco líquido, una vez que dejó de mover sus caderas, la sacó de mi boca y se tumbó exhausto en la cama, todo sudado y respirando entrecortadamente.

Le observé, se había quedado dormido y yo a mil, estaba a reventar, pero lo vi ahí dormidito que no me atreví a despertarlo, así que le subí los bóxer y los pantalones del pijama, le tapé con las sábanas, me levanté de la cama, me acerque a su cara y le bese en la frente.

Buenas noches Rubén. —murmuré.

Dicho esto salí de su cuarto cerrando la puerta tras de mí y dirigiéndome hacia la mía para hacerme una paja recordando lo que acababa de pasar, pero entonces pise con mis pies descalzos algo líquido y espeso, miré hacia abajo y vi que era blanco, me incliné y con mi mano recogí un poco, era semen..., pero..., ¿¡cómo!?

(Continuará)

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