miércoles, 11 de mayo de 2016

Mi primito - Capítulo 3 ''Sucio e impotente''

Capítulo 3 ''Sucio e impotente''



Escuché pasos, alguien bajaba las escaleras, me levanté y me escondí detrás de la zona de donde acumulaban las colchonetas unas encima de otras, no podía ver quien entraba, ni podían verme a mí, pero escuché como alguien entró, sus pasos eran firmes, se detuvieron de repente.

A los segundos los pasos se acercaban a mi posición, yo, temblando, quería escapar de allí, nunca me había sentido tan mal, miré al suelo con mis manos en las rodillas, iba a potar.

¿Qué haces ahí? —la voz familiar de un chico llamó mi atención, levanté mi cabeza y pude verlo.

¿Tú? ¿Qué haces tú aquí? —miré a Dylan, el hermano pequeño de Celia y Laura, Dylan era un chico un año menor que yo, cabello rubio ondulado y ojos negros, su cara estaba llena de pecas salpicadas sobre todo en la nariz, a pesar de ser un año menor que yo, era casi de mi altura, llevaba unas grandes gafas redondas de pasta, las del típico empollón, tenía un poco de sobrepeso, vamos, que estaba gordo, le sobraban diez kilos mínimo.

Bueno, recibiste mi mensaje, ¿no? —me miraba extrañado, lo noté también nervioso.

¿Qué? Espera, no me jodas, ¿tú has sido el que me lo ha enviado?... —confesé, ya no estaba tan nervioso, quiero decir, Dylan era un buen chico, no tenía amigos, era el típico friki, pero no era mal chico.

Ambos quedamos en silencio.

¿Por qué hiciste la foto? —rompí el silencio, Dylan se acercó al banco y se sentó, movía su pierna derecha constantemente.

No lo sé, tu ya sabes que no me llevo bien con mis hermanas, sobre todo con Celia, ella, no sé, mi hermana es egoísta, siempre piensa en ella, es una altiva, bueno, ya lo sabes...

A ver, no es un ángel, pero conmigo siempre se ha portado bien. —la defendí, y eso lo enojó, apretó sus puños.

Dylan sonrió de manera cínica negando con la cabeza, tras el leve enojo, me miró a los ojos.

Anoche, estaba en el jardín, fuera, no me dejaron estar en su fiesta, pero como era su cumple debía estar en casa, al rato me sentí agobiado y salí fuera a tomar el aire, estaba mirando mi Instagram cuando al rato escuché como tú y ese chico se acercaban, me escondí detrás de los arbustos, comenzasteis a discutir acaloradamente y entonces os vi besaros.

Ante su confesión me quedé callado, él sabe lo que vio, mis palabras no servirían de nada, no podía engañarlo, ¿Y ahora qué?

Me chocó mucho lo que vi, fui rápido y os hice una foto, pero se me olvidó que tenía el flash activado, así que en cuanto la hice salí corriendo.

Mira, no sé lo que viste pero...

No. —Dylan me cortó y se levantó acercándose a mí—. Sé lo que vi, así que ahorra tus excusas, tras terminar la fiesta, pensé en joder a mi hermana, subir la foto a Instagram y etiquetaros.

Tras escuchar sus intenciones casi me da un infarto, incluso tenía los ojos llorosos, iba a arrodillarme e implorarle que no lo hiciese, pero entonces continuó hablando tras ver mi cara.

Pero no podía hacerlo, no por ti, es que..., desde que supe que mi hermana salía contigo sentí rabia, pero anoche, sentí aún más rabia, al ver que la engañabas con otro chico.

Vale, estaba..., ¿Celoso? Lo que tenía claro es que Dylan no sabía que ese chico era mi primo..., eso me alivió un poco...

Así que..., anoche, pensándolo mucho, reflexioné. —Dylan se acercaba, yo retrocedía hasta chocar mi espalda con las colchas.

¿Qué reflexionaste? —pregunté con temor.

Quiero un beso. —dijo mordiéndose el labio.

¿Qué? —mi asombro fue mayúsculo—. Pero..., tío, que soy el novio de tu hermana, ¿eres gay?...

¿Y? Anoche bien que te morreabas con otro..., nunca he besado a nadie, quiero..., quiero saber qué se siente..., aunque sea con otro chico...

Me quedé en silencio, el timbre del final del recreo estaba a punto de sonar, quedaba poco tiempo.

Vale, si te beso, ¿borras la foto?

Dylan dudó unos segundos, sacó su móvil del bolsillo, lo desbloqueó y me lo dio.

Si me besas, tú mismo la podrás borrar y ver que no hay copias.

Sujeté su móvil con fuerza, estaba sudando, Dylan me miraba esperando mi respuesta, sabía que me tenía cogido, no me quedaba opción.

Vale..., está bien...

Con lengua. —expresó, se le notaba caliente.

¿Qué? Ni de coña...

Intentó quitarme el móvil.

Vale, vale, espera, joder, eres un cabroncete..., eso no es de heterosexuales, ¿sabes?

Me da igual, quiero sentirme especial.

No me dejó terminar, Dylan se quitó las gafas y pude ver ahora mejor sus ojos, se acercó a mis labios y nos fundimos en un beso, sentí la calidez de sus labios, ambos dejamos nuestros nervios de lado para fundirnos en un largo y profundo beso, su lengua se introdujo en mi boca, su mano derecha se posó en mi cintura, la sentí subir por mi costado, metiendo su mano por debajo de mi camiseta, tocando mi piel.

Comenzó a bajar su mano hasta mis partes, intentó meter su mano dentro y entonces tocó el timbre que anunciaba el final del recreo, salvado por la campana.

Comenzó el barullo de chicos volviendo a clases, no sé cuánto tiempo duró el beso, pero fue casi de un minuto, cuando nos separamos, Dylan tenía la cara toda roja, parecía sentir vergüenza, se puso las gafas de nuevo.

Respiré con dificultad, y entonces miré su móvil, entré en la galería, borré la foto, luego la borré de la papelera y también del mensaje multimedia que me envió.

Toma. —estiré la mano y le devolví su móvil, todo esto, sin mirarme aún a los ojos, parecía sentirse avergonzado por lo ocurrido, era su primer beso, estoy seguro, nunca pensé que Dylan fuese gay, ¿ahora son todos gay o qué coño?

Dylan se guardó el móvil y salió corriendo del gimnasio, yo, por mi parte, me senté en el banco, necesitaba pensar, lo que acababa de pasar, aún no lo creía, llevé mis dedos a mis labios, su beso..., me había..., gustado, demasiado, joder como besaba el niñato.

Salí de allí y al subir las escaleras me encontré con Mike, mi amigo metiche.

¿Qué? Cuenta detalles, va. —Mike me preguntaba sobre lo ocurrido con Celia, lo que él no sabía es que no fue con ella con quién quedé...

No seas cotilla... —dije con cierto enfado, entramos en clase y todo siguió con normalidad, ahora me sentía un poco mejor, sobre todo porque me había quitado un gran peso de encima.

Las clases terminaron y me fui a casa, ahora debía contarle a mi primo todo..., o no..., no era buena idea, mejor le contaba alguna mentira, que llegué a un acuerdo con el que hizo la foto, pero si me preguntaba quien era..., no sabía que iba a decirle.

Justo llegaba a casa cuando veo como mi primo llega en una motocicleta, la empujaba por la carretera, estaba hecha polvo, parecía muy vieja, el foco estaba roto, tenía bastantes marcas por todos lados, y el asiento estaba andrajoso.

La puso frente a casa y se acercó sonriendo, yo, sin poder quitar la vista de la moto, miraba estupefacto como se acercaba mientras masticaba chicle.

Mi primo, que parecía enorgullecerse de la moto, iba con unos vaqueros azules ajustados y una camiseta sin mangas de color negra, en el centro tenía un logo con palabras chinas, no sabía qué significaban, dejé la mochila en el suelo y me acerqué a la moto.

¿De quién es? —pregunté confuso.

Mía. —dijo orgulloso.

¿Qué? —le miré atónito.

Sí, lo que oyes, se la compré a un tío por una miseria, la iba a tirar.

¿Es broma? Pero..., ¿tú sabes cuánto te va a costar arreglar eso?..., además, no tienes edad para llevarla. —me acerqué a mirar la moto de cerca, no parecía realmente en buen estado.

¿Y qué? El mes que viene cumpliré quince, intentaré sacarme el carné estos meses, escucha, he encontrado trabajo en la fábrica del pueblo, no pagan muy bien, pero son pocas horas, por algo se empieza.

¿Pero y el instituto? No puedes dejarlo...

Lo sé, tranquilo, ya veré cómo lo hago, bueno, ¿qué?, ¿te gusta?

No estaba muy convencido, estaba realmente en muy mal estado, aunque era muy bonita, si se restaurase valdría seguramente el triple.

Por cierto, ¿qué pasó con el del mensaje? ¿hablaste con él? —preguntó mi primo Erik.

Hola. —la voz de Dylan detrás de nosotros son alertó.

Miré asustado, estaba de pie, mirándonos, con su mochila en los hombros, se fijó en mi primo y abrió los ojos de par en par mientras se recolocaba las gafas.

Mierda, no solo ya sabía quien era el de la foto, sino que mi primo estaba a punto de descubrir a nuestro pequeño chantajista.

¿Qué haces tú aquí? —pregunté nervioso.

¿Quién eres tú? —mi primo se acercó a él analizándolo—. Te sobran unos kilitos ehh, el zoo está por allí.

Mi primo se burló de él mientras señalaba al horizonte con su mano, Dylan, enojado, apretó los puños, pero no dijo nada.

Erik, no seas cabrón, es..., un amigo, de clase... —dije casi tartamudeando.

Sí, vine para hablar contigo, bueno, podemos ir a la biblioteca a estudiar, si quieres... —dijo Dylan sin dejar de mirar a Erik, noté que se dio cuenta que era el de la foto—. ¿Os conocéis?

Es mi primo. —soltó mi primo Erik como idiota ante el asombro de Dylan.

Claro...vamos a estudiar, venga... —sujeté a Dylan del brazo y nos alejamos sin mirar a mi primo, pero notaba que no nos quitaba la vista de encima, sabía que había algo raro en todo esto, no era idiota.

Lo que ninguno sabíamos es que acababa de empezar un juego peligroso, uno en el que todos estaríamos envueltos y acabaríamos sufriendo las consecuencias de nuestros actos de adolescentes con las hormonas revueltas.

Estaba en la biblioteca, sentado al lado de Dylan, los dos en silencio hacíamos los deberes, ya que habíamos venido hasta aquí..., ¡qué menos que aprovechar el tiempo!.

No había mucha gente a esa hora de la tarde, en nuestra mesa, solo estábamos nosotros dos, la bibliotecaria estaba en su puesto y tres chicas más mayores que nosotros al otro lado de la sala en sus cosas concentradas.

¡Qué fuerte! —susurró Dylan sin dejar de mirar su libro.

¿Qué? —pregunté confuso soltando mi libro en la mesa, necesitaba un descanso.

Joder, el chico que besabas era tu primo, ¡Tu primo! —mientras lo decía, Dylan negaba con la cabeza, aún no se lo creía.

¡Ey! ¡Baja la voz! Y no es lo que parece... —miré a los que estaban con nosotros en la biblioteca para cerciorarme que no nos prestaban atención o escuchaban, no me apetecía que se supiese.

Es que es muy fuerte, tío, que sois primos...

Dylan, en primer lugar no sabes lo que pasó, y en segundo, ¿Puedes olvidarlo? Yo intento hacerlo.

Dylan quedó en silencio, poco convencido, no tardó ni treinta segundos cuando volvió con el tema.

A ver, no es por meterme, pero me gustaría saber, ¿Qué hacías en mi jardín besando a tu primo? ¿Sois gay?

¡¿Qué?! ¡Claro qué no joder!, Es que mi primo es un cabrón, lo hizo para jugar, le gusta molestarme, y discutimos porque no quería que estuviese en la fiesta, me besó y yo no lo esperaba, lo hizo para joder, nada más... —mentí.

Entonces..., ¿aún amas a mi hermana? —preguntó Dylan mirándome ahora a los ojos, se colocaba las gafas cada dos por tres.

Claro que sí, es mi novia... —dije apartando la vista a un lado—. Mira, es tu hermana con una amiga...

¿¡Que!? —preguntó Dylan confuso.

Señalé a la puerta y Dylan comprobó que entraba con otra chica, ya la conocía, era amiga de mi novia.

¡¡Ostras!! ¡¡Rápido!! —Dylan recogió sus libros y yo hice lo mismo confundido, caminamos hacia el baño de chicos y entramos dentro a escondernos..., espera, ¿escondernos? ¿por qué nos escondíamos? No hacíamos nada malo..., ¿O sí?

Los dos permanecimos en silencio sin saber qué hacer.

¿Por qué nos escondemos Dylan? —pregunté.

Si mi hermana me ve contigo, se enojara, no le gusta que me acerque a sus cosas..., y prefiero que no vea que estoy contigo.

Ah genial, cojonudo... —dije resignado.

Escuchamos pasos y con velocidad nos metimos en el cubículo más lejano, cerramos con cerrojo la puerta y quedamos en silencio.

La puerta se abrió y escuchamos las voces de lo que parecían dos chicos, hablaban de la excursión de la semana que viene, es verdad..., debía pedirle el dinero a mi madre..., mierda.

Dylan comenzaba a reírse nervioso y le tapé la boca, el cabroncete se divertía con la situación, tras un rato, los dos chicos terminaron, salieron del baño y le quité mi mano de la boca a Dylan.

Joder, me llenaste la mano de babas, baboso. —me quejé limpiándome en el pantalón—. No sé que te hizo tanta gracia.

Es que, me puse nervioso. —dijo Dylan riéndose como el crío que era, es verdad, tenía un año menos que yo, se le notaba aún que le faltaba madurez a diferencia de mí.

Pues a mí no, venga, salgamos por la ventana. —señalé la ventana del baño, era pequeña, pero los dos cabíamos por ella perfectamente, al menos yo...

Espera. —Dylan me sujetó para evitar que saliese, le miré confundido y me besó en la boca, sus labios, carnosos y calientes, se juntaron con los míos, podía sentir como electricidad recorría mi cuerpo.

Con mis manos intenté empujarlo hasta que nos separamos, con mi muñeca limpié mis labios.

¿¡Qué coño haces!? —pregunté enojado.

Perdón, es que...

Es que nada macho, que tengo novia, que es tu hermana, deja de hacer esto, y encima besas mal, ¡Me llenaste la boca de tu saliva! —dije sin mediar mis palabras, no sé por qué la pagué con él.

Dylan, con ojos lagrimosos me apartó a un lado y salió del cubículo.

Dylan, espera...

No me hizo caso, salió directamente del baño.

¡Dylan!, ¡Te verá tu hermana!

Me ignoró, abrió la puerta y salió fuera, sé que me pasé con él, pero ya era tarde, miré a la ventana y decidí salir por ahí, recogí mi mochila del suelo, me la puse y de un salto me agarre al marco de la ventana, para después salir por ella, ya estaba anocheciendo.

Caí detrás de la biblioteca, justo donde estaban Michael y sus dos lacayos fumando..., que mala suerte joder.

Mira chicos, una rata saliendo por la ventana, ja, ja, ja. —Michael y sus amigos se comenzaron a reír.

Ja, ja, muy gracioso sí. —me incorporé y Michael se puso frente a mí.

¿Qué? ¿Ya se te curó el ojo? —Michael se refería a cuando tuvimos la pelea el otro día.

Pasé de él y comencé a alejarme, no quería mirar atrás, escuche como cogían las bicicletas para ir tras de mí, tragué saliva y salí corriendo como alma que lleva el viento, corrí a toda velocidad calle abajo, hasta llegar al parque, di media esquina y entré en el parque, las luces de las farolas comenzaban a encenderse, la noche se hizo presente.

Me escondí dentro de unos arbustos y me agaché, Michael y sus amigos llegaron y detuvieron sus bicicletas, se separaron buscándome, yo, que tenía el corazón en un puño, me alejé un poco más y me adentré aún más profundo entre los arbustos, imposible que me viesen, pero tenía miedo.

No sé cuánto rato pasó, me tumbé de lado y miré el móvil, ya eran casi las diez de la noche, mi madre se enojaría, sujeté con fuerza la mochila y me acerqué al bosque, miré a los lados, apenas había nadie, un hombre paseando un perro, una mujer mayor con lo que parecía su hija adulta, seguramente yendo a sus casas.

Respiré hondo y me adentré en el bosque, la oscuridad iba tomando fuerza, con cuidado de no meter mucho ruido caminé despacio, parece que los perdí de vista, corrí sin detenerme hasta llegar a casa, estaba sudado y exhausto.

La puerta estaba cerrada y no tenía las llaves de casa, las perdí el otro día cuando tuve la pelea con Michael, di la vuelta a la casa y comencé a escalar el árbol de atrás, de un salto aterricé en el tejado de casa y me acerqué a la ventana de mi cuarto, pero estaba cerrada, no me quedaba otra que entrar por la de mi primo, que estaba cerrada también, a través de la ventana pude ver que él dormía en su cama, di unos golpecitos con mis nudillos para que abriese la ventana.

Mi primo Erik despertó y al verme, sonrió, abrió la ventana y entré en su cuarto cayendo sobre su cama.

¿Dónde estabas? —me preguntó mientras me bajaba de la cama y me quité la mochila dejándola en el suelo.

En la biblioteca... —respondí.

Pero si la biblioteca cierra a las nueve. —dijo mirando su reloj.

Ya bueno, me entretuve, voy a ducharme e irme a la cama. —dije secamente.

Lo dejé en el cuarto y salí al pasillo, todas las luces estaban apagadas, entré al baño y cerré la puerta, me desnudé y abrí el grifo del agua, mientras me enjabonaba, comencé a masturbarme, lentamente, necesitaba relajarme.

Cerré mis ojos y comencé a pajearme, el agua templada ayudaba a relajar mis músculos, músculos que se tensaron al escuchar la puerta del baño, mi primo entró y la cerró sonriente.

¿¡Qué haces!? —me tapé mis partes mientras le veía desnudarse y entrar en el plato de ducha, quedando muy pegados—. ¡¿Te volviste loco?!

¡Chsss! No hables tan alto o tu madre nos pillará. —dijo cínicamente.

¡Sal del baño ahora mismo joder!

¿Por qué? Así ahorramos agua, recuerdo cuando nos bañábamos de pequeños...

¡Que te vayas! —le ordené cortándole.

Mi primo sonrió y comenzó a pajearme, yo, sin saber porqué, le dejé hacerlo, mi respiración se agitó considerablemente, él, sabiendo lo que hacía, continuó pajeándome.

¿Quieres que me vaya? —preguntó mordiéndose el labio.

No dije nada, y eso fue suficiente, me dio la vuelta y siguió masturbándome mientras lamía mi cuello.

Deja que limpie tu espalda, primito. —Erik cogió la esponja con su mano izquierda y me frotaba las espalda, a su vez con la derecha me masturbaba, yo solo gemía y me dejaba llevar.

Ahh..., esto..., esto no está bien, a mí me gustan las chicas... —confesaba entre gemidos de placer.

Sólo déjate llevar, primito. —Erik soltó la esponja y me inclinó contra la mampara de la ducha, el agua cada vez estaba más fría, se acababa la caliente, noté las manos de Erik ahora tocando mi parte trasera.

¿¡Qué haces!? —intenté girarme pero me lo impidió.

Calla, solo disfruta. —en ese momento sentí su lengua dentro de mi ano, la movía como loco, me estaba comiendo el culo, mi primo me estaba comiendo el culo, mis músculos se tensaron al principio, pero conforme la movía me relajé, miré arriba y con los ojos cerrados mientras el agua mojaba mi cara, me dejé llevar, entonces en un rápido movimiento sentí una presión, estaba intentando meterme su polla, comencé a moverme para apartarlo, el agua comenzó a salir fría, bajaba nuestra calentura pero a la vez me hacía sentir sensaciones únicas, sensaciones que nunca había sentido.

Erik siguió presionando y la punta comenzó a entrar, su polla se deslizaba por mi culito, ahora desvirgado por mi primo. Entre gemidos, los dos comenzamos a respirar con más velocidad, su cuerpo inició un vaivén lento pero profundo, mi primo me estaba follando.

Cada vez más rápido, sus acometidas iban en aumento, mi cuerpo se echaba hacia delante mientras él presionaba más y más, me perforaba con su dura polla y yo no podía dejar de pajearme, estaba al límite.

Mi primo me hizo pegar contra la pared y dejé de tocarme, su polla la metió hasta que sentí sus huevos chocar con mi ano, hizo más fuerza y mi cuerpo comenzó a levantarse por encima del suelo, solo con la fuerza de su polla dentro de mí, era increíble.

No aguanté más y comencé a correrme como no había experimentado en mi vida, mis contracciones apretaron su polla y sentí varios chorros de su corrida dentro de mí, ahora, los dos, más calmados, volvimos a la normalidad en segundos.

Mi cuerpo volvió a tocar el suelo y el agua limpiaba nuestro crimen, porque sí, vino de nuevo la culpa.

Vete... —dije sin mirarle a la cara, aún dándole la espalda.

Noté como terminó de enjabonarse y limpiarse para después coger una toalla y salir del baño, yo, por mi parte, caí al suelo, intentando ponerme de rodillas, sentía una rara sensación en mi ano, el culo lo tenía como dormido, no sé explicar la sensación.

Estuve así unos minutos, el agua helada mojaba mi cuerpo, comencé a llorar con pesar y en voz baja, me sentía sucio, mancillado, yo no quería ser así, así no, no quería ser un marica de esos, pero acababa de ser follado por mi primo y lo peor es que tuve el mayor orgasmo de mi vida, me levanté y cerré el grifo del agua, al salir de la ducha me miré al espejo, algo había cambiado, me veía distinto, ya no era el mismo.

Con mi mano quité el vapor del cristal, apreté los puños, me odiaba, me daba asco, me limpié las lágrimas y me juré que nunca más haría nada con otro chico, yo no era eso, no era maricón.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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lunes, 11 de abril de 2016

Mi primito - Capítulo 2 ''Tentación y pecado''

Capítulo 2 ''Tentación y pecado''



Hola, soy Laura, la cumpleañera.

Yo soy Erik. —mi primo le sonrió, parecía que coqueteaban.

¿Qué haces tú aquí? —pregunté mosqueado, apretando mis puños con fuerza.

Espera, ¿os conocéis? —preguntó Laura confundida y levantando las cejas con sorpresa.

Sí, es mi dichoso primo.

¿Qué acaso no puedo acompañar a mi primito? —Erik se mordió el labio y al ver que mi novia se acercaba a nosotros lo sujeté del brazo y nos empezamos a alejar, manchándome del aceite que tenía por el cuerpo mi primo.

Que por cierto, joder con mi puto primo, podía ver lo marcado que estaba, estaba fibroso para su edad, y sí, estaba demasiado bueno, aunque yo fuese heterosexual, me daba cuenta de la diferencia conmigo, que era delgado, pero no se me marcaba el cuerpo como a él.

Lo llevé detrás de la casa, donde estaríamos a solas, la música se escuchaba de fondo dentro de la casa, era de noche.

¿De qué coño vas? ¡¡Quiero que te vayas!! —estaba muy enojado.

¿Irme?, ¿por qué?, ¿no te gusta que esté aquí?, ¿es por el beso que me diste? —preguntó cínico.

¿Perdona? ¡Yo no te di ningún beso! Además…

No me dejó terminar, sus labios se posaron en los míos de nuevo, intenté empujarlo, pero mis manos resbalaban por el aceite que cubría su cuerpo, cuando por el rabillo del ojo vi un flash, como el de una cámara, con fuerza lo empujé y miré entre los arbustos, de donde vino el flash.

Mierda, mierda, mierda, ¡¡Mierda!! —me acerqué corriendo, los arbustos se movieron y cuando llegué no había nadie.

¿Qué te pasa? —mi primo Erik se acercó curioso.

Nos…, nos hicieron una foto… —dije en estado de nervios.

¿Qué? Kyle, eso es imposible, aquí no hay nadie…, anda ven primito, sigamos…

Mi primo me sujetó de la cintura para acercarse a mí y en ese momento llegó mi novia.

¿Qué hacéis? —preguntó Celia con cara de extrañeza.

Nos separamos con velocidad.

¿Eh? Nada, discutir, escucha, Celia, larguémonos de aquí, porfa. —le imploré.

Me alejé de mi primo Erik, al cual podía ver que estaba disgustado, sin hacerle mucho caso, me largué con mi novia.

Preferí pasar la noche fuera, fuimos a una cafetería que solía estar abierta hasta la madrugada, pedí un gran batido de helado, necesitaba azúcar para mi ansiedad, Celia me notó raro, así que le dije la verdad, que mi primo estaba muy cambiado, no era el mismo y actuaba diferente, no le dije lo del beso, no lo entendería, no lo entendía ni yo…

Terminamos la cita y la llevé a su casa, nos detuvimos y la miré confundido por lo que iba a pedirle.

Oye, Celia, sé que hasta ahora solo nos hemos dado piquitos, besitos así sin más, pero…, me gustaría probar con lengua…

Kyle…

Solo uno, prometo no pedírtelo más, por fa…

Era surrealista que tuviese que implorar un beso con lengua a mi novia, no tenía sentido, pero bueno, siempre fue muy tímida y recatada, en parte me gustaba que fuese así.

Celia miró a su casa, no quería que nos viesen, se acercó y juntamos nuestros labios, intenté meter la lengua en su boca, el beso fue muy torpe, tras unos segundos nos separamos.

¿Qué tal? —me preguntó con las mejillas rojizas.

Pues…, bien, me ha gustado…

Me abrazó y me vino la culpa, sí, me gustó, pero…, había algo que fallaba, algo no funcionaba bien.

Nos despedimos, llegué a casa muy tarde, las luces estaban apagadas, mi madre dormía, subí a mi cuarto y me puse el pijama, me senté en la cama a pensar, ¿por qué está pasando todo esto?

Me eché en la cama, intentando dormir, abrí la ventana para que entrase un poco de aire fresco, sentía calor en mi cuerpo, me costaba coger el sueño, no dejaba de pensar en lo ocurrido, en el beso…, el beso de Celia, me gustó…, sí…, me gustó…, no…, me gustó más el de mi primo…, no, no puede ser…

Escuché unos pasos y me incorporé en la cama, observando mi puerta, los pasos se acercaban hasta que mi puerta se abrió lentamente, una silueta se posó en la entrada, era mi primo.

¿Podemos hablar? —preguntó susurrando en voz baja.

Mañana, quiero dormir. —me di la vuelta dándole la espalda, mirando a la ventana.

Erik cerró la puerta de mi cuarto y se acercó a mi cama, sentí como se sentaba en ella.

Escucha, quiero disculparme, no debí besarte, ni presentarme en la fiesta, fue un error de mi parte, es que a veces me siento muy solo… —sus manos se posaron en mi cabeza, acariciando mi cabello, me incomodaba, la verdad, me incorporé de nuevo, encendí la lamparita de mi mesita y quedé sentado a su lado.

Es que…, no entiendo por qué hiciste eso, ¿eres gay o simplemente juegas?

Se quedó callado, en silencio, su mirada se clavó en el suelo sin decir nada, lo notaba muy nervioso e incómodo, cada vez las manos las apretaba más.

¿Tiene que ver con lo de tus padres? —mi pregunta le incomodó aún más—. Escucha, pasase lo que pasase, puedes contármelo, soy tu primo, Erik, por favor, dime que te pasa.

Es que no sé cómo empezar, me cuesta… —mi primo estaba angustiado, sus manos sudaban y las movía sin parar, apretándolas.

Erik, tú sabes que puedes confiar en mí al cien por cien, ¿verdad? —dije intentando calmarlo—. Somos familia, y no diré nada, te lo prometo, por favor, dime que te sucede, ¿por qué actúas así?

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mí y no quieras que me quede aquí… —su voz se tornaba cada vez más quebradiza.

No seas ridículo, ¿cómo voy a hacer eso? —miré a mi primo a los ojos, los tenía lagrimosos, brillaban, el verde de sus ojos brillaban con la luz tenue que la lamparita de mi cuarto nos daba.

Es que, hice ciertas cosas… —dijo apenado.

¿Qué cosas…? —pregunté con temor.

Cosas. —dijo cortante—. El caso es que esas cosas llevaron a…

Hubo un breve silencio.

¿A que qué? —pregunté ansioso.

Pues…, que…, mira, Kyle…, el día que mis padres murieron, yo estaba con mi profesor…

¿No entiendo? —pregunté sin entender.

Yo iba muy mal en su asignatura, y me invitó a su casa, para “ayudarme”, el caso es que una vez allí…, él comenzó a tocarme, yo intenté resistirme, pero me dijo que si me dejaba…, me aprobaría con un diez.

¿Qué? No me jodas…, ¿y qué hiciste?

Se quedó en silencio.

Joder… —me lamenté.

Me siento mal, por culpa de ir con mi profesor ese día, mis padres están…, por ser un puto maricón…

Tras decir eso, el silencio inundó el cuarto, su mirada estaba perdida en la cama, no se atrevía a mirarme, lo notaba avergonzado.

Por mi parte, sentí mi corazón helarse, no me esperaba esa confesión, mi primo acababa de confesarme que era gay y que su profesor abusó de él, o algo turbio había entre ellos, entendía su pesar.

No sé qué decir…, no me lo esperaba…, bueno, tras el beso, sospeché algo, pero no sé, siempre te vi tan macho y pensé que era todo un juego… —mis palabras le dolieron.

Me odias…, doy asco. —dijo con enojo.

No, Erik, tú no das asco… y NO te odio, es solamente que me ha pillado desprevenido, eso es todo, pero te repito, no es tu culpa que tus padres muriesen, ¿entiendes? Y sobre el cerdo de tu profesor…, se aprovechó de ti y de su estatus para abusar de ti, deberías denunciarlo.

¿Te volviste loco? Sería su palabra contra la mía, además, no quiero que todos sepan que un profesor me tocó…

¿Únicamente fue eso?, ¿tocamientos?

Se calló.

Erik, fuese lo que fuese lo que te pasase con él, no tiene nada que ver con la muerte de tus padres, tú no provocaste su muerte, fue un accidente, ¿entiendes?

Lo sé Kyle, intenté quitarme ese pensamiento de la mente, pero entonces recuerdo que mientras ellos estaban en casa yo estaba con el profe y justo ese día estábamos…

Vale, no, no hace falta que lo describas… —avisé.

Perdona, es que…, soy raro. —su mirada se perdió hacia la ventana.

No, no lo eres, no has tenido suerte en la vida, nada más, y ser gay no tiene nada de malo. —coloqué mi mano sobre su hombro intentando reconfortarlo.

Primo, no cuentes nada de esto, no quiero que sepan que soy…, diferente…

Sí, lo entiendo, y no te preocupes, no lo haré.

¿Y lo del beso? —preguntó mirándome.

Tampoco se lo diré.

No, digo que…, ¿te gustó? —su pregunta me sorprendió.

Iba a responder cuando sus labios se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo, al principio me resistí, pero no sé por qué, me dejé llevar, tras el beso, nos separamos unos centímetros, mi respiración estaba agitada.

Me miró sonriendo, se levantó y se quitó la camiseta del pijama, pude ver su cuerpo de nuevo, delgado y marcado, pude ver su linda y suave piel, me acerqué y posé mis manos en su tripa, necesitaba tocar su piel.

Mi primo estaba muy bueno, demasiado, mi primo me sujetó levantándome, quedando los dos de pie, me quitó la camiseta del pijama y comenzó a besarme el cuello.

Era una sensación indescriptible, lamía todo mi cuello mientras tocaba mi cuerpo, se detuvo y se relamió, con su mano guio mi cabeza a su cuello, quería que le hiciese lo mismo, pero me resistí…

No quiso forzar, me soltó y volvió a besarme, sus labios carnosos de adolescente, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude negarme, me dejé llevar, ya no había vuelta atrás, mi primo me tentó y yo caí en esa tentación, en esa rica y deliciosa tentación.

Fue bajando por mi cuerpo entre besos y caricias, escuchaba los gemidos ahogados de mi primo mientras lamía mi cuerpo, ni siquiera pensamos en que mi madre, durmiendo abajo, pudiese escucharnos, nos daba igual, llegó a mi entrepierna y me bajó el pantalón con dificultad.

Pudo ver por encima de mi bóxer que estaba duro, llevaba un bóxer ajustados, de color azul marino. Los cuales me bajó y de dentro saltó mi pene, lo cogió entre sus manos y le empezó a bajar y subir la piel, mis gemidos me transportaban a otra dimensión, la del placer y la lujuria, la del pecado y el éxtasis, bajé la mirada y vi como se introdujo mi pene duro en su boca, lo lamió y lo degustó, estaba a mil, sentí sus labios y su lengua en mi polla toda dura, me masajeaba los huevos mientras me chupaba la polla, mi polla medía unos catorce centímetros, en la base tenía un poco de vello que me comenzaba a salir, yo no estaba circuncidado.

Mi primo Erik comenzó a succionar mi polla, era la primera vez que me la chupaban, y con sus manos apretaba mis huevos de forma que me hacía sentir un placer increíble, yo sujeté su cabello para que siguiese comiéndose mi polla, pero era él quien marcaba el ritmo de la mamada, la cual yo hacía lo imposible por resistirme al placer que mi primo me daba con su boca, pero no iba a aguantar mucho.

Tras un rato dándome placer, noté mis convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó más fuerte de los muslos y yo de su cabello, no quería que parase, y con un forcejeo de caderas se la metí lo más dentro de su boca que pude, hasta que noté mis huevos en sus labios inferiores y como con cada convulsión mi polla llenaba su boca de un líquido espeso que mi primo comenzó a tragarse, degustó y se lo tragó todo, me vine bastante, una vez que dejé de correrme, caí rendido en mi cama, en un sueño profundo.

Mi primo cogió una camiseta del cesto de la ropa sucia y me limpió como pudo, aunque apenas quedó nada, todo se lo había tragado, me subió el bóxer y después los pantalones, me dejó ahí tumbado durmiendo, entonces escuché como la puerta se cerró y abrí los ojos, estaba medio dormido, miré a mi alrededor, mi primo no estaba.

Comenzó la sensación de culpabilidad, llevé las manos a mi entrepierna y me toqué por encima, recordando que mi primo me acababa de comer la polla.

¿Me hice gay? Espera…, ¿qué hice? Dejé que un tío me chupase la polla, otra persona me hizo una mamada, ¿le puse los cuernos a mi novia?

Tenía ganas de llorar, me sentí mal, con una culpabilidad enorme, no tenía ganas ni de moverme.

Lo que acababa de pasar no estaba bien, pero me gustó, entonces…, ¿yo también era gay? No, imposible, me gusta Celia, la amo…, mierda, Celia, ¿fueron cuernos lo que hice?

El móvil volvió a sonar dándome un pequeño susto, lo desbloqueé y miré el mensaje.

Tragué saliva, era un mensaje multimedia de un número desconocido, en él, aparecía mi primo besándome en la fiesta de Laura, debajo, ponía; “Sé tu secreto”.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa noche, apenas pude pegar ojo, mi cabeza estaba en un néctar de ideas, todas acababan mal. Llevé mi mano a mi entrepierna de nuevo, pensando en la mamada que me hizo mi primo, comencé a tocarme, lo hacía con intensidad, cogí el móvil y miré la foto, aceleré mi paja y acabé corriéndome en mi tripa, poco, pero me corrí de nuevo, sentí un gran alivio, me dormí.

Unos gritos me despertaron, tras la paja me había dormido, los gritos eran de mi madre llamándome para desayunar, joder, apenas había dormido tres horas, estaba bastante nervioso, no sabía si decirle a mi primo Erik, lo del mensaje que recibí, no sé como se lo tomaría.

Entré en el baño y me duché a fondo, mientras reflexionaba qué podía hacer, tras la ducha me puse una camiseta de botones, era roja con un dragón oriental de color dorado en el lado izquierdo y unos vaqueros cortos, rasgados por la rodilla derecha, me acomodé el cabello y nada más bajar me encontré con mi primo entrando en el comedor.

Erik, tengo que hablar contigo urgentemente. —sujeté a mi primo del brazo y lo subí por las escaleras hasta su cuarto entre las quejas de mi madre sobre que el desayuno se enfriaría.

¿Qué pasa? ¿Quieres devolverme el favor? —me preguntó mordiéndose el labio inferior.

¿Qué? No, o sea, mira, ayer, cuando me seguiste al cumpleaños…

Yo no te seguí. —mintió.

¿Cómo qué no?, ¿y cómo sabías dónde iba a ser la fiesta? —le pregunté enojado.

Vale, os seguí, simplemente vigilaba a mi primito, ¿Es eso un pecado? —dijo cínicamente.

No, pero esto sí. —le enseñé el móvil con la foto de nuestro beso y el mensaje.

Erik sujetó el móvil y lo miró.

¿Qué? Yo no veo nada. —dijo.

¿¡Cómo qué no!? Somos nosotros besándonos. —le señalé con el dedo en la pantalla del móvil en dónde se nos veía.

¿Qué? No, son dos personas borrosas y en una zona oscura, haciendo algo raro, apenas se distingue.

Y no le faltaba razón a mi primo Erik, la foto estaba hecha con poca luz y a distancia, estaba bastante borrosa, pero yo sabía que éramos nosotros.

Vale, se ve regular, pero somos nosotros, alguien nos vio en la fiesta.

Mi primo quedó en silencio, miró el número, pero ninguno de los dos lo conocíamos.

De acuerdo, llamaré y hablaré con esa persona, diré que es una confusión y…

¿Qué? No. —le quité mi móvil de sus manos y bajé al comedor, mi madre ya se había marchado—. Mira, tengo que ir a clase, hoy hay examen, y es muy importante para el trimestre, así que, por favor, tomemos distancia, por ahora es mejor estar alejados, ya me encargo yo del problema que has causado.

Mi primo iba a discutir conmigo, pero sonó el timbre de casa, cogí una tostada con mermelada y me puse la mochila en los hombros.

Mejor hablamos esta tarde, ¿Ok?

Como quieras. —dijo a regañadientes.

Por cierto, ¿No vas a registrarte en la escuela? —pregunté.

No, necesito unos días para adaptarme… —dijo mi primo.

Durante el trayecto hacia la escuela, Mike me hablaba de cosas banales para mí en ese momento, yo estaba preocupado, tenía miedo, si esa foto circulase por Internet, mi vida, la nuestra, estaría jodida, dos primos besándose, sí, tenía miedo, lo peor es que pensarían que soy maricón, y no soy eso, quiero decir, sí, dejé que mi primo me la chupase, pero…, mierda.

Llegamos al Instituto y me acerqué a la taquilla, en ese momento apareció Michael junto a Joaquín y Santiago, Michael me golpeó con su hombro por la espalda y me hizo caer al suelo junto con mis libros, las risas de todos en el pasillo no se hicieron de rogar.

Mira por donde vas, enano. —dijo Michael mientras se relamía y pisaba mi mochila, la cual había caído al suelo también y se alejaron entre burlas y risas.

¿Estás bien? —Mike me ofreció su mano, la sujeté con fuerza y me levanté—. Pasa de ellos, ya sabes como son…

Ignoré a mi amigo, estaba harto de todo, de mi casa, de la escuela, del puto pueblo, abrí mi taquilla para recoger los libros de las materias de hoy y vi una nota.

Durante la hora del recreo, te espero en el gimnasio, ven solo”.

Tragué saliva.

¿Qué es? —preguntó Mike, curioso.

¿Eh? Nada… —arrugué la nota con rapidez, evitando que la leyese, mi amigo siempre fue un metiche.

¿Cómo qué nada? ¿Es de Celia? —preguntó cómo metiche que era.

Ehh, sí, quiere que hablemos durante el recreo, así que necesito un poco de intimidad. —mentí, y me iba a arrepentir…

Durante las clases, el reloj me parecía eterno, no avanzaba, no podía concentrarme, ni siquiera sé cómo me salió el examen, sentía mucha presión, demasiada, mi corazón a veces parecía morir de angustia.

Tocó el timbre, y con él, el recreo, ni siquiera fui al comedor a desayunar algo, directamente, me despedí de Mike y sin que me siguiese, di la vuelta al Instituto, esperé unos minutos, quería asegurarme que nadie me siguiera, intentaba mantener la calma, pero estaba muy nervioso, mi pierna izquierda temblaba constantemente.

Me acerqué al Instituto y entré por detrás, los pasillos estaban vacíos, todos estaban en el comedor desayunando, me crucé con algún alumno y alumna que irían a los baños, caminé hacia las escaleras y bajé hasta la planta subterránea, sí, allí estaba el gimnasio y las duchas.

Estaba todo en silencio, tragué saliva de nuevo, miré a todos lados, pero no había nadie, me acerqué a un banco del gimnasio y me senté a esperar, saqué el móvil y miré de nuevo la foto, ¿Quién pudo ser?

Escuché pasos, alguien bajaba las escaleras, me levanté y me escondí detrás de la zona de donde acumulaban las colchonetas unas encima de otras, no podía ver quién entraba, ni podían verme a mí, pero escuché como alguien entró, sus pasos eran firmes, se detuvieron de repente.

A los segundos los pasos se acercaban a mi posición, yo, temblando, quería escapar de allí, nunca me había sentido tan mal, miré al suelo con mis manos en las rodillas, iba a vomitar.

¿Qué haces ahí? —la voz familiar de un chico llamó mi atención, levanté mi cabeza y pude verlo.

¿¡Tú!? ¿¡Qué haces tú aquí!? —tragué saliva sin creerme a quién tenía delante de mí, era quien menos imaginé.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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