lunes, 11 de abril de 2016

Mi primito - Capítulo 2 ''Tentación y pecado''

Capítulo 2 ''Tentación y pecado''



Hola, soy Laura, la cumpleañera.

Yo soy Erik. —mi primo le sonrió, parecía que coqueteaban.

¿Qué haces tú aquí? —pregunté mosqueado, apretando mis puños con fuerza.

Espera, ¿os conocéis? —preguntó Laura confundida y levantando las cejas con sorpresa.

Sí, es mi dichoso primo.

¿Qué acaso no puedo acompañar a mi primito? —Erik se mordió el labio y al ver que mi novia se acercaba a nosotros lo sujeté del brazo y nos empezamos a alejar, manchándome del aceite que tenía por el cuerpo mi primo.

Que por cierto, joder con mi puto primo, podía ver lo marcado que estaba, estaba fibroso para su edad, y sí, estaba demasiado bueno, aunque yo fuese heterosexual, me daba cuenta de la diferencia conmigo, que era delgado, pero no se me marcaba el cuerpo como a él.

Lo llevé detrás de la casa, donde estaríamos a solas, la música se escuchaba de fondo dentro de la casa, era de noche.

¿De qué coño vas? ¡¡Quiero que te vayas!! —estaba muy enojado.

¿Irme?, ¿por qué?, ¿no te gusta que esté aquí?, ¿es por el beso que me diste? —preguntó cínico.

¿Perdona? ¡Yo no te di ningún beso! Además…

No me dejó terminar, sus labios se posaron en los míos de nuevo, intenté empujarlo, pero mis manos resbalaban por el aceite que cubría su cuerpo, cuando por el rabillo del ojo vi un flash, como el de una cámara, con fuerza lo empujé y miré entre los arbustos, de donde vino el flash.

Mierda, mierda, mierda, ¡¡Mierda!! —me acerqué corriendo, los arbustos se movieron y cuando llegué no había nadie.

¿Qué te pasa? —mi primo Erik se acercó curioso.

Nos…, nos hicieron una foto… —dije en estado de nervios.

¿Qué? Kyle, eso es imposible, aquí no hay nadie…, anda ven primito, sigamos…

Mi primo me sujetó de la cintura para acercarse a mí y en ese momento llegó mi novia.

¿Qué hacéis? —preguntó Celia con cara de extrañeza.

Nos separamos con velocidad.

¿Eh? Nada, discutir, escucha, Celia, larguémonos de aquí, porfa. —le imploré.

Me alejé de mi primo Erik, al cual podía ver que estaba disgustado, sin hacerle mucho caso, me largué con mi novia.

Preferí pasar la noche fuera, fuimos a una cafetería que solía estar abierta hasta la madrugada, pedí un gran batido de helado, necesitaba azúcar para mi ansiedad, Celia me notó raro, así que le dije la verdad, que mi primo estaba muy cambiado, no era el mismo y actuaba diferente, no le dije lo del beso, no lo entendería, no lo entendía ni yo…

Terminamos la cita y la llevé a su casa, nos detuvimos y la miré confundido por lo que iba a pedirle.

Oye, Celia, sé que hasta ahora solo nos hemos dado piquitos, besitos así sin más, pero…, me gustaría probar con lengua…

Kyle…

Solo uno, prometo no pedírtelo más, por fa…

Era surrealista que tuviese que implorar un beso con lengua a mi novia, no tenía sentido, pero bueno, siempre fue muy tímida y recatada, en parte me gustaba que fuese así.

Celia miró a su casa, no quería que nos viesen, se acercó y juntamos nuestros labios, intenté meter la lengua en su boca, el beso fue muy torpe, tras unos segundos nos separamos.

¿Qué tal? —me preguntó con las mejillas rojizas.

Pues…, bien, me ha gustado…

Me abrazó y me vino la culpa, sí, me gustó, pero…, había algo que fallaba, algo no funcionaba bien.

Nos despedimos, llegué a casa muy tarde, las luces estaban apagadas, mi madre dormía, subí a mi cuarto y me puse el pijama, me senté en la cama a pensar, ¿por qué está pasando todo esto?

Me eché en la cama, intentando dormir, abrí la ventana para que entrase un poco de aire fresco, sentía calor en mi cuerpo, me costaba coger el sueño, no dejaba de pensar en lo ocurrido, en el beso…, el beso de Celia, me gustó…, sí…, me gustó…, no…, me gustó más el de mi primo…, no, no puede ser…

Escuché unos pasos y me incorporé en la cama, observando mi puerta, los pasos se acercaban hasta que mi puerta se abrió lentamente, una silueta se posó en la entrada, era mi primo.

¿Podemos hablar? —preguntó susurrando en voz baja.

Mañana, quiero dormir. —me di la vuelta dándole la espalda, mirando a la ventana.

Erik cerró la puerta de mi cuarto y se acercó a mi cama, sentí como se sentaba en ella.

Escucha, quiero disculparme, no debí besarte, ni presentarme en la fiesta, fue un error de mi parte, es que a veces me siento muy solo… —sus manos se posaron en mi cabeza, acariciando mi cabello, me incomodaba, la verdad, me incorporé de nuevo, encendí la lamparita de mi mesita y quedé sentado a su lado.

Es que…, no entiendo por qué hiciste eso, ¿eres gay o simplemente juegas?

Se quedó callado, en silencio, su mirada se clavó en el suelo sin decir nada, lo notaba muy nervioso e incómodo, cada vez las manos las apretaba más.

¿Tiene que ver con lo de tus padres? —mi pregunta le incomodó aún más—. Escucha, pasase lo que pasase, puedes contármelo, soy tu primo, Erik, por favor, dime que te pasa.

Es que no sé cómo empezar, me cuesta… —mi primo estaba angustiado, sus manos sudaban y las movía sin parar, apretándolas.

Erik, tú sabes que puedes confiar en mí al cien por cien, ¿verdad? —dije intentando calmarlo—. Somos familia, y no diré nada, te lo prometo, por favor, dime que te sucede, ¿por qué actúas así?

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mí y no quieras que me quede aquí… —su voz se tornaba cada vez más quebradiza.

No seas ridículo, ¿cómo voy a hacer eso? —miré a mi primo a los ojos, los tenía lagrimosos, brillaban, el verde de sus ojos brillaban con la luz tenue que la lamparita de mi cuarto nos daba.

Es que, hice ciertas cosas… —dijo apenado.

¿Qué cosas…? —pregunté con temor.

Cosas. —dijo cortante—. El caso es que esas cosas llevaron a…

Hubo un breve silencio.

¿A que qué? —pregunté ansioso.

Pues…, que…, mira, Kyle…, el día que mis padres murieron, yo estaba con mi profesor…

¿No entiendo? —pregunté sin entender.

Yo iba muy mal en su asignatura, y me invitó a su casa, para “ayudarme”, el caso es que una vez allí…, él comenzó a tocarme, yo intenté resistirme, pero me dijo que si me dejaba…, me aprobaría con un diez.

¿Qué? No me jodas…, ¿y qué hiciste?

Se quedó en silencio.

Joder… —me lamenté.

Me siento mal, por culpa de ir con mi profesor ese día, mis padres están…, por ser un puto maricón…

Tras decir eso, el silencio inundó el cuarto, su mirada estaba perdida en la cama, no se atrevía a mirarme, lo notaba avergonzado.

Por mi parte, sentí mi corazón helarse, no me esperaba esa confesión, mi primo acababa de confesarme que era gay y que su profesor abusó de él, o algo turbio había entre ellos, entendía su pesar.

No sé qué decir…, no me lo esperaba…, bueno, tras el beso, sospeché algo, pero no sé, siempre te vi tan macho y pensé que era todo un juego… —mis palabras le dolieron.

Me odias…, doy asco. —dijo con enojo.

No, Erik, tú no das asco… y NO te odio, es solamente que me ha pillado desprevenido, eso es todo, pero te repito, no es tu culpa que tus padres muriesen, ¿entiendes? Y sobre el cerdo de tu profesor…, se aprovechó de ti y de su estatus para abusar de ti, deberías denunciarlo.

¿Te volviste loco? Sería su palabra contra la mía, además, no quiero que todos sepan que un profesor me tocó…

¿Únicamente fue eso?, ¿tocamientos?

Se calló.

Erik, fuese lo que fuese lo que te pasase con él, no tiene nada que ver con la muerte de tus padres, tú no provocaste su muerte, fue un accidente, ¿entiendes?

Lo sé Kyle, intenté quitarme ese pensamiento de la mente, pero entonces recuerdo que mientras ellos estaban en casa yo estaba con el profe y justo ese día estábamos…

Vale, no, no hace falta que lo describas… —avisé.

Perdona, es que…, soy raro. —su mirada se perdió hacia la ventana.

No, no lo eres, no has tenido suerte en la vida, nada más, y ser gay no tiene nada de malo. —coloqué mi mano sobre su hombro intentando reconfortarlo.

Primo, no cuentes nada de esto, no quiero que sepan que soy…, diferente…

Sí, lo entiendo, y no te preocupes, no lo haré.

¿Y lo del beso? —preguntó mirándome.

Tampoco se lo diré.

No, digo que…, ¿te gustó? —su pregunta me sorprendió.

Iba a responder cuando sus labios se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo, al principio me resistí, pero no sé por qué, me dejé llevar, tras el beso, nos separamos unos centímetros, mi respiración estaba agitada.

Me miró sonriendo, se levantó y se quitó la camiseta del pijama, pude ver su cuerpo de nuevo, delgado y marcado, pude ver su linda y suave piel, me acerqué y posé mis manos en su tripa, necesitaba tocar su piel.

Mi primo estaba muy bueno, demasiado, mi primo me sujetó levantándome, quedando los dos de pie, me quitó la camiseta del pijama y comenzó a besarme el cuello.

Era una sensación indescriptible, lamía todo mi cuello mientras tocaba mi cuerpo, se detuvo y se relamió, con su mano guio mi cabeza a su cuello, quería que le hiciese lo mismo, pero me resistí…

No quiso forzar, me soltó y volvió a besarme, sus labios carnosos de adolescente, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude negarme, me dejé llevar, ya no había vuelta atrás, mi primo me tentó y yo caí en esa tentación, en esa rica y deliciosa tentación.

Fue bajando por mi cuerpo entre besos y caricias, escuchaba los gemidos ahogados de mi primo mientras lamía mi cuerpo, ni siquiera pensamos en que mi madre, durmiendo abajo, pudiese escucharnos, nos daba igual, llegó a mi entrepierna y me bajó el pantalón con dificultad.

Pudo ver por encima de mi bóxer que estaba duro, llevaba un bóxer ajustados, de color azul marino. Los cuales me bajó y de dentro saltó mi pene, lo cogió entre sus manos y le empezó a bajar y subir la piel, mis gemidos me transportaban a otra dimensión, la del placer y la lujuria, la del pecado y el éxtasis, bajé la mirada y vi como se introdujo mi pene duro en su boca, lo lamió y lo degustó, estaba a mil, sentí sus labios y su lengua en mi polla toda dura, me masajeaba los huevos mientras me chupaba la polla, mi polla medía unos catorce centímetros, en la base tenía un poco de vello que me comenzaba a salir, yo no estaba circuncidado.

Mi primo Erik comenzó a succionar mi polla, era la primera vez que me la chupaban, y con sus manos apretaba mis huevos de forma que me hacía sentir un placer increíble, yo sujeté su cabello para que siguiese comiéndose mi polla, pero era él quien marcaba el ritmo de la mamada, la cual yo hacía lo imposible por resistirme al placer que mi primo me daba con su boca, pero no iba a aguantar mucho.

Tras un rato dándome placer, noté mis convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó más fuerte de los muslos y yo de su cabello, no quería que parase, y con un forcejeo de caderas se la metí lo más dentro de su boca que pude, hasta que noté mis huevos en sus labios inferiores y como con cada convulsión mi polla llenaba su boca de un líquido espeso que mi primo comenzó a tragarse, degustó y se lo tragó todo, me vine bastante, una vez que dejé de correrme, caí rendido en mi cama, en un sueño profundo.

Mi primo cogió una camiseta del cesto de la ropa sucia y me limpió como pudo, aunque apenas quedó nada, todo se lo había tragado, me subió el bóxer y después los pantalones, me dejó ahí tumbado durmiendo, entonces escuché como la puerta se cerró y abrí los ojos, estaba medio dormido, miré a mi alrededor, mi primo no estaba.

Comenzó la sensación de culpabilidad, llevé las manos a mi entrepierna y me toqué por encima, recordando que mi primo me acababa de comer la polla.

¿Me hice gay? Espera…, ¿qué hice? Dejé que un tío me chupase la polla, otra persona me hizo una mamada, ¿le puse los cuernos a mi novia?

Tenía ganas de llorar, me sentí mal, con una culpabilidad enorme, no tenía ganas ni de moverme.

Lo que acababa de pasar no estaba bien, pero me gustó, entonces…, ¿yo también era gay? No, imposible, me gusta Celia, la amo…, mierda, Celia, ¿fueron cuernos lo que hice?

El móvil volvió a sonar dándome un pequeño susto, lo desbloqueé y miré el mensaje.

Tragué saliva, era un mensaje multimedia de un número desconocido, en él, aparecía mi primo besándome en la fiesta de Laura, debajo, ponía; “Sé tu secreto”.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa noche, apenas pude pegar ojo, mi cabeza estaba en un néctar de ideas, todas acababan mal. Llevé mi mano a mi entrepierna de nuevo, pensando en la mamada que me hizo mi primo, comencé a tocarme, lo hacía con intensidad, cogí el móvil y miré la foto, aceleré mi paja y acabé corriéndome en mi tripa, poco, pero me corrí de nuevo, sentí un gran alivio, me dormí.

Unos gritos me despertaron, tras la paja me había dormido, los gritos eran de mi madre llamándome para desayunar, joder, apenas había dormido tres horas, estaba bastante nervioso, no sabía si decirle a mi primo Erik, lo del mensaje que recibí, no sé como se lo tomaría.

Entré en el baño y me duché a fondo, mientras reflexionaba qué podía hacer, tras la ducha me puse una camiseta de botones, era roja con un dragón oriental de color dorado en el lado izquierdo y unos vaqueros cortos, rasgados por la rodilla derecha, me acomodé el cabello y nada más bajar me encontré con mi primo entrando en el comedor.

Erik, tengo que hablar contigo urgentemente. —sujeté a mi primo del brazo y lo subí por las escaleras hasta su cuarto entre las quejas de mi madre sobre que el desayuno se enfriaría.

¿Qué pasa? ¿Quieres devolverme el favor? —me preguntó mordiéndose el labio inferior.

¿Qué? No, o sea, mira, ayer, cuando me seguiste al cumpleaños…

Yo no te seguí. —mintió.

¿Cómo qué no?, ¿y cómo sabías dónde iba a ser la fiesta? —le pregunté enojado.

Vale, os seguí, simplemente vigilaba a mi primito, ¿Es eso un pecado? —dijo cínicamente.

No, pero esto sí. —le enseñé el móvil con la foto de nuestro beso y el mensaje.

Erik sujetó el móvil y lo miró.

¿Qué? Yo no veo nada. —dijo.

¿¡Cómo qué no!? Somos nosotros besándonos. —le señalé con el dedo en la pantalla del móvil en dónde se nos veía.

¿Qué? No, son dos personas borrosas y en una zona oscura, haciendo algo raro, apenas se distingue.

Y no le faltaba razón a mi primo Erik, la foto estaba hecha con poca luz y a distancia, estaba bastante borrosa, pero yo sabía que éramos nosotros.

Vale, se ve regular, pero somos nosotros, alguien nos vio en la fiesta.

Mi primo quedó en silencio, miró el número, pero ninguno de los dos lo conocíamos.

De acuerdo, llamaré y hablaré con esa persona, diré que es una confusión y…

¿Qué? No. —le quité mi móvil de sus manos y bajé al comedor, mi madre ya se había marchado—. Mira, tengo que ir a clase, hoy hay examen, y es muy importante para el trimestre, así que, por favor, tomemos distancia, por ahora es mejor estar alejados, ya me encargo yo del problema que has causado.

Mi primo iba a discutir conmigo, pero sonó el timbre de casa, cogí una tostada con mermelada y me puse la mochila en los hombros.

Mejor hablamos esta tarde, ¿Ok?

Como quieras. —dijo a regañadientes.

Por cierto, ¿No vas a registrarte en la escuela? —pregunté.

No, necesito unos días para adaptarme… —dijo mi primo.

Durante el trayecto hacia la escuela, Mike me hablaba de cosas banales para mí en ese momento, yo estaba preocupado, tenía miedo, si esa foto circulase por Internet, mi vida, la nuestra, estaría jodida, dos primos besándose, sí, tenía miedo, lo peor es que pensarían que soy maricón, y no soy eso, quiero decir, sí, dejé que mi primo me la chupase, pero…, mierda.

Llegamos al Instituto y me acerqué a la taquilla, en ese momento apareció Michael junto a Joaquín y Santiago, Michael me golpeó con su hombro por la espalda y me hizo caer al suelo junto con mis libros, las risas de todos en el pasillo no se hicieron de rogar.

Mira por donde vas, enano. —dijo Michael mientras se relamía y pisaba mi mochila, la cual había caído al suelo también y se alejaron entre burlas y risas.

¿Estás bien? —Mike me ofreció su mano, la sujeté con fuerza y me levanté—. Pasa de ellos, ya sabes como son…

Ignoré a mi amigo, estaba harto de todo, de mi casa, de la escuela, del puto pueblo, abrí mi taquilla para recoger los libros de las materias de hoy y vi una nota.

Durante la hora del recreo, te espero en el gimnasio, ven solo”.

Tragué saliva.

¿Qué es? —preguntó Mike, curioso.

¿Eh? Nada… —arrugué la nota con rapidez, evitando que la leyese, mi amigo siempre fue un metiche.

¿Cómo qué nada? ¿Es de Celia? —preguntó cómo metiche que era.

Ehh, sí, quiere que hablemos durante el recreo, así que necesito un poco de intimidad. —mentí, y me iba a arrepentir…

Durante las clases, el reloj me parecía eterno, no avanzaba, no podía concentrarme, ni siquiera sé cómo me salió el examen, sentía mucha presión, demasiada, mi corazón a veces parecía morir de angustia.

Tocó el timbre, y con él, el recreo, ni siquiera fui al comedor a desayunar algo, directamente, me despedí de Mike y sin que me siguiese, di la vuelta al Instituto, esperé unos minutos, quería asegurarme que nadie me siguiera, intentaba mantener la calma, pero estaba muy nervioso, mi pierna izquierda temblaba constantemente.

Me acerqué al Instituto y entré por detrás, los pasillos estaban vacíos, todos estaban en el comedor desayunando, me crucé con algún alumno y alumna que irían a los baños, caminé hacia las escaleras y bajé hasta la planta subterránea, sí, allí estaba el gimnasio y las duchas.

Estaba todo en silencio, tragué saliva de nuevo, miré a todos lados, pero no había nadie, me acerqué a un banco del gimnasio y me senté a esperar, saqué el móvil y miré de nuevo la foto, ¿Quién pudo ser?

Escuché pasos, alguien bajaba las escaleras, me levanté y me escondí detrás de la zona de donde acumulaban las colchonetas unas encima de otras, no podía ver quién entraba, ni podían verme a mí, pero escuché como alguien entró, sus pasos eran firmes, se detuvieron de repente.

A los segundos los pasos se acercaban a mi posición, yo, temblando, quería escapar de allí, nunca me había sentido tan mal, miré al suelo con mis manos en las rodillas, iba a vomitar.

¿Qué haces ahí? —la voz familiar de un chico llamó mi atención, levanté mi cabeza y pude verlo.

¿¡Tú!? ¿¡Qué haces tú aquí!? —tragué saliva sin creerme a quién tenía delante de mí, era quien menos imaginé.

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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