lunes, 11 de abril de 2016

Mi primito - Capítulo 2 ''Tentación y pecado''

Capítulo 2 ''Tentación y pecado''



Hola, soy Laura, la cumpleañera.

Yo soy Erik. —mi primo le sonrió, parecía que coqueteaban.

¿Qué haces tú aquí? —pregunté mosqueado, apretando mis puños con fuerza.

Espera, ¿os conocéis? —preguntó Laura confundida y levantando las cejas con sorpresa.

Sí, es mi dichoso primo.

¿Qué acaso no puedo acompañar a mi primito? —Erik se mordió el labio y al ver que mi novia se acercaba a nosotros lo sujeté del brazo y nos empezamos a alejar, manchándome del aceite que tenía por el cuerpo mi primo.

Que por cierto, joder con mi puto primo, podía ver lo marcado que estaba, estaba fibroso para su edad, y sí, estaba demasiado bueno, aunque yo fuese heterosexual, me daba cuenta de la diferencia conmigo, que era delgado, pero no se me marcaba el cuerpo como a él.

Lo llevé detrás de la casa, donde estaríamos a solas, la música se escuchaba de fondo dentro de la casa, era de noche.

¿De qué coño vas? ¡¡Quiero que te vayas!! —estaba muy enojado.

¿Irme?, ¿por qué?, ¿no te gusta que esté aquí?, ¿es por el beso que me diste? —preguntó cínico.

¿Perdona? ¡Yo no te di ningún beso! Además…

No me dejó terminar, sus labios se posaron en los míos de nuevo, intenté empujarlo, pero mis manos resbalaban por el aceite que cubría su cuerpo, cuando por el rabillo del ojo vi un flash, como el de una cámara, con fuerza lo empujé y miré entre los arbustos, de donde vino el flash.

Mierda, mierda, mierda, ¡¡Mierda!! —me acerqué corriendo, los arbustos se movieron y cuando llegué no había nadie.

¿Qué te pasa? —mi primo Erik se acercó curioso.

Nos…, nos hicieron una foto… —dije en estado de nervios.

¿Qué? Kyle, eso es imposible, aquí no hay nadie…, anda ven primito, sigamos…

Mi primo me sujetó de la cintura para acercarse a mí y en ese momento llegó mi novia.

¿Qué hacéis? —preguntó Celia con cara de extrañeza.

Nos separamos con velocidad.

¿Eh? Nada, discutir, escucha, Celia, larguémonos de aquí, porfa. —le imploré.

Me alejé de mi primo Erik, al cual podía ver que estaba disgustado, sin hacerle mucho caso, me largué con mi novia.

Preferí pasar la noche fuera, fuimos a una cafetería que solía estar abierta hasta la madrugada, pedí un gran batido de helado, necesitaba azúcar para mi ansiedad, Celia me notó raro, así que le dije la verdad, que mi primo estaba muy cambiado, no era el mismo y actuaba diferente, no le dije lo del beso, no lo entendería, no lo entendía ni yo…

Terminamos la cita y la llevé a su casa, nos detuvimos y la miré confundido por lo que iba a pedirle.

Oye, Celia, sé que hasta ahora solo nos hemos dado piquitos, besitos así sin más, pero…, me gustaría probar con lengua…

Kyle…

Solo uno, prometo no pedírtelo más, por fa…

Era surrealista que tuviese que implorar un beso con lengua a mi novia, no tenía sentido, pero bueno, siempre fue muy tímida y recatada, en parte me gustaba que fuese así.

Celia miró a su casa, no quería que nos viesen, se acercó y juntamos nuestros labios, intenté meter la lengua en su boca, el beso fue muy torpe, tras unos segundos nos separamos.

¿Qué tal? —me preguntó con las mejillas rojizas.

Pues…, bien, me ha gustado…

Me abrazó y me vino la culpa, sí, me gustó, pero…, había algo que fallaba, algo no funcionaba bien.

Nos despedimos, llegué a casa muy tarde, las luces estaban apagadas, mi madre dormía, subí a mi cuarto y me puse el pijama, me senté en la cama a pensar, ¿por qué está pasando todo esto?

Me eché en la cama, intentando dormir, abrí la ventana para que entrase un poco de aire fresco, sentía calor en mi cuerpo, me costaba coger el sueño, no dejaba de pensar en lo ocurrido, en el beso…, el beso de Celia, me gustó…, sí…, me gustó…, no…, me gustó más el de mi primo…, no, no puede ser…

Escuché unos pasos y me incorporé en la cama, observando mi puerta, los pasos se acercaban hasta que mi puerta se abrió lentamente, una silueta se posó en la entrada, era mi primo.

¿Podemos hablar? —preguntó susurrando en voz baja.

Mañana, quiero dormir. —me di la vuelta dándole la espalda, mirando a la ventana.

Erik cerró la puerta de mi cuarto y se acercó a mi cama, sentí como se sentaba en ella.

Escucha, quiero disculparme, no debí besarte, ni presentarme en la fiesta, fue un error de mi parte, es que a veces me siento muy solo… —sus manos se posaron en mi cabeza, acariciando mi cabello, me incomodaba, la verdad, me incorporé de nuevo, encendí la lamparita de mi mesita y quedé sentado a su lado.

Es que…, no entiendo por qué hiciste eso, ¿eres gay o simplemente juegas?

Se quedó callado, en silencio, su mirada se clavó en el suelo sin decir nada, lo notaba muy nervioso e incómodo, cada vez las manos las apretaba más.

¿Tiene que ver con lo de tus padres? —mi pregunta le incomodó aún más—. Escucha, pasase lo que pasase, puedes contármelo, soy tu primo, Erik, por favor, dime que te pasa.

Es que no sé cómo empezar, me cuesta… —mi primo estaba angustiado, sus manos sudaban y las movía sin parar, apretándolas.

Erik, tú sabes que puedes confiar en mí al cien por cien, ¿verdad? —dije intentando calmarlo—. Somos familia, y no diré nada, te lo prometo, por favor, dime que te sucede, ¿por qué actúas así?

Tengo miedo de que si te lo cuento pienses mal de mí y no quieras que me quede aquí… —su voz se tornaba cada vez más quebradiza.

No seas ridículo, ¿cómo voy a hacer eso? —miré a mi primo a los ojos, los tenía lagrimosos, brillaban, el verde de sus ojos brillaban con la luz tenue que la lamparita de mi cuarto nos daba.

Es que, hice ciertas cosas… —dijo apenado.

¿Qué cosas…? —pregunté con temor.

Cosas. —dijo cortante—. El caso es que esas cosas llevaron a…

Hubo un breve silencio.

¿A que qué? —pregunté ansioso.

Pues…, que…, mira, Kyle…, el día que mis padres murieron, yo estaba con mi profesor…

¿No entiendo? —pregunté sin entender.

Yo iba muy mal en su asignatura, y me invitó a su casa, para “ayudarme”, el caso es que una vez allí…, él comenzó a tocarme, yo intenté resistirme, pero me dijo que si me dejaba…, me aprobaría con un diez.

¿Qué? No me jodas…, ¿y qué hiciste?

Se quedó en silencio.

Joder… —me lamenté.

Me siento mal, por culpa de ir con mi profesor ese día, mis padres están…, por ser un puto maricón…

Tras decir eso, el silencio inundó el cuarto, su mirada estaba perdida en la cama, no se atrevía a mirarme, lo notaba avergonzado.

Por mi parte, sentí mi corazón helarse, no me esperaba esa confesión, mi primo acababa de confesarme que era gay y que su profesor abusó de él, o algo turbio había entre ellos, entendía su pesar.

No sé qué decir…, no me lo esperaba…, bueno, tras el beso, sospeché algo, pero no sé, siempre te vi tan macho y pensé que era todo un juego… —mis palabras le dolieron.

Me odias…, doy asco. —dijo con enojo.

No, Erik, tú no das asco… y NO te odio, es solamente que me ha pillado desprevenido, eso es todo, pero te repito, no es tu culpa que tus padres muriesen, ¿entiendes? Y sobre el cerdo de tu profesor…, se aprovechó de ti y de su estatus para abusar de ti, deberías denunciarlo.

¿Te volviste loco? Sería su palabra contra la mía, además, no quiero que todos sepan que un profesor me tocó…

¿Únicamente fue eso?, ¿tocamientos?

Se calló.

Erik, fuese lo que fuese lo que te pasase con él, no tiene nada que ver con la muerte de tus padres, tú no provocaste su muerte, fue un accidente, ¿entiendes?

Lo sé Kyle, intenté quitarme ese pensamiento de la mente, pero entonces recuerdo que mientras ellos estaban en casa yo estaba con el profe y justo ese día estábamos…

Vale, no, no hace falta que lo describas… —avisé.

Perdona, es que…, soy raro. —su mirada se perdió hacia la ventana.

No, no lo eres, no has tenido suerte en la vida, nada más, y ser gay no tiene nada de malo. —coloqué mi mano sobre su hombro intentando reconfortarlo.

Primo, no cuentes nada de esto, no quiero que sepan que soy…, diferente…

Sí, lo entiendo, y no te preocupes, no lo haré.

¿Y lo del beso? —preguntó mirándome.

Tampoco se lo diré.

No, digo que…, ¿te gustó? —su pregunta me sorprendió.

Iba a responder cuando sus labios se posaron en los míos, uniéndose en un beso húmedo y largo, al principio me resistí, pero no sé por qué, me dejé llevar, tras el beso, nos separamos unos centímetros, mi respiración estaba agitada.

Me miró sonriendo, se levantó y se quitó la camiseta del pijama, pude ver su cuerpo de nuevo, delgado y marcado, pude ver su linda y suave piel, me acerqué y posé mis manos en su tripa, necesitaba tocar su piel.

Mi primo estaba muy bueno, demasiado, mi primo me sujetó levantándome, quedando los dos de pie, me quitó la camiseta del pijama y comenzó a besarme el cuello.

Era una sensación indescriptible, lamía todo mi cuello mientras tocaba mi cuerpo, se detuvo y se relamió, con su mano guio mi cabeza a su cuello, quería que le hiciese lo mismo, pero me resistí…

No quiso forzar, me soltó y volvió a besarme, sus labios carnosos de adolescente, estaban tan suaves y tan tiernos que no pude negarme, me dejé llevar, ya no había vuelta atrás, mi primo me tentó y yo caí en esa tentación, en esa rica y deliciosa tentación.

Fue bajando por mi cuerpo entre besos y caricias, escuchaba los gemidos ahogados de mi primo mientras lamía mi cuerpo, ni siquiera pensamos en que mi madre, durmiendo abajo, pudiese escucharnos, nos daba igual, llegó a mi entrepierna y me bajó el pantalón con dificultad.

Pudo ver por encima de mi bóxer que estaba duro, llevaba un bóxer ajustados, de color azul marino. Los cuales me bajó y de dentro saltó mi pene, lo cogió entre sus manos y le empezó a bajar y subir la piel, mis gemidos me transportaban a otra dimensión, la del placer y la lujuria, la del pecado y el éxtasis, bajé la mirada y vi como se introdujo mi pene duro en su boca, lo lamió y lo degustó, estaba a mil, sentí sus labios y su lengua en mi polla toda dura, me masajeaba los huevos mientras me chupaba la polla, mi polla medía unos catorce centímetros, en la base tenía un poco de vello que me comenzaba a salir, yo no estaba circuncidado.

Mi primo Erik comenzó a succionar mi polla, era la primera vez que me la chupaban, y con sus manos apretaba mis huevos de forma que me hacía sentir un placer increíble, yo sujeté su cabello para que siguiese comiéndose mi polla, pero era él quien marcaba el ritmo de la mamada, la cual yo hacía lo imposible por resistirme al placer que mi primo me daba con su boca, pero no iba a aguantar mucho.

Tras un rato dándome placer, noté mis convulsiones, acontecía lo que iba a ocurrir, me sujetó más fuerte de los muslos y yo de su cabello, no quería que parase, y con un forcejeo de caderas se la metí lo más dentro de su boca que pude, hasta que noté mis huevos en sus labios inferiores y como con cada convulsión mi polla llenaba su boca de un líquido espeso que mi primo comenzó a tragarse, degustó y se lo tragó todo, me vine bastante, una vez que dejé de correrme, caí rendido en mi cama, en un sueño profundo.

Mi primo cogió una camiseta del cesto de la ropa sucia y me limpió como pudo, aunque apenas quedó nada, todo se lo había tragado, me subió el bóxer y después los pantalones, me dejó ahí tumbado durmiendo, entonces escuché como la puerta se cerró y abrí los ojos, estaba medio dormido, miré a mi alrededor, mi primo no estaba.

Comenzó la sensación de culpabilidad, llevé las manos a mi entrepierna y me toqué por encima, recordando que mi primo me acababa de comer la polla.

¿Me hice gay? Espera…, ¿qué hice? Dejé que un tío me chupase la polla, otra persona me hizo una mamada, ¿le puse los cuernos a mi novia?

Tenía ganas de llorar, me sentí mal, con una culpabilidad enorme, no tenía ganas ni de moverme.

Lo que acababa de pasar no estaba bien, pero me gustó, entonces…, ¿yo también era gay? No, imposible, me gusta Celia, la amo…, mierda, Celia, ¿fueron cuernos lo que hice?

El móvil volvió a sonar dándome un pequeño susto, lo desbloqueé y miré el mensaje.

Tragué saliva, era un mensaje multimedia de un número desconocido, en él, aparecía mi primo besándome en la fiesta de Laura, debajo, ponía; “Sé tu secreto”.

Muchas ideas pasaron por mi cabeza esa noche, apenas pude pegar ojo, mi cabeza estaba en un néctar de ideas, todas acababan mal. Llevé mi mano a mi entrepierna de nuevo, pensando en la mamada que me hizo mi primo, comencé a tocarme, lo hacía con intensidad, cogí el móvil y miré la foto, aceleré mi paja y acabé corriéndome en mi tripa, poco, pero me corrí de nuevo, sentí un gran alivio, me dormí.

Unos gritos me despertaron, tras la paja me había dormido, los gritos eran de mi madre llamándome para desayunar, joder, apenas había dormido tres horas, estaba bastante nervioso, no sabía si decirle a mi primo Erik, lo del mensaje que recibí, no sé como se lo tomaría.

Entré en el baño y me duché a fondo, mientras reflexionaba qué podía hacer, tras la ducha me puse una camiseta de botones, era roja con un dragón oriental de color dorado en el lado izquierdo y unos vaqueros cortos, rasgados por la rodilla derecha, me acomodé el cabello y nada más bajar me encontré con mi primo entrando en el comedor.

Erik, tengo que hablar contigo urgentemente. —sujeté a mi primo del brazo y lo subí por las escaleras hasta su cuarto entre las quejas de mi madre sobre que el desayuno se enfriaría.

¿Qué pasa? ¿Quieres devolverme el favor? —me preguntó mordiéndose el labio inferior.

¿Qué? No, o sea, mira, ayer, cuando me seguiste al cumpleaños…

Yo no te seguí. —mintió.

¿Cómo qué no?, ¿y cómo sabías dónde iba a ser la fiesta? —le pregunté enojado.

Vale, os seguí, simplemente vigilaba a mi primito, ¿Es eso un pecado? —dijo cínicamente.

No, pero esto sí. —le enseñé el móvil con la foto de nuestro beso y el mensaje.

Erik sujetó el móvil y lo miró.

¿Qué? Yo no veo nada. —dijo.

¿¡Cómo qué no!? Somos nosotros besándonos. —le señalé con el dedo en la pantalla del móvil en dónde se nos veía.

¿Qué? No, son dos personas borrosas y en una zona oscura, haciendo algo raro, apenas se distingue.

Y no le faltaba razón a mi primo Erik, la foto estaba hecha con poca luz y a distancia, estaba bastante borrosa, pero yo sabía que éramos nosotros.

Vale, se ve regular, pero somos nosotros, alguien nos vio en la fiesta.

Mi primo quedó en silencio, miró el número, pero ninguno de los dos lo conocíamos.

De acuerdo, llamaré y hablaré con esa persona, diré que es una confusión y…

¿Qué? No. —le quité mi móvil de sus manos y bajé al comedor, mi madre ya se había marchado—. Mira, tengo que ir a clase, hoy hay examen, y es muy importante para el trimestre, así que, por favor, tomemos distancia, por ahora es mejor estar alejados, ya me encargo yo del problema que has causado.

Mi primo iba a discutir conmigo, pero sonó el timbre de casa, cogí una tostada con mermelada y me puse la mochila en los hombros.

Mejor hablamos esta tarde, ¿Ok?

Como quieras. —dijo a regañadientes.

Por cierto, ¿No vas a registrarte en la escuela? —pregunté.

No, necesito unos días para adaptarme… —dijo mi primo.

Durante el trayecto hacia la escuela, Mike me hablaba de cosas banales para mí en ese momento, yo estaba preocupado, tenía miedo, si esa foto circulase por Internet, mi vida, la nuestra, estaría jodida, dos primos besándose, sí, tenía miedo, lo peor es que pensarían que soy maricón, y no soy eso, quiero decir, sí, dejé que mi primo me la chupase, pero…, mierda.

Llegamos al Instituto y me acerqué a la taquilla, en ese momento apareció Michael junto a Joaquín y Santiago, Michael me golpeó con su hombro por la espalda y me hizo caer al suelo junto con mis libros, las risas de todos en el pasillo no se hicieron de rogar.

Mira por donde vas, enano. —dijo Michael mientras se relamía y pisaba mi mochila, la cual había caído al suelo también y se alejaron entre burlas y risas.

¿Estás bien? —Mike me ofreció su mano, la sujeté con fuerza y me levanté—. Pasa de ellos, ya sabes como son…

Ignoré a mi amigo, estaba harto de todo, de mi casa, de la escuela, del puto pueblo, abrí mi taquilla para recoger los libros de las materias de hoy y vi una nota.

Durante la hora del recreo, te espero en el gimnasio, ven solo”.

Tragué saliva.

¿Qué es? —preguntó Mike, curioso.

¿Eh? Nada… —arrugué la nota con rapidez, evitando que la leyese, mi amigo siempre fue un metiche.

¿Cómo qué nada? ¿Es de Celia? —preguntó cómo metiche que era.

Ehh, sí, quiere que hablemos durante el recreo, así que necesito un poco de intimidad. —mentí, y me iba a arrepentir…

Durante las clases, el reloj me parecía eterno, no avanzaba, no podía concentrarme, ni siquiera sé cómo me salió el examen, sentía mucha presión, demasiada, mi corazón a veces parecía morir de angustia.

Tocó el timbre, y con él, el recreo, ni siquiera fui al comedor a desayunar algo, directamente, me despedí de Mike y sin que me siguiese, di la vuelta al Instituto, esperé unos minutos, quería asegurarme que nadie me siguiera, intentaba mantener la calma, pero estaba muy nervioso, mi pierna izquierda temblaba constantemente.

Me acerqué al Instituto y entré por detrás, los pasillos estaban vacíos, todos estaban en el comedor desayunando, me crucé con algún alumno y alumna que irían a los baños, caminé hacia las escaleras y bajé hasta la planta subterránea, sí, allí estaba el gimnasio y las duchas.

Estaba todo en silencio, tragué saliva de nuevo, miré a todos lados, pero no había nadie, me acerqué a un banco del gimnasio y me senté a esperar, saqué el móvil y miré de nuevo la foto, ¿Quién pudo ser?

Escuché pasos, alguien bajaba las escaleras, me levanté y me escondí detrás de la zona de donde acumulaban las colchonetas unas encima de otras, no podía ver quién entraba, ni podían verme a mí, pero escuché como alguien entró, sus pasos eran firmes, se detuvieron de repente.

A los segundos los pasos se acercaban a mi posición, yo, temblando, quería escapar de allí, nunca me había sentido tan mal, miré al suelo con mis manos en las rodillas, iba a vomitar.

¿Qué haces ahí? —la voz familiar de un chico llamó mi atención, levanté mi cabeza y pude verlo.

¿¡Tú!? ¿¡Qué haces tú aquí!? —tragué saliva sin creerme a quién tenía delante de mí, era quien menos imaginé.

( Continuará... )

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miércoles, 17 de febrero de 2016

Mi primito - Capítulo 1 ''Un juego peligroso''

 

Capítulo 1 ''Un juego peligroso''



Tras el sonido de un relámpago, la luz de casa se fue, la tormenta estaba azotando muy fuerte en el pueblo, justo el día en el que mi primo llegaba a casa.

Vivíamos en una casa en una urbanización de las afueras del pueblo, nos mudamos aquí cuando yo era muy pequeño, apenas lo recuerdo, costó mucho acostumbrarse al nuevo hogar.

Hablando de mi primo, apenas le conozco de cuando éramos pequeños, él vivía en Canadá, pero sus padres fallecieron tras la explosión de gas en casa de una vecina, él no estaba en ese momento en su casa, por lo que tuvo mucha suerte, desgraciadamente no tenía con quién quedarse, y mi madre, hermana de su madre, era su madrina, así que decidió adquirir la custodia.

Ah, es verdad, me presento, me llamo Kyle, soy un chaval de catorce años, estoy cursando tercero de secundaria, mi cabello es un poco ondulado corto, oscuro, de piel blanca y ojos avellana, tengo algunas pecas en nariz y mejillas, mido unos 170 centímetros, me considero guapo, de hecho tengo una novia desde hace unos meses, aunque mi madre no lo sabe, es muy estricta, sobre todo conmigo...

Pero bueno, como decía, mi primo llegaba hoy por fin, estaba nervioso, no sé cómo era actualmente y como dije, llevaba sin verle muchos años, sé que tiene mi edad, catorce años también, aunque él nació en Noviembre y yo en Febrero, así que él cumpliría los quince antes que yo.

Kyle, ¿Puedes bajar al sótano y ver si puedes dar la luz? —mi madre me apuntó con una linterna a la cara.

Voy, mamá. —tras su orden, bajé al sótano, estaba todo muy oscuro y el ruido de la lluvia y truenos no ayudaban a mantener en calma mis nervios, miré los fusibles y al alzarlos hacia arriba volví a dar la luz, suspiré y volví a mi cuarto, desde la ventana esperé la llegada de mi primo.

Mi madre era una mujer bastante alta, mediría 180 centímetros, siempre le gustaba ir con tacones, era taquígrafo, sí, se dedicaba a escribir durante los juicios, aunque también es escritora, había escrito ya dos libros, libros infantiles.

El timbre de casa sonó y me despertó, me había dormido, miré la hora, era casi de madrugada, bajé corriendo y mi primo estaba en la entrada de casa, fue abrazado por mi madre, la cual estaba muy feliz por su llegada.

Estaba tan feliz, que ignoré la mirada que me echó mi primo, escudriñó todo mi cuerpo, observándome, analizándome, también me di cuenta de lo cambiado que estaba a como lo recordaba cuando teníamos unos siete u ocho años, y es que mi primo siempre había sido más bajito que yo, por lo que había pegado un gran estirón, estaba muy alto, mediría unos dos o tres centímetros más que yo, estaba muy cambiado.

Que por cierto, no os comenté sobre su aspecto, de unos 172 centímetros, delgado, pelirrojo con el cabello a media melena, y ojos verdes, sí, mi primito era muy guapo, de pequeños eramos inseparables, siempre jugaba conmigo y lo pasábamos muy bien, aunque ahora sus rasgos eran más definidos, tenía un corte en la ceja y un pendiente en la oreja, antes no los tenía.

Bueno, antes de que se me olvide, debo dar más datos de mi vida, no era una vida fácil, mi madre pasaba de mí, siempre estuvo distante conmigo, pero no la culpo, ella tuvo un accidente donde murió mi padre y se culpa por ello, a veces me llegó a soltar que debí morir yo en lugar de papá, aunque no lo se lo tengo en cuenta... ¿es mi madre, no?

Eso sucedió cuando yo era muy pequeño, tenía unos cuatro años, así que mi madre lo pasó muy mal, apenas tengo recuerdos de mi padre, de hecho, no tengo ninguno, solo hay un vídeo donde estamos en un río y él juega conmigo, lo tenía guardado en mi cuarto, a veces cuando me siento solo, lo veo en silencio, me hace sentir mejor...

Me alegro de estar aquí, tía, espero no molestar. —dijo mi primo Erik, que así se llamaba.

Yo también hijo, estoy tan feliz, voy a traerte algo de cenar, estarás hambriento por el viaje tan largo, ¿viniste solo?

No, me trajo una asistente social. —señaló hacia un coche, había una mujer que hizo el gesto de despedida, se subió al vehículo y se marchó.

Mi madre se alejó a la cocina y mi primo Erik observó el salón de casa, sin querer mirarme, parecía evitarme, observó las fotos familiares.

La casa..., es acogedora... —dijo con un tono desganado, entonces me miró y soltó la maleta en el suelo, iba con unos vaqueros desgastados ajustados y un jersey de color negro.

Bajé la mirada confuso, no sabía si abrazarlo o darle la mano, había pasado tanto tiempo..., ahora lo veía distinto, y lo de sus padres era reciente, no había pasado ni tres semanas.

Siento lo que te pasó...

Prefiero no hablar de eso.

Perdona. —dije con un poco de mal sabor de boca.

Bueno, será mejor que vaya a mi cuarto, estoy reventado. —dijo Erik.

Entonces nos interrumpió mi madre.

Sí hijo, mira, llévate esto y te lo comes antes de ir a dormir. —mi madre llegó con un plato lleno de frutas y un sándwich de atún y queso.

Kyle, enséñale su cuarto a tu primo. —ordenó mi madre.

Sí mamá...

Gracias tía. —mi primo sujetó el plato y recogiendo de nuevo la maleta subió las escaleras siguiendome detrás, cruzamos el pasillo hasta llegar al final.

Esta será tu habitación. —abrí la puerta y pudo ver su nuevo cuarto, paredes blancas, una cama nido blanca también, el suelo era de moqueta azul oscuro, un escritorio de madera, un armario de roble oscuro y una gran ventana.

Esta..., guay, gracias. —entró y dejó la maleta encima de la cama, se sentó y dejó el plato en el escritorio, no tenía buena cara, pero seguía intentando evitarme.

Mi primo dormiría en la habitación del fondo, la más grande, era el despacho de mi padre, pero él ya no iba a usarlo..., mi cuarto daba frente a las escaleras, había un baño entre nuestras habitaciones, mientras que mi madre dormía en el cuarto de abajo, que era el más pequeño, no le gustaba subir escaleras, además que tenía baño abajo también solo para ella.

Bueno, que descanses. —me marché cerrando su puerta y me fui a mi cuarto, me tumbé en la cama y apagué la luz de la lamparita de mi mesita, la tormenta había amainado un poco dejando paso a una ligera lluvia, los cristales de mi ventana eran golpeados por ésta, el agua caía por ella, me quedé relajado y me dormí mirando el efecto del agua sobre ella.

Una mano tapando mi boca me despertó sobresaltado, me giré y vi a mi primo.

Tss, calla, soy yo. —dijo con tono serio y susurrante, para evitar despertar a nuestra madre abajo.

¿Pasa algo? —pregunté en voz baja.

Mi primo se sentó en la cama y yo me incorporé, la habitación estaba muy oscura, intenté encender la luz de mi lamparita de Batman pero mi primo sujetó con fuerza mi mano, me hizo daño.

Me haces daño. —dije asustado, notaba a mi primo diferente.

Perdona, no enciendas la luz.

Apenas te veo. —le repliqué.

Lo sé. —tras sus palabras, suspiró y se acercó más a mí.

Mis ojos se hacían cada vez más a la oscuridad y podía distinguir mejor todo, incluyendo a mi primo, que estaba sin camiseta, solo llevaba el pantalón del pijama, lo vi raro porque hacía un poco de frío, el típico frescor otoñal de Octubre.

Debo contarte algo, primo. —sus palabras parecían serias, se colocó un mechón de cabello que tenía en la cara tras su oreja y me miró, sus ojos, verdes, penetraban los míos, buscando alguna respuesta a sus palabras.

Cla..., claro, ¿qué pasa? —pregunté confuso.

Verás..., no sé cómo decirte esto...

Su respiración aumentaba cada vez más, estaba nervioso y yo también empezaba a ponerme nervioso, estar ahí a oscuras y hablando en susurros no ayudaba.

Mis padres, yo los maté. —confesó.

No dije nada, no supe qué decir.

Y..., a veces, te veo y pienso que acabarás como ellos...

¿Qué? ¿Estás loco? —pregunté alterado.

Sí, así que..., no te me acerques, ¿vale? —se levantó tras su amenaza y cerró la puerta de mi cuarto por fuera.

Me levanté instintivamente y moví mi cómoda haciendo que la puerta no pudiese abrirse de manera sencilla, me senté en la cama, mi corazón latía a mil, y mi mano izquierda temblaba, la cara de mi primo y sus frases me habían acojonado.

Me costó conciliar el sueño, no sé si apenas dormí, al día siguiente bajé a desayunar, mi madre estaba haciendo las tostadas para irse a trabajar y tomándose un café, iba con su traje gris clásico.

Buenos días. —dije—. ¿Y Erik? —pregunté preocupado.

Déjale descansar. —mi madre terminó de tomarse el café y lo dejó en el fregadero—. Yo tengo que irme que hoy tengo una vista temprano, ah, no llegues tarde a clase.

Mi madre me acarició el cabello mientras yo me sentaba en la mesa y untaba la tostada con mermelada de fresa, en ese instante entró en la cocina mi primo, ya estaba vestido, con el mismo vaquero con el que llegó a casa, una camiseta blanca y una chupa de cuero negra.

Ni me miró, se acercó al frigorífico y sacó un cartón de leche para beber de él, entonces se dio cuenta que no le quitaba ojo de encima, dejó de beber y me miró.

¿Qué pasa? —me preguntó y cerró el frigorífico acercándose a mí, dejó la leche cerca de donde yo estaba y se sentó a mi lado.

Nada... —dije, estaba muy confuso.

¿Seguro? Estás raro... —su sonrisa me ponía nervioso, entonces sentí su mano en mi pierna—. ¿Qué ocurre primito?

Me levanté como un resorte, él se dio cuenta y me miró confuso.

¡¿Qué haces? —mi primito cogió un trapo e intentó secar la leche del cartón que había derramado tras levantarme bruscamente.

Nada, esto..., lo de anoche..., ¿Por qué dijiste eso? —le miré de forma recriminadora.

¿Qué? —mi primo terminó de secar la leche derramada y lanzó el trapo al fregadero—. ¿De qué hablas? ¿Qué dije?

Su actitud de confusión, me confundió aún más, ¿Lo habría soñado? No, imposible, fue muy real.

¿Te acompaño a la escuela? —preguntó Erik mientras mi cabeza daba vueltas—. Así de paso me registro para ir yo también.

No..., me viene a recoger un amigo. —dije cortante—. Será mejor que me cambie.

Subí a mi cuarto y me cambié con rapidez, me puse unos pantalones cortos vaqueros negros oscuros y una camiseta gris, tras ponerme mis zapatillas rojas, recogí mi mochila y bajé a la cocina, mi primo ya no estaba, en ese momento sonó el timbre de casa, era mi amigo.

Hola. —saludé a mi amigo tras abrir la puerta y salir de casa.

Buenos días Kyle, ¿qué tal todo? —preguntó mi amigo, era un chico un poco más alto que yo, de la misma altura que mi primo, estaba muy delgado, demasiado, cabello castaño y ojos marrones.

Bien. —mentí.

¿Seguro? Te noto raro, ¿es por tu primo? ¿ya está en casa?

¿Qué? —le miré alterado.

Pues, ¿que si es por la llegada de tu primo que estás así de raro?, ¿no me dijiste que venía ayer?

Ah..., sí, sí, será por eso, estoy un poco..., ya sabes... —mentí de nuevo, por un momento pensé que Mike sabía algo, pero era imposible—. Bueno, vamos a la escuela.

¿Y tu primo? ¿No va a ir a registrarse en la escuela?

No sé, que se busque la vida. —dije.

Salimos hacia la calle y caminamos hacia la escuela, durante el camino mi amigo Mike me hablaba de cosas, videojuegos, fútbol..., etc, pero mi cabeza solo pensaba en una cosa, en la amenaza que me dio mi primo Erik.

No dejaba de pensar en lo sucedido anoche, sé que no fue un sueño, fue real, joder si fue real, por mucho que mi primo lo negase, por mucho que intentase hacerme ver que era un sueño de mi ya perturbada mente, sabía perfectamente que pasó de verdad, confesó haber matado a sus padres y después me amenazó a mí, pero, ¿por qué? Él nunca se comportó así. ¿Quizás me puso a prueba? ¿Era un juego?

Kyle, pareces distraído, ¿qué te pasa? —Mike me miraba esperando respuesta, ya habían pasado varias horas, estábamos en el comedor escolar.

No es nada, es solo que...

¿Qué? —preguntó, sabía que algo me pasaba.

Nada...

¿Seguro? Ah, recuerda que la semana que viene vamos de excursión al lago, ¿entregaste el formulario? —Mike me observaba mientras bebía de su batido de fresa.

No contesté, sabía que sería difícil pedirle a mi madre dinero para la excursión, nuestra economía siempre fue deficiente...

Era la hora del almuerzo, Mike y yo almorzábamos en el comedor de la escuela.

¡Eh!, Kylecito, me han dicho que tu primito se vino a vivir a tu casa, ¿Es verdad? —la voz era de Michael, el subnormal de la escuela, él y su banda de idiotas me molestaban desde primer curso.

Michael se acercó con la bandeja y se sentó frente a mí, sus dos amigos se sentaron cada uno a su lado. Michael era un chico más alto que yo, los tres eran repetidores de curso, Michael tenía una media melena que casi le llegaba a los hombros, cabello color oscuro, como sus ojos, además, tenía un pendiente pequeño circular en el lóbulo de la oreja derecha de color plata.

Luego estaban sus dos amigos, de casi mi altura, por un lado estaba Joaquín, un chico rubio de pelo corto con muchas pecas y ojos oscuros, por el otro lado estaba Santiago, otro chico de cabello oscuro y ojos oscuros, los tres, te piel blanca como la leche, me miraban sonriendo, estaba cansado de ellos, siempre se burlaban o metían conmigo o con Mike, pero sus burlas se intensificafan en mí.

Te hice una pregunta, idiota. —Michael chasqueó los dedos cerca de mi cara.

¿Qué te importa? —le repliqué mientras me levantaba con la bandeja, quería alejarme de ellos, Mike me siguió.

Uhh, se nos pone gallito. —dijo Michael, entonces su amigo rubito me hizo la zancadilla y caí al suelo y la bandeja con mi almuerzo cayó al suelo.

Me levanté como un resorte para plantarle cara pero Michael se puso delante de su amigo.

¿Qué? ¿Quieres pelea? —Michael se lamió los labios mientras me sujetaba con fuerza del cuello de la camiseta—. Sabes, dicen que tu primo lo pasó tan mal que se ha vuelto loco, seguro que él mató a sus padres, está tan desquiciado como tú.

¡Cállate! —sin pensar le di un puñetazo en toda la boca, no le aguantaba más.

Tras mi golpe me tiró al suelo y los dos comenzamos a golpearnos, uno de sus puñetazos me dio en el ojo derecho, en ese momento varios profesores llegaron y nos separaron, y sí, me pusieron un parte y expulsión.

Cuando llegué a casa me tocó esperar en el porche, porque al parecer durante la pelea perdí las llaves, tuve que esperar a que mi primo llegase, me vio sentado en el suelo, con la mochila a un lado.

¿Qué haces tan pronto aquí, no deberías estar en clases? —mi primo Erik se acercó mientras yo me levantaba del suelo, abrió la puerta con las llaves que le dio mi madre y entré enfadado en casa—. ¿Se puede saber qué te pasa?

Nada. —dije sin mirarlo.

Erik me sujetó del hombro y entonces descubrió el moretón de mi ojo derecho.

¿Te han pegado? —preguntó.

No.

¿Y lo del ojo? —Erik me sujetaba impidiendo que me fuese.

No es nada.

¿Cómo que no es nada? —volvió a preguntar.

¡¡No es nada!! —con mis manos hice fuerza y le aparté de mi lado—. Mira, no me vengas ahora como el primo protector, anoche me amenazaste, así que ahora...

¿Ahora qué? ¿Vas a chivarte?

Me quedé callado tras su pregunta, mi primo suspiró y sonrió.

Mira, lo siento, me pasé, es que..., joder, no sé por qué te dije eso, no debí hacerlo.

¿Qué? —pregunté confuso—. Pero..., entonces..., ¿tú los...?

No..., pero, me siento culpable, ese día mis padres me iban a llevar a comer al chino, pero..., yo..., yo decliné la invitación para irme con..., en fin..., están muertos por mi culpa, aléjate de mí mejor.

Pero tú no sabías que pasaría eso...

Mi primo negaba con la cabeza, tras mis palabras subió a su cuarto cerrando de un portazo.

Yo no sabía qué hacer, además me dolía el ojo, me tumbé en la cama de mi cuarto para intentar dormir, al rato terminé cogiendo el sueño.

Las notificaciones del móvil me despertaron, miré al escritorio y cogí el móvil, era Mike, ya eran más de las ocho, empezaba a anochecer, suspiré con resignación y justo llamaron a mi puerta.

Kyle, soy yo, abre, sé que estás despierto, va, abre primo.

La voz de mi primo sonaba ahora más amistosa, abrí la puerta y entró sentándose en la cama.

¿Qué quieres? No estoy de humor. —dije mientras miraba en el móvil mis redes sociales, intentando mostrar indiferencia hacia él.

Vale, me he comportado como un idiota, lo siento, te amenacé y no estuvo bien, ¿me perdonas? —Erik se levantó y me quitó el móvil con lentitud, nuestras respiraciones chocaban entre sí, lanzó el móvil a la cama y posó su mano en mi mentón.

¿Qué haces? —intenté zafarme de él, pero sujetó con sus manos mis muñecas.

Erik, mi primo, se acercó a mí y me besó en la boca, nuestros labios se unieron en uno, mi corazón parecía que saldría del pecho, latía tan fuerte..., era como si galopara, galopaba a mucha velocidad, podía sentirlo.

Su lengua se introdujo en mi boca, era mi primer beso con lengua, sí, mi primer beso y era con mi primo, me dejé llevar, estaba hipnotizado, paralizado, flotaba, no entendía lo que me pasaba.

Durante el beso su mano se introdujo por debajo de mi camiseta y comenzó a tocar mi costado, sus manos estaban frías, el contacto de sus dedos me gustaba, él lo acariciaba, acariciaba mi cuerpo mientras nos besábamos, el timbre de casa sonó y entonces abrí los ojos por el miedo.

Nos separamos de golpe, Erik me miraba mientras sonreía y se relamía, yo en cuanto posó sus ojos en mí sentí vergüenza, aparté la mirada a un lado, no entendía lo que acababa de ocurrir.

El timbre volvió a sonar, respirando aún con dificultad cogí el móvil y bajé al piso de abajo, abrí la puerta y ahí estaba Celia, mi novia.

Ce..., Celia..., ¿Qué haces aquí? —pregunté nervioso mientras limpiaba mi boca de la saliva de mi primo.

Celia era una chica de mi edad y misma estatura, era una chica delgada, de cabello oscuro lacio y por debajo de los hombros, ojos marrones, su piel era blanca y su sonrisa me encantaba, estaba enamorado de ella desde que entró en secundaria.

Ehhh, ¿te has olvidado? —me preguntó mientras sacaba un folleto de su bolso—. Hoy es el cumple de Laura, mi hermana, ¡prometiste que me acompañarías!

Me entregó el folleto, sí, se me había olvidado, en el folleto anunciaban el cumple de su hermana en su gran casa, porque sí, Celia era de familia de dinero, sus padres, ambos, eran médicos, incluso su hermana quería serlo, aunque no me veían a mí con buenos ojos para su hija.

Parece interesante, me apunto, os acompaño. —la voz de mi primo detrás de mí hizo que mi corazón diese un vuelco.

¡¿Qué?! ¡No! Iré yo con MI NOVIA. —le remarqué la palabra ''mi novia'' mientras agrandaba mis ojos y le señalaba con el dedo de forma amenazante.

¿Es tu primo, ese del que tanto hablabas? Bueno, puede venirse, no habrá problema. —dijo Celia inocentemente.

¿Qué? —pregunté incrédulo.

¿Ves? Será divertido, además, quiero hacer amigos nuevos, me siento muy solo... —las palabras de Erik sonaban como si estuviese golpeando con un fuerte martillo mi cabeza, lo peor de todo es que mientras lo decía intentaba dar pena, el cabrón, hace unos minutos me había comido la boca, lo peor es que no supe reaccionar y dejé que lo hiciese.

¡He dicho que no! —insistí con enojo.

Vale... —Erik levantó sus manos en son de rendición y puso cara de puchero—. Sé cuando molesto, bueno, pasároslo bien, y no llegues tarde, sino tu mamá se enfadará.

Puse mala cara en forma de reproche y cerré la puerta dejándole dentro de casa, cogí de la mano a Celia para alejarnos cuanto antes de allí.

¡Espera Kyle! ¿Por qué tanta prisa? —preguntó Celia a los pocos metros recorridos.

Por nada, perdona... —le solté la mano y respiré con cierta tranquilidad ahora que sabía que Erik no vendría.

Bueno, sé que estás nervioso por mis padres, pero que no les gustes no significa que te odien, simplemente no te conocen como yo, no saben lo bueno que eres y lo feliz que me haces.

Sus palabras ahora no ayudaban precisamente, mientras caminábamos, Celia a veces me hablaba, yo solo asentía o le contestaba con palabras cortas, aún seguía un poco nervioso, además, me sentía culpable, había engañado a mi novia, espera, ¿la había engañado? digo, el beso fue con mi primo, y yo no lo busqué..., pero tampoco lo rechacé, ¿por qué?

Llevaba meses queriendo besar a mi novia y no había forma, ella quería ir lento, decía que ir rápido en las relaciones acaba jodiendo el amor, y mi puto primer beso con lengua ha sido con el imbécil de mi primo.

Es verdad, no lo busqué, pero me dejé, ¿por qué? mis dudas me mataban, la música sonaba cada vez más fuerte conforme nos acercábamos a la casa de Celia, era en un barrio adinerado, su casa era blanca y grande, muy grande.

Había algunos chicos mayores bailando y bebiendo refresco en el porche, al vernos saludaron a Celia, debían ser amigos de su hermana, de cuarto curso.

Entramos en la casa, estaba llena de chicos y chicas bailando, la fiesta estaba bastante bien, pude ver alguno de mis amigos bailando con alguna chica, caminé con Celia a la cocina, donde estaban sus padres hablando con otra pareja, serían los padres de algún amigo o amiga de Laura.

Al vernos llegar, me fijé como los padres me miraban de mala manera, no, no me aceptaban, por ser de familia pobre, me jodía, pero era la verdad, en parte los entendía, ellos querían a un chico que pudiese darle a su hija una buena vida..., me sentía mal.

Celia me dejó en la puerta de la cocina mientras hablaba con sus padres, la música empezaba a causarme dolor de cabeza, más del que ya tenía, en eso llegó Laura, la hermana de mi novia Celia.

Hola, pensé que no vendrías. —dijo Laura, una chica muy parecida a su hermana, cabello oscuro, pero liso, y muy largo, iba vestida con unos vaqueros y una blusa azul oscura, era un año y medio mayor que su hermana y que yo.

Ya, tu hermana es muy persuasiva. —dije cortante, tampoco es que fuese amigo de Laura, no era mala chica, pero tampoco me aceptaba del todo, a veces me hablaba, pero algo me decía que era porque su hermana se lo pidió.

Laura se percató de que no me atrevía a acercarme a sus padres.

No muerden ehhh.

Ya..., es que...

Un barullo de gritos me cortó, algo pasaba en la fiesta, me giré hacia el salón donde estaba toda la gente bailando, y entonces vi a mi pesadilla, mi primo.

Estaba en medio, con unos vaqueros rasgados, sin camiseta y cubierto de lo que parecía aceite, estaba bailando al son de la música con algunos movimientos obscenos, la gente le vitoreaba y él se vino más arriba.

Joder, ¿Quién es ese bombón? —preguntó Laura, que estaba boquiabierta, con sus dedos empezó a enrollarse el pelo.

Yo, aún congelado, solo podía ver como mi primo dejó de bailar entre aplausos y caminó hacia mí, ¡¡No puede ser!!

Solo pensaba en una cosa, ¡¡Trágame, tierra!!

( Continuará... )

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Creado (2016), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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