martes, 11 de marzo de 2014

Mi hermanito - Capítulo 17 ''La cueva del bosque''

 Capítulo 17 - La cueva del bosque

Ahí estaba yo, tumbado en mi cama, hacía frío y no quería salir, quedaban cinco días para volver a casa y la verdad es que quería volver cuanto antes, mi hermano está distante desde que zanjamos ser hermanos nada más, y la llegada de cierta persona hace un día no ayudó a que esto mejorase.

¿Quieres jugar un rato al fútbol?

No, hace frío, déjame. —dije cortante.

Joder, que antipático —dijo Akin, entreabrí los ojos y pude parado en la puerta de mi cuarto.

Akin era uno de los cuatro chicos que iban a pasar la última semana del año en el monasterio con nosotros.

¿Qué? ¿Nadie quiere jugar contigo?

Pues no, simplemente quiero estar con un amigo, ayer me evadiste todo el tiempo. —dijo Akin sonriendo de nuevo.

¿Por qué siempre sonríes? —pregunté en parte molesto, todo se lo tomaba a broma.

¿Y por qué no? La vida es bella. —en ese momento se sentó en mi cama de un salto.

¡¡Ehh!!, ¡¡Para idiota!! —dije con enojo y lo empujé haciendo que cayese al suelo.

Akin se levantó e intentó sacarme de la cama, estábamos forcejeando entre risas cuando una voz nos sorprendió.

¿Interrumpo algo? —la voz de Rubén nos alertó, me fijé que no le quitaba la mirada a Akin—. ¿Qué haces tú aquí?

¿Te molesto? —preguntó Akin burlonamente.

Pues sí. —dijo Rubén ahora con algo de celos.

Eso digo yo, Akin, ¿Qué edad tienes? Se supone que al campamento solo pueden venir menores, ¿Eres menor? —pregunté con incertidumbre.

Akin me miró con cara de sorpresa y asombro.

Joer, tengo dieciséis, ¿Qué edad me echabas? —me miraba curioso.

¿Solo tienes dos años más que yo? ¡Eso es imposible!, si eres muy alto y...

¿Y qué? —preguntó cortándome.

Y muy marcado. —sentencié mirando sus bíceps.

Genética jajaja.

Ajá, a saber que te metes. —dijo Rubén.

¿Y tú? ¿Qué te metes? ¿A tu hermano?

Rubén intentó golpear a Akin pero este le esquivó.

¡¿Quieres que vuelva a someterte?! —dijo alterado Rubén.

¡Vale parad chicos! —me puse en medio porque de hacerlo en broma comenzaban a hacerlo con cierto enfado, sobre todo Rubén—. Chicos, enserio, ¿No podéis llevaros bien?

No. —dijo Rubén.

Él nos salvó, ¿Recuerdas? Si no llega a ser por él y por su hermano Kon estaríamos aún en esa fábrica y quizás tu muerto. —le recriminé a mi hermanito su actitud con Akin.

Y se lo agradezco, pero me cae mal. —Rubén miraba con enojo a Akin.

¿Por qué? ¿Por qué me follé a tu hermano? Tu me follaste a mí a traición, ¡Empate! —dijo Akin con una sonrisa.

Rubén se acercó lentamente hasta Akin y guio su mano hasta las partes de Akin, agarrándolas con fuerza, Akin se dejaba hacer sin oponer resistencia, yo ya me estaba poniendo nervioso, y mis nervios aumentaron cuando escuché como se escuchaban cerca voces y la puerta de mi cuarto estaba abierta.

¿Qué? ¿Acaso no es suficiente? ¿O quieres algo más de mí? —preguntó Akin con media sonrisa a Rubén, entonces Akin con su mano sujetó el brazo de mi hermanito y acercó más a Rubén hacia él.

Akin besaba los labios de Rubén, pero éste lo apartó con rapidez, el beso fue fugaz y Akin, satisfecho, se separó sonriente, mi hermano llevó su mano a los labios intentando limpiarse la boca con gesto de asco.

¿Qué haces? —pregunté a mi hermanito, que me miró con furia—. ¿A qué juegas Rubén? ¿Quieres que nos pillen? —pregunté a mi hermano mientras miraba como Akin salía del cuarto.

Cállate. —dijo Rubén con enojo, y se marchó tras Akin.

Joder, se va a liar si esto sigue así, decidí seguirlos, salí del monasterio pero los perdí de vista, unas ramas cerca de la entrada del bosque se movieron y no hacía viento, era ya entrada la tarde y el sol empezaba a esconderse.

Me di la vuelta y me fijé bien en los árboles y las plantas que rodeaban la zona, en el fondo pude ver un camino que reconocí enseguida, fue el camino que recorrí el día que pillé a los monitores follando.

¿Sucede algo? —la voz de Akin me alertó.

Joder, avisa...

Perdona, es que vi tu cara, ¿Está todo bien?

Sí, es que os seguí y recordé lo de la cueva y me desorienté un poco, quizás me dio mucho el sol. —mentí, pero no sabía que decirle.

¿La cueva? —preguntó curioso.

¿Eh? No sé, mmm voy a echarme un rato. —dije un poco mareado, no sé que me pasaba.

Akin me acompañó a mi cuarto, entramos y me tumbé en la cama, de espaldas.

Espera, voy a traerte una aspirina. —Akin salió del cuarto y en ese momento entró Toshio, el que iba a ser mi compañero durante esta semana, llegó junto Akin.

¿Estás bien? —me preguntó preocupado.

Sí, es solo que me mareé un poco... —dije cabizbajo, estaba como sin fuerzas.

Toshio era un chico de mi edad y misma altura, también iba a mi Instituto pero nunca me había fijado en él, su cabello negro oscuro y sus ojos negros rasgados típico de los asiáticos le daban cierto encanto.

Akin entró y saludó a Toshio.

Traigo la aspirina. —dijo Akin, que me la ofreció junto a un vaso de agua ante la mirada de Toshio.

Gracias. —dije, y me tomé la aspirina y el vaso de agua.

¿Mejor? —preguntó Akin, ahora no sonreía como antes—. ¿Busco a tu hermano?

No, estoy bien, no quiero preocuparle, quizás son tantas emociones.

Akin se levantó para marcharse y le sujeté de la muñeca.

Siento lo que te hicimos yo y mi hermano aquel día en la fábrica. —confesé, sin recordar que estaba ahí Toshio.

Bueno..., cof, cof. —Akin tosió a propósito para que abriese los ojos y entonces vi a Toshio observándonos—. Olvida aquello, además, me lo merecí, yo tampoco me porté bien contigo, es el karma.

Noté como Toshio estaba atento a lo que decíamos y no quise seguir hablando, teníamos público y estas cosas eran mejor que quedasen en privado.

Bueno, yo me voy, que pronto será la hora de cenar. —dijo Akin, que se incorporó y se marchó.

Toshio se acercó y se sentó a mi lado, en ese momento llegó mi hermano, que llamando a la puerta detuvo a Toshio, que iba a decirme algo.

Ya está la cena. —dijo Rubén mirándome y haciéndome un gesto de que lo siguiese.

Voy, ¿Ibas a decirme algo, Toshio? —pregunté al chico mirándole, pero negó con la cabeza y se levantó para proseguir con sus cosas

Me acerqué al armario, saqué una chaqueta y me la puse con cuidado, caminé hasta mi hermano y salimos juntos.

¿Qué pasa? —pregunté.

Nada, solo quería que hablásemos... —dijo Rubén en un tono distante.

Ok, vaaale, te pasa algo, ¿Qué es? —me detuve en seco y lo sujeté del brazo para quedar frente a frente.

¿Qué me pasa? Pues que veo que te llevas muy bien con ese negro. —dijo Rubén en tono despectivo.

¿Qué? Primero, ''ese negro'' tiene nombre, se llama Akin, y en segundo lugar, ¿De qué vas?

¿Yo? —preguntó con sarcasmo.

Sí, tú, me estás decepcionando, no creí que mi hermanito fuese racista. —dije decepcionado.

No, perdona, no soy racista, solo me molesta que...

¿Qué? —le corté con enfado—. Akin se portó mal, sí, pero nosotros también con él, está intentando redimirse, y yo ya le perdoné, si no quieres hacerlo tú, perfecto, pero no me vengas con escenas de celos, porque habíamos quedado en que solo seríamos hermanos ''normales'', ¿O no?

Rubén se mantuvo en silencio mientras veíamos al resto de chicos llegar al comedor para cenar, me miró y afirmó con la cabeza.

Tienes razón, lo siento, es que..., me cuesta, me cuesta aceptar esto. —dijo impotente.

Lo sé, a mi también, Rubén, pero es lo mejor, por favor, haz el esfuerzo. —dije cogiendo su mano con la mía.

Rubén apretó los labios y vi como sus ojos se pusieron vidriosos, estaba a punto de llorar, lo sujeté atrayéndole hacia mí y lo abracé, me daba igual si nos veían, ambos necesitábamos ese abrazo.

En ese momento apareció Toshio que iba hacia el comedor también, nos separamos y nos saludó siguiendo su camino.

Bueno, vamos al comedor, además, debo contarte algo importante. —le dije mientras le acompañé dentro.

Recogí mi bandeja con la comida y me acerqué a una de las mesas, eran rectangulares y de madera, me senté en el banco alargado que hacía de silla a esperar a mi hermano, en ese momento apareció Akin y se sentó a mi lado.

¿Puedo? —preguntó Akin.

Si ya te has sentado, pero sí. —dije.

Rubén se acercó y al ver a Akin a mi lado puso mala cara, aún así le vi suspirar y se sentó frente a mí, a escasos veinte centímetros.

Los demás chicos comenzaron a cenar y el ruido en el comedor no se hizo esperar.

Bueno, debo deciros algo importante. —dije ante la expectación de Akin y Rubén.

Espera, ¿Con este delante? —preguntó mi hermano con cierto desagrado, no le hacía gracia la idea de que Akin estuviese con nosotros.

Sí, quiero..., veréis, lo estuve pensando, quiero hacer algo. —mis palabras los sorprendieron.

¿Hacer qué? —preguntó Akin.

Veréis, cerca de aquí hay una cueva, es super siniestra, en ella pillé a los monitores follando.

Los dos me miraron in crédulos y sorprendidos, no me terminaban de creer, miraron a los monitores, que comían mientras hablaban entre ellos.

Joder con los monitores. —dijo Akin.

Ya..., bueno, el caso es que, me gustaría que los tres fuésemos a la cueva en la noche, cuando todos duerman. —propuse.

¿Qué? ¿Para qué? —preguntó mi hermano.

Pues..., quiero que hagamos un trío... —dije e inmediatamente bajé la mirada, solo obtuve silencio, conté veinte segundos, no sabía si mirarlos, estaba ahora arrepentido de lo que había propuesto.

¿De despedida? —preguntó mi hermano.

¿Despedida? —la pregunta de Akin demostraba que no sabía a lo que mi hermano se refería.

Sí. —afirmé.

Vale, estoy de acuerdo, uffff. —salió el lado perverso de mi hermanito.

¿De verdad? —pregunté sorprendido por su rápida afirmación.

Que sí joder, yo quiero hacer el trío, pero quiero follarme al negro. —dijo Rubén.

Sigue soñando. —dijo Akin en tono burlón.

¿Entonces? ¿Estamos de acuerdo? —les pregunté, los dos me confirmaron con la cabeza—. Bien, esta noche, en la madrugada, quedaremos a las afueras del monasterio, os guiaré a esa cueva, quiero hacerlo, necesito hacerlo. —mientras terminábamos de cenar les seguí contando mi plan.

Y así, pasaron las horas y llegó la noche, nos fuimos a dormir a nuestro cuartos, estaba tumbado esperando a la hora acordada, la madrugada, las doce.

Toshio no paraba de moverse en la cama, me empezaba a poner nervioso, entonces vi una sombra en la ventana, tapaba la luz que la luna introducía en la misma.

La figura, parecía humana, iba a mirar pero vi como desapareció, es como si alguien se hubiese asomado un momento a mirar dentro de nuestro cuarto, me empecé a estremecer, igual no era buena ir a la cueva de noche, en medio del bosque y en donde los monitores me hicieron lo que quisieron conmigo.

Pero ya no había vuelta atrás, pensando y pensando pasó el tiempo y ya era la hora, Toshio ya se había dormido, no se movía, me levanté con cuidado de no despertarle, cogí mi móvil, que haría de linterna.

Caminé despacio, me puse las zapatillas y una chaqueta, abrí la puerta y miré fuera, todo estaba en silencio, salí y cerré con sumo cuidado, caminé unos pasos y giré hacia la derecha tras salir del monasterio, allí ya estaban Rubén y Akin.

Akin, al ser tan negro, apenas era visible, las oscura noche hacía que nos costase distinguirlo, me acerqué y me miró sonriente, sus dientes blancos contrastaban con su oscura piel.

¿Estáis seguro de esto? —preguntó Akin, que sacó una linterna de su bolsillo, para colmo iba con un pantalón oscuro y una chaqueta de color negra, parecía que quería camuflarse con la noche.

Sí, venga, necesito hacer esto, vamos a disfrutarlo. —dije tajante.

Rubén, en silencio nos acompañó, los tres empezamos a caminar hacia dentro del frondoso bosque, el ruido de las ramas que pisábamos era el único que escuchábamos.

La luz de la luna iluminaba un poco nuestro alrededor, pero a la vez le daba un toque tenebroso y siniestro, no ayudaba precisamente a que estuviésemos tranquilos.

Una leve brisa comenzó a mover las plantas y ramas de los árboles haciendo caer la nieve al suelo, y un ligero temblor recorrió mi espalda al sentir el viento sobre mi piel, empezaba a sentir ganas de salir corriendo y meterme en la cama, pero ya era tarde para echarse atrás.

¡Allí, la cueva! —dijo Rubén, señalando lo que parecía la entrada a una cueva, el agujero era muy grande y oscuro, estaba sobre una roca enrome, que parecía que colindaba con el monte.

Vamos. —dijo Akin.

Los tres avanzamos dentro con lentitud y sumo cuidado, Akin con su linterna alumbraba a los alrededores, yo por mi parte usaba la linterna del móvil, la cueva era bastante profunda, seguimos avanzando y vimos al fondo un colchón en el suelo, parecía en buen estado, como si hubiese sido puesto ahí hace poco.

El colchón estaba rodeado de ramas de mimbre, conforme nos acercábamos y pisábamos dichas ramas, crujían con fuerza.

¿Qué significa esto?, ¿Qué hace aquí un colchón? ¿Es el que usaran los monitores para follar aquí? —Rubén se acercó y se agachó inspeccionando el mismo.

¡Mirad! —la voz de Akin nos alertó y nos acercamos a observar lo que miraba, había una especie de altar, de tamaño considerable, como si pudiese tumbarse ahí una persona, estaba hecho de piedra—. ¿Aquí sacrificaban humanos en otra época o qué?

La pregunta de Akin me estremeció.

No sé, pero está limpia, no ha sido usada en mucho tiempo, está muy desgastada. —dijo Rubén.

Eso en parte me alivió, pero no me quitaba la sensación de que algo no iba bien desde que entramos a la cueva, entonces lo noté, la brisa de aire ya no estaba, y el ruido ambiente había desaparecido.

Vámonos. —dije con mal presentimiento—. Tenemos que irnos, ¡Ya!

Pero era tarde, unos pasos que se acercaban a la cueva nos alertó, nos miramos y nos escondimos corriendo detrás del altar apagando las linternas, los pasos se intensificaban, cada vez estaban más cerca.

Los latidos de mi corazón latían con mucha intensidad, no fue buena idea esto, todo por el sexo, estaba enfermo, por mi culpa estábamos en peligro.

Entonces sentí una mano agarrar la mía, miré y vi a Rubén asustado, apreté su manó con fuerza intentando reconfortarle, Akin hizo lo mismo y con sus manos intentó que nos agachásemos más.

Los pasos se detuvieron, no se escuchaba nada, pero sabíamos que alguien, o algo, estaba ahí, con nosotros, su respiración lo delataba.

Se comenzó a escuchar el crujido del mimbre que rodeaba el colchón, se acercaba a nosotros, el ruido de algo siendo arrastrado aceleró con mayor intensidad mi pulso.

Sin querer, al estar apoyados en el altar, éste perdió fuerza y se movió dando un fuerte crujido, entonces escuchamos los pasos de nuevo, que ahora con mayor rapidez caminaban hacia nosotros y entonces nos vio, pude ver sus ojos en la oscuridad.

Y nosotros, agachados e indefensos, nos quedamos petrificados por el miedo.

Una luz iluminó nuestras caras cegándonos temporalmente.

¿Qué hacéis? —la voz provenía de la luz, y era una voz que reconocí.

¿Lucas? —me levanté con mi mano intentando evitar la luz de lo que parecía una linterna.

Lucas apartó el haz de luz de mi cara a un lado y pudimos verle, ahí de pie mirándonos.

Repito, ¿Qué hacéis? —preguntó Lucas.

¿Qué qué hacemos? Huir, joder, pensábamos que... —dijo Akin.

¿Qué qué? —preguntó Lucas—. No deberías estar aquí, podrían echaros, está prohibido, venga, volved a vuestros cuartos.

Nos levantamos mas calmados y caminamos a su lado.

¿Te vas a chivar? —preguntó Rubén.

No, pero si nos largamos ya.

Los tres, acompañados de Akin comenzamos a salir de la cueva y observamos el colchón.

¿Qué intentabais?, ¿Un trío?, Me hubieseis invitado. —dijo Lucas con un tono entre sarcástico y sincero guiñando un ojo.

No, ese colchón ya estaba aquí. —dijo Rubén.

Es que vinimos para hacer un trío real jajaja. —soltó Akin entre risas.

¿Tú eres tonto? —le recriminé.

¿Enserio? —preguntó Lucas a Akin, que me miró y sonrió, me di cuenta, me detuve justo cuando íbamos a salir de la cueva.

¿Por qué le has dicho eso? —pregunté enojado.

¿A qué te refieres? —preguntó Akin fingiendo—. Era una broma.

Lucas permanecía callado mientras discutíamos.

Venga, volvamos al monasterio. —ordenó Lucas.

Los cuatro, en silencio, volvimos al campamento, me jodía no haber podido hacer el trío con mi hermanito y Akin.

A la mañana siguiente desperté y escuché risas, miré por mi ventana y vi en el lago a Akin y mi hermanito patinando entre risas y bromas, no pude evitar sentir ciertos celos y enojo.

Están muy juntitos, ¿No? —la voz de Lucas me sobresaltó.

Joder, avisa macho, pareces un fantasma.

Lucas se acercó a la ventana y se puso a mi lado, observando a Rubén con Akin.

¿No se llevaban mal? —preguntó.

Bueno, se han hecho amigos... —dije sin convicción.

Claro, claro..., pero...

¿Pero qué Lucas? No me gustan estas cosas, dilo claro y ya. —me puse nervioso.

Como quieras, que aburrido eres, el caso es que esta mañana paseaba por el bosque y los vi juntos, cerca de la cueva, como intentando no ser vistos...

Mi corazón se detuvo, mi respiración también, ahí morí.

No puede ser... —mascullé.

Tras esa revelación, estuve todo el día observando a mi hermanito y a Akin, y efectivamente estaban más juntos de lo que pensé, de hecho, cuando yo estaba con ellos actuaban como si no fuesen amigos, pero por separado...

Sentí rabia y celos, ¿Pero qué podía hacer? ¿Seguirlos como un lunático por la noche?

Sí..., lo iba a hacer...y así, esperé a la noche.

¿No duermes? —Toshio me miró con curiosidad, estábamos tumbados en nuestras camas, ya era de noche y esperaba a que Toshio se durmiese para salir.

No tengo sueño. —dije, y seguí leyendo el cómic sin mirarle.

Bueno, yo voy a dormir ya, que mañana es el último día que dormiremos aquí, se me hizo muy corto estar en el monasterio, tú tienes más suerte, estuviste aquí dos semanas...

Sí, supongo... —dije desganado, duérmete ya niño pesado, pensé.

Toshio se recostó bien y esperé un rato, le miraba a veces hasta que comprobé que su respiración era relajada, ya estaba durmiendo.

Me levanté con cuidado, estaba ya vestido, me acerqué y me puse las zapatillas de deporte, abrí con cuidado la puerta y justo vi como Rubén y Akin entraban en el bosque.

Hijos de puta traidores... —mascullé.

Esperé un rato en la puerta y los comencé a seguir, me metí entre la maleza y caminé con la ayuda de la luz de la luna, ya me sabía el camino de memoria, mientras llegaba pensaba en mil formas de asesinarlos entre terribles sufrimientos, en que de verdad, vaya dos traidores..., la culpa fue mía por proponer el puto trío.

Divisé la cueva y me detuve un momento a escuchar, pero no se oía nada, caminé despacio dentro y la oscuridad era mayor, me adentré con seguridad hasta que empecé a escuchar unos gemidos.

Entonces los vi, mi hermanito estaba a cuatro mientras Akin le follaba, podía verles por la linterna que había de pie para iluminar un poco esa zona, me costaba distinguir la piel oscura de Akin, pero podía verlo sujetando de la cintura a mi hermanito, que con su piel blanca contrastaba con la de Akin.

Akin se estaba follando a mi hermanito en la cueva, me sentía muy mal, quería morirme, apreté con fuerza mis puños de impotencia y decidí marcharme.

( Continuará... )

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Creado (2014), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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miércoles, 19 de febrero de 2014

Mi hermanito - Capítulo 16 ''Mi mejor amigo''

Capítulo 16: Mi mejor amigo

Me sentí mal, la amenaza de Daniel no me gustó, tras un rato intentando coger el sueño, desistí, el culo me dolía demasiado, me levanté como pude y me fui al baño, me duché con agua caliente y me limpié a fondo, mi interior ardía, cogí una crema que había en el baño, la que quizás más efecto tendría, era para roces o quemaduras, la abrí y me puse un poco de crema, me puse el bóxer como pude y salí del baño, miré a Daniel, pero parecía dormir, me acerqué a mi cama y me tumbé tras ponerme el pijama, aún sentía frío en mis huesos.

Dani, ¿Estás despierto? —no hubo respuesta, miré hacia el techo e intenté coger el sueño, cerré mis ojos y al rato me dormí.

Me levanté tarde, me puse algo de ropa y caminé hasta el comedor, al entrar vi que ya todos habían desayunado, salí y miré al lago, estaban todos, pero nadie patinaba, al parecer el hielo estaba frágil y era peligroso, simplemente estaban cerca, sentados rodeando una hoguera de fuego, reían y se divertían, menos dos personas, sí, sospechando algo me dirigí hacia donde no debí ir, rodeé el monasterio y escalé por las enredaderas hasta el cuarto de mi hermano, me asomé por la ventana, Rubén estaba besando a Jacob por todas partes y éste se reía moviéndose, ambos tumbados en la cama.

Sentí un dolor en mi corazón, me sentí mal y con ganas de llorar, me volví a mi cuarto y me tumbé, tenía ganas de llorar, me sentía ahora tan solo..., al rato apareció Daniel.

Entró al baño y al rato se fue, supongo que estaría enfadado conmigo por rechazarle, pues muy bien...

Con ganas de llorar por todo me quedé mirando por la ventana tumbado de lado, miraba los rayos de sol entrar e iluminar el cuarto, me quedé observando sin más, no se cuanto tiempo pasó pero me acabé durmiendo.

Un golpe en mi cuarto me despertó, era Daniel de nuevo, que se le cayó el móvil al suelo.

Perdón si te desperté. —se disculpó.

Iba a hablar pero ni tiempo me dio, salió cerrando la puerta, me levanté y la abrí detrás, vi que se dirigía a la pequeña pista de fútbol que había en el campamento, no era muy grande, pero suficiente para jugar, yo miraba desde la distancia como los demás jugaban con el balón, me hubiese gustado participar, pero aún me dolía el culo, sentía una ligera molestia, así que preferí no jugar.

El sol pegaba ya con menos fuerza, David miraba como los demás chicos jugaban, observé a mi hermano, no apartaba la vista de él, era tan hermoso..., pero debía olvidarme de él, en parte era lo mejor, somos hermanos, lo que hicimos fue solo experimentar, experimentar con algo prohibido, luego cada uno tomaría su camino, era absurdo prenderme de él, pero ahora me sentía confundido, confundido y solo...

Me di la vuelta y caminé hacia el muelle del lago, helado, me senté como pude y metí los pies en el hielo, resbalaban mis zapatillas, cerca estaban las botas para patinar, yo aún no lo había hecho, el silencio y el leve ruido de las ramas por el leve viento que había me relajaba, me eché de espaldas y cerré los ojos, pensando en muchas cosas, en cómo todo había cambiado desde la llegada de mi hermano del Internado.

¿Qué haces aquí solo?, ¿Por qué no juegas con los demás? —Cristian se acercó y me obrservó de pie.

Abrí los ojos y pude verlo bien, llevaba unos vaqueros rasgados por la parte de los muslos y una sudadera blanca.

No tengo muchas ganas. —le dije, y volví a cerrar mis ojos, me sentía culpable, me daba vergüenza mirarle a la cara sabiendo lo que hice con su hermano.

Cristian se sentó a mi lado, y se tumbó a mi lado.

Lo cierto es que aquí se está muy bien. —dijo acercándose más a mí, podía sentir su codo rozar con el mío.

Sí, por eso... —mascullé con nerviosismo, Cristian ahora me incomodaba, pero me gustaba su presencia, era una sensación extraña.

Mi hermano me contó que te encontrabas mal, y el ver que no juegas al fútbol me lo confirma, ¿Qué te pasa? —preguntó.

Hubo silencio, yo seguía con los ojos cerrados.

Mi hermano me ha contado que está muy a gusto contigo. —prosiguió hablando.

Abrí los ojos y giré mi cabeza mirándole nervioso.

¿A qué te refieres? —pregunté con cierto temor, aunque no creía que Daniel le contase nada de lo que hicimos..., pero tras su amenaza.

Pues... —hizo una pausa, una pausa que me mataba por dentro, como si pensase que iba a decir—. Dice que está feliz de estar contigo, te agradezco que te portes bien con él, yo le quiero mucho y no quiero que nadie lo lastime, sé que contigo estará bien. —pude notar como su mano izquierda se posaba en mi mano derecha, yo, sorprendido, no dije nada—. Y yo estoy feliz de estar aquí contigo...

Mantuve los ojos cerrados cuando sentí como su mano se movía hacia mi entrepierna, por fuera del pantalón y me la sujetó.

Yo no dije ni hice nada, me quedé quieto, creo que esperaba ver como reaccionaba y al ver que me dejaba comenzó a masturbarme, estuvo un rato así, el ruido de las ramas moviéndose cerca de nosotros por el viento era el único sonido que se escuchaba junto a las voces lejanas de nuestros compañeros en la pista de fútbol.

Sentí como movió su mano y la fue metiendo dentro de mi pantalón hasta agarrar mi pene. Su mano me daba mucho placer, mi respiración se agitaba, con temor extendí mi mano hasta su entrepierna, busqué la forma de meter mi mano dentro y agarré su polla, notaba sus huevos duros, su pene también duro..., lo sujeté y comencé a subir y bajar su piel con suavidad.

Comenzamos a masturbarnos mutuamente, nuestra respiración se entrecortaba entre ligeros gemidos y el ruido de nuestras manos pajeándonos mutuamente. Un intenso calor me invadía, estaba a punto de correrme, no iba a aguantar mucho, la situación del momento, el miedo a ser vistos y descubiertos, el saber que Cristian, mi mejor amigo me estaba tocando de esa forma y yo a él..., eran muchas cosas que aumentaban la excitación.

Y efectivamente con el movimiento de su mano empecé a venirme con intensidad, de mi boca salieron gemidos de placer y él empezó a detenerse, pero mantuvo su mano dentro de mi pantalón, yo seguí pajeándolo con velocidad.

Lo seguí haciendo bastante rato hasta que escucho como sus gemidos se intensifican y comenzó a correrse en mi mano, lo pajeé un poco más y saqué mi mano, él sacó la suya y permanecimos en silencio.

Yo no abrí los ojos en todo ese tiempo, me daba vergüenza, al fin y al cabo Cristian era mi mejor amigo en la escuela, lo conocía desde siempre, ahora me sentía mal, volvía ese sentimiento de culpa, volvían mis pensamientos negativos.

Entonces sentí como se movía hacia mí y sus labios se posaban en los míos, me comenzó a besar, su mano se posó en mi pecho y su lengua se introducía en mi boca, nos fundimos en un largo e intenso beso, donde nuestras lenguas y salivas se mezclaban, por un momento sentí algo diferente, como cuando besaba a mi hermano, era esa misma sensación, sentí algo especial, no sabría como explicarlo.

Se detuvo y se apartó un poco de mi, abrí los ojos y el sol me cegaba, me costaba ver después de tenerlos cerrados tanto tiempo, su cabeza tapaba el sol, me miraba sonriente. Su cara estaba roja, se acercó de nuevo y me volvió a besar, me dejé llevar de nuevo y estuvimos besándonos un buen rato, cuando de repente escuchábamos que las voces de los demás sonaban con mayor intensidad, se acercaban.

Cristian se separó y miró al fondo, a lo lejos, con su mano en la frente intentó evitar el sol y ver si se acercaban, miró y se puso de pie con velocidad, yo me levanté y miré también, efectivamente los demás comenzaban a acercarse al muelle entre risas, me incorporé también y vi como Cristian se ponía las botas de patinaje, yo permanecí quieto sin moverme, sólo mirando a los demás, aún sentía mi cuerpo arder por lo que habíamos hecho, me limpié como pude la corrida de Cristian como pude, restregué la mano en mi pantalón con nerviosismo.

Comenzaron a llegar y se fueron poniendo las botas para patinar, y así empezaron a jugar entre ellos, observé a mi hermano, que jugaba con Jacob entre risas, en un instante nuestras miradas se cruzaron, no le quitaba la mirada de encima, le dijo algo a Jacob y Rubén se acercó a mi.

En ese momento apareció el monitor David en el muelle gritando.

¡¡EH!!, ¡¡Eh hielo está frágil, salid de ahí ahora mismo!! —David parecía enojado, los chicos a regañadientes comenzaron a salir del lago y entraron al monasterio.

¿Dónde estabas? Pensé que querrías jugar al fútbol con nosotros, pero no viniste. —mi hermano se puso a mi lado, mientras los demás entraban al monasterio, donde no nos podrían escuchar, me miró esperando mi respuesta.

No tenía ganas. —dije cortante, aún me dolía la situación actual, el distanciamiento entre ambos...

Ya.... —a mi hermano no le convenció mi respuesta—. Te noto distante conmigo...

No es eso... —dije.

¿Entonces? —mi hermano se acercó más a mí hasta sentir su hombro rozar con el mío.

Creo que deberíamos dejar de hacer cosas, y empezar a comportarnos como hermanos. —dije con cierta tristeza.

¿Por qué dices eso? —Rubén me miró extrañado.

Porque sí, es lo mejor, y tú lo sabes, a mi me gustó experimentar contigo, lo sabes, pero pienso que es el momento de dejar de hacerlo, nos estamos haciendo daño...

Rubén permaneció en silencio tras mis palabras, pude ver cómo de mirar a los demás sin más, se fijaba ahora en Jacob, ¿Él pensaba que no me daba cuenta?

Sí, tienes razón, es lo mejor, te entiendo. —me miró también con tristeza—. Me alegro de que me lo hayas dicho, porque así las cosas quedan claras, somos hermanos y siempre lo seremos, eso no cambiará nunca.

Aunque ya no hagamos nada más entre nosotros, quiero decir que..., no me arrepiento, y nunca me arrepentiré de haber hecho esas cosas contigo. —confesé un poco avergonzado y con un gran pesar, sabía que estábamos zanjando nuestro amor, que tras esta conversación mi hermano y yo nunca más haríamos nada...

Yo tampoco me arrepiento y nunca lo olvidaré, hermano. —Rubén con su mano sujetó la mía, yo la apreté con fuerza, me sentía importante, estaba despidiéndome de él, nunca más tendría su amor, sus caricias, su aliento, nunca más podría sentir su piel como la sentí, nunca más lo sentiré dentro de mí, jamás podremos volver a tocarnos como lo hicimos, me sentía morir...

Te amo, hermanito... —confesé con dolor.

Yo también, hermano... —dijo también con un leve pesar.

En parte me dolía lo que decía, pero era lo mejor, dos hermanos no pueden estar juntos, no pueden ser novios, no, simplemente esto era lo mejor que podíamos hacer, separarnos..., quizás estábamos equivocados y luego nos arrepentiríamos, pero en ese momento, en ese instante, creo que lo mejor era alejarse de ésa línea que cruzamos hace tiempo y que quizás nunca debimos cruzar.

Me alegra de que lo hayamos hablado..., nunca olvidaré las cosas que vivimos. —dije.

Nunca. —Rubén se acercó a mí y me besó en la mejilla—. Nunca olvidare las cosas que vivimos.

Jacob se acercaba a nosotros.

Bueno, voy dentro, pásalo bien. —dije mirando a Jacob, Rubén lo notó, sabía que algo sospeché.

Gracias, yo voy a estar fuera un rato, ¡Pásalo tu también bien! —me guiñó un ojo y fue hacia Jacob.

Cristian estaba tumbado en su cuarto, solo, entré y lo saludé.

¿Estás cómodo? —le pregunté.

¿Qué bien se está aquí verdad? Me gusta estar aquí. —dijo Cristian.

Sí, ojalá esto nunca acabe. —me tumbé a su lado y cerré los ojos, el ruido de fondo de los demás chicos se escuchaba lejano.

No tiene porque acabar aquí. —Cristian posó su mano sobre la mía y la agarró, así permanecimos hasta la hora de comer, tumbados en la cama y cogidos de la mano.

Los días fueron pasando sin grandes acontecimientos que contar, Cristian y yo a veces quedábamos, nos tocábamos..., nos besábamos..., pero lo que más le gustaba era cogerle de la mano y estar así, cogidos de la mano...

El tiempo pasó volando, participábamos en las diferentes actividades deportivas, jugábamos a diferentes juegos..., aunque la mayor parte del tiempo nos la pasábamos en el lago patinando y por la noche en la fogata contando historias de miedo.

Lo malo es que Cristian, su hermano Daniel, Jacob y Hugo se marchaban hoy, su estancia era solo de una semana, me sentí triste al saberlo.

Entré al cuarto de Cristian, estaba haciendo su maleta, el autobús pronto estaría aquí para recogerle a él, a su hermano, a Jacob y al otro chico.

¿Necesitas ayuda con la maleta? —pregunté mirando como Cristian intentaba cerrarla con fuerza.

No, gracias, ya terminé, ¿Cómo va mi hermano? —preguntó mientras seguía guardando sus cosas.

Bien, enfadado por no querer marcharse. —me senté en su cama.

Le comprendo, yo también estoy enfadado. —dijo con tristeza.

Ya..., dejar un sitio así es difícil... —me levante girando hacia la puerta.

Cristian terminó de cerrar la maleta y acercándose donde yo estaba, me sujetó del hombro, me giró y posó sus labios en los míos.

No, lo difícil será estar sin verte una semana. —Cristian me cogió las dos manos y las agarró con fuerza.

Mi cara se quedó todo roja, y la suya también.

Te echaré de menos. —dije, y le devolví el beso.

¿Interrumpo algo? —la voz de Lucas nos hizo separarnos rápidamente, estaba en la puerta sonriendo—. El bus ya llegó, es hora de marcharse.

Ante el nerviosismo de Cristian intervine diciendo que no pasaba nada, que Lucas no diría nada y este afirmó con la cabeza, ya mas tranquilo aunque no convencido del todo Cristian cogió su maleta y lo acompañé hasta el autobús, junto a su hermano, Jacob y Hugo.

Todos fueron subiendo las escaleras del bus, se iban sentando y se asomaron por las ventanas, el autobús se puso en marcha y comenzó a alejarse, se despedían de nosotros como en el último capítulo de Digimon, en la distancia no dejaba de mirar a Cristian, no pude evitar poner ojos llorosos.

¡No me digas que vas a llorar! —la voz sarcástica de Lucas me asustó, estaba a mi lado y ni cuenta me di.

No le hice caso y esperé hasta que el autobús desapareció.

¿Es que no sabes hacer otra cosa que molestar? —dije enfadado.

Lucas se quedó callado sonriendo.

¿Dónde está mi hermano? —miré a los alrededores intentando buscarlo.

Creo que las despedidas de novios no son lo suyo.— de nuevo Lucas sonriendo mientras lo decía, parecía que disfrutaba.

¿Qué quieres decir? —dije intentando no comprenderlo.

Pues, que os faltó a ti y a tu hermano un cartel luminoso que pusiese ''Somos novios y nos amamos''.

¿Qué dices...?

Lucas comenzó a andar al campamento, lo seguí corriendo y me puse en medio.

¿Qué quieres decir? —lo miré desafiante.

Joder, macho, ¿En serio? ¿No os disteis cuenta? Todo el campamento sabía que tú y Cristian tonteabais, y de que tu hermano y Jacob hacían cosas, tanto tiempo juntos..., de repente desaparecen un rato..., vuelven juntos...

Eso no quiere decir nada... —dije con preocupación, ¿Enserio era tan evidente?

Claro, si tú lo dices..., pero vamos, yo que vosotros en el pueblo tendría mas cuidado o sería más precavido, porque a lo que a mí respecta, no habéis sabido ocultar lo que hacéis.

En ese momento llegó Rubén.

¿Ya se han ido? —sus palabras sonaban cabizbajas.

Sí, ¿Dónde estabas? —me acerqué a él, pero se apartó.

No me gustan las despedidas..., me voy a echar un rato.

Rubén se alejó y entró al monasterio, yo me despedí y me fui a mi cuarto también, prefería descansar, quería tener mi mente despejada.

Tumbado en la cama me giré y miré por la ventana, mis ojos comenzaron a cerrarse y me dormí...

El sonido de los pájaros cantando y el ruido de un motor de lo que parecía el bus me hizo abrir mis ojos poco a poco, podía ver el sol pegar con fuerza en la habitación, me incorporé y con mis manos despejé mis ojos junto a un bostezo.

Escuché a varias personas hablar, me dio pereza cambiarme y me levanté abriendo la puerta de mi cuarto en pijama, caminé fuera unos pasos y vi como un bus se marchaba del campamento, miré de dónde se alejaba y vi a los dos monitores hablando con varios chicos.

Los chicos nuevos... —murmuré.

Me acerqué y vi entre ellos a Rubén, su mirada se posó en mí y pude ver que su cara tenía un tono más blanco de lo normal, como de sorpresa, me acerqué hasta el grupo y David, que estaba hablando se detuvo.

Y este es el otro compañero, Tomi. —dijo señalándome.

Los chicos me miraron atentos y entre ellos lo pude ver, mirándome con una sonrisa que casi desencajaba su cara.

No, no puede ser...NO TE CREO JODER.

( Continuará... )

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Creado (2014), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

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