Capítulo 17 - La cueva del bosque
Ahí estaba yo, tumbado en mi cama, hacía frío y no quería salir, quedaban cinco días para volver a casa y la verdad es que quería volver cuanto antes, mi hermano está distante desde que zanjamos ser hermanos nada más, y la llegada de cierta persona hace un día no ayudó a que esto mejorase.
—¿Quieres jugar un rato al fútbol?
—No, hace frío, déjame. —dije cortante.
—Joder, que antipático —dijo Akin, entreabrí los ojos y pude parado en la puerta de mi cuarto.
Akin era uno de los cuatro chicos que iban a pasar la última semana del año en el monasterio con nosotros.
—¿Qué? ¿Nadie quiere jugar contigo?
—Pues no, simplemente quiero estar con un amigo, ayer me evadiste todo el tiempo. —dijo Akin sonriendo de nuevo.
—¿Por qué siempre sonríes? —pregunté en parte molesto, todo se lo tomaba a broma.
—¿Y por qué no? La vida es bella. —en ese momento se sentó en mi cama de un salto.
—¡¡Ehh!!, ¡¡Para idiota!! —dije con enojo y lo empujé haciendo que cayese al suelo.
Akin se levantó e intentó sacarme de la cama, estábamos forcejeando entre risas cuando una voz nos sorprendió.
—¿Interrumpo algo? —la voz de Rubén nos alertó, me fijé que no le quitaba la mirada a Akin—. ¿Qué haces tú aquí?
—¿Te molesto? —preguntó Akin burlonamente.
—Pues sí. —dijo Rubén ahora con algo de celos.
—Eso digo yo, Akin, ¿Qué edad tienes? Se supone que al campamento solo pueden venir menores, ¿Eres menor? —pregunté con incertidumbre.
Akin me miró con cara de sorpresa y asombro.
—Joer, tengo dieciséis, ¿Qué edad me echabas? —me miraba curioso.
—¿Solo tienes dos años más que yo? ¡Eso es imposible!, si eres muy alto y...
—¿Y qué? —preguntó cortándome.
—Y muy marcado. —sentencié mirando sus bíceps.
—Genética jajaja.
—Ajá, a saber que te metes. —dijo Rubén.
—¿Y tú? ¿Qué te metes? ¿A tu hermano?
Rubén intentó golpear a Akin pero este le esquivó.
—¡¿Quieres que vuelva a someterte?! —dijo alterado Rubén.
—¡Vale parad chicos! —me puse en medio porque de hacerlo en broma comenzaban a hacerlo con cierto enfado, sobre todo Rubén—. Chicos, enserio, ¿No podéis llevaros bien?
—No. —dijo Rubén.
—Él nos salvó, ¿Recuerdas? Si no llega a ser por él y por su hermano Kon estaríamos aún en esa fábrica y quizás tu muerto. —le recriminé a mi hermanito su actitud con Akin.
—Y se lo agradezco, pero me cae mal. —Rubén miraba con enojo a Akin.
—¿Por qué? ¿Por qué me follé a tu hermano? Tu me follaste a mí a traición, ¡Empate! —dijo Akin con una sonrisa.
Rubén se acercó lentamente hasta Akin y guio su mano hasta las partes de Akin, agarrándolas con fuerza, Akin se dejaba hacer sin oponer resistencia, yo ya me estaba poniendo nervioso, y mis nervios aumentaron cuando escuché como se escuchaban cerca voces y la puerta de mi cuarto estaba abierta.
—¿Qué? ¿Acaso no es suficiente? ¿O quieres algo más de mí? —preguntó Akin con media sonrisa a Rubén, entonces Akin con su mano sujetó el brazo de mi hermanito y acercó más a Rubén hacia él.
Akin besaba los labios de Rubén, pero éste lo apartó con rapidez, el beso fue fugaz y Akin, satisfecho, se separó sonriente, mi hermano llevó su mano a los labios intentando limpiarse la boca con gesto de asco.
—¿Qué haces? —pregunté a mi hermanito, que me miró con furia—. ¿A qué juegas Rubén? ¿Quieres que nos pillen? —pregunté a mi hermano mientras miraba como Akin salía del cuarto.
—Cállate. —dijo Rubén con enojo, y se marchó tras Akin.
Joder, se va a liar si esto sigue así, decidí seguirlos, salí del monasterio pero los perdí de vista, unas ramas cerca de la entrada del bosque se movieron y no hacía viento, era ya entrada la tarde y el sol empezaba a esconderse.
Me di la vuelta y me fijé bien en los árboles y las plantas que rodeaban la zona, en el fondo pude ver un camino que reconocí enseguida, fue el camino que recorrí el día que pillé a los monitores follando.
—¿Sucede algo? —la voz de Akin me alertó.
—Joder, avisa...
—Perdona, es que vi tu cara, ¿Está todo bien?
—Sí, es que os seguí y recordé lo de la cueva y me desorienté un poco, quizás me dio mucho el sol. —mentí, pero no sabía que decirle.
—¿La cueva? —preguntó curioso.
—¿Eh? No sé, mmm voy a echarme un rato. —dije un poco mareado, no sé que me pasaba.
Akin me acompañó a mi cuarto, entramos y me tumbé en la cama, de espaldas.
—Espera, voy a traerte una aspirina. —Akin salió del cuarto y en ese momento entró Toshio, el que iba a ser mi compañero durante esta semana, llegó junto Akin.
—¿Estás bien? —me preguntó preocupado.
—Sí, es solo que me mareé un poco... —dije cabizbajo, estaba como sin fuerzas.
Toshio era un chico de mi edad y misma altura, también iba a mi Instituto pero nunca me había fijado en él, su cabello negro oscuro y sus ojos negros rasgados típico de los asiáticos le daban cierto encanto.
Akin entró y saludó a Toshio.
—Traigo la aspirina. —dijo Akin, que me la ofreció junto a un vaso de agua ante la mirada de Toshio.
—Gracias. —dije, y me tomé la aspirina y el vaso de agua.
—¿Mejor? —preguntó Akin, ahora no sonreía como antes—. ¿Busco a tu hermano?
—No, estoy bien, no quiero preocuparle, quizás son tantas emociones.
Akin se levantó para marcharse y le sujeté de la muñeca.
—Siento lo que te hicimos yo y mi hermano aquel día en la fábrica. —confesé, sin recordar que estaba ahí Toshio.
—Bueno..., cof, cof. —Akin tosió a propósito para que abriese los ojos y entonces vi a Toshio observándonos—. Olvida aquello, además, me lo merecí, yo tampoco me porté bien contigo, es el karma.
Noté como Toshio estaba atento a lo que decíamos y no quise seguir hablando, teníamos público y estas cosas eran mejor que quedasen en privado.
—Bueno, yo me voy, que pronto será la hora de cenar. —dijo Akin, que se incorporó y se marchó.
Toshio se acercó y se sentó a mi lado, en ese momento llegó mi hermano, que llamando a la puerta detuvo a Toshio, que iba a decirme algo.
—Ya está la cena. —dijo Rubén mirándome y haciéndome un gesto de que lo siguiese.
—Voy, ¿Ibas a decirme algo, Toshio? —pregunté al chico mirándole, pero negó con la cabeza y se levantó para proseguir con sus cosas
Me acerqué al armario, saqué una chaqueta y me la puse con cuidado, caminé hasta mi hermano y salimos juntos.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Nada, solo quería que hablásemos... —dijo Rubén en un tono distante.
—Ok, vaaale, te pasa algo, ¿Qué es? —me detuve en seco y lo sujeté del brazo para quedar frente a frente.
—¿Qué me pasa? Pues que veo que te llevas muy bien con ese negro. —dijo Rubén en tono despectivo.
—¿Qué? Primero, ''ese negro'' tiene nombre, se llama Akin, y en segundo lugar, ¿De qué vas?
—¿Yo? —preguntó con sarcasmo.
—Sí, tú, me estás decepcionando, no creí que mi hermanito fuese racista. —dije decepcionado.
—No, perdona, no soy racista, solo me molesta que...
—¿Qué? —le corté con enfado—. Akin se portó mal, sí, pero nosotros también con él, está intentando redimirse, y yo ya le perdoné, si no quieres hacerlo tú, perfecto, pero no me vengas con escenas de celos, porque habíamos quedado en que solo seríamos hermanos ''normales'', ¿O no?
Rubén se mantuvo en silencio mientras veíamos al resto de chicos llegar al comedor para cenar, me miró y afirmó con la cabeza.
—Tienes razón, lo siento, es que..., me cuesta, me cuesta aceptar esto. —dijo impotente.
—Lo sé, a mi también, Rubén, pero es lo mejor, por favor, haz el esfuerzo. —dije cogiendo su mano con la mía.
Rubén apretó los labios y vi como sus ojos se pusieron vidriosos, estaba a punto de llorar, lo sujeté atrayéndole hacia mí y lo abracé, me daba igual si nos veían, ambos necesitábamos ese abrazo.
En ese momento apareció Toshio que iba hacia el comedor también, nos separamos y nos saludó siguiendo su camino.
—Bueno, vamos al comedor, además, debo contarte algo importante. —le dije mientras le acompañé dentro.
Recogí mi bandeja con la comida y me acerqué a una de las mesas, eran rectangulares y de madera, me senté en el banco alargado que hacía de silla a esperar a mi hermano, en ese momento apareció Akin y se sentó a mi lado.
—¿Puedo? —preguntó Akin.
—Si ya te has sentado, pero sí. —dije.
Rubén se acercó y al ver a Akin a mi lado puso mala cara, aún así le vi suspirar y se sentó frente a mí, a escasos veinte centímetros.
Los demás chicos comenzaron a cenar y el ruido en el comedor no se hizo esperar.
—Bueno, debo deciros algo importante. —dije ante la expectación de Akin y Rubén.
—Espera, ¿Con este delante? —preguntó mi hermano con cierto desagrado, no le hacía gracia la idea de que Akin estuviese con nosotros.
—Sí, quiero..., veréis, lo estuve pensando, quiero hacer algo. —mis palabras los sorprendieron.
—¿Hacer qué? —preguntó Akin.
—Veréis, cerca de aquí hay una cueva, es super siniestra, en ella pillé a los monitores follando.
Los dos me miraron in crédulos y sorprendidos, no me terminaban de creer, miraron a los monitores, que comían mientras hablaban entre ellos.
—Joder con los monitores. —dijo Akin.
—Ya..., bueno, el caso es que, me gustaría que los tres fuésemos a la cueva en la noche, cuando todos duerman. —propuse.
—¿Qué? ¿Para qué? —preguntó mi hermano.
—Pues..., quiero que hagamos un trío... —dije e inmediatamente bajé la mirada, solo obtuve silencio, conté veinte segundos, no sabía si mirarlos, estaba ahora arrepentido de lo que había propuesto.
—¿De despedida? —preguntó mi hermano.
—¿Despedida? —la pregunta de Akin demostraba que no sabía a lo que mi hermano se refería.
—Sí. —afirmé.
—Vale, estoy de acuerdo, uffff. —salió el lado perverso de mi hermanito.
—¿De verdad? —pregunté sorprendido por su rápida afirmación.
—Que sí joder, yo quiero hacer el trío, pero quiero follarme al negro. —dijo Rubén.
—Sigue soñando. —dijo Akin en tono burlón.
—¿Entonces? ¿Estamos de acuerdo? —les pregunté, los dos me confirmaron con la cabeza—. Bien, esta noche, en la madrugada, quedaremos a las afueras del monasterio, os guiaré a esa cueva, quiero hacerlo, necesito hacerlo. —mientras terminábamos de cenar les seguí contando mi plan.
Y así, pasaron las horas y llegó la noche, nos fuimos a dormir a nuestro cuartos, estaba tumbado esperando a la hora acordada, la madrugada, las doce.
Toshio no paraba de moverse en la cama, me empezaba a poner nervioso, entonces vi una sombra en la ventana, tapaba la luz que la luna introducía en la misma.
La figura, parecía humana, iba a mirar pero vi como desapareció, es como si alguien se hubiese asomado un momento a mirar dentro de nuestro cuarto, me empecé a estremecer, igual no era buena ir a la cueva de noche, en medio del bosque y en donde los monitores me hicieron lo que quisieron conmigo.
Pero ya no había vuelta atrás, pensando y pensando pasó el tiempo y ya era la hora, Toshio ya se había dormido, no se movía, me levanté con cuidado de no despertarle, cogí mi móvil, que haría de linterna.
Caminé despacio, me puse las zapatillas y una chaqueta, abrí la puerta y miré fuera, todo estaba en silencio, salí y cerré con sumo cuidado, caminé unos pasos y giré hacia la derecha tras salir del monasterio, allí ya estaban Rubén y Akin.
Akin, al ser tan negro, apenas era visible, las oscura noche hacía que nos costase distinguirlo, me acerqué y me miró sonriente, sus dientes blancos contrastaban con su oscura piel.
—¿Estáis seguro de esto? —preguntó Akin, que sacó una linterna de su bolsillo, para colmo iba con un pantalón oscuro y una chaqueta de color negra, parecía que quería camuflarse con la noche.
—Sí, venga, necesito hacer esto, vamos a disfrutarlo. —dije tajante.
Rubén, en silencio nos acompañó, los tres empezamos a caminar hacia dentro del frondoso bosque, el ruido de las ramas que pisábamos era el único que escuchábamos.
La luz de la luna iluminaba un poco nuestro alrededor, pero a la vez le daba un toque tenebroso y siniestro, no ayudaba precisamente a que estuviésemos tranquilos.
Una leve brisa comenzó a mover las plantas y ramas de los árboles haciendo caer la nieve al suelo, y un ligero temblor recorrió mi espalda al sentir el viento sobre mi piel, empezaba a sentir ganas de salir corriendo y meterme en la cama, pero ya era tarde para echarse atrás.
—¡Allí, la cueva! —dijo Rubén, señalando lo que parecía la entrada a una cueva, el agujero era muy grande y oscuro, estaba sobre una roca enrome, que parecía que colindaba con el monte.
—Vamos. —dijo Akin.
Los tres avanzamos dentro con lentitud y sumo cuidado, Akin con su linterna alumbraba a los alrededores, yo por mi parte usaba la linterna del móvil, la cueva era bastante profunda, seguimos avanzando y vimos al fondo un colchón en el suelo, parecía en buen estado, como si hubiese sido puesto ahí hace poco.
El colchón estaba rodeado de ramas de mimbre, conforme nos acercábamos y pisábamos dichas ramas, crujían con fuerza.
—¿Qué significa esto?, ¿Qué hace aquí un colchón? ¿Es el que usaran los monitores para follar aquí? —Rubén se acercó y se agachó inspeccionando el mismo.
—¡Mirad! —la voz de Akin nos alertó y nos acercamos a observar lo que miraba, había una especie de altar, de tamaño considerable, como si pudiese tumbarse ahí una persona, estaba hecho de piedra—. ¿Aquí sacrificaban humanos en otra época o qué?
La pregunta de Akin me estremeció.
—No sé, pero está limpia, no ha sido usada en mucho tiempo, está muy desgastada. —dijo Rubén.
Eso en parte me alivió, pero no me quitaba la sensación de que algo no iba bien desde que entramos a la cueva, entonces lo noté, la brisa de aire ya no estaba, y el ruido ambiente había desaparecido.
—Vámonos. —dije con mal presentimiento—. Tenemos que irnos, ¡Ya!
Pero era tarde, unos pasos que se acercaban a la cueva nos alertó, nos miramos y nos escondimos corriendo detrás del altar apagando las linternas, los pasos se intensificaban, cada vez estaban más cerca.
Los latidos de mi corazón latían con mucha intensidad, no fue buena idea esto, todo por el sexo, estaba enfermo, por mi culpa estábamos en peligro.
Entonces sentí una mano agarrar la mía, miré y vi a Rubén asustado, apreté su manó con fuerza intentando reconfortarle, Akin hizo lo mismo y con sus manos intentó que nos agachásemos más.
Los pasos se detuvieron, no se escuchaba nada, pero sabíamos que alguien, o algo, estaba ahí, con nosotros, su respiración lo delataba.
Se comenzó a escuchar el crujido del mimbre que rodeaba el colchón, se acercaba a nosotros, el ruido de algo siendo arrastrado aceleró con mayor intensidad mi pulso.
Sin querer, al estar apoyados en el altar, éste perdió fuerza y se movió dando un fuerte crujido, entonces escuchamos los pasos de nuevo, que ahora con mayor rapidez caminaban hacia nosotros y entonces nos vio, pude ver sus ojos en la oscuridad.
Y nosotros, agachados e indefensos, nos quedamos petrificados por el miedo.
Una luz iluminó nuestras caras cegándonos temporalmente.
—¿Qué hacéis? —la voz provenía de la luz, y era una voz que reconocí.
—¿Lucas? —me levanté con mi mano intentando evitar la luz de lo que parecía una linterna.
Lucas apartó el haz de luz de mi cara a un lado y pudimos verle, ahí de pie mirándonos.
—Repito, ¿Qué hacéis? —preguntó Lucas.
—¿Qué qué hacemos? Huir, joder, pensábamos que... —dijo Akin.
—¿Qué qué? —preguntó Lucas—. No deberías estar aquí, podrían echaros, está prohibido, venga, volved a vuestros cuartos.
Nos levantamos mas calmados y caminamos a su lado.
—¿Te vas a chivar? —preguntó Rubén.
—No, pero si nos largamos ya.
Los tres, acompañados de Akin comenzamos a salir de la cueva y observamos el colchón.
—¿Qué intentabais?, ¿Un trío?, Me hubieseis invitado. —dijo Lucas con un tono entre sarcástico y sincero guiñando un ojo.
—No, ese colchón ya estaba aquí. —dijo Rubén.
—Es que vinimos para hacer un trío real jajaja. —soltó Akin entre risas.
—¿Tú eres tonto? —le recriminé.
—¿Enserio? —preguntó Lucas a Akin, que me miró y sonrió, me di cuenta, me detuve justo cuando íbamos a salir de la cueva.
—¿Por qué le has dicho eso? —pregunté enojado.
—¿A qué te refieres? —preguntó Akin fingiendo—. Era una broma.
Lucas permanecía callado mientras discutíamos.
—Venga, volvamos al monasterio. —ordenó Lucas.
Los cuatro, en silencio, volvimos al campamento, me jodía no haber podido hacer el trío con mi hermanito y Akin.
A la mañana siguiente desperté y escuché risas, miré por mi ventana y vi en el lago a Akin y mi hermanito patinando entre risas y bromas, no pude evitar sentir ciertos celos y enojo.
—Están muy juntitos, ¿No? —la voz de Lucas me sobresaltó.
—Joder, avisa macho, pareces un fantasma.
Lucas se acercó a la ventana y se puso a mi lado, observando a Rubén con Akin.
—¿No se llevaban mal? —preguntó.
—Bueno, se han hecho amigos... —dije sin convicción.
—Claro, claro..., pero...
—¿Pero qué Lucas? No me gustan estas cosas, dilo claro y ya. —me puse nervioso.
—Como quieras, que aburrido eres, el caso es que esta mañana paseaba por el bosque y los vi juntos, cerca de la cueva, como intentando no ser vistos...
Mi corazón se detuvo, mi respiración también, ahí morí.
—No puede ser... —mascullé.
Tras esa revelación, estuve todo el día observando a mi hermanito y a Akin, y efectivamente estaban más juntos de lo que pensé, de hecho, cuando yo estaba con ellos actuaban como si no fuesen amigos, pero por separado...
Sentí rabia y celos, ¿Pero qué podía hacer? ¿Seguirlos como un lunático por la noche?
Sí..., lo iba a hacer...y así, esperé a la noche.
—¿No duermes? —Toshio me miró con curiosidad, estábamos tumbados en nuestras camas, ya era de noche y esperaba a que Toshio se durmiese para salir.
—No tengo sueño. —dije, y seguí leyendo el cómic sin mirarle.
—Bueno, yo voy a dormir ya, que mañana es el último día que dormiremos aquí, se me hizo muy corto estar en el monasterio, tú tienes más suerte, estuviste aquí dos semanas...
—Sí, supongo... —dije desganado, duérmete ya niño pesado, pensé.
Toshio se recostó bien y esperé un rato, le miraba a veces hasta que comprobé que su respiración era relajada, ya estaba durmiendo.
Me levanté con cuidado, estaba ya vestido, me acerqué y me puse las zapatillas de deporte, abrí con cuidado la puerta y justo vi como Rubén y Akin entraban en el bosque.
—Hijos de puta traidores... —mascullé.
Esperé un rato en la puerta y los comencé a seguir, me metí entre la maleza y caminé con la ayuda de la luz de la luna, ya me sabía el camino de memoria, mientras llegaba pensaba en mil formas de asesinarlos entre terribles sufrimientos, en que de verdad, vaya dos traidores..., la culpa fue mía por proponer el puto trío.
Divisé la cueva y me detuve un momento a escuchar, pero no se oía nada, caminé despacio dentro y la oscuridad era mayor, me adentré con seguridad hasta que empecé a escuchar unos gemidos.
Entonces los vi, mi hermanito estaba a cuatro mientras Akin le follaba, podía verles por la linterna que había de pie para iluminar un poco esa zona, me costaba distinguir la piel oscura de Akin, pero podía verlo sujetando de la cintura a mi hermanito, que con su piel blanca contrastaba con la de Akin.
Akin se estaba follando a mi hermanito en la cueva, me sentía muy mal, quería morirme, apreté con fuerza mis puños de impotencia y decidí marcharme.
( Continuará... )
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