jueves, 28 de noviembre de 2013

Mi hermanito - Capítulo 13 ''El Monasterio''

Capítulo 13: El Monasterio

Al salir del edificio comenzamos a mojarnos de nuevo, la lluvia no había cesado aún, no sabía que hacer...

Kon se acercó a un banco que había cerca de la fábrica y lo posó ahí tumbado, le dio varias palmadas en la cara pero no reaccionaba.

Rubén, por favor, ¡Despierta! —gritaba desesperado.

Kon comenzó a hacerle el boca a boca y las maniobras de reanimación, ante mi mirada impotente.

Akin me sujetó y no pude evitar abrazarle entre lágrimas, no quería ver a mi hermano morir, Akin me abrazó con fuerza sin decir nada, mientras escuchaba el sonido de la lluvia y a Kon intentando reanimar sin éxito a Rubén.

Cof, cof..., —Rubén se incorporó tosiendo con dificultad.

¡Rubén! —me abalancé con velocidad y lo abracé, aún llorando—. ¡¡Pensé que te perdía...!!

Pues aprieta con menos fuerza o me pierdes de verdad... —dijo con tono de broma.

Perdona. —me separé y me limpié las lágrimas, me giré donde Kon y le di las gracias.

No ha sido nada, mi curso de primeros auxilios ayudó mucho. —dijo Kon con una sonrisa.

Es que el cenutrio está estudiando para ser médico, ah, perdona, es Kon, un amigo. —intervino Akin.

Igualmente, gracias. —repetí, mi hermano se incorporó y observó a Akin, apartó la mirada mientras se limpiaba la sangre de la nariz con su muñeca.

Bueno, es curioso que la última vez que nos vimos fue también aquí, ¿No? —dijo Akin con sarcasmo.

Sí... —murmuré avergonzado, ahora después de ayudarnos me sentía mal por lo que Rubén y yo le hicimos aquella noche en este mismo lugar.

Bueno, nosotros ya nos vamos, que llegamos tarde, deberías denunciar a esos canallas. —sugirió Kon.

No, ya nos encargamos nosotros. —dijo Rubén un poco cortante.

Los dos chicos se despidieron y se marcharon dejándonos allí, nos cobijamos bajo el techo de la fábrica, en la entrada, mientras nos recomponíamos y esperábamos a que la tormenta amainara del todo.

Tenemos que denunciar. —dije.

¿Qué?, ¿¡Te volviste loco!?, ¿Sabes que pasará si lo hacemos?, arriesgas que descubran lo que hacemos entre nosotros, a que se descubra lo del Internado...

Me quedé callado, Rubén tenía razón, pero sabíamos que Peter y Luis no dejarían de molestarnos, algo teníamos que hacer.

¿Te duele? —le miré el corte que tenía en el labio.

No, no te preocupes, ¿Qué pasó cuando perdí el conocimiento? Lo que recuerdo esta borroso...

¿No recuerdas nada?

No, lo último fue que salimos corriendo después de atacar al gigante ese. —mi hermano esbozó una ligera sonrisa de impotencia.

Pues..., llegaron Akin y su amigo y nos defendieron, tuvimos suerte... —mentí, o más bien quise evitar decir que me obligaron a hacerles sexo oral...

Lo miré y pude observar a mi hermano bastante decaído, muy frágil, me acerqué y lo abracé de nuevo.

Ya todo pasó, volvamos a casa, ya pensaremos qué hacemos. —dije.

La tormenta amainó un poco, lo suficiente para volver a casa, nos duchamos y ese día la pasamos descansando, estuvimos unos días sin hacer nada, haciendo vida normal, escuela, entrenamiento y demás.

Ah sí, el entrenador no ha vuelto a aparecer desde aquel día en el que abusó de mí, ¿Culpabilidad? El caso es que los entrenamientos los tuvimos que hacer nosotros solos e incluso se suspendió un partido, supuestamente, porque el entrenador estaba de ''baja por gripe''.

Y así, terminó el primer trimestre, habían pasado casi cinco semanas de lo ocurrido en la fábrica, no volvimos a ver a Luis y Peter, aunque sí pude ver más de una vez a Lucas, pero ni se acercó a nosotros, disfrutamos de paz un tiempo.

Como dije, también nos dimos espacio mi hermano y yo, tras todo lo que había ocurrido estos meses necesitábamos que la normalidad hundiese un poco nuestras vidas.

Llegaron los primeros días de navidad, mi hermano los pasaba con Jacob jugando a la videoconsola en su casa, yo por mi parte me apunté al equipo de béisbol de la escuela, lo cierto es que nuestra vida empezaba a tomar un rumbo más sano y era de agradecer, aunque echaba de menos el cariño y afecto de mi hermanito...

Es un sitio muy bonito, está decidido, pasaréis las navidades aquí. —mi madre soltó un folleto en la encimera de la cocina, estaba sentada tomándose un café, ante mi mirada y la de Rubén.

Nuestros padres iban a visitar a nuestros abuelos y mi tía, que viven en Portugal, lógicamente nosotros no quisimos ir, así que nuestros padres nos propusieron pasarla en un Monasterio para chicos, justamente para pasar las navidades, el Monasterio estaba en lo más alto del monte del Condado, serían dos semanas, eso fue lo que nos propuso.

A regañadientes mi hermano y yo aceptamos como pudimos, de todas formas no estaría tan mal, es como pasar las navidades pero vigilados por monitores.

Y así, la última semana de Diciembre llegó, era lunes por la mañana, llegó el gran día, nuestros padres nos acercaron en coche hasta la parada del bus, con nuestras mochilas, en las que llevábamos ropa de invierno y algunos cómics.

Tras despedirnos, los vimos alejarse en el horizonte.

Puff, dos semanas, que asco. —se quejó mi hermanito Rubén.

A ver, no es tan malo, solo habrá chicos, y será divertido.

Sí, pero no podremos hacer cosas, prefería estar en casa contigo...

Ya... los dos empezamos a estar de bajón.

A los pocos minutos llegó el autobús, se detuvo y subimos a él, nos costó con las pesadas mochilas, cogimos asiento y así, mi hermano y yo estábamos montados en el autobús que nos llevaba a nuestro destino, el autobús estaba totalmente vacío, era muy triste.

Pocas paradas después, fue parando en diferentes casas y varios chicos fueron subiendo, entre ellos Cristian, un amigo de mi clase, que iba acompañado de su hermano Daniel, cuando nos vieron se acercaron a nosotros, que estábamos en la parte de atrás.

Como dije, Cristian va a mi clase, es un chico de piel muy blanca, pelo castaño claro y ojos verdes oscuros, su hermano, Daniel, que va a dos cursos por detrás de Cristian, también de piel muy blanca salpicada por unas pecas en su cara y nariz, su pelo, que tiraba mas a pelirrojo brillaba con los rayos del sol que entraban por las ventanas del autobús, sus ojos azulados adornaban su carita de ángel.

¿Vosotros también vais? —Cristian se sentó junto a su hermano en los asientos de la izquierda, nosotros estábamos en los de la derecha.

Sí, dos semanas disfrutando ese maravilloso sitio —Rubén sonaba sarcástico.

Venga, ¡Será divertido! Yo es la segunda vez que vengo. —Cristian miró sonriente a mi hermano mientras sacaba unos chicles para ofrecernos uno—. ¿Quieres?

Mi hermano lleva Brackets, no puede, yo sí. —mi hermano alargó la mano y cogió uno llevándolo a su boca mientras me sonreía vacilón.

Es cierto, dos semanas antes de terminar el primer trimestre, me pusieron Brackets, los odiaba.

El bus hizo otra parada y Jacob, compañero de clase y amigo de mi hermano, subió, nos miró y se acercó a nosotros, Jacob, un chico de pelo castaño claro y más bien bajito nos observó sonriente, sus ojos eran color miel.

El bus siguió el trayecto hasta su destino, un camino bastante viejo y en mal estado, cerca del monte Charb, el camino, se desviaba hacia dentro de un bosque profundo y lleno de árboles, estaban todos nevados, se notaba que nos acercábamos a lo más alto y profundo del monte.

El bus avanzó varios minutos más hasta que salimos de la espesura del bosque y se detuvo cerca de la entrada del monasterio, era muy famoso en el condado por su gran lago, eso sí, en invierno casi helado, que pegado al monte nevado formaba paisajes hermosos.

Nos fuimos bajando, ya notábamos el frío, el suelo, también nevado, se hundía hasta casi nuestros tobillos, en frente de nosotros habían dos monitores, un chico que rondaría los treinta años, bastante definido, de ojos azules claros y corte militar, a su lado, una chica mas joven, de unos veinticinco, tal vez menos, al contrario que el chico, ella lucía un pelo largo y ondulado, de color caoba.

Ambos nos observaban sonrientes mientras bajábamos del bus.

Bienvenidos al Monasterio Lookrain, aquí pasaréis dos semanas que nunca olvidaréis, yo me llamo David y mi compañera se llama Luva. —el chico sonreía tanto que su dentadura casi se desencaja.

David, el monitor, nos pasó un papel que parecía un formulario—. Rellenad este formulario por completo, a la hora de comer deberéis entregárselo a Luva, allí es donde nosotros nos alojamos, no dudéis en acercaros para cualquier duda o problema que haya. dijo señalando una cabaña fuera del monasterio, era de aspecto clásico, su madera con tonos marrones oscuros y claros llamaba la atención en comparación a la zona tan blanca de la nieve por la que era rodeada.

Otra cosa, aquí los móviles no sirven, podéis sacar fotos, grabar vídeos, pero no hay cobertura, si ya de por sí en el Condado cuesta, aquí es imposible, no hay Internet ni televisión. —dijo Luva sonriendo de nuevo, empezaba a ser perturbador esto, parecía una historia de RL Stine.

Nuestras quejas no se hicieron de rogar, ¿Sin Internet ni televisión? ¿Sin cobertura?

Bueno, para que luego digan que no se puede viajar en el tiempo, estamos en el siglo dieciocho. —la voz de mi hermano sonó con sorna y los chicos empezaron a reírse.

Bueno muchachos, acompañadme y os diré cuál será vuestra estancia. —la chica, Luva, indicó con sus manos que la siguiésemos.

Junto a mi hermano, Cristian, Daniel, Jacob y tres chicos más que sólo conocía de vista en la escuela comenzamos a caminar, por el camino se detuvo en la entrada del bosque.

Esta zona está prohibida, tiene mucho terreno y el bosque espeso hará que os perdáis, si pillamos a alguien dentro será expulsado irremediablemente. —Luva parecía contundente, fue el único momento donde dejó de sonreír.

Miré el bosque, el poco viento que hacía agitaba las ramas, haciendo caer la nieve al suelo y los crujidos de los árboles hacían un fuerte ruido, entre sus tenebrosas sombras me pareció ver una silueta, presté más atención y parecía una silueta humana.

¡Tomi! —la voz de Rubén me devolvió al presente, me hacía señas para continuar, miré de nuevo donde estaba la silueta pero ésta ya no se encontraba.

Seguimos avanzando y pasamos cerca del lago.

El lago Lookrain, no está prohibido en sí, pero sí tiene un horario, nunca, repito, nunca os metáis en él sin permiso, está helado, a veces, por las mañanas, bajo supervisión, es posible meterse unos minutos, todo lo que sea fuera de esto, acarreará castigo, sin contar, que si está muy helada podrías enfermar.

Continuamos caminando y por fin entramos al monasterio, no era muy grande, la planta baja estaba compuesta por el comedor, zona de estudio, sala de juegos y un gran patio para jugar a algún deporte, el piso de arriba constaba de unos baños con sus respectivas duchas y varias habitaciones, el tercer piso estaba prohibido también, además de cerrado con cadenas.

Las habitaciones daban a la zona del bosque, las ventanas eran enormes, dejaban entrar mucha luz, y estaban adornadas por diferentes plantas y enredaderas que llegaban hasta el suelo exterior de la fachada.

Muy bien, esta es la zona de las habitaciones, son cuatro cuartos y están preparados para dos personas, os encargareis vosotros mismos de su mantenimiento y limpieza, bueno, a continuación diré los nombres e iréis avanzando hacia los mismos

Disculpe, Luva, ¿No podemos elegir nosotros? —levanté la mano mientras le preguntaba, como si aún estuviésemos en la escuela.

No, una de las normas es que no se pueden escoger compañeros, se trata de hacer nuevos amigos y pasarlo bien, no que se escojan amigos y alguno quede marginado.

Pero profesora, yo no puedo dejar a mi hermano con un desconocido... —Cristian sonó preocupado.

¡Puedes llamarme por mi nombre! Profesora suena a muy mayor, ¡Y aún soy joven! —Luva guiñó un ojo a Cristian—. No te preocupes, no le pasará nada, ninguno de los que estáis aquí tiene mala conducta, ni malas notas, es uno de los requisitos para poder optar a entrar.

Todos nos mirábamos con dudas, esta regla no nos convencía del todo, ¿Por qué no poder escoger con quien íbamos a pasar las navidades durmiendo? Si me tocaba con uno de los que no conozco me iba a joder, yo quería estar con mi hermano...

Muy bien, Jacob, tu irás con Rubén —mi hermano sonrió y Jacob también, en parte me jodió, sentí celos—. Cristian, tu irás con Hugo.

Cristian miró con enfado al chico que le había tocado, Hugo era un chico de nuestra estatura, su pelo negro y en punta lo acompañaba con su piel también oscura, un tono café que hacía aún más llamativos sus ojos, verdes claros

Tomi, tu irás con Daniel. —proseguía Luva.

Me tocó con el hermano de Cristian, que me miró sonriendo, Cristian también me miró y después a su hermano, respiró tranquilo al saber que estaría conmigo y no con un desconocido, aunque viendo mi historial, igual era mejor que le tocase un desconocido jajaja.

Y por último, Matías, tu irás con Draco, ¿Ese nombre te lo pusieron por Harry Potter? —preguntó Luva.

Si, ¡Mi padre es un fanático de los libros! —Draco, que así se llamaba el chico, lo decía orgulloso, encima era precisamente rubio, aunque un rubio mucho mas oscuro tirando a castaño y de piel blanca, acompañado de unos ojos marrones, en su ceja lucía un corte, seguramente intencionado, conforme decía el motivo de su nombre algunos nos reímos por bajo.

El que sería su compañero, Matías, era un chico gordito pero bastante guapo de cara, miraba al suelo apenado, iba con corte militar como el monitor David, aunque parecía que el color de su pelo era oscuro, sus ojos marrones terminaban de darle personalidad a su cara.

Muy bien, éstos serán vuestros compañeros, con los que pasaréis las próximas dos semanas, podéis ir sacando toda vuestra ropa y demás para colocarlo todo bien en vuestros nuevos hogares y en dos horas id al comedor, ya sabéis que está en la planta de abajo, ah, y recordad traer el formulario completo.

Hicimos lo que nos dijo y cada uno entró a su respectiva habitación, era mas pequeña de lo que pensaba, dentro, habían dos camas de aspecto antiguo a cada lado pegadas a la pared, con cabeceros de madera junto a una mesita por cama, a cada lado de la entrada del cuarto había un armario, también de aspecto antiguo, de madera color oscuro, cada uno miraba en frente de la cama, el suelo estaba compuesto por un parqué de madera, parecía nuevo, era adornado por una gran e inmensa alfombra de color azul oscuro, yo me fui a la cama de la izquierda, abrí la maleta, saqué la ropa y la metí en el armario que había en frente, Daniel hizo lo mismo, cada cuarto estaba equipado con dos camas, dos mesitas, dos armarios y una gran ventana en medio, separando la cama y armario de cada uno.

Me quité las zapatillas y me quedé descalzo, con mis pies descalzos noté el suave tacto del parqué y la alfombra, me gustó la sensación, me tumbé en la cama y miré el formulario, pedía los datos típicos, edad, altura, peso, país, problemas de salud, alergias..., lo solté en la mesita que tenía al lado y me quedé mirando al techo.

¡Vaya mierda! —lamenté, Daniel, al escucharme, se acercó y se sentó a mi lado.

¿Por qué dices eso? ¡A mi me gusta esto!

No, si es bonito y me gusta, pero... —me quedé en silencio, no podía decirle que quería estar con mi hermano, le haría sentir mal.

¡Oye! ¡¿Y si vamos al lago?! Aunque sea a mirarlo, es precioso. —Daniel se comenzó a desvestir.

¿¡Qué!? ¿Ahora? —miré como Daniel se iba quitando la ropa de espalda hasta quedarse desnudo, era muy blanco, pero su culo lo era aún mas, se veía suave y bonito, cuando me quise dar cuenta mi pene se había puesto duro, me incorporé sentándome en la cama para que no se diese cuenta.

Se dirigió a su armario y empezó a buscar en un cajón, al inclinarse podía ver mas su culo, se giró y vio que le estaba mirando.

¿Te gusta lo que ves? —dijo con tono lascivo, Daniel se acercó a mi lentamente, moviendo sus caderas de forma sensual.

¿Eh? No, yo...

Daniel se detuvo frente a mi y con su mano tocó mi entrepierna.

¿Y esto? ¿Lo vas a dejar así? —me miró de nuevo de forma lasciva, tenía a Daniel, el hermano de mi mejor amigo totalmente desnudo y provocándome.

Pude ver como se agarraba con firmeza su pene, de unos doce centímetros y duro, muy duro, sus huevos, pequeños y duros también, adornaban su polla.

Me lanzó una sonrisa provocadora y con sus ojos hizo un gesto para que tocase.

No le hice esperar, me acerqué, sentado en mi cama, y él de pie, abrí la boca y engullí todo su pene, podía sentir su líquido seminal en mi boca, degusté con placer su sabor, era delicioso, con mi mano izquierda comencé a masajear sus huevitos a la vez que le comía la polla, mi mano derecha tocaba su cuerpo, su piel, suave y tersa.

Daniel, que estaba muy caliente, comenzó a gemir sin parar, sujetó mi cabeza y me embestía con fuerza, el puto niñato disfrutaba mi boca, sus gemidos aumentaban, mi boca le daba un placer único, seguí chupando su polla sin detenerme, succionaba y lamía toda la punta, se bajó más la piel y sentí como se sacudía.

El cabrón me tuvo sujeto y no me quedó otra que tragar toda su corrida, bastante líquida pero deliciosa, me corrí sin tocar, solo chupando la polla del hermanito de mi mejor amigo, tras eso, Daniel me soltó y me miró mordiéndose el labio.

¡¿Qué coño está pasando aquí?! —Cristian, su hermano mayor, estaba en la puerta, con la mirada ida, yo, temblando, no sabía qué hacer...

¿Y tú? ¿Qué hubieses hecho? Empieza bien las dos semanas en el Monasterio...

( Continuará... )

¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^

Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆

Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© TeenBoy

Safe Creative Code: 2309245396403

sábado, 22 de junio de 2013

Mi hermanito - Capítulo 12 ''La fábrica''

 Capítulo 12: La fábrica

Escuchamos pasos y voces, hablaban entre ellos, se escuchaban aún lejos, Peter avisó que estábamos dentro de la fábrica, sus pasos indicaban que habían entrado.

La lluvia de la tormenta volvió a pegar con fuerza, eso nos daría cierta ventaja, gracias al ruido de la misma podríamos intentar escapar sin que nos escuchasen.

Al fondo pude distinguir la cabeza de Peter, estaba en nuestra planta buscándonos, miré a mi hermano y lo señalé para que lo viese, al verlo nos metimos más dentro de los escombros, no podrían vernos a no ser que se asomasen debajo directamente.

¡Salid! ¡Putas ratas! Salid o será peor, ¿Pensáis que estáis aquí a salvo? Os prometo que si sois obedientes seré bueno, ¡¡Pero si me seguís enfadando no salís de aquí con vida!! —gritó Peter, que sabía que nos tenía acorralados.

Allí estábamos, indefensos, contra cuatro chicos más grandes que nosotros y mucho más violentos y furiosos, en una fábrica abandonada a varios kilómetros de distancia del condado.

¿Los encontraste? —Lucas y Víctor llegaron hasta donde estaba Peter.

No, separaros, si no están aquí..., estarán arriba, Lucas, quédate aquí, Víctor, ven conmigo. —ordenó Peter.

Mi hermano y yo mirábamos entre las rendijas de los escombros como se alejaban a la siguiente planta, el problema es que Lucas, el mas corpulento del grupo, se quedó vigilando.

Espérame aquí, tengo una idea. —susurré a mi hermano, que sujetándome intentaba evitar que saliese.

¿Qué vas a hacer? —preguntó temeroso.

Lo miré y cogí la piedra de su mano.

Déjamelo a mi, tu prepárate para bajar corriendo, ¿De acuerdo?

Está bien... —mi hermano asintió a regañadientes.

Me acerqué rodeando los escombros de la zona hasta posicionarme varios metros por detrás de Lucas, avancé hasta él despacio y agachado ante la atenta mirada de Rubén.

La lluvia tapaba el sonido de mis pasos.

Me puse hasta su altura y sujetando con fuerza la piedra se la estampé contra la cabeza con todas mis fuerzas, éste al notar el golpe cayó al suelo llevándose las manos a la cabeza, aproveché y salí corriendo junto a mi hermano.

¡Rápido! ¡Se van! —Lucas avisó a los otros dos mientras se quejaba de dolor, que asomándose desde arriba miraban a Lucas.

Miré detrás, Lucas se levantó con rapidez a pesar del golpe y comenzó a seguirnos muy rápido, en ese instante tropecé y caí al suelo. Rubén intentó levantarme pero Lucas lo sujetó con fuerza desde atrás, entonces Luis apareció detrás de mi también, cuando quise darme cuenta estábamos rodeados.

Rubén se agitaba sin parar a pesar de que sus esfuerzos eran inútiles por la fuerza que Lucas tenía en comparación a la suya.

Bueno, al fin todos juntos de nuevo. —Peter se acercó a mi hermano y le propinó un puñetazo en el estómago que lo hizo caer al suelo tosiendo.

¡Déjale hijo de puta! —intenté ir contra él pero Luis me sujetó—. ¡Cabrones! ¡Sois unos bastardos!

Peter hizo un gesto a Lucas, éste, sujetó a Rubén de nuevo con firmeza, lo mantuvo de rodillas y Peter se acercó a él, le propinó una patada en la cara que lo dejó tumbado sin reacción.

¡Basta! ¡Parad! ¡Dejadle! —mis gritos de agonía y mis golpes hacia Luis era inútiles.

Lucas puso encima de mi hermano su cuerpo para inmovilizarlo, aunque Rubén apenas tenía conocimiento, su boca y nariz sangraban.

¡Vaya por dios! ¡Su cara de angelito esta manchada! —Peter comenzó a reírse—. ¿No sabes las cositas que u hermanito querido hizo en el Internado?

Peter comenzó a dar vueltas por donde estaba mi hermano tirado en el suelo.

Verás, allí pasaron ciertas cosas, cosas que lo convirtieron en mí perro, ¿Entiendes? Pero fue muy, muy desobediente, y tuvimos que castigarlo..., Luis me ayudó, ¿Verdad?

Luis afirmó con la cabeza sin dejar de soltarme, pero yo ignoraba lo que decía ese loco, solo pensaba en salir de allí y socorrer a mi hermano.

¿Cómo se llamaba el chico aquel del que se enamoró? —preguntó Peter—. Era..., ¿Mathew?

Marcos. —intervino Luis.

Eso, Marcos, ¡Es verdad!, ¡Markitos! —dijo en tono jocoso—. Pobre..., aún recuerdo...

¡Déjanos marchar! —le corté enfadado.

¿Quién te dijo que hablases? —Su mirada desafiante me miró con ira, se agachó dónde mi hermano y sacó la navaja colocándola en su cuello—. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por salvar a tu hermano?

Su mirada taladraba la mía de forma amenazante.

¿Qué quieres...? —mascullé con rabia.

Buen chico, Luis, suéltalo. —ordenó Peter.

Luis me soltó y se apartó a un lado.

En primer lugar, quiero que confieses que eres nuestro esclavo, que serás nuestra putita, la de todo mi grupo, y que serás obediente.

Lo miré con rabia, si no le complacía las consecuencias serían terribles, pero si lo hiciese quizás podrían ser peor.

¿No dices nada? Igual necesitas ver más sangre de tu hermano para que hables.

Sí, soy vuestro esclavo... —dije impotente.

Peter se levantó y se acercó a mi, me rodeó apuntando con su navaja hacia mí mejilla y acercó sus labios a mi oído.

¿Quieres polla? —me susurró al oído.

Sí... —contesté en voz baja.

¡Dilo bien!

¡Sí! ¡Quiero polla! —grité.

Peter me propinó un puñetazo en el estómago y caí de rodillas, me faltaba el aire, ¿Cómo es que tenía tanta fuerza?

Muy bien, pues como quieres polla, eso es lo que te daremos, harás lo siguiente, primero me comerás la polla a mi, después a Luis, luego a Víctor y por último a Lucas, si lo haces bien y te comportas, tu hermano y tú podréis marcharos.

¿Y si no quiero? —lo miré desafiante.

Violaremos a tu hermano salvajemente los cuatro.

Me quedé callado sin contestar, sus frías y repugnantes palabras me dejaron sin habla.

¿Supongo que eso es un sí? —preguntó con media sonrisa mientras con su mano apartaba un mechón de pelo de su cara.

Peter se acercó a mi, que de rodillas miraba desde abajo como bajaba su bragueta y su polla dura salía de golpe, pude verla de cerca, su pubis estaba poblado de un vello color castaño, y su herramienta era de un tamaño de unos dieciséis centímetros y gordita, tenía un lunar en la parte de la base, se bajó la piel y me miró esperando que abriese la boca.

Vamos, esclavo, usa tu boca para hacer lo único para lo que sirves, comerte una buena polla.

Abrí la boca ante la atenta mirada de los demás y Peter, sujetándome de la cabeza, metió su polla en mi boca de golpe, casi con arcadas se la chupé como pude, pero él comenzó un meneo rápido en mi boca, la sacaba y metía con velocidad follándome la boca, los demás, calientes, observaban como su líder usaba mi boca.

Podía sentir su polla casi en mi garganta en varias ocasiones, pero no me soltaba, mi nariz llegó a hundirse en su pubis, oliendo su aroma a macho salido.

Él, me miraba varias veces mientras follaba mi boca, y eso le ponía más, verme sometido ante él, hasta que noté en menos de un minuto cómo se corría en mi garganta, tragué lo que pude y parte salió por las comisuras de mis labios.

Se sacó la polla de mi boca, se apartó de mi, mirándome con asco y se guardó la polla en el pantalón.

Luis, te toca. —dijo Peter, ahora más calmado.

Ufff, que ganas tenía de esto, con Rubén disfruté mucho, y saber que ahora usaré a su hermano... —dijo Luis caliente, Luis, que era más alto que nosotros, pelo ondulado de color negro y ojos oscuros, me miraba lujurioso.

¡Eh!, Pero recuerda que su culo es mío. —Peter alzó la voz con un tono amenazador.

Luis asintió y se acercó a mi, sacó su polla y la puso cerca de mi boca, pude fijarme que no la tenía muy grande, de unos catorce centímetros, y tampoco era muy gordita, estaba claro que no era muy dotado, me alegré por ello y lo miré a los ojos, en parte con rabia y echándole la culpa de todo lo que estaba pasando, desde que llegó al condado solo trajo problemas.

Me miraba expectante, sujeté su polla y la metí en mi boca, lamí su tronco y la comencé a succionar, se la chupé como pude y la volví a meter entera en mi boca. Se la comencé a mamar y a succionar para que se corriera cuanto antes, sus gemidos sonaban cada vez más altos, me sujetó del pelo y comenzó a venirse en mi boca, su corrida bajó por mi garganta y la sacó una vez terminó.

Se apartó y pude ver como mi hermano empezaba a moverse, me temía lo peor, no sé si se iba a quedar quieto y la cosa podría empeorar. Me levanté ante la mirada de todos y mientras me observaban, me acerqué a Víctor, me agaché y bajando su pantalón saqué su polla, la metí en mi boca y se la comencé a chupar, ya me empezaba a doler la boca, pero tenía que terminar esto cuanto antes.

¡Mira como se la chupa al gordito! ¡Eh! ¡Víctor! ¿Quién te iba a decir que al final si te la chuparían? —Peter reía a carcajadas.

Ufff joder, nunca nadie me la había chupado... —confesó Víctor, que me sujetó la cabeza desesperado para que siguiera mamando su polla, yo hacía lo que podía, que por cierto, era el que más pequeña la tenía, de unos doce o trece centímetros, eso sí, bastante gordita.

Víctor me sujetó con fuerza follando mi boca mientras gemía, podía sentir en parte de mi cara su barriga golpearme, al estar gordo me costaba comerle la polla.

Él disfrutaba como ninguno de los otros, gemía y acariciaba mi cabello, me decía cosas como, que lindo la comes, que boquita joder, etc, la verdad es que intentaba ignorarlo.

Seguí chupando y noté enseguida como se comenzó a correr sin apenas haberme follado la boca, se corrió poco, pero tuve que tragarlo porque no sacaba su polla de mi boca, me tenía sujeto intentando metérmela más al fondo, así que yo sin más remedio me tragué toda su corrida hasta que estuvo satisfecho.

¿Qué?, ¿Te gustó? —preguntó Peter a su amigo con mirada lasciva.

Ufff, me encantó joder, delicioso. —confesó Víctor.

Pues verás cuando te lo folles... —dijo Peter ante mi mirada de odio, cuando escuché esas palabras salir de su boca no pude evitar tener un temblor.

Peter se acercó a mí, me puso en pie y me dio un empujón hacia Lucas, que aún tenía sujeto a mi hermanito Rubén en el suelo, desmayado.

Bueno, te queda una, ¡Y cumplirás como el esclavo putito que eres! —dijo Peter.

Yo no quiero. —dijo Lucas.

¿Qué? —Peter miró a Lucas extrañado—. ¿Por qué no?

Tengo novia, ¿Recuerdas? No puedo y no lo haré, así que no insistas.

Me sorprendieron sus palabras, de hecho, por un momento sonaron con mayor autoridad que las de Peter, ¿Realmente era Peter el que mandaba?

Peter miró serio a Lucas, yo también lo miré con algo de gratitud, por un momento sus ojos se posaron en los míos, pensé que lo hizo por clemencia, pero no puede ser, si va con Peter debe ser como él.

Está bien..., lo entiendo..., vale. —Peter se acercó a mí, sacó la navaja y volvió a ponerla en mi cuello—. Por ahora estás siendo un buen esclavo, abre la boca, venga, que antes nos dejaron a medias.

Le obedecí y abrí la boca, entonces Peter escupió su saliva dentro de mi boca.

Me encanta humillar a mis perros, traga, putito. —dijo excitado.

Hice lo que me dijo y me tragué su saliva, volvió a escupir y sin más remedio tuve que tragarme su saliva ante su sonrisa y la atenta mirada del resto.

Muy bien, levántate. —Peter me sujetó del brazo y me acercó a un coche que había cerca, estaba abandonado y casi desguazado—. Apóyate ahí, ahora toca revisión anal, espero que tengas aguante para todos. —dijo con tono burlón.

Peter me hizo inclinar, me iba a follar, comenzó a bajarme el pantalón dejando mi culo a la vista, sentí como metía un dedo dentro de mí, entonces sentí un gran ardor, hace unas horas el entrenador me había follado, mi culo comenzó a dolerme demasiado y no pude evitar pegar un alarido.

¿Qué haces?, ¡No grites! —amenazó con furia.

Espera, no puedo, me duele mucho, no lo hagas, por favor. —supliqué.

No seas mal esclavo, de aquí no te vas sin ser follado, puto. —dijo Peter.

¡¡Soltadle!! —una voz conocida sonó detrás nuestra, nos dimos la vuelta y pude ver a dos chicos, de piel oscura, muy oscura, uno de ellos era Akin, iba acompañado de otro chico más grande y robusto que él.

Todos, mirando hacia donde estaban, permanecimos callados, un alivio me recorrió el cuerpo.

¡He dicho que le sueltes! —ordenó Akin, en su mano llevaba un hierro punzante enorme, seguramente lo cogió de una de las vigas que se caían a trozos del edificio.

Su acompañante se acercó de manera intimidatoria, su cuerpo era el doble de tamaño que el resto, sus bíceps marcados y su cuello..., era realmente grande.

Lucas se levantó liberando a mi hermano de su peso acercándose a Peter, Víctor y Luis hicieron lo propio.

Peter, no es buena idea, será mejor volar. —dijo Lucas.

Peter miró con furia a ambos chicos, sabía que meterse en una pelea con ellos no era buena idea, apretó los dientes y después sonrió.

De acuerdo. —dijo, sacó su lengua y la pasó por mi boca mientras me sujetaba de la nuca, me quedé quieto dejándome hacer ante la mirada de Akin, que intentó intervenir pero su acompañante le puso la mano en el pecho para que se detuviese.

Peter sonrió satisfecho y me soltó guardando su navaja en el bolsillo.

Muy bien, nos vamos, se hizo tarde. —dijo Peter a regañadientes.

Los cuatro se marcharon ante la mirada de Akin y su amigo, pasaron por su lado sin temor, pero esos segundos fueron de tensión máxima. Caminaron y bajaron saliendo de la fábrica, me acerqué corriendo a mi hermano, intenté despertarlo pero no respondía, lo agité varias veces, pero no despertaba, le tomé el pulso, estaba vivo, pero no abría los ojos. ¡No puede ser! ¡Yo lo vi! ¡Se estaba moviendo antes!

¡Despierta! Rubén, di algo, ¡Despierta! —gritaba desesperado.

Akin con velocidad a ayudarme.

¿Qué ha pasado? ¿Te han hecho algo? —me preguntó.

Ignoré sus palabras, solo estaba pendiente de mi hermanito, que no respondía, lo cogí en brazos como pude, pero me costaba llevarlo, pesaba demasiado para mí.

Kon, ayúdale tú. —dijo Akin dirigiéndose al otro chico.

Kon, el chico más grande y robusto cogió en brazos con facilidad a mi hermanito y le seguí detrás, Akin me acompañaba preocupado.

Al salir del edificio comenzamos a mojarnos de nuevo, la lluvia no había cesado aún, no sabía que hacer...

Kon se acercó a un banco que había cerca de la fábrica y lo posó ahí tumbado, le dio varias palmadas en la cara pero no reaccionaba.

Rubén, por favor, ¡Despierta! —gritaba desesperado.

Kon comenzó a hacerle el boca a boca y las maniobras de reanimación, ante mi mirada impotente.

Akin me sujetó y no pude evitar abrazarle entre lágrimas, no quería ver a mi hermano morir, Akin me abrazó con fuerza sin decir nada, mientras escuchaba el sonido de la lluvia y a Kon intentando reanimar sin éxito a Rubén.

( Continuará... )

¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^

Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆

Creado (2013), revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© TeenBoy

Safe Creative Code: 2309245396403