Capítulo 12: La fábrica
Escuchamos pasos y voces, hablaban entre ellos, se escuchaban aún lejos, Peter avisó que estábamos dentro de la fábrica, sus pasos indicaban que habían entrado.
La lluvia de la tormenta volvió a pegar con fuerza, eso nos daría cierta ventaja, gracias al ruido de la misma podríamos intentar escapar sin que nos escuchasen.
Al fondo pude distinguir la cabeza de Peter, estaba en nuestra planta buscándonos, miré a mi hermano y lo señalé para que lo viese, al verlo nos metimos más dentro de los escombros, no podrían vernos a no ser que se asomasen debajo directamente.
—¡Salid! ¡Putas ratas! Salid o será peor, ¿Pensáis que estáis aquí a salvo? Os prometo que si sois obedientes seré bueno, ¡¡Pero si me seguís enfadando no salís de aquí con vida!! —gritó Peter, que sabía que nos tenía acorralados.
Allí estábamos, indefensos, contra cuatro chicos más grandes que nosotros y mucho más violentos y furiosos, en una fábrica abandonada a varios kilómetros de distancia del condado.
—¿Los encontraste? —Lucas y Víctor llegaron hasta donde estaba Peter.
—No, separaros, si no están aquí..., estarán arriba, Lucas, quédate aquí, Víctor, ven conmigo. —ordenó Peter.
Mi hermano y yo mirábamos entre las rendijas de los escombros como se alejaban a la siguiente planta, el problema es que Lucas, el mas corpulento del grupo, se quedó vigilando.
—Espérame aquí, tengo una idea. —susurré a mi hermano, que sujetándome intentaba evitar que saliese.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó temeroso.
Lo miré y cogí la piedra de su mano.
—Déjamelo a mi, tu prepárate para bajar corriendo, ¿De acuerdo?
—Está bien... —mi hermano asintió a regañadientes.
Me acerqué rodeando los escombros de la zona hasta posicionarme varios metros por detrás de Lucas, avancé hasta él despacio y agachado ante la atenta mirada de Rubén.
La lluvia tapaba el sonido de mis pasos.
Me puse hasta su altura y sujetando con fuerza la piedra se la estampé contra la cabeza con todas mis fuerzas, éste al notar el golpe cayó al suelo llevándose las manos a la cabeza, aproveché y salí corriendo junto a mi hermano.
—¡Rápido! ¡Se van! —Lucas avisó a los otros dos mientras se quejaba de dolor, que asomándose desde arriba miraban a Lucas.
Miré detrás, Lucas se levantó con rapidez a pesar del golpe y comenzó a seguirnos muy rápido, en ese instante tropecé y caí al suelo. Rubén intentó levantarme pero Lucas lo sujetó con fuerza desde atrás, entonces Luis apareció detrás de mi también, cuando quise darme cuenta estábamos rodeados.
Rubén se agitaba sin parar a pesar de que sus esfuerzos eran inútiles por la fuerza que Lucas tenía en comparación a la suya.
—Bueno, al fin todos juntos de nuevo. —Peter se acercó a mi hermano y le propinó un puñetazo en el estómago que lo hizo caer al suelo tosiendo.
—¡Déjale hijo de puta! —intenté ir contra él pero Luis me sujetó—. ¡Cabrones! ¡Sois unos bastardos!
Peter hizo un gesto a Lucas, éste, sujetó a Rubén de nuevo con firmeza, lo mantuvo de rodillas y Peter se acercó a él, le propinó una patada en la cara que lo dejó tumbado sin reacción.
—¡Basta! ¡Parad! ¡Dejadle! —mis gritos de agonía y mis golpes hacia Luis era inútiles.
Lucas puso encima de mi hermano su cuerpo para inmovilizarlo, aunque Rubén apenas tenía conocimiento, su boca y nariz sangraban.
—¡Vaya por dios! ¡Su cara de angelito esta manchada! —Peter comenzó a reírse—. ¿No sabes las cositas que u hermanito querido hizo en el Internado?
Peter comenzó a dar vueltas por donde estaba mi hermano tirado en el suelo.
—Verás, allí pasaron ciertas cosas, cosas que lo convirtieron en mí perro, ¿Entiendes? Pero fue muy, muy desobediente, y tuvimos que castigarlo..., Luis me ayudó, ¿Verdad?
Luis afirmó con la cabeza sin dejar de soltarme, pero yo ignoraba lo que decía ese loco, solo pensaba en salir de allí y socorrer a mi hermano.
—¿Cómo se llamaba el chico aquel del que se enamoró? —preguntó Peter—. Era..., ¿Mathew?
—Marcos. —intervino Luis.
—Eso, Marcos, ¡Es verdad!, ¡Markitos! —dijo en tono jocoso—. Pobre..., aún recuerdo...
—¡Déjanos marchar! —le corté enfadado.
—¿Quién te dijo que hablases? —Su mirada desafiante me miró con ira, se agachó dónde mi hermano y sacó la navaja colocándola en su cuello—. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por salvar a tu hermano?
Su mirada taladraba la mía de forma amenazante.
—¿Qué quieres...? —mascullé con rabia.
—Buen chico, Luis, suéltalo. —ordenó Peter.
Luis me soltó y se apartó a un lado.
—En primer lugar, quiero que confieses que eres nuestro esclavo, que serás nuestra putita, la de todo mi grupo, y que serás obediente.
Lo miré con rabia, si no le complacía las consecuencias serían terribles, pero si lo hiciese quizás podrían ser peor.
—¿No dices nada? Igual necesitas ver más sangre de tu hermano para que hables.
—Sí, soy vuestro esclavo... —dije impotente.
Peter se levantó y se acercó a mi, me rodeó apuntando con su navaja hacia mí mejilla y acercó sus labios a mi oído.
—¿Quieres polla? —me susurró al oído.
—Sí... —contesté en voz baja.
—¡Dilo bien!
—¡Sí! ¡Quiero polla! —grité.
Peter me propinó un puñetazo en el estómago y caí de rodillas, me faltaba el aire, ¿Cómo es que tenía tanta fuerza?
—Muy bien, pues como quieres polla, eso es lo que te daremos, harás lo siguiente, primero me comerás la polla a mi, después a Luis, luego a Víctor y por último a Lucas, si lo haces bien y te comportas, tu hermano y tú podréis marcharos.
—¿Y si no quiero? —lo miré desafiante.
—Violaremos a tu hermano salvajemente los cuatro.
Me quedé callado sin contestar, sus frías y repugnantes palabras me dejaron sin habla.
—¿Supongo que eso es un sí? —preguntó con media sonrisa mientras con su mano apartaba un mechón de pelo de su cara.
Peter se acercó a mi, que de rodillas miraba desde abajo como bajaba su bragueta y su polla dura salía de golpe, pude verla de cerca, su pubis estaba poblado de un vello color castaño, y su herramienta era de un tamaño de unos dieciséis centímetros y gordita, tenía un lunar en la parte de la base, se bajó la piel y me miró esperando que abriese la boca.
—Vamos, esclavo, usa tu boca para hacer lo único para lo que sirves, comerte una buena polla.
Abrí la boca ante la atenta mirada de los demás y Peter, sujetándome de la cabeza, metió su polla en mi boca de golpe, casi con arcadas se la chupé como pude, pero él comenzó un meneo rápido en mi boca, la sacaba y metía con velocidad follándome la boca, los demás, calientes, observaban como su líder usaba mi boca.
Podía sentir su polla casi en mi garganta en varias ocasiones, pero no me soltaba, mi nariz llegó a hundirse en su pubis, oliendo su aroma a macho salido.
Él, me miraba varias veces mientras follaba mi boca, y eso le ponía más, verme sometido ante él, hasta que noté en menos de un minuto cómo se corría en mi garganta, tragué lo que pude y parte salió por las comisuras de mis labios.
Se sacó la polla de mi boca, se apartó de mi, mirándome con asco y se guardó la polla en el pantalón.
—Luis, te toca. —dijo Peter, ahora más calmado.
—Ufff, que ganas tenía de esto, con Rubén disfruté mucho, y saber que ahora usaré a su hermano... —dijo Luis caliente, Luis, que era más alto que nosotros, pelo ondulado de color negro y ojos oscuros, me miraba lujurioso.
—¡Eh!, Pero recuerda que su culo es mío. —Peter alzó la voz con un tono amenazador.
Luis asintió y se acercó a mi, sacó su polla y la puso cerca de mi boca, pude fijarme que no la tenía muy grande, de unos catorce centímetros, y tampoco era muy gordita, estaba claro que no era muy dotado, me alegré por ello y lo miré a los ojos, en parte con rabia y echándole la culpa de todo lo que estaba pasando, desde que llegó al condado solo trajo problemas.
Me miraba expectante, sujeté su polla y la metí en mi boca, lamí su tronco y la comencé a succionar, se la chupé como pude y la volví a meter entera en mi boca. Se la comencé a mamar y a succionar para que se corriera cuanto antes, sus gemidos sonaban cada vez más altos, me sujetó del pelo y comenzó a venirse en mi boca, su corrida bajó por mi garganta y la sacó una vez terminó.
Se apartó y pude ver como mi hermano empezaba a moverse, me temía lo peor, no sé si se iba a quedar quieto y la cosa podría empeorar. Me levanté ante la mirada de todos y mientras me observaban, me acerqué a Víctor, me agaché y bajando su pantalón saqué su polla, la metí en mi boca y se la comencé a chupar, ya me empezaba a doler la boca, pero tenía que terminar esto cuanto antes.
—¡Mira como se la chupa al gordito! ¡Eh! ¡Víctor! ¿Quién te iba a decir que al final si te la chuparían? —Peter reía a carcajadas.
—Ufff joder, nunca nadie me la había chupado... —confesó Víctor, que me sujetó la cabeza desesperado para que siguiera mamando su polla, yo hacía lo que podía, que por cierto, era el que más pequeña la tenía, de unos doce o trece centímetros, eso sí, bastante gordita.
Víctor me sujetó con fuerza follando mi boca mientras gemía, podía sentir en parte de mi cara su barriga golpearme, al estar gordo me costaba comerle la polla.
Él disfrutaba como ninguno de los otros, gemía y acariciaba mi cabello, me decía cosas como, que lindo la comes, que boquita joder, etc, la verdad es que intentaba ignorarlo.
Seguí chupando y noté enseguida como se comenzó a correr sin apenas haberme follado la boca, se corrió poco, pero tuve que tragarlo porque no sacaba su polla de mi boca, me tenía sujeto intentando metérmela más al fondo, así que yo sin más remedio me tragué toda su corrida hasta que estuvo satisfecho.
—¿Qué?, ¿Te gustó? —preguntó Peter a su amigo con mirada lasciva.
—Ufff, me encantó joder, delicioso. —confesó Víctor.
—Pues verás cuando te lo folles... —dijo Peter ante mi mirada de odio, cuando escuché esas palabras salir de su boca no pude evitar tener un temblor.
Peter se acercó a mí, me puso en pie y me dio un empujón hacia Lucas, que aún tenía sujeto a mi hermanito Rubén en el suelo, desmayado.
—Bueno, te queda una, ¡Y cumplirás como el esclavo putito que eres! —dijo Peter.
—Yo no quiero. —dijo Lucas.
—¿Qué? —Peter miró a Lucas extrañado—. ¿Por qué no?
—Tengo novia, ¿Recuerdas? No puedo y no lo haré, así que no insistas.
Me sorprendieron sus palabras, de hecho, por un momento sonaron con mayor autoridad que las de Peter, ¿Realmente era Peter el que mandaba?
Peter miró serio a Lucas, yo también lo miré con algo de gratitud, por un momento sus ojos se posaron en los míos, pensé que lo hizo por clemencia, pero no puede ser, si va con Peter debe ser como él.
—Está bien..., lo entiendo..., vale. —Peter se acercó a mí, sacó la navaja y volvió a ponerla en mi cuello—. Por ahora estás siendo un buen esclavo, abre la boca, venga, que antes nos dejaron a medias.
Le obedecí y abrí la boca, entonces Peter escupió su saliva dentro de mi boca.
—Me encanta humillar a mis perros, traga, putito. —dijo excitado.
Hice lo que me dijo y me tragué su saliva, volvió a escupir y sin más remedio tuve que tragarme su saliva ante su sonrisa y la atenta mirada del resto.
—Muy bien, levántate. —Peter me sujetó del brazo y me acercó a un coche que había cerca, estaba abandonado y casi desguazado—. Apóyate ahí, ahora toca revisión anal, espero que tengas aguante para todos. —dijo con tono burlón.
Peter me hizo inclinar, me iba a follar, comenzó a bajarme el pantalón dejando mi culo a la vista, sentí como metía un dedo dentro de mí, entonces sentí un gran ardor, hace unas horas el entrenador me había follado, mi culo comenzó a dolerme demasiado y no pude evitar pegar un alarido.
—¿Qué haces?, ¡No grites! —amenazó con furia.
—Espera, no puedo, me duele mucho, no lo hagas, por favor. —supliqué.
—No seas mal esclavo, de aquí no te vas sin ser follado, puto. —dijo Peter.
—¡¡Soltadle!! —una voz conocida sonó detrás nuestra, nos dimos la vuelta y pude ver a dos chicos, de piel oscura, muy oscura, uno de ellos era Akin, iba acompañado de otro chico más grande y robusto que él.
Todos, mirando hacia donde estaban, permanecimos callados, un alivio me recorrió el cuerpo.
—¡He dicho que le sueltes! —ordenó Akin, en su mano llevaba un hierro punzante enorme, seguramente lo cogió de una de las vigas que se caían a trozos del edificio.
Su acompañante se acercó de manera intimidatoria, su cuerpo era el doble de tamaño que el resto, sus bíceps marcados y su cuello..., era realmente grande.
Lucas se levantó liberando a mi hermano de su peso acercándose a Peter, Víctor y Luis hicieron lo propio.
—Peter, no es buena idea, será mejor volar. —dijo Lucas.
Peter miró con furia a ambos chicos, sabía que meterse en una pelea con ellos no era buena idea, apretó los dientes y después sonrió.
—De acuerdo. —dijo, sacó su lengua y la pasó por mi boca mientras me sujetaba de la nuca, me quedé quieto dejándome hacer ante la mirada de Akin, que intentó intervenir pero su acompañante le puso la mano en el pecho para que se detuviese.
Peter sonrió satisfecho y me soltó guardando su navaja en el bolsillo.
—Muy bien, nos vamos, se hizo tarde. —dijo Peter a regañadientes.
Los cuatro se marcharon ante la mirada de Akin y su amigo, pasaron por su lado sin temor, pero esos segundos fueron de tensión máxima. Caminaron y bajaron saliendo de la fábrica, me acerqué corriendo a mi hermano, intenté despertarlo pero no respondía, lo agité varias veces, pero no despertaba, le tomé el pulso, estaba vivo, pero no abría los ojos. ¡No puede ser! ¡Yo lo vi! ¡Se estaba moviendo antes!
—¡Despierta! Rubén, di algo, ¡Despierta! —gritaba desesperado.
Akin con velocidad a ayudarme.
—¿Qué ha pasado? ¿Te han hecho algo? —me preguntó.
Ignoré sus palabras, solo estaba pendiente de mi hermanito, que no respondía, lo cogí en brazos como pude, pero me costaba llevarlo, pesaba demasiado para mí.
—Kon, ayúdale tú. —dijo Akin dirigiéndose al otro chico.
Kon, el chico más grande y robusto cogió en brazos con facilidad a mi hermanito y le seguí detrás, Akin me acompañaba preocupado.
Al salir del edificio comenzamos a mojarnos de nuevo, la lluvia no había cesado aún, no sabía que hacer...
Kon se acercó a un banco que había cerca de la fábrica y lo posó ahí tumbado, le dio varias palmadas en la cara pero no reaccionaba.
—Rubén, por favor, ¡Despierta! —gritaba desesperado.
Kon comenzó a hacerle el boca a boca y las maniobras de reanimación, ante mi mirada impotente.
Akin me sujetó y no pude evitar abrazarle entre lágrimas, no quería ver a mi hermano morir, Akin me abrazó con fuerza sin decir nada, mientras escuchaba el sonido de la lluvia y a Kon intentando reanimar sin éxito a Rubén.
( Continuará... )
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