sábado, 10 de septiembre de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 8 ''Daño irreparable''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 8 ''Daño irreparable''

Tommy recordaba aún lo que descubrió en el diario de Max cuando era más pequeño, no podía dejar de pensar en ello, una y otra vez, le daba vueltas su cabeza, ¿por qué lo había olvidado?

Mientras, las horas iban pasando y Tommy estaba junto a la familia de Max en la sala de espera, esperando alguna noticia sobre el estado de Max, la desesperación de Tommy era muy grande, se sentía muy mal, Max iba a morir por su culpa, por no perdonarlo, no podría vivir sin él y menos con eso en su alma.

El padre de Max, o, mejor dicho, el padrastro, era un señor con el pelo muy canoso para su edad y corpulento, miraba a Tommy con rabia, estaba claro que sabía algo, a su lado estaba la madre de Max, una mujer algo más joven, de pelo rubio y ojos azulados, sus rasgos parecían de una mujer de origen alemán.

Tommy sentía rabia, sabía que todo esto era por culpa de ese hombre, por culpa de ese señor asqueroso que le había comido la cabeza a Max, pero no podía hacer nada, al menos no delante de él, quizás si hablara con la madre a solas y le contara todo..., solo así quizás cambiase las cosas, pero ya era tarde, pero eso sería peligroso.

El médico se acercó a la sala de espera, el padrastro de Max y su madre se levantaron enseguida, y habló con ellos, Max estaba vivo, pero no podía andar.

Tommy dio varios pasos atrás, su corazón se congeló, ¡¡Max no podía andar!! ¡¡Por su culpa!!

El médico se dirigió al cuarto donde estaba Max y los padres siguieron al doctor, pero Tommy se quedó ahí parado, quieto, su cuerpo no le respondía.

No podía, no podía moverse, lo que le escuchó decir al médico lo dejó en un estado de shock, Max estaba inválido..., no lo quería pensar, se echó a llorar y se fue del hospital, lejos, muy lejos, sin mirar atrás y sin saber a dónde se dirigía.

Ese día Tommy la pasó llorando en su cama hasta que cogió el sueño, al despertar, su cuerpo parecía estar en un estado de cansancio y flacidez, se levantó y se miró en el espejo del baño.

Estaba harto de tanto sufrir, quería terminar ya con su dolor y tenía pensado cómo hacerlo, iba a tirarse desde el edificio abandonado, Tommy ya no pensaba con claridad, se le había ido la cabeza, solo un milagro podía hacer que no se quitara la vida.

—Mamá, ¿sabes algo de Tommy? —preguntó Max acostado en su cama, aún estaba en el hospital.

—No, le llamé ayer como me dijiste, pero nadie cogió el teléfono y su profesor me ha dicho que hoy no fue a clase, quizás está enfermo y por eso no vino a visitarte.

Max miró al suelo triste, intuía algo malo, pero no se imaginaba el qué, aunque él sabía que Tommy no estaba enfermo.

—Mamá, ¿cuándo me dan el alta? —preguntó Max, impaciente por salir de allí.

—El médico dijo que pronto, pero no te preocupes, dijo que te vas recuperando muy deprisa.

Max estiró la mano para coger el móvil, lo encendió y buscó en la agenda el nombre de Tommy, pero no lo encontró, lo borró tras lo ocurrido entre ellos aquel fatídico día.

—Mierda..., soy tan miserable... —murmuró dejando el móvil a un costado de la cama.

—¿Qué dices cariño? —preguntó la madre inocentemente.

—Nada..., es solo que intento recordar un número...

Tommy estaba en el edificio abandonado, subió a la última planta, la octava, ya tenía una nota en la que se despedía y pedía perdón, en la que expresaba su dolor y desesperación.

Mientras tanto, Max intentaba recordar el número de su amigo y lo fue marcando, Tommy estaba a punto de tirarse cuando su móvil empezó a sonar, lo cogió y miró quién era, era Max, aunque ya no tuviese su contacto desde aquel día, y que no volvió a ver una llamada de él, reconoció el número, su corazón le decía que lo cogiera, pero tenía miedo.

Tommy al final respondió a la llamada, se puso el móvil en el oído sin decir nada.

—¿Hola...?, ¿Tommy...?, me gustaría verte, ¿podrías pasarte?

Tommy se quedó en silencio, no sabía qué contestar, pensó durante unos segundos, aunque permaneció callado.

—Por favor..., me gustaría verte...

—Yo..., —Tommy empezó a sollozar—. Está bien, voy hacia allí. —y colgó el móvil, supuso que al menos se despediría de él antes, así que decidió ir.

Max creyó que Tommy aún no le perdonó, incluso habiendo salvado su vida, el dolor que le hizo no se olvidaría así de fácil.

Tommy, por su parte, recordaba el incidente de camino al hospital.

—Ojalá le hubiese perdonado. —murmuró Tommy, que se dio cuenta de que ese dolor que tenía y sentía podría ser al menos aliviado con la ayuda del que lo causó, llegó al hospital y después de preguntar a la enfermera, se dirigió a la habitación donde estaba Max.

Al llegar a la habitación, Tommy se detuvo, no se atrevía a abrir la puerta, no tenía valor de entrar, tenía miedo de verlo en ese estado, jamás podría andar, ni jugar al fútbol, que era su pasión, siempre peleaban por ver quién era mejor, pero ahora eso ya no pasaría más, nunca más.

En ese momento se abrió la puerta, la madre salía conversando con el médico, la madre de Max vio a Tommy y sonrió de alegría.

—¡Tommy! ¡Qué bien que te hayas pasado a ver a Max! Venga, está esperándote. —dijo la mujer sonriendo.

Tommy al final entró, respiró hondo y se acercó a Max, su amigo, que estaba en la cama recostado de lado, mirando por la ventana de la habitación.

—Adelante, pasa. —dijo la madre, que cerró la puerta tras entrar Tommy y se marchó con el médico.

Tommy alzó la cabeza y vio en la cama a Max, el cual cuando escuchó a la madre, se dio la vuelta y entonces observó a Tommy, se sorprendió al verle, dejó el móvil que sujetaba en la mesita de la habitación y le habló.

—Tommy, sabía que vendrías, bueno, al menos eso esperaba... —dijo Max nervioso.

Tommy se acercó a Max, estaba a punto de llorar y pedirle perdón, pero a la vez no quería.

—Lo siento... —de los labios salieron las palabras suaves y con dolor de Tommy mientras miraba al suelo culpable.

—Tommy, no estés mal, además mirando el lado bueno, no iré a clase durante un tiempo. —dijo Max sonriendo.

Tommy miró a su amigo extrañado.

—¿Cómo puedes decir eso? ¡¡Jamás podrás andar!! —gritó Tommy desesperado.

—¡Niño, no grites! —dijo una señora que estaba en la misma habitación descansando en la cama de enfrente, iba vestida con ropa de hospital y estaba echada leyendo una revista, era de edad avanzada, unos setenta años y cabello canoso, un collar de perlas enorme rodeaba su cuello.

—Disculpe señora. —se excusó Max con la señora, después, volvió la mirada a su amigo—. ¿Quién te dijo eso? —preguntó Max extrañado.

—¿No..., no lo sabías? —Tommy miró a Max, el cual estaba sorprendido, dudó un momento antes de hablar.

—Si no pudiera andar, no podría hacer esto. —Max alzó una de sus piernas hacia arriba con un poco de trabajo.

Tommy, sorprendido, se acercó a Max sin saber qué decir.

—Es verdad que debo usar los bastones, esos que no recuerdo cómo se llaman para que me sujeten...

—Muletas. —intervino la señora—. Se llaman muletas.

—Gracias..., señora... —contestó Max con sarcasmo por interrumpirle—. El caso es que el médico dijo que con rehabilitación podre andar normalmente en unos días.

—Pero yo escuché que...

Max no le dejó terminar.

—No importa lo que escuchases, tu mente te habrá jugado una mala pasada, ven.

Tommy se acercó y se sentó al lado de Max, se miraron por unos instantes con ojos vidriosos.

—No me arrepiento de haber hecho lo que hice, saber que te salvé me alivió mucho. —Max cogió la mano de Tommy

—Pero..., fue por mi culpa. —dijo Tommy.

—No, Tommy, fue del conductor, iba muy deprisa, además, como te dije, me sentí muy bien cuando supe que te salvé.

—Max...

—No digas nada..., solo quiero pedirte algo Tommy. —dijo Max sujetando la mano de su amigo con fuerza.

—¿El qué? —preguntó Tommy curioso.

—¿Puedo abrazarte? —Max le miraba con tristeza.

Tommy no dudó ni un instante y abrazó a su amigo, un abrazo que significaba mucho para ambos, todo el dolor que sintieron y sentían, todo el sufrimiento, todo el rencor, todo, se esfumó durante el tiempo que duró el abrazo.

Ambos estaban al borde del llanto, pero ninguno se atrevió a aliviar esa carga, se mantuvieron abrazados durante unos segundos, con fuerza, verdadera amistad emanaba de ese abrazo, sincero y puro, más puro que las nubes.

—¡Ohhh qué bonito! —exclamó la señora mientras los miraba, los dos chicos se separaron más rojos que un tomate.

Se quedaron en silencio y la señora fingió seguir leyendo la revista.

—Bueno, el caso es que no te pido que me perdones, las heridas sanarán con el tiempo, pero, ¿me dejas curarlas?

Max acarició la mejilla de Tommy suavemente, esta estaba roja de haber llorado.

Se volvieron a abrazar fuertemente a la vez que las lágrimas de ambos chicos salían de sus ojos y caían por sus mejillas, ahora sí que no pudieron contenerlas.

Los días fueron pasando y Tommy seguía yendo a clases normalmente, era martes cuando salió una hora antes, se dirigió al hospital y fue hasta la habitación de Max, lo visitaba todos los días y se quedaba con él el resto de la tarde.

—¡Tommy! ¡No te esperaba tan pronto!

—Hola Max, ¡Hola, señora Henderson! —Tommy saludó también a la mujer que era la que dormía en el mismo cuarto que Max.

Tommy se acercó a Max y ambos se abrazaron por un momento.

—Mira, te he traído unos cómics, para que no te aburras, y a usted unas revistas del corazón.

—Ohhh gracias, majo. —la señora cogió las revistas y comenzó a leerlas, aunque a veces levantaba la mirada para ver qué hacías los chicos.

—¡Gracias! —dijo Max.

—Oye, ¿Cuándo te dan el alta? —Tommy se acercó y se sentó en el costado de la cama de su amigo.

—Mañana. —dijo Max mientras ojeaba los cómics.

—¿En serio?

—Sí, mira, ya puedo andar perfectamente. —Max se levantó y comenzó a andar de manera normal por la habitación ante la mirada de Tommy—. La rehabilitación que hago todas las mañanas hizo sus frutos. —Tommy le miró muy feliz y se sentaron en la cama.

—Bueno, ¿y cómo te va en clases? —preguntó Max.

—Pues bien... —dijo Tommy un poco desanimado.

—Tommy, cierra la puerta. —ordenó Max en voz baja para que la señora no se diese cuenta.

—¿Por qué? —preguntó Tommy confuso.

—Tú hazlo.

Tommy se levantó y cerró la puerta disimuladamente.

—¿Qué pasa? —preguntaba Tommy mientras volvía a sentarse.

Max miró seriamente a Tommy y le cogió de las manos.

—Tommy, me vengaré de lo que te hizo el de cuarto curso, lo pagará. —susurró Max para que la señora Henderson no lo escuchara.

—¿De qué hablas? —preguntó Tommy frunciendo el ceño.

—Él me dijo lo que te hizo y...

Tommy se levantó de un salto y se dirigió a la puerta.

—¿Qué he dicho? —la mirada de Tommy cambió, volvió a ser frío.

—¡¡No soy ningún crío y mis problemas los resolveré yo!!

—Pero, ¿qué dices?, siempre tuve que defenderte en el recreo de pequeños y ahora no será diferente.

—Esto a ti no te incumbe, ¡¡y yo ya NO soy como antes!!, sé cuidarme solo.

Tommy salió y cerró la puerta, Max puso cara triste.

—Tú ni caso, se nota que te necesita. —dijo la señora Henderson.

Max no dijo nada, se puso colorado y bajó la mirada, pero entonces recordó que Tommy no era el mismo de antes, sí, volvían a ser amigos, pero el recorrido que Tommy tuvo este último año le había cambiado y marcado, y eso no se podía borrar...

Llegó el miércoles y Max fue dado de alta, pero Tommy no fue a verlo, se sintió mal por todo lo que aún estaba pasando, Tommy estaba fatal y muy diferente, ya no era el niño que tenía que ser cuidado por él a la hora de la salida o en los recreos.

Y aunque ahora estaba más receptivo que antes, seguía teniendo cambios de humor bruscos, fruto del daño que sufrió, claro, pero eso era lo que Max más temía, que aunque su amigo lo perdonara, ya nunca nada volvería a ser como antes, aunque Max tenía esperanzas de cambiar eso, y sabía cómo hacerlo, era arriesgado, pero no le quedaba alternativa.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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sábado, 27 de agosto de 2011

Amistad rota en Halloween - Capítulo 7 ''Lluvia y sangre''

Amistad rota en Halloween - Capítulo 7 ''Lluvia y sangre''

Al día siguiente Max se dirigía al colegio y se encontró con el chico de cuarto curso en la entrada de la escuela, estaba hablando con otros chicos mientras fumaba.

—¿Tú eres el que vende esa mierda, verdad? —preguntó Max acercándose a él de forma intimidatoria.

—Depende, ¿quién lo pregunta? —el chico de último curso dio una calada a su cigarro y miró a Max, su mirada era fría y altiva.

—Toma, esto es tuyo —Max alargó la mano y sacó unos billetes del bolsillo, extendiéndolos sobre la mano del chico.

—¿Qué es esto? —preguntó mirando los billetes y guardándolos en su bolsillo del pantalón.

—Lo que te debía Tommy, ¿es suficiente con eso?

—Claro, aunque..., ya me pagó él ayer, pero no fue con dinero precisamente..., ja, ja, ja. —e inmediatamente el chico soltó una carcajada y sus amigos también.

—¿¡Cómo!? ¿¡¡A qué te refieres!!? —la mirada de Max se tornó desafiante y agresiva.

—Pues..., tu amigo tardó en pagar y eso conlleva unos intereses de demora, por lo que tuve que cobrarle un extra..., y no fue con dinero, precisamente, digamos que me cobré con su piel, con sus labios, sus carnosos labios..., mmmm —se llevó dos dedos a sus labios y acto seguido volvió a reírse, sus dos amigos reían con él.

Esa frase dejó a Max sin palabras, apretó los puños con fuerza y se abalanzó sobre el chico, pero entonces los dos amigos le sujetaron a tiempo y lo mantuvieron sujetado.

—Vaya, vaya, así que tú eres el gallito de la relación, ¿eh? —el chaval de cuarto curso miró a los lados, se aseguró de que no hubiese profesores cerca y mientras los alumnos entraban en clases se acercó a Max, que seguía sujeto por sus amigos.

Lo cogió del pelo con su mano izquierda y lo acercó a él.

—Dile a tu amigo que lo hizo muy bien y que cuando quiera puedo darle más vitaminas. —tras esa frase Max le miró con rabia, se revolvía con fuerza, el chico sonrió y con su mano derecha golpeó el estómago de Max con el puño cerrado.

Los amigos le soltaron y este cayó de rodillas tosiendo y respirando con dificultad mientras el chico daba una última calada a su cigarrillo y lo lanzaba cerca de Max, lo pisó con fuerza apagándolo.

Tras esto, él y sus dos amigos se alejaron, Max levantó la mirada y los vio entrar en la escuela, intentó recobrar el aliento, le costaba por el golpe recibido, se levantó y salió corriendo hacia la casa de Tommy, sentía que algo malo le había pasado, presentía que no estaba bien.

Los ojos de Tommy empezaron a abrirse, en el suelo vio como algo brillaba, parecía el cristal roto de alguna botella, aún con lágrimas en los ojos estiró la mano y cogió el trozo de cristal, lo apretó con fuerza, haciendo que su mano sangrase y se lo acercó lentamente...

A su vez, Max buscó a Tommy en su casa, pero allí no estaba, decidió buscar en todas partes, por el camino no podía evitar pensar en lo que el chico ese le dijo, en cómo se habría cobrado, se temía lo peor y lo que no entendía es por qué le dolía todo esto, se sentía el responsable de todo, sí, pero había algo más, su corazón le dolía, era un sentimiento que nunca experimentó.

Estaba nublado y pronto empezaría a llover, Max buscó a Tommy durante horas, pero no lo encontraba, se sentó en el banco del parque donde siempre jugaban, aquellos tiempos..., antes de aquel fastidioso día de Halloween en el que su amistad terminó...

Max deseaba mucho poder dar marcha atrás, lo deseaba con toda su alma, pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer, las cuales sentía sobre su piel, corriendo, se refugió en uno de los columpios del parque que tenía techo.

Escuchó unos ligeros sollozos dentro, allí estaba un chico acurrucado, con la cara roja de tanto llorar y los ojos como si no tuvieran vida, en su mano tenía un trozo de vidrio verde, roto, y la mano le sangraba.

—¡¡Tommy!! —Max se acercó a Tommy y lo levantó, poniéndolo sentado en el suelo mientras lo mantenía sujeto en su regazo, este, que no hizo nada para impedirlo, solo se dejó llevar por Max, aun sollozando.

El cristal cayó en el suelo, Max sujetó la mano de Tommy para que dejara de sangrar, buscó un pañuelo, pero no tenía, así que se rompió un trozo de la manga de su camiseta y la envolvió en la mano de su mejor amigo, el cual se dejaba hacer, no oponía resistencia, parecía un muñeco roto.

—¿¡Qué te pasó!?, ¿¡estás bien!? —Max estaba muy nervioso, pero Tommy no decía nada, Max miró a los alrededores para evitar clavarse ningún cristal y sujetó con fuerza a su amigo.

—Tommy perdóname, por todo el daño que te he hecho, no te lo merecías, sé que todo lo que he sufrido yo no se compara con lo que has sufrido tú, cómo sé que también no podré reparar todo ese dolor, daño y rencor hacia mí, pero al menos me gustaría poder recuperar tu amistad, déjame demostrarte mi arrepentimiento, sé que me equivoqué, lo sé, ¡Joder!, Pero no quiero perderte, por favor...

Tommy, que tenía la mirada clavada en el suelo, miró a los ojos del que una vez fue el único y mejor amigo que tenía, miraba a Max arrodillado sujetándolo, también sujetaba su mano haciendo presión con el trozo de camiseta que le puso para que no sangrase más, su mirada era triste y sin alma, abrió sus labios casi sin fuerza.

—El día que te confesé lo que era, mi vida acabó...

—No, no acabó, aún tiene solución. —dijo Max acercándose a su amigo, sujetó la mano de Tommy y lo miró a los ojos, su rostro comenzó a acercarse, pero Tommy lo empujó y apartó de su lado, lo miró a los ojos con rabia, parecía haber recobrado la vida que se le estaba diluyendo, de nuevo su rostro cambió y se veía de forma más agresiva.

—¡¿Tú?!..., ¡¿Te crees que puedes venir aquí y que puedes decirme lo que debo hacer?! Tú no sabes el infierno que he pasado, todas las noches lloraba por haberte perdido, por ser como era, me odiaba a mí mismo, por tus palabras, que me hicieron un daño que jamás..., ¡nunca!, ¡jamás podrás sentir!, ¡me hiciste sentir la peor basura que hubiese existido!, ¡me daba asco a mí mismo y me odiaba por ello!, ¡día tras día lloraba a escondidas!, ¡y cuando me sentía solo o pensaba en ti me pegaba puñetazos a mí mismo hasta cansarme para que cada vez que pensase en ti, te odiase más!

Mientras decía esto, a Max le salían lágrimas de los ojos y su corazón estaba siendo muy dañado, cada palabra de Tommy era un cuchillo en su pecho.

—¡¿No entiendes que tú me quitaste la vida?!, ¡¿Que ya no tengo por lo que vivir?!, ¡¿Qué lo único que siento hacia tu persona es odio, rencor y asco?!, ¡¡Te repudio y ojalá nunca te hubiese conocido, ojalá te mueras!! —Tommy estaba cada vez más alterado y nervioso y Max lo notaba, Tommy hizo fuerza para separarse de Max y se levantó para irse, zanjando la conversación.

Al salir, la lluvia de la tormenta comenzó a mojar todo su cuerpo.

—Tienes razón... —Max se levantó y avanzando se puso delante de Tommy impidiendo que huyese—. Yo te quité la vida, yo te he hecho lo que eres ahora, pero sé que puedo enmendarlo, puedo cambiarlo y que todo vuelva a ser como antes, solo te pido una oportunidad Tommy...

Dicho esto, Max extendió su mano hacia Tommy, pero este le empujó y salió corriendo, Max se quedó allí parado mirando al suelo unos segundos, tras pensar qué hacer salió detrás de Tommy.

—¡¡Espera Tommy!!

—¡¡Que me dejes en paz!! —gritó su amigo.

Max alcanzó a Tommy y con un placaje detuvo a su amigo en el suelo, ambos con la respiración entrecortada y mojados por la lluvia estaban ahora tirados en el suelo del parque.

—¿Por qué lo haces? No te alejes de mi Tommy, no quiero perderte, yo..., yo..., te...

—¡¡Déjame en paz!!, ¡¡Te odio!! —Tommy estaba fuera de sí.

Dicho esto, volvió a levantarse y se dispuso a salir del parque, pero entonces un coche se cruzó en su camino, aunque el coche intentó frenar, no le dio tiempo, Max con rapidez se cruzó apartando a Tommy de un empujón en su espalda para evitar que lo atropellase, siendo este arrollado por el coche en su lugar.

Max fue desplazado varios metros tras el atropello, el coche frenó y a los segundos se dio a la fuga, Tommy estaba en el suelo tras el empujón de su amigo, todo pasó muy rápido, solo podía ver el cuerpo inerte de Max que yacía en el suelo, ensangrentado, se acercó corriendo a él, su corazón latía a mil por hora, se arrodilló a su lado y lo movió, estaba mojado por la lluvia incesante, estaba muy herido, parecía no respirar.

—¡¡Max!! Por favor, no... ¡¡No te mueras!! ¡Por favor...! ¡No!! No..., no me hagas esto, te lo suplico, ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ¡Debió atropellarme a mí!, No, por favor, no te mueras..., ¡¡¡Max!!!

La lluvia se mezclaba con la sangre de Max, el cual yacía en el suelo, sin moverse, Tommy lo abrazaba mientras lloraba desconsoladamente.

En ese momento su mente recordó algo que había olvidado, o que intentó olvidar...

—¡Es cierto! —decía un pequeño Tommy, tendría unos ocho años en esa época.

—No, no lo es, sé que tú hiciste trampa. —Max se levantó y miró debajo de Tommy.

Ambos estaban jugando a las cartas en el cuarto de Max, hacía años de eso, aún iban a primaria.

—¡¡Lo sabía!! —Max sacó dos cartas de debajo del cojín donde Tommy estaba sentado.

—Espera, puedo explicarlo.

—No, Tommy, me engañaste, eres un tramposo y no jugaré más contigo.

—Por favor, Max, no seas así, te prometo que no lo haré más, ¿Sí?

Max se levantó y se fue dejando a Tommy en el cuarto, estaba muy enfadado por haber hecho trampa, ya que a Max esas cosas no le gustaban, pero ya no podía echar tiempo atrás.

Tommy esperó a Max, pero este no llegaba, así que decidió jugar a la consola, pero no la encontraba, buscando, en sus manos fue a parar el diario de Max.

—No sabía que Max tenía un diario, voy a leerlo. —dijo Tommy.

Sin saberlo, leería algo que cambiaría su vida para siempre.

Entre las páginas leía las cosas que le pasó a Max, también leía cuando jugaban juntos, hablaba de sus amigos y llegó a cuando hablaba de chicas, lo raro, es que no hablaba nada de chicas, sino de chicos, en una parte de su diario ponía;

"Me siento muy mal por no poder decirle cuanto le quiero, no sé por qué siento estos sentimientos por un chico"

Tommy no entendía lo que leía, prosiguió leyendo.

"¿Estaré enfermo?, porque el novio de mi mamá dice que los chicos que gustan de otros chicos están enfermos, debo decirle a mi mamá que me lleve al médico y que me cure porque no quiero sentirme así, pero me da miedo contarle, me da mucho miedo como se lo tome, el novio de mi mamá me dijo que ella no debía saberlo, creo que es algo muy grave, puede que me muera si no me curan, el novio de mi mamá dice que para curarme esté con muchas chicas, sí, es lo mejor"

Ante eso, Tommy se asustó y por miedo a que Max lo descubriese, puso el diario de nuevo en su sitio.

El ruido de una ambulancia regresó la mente de Tommy a la realidad, tenía a Max en su regazo, su sangre encharcaba todo su alrededor mezclándose con el agua de la lluvia.

—¿Cómo pude olvidar algo así? —murmuraba Tommy—. A partir de aquel día veía de forma diferente a Max, me di cuenta de que tenía los mismos sentimientos que él, al que seguro su padrastro se encargó de quitarle de la cabeza el ser así, por eso se comportó así conmigo...

Puede ser, quizás su padrastro descubrió el diario, por eso de chico a veces venía con moratones, el padrastro de Max le pegaba, no era por portarse mal, ahora todo encaja, salía con chicas para fingir, quizás su subconsciente lo mantuvo engañado a sí mismo sin aceptarse, no queda otra explicación, Tommy empezó a entender el rechazo de Max.

Mientras Tommy divagaba y su mente se llenaba de recuerdos y pensamientos, a la distancia se podía ver a ambos chicos, uno en el suelo sin aparente respiración y otro abrazado a él mientras la lluvia se mezclaba con las lágrimas de sus ojos, la ambulancia se detuvo y dos hombres salieron de ella para atender a Max, mientras un grupo de personas se quedaba mirando y observando la situación.

Tommy vio como la ambulancia se alejaba con Max dentro de ella, no le dejaron subir, se quedó allí parado sin saber qué hacer, alzó la vista hacia el cielo, el agua de lluvia golpeaba su cara, mezclando sus lágrimas, levantó la mano y pudo ver la venda improvisada de Max en ella, sí, era importante para Max, podía perdonarle, era su mejor amigo y aunque le había hecho tanto daño, estaba dispuesto a perdonarlo, observó la ambulancia en la distancia y corrió tras ella.

( Continuará... )

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Creado (2010), revisado y editado (2025) por @TomiLobito (Tomás S. Aranda)

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