miércoles, 10 de septiembre de 2025

En los vestuarios — Capítulo 4: Noche de chicos

 

Capítulo 4 ''Noche de chicos''

Marcos me invita a su casa para jugar a la Play, también invita a Soufián e Iván, noche solo de chicos, la cosa se pone caliente, muy caliente.

Era jueves, a primer ahora tenía ciencias, no tenía ganas, aún así me duché, desayuné unas tostadas con miel y con la mochila en el hombro, salí de casa.

Justo, Soufián pasaba por mi portal.

Ey, Soufián. —dije, acercándome a él, me puse a su lado, caminando hacia el instituto.

El cielo estaba cubierto, gris claro, de esos que no amenazan tormenta, pero tampoco prometen sol.

Octubre se notaba en el aire, fresco, con ese punto húmedo que se te mete en la ropa si sales sin abrigo.

El suelo seguía empapado por la lluvia de anoche, y las hojas caídas se mezclaban con charcos que reflejaban el vaivén de los árboles desnudos.

Si hoy volvía a llover, no habría entrenamiento, ya que aún no podíamos acceder al pabellón cubierto del Instituto, estaban terminando unas reformas en la pista.

Caminaba al instituto con Soufián, hombro con hombro, cada uno con las manos en los bolsillos.

Él llevaba su chaqueta vaquera con capucha por debajo, y yo una sudadera con las mangas recogidas a medias, aún no del todo convencido de que el frío había llegado para quedarse.

El sonido de nuestras zapatillas pisando el asfalto mojado llenaba los huecos del silencio, incómodo, los árboles del parque por el que pasábamos se veían preciosos, con las hojas empezando a caerse al suelo, llenos de ramas secas que crujían con el viento.

Alguna hoja rebelde aún aguantaba el otoño, temblando en lo alto, me sentía un poco como ellas.

A veces, sin querer, nuestras manos rozaban dentro de los bolsillos de la chaqueta, por lo cerca que íbamos.

Soufián, sobre lo que pasó…

Tío…, no pensé que lo harías de verdad —dijo, medio serio, medio sorprendido.

Me encogí de hombros, evitando sus ojos.

Una apuesta es una apuesta. —dije.

Ya, pero…, no sé, fue raro, o sea, no malo, solo…, raro.

Lo sé, no debí hacerlo. —dije sin pensarlo—. Solo no quiero que nuestra amistad se joda por ésto, tío…

Hubo un silencio, intenso, nos quedamos así un momento, entonces me miró sonriendo.

Bro, no te rayes, no voy a dejar de ser tu amigo por hacerme una paja, además lo propuse yo, y no te lo niego, me gustó, fue excitante.

Su confesión me excitó, y también me quitó un gran peso.

¿Sí? ¿Entonces, no hay bronca? —le pregunté, ahora el ambiente era menos denso.

Claro bro, pero, antes tengo una duda, quiero que me seas sincero, no le diré a nadie…

Claro…, dispara…

¿Eres…, gay? —su pregunta me hizo detenerme de golpe—. A ver, que a mí me importa una mierda si te gusta la polla o los coños, pero ayer no dejé de pensar en ello.

Y…, ¿si te digo que sí?

Pues cojonudo, no hay problema, a ver, a mis padres no les haría gracia, ya sabes como son con estos temas por la religión y tal…

Ya…, que mejor no lo sepan. —dije.

Sí, y tranqui, no diré nada, ¿lo sabe alguien?

No… —mentí—. Y prefiero que así siga, tengo pensado algún día salir del armario, pero no estoy preparado.

Claro, no hay problema bro, por mi parte tema zanjado. —y reanudó la marcha hacia el instituto, yo le seguí, ahora, más tranquilo.

La clase aún no había empezado, la gente hablaba, se reía, se gritaban cosas de mesa a mesa.

Yo fui directo a mi sitio, dejando la mochila caer en la mesa, fue entonces cuando Marcos se acercó, no venía con su sonrisa.

Ni con esa actitud suya de hacerse el chulo, estaba serio, incluso algo nervioso, se sentó a mi lado, sin pedir permiso.

Tomi, ¿puedo hablar contigo?

No respondí, solo le miré, y esperé.

Sé que he estado raro. —empezó—. Frío, distante y que te he hecho sentir como una mierda, lo sé, tío, no soy tonto.

Me quedé callado, no quería hacerle las cosas fáciles.

Quería que supieras que…, no fue por hacerte daño. —siguió—. Es solo que…, joder, no sé cómo gestionar estas cosas. Tú me importas y mucho, pero no de la forma que tú, tal vez, querrías…

Tragué saliva.

Marcos, déjalo, en serio, tío, no pasa nada.

No, déjame terminar antes de que venga la profe, mira, Sara me gusta, es así, me gusta hacer cosas con ella, hablar, liarnos…, no sé, me hace sentir bien.

No había odio en su voz, solo sinceridad y eso dolía más que cualquier burla.

Eres hetero. —dije, sin más—. Así que es normal, querías experimentar cosas, yo estaba a mano, hasta que Sara te hizo caso.

Asintió despacio.

Sí…, lo confieso, lo siento, sé que no debí hacerlo, al menos no así, las cosas no salen como uno quiere a veces…

Vale, Marcos, lo entiendo, en serio, no te preocupes, todo está bien.

¿Seguro?

Guardamos silencio unos segundos yo no lloré, tampoco me fui, pero por dentro, algo se partía lento, como hielo bajo presión.

No quiero perder tu amistad. —añadió, con un hilo de voz.

Lo miré, no con rencor, sino con tristeza.

Escucha, tío, en serio, está todo bien, no vamos a romper amistad por una tontería, lo digo en serio, además, está superado.

Él asintió, no dijo nada más, se levantó y volvió a su sitio.

Y aunque la clase empezó como cualquier otra, para mí fue el final de algo, y es que me había quedado claro que con Marcos jamás pasaría nada, fue el chico con el que siempre soñé estar, el típico hetero machito.

Era demasiado bonito para que esa fantasía se cumpliera, pero eh, al menos le hice una buena paja y probé su leche, ahora, pensando en ello, me gustaría haberlo repetido más veces, pero lo hecho, hecho estaba.

Pasaron las horas, las clases fueron con normalidad y llegó por fin el recreo, estábamos apoyados en la barandilla cerca del campo de fútbol, mojado, Iván, Soufián, Marcos y yo.

Estaban demasiado emocionados hablando de videojuegos, aunque antes comentamos que seguramente hoy no habría entrenamiento, en parte me jodió, porque quería jugar fútbol, aunque otra parte me alivió, ya que tras lo que hice con el entrenador, me sentía incómodo.

Tío, el tráiler nuevo del GTA6 es una locura. —soltó Iván—. Vaya graficazos, qué locura, tú.

Dicen que puedes tener dos personajes otra vez. —añadió Soufián—. Y uno de ellos es tía, yo si puedo liarla con otras tías ya soy feliz.

Ya te veo yendo a comprarle braguitas, sostenes y demás para verte guapa. —dije riendo.

Nos reímos, lo peor es que seguramente eso harían.

Buah, que ganas de ir a uno de los puticlubs y pagar por putas en el juego. —dijo Marcos pegando un mordisco a su bocadillo.

Yo sonreía, sin meterme mucho, pero disfrutando de verlos tan pillados.

Bueno, solo nos falta la consola. —dijo Iván dándole un codazo a Soufián en broma.

Yo tengo la PS5, así que podré jugar al GTA6. —confesó Marcos.

Los tres le miramos a la vez.

¿Qué? —dijo Iván con los ojos como platos—. ¡No me jodas!

Te lo juro, mi madre me la compró, a plazos, con la promesa de aprobar todo, si no, la devuelve, y me la pillé con dos mandos, además.

Estás loco. —dijo Soufián—. ¿Y la tienes ya?

Desde ayer, anoche estuve trasteando un poco y jugué un Fifa con mi hermanito Hugo, pero como mi madre se va al pueblo con mi hermano a ver a mi abuela hoy…

Nos quedamos todos en silencio un momento, procesando.

Marcos sonrió, ladeando la cabeza.

¿Os venís a mi casa esta tarde o qué? Tengo el Demon's Souls.

¡Obvio! —saltó Iván el primero.

Yo me apunto. —dijo Soufián—. Si hay pizza y mando para todos, firmo ya.

Todos me miraron, asentí, me hacía ilusión.

Vale, voy también.

Marcos me miró un segundo más, sin forzar nada, sin sonrisa exagerada, solo como quien aún está arreglando algo roto.

Y yo, por una vez, le dejé hacerlo.

La casa de Marcos olía a ambientador barato y a pizza recalentada, como todas las casas donde mandan los chavales por unas horas, su madre ya se había ido con su hermanito hacía unas horas, así que éramos dueños del salón comedor, donde tronos improvisados de cojines y una mesa llena de comida basura nos esperaba.

En el centro del mueble, la PS5, blanca, hermosa.

Y en la pantalla, Demon’s Souls, con un caballero a punto de ser reventado por uno de los enemigos, habíamos quedado en ir cambiando de manos según te mataban.

Te lo dije, no entres ahí sin escudo —gritaba Iván entre risas.

Pero si lo tenía puesto, ¡ese bicho me oneshotea! —respondía Soufián, tirado en el suelo, apretando los botones como si el mando fuera a morderle.

Va, que ahora me toca. —dije, levantándome del sofá y cogiendo el mando con una sonrisa.

Las reglas eran simples, si morías, pasabas el mando, sorprendentemente el que más resistía sin morir era yo, pero tenía trampa, yo ya lo jugué en PS3 en su día, así que sabía lo que me hacía, claro que ellos no lo sabían, jajaja.

Jugábamos por turnos, entre risas, gritos, Doritos volando y CocaColas medio abiertas que iban perdiendo gas encima de la mesa.

Marcos se reía de fondo, con los pies en la mesa, y su perro, pastor alemán de cinco años que ladraba por todo y se llamaba Deku, sí, por My Hero Academia, Marcos era muy friki, eso me gustaba de él, el perro se paseaba entre nosotros como si vigilara que nadie hiciera trampas.

Iván, como mueras por caerte otra vez, te baneo de mi casa. —bromeó Marcos.

Banéate a ti mismo, que eres más malo que la peste —respondió, devolviéndole la sonrisa.

Las bromas iban desde lo tonto a lo absurdo, Iván decía que si tuviera un anillo de invisibilidad como en el juego, lo usaría para entrar al vestuario de las chicas.

Soufián le dijo que con esa cara, ni invisible ligaba, ya salió el tema de las chicas, y aunque no había tensión, sí me sentía a veces desconectado cuando salía el tema de chicas.

Pasaron las horas, ya estaba anocheciendo, estábamos a mitad de una partida cuando Marcos se levantó de golpe, como si se hubiera acordado de algo muy importante.

Chavales. —dijo, con media sonrisa—, en mi cuarto tengo una botella de Jack Daniel’s que mi madre tiró a la basura, la vi y la escondí en mi cuarto.

Soufián e Iván se miraron como si hubieran descubierto un tesoro.

¡No jodas! ¿Whisky de verdad? —dijo Iván—. Vamos, tráelo ya, tío.

¿Y si nos pillan? —preguntó Soufián, aunque se le notaba que quería también.

Mi madre está a más de una hora de aquí aún, hoy somos libres. —dijo Marcos, en tono solemne y burlón.

Entonces me miró, directo a mí, y me hizo una seña con la cabeza, como diciendo, "Ven conmigo''.

No dijo nada, no me llamó, solo ese gesto.

Me levanté sin preguntar, dejando el mando en el sofá, lo seguí por el pasillo hasta su habitación, mientras Iván y Soufián se quedaban comentando algo sobre cómo mezclar el whisky con CocaCola para que no se note tanto.

La puerta del cuarto de Marcos se cerró con un pequeño clic detrás de mí, él fue directo a su armario, se agachó, y sacó de una caja de zapatillas una botella de Jack Daniel’s medio llena.

Aquí está el tesoro. —dijo, levantándola como si fuera un trofeo.

Yo me quedé de pie, mirándole, sintiendo cómo el ambiente cambiaba, no había tensión…, pero había algo más, una especie de burbuja rara entre nosotros dos.

¿Te molesta que beban? —me preguntó de pronto, sin mirarme, mientras buscaba unos vasos de plástico.

No, a ver, no estamos en edad, pero no soy su madre. —respondí, sincero.

¿Y tú? ¿Vas a tomar?

Me encogí de hombros.

No sé, igual sí, igual no…, nunca he probado el alcohol.

¿Ni una cerveza? —me preguntó incrédulo.

No…

Marcos sonrió, esa sonrisa que no enseña los dientes, pero lo dice todo.

Te conozco, si lo pruebas te gustará.

La abrió con un clic seco y se la llevó a la boca sin pensárselo, bebió un trago corto, y puso una mueca como si le ardiera todo por dentro, se rió solo.

Sabe a rayos. —dijo, limpiándose los labios con la manga de la sudadera.

Me miró y me ofreció la botella.

¿Tú qué? ¿Te atreves?

La cogí con algo de duda, no solo por el alcohol, sino por el acto de compartir, el contacto, lo íntimo del momento, me la llevé a la boca y bebí, un trago corto.

El ardor fue inmediato, como si me estuviera tragando fuego líquido, tosí al instante, dando un paso atrás.

¡Joder! —solté, con los ojos medio llorosos.

Marcos se echó a reír, de verdad, con esa risa suya que suena entre carcajada y suspiro.

Te dije que picaba. —dijo, todavía riéndose, me quitó la botella—. Mira, es así, aprende.

Marcos se la llevó de nuevo a la boca y bebió uno, dos y tres tragos.

Agggg, pica, pica. —dijo devolviéndome la botella.

Jajaja, es que eres tontísimo. —respondí, sonriendo sin querer.

Me senté en su cama, aún con la garganta ardiendo, miré la botella y le di un trago, la garganta me ardía, Marcos me quitó la botella y volvió a beber, esta vez un poco más.

Nos miramos, por un momento, la habitación se quedó en pausa, el sonido lejano de Iván y Soufián riendo en el salón apenas se colaba por la puerta cerrada.

¿Sabes? —dijo Marcos, dejando la botella en el suelo—. A veces echo de menos cuando no era todo tan raro entre nosotros.

No supe qué decir, porque yo también, me quedé en silencio, él también, le quité la botella y di otro trago, me empezaba a sentir raro, caliente, pesado.

El aire entre nosotros se volvió más espeso, como si la habitación se hubiese cerrado aún más, aunque la puerta ya estaba medio cerrada.

Marcos me miró, no con burla, ni con esa sonrisa de siempre, era otra mirada, más seria.

¿Te acuerdas lo que hicimos en los vestuarios? —preguntó, bajando un poco la voz—. Cuando me hiciste una paja.

Asentí, sin abrir la boca.

Y el otro día, cuando vino Sara con sus amigas, me estabas pajeando, de nuevo.

Otra vez, asentí.

Marcos suspiró, se pasó la mano por el pelo y bajó la mirada un momento.

Ese día, ¿me la ibas a chupar?

Mi pecho se tensó, no respondí, Marcos bebió otro trago, le quité la botella.

Deja de beber, te vas a emborrachar.

Creo ya lo estoy… —confesó sentándose a mi lado de la cama, a mi izquierda.

Pues con mayor razón…

¿Y si me la chupas?

Me miró otra vez, de forma lasciva, su mano apretó su paquete, estaba duro, podía notarlo.

¿Qué? Marcos…

Tío, deja de ser así.

¿Así? ——pregunté.

Sí, amargado, miedoso, no sé, quiero experimentar, no dejo de pensar en el otro día, me la ibas a chupar, hazlo.

La frase quedó ahí, en el aire, no era una broma, no era una provocación, era una confesión y una petición, me quedé congelado.

No porque no lo hubiera soñado mil veces, sino porque ahora era real, y venía de él, del chico que me gustaba, del amigo que me partió el pecho hace apenas unos días.

No estoy diciendo que sea gay. —añadió rápidamente, nervioso—. Ni que quiera liarme contigo así porque sí, pero no sé, a veces lo pienso, me da curiosidad experimentar con un chico, y cuando lo pienso, ese chico eres tú, confío más en ti.

El silencio volvió, solo se escuchaban los piques de Soufián e Iván, a lo lejos, mientras jugaban.

Podrías…, no sé. —dijo en voz baja, casi susurrando—. Probar, digo, sin obligaciones, de chill, si a alguno no le gusta, paramos.

Lo decía serio, casi temblando, como si se lo hubiera ensayado en la cabeza.

¿Y después? —pregunté, con un nudo en la garganta.

Después somos como siempre, amigos. —respondió rápido—. Sin celos, sin rayadas, solo amigos que experimentaron un poco…

Yo tragué saliva, mi pecho latía fuerte, no sabía si era miedo, emoción o las dos cosas al mismo tiempo.

No tienes que hacerlo por mí. —le dije, bajando la mirada—. De verdad, no quiero que pienses que te estoy obligando a nada, no me debes nada.

No lo hago solo por ti, lo hago por los dos. —dijo—. Por mí también, para entender cosas, para sentir cosas, para no quedarme con la duda.

Marcos se puso de pie, frente a mí, y sin bajarse los pantalones deportivos, se sacó la polla, estaba muy duro, muy caliente, cerré los ojos un segundo, respiré.

Y entonces sentí como su punta rozaba mis labios, abrí la boca y la comenzó a deslizar dentro, la sensación era única, la polla de mi mejor amigo estaba en mi boca, palpitando.

Le toqué el abdomen, primero con la yema de los dedos, estaba templado, firme por el fútbol y el gimnasio, pero también vulnerable, mi mano subió un poco, recorriendo su piel, deteniéndose apenas en su pecho.

Marcos no se movió, no habló, solo respiraba, mi otra mano se apoyó en su costado, lo sentí todo, su cuerpo, su calor, su temblor leve.

Y por un momento, no hubo nada más que eso, estábamos en silencio, mi boca succionaba y chupaba su polla, todo su tronco, intenté meterla toda en mi boca, hasta rozar mi nariz en su pubis, depilado, con algo de vello creciendo de nuevo.

Le miré, con las manos aún apoyadas en su pecho, Marcos con la respiración entrecortada, y algo en el ambiente que ya no era solo curiosidad, ni solo deseo, era todo a la vez, nadie decía nada, pero los dos lo sentíamos, el cuerpo caliente, el pulso acelerado, la tensión en el aire.

Comencé a disfrutar el momento, seguí chupándole la polla a mi amigo Marcos, que miró al techo y suspiraba, cogió la botella de Whisky y le dio otro trago, mientras seguía chupando su polla, bien dura, la saqué de mi boca, bajé más su piel, estaba sin circuncidar.

Su polla era hermosa, perfecta, lamí el tronco con lametones, succioné la punta y Marcos pegó un gemido, volví a meterla en mi boca y Marcos comenzó a mover sus caderas.

Joder, me corro, me corro, ¿lo tragas? —miró abajo, nuestras miradas se chocaron, y sin dejar de mirarnos el uno al otro, comenzó a correrse, sentí mi boca llenarse de su lefa caliente, él temblaba y perdía las fuerzas, posó su mano en mi cabello, acariciándome la cabeza.

La puerta se abrió de golpe y apareció un chavalín corriendo, Marcos se apartó a un lado y yo me levanté tropezando con mi propio pie y cayendo a cuatro, mientras tosía y me limpiaba la boca con la manga de mi sudadera.

¡Marcos! —dijo una voz infantil—. ¡Ya estamos aquí! ¡Mira que me regaló la abuela!

Nos separamos como si nos hubieran electrocutado, el crío sacó un móvil más grande que el mío, Marcos se giró de golpe y su hermanito, que iba a sexto de primaria, no tendría más de once años, nos miraba desde la puerta, con una mochila colgándole de un hombro y los ojos bien abiertos, mientras agitaba su nuevo móvil.

Su hermano, Hugo, era idéntico a su hermano Marcos, un chico blanco, rubio de cabello corto, ojos azules en lugar de verdes y la cara llena de pecas.

¿Qué hacéis? —preguntó con total inocencia, me miró frunciendo el ceño.

Marcos se levantó de inmediato, tragando saliva, nervioso pero intentando mantener la compostura.

Nada, tío, hablábamos —respondió, forzando una sonrisa—. Así que ya tienes móvil ehhh, renacuajo.

¿Por qué estáis tan rojos? —insistió el chaval.

Porque hace calor. —solté yo, con la voz más rota del planeta.

El chaval nos miró raro, como si no se lo creyera del todo, pero se encogió de hombros.:

Bueno…, ¿jugamos a la Play, Marcos? —preguntó su hermanito, cambiando el tema, afortunadamente.

Ahora después, venga, ve y ahora te sigo. —dijo Marcos.

Se dio la vuelta y se fue como si nada, la puerta quedó entreabierta, nos quedamos ahí, en silencio, el momento se había ido, roto, desaparecido.

Marcos se pasó la mano por la cara, frustrado, como si quisiera borrar todo lo que acababa de pasar.

Joder…, por qué poco… —susurró.

Yo no dije nada, porque estaba al borde del infarto.

¿Marcos?, ¿Qué hacéis aquí solos? —la voz de su madre.

Marcos se giró tan rápido que casi se tropieza con la botella de Jack Daniel’s, que seguía al pie de la cama.

Dio una leve patada y la metió bajo la cama, justo cuando ella asomaba la cabeza por la puerta.

¿No habéis llegado muy pronto? —preguntó él, aún con la voz forzada.

Sí, hubo menos tráfico por las lluvias.

Entró al cuarto sin pedir permiso, como hacen las madres que conocen demasiado bien a sus hijos, llevaba un bolso rojo colgando de un brazo, miró a su alrededor con una ceja alzada.

¿Y por qué estáis aquí a solas? —la madre echó un vistazo a la cama y el escritorio, el armario estaba abierto.

Nada, mamá, estábamos…, jugando, a la Play. —respondió Marcos con una sonrisa que no convencía ni al espejo.

Yo asentí, sin decir nada, deseando convertirme en aire.

Ella miró la habitación, olfateó el ambiente como si fuera un sabueso entrenado.

Marcos, ¿no estaríais fumando no?

No mamás, sabes que no fumo…

La madre se acercó y le olió de cerca.

Marcos, hueles a Whisky.

Se nos congeló la sangre.

¿Whisky? Qué va, mamá, habrás olido el perfume, es uno que me dejó Tomi… —soltó Marcos, inventando sobre la marcha como un experto.

Ella nos miró, primero a él, luego a mí, no dijo nada más, pero sabía, o al menos sospechaba.

Bueno. —dijo finalmente—. Voy a preparar algo de cenar para tu hermano que viene hambriento.

Vale, ahora bajamos… —dijo Marcos.

Tomi, cariño, ¿te quedas a dormir? Si te da pereza volver, no hay problema, hay sitio.

Me pilló desprevenido, a Marcos también.

Gracias. —respondí, por educación más que por intención—. Pero no le dije nada a mi madre y no sé si me deje…

Mamá, mejor que se vayan todos. —interrumpió Marcos de repente, demasiado rápido—. Así descansamos hoy, y otro día nos vemos más tranquilos, ¿verdad?

Su madre se lo quedó mirando, un segundo más largo de lo normal.

¿Estáis bien? Bueno, como digáis, yo lo decía por si os hacía ilusión. —respondió, y se marchó sin más.

Me quedé quieto, Marcos ni me miraba, estaba claramente alterado, sudaba un poco, como si llevara una mochila de nervios a cuestas.

¿Está todo bien? —le pregunté, en voz baja.

Sí, sí…, sólo que todo fue muy rápido, ¿sabes?

Asentí, aunque no sabía del todo si lo decía por su madre, su hermano o por nosotros.

¿Te arrepientes de…? —pregunté.

No, Tomi, tío, en serio, ha sido por el susto…

Decidí no presionar más, no quería empeorarlo.

Salí del cuarto y fui al salón con los demás, les dije que tenía que irme, que mañana madrugaba, Soufián e Iván se sumaron enseguida, sin preguntar demasiado.

Cuando salimos al porche, el aire fresco me golpeó como una ducha inesperada, me di cuenta de que seguía temblando un poco.

¿Estás bien, bro? —me preguntó Soufián mientras caminábamos.

Sí…, solo estoy cansado.

Pero no era eso, no dejaba de pensar en ese momento, le acababa de comer la polla a mi mejor amigo, mi primera mamada, y fue a Marcos, en parte no podía evitar sentirme feliz.

Pero luego me venía a la mente su hermanito Hugo, tuvo que ver algo, a no ser que fuese tan inocente que no se dio cuenta, ojalá sea así, por otro lado, su madre no creo sospechara nada, aunque la habitación olía a alcohol, creo que también a algo de sexo, espero no lo haya notado.

El camino a casa fue lento, gris, mudo, Soufián e Iván no paraban de hablar entre ellos, riéndose de cualquier cosa, algo de la Play que se habían quedado con ganas de seguir, yo iba a su lado, sin abrir la boca.

Por cierto tío, ¿y el whisky?, tardeasteis una eternidad. —dijo Iván.

Ah…, eh…, bueno, es que Marcos no encontraba la botella y le ayudé a buscarla en su cuarto, entonces llegó su hermano y en fin…

Iván dio una patada a una piedra que salió rebotando por la calle, Soufián me echó una mirada frunciendo el ceño, le mire y desvió la mirada, ¿sospecharía algo?, lo cierto es que estuvimos por lo menos diez minutos en el cuarto.

Nos despedimos en la esquina de siempre, cuando llegué a casa, mi madre estaba en la cocina, cenando algo ligero con la tele de fondo, mi madre trabajaba como gerente en un almacén de medicamentos y temas sanitarios.

¿Ya estás? ¿No te quedaste a cenar?

No, al final no, la madre llegó a casa antes.

¿Quieres que te caliente algo?

No, gracias, no tengo hambre.

Me miró un momento desde la mesa, como si dudara en preguntarme algo más, pero no lo hizo, solo asintió con un "vale, cariño" y volvió a mirar la tele.

Subí a mi cuarto, me cambié de ropa sin prender la luz y me tumbé en la cama, boca arriba, y me quedé mirando el techo, donde las sombras parecían moverse con el parpadeo de la farola de la calle.

Pensé en todo, en Marcos, en su cuerpo, en sus gemidos, en cómo le chupé la polla, en cómo me dejó tocarle su cuerpo, pensé en su hermano, mirándonos con esa inocencia que me heló la sangre.

En su madre, olfateando el aire como si lo supiera todo sin necesidad de palabras, y pensé en mí, en lo que quería, en lo que no debía querer, en lo que no podía decir.

Esa noche no dormí bien, solo me quedé ahí, mirando el techo, aún no me había corrido yo, llevé la mano dentro de mi bóxer, y comencé a tocarme, me dormí tras hacerme una buena paja, recordado la mamada que le hice a mi mejor amigo, Marcos.

( Continuará... )

¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^

Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆

Creado, revisado y editado (2025) por @TeenBoy

All rights reserved© TeenBoy

Safe Creative Code: 2506212226163

No hay comentarios:

Publicar un comentario