sábado, 25 de enero de 2025

El susurro del muñeco - Capítulo 2 ''Shou me escucha''

Capítulo 2 ''Shou me escucha''


Es lunes por la mañana, Tomi lleva una semana con su muñeco, incluso le hizo fotos y las subió a Instagram, gran error, surgen burlas y risas en sus comentarios, los cuales cierra.

Mientras bloquea a personas que le escriben mensajes privados de burlas sobre él y su muñeco, Tomi llega al Instituto, se sienta en su pupitre, en la última fila del aula, como siempre.

La profesora habla, pero sus palabras son ruido de fondo, solo escucha los lápices al escribir en papel, las risas apagadas dos filas más adelante, los murmullos que siempre terminan en su nombre.

Dicen que duerme con un muñeco —susurra Irene, la de las trenzas perfectas, una chica muy alta, rubia y que se cree una actriz de cine, que acabará al final trabajando sirviendo comida en una hamburguesería.

¿Un muñeco? Seguro que también le da besitos —responde Kike, sin preocuparse de ser escuchado por Tomi, de hecho, lo deseaba.

Borja se gira y le lanza una nota doblada a Tomi, que no la abre, ya sabe lo que dice, siempre es lo mismo: raro, maricón, bicho, muérete.

Los insultos no duelen como antes, ya no, ahora solo arden, como si una mano invisible los grabara en su piel, ya no llora.

Solo aprieta la mandíbula y clava las uñas en las palmas de sus manos, como si pudiera retener algo dentro que grita por salir.

En casa, las cosas no son mejores, tras llegar a casa se encuentra con su padre, le da asco pronunciar ese nombre.

¿Otra vez con esa cara de idiota? ¿No vas a saludarme? —ruge su padre al verlo cruzar el salón.

Es un hombre grande, con una barriga dura como un tambor viejo y una barba que apesta a tabaco frío, tiene la voz de una pared golpeando otra pared.

Hola... —responde Tomi, apenas audible.

¡¿Cómo has dicho?! ¡Habla claro, joder! ¡No seas maricón!

Una bofetada invisible lo alcanza, no lo toca, pero cada palabra duele más que un golpe, su madre, sentada en la cocina, remueve algo en una olla sin levantar la vista, está más centrada en sus quehaceres del hogar que en su propio hijo.

No le grites —susurra, sin fuerza.

¡Cállate tú también! —responde él, sin mirarla.

Tomi se encierra en su cuarto, no hay llave, solo empuja el escritorio contra la puerta, por costumbre.

Se sienta en la cama, frente a él, sobre la estantería, está Shou.

Con su sonrisa de madera y sus ojos brillantes.

Le ODIO, joder, no sabes cuanto, ojalá se muriese... —murmura Tomi, sin pensarlo.

Hay un silencio espeso, como si la habitación respirara con él.

El día que muera seré más feliz, nadie lo echara de menos.

El muñeco le mira fijamente, como si lo escuchase de verdad.

Perdona, digo muchas tonterías, pero es que no puedo más, son muchos años aguantando esto...

Tomi abre el cajón de su mesita de noche y saca una navaja, la mira fijamente y la aprieta.

¿Crees que si me suicido alguien me echará de menos Shou? No..., yo tampoco creo que me echen de menos, la verdad es que nadie me quiere, odio mi vida, ojalá tuvieras vida, y me hablaras..., al menos no estaría solo.

Tomi comenzó a llorar desconsoladamente, no espera respuesta de un muñeco, pero en parte sí, apagó la luz y escuchó un susurro, miró hacia el muñeco, se secó las lágrimas y le miró de nuevo, ahí, en la oscuridad.

No estaba loco, escuchó algo, no una voz, sino un susurro, como viento entre dientes, lo observó durante un rato y sonrió cínicamente.

Estoy volviéndome loco.

Pasan los días y al volver a casa del Instituto ve un coche policial en la puerta de su casa, sorprendido se acerca y le dejan pasar, su madre estaba sentada en el sofá del comedor, se acercó y logró escuchar al oficial de policía.

Un accidente en la fábrica, la grúa falló, el cable reventó, le cayó encima, murió al instante.

La madre mira a Tomi y abre los ojos como platos, sorprendida, pero no sabe por qué le mira así, el oficial mira a Tomi, el cual está estático, aprieta sus puños con fuerza, desea alegrarse, pero por dentro se siente mal.

¿Fue rápido? —preguntó ella, mirando su taza de café vacía.

Se lo garantizo señora, no ha sufrido. —el oficial se levantó y miró a Tomi con tristeza— Lo siento chaval, tienes que ser fuerte.

Tomi asiente y no dice nada, pero esa noche, frente a su espejo, se mira largo rato.

Toca su rostro, mira sus ojos, no llora.

Shou está en su sitio, le sonríe como siempre.

¿Has sido tú? —pregunta, en voz baja.

El muñeco, por supuesto, no responde.

Pero Tomi siente algo, no un pensamiento, no una certeza.

Una presencia, algo que habita la habitación ahora, algo que huele a madera quemada y a sangre fría.

En clase, al día siguiente, los chicos no se burlan como antes, mantienen la distancia, Tomi, con ojeras de no haber dormido avanza hasta su pupitre e Irene choca con él a propósito.

¿Tu papá también dormía con muñecos? —Irene sonríe y se sienta en su pupitre.

Se escuchan risas por lo bajo, Borja también le mira sonriendo y Kike le tira una goma a la cabeza.

Tomi no parpadea, solo les mira con odio, pero no dice ni hace nada, se queda como siempre, quieto, no es capaza de actuar, él no.

Cuando regresa a casa esa tarde, cierra la puerta de su habitación con un clic suave, se sienta frente a Shou, y le susurra, con voz calmada:

Sé que lo hiciste tú, perdóname, aún no te lo he agradecido, gracias por matar a mi puto padre, ¿podrías matar a alguien más si te lo pido de nuevo?

Tomi miró a Shou, que aunque no se movía, parece asentir sonriente, por su parte, Tomi también sonrió.

Pero, si fuese verdad que Shou actúa según los deseos de Tomi, ¿Cuál es el precio? Porque todo tiene un precio.

Tomi no sabía aún el precio de pedirle a un muñeco inerte que asesine por él, aunque, quizás fue casualidad y su padre tuvo un accidente.

No, no fue casualidad, ni un accidente, fue Shou, fue el muñeco, tuvo que serlo.

(Continuará...)

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Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2505141741075

ISBN Code: 9789403794938 

domingo, 12 de enero de 2025

El susurro del muñeco - Capítulo 1 ''El muñeco''

Capítulo 1 ''El muñeco''


El timbre del instituto suena con ese chirrido metálico que no anuncia libertad, sino una nueva condena para los chavales, les toca pasar más de 5 horas en la mañana de clases interminables con media hora de recreo.

Tomi, nuestro chico protagonista, un chico de piel muy blanca, ojos color avellana y cabello castaño oscuro, liso, camina con la cabeza baja y ajusta la correa de su mochila conforme camina, el pasillo se convierte en un río de adolescentes que empujan, gritan, se ríen y corren.

Como animales de manada, buscan presas fáciles para entretenerse y así hinchar sus egos como si de un globo se tratase.

Y él... él es el cervatillo cojo en mitad del bosque, Tomi, de débil carácter y algo cobarde, intenta no mirar a ningún chico, prefiere caminar intentando pasar desapercibido.

¿Qué pasa, Tomi? ¿Te dejaste el biberón en casa? —le dice Borja, el de siempre, con esa sonrisa torcida que no conoce el descanso, Borja, un chico alto, algo musculoso, cabello negro ondulado y ojos marrones.

Borja es el chico que lleva haciéndole bullying desde que entró al primer año de secundaria, él y su grupo de amigos le hacen la vida imposible, le han hecho la zancadilla, le han tirado los libros, le han escupido, tirado bolas de papel, pero sobretodo, lo que más le duele, es cuando le agreden psicológicamente, esas heridas tardan en sanar más que las físicas.

Si te has dejado el biberón, yo puedo darte mi biberón. —dice Kike, la mano derecha de Borja, más bajito que Tomi, pero de tez más oscura y cabello negro como el carbón, su mandíbula afilada daba miedo.

Antes de que Tomi pueda responder, que tampoco es que lo haga a menudo, siente un golpe en la espalda, seco, directo, tropieza contra las taquillas, las carcajadas estallan de manera burlona contra él.

¡Cuidado, que goteas aceite, mariquita! ¡Pareces retrasado! —dice Borja con una carcajada tras empujarlo.

Kike y los demás ríen, no son personas, son ecos malignos.

Y él, como siempre, no dice nada, solo baja la mirada, aprieta los dientes y camina, tragándose la humillación como puede, sabe que es un cobarde.

Tras el largo día de clase, decide no volver a casa, ¿para qué? No quiere ver la cara del maltratador de su padre, camina solo por las calles del barrio, solo, como siempre, sin amigos.

Las zapatillas, rotas, denotando que es clase baja y la capucha puesta aunque no llueva, no quiere que nadie le reconozca.

Pasan las horas, la ciudad se tiñe de naranja bajo las farolas, una luz enferma, como si el mundo estuviera bajo una lámpara de calor que no consuela.

Se desvía dando vueltas, no quiere llegar a casa aún, no quiere oír a su madre llorar en la cocina, ni a su padre maldecir desde el sofá mientras ve la televisión y vocifera el haber tenido un hijo inútil.

Se pierde por callejones que huelen a humedad y a basura, como si pudiese desaparecer, y entonces la ve.

Una tienda que no había visto nunca, un escaparate sucio, con objetos extraños tras el cristal empañado, velas negras, frascos con líquidos oscuros, libros sin títulos.

Y en el centro, como si lo esperara, un muñeco de ventrílocuo.

Es grotesco, tiene el tamaño de un niño de cinco años, vestido con un traje negro y una pajarita torcida, roja.

Su cara es de madera, tallada con torpeza, los ojos de cristal son enormes, demasiado brillantes.

La sonrisa, inmóvil, lo atraviesa de oreja a oreja como una cicatriz.

Tomi siente un escalofrío, da un paso hacia atrás, pero entonces, algo lo empuja, no físicamente, sino desde dentro y cruza la puerta.

Una vez dentro se da cuenta, la tienda es más grande de lo que parece, el aire está cargado de incienso barato y madera podrida.

Hay estanterías por todas partes, cubiertas de polvo, relojes detenidos, amuletos que parecen susurrar cosas que el oído no alcanza a entender.

Pero Tomi solo ve una cosa, el muñeco.

Está en un estante bajo dando al escaparate, como si alguien lo hubiese dejado al alcance de sus ojos, ya no parece burlarse.

O tal vez sí, hay algo en su sonrisa que cambia según lo mires, como si supiese algo.

¿Puedo ayudarte? —dice una voz ronca, femenina, desde el fondo.

Una anciana emerge de entre las sombras, tiene el cabello blanco como la ceniza, y ojos grises, opacos, como niebla vieja, parece la anciana de Coco, la película de Disney, una de las favoritas de Tomi.

Tomi señala el muñeco.

Eso... ¿Cuánto cuesta?

La mujer lo observa largo rato, como si midiera algo invisible entre ambos.

No tiene precio, lo siento —responde—. No insistas.

Pero..., ¿entonces por qué está ahí? —pregunta Tomi inquieto.

A veces le gusta exhibirse para que insensatos como tú lo quieran.

Lo que decía la anciana no tenía ningún tipo de sentido, Tomi miraba el muñeco, lo quería, sacó varias monedas y las puso en el mostrador, también sacó de su bolsillo su objeto más preciado, un reloj de bolsillo que su abuela antes de fallecer le regaló.

La anciana negaba con la cabeza, pero al ver el reloj de oro, lo cogió y volvió a mirar al muñeco.

¿Tanto lo deseas? —la anciana alzó de nuevo la vista hacia Tomi— De acuerdo, llévatelo, total, se ha encaprichado contigo, lo noto en sus ojos.

Tomi no pregunta más y ansioso toma el muñeco en brazos, y aunque es de madera, no pesa, es como si flotara.

¿Cómo se llama? —pregunta Tomi, mientras gira hacia la puerta.

Eso lo decides tú —responde la anciana—. Pero ten cuidado con lo que le dices, las palabras tienen vida propia.

Esa noche, Tomi se encierra en su habitación, su madre ni lo mira al pasar, su padre ni nota que está en casa, coloca al muñeco sobre su escritorio, bajo la débil luz de su lámpara.

Me llamo Tomi, ¿y tú?

El muñeco, inerte, le mira, como si analizara a nuestro protagonista, el cual esperaba una respuesta.

Eres poco hablador, te entiendo, yo tampoco hablo mucho.

En ese momento un estallido en la calle, dos coches se han chocado, Tomi se levanta de la cama, en la cual estaba sentado, se asoma y ve el accidente, en ese momento gira y ve al muñeco, parece haberse movido, no, es imposible.

Tomi le mira, vuelve a mirar el accidente.

Te voy a llamar Shou —dice sonriendo.

El muñeco no responde, claro, pero algo, en el fondo de su estómago, se revuelve, no sabe por qué lo ha traído y no sabe qué quiere de él.

Solo sabe una cosa, por primera vez en mucho tiempo, alguien parece estar escuchándolo.

Y mientras se apaga la luz y cae en un sueño inquieto, los ojos de Shou observan a Tomi, tumbado en la cama, parece dormirse, una lágrima cae por su mejilla, el muñeco sigue mirando.

(Continuará...)

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Creado, revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2505141741075

ISBN Code: 9789403794938