lunes, 4 de julio de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 12 ''Jake''

 

Capítulo 12 - Jake



El ruido del fuego quemando madera, el olor a madera quemada...



Abrí mis ojos, estaba en una especie de cabaña pequeña, había una cama, donde estaba yo, una gran alfombra de piel de un animal extraño en el suelo, una mesa de madera con tres sillas y una pequeña cocina.



Miré hacia lo que parecía una chimenea pequeña, el fuego fundiéndose con la madera daba un calor agradable, por la ventana podía ver que era de noche, intenté levantarme, pero me dolía todo el cuerpo.



Aún estás débil. —la voz de un chico me alertó e instintivamente mis ojos se fijaron en el fondo de la cabaña, donde no daba tanta luz, pero no le distinguía—. Pensé que nunca despertarías.



El chico avanzó y se dejó ver, la luz del fuego de la chimenea mostraba su rostro, era un chico de mi altura, quizás de mi edad, su cabello oscuro ondulado mostraba unos ojos oscuros, tal vez por la poca luz, su piel era salpicada por unas cuantas pecas. Cogió una silla, la puso cerca de la cama y se sentó observándome.



¿Dónde estoy? —pregunté confuso.



En mi casa, es humilde, pero un hogar es un hogar. —dijo el chico sacando un trozo de ramita y llevándoselo a la boca.



¿Quién eres? No entiendo que hago aquí... —no recordaba nada...



Bueno, es comprensible, llevas casi dos semanas inconsciente, a veces despertabas con temblores y decías ''te vengué'', ''muérete'' y demás, supongo que eran desvaríos.



Entonces recordé lo que pasó con James, mi corazón se heló.



Yo... —mascullé.



Verás, a veces suelo venir por esta zona a cazar, estaba en ello cuando escuché un disparo cerca de la antigua fábrica de textil, me acerqué a curiosear y te vi asestando varias puñaladas a un hombre.



En silencio, escuchaba atentamente a ese chico desconocido, diría que, de mi edad, mientras él, tranquilamente, mordisqueaba la ramita sin dejar de observarme.



Después, te saqué de allí y te traje aquí, unos chicos dieron la alarma de lo sucedido y fueron a la fábrica, allí encontraron al hombre y a un chico, fallecidos, los enterraron hace unos días, la verdad, me gustaría saber, ¿Qué pasó? ¿Os atacó?



El chico..., ¿Murió? —pregunté cabizbajo.



Sí.



Apreté los puños con impotencia.



¿Qué fue lo qué pasó? —preguntó el chico.



Le miré con cierto temor y a la vez desconfianza.



¿Por qué iba a decírtelo? —le pregunté de forma arisca.



El chico, dejó de mordisquear la ramita y me sonrió.



Bueno, entiendo que desconfíes de mí, pero, si no llego a sacarte de allí, ahora serías un cadáver, estuve casi un día entero sacando el plomo de tu pecho, y aunque tu velocidad de curación es sombrosamente rápida, no es efectivo si detecta trozos de plomo en tu maldita piel.



Le miré atemorizado, ¿Me vio curarme? Mierda...



¿Por qué me sacaste de allí? ¿Qué quieres de mí? —pregunté con cierto temor.



Tío, no quiero nada de ti, simplemente vi tus ojos, brillaban, y solo brillan de esa forma si un hada te echó polvos mágicos, por eso entré a por ti.



¿Qué? ¿Y tú como sabes eso? —pregunté confuso, que, por cierto, ahora me enteraba que había una forma de saber si alguien fue afectado por los polvos..., ojos brillantes...



El chico se levantó y se acercó a un pequeño mueble, abrió un cajón y sacó una caja, volvió a la silla y se sentó, me miró sonriendo y abrió la caja, en ella..., había un hada durmiendo.



Despierta vaga, ¡Llevas todo el día!



La chica que había dentro de la caja abrió los ojos de forma perezosa y estirazándose, era idéntica a Bucky, pero en forma de chica, era rubia, de cabello largo y lacio, ojos azules y piel dorada, sus alas tenían un tono rosado trasparente.



¡El chico despertó! —la chica hada salió volando, acercándose a mí de forma curiosa—. Jake, ¿Por qué no me avisaste? —preguntó la chica hada mirando al chico, al parecer, de nombre, Jake.



Necesitaba hablar con él. —el chico me miró y continuó hablando—. Me llamo Jake, y esta es Aerwyn, una chica hada, ¿Dónde está la tuya?



¿Mi qué? —pregunté sin entender, mientras Aerwyn revoloteaba por mi cabeza sin dejar de mirarme.



¿Cómo que tú qué? Tu hada, sino, ¿Quién te echó los polvos? —preguntó Jake confuso.



Ah..., te refieres a Bucky, no sé dónde está, lo perdí...



Tras mi confesión, ambos se miraron y Jake frunció el ceño.



¿Era un hada chico? Eso es imposible, se extinguieron hace tiempo... —Jake miró a Aerwyn intentando buscar una explicación.



Es verdad, los chicos hadas dejaron de existir, pero, he visto tu poder de regeneración, por lo que no mientes, además, si lo que dices es verdad, ¿Por qué no silbas? —me preguntó la hada observándome.



¿Silbar? —pregunté.



Sí, si es cierto que el chico hada ese te echó polvos, debió crearse un vínculo, silbando, vendrá a ti. —dijo Jake con seguridad.



Me incorporé sentándome en la cama y miré por la ventana, aún estaba oscuro, acerqué mi mano a la boca y comencé a silbar, lo hice bien fuerte, cuando terminé, los tres miramos a la ventana.



Pero no, Bucky no vino.



Mmmm, ¿Cuánto hace que te concedió sus polvos? —preguntó Jake.



No lo sé, si dices que estuve dos semanas aquí..., creo que tres semanas, puede que cuatro...



¿Qué? —Jake se levantó sin dejar de verme—. ¿Dices que hace poco que ocurrió?



Sí... —mascullé.



Los dos quedaron en silencio.



¿Qué edad tienes? —preguntó Jake.



¿Eso importa? —respondí.



Como quieras, en cuanto hayas repuesto fuerzas vendrás conmigo al Reino de las Sombras, allí los chicos como tú y yo no crecemos, además, un poder como el tuyo nos vendrá muy bien. —dijo Jake recogiendo lo que parecía ropa y metiéndola en una mochila.



¿El Reino? Bucky me habló de él, pero nunca estuve..., espera, ¿Allí no crecemos? —pregunté confuso.



No, ¿Qué edad piensas que tengo? 16 o 17, ¿No? Relativamente así es, pero, en verdad tengo más de cincuenta años.



¿Qué? —no le creía del todo.



En el Reino de las Sombras no existe el tiempo, allí nunca envejeces, por eso Jake está siempre allí, aquí viene a veces a cazar animales que no existen en el Reino. —dijo Aerwyn, que voló hasta las cajitas y se echó a dormir.



¿Otra vez? Que vaga eres... —dijo Jake.



Aerwyn le sacó la lengua y cerró la cajita por dentro.



Oye... —miré a Jake mientras me incorporaba, llevé mi mano al pecho, sentía un leve dolor—. Quería darte las gracias por sacarme de allí y curarme.



No tienes por qué darlas, tu habrías hecho lo mismo. —dijo Jake mientras cerraba la mochila y se acercó a la cama, sentándose a mi lado—. Mira, entiendo que estés asustado, es normal, yo lo estuve en su día.



Miré a Jake, entonces me di cuenta de que sus ojos eran verdes, un verde claro precioso, además, efectivamente tenían un brillo particular, que, hasta ahora, nunca había visto.



¿Qué? —preguntó Jake confuso.



Nada, tus ojos, son verdes y...., me gustan.



Jake sonrió y me miró a los ojos.



Será mejor que descanses. —dijo levantándose de la silla y echando mas leña al fuego de la chimenea.



El sonido de los pájaros cantando me despertó, los rayos del sol entraban por la ventana y con mi mano logré taparlos para que dejasen de darme en la cara.



Escuché el ruido de un hacha cortando lo que parecían troncos de madera, aparté la manta destapándome y vi que estaba desnudo, me levanté corriendo y cogí la ropa que había en la silla, un pantalón corto color granate y una camisa del mismo color, parecían de la nobleza, porque eran suaves y estaba muy limpia, olían bien.



Tras vestirme me asomé por la puerta y vi a Jake, estaba sin camiseta, solo en pantalones, también cortos, iguales a los míos, estaba cortando madera con un hacha, el sol pegaba con fuerza y estaba sudando.



Suspiré y me acerqué hasta su posición, en verdad sentía cierta vergüenza, ya que recordaba lo que anoche habíamos hecho...



Habíamos dormido juntos y...



Su cabaña estaba en medio de un gran bosque, por donde pasaba un enorme río, él no me vio venir, me acerqué y lo saludé.



Buenos días... —dije mientras mi temperatura subía, ¿Por qué?



Ah, ya despertaste. —Jake se giró y pude ver su cuerpo bien definido, estaba bastante musculado para su edad—. Buenos días, ¿Sabes? Aun no sé tu nombre... —Jake sonrió y acercándose a mí se sentó en una hamaca de tela a descansar—. Estoy reventado.



Yo..., me llamo Pan. —tras decirle mi nombre, Jake me miró frunciendo el ceño y sonriendo—. ¿Qué?



Nada, me gusta, suena..., comestible. —dijo guiñando un ojo—. Toma, tendrás hambre.



Jake recogió una bolsita del suelo y me la lanzó por el aire, la alcancé y cuando la abrí vi muchos frutos secos y frutas.



Gracias... —e inmediatamente comencé a comer sin parar, estaba hambriento, Jake, sonriente, me miraba curioso—. ¿Qué?



Me acerqué y me senté en el suelo, a su lado, me ofreció una gran jarra de agua y me bebí por lo menos la mitad, estaba también sediento.



Oye, ¿Esta ropa es de noble o algo así? —pregunté en cuanto me sentí satisfecho, Jake, mirando al sol con los ojos cerrados, comenzó a hablar.



No, es piel de Gürbel.



¿Gürbel? —pregunté curioso.



Sí, es una especie de mitad lobo, mitad oso, es muy peligroso, vive en los bosques más profundos del Reino, su piel es muy cotizada.



¿Qué? No puedo aceptarla...



Es un regalo, además, lo cacé yo mismo, así que te callas y lo aceptas, y... —giró su cabeza y me miró abriendo los ojos—. Te ves muy guapo así vestido.



Mi cara se puso toda roja y me levanté como un resorte.



Tengo que irme. —dije.



¿Qué? ¿A dónde? —preguntó Jake levantándose.



Al orfanato.



¿Para qué? Ya no formas parte de este mundo, te dije que esta noche volveríamos al Reino, ¿Recuerdas? —Jake parecía decepcionado.



Lo sé, pero... —desvié mi cara hacia el río—. Les debo una disculpa a esos chicos, ese hombre me seguía a mí y los puse en peligro.



Jake se acercó a la pila de troncos y se puso su camiseta.



Muy bien, como quieras, se va subiendo el río. —dijo secamente.



Le miré decepcionado.



¿Qué? No esperes que te acompañe, no soy de este mundo, pero te esperaré, esta noche volveré al Reino, recuerda que debe ser antes de que se ponga el sol, si vienes, iremos juntos, si no vienes, me iré sin ti. —Jake recogió la mochila y entró en la cabaña, dejándome allí.



Lo noté entre decepcionado y triste, pero realmente necesitaba saber cómo estaban los chicos, suspiré y salí corriendo río arriba, podía notar a Jake mirar a través de la ventana, lo presentía.

Corrí todo lo deprisa que pude hasta llegar al orfanato, casi sin aliento, me detuve en el callejón donde el padre de Óscar me trajo por primera vez, caminé hasta la puerta y llamé esperando a que abrieran.


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794945

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