sábado, 9 de abril de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 7 ''Sombras''

Capítulo 7 - Sombras



Era metálico, sí, un sabor muy metálico, podía saborear cada partícula en mi boca, era sangre, también estaba la oscuridad, no podía ver nada, intenté percibir sonido, pero era inútil, no escuchaba nada.



Me revolví, pero era inútil, parecía encadenado, sí, estaba encadenado, sentía en mi boca sangre y apenas sentía mi cuerpo, lo tenía como dormido, mis ojos, vendados, no sabían decirme dónde estaba, pero sí que podía escuchar...



Hasta que, al fin despiertas, princeso. —era Sam, o mejor dicho James, ese canalla.



Sentí como me quitaba la venda y mis ojos fueron cegados por la luz.



Vaya, realmente tu poder regenerativo es sorprendente. —sentí las manos de James en mi tobillo, lo tocaba y palpaba—. Increíble.



Un puñetazo en mi cara me hizo reaccionar.



¡Cabrón, lo estropeaste todo!, pero ahora tengo un saco de boxeo que se arregla solo, es maravillo, ¿No crees?



Escupí la sangre en el suelo y miré a James con rabia.



¿Qué? ¿Cómo era eso? Ah sí, que ibas a matarme por lo de Nico, ¿No? Ja, ja, ja —James se reía ante mi mirada de impotencia.



Intenté revolverme, pero era inútil, mis muñecas estaban atadas a las cadenas de la pared, dejándome de rodillas en el suelo, James, que me miraba de pie, sonreía.



Bueno, mira que juguetes traje. —James abrió una maleta metálica que tenía en la cama, en ella había varios instrumentos metálicos, sobre todo para cortar cosas.



Mi sangre se heló al sacar un gran cuchillo de carnicero y me miró con odio.



Nico..., mi Nico..., me lo quitaste, tú me quitaste a mi obediente mascota. —dijo cínicamente.



¿¡Que yo te lo quité? Puto asesino, solo eres un puto... —no pude terminar mis palabras, James me pegó otro puñetazo, me sujetó del cabello y acercó su cuchillo a mi cuello.



Voy a disfrutar desgarrando tu piel, así comprobaré qué tan eficaz es tu...



James se detuvo, escuchó un fuerte ruido fuera, como el sonido de un carruaje deteniéndose cerca, después se escuchó el bufido de un caballo, miró a la ventana de arriba y esperó unos segundos en silencio sin soltarme.



¿Buenas? —una voz ronca asustó a James, que se levantó y me tapó la boca con una mordaza.



No hagas ninguna tontería, o te mato. —James posó el cuchillo en el maletín y salió del cuarto dejándome allí solo.



Intenté revolverme, pero era imposible, entonces escuché como James hablaba con alguien, quedé en silencio, pero era imposible saber qué decían, miré cada rincón del cuarto, pero no sabía cómo liberarme, debía hacer algo o James me acabaría destrozando, estaba enfermo.



Entonces, en un ademán de soltarme me hice mucho daño en la muñeca, me detuve y miré hacia ella, sí...



No me quedaba de otra, era eso o quedarme ahí.



Mordí con fuerza la mordaza y comencé a sacar con todas mis fuerzas la mano de la cadena, mi piel iba rasgándose con muchísimo dolor, comencé a llorar y a gritar mordiendo con fuerza la mordaza, paré unos segundos para respirar y continué.



Noté el mayor dolor que sentí en mi vida y mi muñeca, o parte de ella se liberó, respiré con dificultad e hice lo mismo con la otra, entre sollozos conseguí liberar ambas manos y me mantuve de rodillas llorando de dolor e impotencia.



Controlé mi respiración y cuando me recompuse me levanté, miré mis manos, ensangrentadas, mis muñecas estaban en muy mal estado, caminé y cogí varios trapos que tenía James en el maletín, con cuidado y lentitud rodeé mis muñecas.



Caminé hacia las escaleras y comencé a subirlas, a cada paso que daba parecía que me desmayaba, realmente el dolor de mis muñecas era demasiado, me ardían, me escocían.



Subí las escaleras y comprobé que la puerta estaba abierta al empujarla despacio, claro, ¿Para qué cerrarla si yo estaba encadenado? Además, con las prisas quizás se le olvidó, salí de la habitación y caminé a la salida, James estaba hablando con el otro hombre, que parecía nervioso, ambos parecían discutir.



No quería saber de qué, debía marcharme de allí, retrocedí unos pasos y salí por detrás, donde estaba la tumba de Nico, miré hacia ella y apreté mi puño, un leve dolor me invadió al hacerlo.



Perdóname Nico, no he podido vengarte, pero lo haré, te lo juro.



Caminé hacia dentro del bosque y me perdí dentro de él, el sol se escondía y solo se veían algunos rayos que atravesaban las ramas con dificultad, caminé y caminé durante mucho tiempo, no me detuve en ningún momento, tenía sed, mis labios estaban agrietándose, necesitaba agua, necesitaba beber algo...



A lo lejos pude ver una carretera, me acerqué y conseguí salir del bosque, la carretera, miré a los lados, pero no había nada, solo carretera, entonces escuché un sonido, sí, era agua, el sonido del agua.



Corrí hacia ese sonido todo lo que pude, iba por la carretera hasta ver que la misma estaba unida a un puente, por debajo pasaba un río, me desvié a un lado y bajé la pequeña colina hasta llegar al río, me arrodillé y con mis manos comencé a beber agua sin parar, al terminar de beber agua y sentirme saciado me di cuenta, no tenía ya las heridas en mis muñecas, se habían curado.



Increíble... —murmuré.



¿Viste algún pez o algo? —una voz muy aguda me alertó y me levanté sobresaltado.



Al verlo, no me lo creía, era Nico, le miré y casi eché a llorar.



¿Nico? —me comencé a acercar hacia él, que me miraba extrañado.



¿Cómo? —se quitó la gorra gris que llevaba en la cabeza y pude verlo bien, no, no era Nico.



Miré y pude ver a un chico de mi edad, era rubio con el pelo rizado, con muchas pecas y la piel muy tostada por el sol, iba vestido con unas botas de piel, unos pantalones cortos color canela y un chaleco a juego.



Disculpa, no quería asustarte. —el chico avanzó—. Me llamo Óscar.



El chico me miró sonriente, en su mano llevaba una caña de pescar, se acercó hasta mí y al retroceder caí al río, mojándome.



Ja, ja, ja, ¡Cuidado! —el chaval comenzó a reírse.



Molesto, le miré con enojo.



No tiene gracia. —dije.



Disculpa, es que fue gracioso. —el chico, Óscar, se acercó hasta mí y me ofreció su mano.



La sujeté y me apretó con fuerza para levantarme.



Bueno, ¿Y tú?, ¿Cómo te llamas? —me preguntó.



Me quedé pensativo sin saber que decir, no quería decirle mi nombre, entonces sentí su piel, aún sujetaba mi mano, nuestras miradas se cruzaron y me separé de manera instintiva.



¿No quieres decírmelo? —el chico escudriñó mi cuerpo pensativo—. Joder, estás hecho una mierda.



Miré mi aspecto, con la ropa rasgada, James me puso una camiseta que estaba para tirar, unos pantalones que estaban casi rotos ya e iba descalzo.



¿Y tus padres? —preguntó.



Oye amigo, no te importa ni mi nombre, ni qué hago aquí. —dije molesto.



El chico, lejos de ofenderse me miró con tristeza, en parte me sentí mal, pero me salió así.



¿Y tú qué?, ¿Y tus padres? —pregunté.



Mi padre está al final del río, vinimos de fin de semana, ¿Quieres que te llevemos a algún sitio? Volvemos mañana a casa, vivimos en Richmond, Virginia, está a pocas horas de aquí en carruaje, tenemos uno, si quieres, te llevamos.



El chico me miró con ternura y sacó de su bolsillo un sándwich envuelto en plástico, no pude evitar sentir un hambre atroz al verlo.



Si vienes te lo doy. —dijo frunciendo el ceño, esperando mi respuesta.



Asentí y le quité el sándwich, lo abrí y comencé a comérmelo con vehemencia, en dos o tres bocados me lo terminé ante su mirada, que no me la quitaba de encima en ningún momento.



¿Qué? —pregunté con incomodidad.



Nada, mira, prefiero que mi padre no te vea así, ¿Hacemos una cosa? Espérame aquí y te traigo algo de ropa, así cuando te vea no te verá tan...



¿Tan qué? —le corté.



Lleno de mierda. —dijo tajante—. Espérame aquí ehh, no te vayas.



El chico corrió camino río abajo, al rato lo perdí de vista, miré al cielo y ya estaba atardeciendo, el sol ya no daba con tanta fuerza.



Me metí en el agua y me limpié todo lo que pude, me quité la camiseta y me froté la piel limpiando toda mi suciedad, al terminar me senté en el borde del río apoyado en la pared del puente, no sé cuánto esperé, pero cada vez hacía más frío y la luz del sol iba desapareciendo.



Unos crujidos de ramas me asustaron y miré a mi izquierda, fijé mi mirada y vi unos arbustos moverse, pero no por el viento, se movían como si ahí hubiese algo, esperé un rato y entonces vi como un lobo salió de la maleza, era negro, muy negro, sus ojos verdosos brillaban con intensidad.



Me levanté con temor y di varios pasos atrás, el lobo se acercó un poco más y me enseñó sus dientes con furia, asustado tropecé con una piedra cayendo de culo, entonces escuché los crujidos de las ramas y una luz me cegó proveniente a mi derecha.



¿Qué haces ahí tirado? —preguntó Óscar, que me miraba apuntando con una antorcha a mi cara.



Miré hacia donde estaba el lobo, pero ya no estaba.



¿Dónde está? —pregunté nervioso levantándome del suelo mirando a todos lados.



¿El qué? —Óscar, que miraba también a todos lados, me miraba extrañado, pero no, el lobo ya no estaba.



Aquí había un lobo, ¡Justo ahí en frente! —con mi mano le señalé donde lo vi.



Óscar miró con temor y después se acercó a mí.



Toma, anda, cámbiate de ropa, y no te preocupes, aquí suelen haber lobos, pero no atacan a humanos a no ser que los molestes, además tengo esto. —Óscar sacó una navaja con orgullo.



Cogí la ropa y me puse la camiseta, estaba helado de frío, tras eso, me puse un jersey, era de algodón, muy cómodo.



Así que estate tranquilo, ¡Yo te protejo! —tras las palabras de Óscar recordé a Nico, no pude evitar sentir un desasosiego enorme—. ¿Por qué te detienes? Está anocheciendo y la caravana queda lejos.



Lo miré con cierta vergüenza, no quería quitarme los pantalones con él ahí delante.



¿Qué? Vaaale, miro a otro lado. —Óscar se alejó y se acercó al río dándome la espalda, podía ver como comenzó a lanzar piedras al río.



Con rapidez me bajé los pantalones y los dejé a un lado, tras esto, me puse unos pantalones cortos, pero no se me quedaban ajustados, se me bajaban un poco, me puse unos calcetines que me daban calidez y luego unas botas de piel desgastadas, éstas me encajaban perfectamente.



Me quedé sentado mirando a Óscar lanzar piedras y como estas flotaban por el agua hasta hundirse, se giró y me miró sonriendo.



¿Ya estás? —Óscar se acercó y me ayudó a levantarme, caminó a mi alrededor escudriñando cada centímetro de mi cuerpo, se acercó a mí y me miró a los ojos, entonces pude ver sus ojos azules, azules claros, no podía dejar de mirarlos—. Te ves muy guapo ahora con mi ropa ja, ja, ja.



Sus palabras me sorprendieron y a la vez me ruborizaron.



Bueno, venga, ya es muy tarde. —Óscar caminó río abajo y yo le acompañé, íbamos a paso ligero, en parte sentía mucha tranquilidad y paz a su lado, por fin alguien que no me iba a dañar, justo alguien que no es adulto.



Lo que me preocupaba era su padre, no sé cómo le sentaría la idea de que me llevase con ellos a Virginia, pero era mi mejor opción, alejarme de este infierno e intentar buscar algo allí, trabajo, un hogar, lo que sea...



Estaba en mis pensamientos cuando escucho un fuerte crujido a nuestra derecha.



¡Espera! —ordené a Óscar con temor.



¿Qué pasa? —preguntó.



¡Shuuu! —le hice callar y nos mantuvimos en silencio, solo roto por el ruido del agua del río que estaba a nuestra izquierda.



De nuevo un fuerte crujido, miré a la derecha, en el bosque, dentro, sí, me fijé bien, entonces lo vi, unos ojos, muy rojos, brillantes, eran más grandes de lo normal, no eran humanos, mi respiración comenzó a acelerarse, retrocedí unos pasos y sujeté de la mano a Óscar.



Sin quitar la mirada de esos ojos, esos horribles y temibles ojos, que comenzaron a moverse y pude ver una especie de hocico animal, pero era imposible, por la disposición en la que estaba, debía medir unos dos metros, los ojos se acercaban y salieron de la oscuridad, entonces pude ver su cara, su peluda y horrible cara, la de un monstruo horrible.



¿Qué pasa? —preguntó Óscar, le miré y le señalé.



Allí, ¿No lo ves? —miré de nuevo, pero ya no había nada, solo el ruido del agua del río y el de algunas ramas moverse por el viento que comenzaba a hacer.



No, allí no veo nada, pero tu mano me duele. —dijo Óscar mientras guiaba la luz de su antorcha hacia donde vi a esa bestia.



Bajé la mirada y solté su mano.



Perdona... —miré hacia donde vi el monstruo, pero seguía sin ver nada, Óscar se dio la vuelta y continuó caminando.



Los dos seguimos en silencio, caminando hacia donde estaría su padre, empecé a distinguir a lo lejos una pequeña hoguera que había cerca.



Al llegar a donde estaban acampando, había un hombre sentado al borde de la hoguera, al verlo retrocedí varios pasos cayendo al suelo del terror.



No, no puede ser... —mascullé.



Era James, se giró con su rifle en la mano y un conejo en la otra, al verme, corrió hacia mí sujetándome con fuerza.



Óscar, impotente, observó la escena sin reaccionar.


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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ISBN Code: 9789403794945

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