Capítulo 8 - Mentiras
Óscar, impotente, observó la escena sin reaccionar.
—¿Qué te pasa? —preguntó Óscar sin entender—. Es mi padre.
El hombre me sujetó y entonces lo observé bien, no, no era James.
—Al ver que te echabas atrás pensé que caerías al fuego de la hoguera, menos mal que te sujeté corriendo. —dijo el hombre, que era de estatura media, robusto y con la cara muy marcada por sus facciones delgadas, estaba rapado, tendría unos 35 años.
Miré atrás y efectivamente si no me sujeta me hubiese caído encima de la hoguera.
—Que, por cierto, ¿Y tú quién eres? —preguntó el hombre.
—Es un chico que necesita un aventón a donde nos dirigimos. -dijo Óscar con una sonrisa intentando convencer a su padre.
—¿Ah sí? Óscar... —el padre parecía poco convencido.
—Papá, no podemos dejarle aquí...
El padre me miró con detenimiento, pensativo.
—Está bien, te llevaremos, recojo unas cosas y nos vamos.
—Muchas gracias, señor. —dije con una sonrisa.
Ambos nos subimos al carruaje y nos sentamos atrás, Óscar me miraba sonriente.
—¿Qué? ¿Te gusta nuestro carruaje? —preguntó mirándome.
No contesté, en realidad sentía desconfianza, no podía fiarme de ellos, incluso de Óscar, tras lo de James, ya no confiaba en nadie.
Óscar se tumbó al lado izquierdo y comenzó a dormir, yo, por mi parte, solo observaba las estrellas en el cielo oscuro, entonces pensé en Bucky..., lo dejé atrás...
—Chico, ¿Cómo te llamas? —preguntó el padre de Óscar—. Yo me llamo Óscar, como mi hijo. —el hombre se giró y lo vio durmiendo, carraspeo la garganta y siguió manejando las riendas—. Verás, mi hijo suele hacer amigos con facilidad, y no le culpo, siempre fue un chaval muy bueno, por eso, espero que no estés pensando en robarnos o algo.
—¡Claro que no, señor! —dije con el mismo volumen de voz que él estaba usando, en bajito, no queríamos despertar a su hijo.
—No te acuso, simplemente te aviso.
Hubo un silencio, solo roto por los pasos del caballo y las ruedas del carruaje siendo empujado por este.
—Y me llamo Pan, señor. —dije.
—¿Pan? Que nombre más curioso..., ¿Qué harás cuando lleguemos a Virginia? —preguntó mientras sacaba algo del bolsillo de su chaqueta, parecía ser un reloj de bolsillo.
—No sé, supongo que buscaré un trabajo o algo... —dije cabizbajo, lo cierto es que aún no sabía qué hacer, ¿Un chico de mi edad solo en una gran ciudad? ¿Qué puede salir mal?
Un fuerte soplo de viento azotó el bosque y mi mirada se clavó en uno de los árboles que daba a nuestra derecha, todo estaba muy oscuro, solo se iluminaba nuestro carruaje por el farolillo que teníamos dentro.
Las ramas crujieron y sentí mi corazón latir con fuerza, mi respiración iba aumentando conforme empezaba a ver como un lobo nos observaba, sí, de nuevo ese lobo negro de ojos verdosos, volvió a sacar sus colmillos como si quisiera atacarnos, no podía dejar de verlo.
De repente, un fuerte bache azotó el carruaje y el padre de Óscar se quejó mientras detenía al caballo.
—Calma chico, calma. —decía el hombre.
El carruaje se detuvo y se bajó del mismo.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Óscar incorporándose.
—Nada, creo que una de las ruedas se dobló con alguna roca o algo que no vi. —el hombre miraba la rueda de cuclillas e intentaba moverla.
El caballo empezó a ponerse nervioso.
—Ey chico, ¿Qué te pasa? —preguntó Óscar mientras lo acariciaba intentando calmarlo.
Por mi parte, mi nerviosismo aumentaba, tras el bache, el lobo negro había desaparecido, pero seguía teniendo la sensación de estar vigilados.
El bosque hacía ruidos extraños, crujidos, sonidos de grillos, el agua del río..., de repente todo era más intenso, hasta que, de repente, se hizo el silencio.
—¡¡Aggghhh!! —el grito ensordecedor de lo que parecía un hombre dentro del bosque nos asustó e instintivamente todos miramos hacia su procedencia.
—Pa..., papá..., ¿Qué fue eso? —preguntó Óscar asustado.
—No..., no sé... —el hombre, también asustado, intentó mantener la calma y se subió al carruaje—. Será mejor ponernos en marcha.
Óscar se puso a mi lado y noté su mano sujetando la mía, estaba temblando, él no dejaba de mirar hacia el bosque, y no mentiré, yo tampoco.
El carruaje comenzó a moverse y el caballo continuó su camino, pero aún no se nos iba esa extraña sensación, al menos a mí, de estar vigilados.
Entonces lo vi, dentro del carruaje había una bolsa y dentro de ella un rifle, se había movido de dentro al moverse el carruaje con el bache, miré el rifle y tragué saliva, ¿Qué hace con un rifle? Aunque, ahora me sentía más seguro, si era necesario, esta vez no dudaría, lo usaría.
—Será mejor que os echéis e intentéis dormir algo, aún queda un par de horas para que lleguemos a Virginia.
Hicimos caso, me tumbé en el lado derecho y Óscar en el izquierdo, ambos nos mirábamos el uno al otro, a veces le veía sonreír, después, Óscar cogió el sueño y se durmió, podía ver como su respiración era profunda y tranquila.
—¡¡Compre el periódico!! ¡¡Por sólo 10 centavos!! —la voz de un niño me despertó, abrí los ojos y pude ver el cielo, estaba amaneciendo.
Me levanté y vi a Óscar al lado de su padre sujetando las riendas, se dieron cuenta y me saludaron.
—¡Buenos días dormilón! —dijo Óscar, que se levantó y se sentó de nuevo detrás, junto a mí.
—Buenos días... —dije desganado mientras me rascaba la cabeza y bostezaba.
Observé como era la ciudad, no era tan grande como Philadelphia, pero era bonita, grandes casas, tiendas, muchos carruajes, caballos, había mucha gente, realmente parecía una ciudad limpia.
—Bueno, ya casi estamos. —dijo el padre de Óscar, que se detuvo en una casa, se bajó del carruaje y nos hizo bajar, después sacó la mochila con el rifle y caminamos hasta la casa—. Pasa, hijo, al menos te daremos de desayunar.
Entré un poco desconfiado, la casa parecía tranquila, limpia y moderna. Un gran reloj en el comedor llamó mi atención, Óscar subió las escaleras y me quedé a solas con el padre.
Entonces una mujer de mediana edad se asomó por la cocina y se acercó a nosotros.
—Buenos días, señor, bienvenido. —dijo ella, que me echó una mirada confusa, la mujer era de tez blanca, pelo oscuro recogido con una coleta y un vestido negro con remaches blancos, parecía una mujer de servicio.
—Es un invitado, Lidia, llévelo al baño para que se dé una buena ducha, también algo de ropa de Óscar.
—Sí señor. —la mujer me sujetó de los hombros y me guio por un gran pasillo, cruzamos por la cocina y entramos a un baño enorme, había una gran bañera en el centro y ropa tendida en cuerdas que colgaban a los lados del baño—. Le dejo a solas para que se asee, tiene aquí lo necesario para ello, enseguida le traigo ropa.
Lidia, la que parecía la chica del servicio, me dejó a solas, lo que no me gustaba es que el baño no tenía puerta.
Suspiré y me quité la ropa que Óscar me había dado por la noche, me metí en la bañera y tras girar la manivela, el agua mojó mi cuerpo, con la pastilla me limpié a fondo toda la suciedad mientras pensaba todo lo que me había pasado durante esta semana...
Escuché un ruido y vi a Óscar con ropa en sus manos, me tapé instintivamente y él comenzó a reírse en voz baja.
—¿Qué tal todo? Traje esto. —dijo, después se acercó y puso la ropa encima de una silla—. Te traje ropa mía del año pasado, creo que será más de tu talla.
Un poco avergonzado salí de la bañera y me puse una toalla.
—¿Qué tal vas? —el padre de Óscar entró en escena—. Hijo, dejemos al chaval a solas.
—Gracias por todo... —mascullé nervioso.
El padre vio la ropa y sonrió.
—Bueno, te dejamos cambiarte, en cuanto estés búscame en mi despacho, ¿Vale? Quiero hablar contigo.
El padre se fue antes de que pudiese decir nada, me terminé de secar y me puse la ropa, tras esto, entré en la cocina y me acerqué al grifo a beber agua, estaba sediento, por la ventana podía ver el exterior, gente caminando, carruajes, y unos hombres de uniforme, parecían oficiales.
Dejé el vaso de cristal en la encimera y busqué su despacho, el padre de Óscar estaba sentado en un sillón fumando un puro, entré y caminé hasta estar al otro lado de su escritorio.
—Siéntate. —ordenó muy serio, no me gustaba su actitud conmigo.
Me senté en la silla de enfrente callado, bajé la mirada con mis manos en las rodillas.
—Verás, Pan, puedo imaginar que eres un chaval que, o se escapó de casa, o no tiene casa, lógicamente aquí no puedes quedarte, ¿Entiendes?
—No se preocupe, le dije que...
—No me cortes cuando hablo. —dijo tajante, exhaló el humo del puro y lo dejó en un cenicero, entrelazó los dedos de sus manos y me observó en silencio, pensativo.
Yo, mientras tanto, tenía ganas de llorar, no sé por qué, pero sentía impotencia, o más bien injusticia, ¿Por qué todos me trataban mal?
—Escucha, tengo un amigo que no puede tener hijos, su mujer está enferma y llevan años intentándolo, por lo que, no puedo dejarte marchar por ahí solo y que traigas problemas, yo sería el culpable, ¿Comprendes?
Afirmé con la cabeza.
—Bien. —el hombre se levantó y apagó el puro—. Vamos a hacerle una visita, para que te vea, si tienes suerte puede que vivas con ellos, y así podrás vivir aquí e ir a la escuela, ser amigo de mi hijo Óscar y demás, ¿Te parece bien?
De nuevo, afirmé con la cabeza, y aunque me sentía feliz de que alguien se preocupase por mí, también sentía algo de recelo, ¿Cómo sería esa familia? ¿Cómo la mujer que me acogió? Aún recordaba a la asquerosa de mi tía, siempre me tuvo odio. No soportaría más daño.
Acompañé al hombre al carruaje, intenté buscar a Óscar, pero por mucho que miraba, no lo veía, hasta que al final de la calle lo vi junto a otros niños, jugando en una fuente de agua, reía y echaba agua al resto.
El padre tomó las riendas y nos alejamos de allí, no podía dejar de mirar a Óscar, algo dentro de mí sentía que no lo volvería a ver nunca jamás.
Durante casi media hora de recorrido no dejaba de pensar en todo, sentía miedo, a veces pensaba en saltar y salir corriendo, realmente no confiaba en el padre de Óscar, la zona donde comenzamos a adentrarnos parecía un barrio más bien pobre, había poca gente, las tiendas eran en menor cantidad y podía ver a algunos niños con ropas rasgadas jugando en algunos callejones.
¿Sus amigos eran gente pobre? Sino, ¿Por qué estábamos en un barrio de peor estado?
Se acercó a una calle y se detuvo cerca de un callejón.
—Bueno, ya hemos llegado. —dijo el padre, que detuvo las riendas y se bajó del carruaje—. Vamos, se hace tarde.
Me bajé y pude ver a unos niños mirándonos, se decían algo entre ellos sin dejar de verme, acompañé al padre hasta el final del callejón, esto pintaba mal, pero no llevaba armas, y su rifle lo dejó en casa...
Se acercó a una puerta de metal y dio varios golpes, yo empezaba a estar muy nervioso y él lo notaba.
—Tranquilo, son buena gente. —dicho esto la puerta se abrió y apareció una mujer muy gorda y con cara de dóberman furioso—. Hola, Celia, ¿Está Alexander? Es urgente.
—No, ha salido, pero está su mujer, pasa. —la mujer nos hizo pasar sin quitarme la vista de encima, entramos a lo que parecía una gran despensa, la mujer cerró la puerta con candado y nos hizo seguirla, salimos de la despensa y caminamos por un largo pasillo.
—¿Por qué hay una puerta en la despensa? —pregunté curioso, pero ninguno me contestó.
—Por aquí, está arriba. —la mujer señaló con su mano hacia las escaleras, todo estaba muy silencioso.
Subimos hasta el segundo piso y todo era diferente, lo que parecía una casa, ahora parecía..., otra cosa...
—¡¡Óscar!! —una mujer apareció de la nada y se abrazó al padre de Óscar.
—¡¡Abie!! ¡¡Cuánto tiempo!! —el hombre le correspondió y tras el abrazo, ella me miró, la mujer, alta y esbelta, tenía el pelo recogido con una coleta.
—¿Y este pequeño? —preguntó agitando mi cabello desordenándolo.
—Se llama Pan, es un chico huérfano.
—Vaya por dios, lo siento. —dijo ella—. Vale, pasad.
Entramos a un despacho y me senté en un sofá que había en la derecha, Abie le sacó un puro y se lo ofreció, pero Óscar lo rechazo amablemente.
—No, tengo prisa, he dejado a mi hijo sin decirle donde vengo y no quiero preocuparle.
—Entiendo. —dijo ella—. Esto, Pan, ¿No? ¿Nos dejas a solas un momento?
Yo, extrañado, afirmé con la cabeza y salí del despacho, Abie cerró la puerta y me acerqué a escuchar, puse el oído para saber que decían.
—¡¡Está mal espiar!! —la voz de un chico me sorprendió por detrás y me di la vuelta como un resorte—. Ja, ja, ja, ¿Te asusté? Me llamo Sven, un placer.
El chico, de piel oscura, pelo castaño oscuro ondulado corto y ojos marrones, me tendía su mano sonriente, la cual le sujeté con fuerza aceptando su saludo, el chico era más o menos de mi edad.
—¿Eres nuevo no? —preguntó observándome, aun sujetando mi mano.
—¿Nuevo? ¿No soy el primero que adoptan? —pregunté confuso.
—¿Adoptan? —Sven me quitó la mano frunciendo el ceño—. No te entiendo, nuevo.
La puerta se abrió y apareció Abie.
—¿Sven qué haces aquí? —preguntó la mujer.
—Es que Raúl dijo que necesita ayuda abajo, que se han peleado Mikel y Juanjo.
—Ahh..., otra vez esos dos... —la mujer me miró y yo me asomé al despacho, pero Óscar no estaba—. Ya se ha marchado, tenía prisa, ven, vamos abajo.
Yo, sin entender nada, bajé casi obligado y me guio junto a Sven por un largo pasillo, abrió la puerta y entonces vi a muchos chicos, casi veinte, o más, sentados en varias mesas comiendo, el barullo era ensordecedor.
Los niños, al vernos, se quedaron en silencio, la mujer me guio hasta lo que parecía la cocina de ese enorme comedor.
—¡¿Dónde estoy?! —pregunté nervioso.
—Cálmate, coge una bandeja y toma asiento. —ordenó ella.
—¡¡No!! ¡¡Conteste!! ¿Dónde me trajeron? —empecé a mirar por donde escapar, pero todo parecía cerrado.
—Estás en el orfanato de Emma Saint Mary. —tras sus palabras, me empecé a sentir mal, me faltaba el aire.
—Abie, creo que se está mareando. —dijo Sven.
No pude más, mis piernas me fallaron y caí al suelo, sin conocimiento.
(Continuará...)
¿Os gustó el capítulo? ¡Deja tu comentario! ^_^
Si te ha gustado, no olvides votar! ☆☆☆☆☆
Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito
All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399463
ISBN Code: 9789403794945