martes, 25 de octubre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 18 ''El Reino de las Sombras (Final)

Capítulo 18 - El Reino de las Sombras (Final)



Tras varios minutos corriendo, al fin llegué a la casa de Óscar, sí, necesitaba verlo, al menos, para saber que estaba bien, no creo que matar a su padre le ayudase.



Aunque, el saber que su padre era un despojo humano quizás lo ayudaba, o quizás no, quizás lo empeoraba, en cualquier caso, no podía decirle que yo maté a su padre, me odiaría.



Me acerqué a su casa y me asomé por la ventana, no, no había nadie, salté con gran impulso a su tejado, no sin antes mirar a mi alrededor, debía tener cuidado, no era normal que un chico pudiese volar o dar saltos así.



Me acerqué a una ventana y ahí lo vi, Óscar estaba tumbado en lo que parecía su cama, mirando el techo, no parecía muy feliz, suspiré y con los nudillos de mi mano toqué varias veces el cristal de su ventana, se giró y me vio.



Pude ver su sonrisa al verme, y su cara de sorpresa, realmente Óscar era muy guapo, sus facciones eran finas y delicadas, pero a la vez mostraba a un chico varonil.



Al levantarse de la cama su pelo rizado se movió a un lado, era dorado, casi tanto o más que el oro, su cara pecosa le daba un aspecto rebelde, al acercarse y abrir la ventana pude ver con mayor claridad sus ojos azules claros.



¡¡Pan!! —gritó Óscar, que, para mi sorpresa, se abalanzó hacia mí y me abrazó con fuerza, sentía su respiración en mi cuello—. Creí que ya nunca más volvería a verte.



Lo siento, quería venir antes, pero no pude...



No pasa nada, pero..., ¿Por qué te fuiste? Quiero decir, te marchaste sin decirme nada, ni si quiera despedirte...



¿Qué? ¿Quién te dijo eso? —pregunté confuso, Óscar me hizo entrar en su cuarto y nos sentamos en su cama.



Mi padre... —dijo cabizbajo—. Aunque, él ya no está, un canalla lo mató..., él..., él era un buen hombre...



Lo siento. —empezaba a sentirme mal.



Los ojos de Óscar comenzaban a lagrimear.



Es que..., no es justo, él siempre fue bueno con todos, y ahora estoy solo, no sé qué hacer...



¿Y tu madre? —pregunté.



Tsk..., ella está más pendiente de la herencia que de mí, ella siempre estaba más pendiente de sus amigas o su estatus social que de lo que yo sintiese, mi padre era todo para mí, y un canalla asesino me lo arrebató...



Me quedé en silencio, sus palabras, dolorosas a la vez que punzantes, me empezaban a causar mucha culpabilidad.



Lo..., lo siento mucho...



No fue tu culpa, tranquilo. —tras sus palabras, me levanté, o me marchaba de allí o le soltaba la verdad, que yo maté a su padre por ser un asqueroso que estaba compinchado con James y Alexander, sacando dinero a costa de pobres niños indefensos, puto dinero...



Caminé hacia la ventana y respiré hondo.



Me marcho, no sé si vuelva. —dije.



¿Qué? No, quédate aquí, mi madre no se opondrá, a ella le vendrá bien que tenga alguien con quien no estar solo.



¿Qué? —su propuesta me sorprendió, no me la esperaba, pero, aunque por dentro quería aceptarla, ya había dado mi palabra a Jake, se lo debía—. No..., no puedo, tengo que irme y solucionar algo.



¿El qué? —preguntó poniéndose delante de la ventana, impidiendo mi marcha.



Cosas, cosas pendientes, debo ayudar a unos amigos.



Iré contigo.



¿Qué? No puedes...



¿Por qué no? —preguntó inflando las mejillas, sus ojos tenían unas ojeras rosadas de haber llorado mucho.



Suspiré y apreté la mandíbula.



Es peligroso, créeme, podríamos morir.



Me da igual, sin mi padre, ya me da igual todo, iré contigo y punto, o ¿A caso estorbo? —me miró con ojos lagrimosos.



¡Claro que no! Es solo que no quiero ponerte en peligro...



Ya soy mayorcito, puedo tomar mis propias decisiones, ¿Sabes?



Está bien, si no hay más remedio... —dije cabizbajo.



Realmente no quería poner en peligro a Óscar, pero no iba a dejarlo aquí solo, más sabiendo que fue por mi culpa que perdiese a su padre.



Óscar recogió una mochila y metió varias cosas, comida, ropa limpia y demás, tras esto, salimos de su casa camino a la cabaña de Jake, el camino fue largo y pude ponerle al día, que había un reino muy lejano que necesitaba nuestra ayuda, que los monstruos existían, etc.



Claro que, aunque fingía creerme, yo sabía que en algún aspecto era escéptico, pero no le culpaba por ello, aún no me creía del todo yo el tema del reino y demás...



Ya estábamos llegando cuando alguien me llamó.



¿Pan? —la voz, de chica, me resultaba muy familiar.



Me giré y la vi, era Lily, llevaba un cesto de lo que parecía ropa sucia.



¿Lily? ¿Qué haces aquí? —pregunté mientras ella dejaba el cesto en el suelo y me abrazaba.



Óscar solo observaba en silencio, tras el abrazo, me miró sonriendo.



Me alegro de verte de nuevo, supe lo que pasó y...., ver que estás bien me hace feliz. —Lily miró a Óscar curiosa y después observó nuestras mochilas—. ¿A dónde vais?



Me llamo Óscar, eres muy guapa... —dijo Óscar sonrojado, Lily sonrió y ambos se quedaron mirándose.



¡Óscar! —me quejé.



Noto algo de celos... —murmuró Bucky desde mi bolsillo, le di un golpecito con mi mano.



Tenemos que ayudar a unos amigos y...., bueno, no creo que vuelva en un tiempo. —mi confesión entristeció a Lily.



Bueno, pero ella nos puede acompañar, ¿No? —Óscar tiraba del brazo de Lily.



¿Puedo ir con vosotros? —preguntó Lily ilusionada y a la vez con una voz suplicante.



¿Qué? No. —dije—. Puede ser peligroso.



Lily bajó la mirada con tristeza, por mi parte, miré a Óscar con tristeza, ya empezaba a anochecer y el tiempo corría.



Vale, supongo que será mejor que vuelva al orfanato. —comenzó a alejarse y decidí acompañarla, no quería que fuese sola, Óscar, un poco molesto por evitar que ella viniese, nos acompañó.



Al llegar, me despedí de ella, pude ver a los chicos a punto de cenar en el comedor del orfanato.



Bueno, pues... —Lily parecía incómoda—. Gracias por acompañarme, espero que nos veamos pronto.



Tardé, pero por fin pude llegar, Jake, Clyde, mi hada, Bucky y el hada de Jake, Aerwyn estaban esperando.



Hubo quejas porque tardé más de la cuenta, pero al final nos preparamos, nos acercamos a la mesa y miramos el mapa, en él había una especie de isla enorme, rodeada de mar.



Algo se acerca, escondeos. —dijo Jake, tras su orden, nos escondimos detrás del sofá de su casa y apagamos el farolillo, Jake sacó su espada y esperó tras la puerta, la cual se abrió.



¿Pan? —Lily entró en la cabaña y Jake le apuntó con la espada, ella, asustada, retrocedió.



¡Espera! Es una amiga. —me incorporé y salí de la oscuridad haciendo que bajase el arma.



¿Una amiga? —preguntó confuso Jake.



Sí. —contesté, miré a Lily y la hice pasar—. ¿Qué haces aquí? ¿Nos seguiste?



Yo..., quiero ir con vosotros. —dijo Lily.



Los demás chicos salieron de las sombras confusos.



¿Qué? ¿Otra chica? Ni de coña. —dijo Jake.



¿Por qué no? —preguntó Óscar.



Un silencio incómodo invadió la habitación.



Jake miró al exterior, era ya muy tarde, el sol estaba a punto de ponerse, no quedaba tiempo.



Joder, está bien, no hay tiempo para discutir, Aerwyn, lánzale polvos, tenemos que irnos, seguidme fuera.



Aerwyn le lanzó los polvos y salimos fuera, Jake nos hizo hacer un círculo cogiéndonos de las manos.



Bien, permaneced atentos, agarraros fuerte y recordad, no os soltéis, ¿De acuerdo? Es importante, en cuanto el sol empiece a ponerse, aparecerá una sombra muy oscura, solo nosotros la veremos, debemos saltar hacia ella.



Formamos una línea recta y todos nos dimos la mano los unos a los otros.



El sol comenzó a desaparecer, nosotros, en la poca luz que quedaba, observamos como apareció de la nada una gran sombra oscura, Jake tiró de nosotros y saltamos a la sombra...



Pero era hueca, caímos como si de un pozo sin fondo se tratase.



Por un momento sentí miedo, entonces noté como mi estómago se comprimía al extremo, sentía ganas de vomitar, dábamos vueltas sobre nosotros mismos, sentí que Lily soltaba mi mano, varios de nosotros nos soltamos sin querer.



Entonces sentí un aire muy frío, abrí los ojos, aún con náuseas, pero, ahora, todo era diferente, era de día, estaba tirado en el suelo de lo que parecía una playa, donde había una gran cabaña, detrás de mi sentí un ruido, algunos cayeron al agua.



Jake soltó a Óscar que cayó al agua, pude ver como se reía.



¡Tú eres tonto! —se quejó Óscar.



Bucky salió del bolsillo de mi camiseta, todo mojado.



¡Debiste tener más cuidado, Pan! —dijo Bucky enojado.



Jake y Óscar nadaron hasta la orilla, descansaron en la arena, aún tenía la sensación de náuseas, todos nos tumbamos algo mareados.



Este lugar es hermoso. —dijo Óscar.



Había una bonita cabaña, pertenecía a Jake, entramos todos, cada uno escogío una cama, habían varias habitaciones, era el lugar perfecto para vivir en él.



Jake, Bucky y yo caminábamos por los bosques, por las tierras que ahora brillaban bajo la luz del día, el suelo estaba cubierto de flores silvestres que brotaban, como si el Reino estuviera despertando de un largo sueño.



¿Sabes, Pan? —dijo Clyde— Nunca me imaginé que acabaría aquí.



¿Sabes? Este lugar, este reino, puede ser nuestro hogar. —miré a Jake y a Clyde, que caminaba a mi lado, observando las estrellas que comenzaban a aparecer en el cielo nocturno.



Jake sonrió, su mirada tranquila pero llena de determinación, su mano sujetó la mía y la apretó con fuerza.



Sí, el Reino es nuestro hogar ahora, Pan, este es nuestro lugar, hemos sufrido mucho, pero por fin somos libres, para que todos, incluso tú, tengáis una vida sin sombras y aquí, con nosotros, te pertenecerá todo lo que quieras.



Bucky se posó sobre mi hombro, mirando el horizonte.



Además, tú y Jake están hechos el uno para el otro. Ya lo sabes, ¿verdad? —dijo Bucky, casi con tono burlón.



Jake frunció el ceño, pero no podía evitar sonreír, Clyde miró molesto a Jake.



Sí, y tú eres una molestia, Bucky. ¿Sabes? Pero te lo agradezco, Pan y yo hemos pasado por muchas cosas juntos, y no hay nada que desee más que vivir tranquilo, sin guerras ni sombras, sólo con paz.



Caminamos durante horas, hasta que llegamos a la cabaña de Jake, ese pequeño refugio que ahora parecía un hogar, la chimenea estaba encendida, y el fuego que ardía dentro reflejaba una luz cálida y reconfortante.



Las paredes de madera crujían suavemente con el viento.



Nos sentamos alrededor de la mesa, disfrutando de una comida sencilla, no necesitábamos nada más, no deseábamos más que estar juntos, después de todo lo que habíamos vivido.



En este lugar, ahora había paz.



Este es nuestro hogar ahora —dije, levantando el vaso de zumo que Jake nos había ofrecido.



Lily sonrió y acercándose a mí, besó mis labios tiernamente.



Y fue en ese momento cuando lo supe.



Aunque las sombras ya no existieran en mi vida, aunque el Reino de las Sombras fuera nuestro hogar, el pasado siempre estará ahí, por los caídos, por los amigos que no pudieron contarlo, el verdadero renacimiento era el que habíamos encontrado nosotros mismos.



Era un renacimiento de esperanzas perdidas, de promesas cumplidas, de la vida que decidimos construir tras la oscuridad.



Era nuestra segunda oportunidad.



Jake hablaba con Clyde, empezaba a haber química entre ellos, Lily por su parte se echó en mi regazo, acariciaba su cabello rojizo y sonriendo, miraba el fuego de la chimenea, hasta dormirme.



Y así fue, lo conseguimos, después de tantas batallas, de tantas pérdidas, al final había un hogar para todos nosotros, un hogar donde la oscuridad nunca más podría alcanzarnos.



A pesar de todo lo que había ocurrido, de las cicatrices que todavía llevábamos, sabíamos que ahora todo valía la pena.



Y finalmente, fuimos libres.


(Final)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

All rights reserved© Safe Creative Code: 2202020399463

ISBN Code: 9789403794945

Tomás S. Aranda





martes, 4 de octubre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 17 ''Venganza''

Capítulo 17 - Venganza



Jake recargó el rifle y apuntó a la bestia de forma amenazante.



Y dime, ¿Te curas de la plata? —dijo Jake con sorna.



La bestia se lanzó contra Jake antes de que pudiese disparar, pero este pudo esquivarlo con una agilidad pasmosa dando una voltereta, después, con una hábil patada lanzó a la bestia contra el suelo, Jake era realmente impresionante, estaba a otro nivel.



¿A dónde vas? —dijo Jake burlándose de la bestia.



Mientras, Clyde aprovechó y nadó hasta nosotros de nuevo.



Pero ¿Quién es ese mocoso? —preguntó Bucky un poco celoso.



Jake dio un giro y se puso cerca de nosotros.



Levanta, deja de fingir que estás desmayado, bestia inmunda. —dijo Jake, el cual me miró y me cedió el rifle—. Mira, a una bestia como esta, lo mejor es hacerle sufrir.



La bestia se levantó furiosa y se lanzó contra Jake, pero este volvió a esquivarla y sacó una espada de la vaina que tenía en su cintura, era pequeña, pero parecía muy afilada, además de ser de plata, el mango era dorado y tenía una gema verde incrustada en el centro.



Jake atacó a la bestia cortándole el brazo derecho con la espada como si fuese mantequilla, la bestia aulló de dolor, con su garra intentó dar a Jake, pero se agachó y le clavó la espada en el corazón con un rápido movimiento.



A todo esto, nosotros solo mirábamos expectantes sin saber que hacer, Jake apretó la espada con fuerza y le atravesó hasta meterla casi al fondo.



Esto es, por todos los amigos que me arrebataste, vete al infierno. —Jake retorció la espada y la sacó apoyando su pie en el hombro de la bestia y empujándolo al suelo.



Se revolvió entre dolores y volvió a su estado normal, Alexander, que nos miraba impotente y furioso.



Jake limpió la espada de sangre con un trapo y lo lanzó en la cara de Alexander, el cual ya no se movía, se guardó la espada en la vaina y se acercó hasta mí.



¿Qué? —preguntó Jake al vernos con los ojos como platos, me quitó el rifle y lo guardó en su espalda—. Parece que visteis un fantasma.



Tú no eres humano... —dijo Clyde.



No, del todo no, y... —Jake miró a los ojos de Clyde—. Y tú tampoco.



¿Qué dices? —preguntó Clyde confuso.



Esa cosa. —dijo Jake señalando a Bucky—. ¿Te echó sus polvos no? Pues ya no eres un humano normal.



¿Cómo qué cosa? ¡¡Soy un chico hada!! ¡¡Un respeto mocoso!! —gritó Bucky furioso.



Jake sonrió y negó con la cabeza.



¿Por qué estás aquí, no te fuiste? ¿Y tú hada? —pregunté a Jake, que miraba a los alrededores.



Está durmiendo, como siempre, pero mejor vamos a mi cabaña, no soporto este olor, no con ese cadáver cerca.



Seguimos a Jake hasta su cabaña, quedaba un poco lejos, al llegar nos ofreció fruta y agua, estábamos muy cansados, entramos y nos acomodamos, Clyde y Bucky se apoyaron en la ventana, mientras que Jake se tumbó en la cama y comenzó a masticar un trocito de rama.



Por mi parte, me mantuve de pie cerca de la puerta.



Sí, me fui, pero he vuelto, necesitabas mi ayuda, ¿no?. —dijo Jake—. Además, por lo que vi en la cueva, están usando a los niños para cavar un túnel que conecta el Reino con el vuestro, no les haría falta los polvos de hadas para llegar hasta aquí. —las palabras de Jake nos llenaron de preocupación.



Todos permanecimos en silencio.



¿Entendéis la gravedad? Si logran cavar el túnel, decenas, no, ¡¡Cientos!! de bestias invadirán vuestro mundo, al menos lo hemos evitado.



Suspiré y me asomé por la ventana, empezaba a amanecer.



¿Entonces? ¡Te vienes conmigo al Reino? —preguntó Jake.



Está bien, iré, pero antes debo despedirme de mis amigos. —abrí la puerta y miré a Jake—. Volveré al anochecer.



Salí corriendo hacia el orfanato y busqué a Nico, o más bien a Jose, estaba con su hermano, llamé a la puerta.



¿Se puede? —pregunté, al verme, Isaac corrió y me abrazó entre lágrimas.



¡¡Gracias!! ¡¡Mil gracias por traer de vuelta a mi hermano!! —Isaac me abrazó con fuerza y le correspondí el abrazo.



Jose nos miraba, pero estaba distinto, no era el mismo chico que conocí en la casa de James, estaba cambiado.



Isaac, ¿Me dejas a solas con tu hermano? —le separé de mí y le miré suplicante, Isaac afirmó y nos dejó a solas—. Bueno...



Me acerqué a la cama donde estaba sentado y me senté a su derecha, con mi mano intenté coger la suya, pero la apartó.



Nico..., quiero decir..., Jose..., yo... —no sabía por dónde empezar.



Me puse en pie y di varias vueltas en la habitación.



Escucha, esta noche me marcharé, no sé si vuelva, no..., no sé si volveremos a vernos... —confesé con tristeza—. Solo quiero que sepas que..., fuiste muy importante para mí...



Dijiste... —Jose me miró con los ojos lagrimosos—. Dijiste que no me dejarías solo...



La miré sorprendido, mi corazón dolía.



Yo..., no te dejé solo...



Recuerdo..., recuerdo vagamente un animal atacarme, y me dijiste que no me dejarías solo..., después..., desperté en la oscuridad, te busqué, te busqué y busqué, me sentía tan solo...



Jose comenzó a llorar y lo abracé a mí.



Perdóname, te fallé, te dejé solo, lo siento.



Me separé de Jose, que estaba como ido, mirando por la ventana, en su mirada me di cuenta de que James le había robado el alma, ese chico no tenía alma, parecía un muñeco sin vida, mi corazón dolía, dolía verlo así.



Caminé hasta la puerta y miré una última vez a Jose, que miraba por la ventana.



Adiós, Jose, adiós...



Salí y bajé al comedor, Isaac estaba sentado con pedro, al verme se acercó a mí.



Te vas otra vez, ¿No? —preguntó Isaac.



Sí... —mascullé—. Escucha, ¿Cuidarás de tu hermano?



Nunca me separaré de él. —dijo apretando el puño.



Bien... —me giré para irme, pero Isaac sujetó mi camiseta.



Espera..., ¿Qué le pasó a mi hermano? —Isaac me miró esperando mi respuesta, pero no podía dársela, no me atrevía.



Le..., le hicieron mucho daño Isaac.



¿Le..., le maltrataron? —preguntó tembloroso.



Sí..., por eso, debes cuidar de él, ¿Entiendes? Ahora debes hacer tú de hermano mayor.



Isaac con los ojos rojos afirmó con la cabeza y subió con su hermano, me giré y Rashid estaba detrás de mí.



Te vas, ¿No? —preguntó.



Sí, y puede que no vuelva.



Rashid afirmó con la cabeza y resopló.



Lo que vivimos, nadie nos creerá, jamás. —dijo Rashid.



Lo sé, supongo que será una bonita anécdota para contar a tus nietos. —dije sonriendo.



Sí..., supongo. —Rashid me abrazó y correspondí el abrazo.



Me despedí de él y del resto de chicos, Abie no estaba, supongo que se enteró de la muerte de su marido, aunque ella no lo supiese, ahora el mundo sería algo más seguro sin él.



Al salir, Jake me esperaba en la salida.



Joder, que dramático, ¿Alguien más de quien quieras despedirte? —dijo irónicamente.



Me gustaría, pero mi casa queda muy lejos. —dije cabizbajo.



¿Y? Puedo llevarte volando.



¿Volando? —pregunté estupefacto.



Sí, ése es mi don, puedo volar, ¿Y bien? ¿Te llevo o no?



Jake sujetó mi mano y corrimos hasta el callejón que daba al orfanato, miró a los lados y se puso delante de mí—. Sujétate fuerte a mí.



¿Qué? No, ¡Espera!



Jake salió volando y yo, con miedo, lo sujeté con fuerza de la cintura, Jake sonrió y ascendió muy alto, volamos casi tocando las nubes, me costaba respirar.



Tranquilo, poco a poco te irás acostumbrando, va, te voy a soltar.



¡¡No!! ¡¡Espera!! —grité asustado.



Pero Jake, sonriente, me fue soltando poco a poco, me mantuve en el aire, era algo maravilloso, sentía el viento golpear mi cara.



¿Qué? Mola, ¿Eh? —estuvimos un buen rato volando y ya empezaba a sentirme cansado, vi entonces mi casa, sí, donde empezó todo, Jake se dio cuenta al ver mi cara—. ¿Esa es tu casa?



Jake me ayudó a descender y aterrizamos detrás.



Estoy nervioso. —confesé.



Tranquilo, es normal, ¿Cuánto hace que te fuiste de aquí? —preguntó Jake.



Abrí la ventana y entré en mi casa, caminé hasta el comedor, no había nadie, subí las escaleras, mi cuarto seguía como siempre, abrí el armario y saqué una mochila que tenía dentro, comencé a meter cosas que eran mías y tras cerrar la mochila, la puse en mi espalda y salté por la ventana.



¿Y eso? —preguntó Jake.



Cosas mías. —dije con una sonrisa, ahora me sentí mejor, unas voces nos alertaron y miré a mi derecha, la casa de mi vecina—. Sara...



Me acerqué junto a Jake, el padre de Sara la estaba golpeando con una especie de correa, mientras Sara gritaba implorando perdón.



Apreté mis puños y mi respiración se aceleró.



Jake, ¿Puede acompañarnos cualquier chica al Reino?



Jake mi miró y después observó a Sara.



Si tu hada le concede los polvos, sí, tú decides.



Tras sus palabras, salté atravesando el cristal de la ventana del salón, el padre, alertado, me miró asustado y confuso.



¿Qué coño? —el padre de Sara nos miró enojado—. ¿Qué coño haces mocoso?



Miré a Sara, estaba llena de marcas y cicatrices, su cabeza sangraba, al verme, abrió los ojos como platos, estaba asustada y llorando.



Será hijo de puta. —dije, apreté los puños y me lancé contra el padre, que me pegó un latigazo en la cara, pero logré empujarlo fuera del cuarto, cayendo al suelo del pasillo—. Vente conmigo.



Le ofrecí mi mano a Sara, que, sin dudarlo, la sujetó con fuerza, el padre se levantó para atacarnos, pero logré salir por la ventana de un salto, sin dejar de sujetar con todas mis fuerzas a Sara.



Jake nos sujetó con fuerza y pegó un salto para salir volando los tres.



Joder, eso fue muy temerario, incluso para salvar a una chica en apuros. —dijo mirando mi cara—. Te ha herido.



No importa. —dije.



Sara, asustada, me abrazaba con los ojos cerrados, no se atrevía a abrirlos.



Volamos hasta la cabaña y aterricé con la ayuda de Jake, Sara abrió los ojos, aún confusa y asustada.



¿Me recuerdas? —le pregunté, Sara afirmó con la cabeza, Clyde y Bucky salieron de la cabaña.



Voy a por vendas y hierbas, debemos curar a tu amiga. —dijo Jake.



Bueno, Pan conoce una forma de curarla más eficazmente. —dijo Bucky burlonamente.



¿Qué forma? —preguntó Jake.



No le hagas caso, dice tonterías. —dijo Clyde, rojo como un tomate.



Jake entró en la cabaña junto a Sara, para curarla, por mi parte, me faltaba visitar a una última persona antes de viajar al Reino de las Sombras.


(Continuará...)

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domingo, 18 de septiembre de 2022

Los pecados de Pan - Capítulo 16 ''Lycagous''

 

Capítulo 16 - Lycagous



¿Dónde estoy? —me incorporé, estaba tumbado en una cama, otra vez, parecía un bucle—. ¿Jake?



¿Jake? ¿Quién es? ¿Tu novio? —Clyde apareció en la puerta, estaba en una habitación bastante lujosa.



¿Qué? —llevé mi mano al hombro, estaba vendado, ¿Habrá visto que me curé?



Te encontré en un callejón, herido, me dijiste que sacase la bala, no fue fácil, no soy médico, ¿Sabes? Te dejé echo mierda, pero bueno, tendrás una cicatriz chula. —dijo Clyde.



¿Cuánto tiempo llevo aquí? —pregunté levantándome.



Unas tres horas. —se acercó y me lanzó la camiseta—. Tu mataste al señor Jones, ¿No?



Le miré mientras me ponía la camiseta de espalda.



Supongo que eso es un sí, no sabía que eras un asesino.



¡No soy eso! Óscar..., el señor Jones, lo merecía. —me giré y lo miré con enojo—. ¡Tú no lo entiendes!



Busqué en mi bolsillo y vi que tenía el abrecartas manchado de sangre.



Debo irme. —dije cortante.



¿A dónde? —preguntó con interés.



¿Y tú? ¿Esta casa es tuya? —podía observar que la casa era de gente adinerada.



No, pero era la más cercana que había.



Así que entraste a robar, por eso estás en el barrio rico. —le acusé.



Tsk, ¿No te ibas? Pues vete.



Sí, ya me voy. —caminé hasta la puerta y me detuve—. Gracias por curarme.



Salí de la casa y corrí hacia el orfanato, pronto anochecería y el señor Harrington volvería a su casa, tenía que matarlo antes, sí, debía matarlo, miré a mi bolsillo, pero Bucky no estaba, ¿A dónde habrá ido?



Al llegar, me colé por la verja, vi a lo lejos a Rashid y sus amigos hablando, más chicos jugaban en el patio, entré corriendo, intentando que no me viesen, pero justo venía Celia de frente.



Me escondí detrás de la esquina del pasillo y esperé a que se marchara, caminé hasta las escaleras y subí al despacho, abrí la puerta, pero no había nadie, en ese momento el señor Harrington apareció detrás de mí.



¿Pan? —preguntó Alexander, el marido de Abie, me giré y retrocedí varios pasos.



Alexander me miró extrañado, sospechaba fuertemente de él, pero debía asegurarme.



¿Podemos hablar? —le pregunté.



Claro. —Alexander se acercó al sofá y se sentó, parecía cansado, era un hombre de unos cincuenta años, regordete, con entradas en el cabello, el cual ya tenía con bastantes canas.



El hombre dejó su sombrero a un lado y me miró expectante, suspiré y retrocedí varios pasos, metí mi mano en el bolsillo y apreté el abrecartas con fuerza.



Verás, me gustaría saber..., es que, el otro día dijo que negociaba con un tal William..., comida, ¿Qué clase de negocio?



Alexander me miró y sonrió.



Hum, hijo, ¿Piensas que me chupo el dedo? ¿Crees que no sé por qué estás aquí? ¿Realmente creías que no sabría que James y Óscar fueron asesinados?



Tragué saliva, sí, Alexander era el tercer compinche.



¿Por qué lo ha hecho? ¿Por oro? Es miserable. —dije con furia.



No, lo hice por los chicos, el orfanato necesita ingresos y comida, ¿Entiendes?



¿¡¡Sabe lo que James les hacía a los chicos que usted entregaba!!? —mi pregunta le incomodó—. ¡Los usaba y torturaba! ¡Hijo de puta!



Saqué el abrecartas y apunté a su corazón, pero con un veloz movimiento lo esquivó sujetando mi brazo, ¿Cómo podía ser tan rápido? Miró el abrecartas y sonrió.



¿Crees que no sé lo que hacía? Yo participaba con él muchas veces, ¿Por qué crees que inauguré este orfanato, muchacho? —Alexander sujetó mi muñeca y me la partió, mis gritos no se hicieron de rogar, me solté de él y lo miré sin entender nada.



Entonces lo vi, sus ojos, rojos, ¡¡Él era en realidad el Lycagous!! ¡¡No Óscar!!



¡¡Tú!! Eres..., eres... —me costaba hablar, el dolor era insoportable, entonces el padre de Óscar era humano..., maté a un humano.



¿La bestia? Sí, pequeño cabroncete, no fue buena idea hacerme caer por la cascada, pero tranquilo, tenemos tiempo para jugar.



Alexander se abalanzó y de un puñetazo me dejó inconsciente.



Sentí el agua fría mojar mi cuerpo.



¡Despierta! —un cubo de agua mojó todo mi cuerpo, ahora, sin camiseta, solo con pantalones cortos que Jake me dio, estaba encadenado de manos, ambas separadas y casi colgando del techo.



Miré a mi alrededor, estaba en una especie de sótano, mi muñeca se había curado, pero aún sentía ardor, entonces vi a Alexander, su aspecto había cambiado, no estaba regordete, sino musculado, además, había como rejuvenecido.



Verás, mocoso, cuando conocí a James en el Reino de las Sombras, nos hicimos grandes amigos, teníamos mucho en común, decidimos hacer negocios, saber que existía vuestro mundo fue una sorpresa para mí, me di cuenta de que era como ser un rey entre vasallos, por desgracia James perdió su poder mágico y no pudimos volver más al Reino, así que se me ocurrió lo del orfanato, ¿Debíamos divertirnos mientras no?



¡¡Hijo de puta!! —grité.



Me pegó un puñetazo y me faltó el aire.



Así que James estaba en lo cierto, te regeneras..., asombroso..., ¿Sabes el juego que da eso? —Alexander se acercó a mí y lamió mi mejilla derecha con lujuria, me revolví y le di una patada en su espinilla—. ¡Ah! ¡¡Joder!! ¡Pequeño hijo de puta!



Alexander se alejó y arrastró una mesa con ruedas, la puso cerca de mí.



Vamos a jugar a los médicos, ¿Qué me dices? ¿Eh? —Alexander cogió una especie de daga de cobre, afilada, y me dio un corte en el brazo, mis gritos de dolor solo le sacaban una sonrisa de satisfacción.



¡¡Para!! ¡Para! —imploraba, pero él solo cortaba y cortaba.



Me revolvía como podía intentando evitar los cortes, pero era inútil, entonces se detuvo, miró hacia la puerta, en silencio, me tapó la boca.



Con mi respiración acelerada, intenté concentrarme y escuché pasos, alguien se acercaba, Alexander cogió un pañuelo y me lo metió en la boca para después ponerme una mordaza, caminó detrás de mí, no podía ver que hacía, ¿Se escondió?



Los pasos estaban cada vez más cerca, la puerta se abrió y apareció Clyde.



¿¡Pan!? —Clyde, sorprendido, me miró asustado, corrió a socorrerme, e intenté moverme avisándole que Alexander estaba detrás escondido—. Tranquilo, ya estoy aquí, es que te seguí y vi que el señor Harrington te metía en el carruaje inconsciente y te trajo aquí, ¿Dónde está?



Clyde miraba atrás cada dos por tres temeroso, con la daga intentaba abrir el cantado de mis cadenas, cuando Alexander apareció sonriendo.



Vaya, vaya, pero si se ha colado una rata. —dijo Alexander, apareciendo de las sombras.



Clyde, asustado, retrocedió varios pasos sujetando la daga con fuerza.



¿Qué? ¿Tienes miedo, muchacho? Venga, ven, ¡¡Ven a por mí!! —Alexander se lanzó contra Clyde, que le clavó la daga en el costado, pero Alexander ni se inmutó, sujetó del cuello a Clyde, asfixiándolo.



¡¡¡Mmmmmmm noooooo!!! —me revolvía intentando soltarme, ¡¡Lo iba a matar!!



Alexander apretó más y más el cuello de Clyde, que estaba muy rojo, se revolvía intentando soltarse, pero era inútil, entonces Alexander transformó su brazo derecho en las garras de lobo y atravesó el costado de Clyde, que se detuvo mirándome con los ojos en lágrimas, su boina cayó al suelo.



Miré impotente la escena mientras escuché un revoloteo, y miré arriba, Bucky se metió en la cerradura del candado y lo abrió, caí al suelo y de un empujón tiré a Alexander lejos.



¡¡Corre!! —gritó Bucky.



Miré a Alexander, que comenzaba a convulsionar transformándose en la bestia, Clyde estaba en el suelo, ensangrentado, inerte, impotente, tragué saliva y salí corriendo, crucé el pasillo y salí al exterior, entonces reconocí el lugar, la fábrica donde maté a James, miré a los lados y vi la zona del río.



Corrí hasta la zona boscosa y me escondí entre los árboles, el abrecartas..., no, era inútil, esa bestia necesitaría algo más grande para atravesar su piel que un puto abrecartas.



Escuché el sonido de la puerta de la fábrica abrirse, no esperé más y corrí a toda velocidad, iba a morir, ¿Qué podía hacer? No tenía nada para defenderme, y esa cosa iba a matarme, ahora no estaba el lobo para defenderme, ni mis amigos para ayudarme, estaba solo.



Tropecé y caí al suelo, exhausto, miré y vi un gran árbol, me levanté y comencé a escalarlo, lo subí lo más veloz que pude, hasta llegar a una gran rama, me senté en ella y me sujeté con fuerza, mirando en la densa oscuridad del bosque, solo iluminada por la luna, luna llena, ¡¡Era luna llena!!



Escuché los pasos de la bestia, estaba buscándome, mi pulso era muy acelerado, necesitaba calmarme, cerré los ojos e intenté tranquilizarme, entonces recordé a Clyde, vino a salvarme y acabó muerto, por mi culpa, como Sven, Nico..., Nico..., en verdad era Jose, al menos el sí está vivo, debía hacer algo, pensar.



Miré a la fábrica, debía volver con Bucky, no tenía otra opción, esconderme en la fábrica, la bestia no pensará que volvería dentro, sería absurdo, ¿No?



La bestia aulló con fuerza, estaba lejos de la fábrica, era mi momento, comencé a bajar el árbol y pegué un salto al suelo, crujidos se aproximaban a mi posición, apreté los dientes y salí corriendo de vuelta a la fábrica, logré entrar y comencé a buscar la sala donde estuve.



Recorrí los pasillos, pero no la encontraba, otro aullido de la bestia, cada vez estaba más cerca, continué buscando la habitación y choqué con un trozo de madera, lo sujeté con fuerza, parecía afilado por el extremo, lo llevé conmigo.



Seguí buscando y por fin encontré la habitación, abrí la puerta y Bucky estaba echándole polvos a Clyde.



¿Bucky? —pregunté acercándome, cerré la puerta y la atranqué con el trozo de madera.



Estoy intentando salvarlo. —dijo Bucky.



Pero dijiste que los polvos no salvaban... —dije cabizbajo.



Lo sé, y ya casi no me quedan, pero debo intentarlo, además, tú te salvaste.



Me acerqué a Clyde, que estaba tumbado en el suelo, apenas se movía, pero respiraba, me miraba con los ojos apagados, sujeté su mano con fuerza y le miré.



Lo siento, no debí meterte en esto, perdóname... —acerqué mis labios a los suyos y nos fundimos en un beso.



Pan... —dijo Bucky avergonzado y cabizbajo.



Clyde correspondió mi beso y entonces comencé a sentir como algo succionaba mi alma, sentía como si drenasen mi fuerza, me comenzaba a sentir débil.



¡¡Pan!! —gritó Bucky.



El beso, intenso y largo, nos unió durante unos segundos, sentí como mi fuerza vital, mi energía, pasaba a Clyde, sus heridas comenzaron a sanar, al separarnos, Clyde me miró sonriendo.



Joder, sabía que te gustaba, pero no tanto... —dijo Clyde incorporándose, su herida se había casi curado.



Yo me senté, me costaba respirar y me sentía muy débil, sentía que me moría, miré mis manos, sentía los huesos arder, un dolor indescriptible, nunca sentí tanto dolor en mi vida, era insoportable, no podía moverme.



Debemos irnos, esa cosa volverá cuando vea que no te encuentra. —dijo Bucky.



Vale, vayámonos de este infierno. —Clyde me ayudó a incorporarme, con dificultad andamos hasta la salida de atrás, Clyde conocía la fábrica.



Abrimos la puerta y salimos fuera, el viento comenzaba a golpear con fuerza, entonces sentimos golpes y aullidos dentro de la fábrica, aceleramos el paso hacia el río.



Debemos cruzarlo. —dijo Bucky señalando el río.



Estoy mejor, puedo solo. —dije.



Clyde me soltó y nos acercamos al río, Clyde se metió corriendo en el agua, comenzó a nadar con velocidad, pero justo cuando iba a meterme yo en el agua, unas garras rozaron mi costado y caí rodando por el suelo.



¡Pan! —gritó Clyde, que comenzó a volver a donde estaba.



¡NO! ¡¡Vete!! ¡¡Yo me encargo!!



Alcé la mirada y vi a la bestia, a cuatro, observándome, me levanté lentamente, este era mi final, se acabó, la bestia se lanzó a por mí y entonces escuché un fuerte disparo, el cual atravesó el brazo de la bestia, que retrocedió mirando de donde vino el disparo sujetando su brazo con dolor.



Todos miramos hacia arriba, encima de un árbol.



¿Por qué siempre te encuentro en problemas? —dijo el chico observándome, bajó de un salto y aterrizó en el suelo—. Cuando escuché los aullidos, no me lo creía, el famoso Lycagous que azotó el Reino masacrando a los niños perdidos, aquí, en un bosque de Virginia.



Jake recargó el rifle y apuntó a la bestia.



Y dime, ¿Te curas de la plata?


(Continuará...)

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Creado (2022), revisado y editado (2025) por @TomiLobito

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